Epilogo:

No era difícil enamorarse, claro que no, lo difícil era dejar de amar a esa persona tan especial.

Me costaba demasiado dejar de ver su cuerpo a la luz de la luna, me costaba dejar de escuchar sus gemidos, me costaba mucho el dejar de amarla, el dejar de decirle que era mía, me costaba dejársela a otro; así de simple, dejar a sakura Haruno era como dejar la droga.

Escuché como de su boca salían suaves y gratificas palabras, las cuales recorrían todo mi cuerpo y me hacían sentir mucho más excitado. La miré, tenía su cuerpo completamente mojado, sus cabellos inusualmente rosas estaban pegados contra su frente y sus ojos jade oscurecidos eran el mejor manjar de todo el plato. Besé sus labios mientras caía cansado sobre ella. Era mía, mi única mujer, mi única amante. Ella era todo lo que necesitaba para sentirme en el cielo. No me quería despegar de ella, pero resultaba un tanto molesto permanecer en aquella posición. Ella sonrió en el momento que me deje caer a su lado.

- Te amo – me dijo en un susurro, yo acaricié su frente y acomodé algunos de sus cabellos.

- Yo también te amo – le respondí; ella con una de sus manos acercó mi rostro al suyo. Comprendí que era necesario permanecer en silencio y solamente dejarnos llevar por más y más besos.

Toda la noche fue como un mágico cuento que parecía no tener fin. Esos años junto a una gran variedad de chicas me había hecho pensar que nunca encontraría a alguna mejor que mi amante. Porque esa palabra era la única que nos describía, esa palabra era la que nos relacionaba, no existía otra en el mundo que nos uniese. Amantes, amantes por siempre.

Me acomodé entre sus pechos, ella acarició mi cabello como si fuese mi madre. Sentí como suspiraba, conocía muy bien aquellos suspiros, era los que daba después de que estuviéramos juntos, después de hacerla mía, después de que desplegara su pasión. Era uno de esos suspiros culpables. Ella no tenía la culpa de amarme como lo hacia, yo no era culpable de amarla y desearla como lo solía hacer, no era nuestra culpa, era culpa de los demás que pensaban que estaba mal lo que hacíamos.

Al rato, me quedé dormido, sosteniéndola fuertemente, me daba miedo perderla si la soltaba, parecía como si en cualquier momento todo esto pudiese acabar y eso no era lo que yo quería.

A la mañana siguiente, sentí el vacío de la cama, palmeé un poco las sabanas sin abrir los ojos, me sentí un poco enojado, no estaba allí, no estaba a mi lado y eso me enfermaba, la necesitaba junto a mí. Abrí mis ojos y sin pensarlo dos veces salí de la cama, no me importó salir desnudo a su búsqueda.

- ¿Sakura? – inquirí. La vi asomarse por la puerta de la cocina, profesé un gran alivio. Le sonreí, ella me devolvió la sonrisa pero luego se sonrojó notablemente y se escondió de nuevo por la puerta - ¿estás bien? – pregunté inquieto

- Ve y vístete – sonreí maléficamente

- Estamos solos, no hay de que preocuparse. Es algo que conoces muy bien ¿cierto? – le dije usando un tono de voz algo moderado pero fuerte.

- Si, estamos solos, pero ¡no es razón alguna de que te exhibas como si nada! – reí con fuerza

- Si, si, me pondré el pantalón solo porque tú lo dices, mamá – ella suspiró aliviada. Me sentía tan feliz con el simple hecho de que se quedara cerca, porque simplemente la podía escuchar.

Pasados unos segundos, salí con un pantalón desabrochado, eso bastaría, ya que estaba seguro que no duraría allí por mucho tiempo. Caminé hasta la cocina y la vi concentrada mirando por la pequeña ventana, me acerqué a ella lentamente y la abracé de espaldas contra mi cuerpo, olí el delicioso y exquisito aroma de sus cabellos. Ella recostó su cabeza contra mi hombro. Me miró fijamente y sus manos asieron las mías.

- Te amo – le dije y le proveí un beso en su frente, ella sonrió y simplemente calló. Aunque fuese mucho mayor que yo, era fácil darse cuenta de lo que pensaba, sentía que estuviese arrepentida, pero también sentía como que si lo que hubiese pasado entre los dos si tuviera un significado, para mí si lo tenía, había hecho todo lo posible para estar junto a ella.

- Sasuke-kun – salió tan maravillosa melodía de sus labios, yo la miré fijamente, perdiéndome en aquellas piedras preciosas – ya has estado 3 días aquí en Okinawa, es mejor que regreses a Tokio – yo la miré y negué con mi cabeza

- No quiero volver a Tokio a menos que tú te vayas conmigo. – ella se despegó en un santiamén de mi lado y me regaló una de sus gélidas miradas.

- Sasuke, ¿qué te he dicho sobre eso? Ya te lo dije, no me iré de Okinawa, aquí estoy bien, tú debes seguir con tu vida, debes volver a Londres a terminar tus estudios, no seas tan tonto, Sasuke, no me gusta que hagas eso, siento que yo soy la que… - Ya sabía para donde iba todo eso, me acerqué de nuevo a su cuerpo, la tomé entre mis brazos

- Cálmate, cálmate, solo quiero estar contigo un tiempo mas, me resulta imposible el dejarte, Sakura, te quiero solo para mí, no te dejaré por ahora, no encontraré a nadie como tú – ella suspiró aliviada entre mis brazos pero se despegó abruptamente de ellos y me regaló otra de sus miradas enojadas.

- Sasuke, te lo dejare en claro, nosotros somos simples… amantes, no eres mi novio, no eres mi esposo, no eres nada mas que un simple amante, te puedes ir cuando quieras, puedes venir cuando lo desees, te puedes alejar de mí en cualquier instante. Sé que te cansaras de mí, sé que conseguirás a alguna chica mas joven, mucho mejor que yo… eso es obvio – arqueé mis ojos a otro lugar, ¿Cómo le hacía entender que en ese momento ella era mi todo? – eres muy joven, mucho mas joven que yo…

- Sakura, cállate ¿si? – ella cerró su boca y me siguió mirando, me molestaba su actitud, no importaba de aquella forma como lo hacía cuando estaba enojada o cuando creía que estábamos haciendo algo malo, por lo que yo sabía, amar no era un pecado grave. – Sakura, soy tu amante, lo entiendo, soy 10 años menor que tú, también lo entiendo… y creo que entiendo que te molesta eso. No es mi culpa, no es nuestra culpa…

- Sasuke, por favor seamos realistas, es nuestra culpa haber dejado que sucediera todo esto – vi como mordió su labio inferior. – en otras palabra, fue mi culpa dejar que todo esto sucediera…. Mejor no sigamos hablando de esto, no creo que lleguemos a alguna buena solución. – ella me mostró un asiento, yo me senté allí y por supuesto no demoró estar un plato lleno de comida al frente mío. La miré, estaba triste, eso no me gustaba, no me gustaba que ella se sintiese culpable, había sido yo el que la había querido para mí, había sido yo el que le había causado aquellos malos momentos con su "ex"

Me miró fijamente y se sentó enfrente de mí, tomó una taza de café y dejó que sus labios tocaran su borde.

- Me iré después de bañarme – le reproché, ella asintió y no dijo nada más, estaba casi seguro que estaba arrepentida por lo que me había dicho

Comí en silencio buscando alguna respuesta en su rostro, pero no parecía estar molesta por la razón de que yo me fuera, a veces llegué a pensar que no me amaba.

Ella terminó antes que yo. Pasados unos segundos, un vestido azul cubría su cuerpo, era glorioso, ella era gloriosa, sonreí al verla de tal manera, pero su respuesta fue una gélida punzada en el corazón; retiró sus ojos de los míos y camino derecho hasta llegar a la puerta de su apartamento.

- Nos vemos después, llámame cuando llegues a Tokio. Adiós – ella asió la perilla de la puerta. En ese momento deseaba tal vez arrojarme contra su cuerpo y detenerla, besarla hasta quitarle el aliento, gritarle que era mía y que nada me iba a impedir que así fuese por los siglos de los siglos.

- Sakura – dije. Ella me miró con cautela y simplemente abrió la puerta, un pie ya estaba afuera mientras el otro reposaba sobre el piso de su casa. Intenté escudriñar sus ojos, pero ella no me miraba. Tenía la impresión de que si se acercaba a mí iba a borrar todo lo que dijo. Suspiré frustrado, deseaba que alguna vez ella fuera la que me buscara, la que se preocupara por mantener esa relación en pie. – Cuídate – ella asintió con su cabeza y luego se fue. Escuché como la puerta se cerraba. Maldito amor.

Me senté en una silla, yo sabía que ella tenía razón, pero dejarla, dejarla a un lado como una simple cosa era… muy difícil.

Mi celular sonó varias veces, estaba tan concentrado pensando en ella y en mí que me costo un poco poder hundir el botón de "contestar"

- Hola – dije con voz firmé, ya sabía yo quien era y lo que me iba a decir, estaba preparado.

- ¿Dónde estas? – escuché el reclamó de una voz enfurecida. Cerré los ojos, quería escaparme un segundo de todo.

- Hola papá – él pareció enfurecerse más, sentía escuchar sus dientes relinchar de rabia.

- Te pregunté ¡¿Dónde estas?! – arrugué mi frente, me daba vergüenza que mis padres aún fueran tan "sobre protectores"

- Todavía estoy en Okinawa – dije simplemente. Cerré los ojos y mi mano libre se encontró con un pedazo de tela con la cual se puso a juguetear.

- ¿Cuándo planea devolverse el joven? – escuché su sarcasmo. Reí por debajo.

- No lo sé. Quizás no vuelva, me gusta estar aquí, no tengo que verte. – no importaba que se enojara, no importaba que me quitara todo el dinero que supuestamente era mío, no me importaba que supiera que por mi culpa el matrimonio de uno de sus mejores amigos se había acabado.

- ¡Sasuke! ¿Qué pretendes? Tu madre está muy preocupada por ti, llegaste de Londres, vienes una noche y al día siguiente ya no estas. ¿Qué crees que haces? ¿Por qué estas aún allá? – suspiré cansado, me estaban dando ganas de colgar.

- No pretendo nada, padre. Déjame ya, un día de estos vuelvo. – dije despreocupado. – hay cosas más importantes en este momento que ir a dar la cara por la familia ante un montón de desconocidos. – él rió escondiendo su ira.

- ¿Qué se supone que es mas importante? – abrí los ojos y paré de jugar.

- Eso es problema mío – colgué y apagué el celular. Nadie me iba a decir que era lo que debía hacer. Nadie excepto Sakura. Recordé sus palabras y me sentí mal. Lo sabía, ella tenía razón. ¿Qué haría si se enojaba? ¿Qué pasaría si ella se daba cuenta de lo que acababa de hacer? me mordí el labio inferior. Aunque no se diera cuenta, yo estaba dispuesto a amarla, dispuesto a obedecerla como un esclavo, ciego y mudo. Solo podía escuchar su voz y acatar sus ordenes.

Entré al baño. ¿Cuántas veces lo habíamos hecho allí? Miré el espejo y vi mi torso desnudo lleno de marcas moradas, sonreí y las toqué con delicadeza. Yo amaba todo de ella, sus besos, su cuerpo, sus ojos, su boca… (¡Dios esa boca!), sus pechos, su sabor, su cabello, su olor, su nariz, en fin, todo lo de ella me gustaba y me enloquecía. Esa forma de mirar, tan penetrante la cual me dejaba desnudo. Sentí como mi corazón empezaba a acelerarse, de verdad, nunca me había sentido así. Me encaminé hacia la ducha, pretendía bajar un poco la temperatura que se presentaba en ese mismo instante.

La mañana ya había pasado, mis cosas estaban en mi maleta ya listas. Tomé de nuevo el celular y lo prendí. No me detuve y marqué aquel número que ya me sabía de memoria. De seguro ya no estaba tan enojada.

- Hola – escuché su voz desde el otro lado, sonreí.

- Sakura…

- ¿Ya llegaste a Tokio? – preguntó, yo fruncí el entrecejo y mi sonrisa se borró de nuevo.

- No, aún estoy en tu casa, pero…

- ¿Qué pasa? ¿Ya te vas? – preguntó sin darme descanso alguno.

- Déjame hablar. Ya me voy, pero quería saber si te retractas ante tu orden. – pensé que me iba a decir que si, yo sabía que a pesar de que ella me dominara, yo podía llegar a dominarla a veces.

- No, Sasuke, llámame cuando estés en Tokio, estoy ocupada. Hablamos luego – ella colgó y ni siquiera me dejó despedirme. Torcí mi mirada al sentir como vibraba de nuevo el celular y en la pantalla se dibujaba el número de mi padre. Quería darle la espalda al problema, pero ya que. Ese no era mi día, no era el día de Sasuke Uchiha.

- Papá ¿Qué pasa ahora? – respondí fuerte, pero hubo un silencio algo incomodo.

- Mañana vendrás a casa, ya hice reserva para que tomes el vuelo de las 11 de la mañana. Adiós – cuando dijo eso colgué inmediatamente, quizás no era tan mal día, podía pasar una noche más con ella. Dejé la maleta al lado del sofá y me senté en él. Solo restaba esperar o hacer algo más para que ella me volviera a pedir entre gemidos ahogados que me quedara. De nuevo me suplicaría, porque me encantaba ver esa cara, me gustaba verla así: vulnerable a mí.

Las 8 de la noche. Estaba recostado sin camisa en el gran mueble de la sala, miraba el techo. Esperaba escuchar la puerta abrirse, no faltaba mucho para que llegara. Mi celular estaba apagado, de seguro estaba preocupada porque no la había llamado para decirle que había llegado a Tokio a salvo.

Escuché como la puerta se abría y la luz se encendía. Me paré de un golpe y la miré, ella pareció estremecerse, pero luego me miró incrédula.

- Sasuke, me dijiste que te irías hoy – ella pareció reprocharme. Me acerqué a su cuerpo y alcé una ceja.

- Me iré mañana, mi padre reservó mi vuelo. No iba a gastar más dinero por complacerte. - Le dije. Abrió la boca y negó con su cabeza. Me empujó un poco para que retrocediera y saliera de mi "prisión"

- Bueno como sea, estoy cansada… - yo la tomé de la muñeca y la halé contra mí. Ella se resistió pero la cantidad de fuerzas de ambos era muy grande y fue fácil abalanzarla contra mi pecho. – Sasuke…

- Es mejor que comas antes, te preparé algo. – ella suspiró al escuchar el latido de mi corazón sin ningún impedimento.

- Está bien – se separó como pudo, la miré con petulancia. Estaba cayendo lentamente.

Se acomodó en el comedor, la cena ya estaba lista, me había costado unas horas prepararla pero no había nada que yo no hiciera. Vi su expresión cuando vio, olió y probó la comida, parecía sorprendida. Pero no dijo nada. Esa barrera iba a ser dura de pasar pero yo siempre conseguía lo que quería.

Yo me acomodé al frente suyo y también empecé a comer en silencio. Las palabras no eran necesarias para que sucumbiera ante mí.

Entre miradas escondidas me daba cuenta que necesitaba decirme algo, pero siempre callaba. Al finalizar nuestra cortés cena, ella tomó los mis platos, pero yo la detuve sosteniendo su mano.

- Tranquila yo los llevo – ella la retiró de un momento a otro, la miré fijamente, sus ojos se escondieron de los míos mientras su rostro cambiaba de un tono normal a uno carmín. Deseaba besarla.

Me paré y tomé mis platos y los de ella. Los llevé hasta el fregadero y los dejé allí, por ahora esa no era mi prioridad.

Seguía sentada en el comedor. Pasé mi lengua por mis labios y me encaminé hacia ella. Con sigiloso paso, la abracé desde atrás, su cuerpo se estremeció y pude sentir su nerviosismo. Yo era como un depredador en busca de su presa, olía el miedo.

- Creo que ya es tarde, mejor me voy a dormir, estoy muy cansada. – intentó escapar de mí, pero le fue imposible. Besé el lóbulo de su oreja claro, no sin antes soplarle dulcemente en ella. Intentó protestar, pero era tarde, mis labios estaban causando estragos en su desnudo cuello. Volví a subir hasta su oído.

- Sabes, quiero mostrarte algo, que de seguro ignoras. – Ella volvió a estremecerse, pero no importó. Con cautela la fui guiando para que se levantara y quedara frente a frente conmigo. Su mirada de nuevo escapó de la mía, más mi mano con un dulce movimiento la colocó en su lugar. – Sakura… - tomé una de sus manos y la guié hasta el lado izquierdo de mi pecho. Se sonrojó más, pero no era nada comparado al nerviosismo que ella producía en mí, mi corazón se aceleró a mil al sentir el contacto de su piel. – No sé de que manera decirte esto… no sé de que manera puedas entenderme…

- …Sasuke…

- shh – la callé poniendo mi dedo encima de sus labios. – te amo y si no me crees… siente mi corazón, tú produces que palpité como lo hace ahora, tú eres la causante de que yo sea así, solo tú eres la causante de esta locura… y es porque te amo, te amo y te amo. – ella se sonrojó y quiso escapar de mí. Mis brazos la sostuvieron fuertemente contra mi pecho, la hundí lentamente a él.

- De verdad, te odio – yo reí. Ella subió su mirada hasta chocar con la mía. Me quedé enredado en esos ojos jade y no pude evitar sonreír. Vi como su boca iba subiendo hacia la mía y por inercia cerré mis ojos para dejar que nuestros labios chocaran.

Nuestras lenguas empezaron a danzar al ritmo del tango que entonaba nuestros corazones. Sus brazos rodearon mi espalda y sus dedos hacían círculos en ella.

Fui quitando una por una las prendas que había encima de ella. Pero antes de quedarnos como nos era tan normal vernos, la guié a su cuarto.

Ella retrocedió unos pasos al verlo. Yo me había encargado de que estuviese a media luz, iluminado por unas velas. También de que la cama estuviese cubierta de pétalos rojos. Ella me miró y se abalanzó sobre mí sin dejarme respirar. Su boca se comía a la mía o ¿era al revés?

Nos besamos hasta más no poder. Yo recordaba cada parte de su cuerpo, sabía en donde tocarla para que suspirara o gimiera, sabía que hacer, pero no era monótono como a mucha gente le puede parecer, no, al contrario, era tan placentero que no podía decir que había algo mejor que hacer el amor con Sakura Haruno.

Mis manos descubrían su piel, la acariciaba y besaba cada parte de ella.

Sus manos eran un poco más tímidas, pero no por eso dejaban de hacerme gemir o suspirar. Esas manos eran peligrosas si se lo proponían (pero también si no se proponía).

Acariciaba su cabello, me sentía en el cielo, pecar con ella me llevaba al cielo.

Aspiraba el aroma de su cuerpo, no me cansaba, nunca me iba a cansar de ella. Sentía su cuerpo debajo del mío, estaba mojada de sudor, pero en su rostro se dibujaba la más bella sonrisa de placer que yo había podido ver.

En ese momento, nuestros cuerpos entrelazados en medio de pétalos de rosas rojas, era como ver desde lejos un retrato, un retrato color carmín, de dos enamorados, pecando, olvidando por completo la vida de cada uno, olvidando por completo nuestros propios nombres, solo podíamos decir el de la persona que nos acompañaba.

Amarla a ella era lo mejor que yo podía hacer, besarla, tocarla, tenerla; era mi deber.

Me caí cansado encima de ella sin hacerle daño, después de unos momentos como era costumbre, me acomodé a su lado, entre sus pechos. Ella acarició mi cabellera medio mojada.

- Sasuke… yo también te amo. – sonreí y besé sus labios en un segundo. Me acomodé de nuevo en mi lugar y escuché el latido de su corazón. Esa melodía me llevó a los brazos de Morfeo.

Al despertar, sentí entre mis brazos su cuerpo caliente. Con cuidado me levanté, miré el reloj, eran las 10 de la mañana, se me estaba haciendo tarde.

Me acomodé de nuevo y acaricié sus cabellos, su rostro, su piel. No se me antojaba dejarla.

Volví a pararme, pero su mano se encrespó en mi muñeca.

- No te vayas, por favor… - me acomodé encima suyo y la miré fijamente.

- No me iré a menos que tú lo quieras…

Fin…

Hola!!! Bueno, ya, terminó TToTT definitivamente…

Ahora si estoy más triste. Fue un placer hacer esta historia para todos ustedes queridos lectores, gracias por leerla, gracias por sus reviews, en verdad gracias.

Espero que les haya gustado el epilogo, me pareció una buena idea que Sasuke lo narrara… aunque si no les gusta me lo pueden decir, recibo criticas.

Bien ahora si, Midori los deja y espera volver a sacar una historia tan buena o mejor que esta… Ja ne.