¡Waa realmente lo siento! ¡pero esque me estoy llenando de muchas tareas, proyectos y todo eso! Pero...
Intentare publicar cuatro capítulos estos días hasta el domingo porque empiezan mis examenes...
¡Regresando al fic! Estos últimos capitulos se centran más en Jellal y Erza por una razon que sabran en un futuro no muy lejano... para ser más exactos dentro de tres capítulos.
¡Que comienze el Flashback!
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Año 2006...
Disparos, cañones y gritos estallan en el ambiente. La vista del cielo carmesí era obstruida por el humo grisáceo de los edificios incendiados. Incendiados tanto como su hogar.
-¡AFUERA RÁPIDO! –gritó el policía que corría delante de él, de su madre y de su hermanito.
No pudo evitar mirar atrás pues sentía que estaba dejando algo importante. Divisó esperando que más personas lo siguieran como el cocinero que se había vuelto su buen amigo, las mucamas que siempre estaban ahí cuando a él necesitaba algo, eran muy consideradas y también el jardinero, ese hombre le había enseñado la mayoría de sus valores, más que sus propios padres.
-Qué pasara con ellos mamá –preguntó el chico viendo a la mujer rubia que cargaba en sus brazos a su hermano menor, este último lloraba. La mujer no volteo a verlo, al parecer no le había escuchado.
-No se preocupe por ellos, joven Jellal. Estarán a salvo. Ya lo verá – le aseguró su guardaespaldas Alexander. Al ver su expresión noto que le estaba ocultando algo pues ni el mismo Alexander parecía creerse esas palabras que salieron de su boca. Solo miró al niño –No se preocupe, joven Jellal, yo estoy aquí para protegerlo.
Jellal le sonrió, desde sus cinco años sabía que podía contar con Alexander. Él desde que lo conoció había sido más su mentor que su guardaespaldas y posiblemente su mejor amigo porque al ser el hijo del alcalde no sabes si la amistad que te muestran es verdadera o falsa, con Alexander es la excepción.
-¡RÁPIDO POR AQUÍ! –volvió a gritar el policía. Guió a todos hacia un pasadizo libre de llamas consumidoras. Jellal vio a su hermanito que lloraba desde hace buen rato.
-¡¿Qué pasó Mat?! –le preguntó, el niño de cinco años le extendió su mano vacía, Jellal lo entendió al instante.
-¡tú juguete! ¡El capitán tesoro!¡se cayó! –Jellal miró atrás de nuevo dispuesto a buscar el juguete. Alexander lo detuvo.
-¡Yo iré! ¡Usted no se mueva de aquí, joven Jellal! – le gritó el castaño. Jellal no lo permitió
-¡Es el juguete favorito de Mat, Alexander, a mí solo me deja tomarlo!
-No hagas más problemas, Jellal. ¡Qué vaya el hombre! –Le gritó con desesperación su madre - ¡Ya cállate Mathew!
Jellal miró molesto a su madre, odiaba que gritaran a su hermano menor injustamente, aun así quiso insistirle a su guardaespaldas pero cuando volteó para ver a Alexander este ya se había ido. Y, sin que los demás se dieran cuenta Jellal fue tras él.
Corrió lo más rápido que podía evitando el fuego y los muebles que lo interrumpían. Recorrió todos los lugares por los que habían pasado tropezando en el camino. Miro sus pies buscando la causa de que se cayera y se encontró con el capitán tesoro.
-¡JA! ¡Lo encontré antes que tú Alexander! –gritó emocionado. Parte del techo se estaba desmoronando pero Jellal pudo moverse a tiempo evitando quedar enterrado en los escombros. Se asustó, miró para todos lados buscando a su guardaespaldas pero no lo encontró. Ese montón de madera le estaba obstruyendo el paso para volver con los demás así que decidió irse por la puerta trasera de la mansión. En una de las ventanas resplandecía un brillo celestino que le llamo mucho la atención.
Salió por la puerta trasera y se dirigió a la luz brillante, no sin antes ver su destruida casa, sentía ganas de llorar y gritar pero sabía que no era lo correcto.
Lo que brillaba resultó ser una esfera blanca muy grande que sin duda había colisionado contra el suelo. Se acercó con precaución.
-Wow…es…¡La nave de Vegeta! – el niño la toco y esta se abrió casi al instante, mostrando un frasco en su interior, parecía estar vacío.—genial…
Jellal tomó el frasco, viendo cada detalle de este. Sabía que tenía que apresurarse así que decidió llevarse el frasco con él, un hombre se acercaba muy lentamente a Jellal, pero este logro darse cuenta a tiempo.
-¡Jose! ¡Qué bien que te encuentro! –gritó el niño emocionado. El hombre de sus espaldas resultó ser su chofer. - ¡No sé a dónde ir, me separe de mamá y Alexander! ¡Vamos con ellos Jose!¡dicen que nos enviaran a…- el hombre ahorcó al niño y lo alzó por los aires. Su expresión era de total furia.
-Tú vienes conmigo…-le dijo con mirada amenazante.
Jellal resistía pero poco a poco perdía el aire, Jose lo soltó y tiro al piso. Mientras se recuperaba el hombre le ató las muñecas y obligo a caminar. Jellal se resistió sin embargo José era mucho más fuerte, intento gritar pero su garganta aun le dolía.
-A…alex –intentó gritar –aux…auxil… -
-¡DETENTE AHÍ, PORLA! –gritó Alexander que apuntaba con un arma a ambos individuos. No sabía de dónde había aparecido pero al verlo Jellal casi llora de alivio.
-¿Alexander? ¡Qué suerte que te veo! –le gritó emocionado Jose, al borde de las lágrimas. Jellal aún no recuperaba su voz
-Suéltalo…¡AHORA! – gritó enfurecido el castaño
-e…estas confundiendo las cosas Alexander. Yo iba a llevar al joven con ustedes, pero la casa se está desmoronando y no pudimos encontrar salida aparte de esta. –Créeme, no cometas una estupidez amigo.
Se excusaba Porla. Alexander parecía ceder a la mentira pero en ningún momento bajo el arma. Jellal ya estaba recuperando casi toda su voz. Alexander los miró pensativo y dudoso, su mano empezaba a temblar, bajó el arma.
-El…el camino es por aquí. Síganme –fue lo que dijo. Ni bien volteo una bala le atravesó el cuerpo.
-¡ALEXANDER! – gritó Jellal, en su mente todo se detuvo.
De sus ojos empezaban a brotar lágrimas, además sentía ira. Aun en Shock volteo a ver a Porla, en su mano este empuñaba su arma apuntando al inerte cuerpo de Alexander, disparó una vez más. – Tú…¡TÚ! ¡DETENTE! –
Jose tiró el arma y con la misma mano le arrancó un mechón de cabello rubio a Jellal. Tiró al suelo el mechón, conjuro algunas palabras y esos cabellos crecieron y se enlazaron hasta formar un clon exacto de Jellal, el chico no podía creerlo. El clon empezó a golpearse hasta caer en el suelo, parecía muerto.
Jellal creyó que eso era una muestra de lo que Jose haría con él, no pudo evitar desesperarse. Vio como Porla sacó de su bolsillo un extraño aparato.
En un abrir y cerrar de ojos Jellal apareció tirado en el gélido suelo, no era verde como el gras, este era sólido, duro y llano. No le tomo mucho tiempo darse cuenta que ya no estaba en el jardín de su casa. ¡Pero es imposible! ¡Nadie podía ir de un lugar a otro en menos de un segundo!
Intentó pararse para poder escapar, tenía que avisarles a los demás soldados acerca de la traición de Jose Porla.
Algo filoso en su espalda le evitaba su intención. Una persona le estaba pisando la espalda, obligándolo a quedarse en el suelo. Volteó de reojo para ver al responsable de esto, encontrándose con una mujer rubia vestida de negro.
-¿Este es el niño? El hijo de Adolf ¿verdad? – preguntaba fríamente la mujer.
-así es señorita Charlotte…Es él. –Jellal reconoció la voz de Jose muy cerca, sonaba nervioso pero no le importaba. Tenía que salir del lugar en el que estaba y regresar con su familia. La mujer apretó más su tacón contra el suelo haciendo gritar a Jellal de dolor.
-¿Quieres que lo entrenemos?...—preguntó un hombre a la espalda de Jose.
-Sí, les prometo que será útil en un futuro –decía más emocionado Porla. Jellal escuchó la risa de aquel hombre misterioso
-¿escuchaste eso Charlotte? ¡No me hagas reír, Jose! –Reía escandalosamente el hombre - ¡Ese enano!
-CALLATE TED…no dejas que me concentre… -le gritó la mujer. Se sentó sobre la espalda de Jellal dificultando su respiración. -Es atractivo…. Está llorando, eso se puede arreglar….mmm veo ira en sus ojos, perfecto….¿Qué edad dices que tiene?
-Cerca de once años…¿qué…qué quiere decir con eso? –Volvió a preguntar Jose - ¿Lo…lo hará?
Ted se acercó hasta la mujer rubia para poder observar la cara del niño.
-¿Qué dices Charlotte? –preguntó el pelinegro. – Entrenarlo será un retraso en nuestros planes. Sabes que en cualquier momento podrían venir a buscarnos cuando se enteren que escapamos de prisión. – la mujer lo miró con burla
-¿Tienes miedo? No aquí ted, Los del Fliegen Zield tienen prohibido pisar Wizarding City. Nos conviene quedarnos buen tiempo, almenos hasta que acabe todo este conflicto con el bruto de SALIAN – la chica suspiró – Por su culpa nos descubrieron.
-No estés tan segura, ¿crees que después de lo que está haciendo Salian haya arriba nadie va a venir? ¡Está destruyendo esta ciudad!
-Si lo hacen Murder los meterá a Grenzen død. Esos hijos de perra se arrepentirán de habernos exiliado.
Charlotte se paró, dejando respirar a Jellal.
-¿eso significa…? – insistió Porla ignorando la conversación de los dos sujetos.
-No nos tomara mucho tiempo si lo sometemos a 23 horas diarias de entrenamiento. Apuraremos el proceso para irnos a de una buena vez a las ISLAS TALÍT.
En el piso Jellal solo lloraba se sentía totalmente perdido de su realidad y de su vida, al contrario Jose reía claramente emocionado.
-Esto no será Gratis Porla – aclaró Ted amenazante, mostrando el desacuerdo con su compañera. La sonrisa de Jose se esfumó de su rostro.
-¿Qué…qué quieren a cambio? – preguntó mientras escondía en su espalda el frasco que Jellal anterior mente encontró en aquella esfera Blanca…
Nueve años después….
