CAPITULO XIII: BAJO LA LLUVIA

Durmió poco y mal, una de las razones es que volvió a tener pesadillas con Karachi. Sherlock el ejecutado, Moriarty el ejecutador y ella la espectadora. Quizás era sólo un sueño, influenciado por lo que había ocurrido durante los últimos días, sin embargo, no dejaba de verle sentido a la metáfora. Se levantó y se preparó un café. No tenía idea de si en este lugar también tendría personal a su servicio, pero en ese momento, la casa estaba vacía, no obstante, sobre su mesa estaban las ediciones de ese día de la prensa británica. Leyó atenta cada uno de los detalles sobre el caso de Moriarty. Todos le dedicaban extensas notas al asunto. Acabó su café y salió a caminar, perdiéndose por las calles, alejándose notoriamente del apartamento.

Así, entre pasos y pensamientos, llegó hasta el museo de arte turco e islámico. Se detuvo por un momento en la entrada y se decidió a entrar. Recorrió a paso lento los pabellones, perdiendo sus oscuras cavilaciones entre las obras que colgaban de las paredes del edificio. Perdida entre lienzos y esculturas, se sobresaltó cuando su móvil vibró en su bolsillo.

"VUELVA A SISLI AHORA. UN COLEGA QUIERE VERLA."

Resignada, salió del lugar y tomó un taxi. A pesar de que en muchos sentidos Estambul era igual de conservadora que Marrakech, ya no se sentía permanentemente observada, solo por ser mujer. Pagó y se bajó, volviendo al departamento. Ahí, un hombre, menor que Mycroft la esperaba mirando por la ventana.

-Buenos días – saludó Irene al entrar, dejando su bolso y las llaves sobre la mesa.

El hombre se volvió con una sonrisa amable e hizo un ademán con la cabeza, respondiendo el saludo.

-Es un placer conocerla, señorita Adler. Vengo a entregarle esto. – dijo el hombre, tomando una carpeta que había dejado sobre una pequeña mesita y extendiéndosela.

Adler la recibió y se sentó en el sofá.

-¿Puede elaborar? – solicitó, abriendo el archivo

-Tenemos una tarea para usted. Necesitamos que dé con la ubicación de estos hombres y nos los reporte a la brevedad posible.

Al abrir finalmente la carpeta, Adler notó que era una cantidad notable de expedientes, por lo que decidió comenzar de inmediato. El hombre se despidió gentilmente y Adler devolvió una sonrisa.

Para la hora del té, Adler ya había encontrado a varios de hombres del archivo, sin embargo, había un grupo del que no encontraba registro alguno. Decidió ir al registro de INTERPOL. Estaba nerviosa, ya que era probable que luego de la discusión que había tenido con Mycroft, Irene Adler aun figurase como muerta o peligrosa, u otro tópico similar, sin embargo, no tuvo problemas de ese estilo. Solicitó las fichas necesarias y notó con desaliento que la última ubicación conocida databa a lo menos, de 4 años. Comenzó a caminar cuando se encontró con la embajada rusa. Miró los nombres anotados en su celular y le sonaron rusos. Decidió entrar. Allí encontró información sobre los criminales más buscados en Rusia e intentó probar suerte con los nombres de sus sujetos, sin embargo, no tuvo éxito. Uno de los guardias la vio y se acercó para decirle que en la parte trasera había una biblioteca donde quizás podía tener más éxito con su búsqueda.

En la biblioteca decidió consultar los delitos de quienes aún faltaban por rastrear y notó que eran asesinos a sueldo. Buscó en un ordenador a los procesados por ese delito durante los últimos cuatro años y los encontró. Actualmente residían en Londres. Los cuatro. Trianguló sus posiciones y vivían en Baker Street. Se habían mudado hace meses apenas. Irene entendió la gravedad del asunto y envió lo que tenía a Mycroft.

"ASESINOS EN BAKER STREET. ENVIARÉ LOS REPORTES AL LLEGAR AL APARTAMENTO"

Una vez en su casa, redactó los informes y volvió a escribir a Mycroft para saber cómo se los hacía llegar. El hombre le respondió que a la mañana siguiente, pasaría su colega a retirarlos. Tranquila, se decidió a seguir recaudando información sobre Moriarty.

No se dio cuenta cuando el reloj marcó la medianoche. Se frotó los ojos y se fue a acostar. Al día siguiente, puntual, el hombre llegó a retirar el informe.

Irene seguía sin entender su labor en Estambul, sin embargo pronto recibió una alerta. Otro cargamento de armas estaba a punto de ser transportado, esta vez desde Turquía a Siria, por el aeropuerto.

I: Creí que no podían enviarse armas por vía aérea.

M: Tampoco lo creíamos, pero de alguna forma se las han arreglado.

I: Envíeme la información y veré que puedo hacer.

No pasó mucho tiempo antes de que obtuviera la información necesaria. Fue hasta el aeropuerto y ahí, comenzó a hacer las gestiones necesarias. Accedió al sistema y apuntó tres operaciones como sospechosas; posteriormente, logró engañar a seguridad para meterse a zona primaria y acceder a los controles. En uno de los ordenadores que estaba conectado a la red del sistema de aduanas, marcó sus tres sospechas para realizar un aforo, lo que implicaba que el personal del aeropuerto debía revisar las mercancías. Sabiendo que podían estar comprados, ideo una forma de que cuando se registrase el primero, se diese una alerta a INTERPOL, de manera de que agentes de esa área estuviesen presentes al momento de revisarlas. Decidió quedarse.

Concretaba su plan cuando comenzó a llover. Notó que el movimiento de mercancías disminuía, por lo que era más probable llamar la atención. Decidió ir a refugiarse a uno de los almacenes, cuando de pronto, notó que desde la parte más alta de un contenedor de 40 pies, caía un saco al suelo. El sonido seco del objeto al azotar contra el piso hizo eco en su cabeza amarrando todos los cabos sueltos. Caída. Ese era el plan de Moriarty, literalmente una caida. Reaccionó para correr a esconderse, e intentó descubrir cómo hacerle saber a Sherlock lo que pasaría. Obviamente Mycroft no era una opción. La lluvia arruinó sus planes, por lo que tuvo que observar la revisión de los bultos a través de una pequeña ventana, que servía como ventilación. En total, INTERPOL confiscó 900 granadas de mano. Envió una foto a Mycroft y salió apresuradamente del lugar.

Hasta este punto, Irene, a pesar de pensar en Sherlock Holmes constantemente, no creía seguir teniendo sentimientos por él. Sin embargo, al descubrir los planes de Moriarty, sus sentimientos se hicieron evidentes. No eran solo las ganas de salvarlo. Era algo más. No sabía cómo, pero lo haría, y sus razones iban mucho más allá a la deuda que había adquirido con él en Karachi. Meditó mucho sus movimientos, e incluso en algún momento, pensó en volar a Londres para advertírselo, sin embargo, declinó la idea cuando notó en un sitio web que el juicio sería al día siguiente y que Sherlock tendría que testificar. Si exponía a Jim como la mente maestra que era, nadie le creería. Pensó en escribirle un mensaje privado en el blog de John o en su propio sitio web, pero las posibilidades de que lo leyese con la prontitud necesaria eran mínimas. Se recostó en el sofá y cerró los ojos. El sueño comenzaba a vencerla cuando un texto en su móvil personal la alertó de sobremanera. Era su compañía de teléfonos, informándole las tarifas en Turquía. Pero ese mensaje significó más que eso, fue una respuesta. No sabía si Sherlock mantenía el mismo número o si quizás habría cambiado el tono de sus mensajes. Entró a su sitio web y comprobó la información de contacto con el número que ella tenía guardado. Coincidían. Fue al blog del doctor Watson para corroborar la información y ahí estaba. El mismo número que tenía guardado.

Ahora, ¿qué escribir? La historia completa era demasiado compleja para escribirla. Tendría que entrar en explicaciones que la harían confusa y quizás le restarían importancia a lo que tenía que decirle. Tomó su teléfono y comenzó a leer los mensajes que le había enviado con anterioridad, intentando descubrir la mejor manera de contárselo. "Moriarty te quiere muerto, ¿vamos a cenar?" Pensó, pero sabía que eso no sería suficiente. Un mensaje así, normal, no podría hacerlo reaccionar como era necesario; necesitaba desafiar su inteligencia, pero al mismo tiempo darle la confianza de que ella sabía que él sería capaz de entenderlo. Entonces, recordó su conversación con Moriarty y los elementos de su discurso. Y recordó la asociación que había hecho al tema de Reichenbach y lo mucho que le molestaba que ahora fuese "famoso". Entonces, tomó su móvil y redactó una especie de clave:

"REICHENBACH = CASCADA = CAIDA"

Se quedó aguardando una respuesta, pensando en que obtendría una, sin embargo, él nunca había respondido sus mensajes, ni uno solo. ¿Por qué habría de hacerlo ahora?


Gracias enormes y totales por leer :)

Algunos breves anuncios: Hace un par de días, comenté que el último capítulo de este fic era el número 26, pero que en la práctica, tenía 27, la razón es porque la próxima actualización corresponde a una especie de off-topic.

Y otra cosa, si son 26-27, y este es el 13, les cuento que formalmente estamos llegando a la mitad de esto. Nos leemos la próxima semana y no olviden dejar su comentario