DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de mi autoría.


N/A: Este fic contendrá incesto y confronte religioso y social, lean bajo su gusto y responsabilidad.


EL PLACER DEL PECADO

*·.&.·*

Esta es la historia de dos jóvenes prohibidos desde el mismo instante de su creación.
Una historia de amor fraternal destinada a un caótico fin.
Un amor que simplemente es cenizas antes de que el fuego se encienda.
Un amor corrompido, repudiado, condenado… Un amor de pecado.

·


CANCIONES DEL CAPÍTULO:

I Should Go - Levi Kreis
Adore -Paramore
Distance - Christina Perri

Afortunadamente o quizás desafortunadamente, todo depende del como se lo mire -y desde quién-, un grito los sacó a tiempo de su burbuja.

―Edward, baja hijo que sino se nos hará tarde para llegar al aeropuerto.

Esme. Su dulce voz cantarina se coló con fuerza entre la nube espesa que nublaba la mente de ambos. Lo justo y suficiente para que sin decir palabras tanto uno como el otro comenzaran a soltarse simultáneamente casi sintiendo dolor al separar con delicadeza cada dedo, mano, brazo… y piel del otro. Doloroso pero necesario.

Sin embargo él ya había caído y desde su caída fue que reunió el coraje suficiente para, en un acto sencillo pero cargado de significado, él elevara una de sus manos y acariciara con una dulzura -desde hace mucho no vista-, una de sus mejillas todavía caliente y sonrosada.

Marcada.

Tatuada.

Quemada… así había quedado ella después de aquellos tan breves pero tan ardientes roces con él. Con Edward… Con su hermano. Aquella marca que vibraba y ardía en ambos lugares de su piel como si hubiera sido abrasada por un hierro candente. Aquella marca que sabía nadie le borraría de sí.

De alguna extraña -y oscura- manera lo supo; ella era de él. Siempre lo había sido pero, ahora, ahora era muy diferente; ahora no lo sentía como su hermano, aquel que la había acompañado desde hacía tanto… ahora, y para su consternación absoluta, ella sentía que lo miraba con la clara adoración y el anhelo de una mujer ¿Dónde había quedado su niña? Por Dios, ella no quería enfrentar esto, en verdad quería huir de sí misma pero ¿Cómo hacerlo si eso significa dejar aquello que más anhelas y amas?

Confusión.

Miedo.

Terror.

Y él lo sintió.

Edward sintió como ella de pronto se tensó entre lo que quedaba de ella en sus brazos y como aquella luminosa mirada se desenfocaba para poner cara de miedo y asombro absoluto.

Se sintió enfermo.

Por alguna extraña razón ella recién había caído en la cuenta de lo hecho, y él sabía que ella lo odiaría por atreverse a aquello, por demostrar en su mirada todo lo que en verdad quería de ella. Y por sobre todo, por meterla en aquel dilema que desde un principio había sido culpa suya y que como un idiota había… ¡DIOS!

Necesitaba relevarla de aquella carga.

Necesitaba que para ella todo siguiera como siempre.

Porque él sabía que si ella sintiera toda la confusión de él -ni hablar de sus sentimientos-, ella podría decidir alejarse completamente de él… Y eso era algo que él no podría soportar. Nunca. A pesar de la distancia que de ahora en más habría entre ellos, él necesitaba saber que ella aún lo mantenía en su corazón con aquella fuerza extraña y potente que se habían demostrado desde niños y que, a pesar de haber disminuido un poco por su culpa durante estos últimos años, él sabía que seguían allí por el simple hecho de que así era ella. Ella amaba con intensidad… y con sinceridad absoluta y, aunque Edward sabía que él no merecía aquello; lo quería.

Aquel sería su acto egoísta para con ella.

Amándola como la amaba él se aprovecharía de ello. Sabiendo de su cariño -aunque fuera fraternal para con él- él, en su muy pronta soledad, imaginaría que era un verdadero amor lo que ella sentía y se perdería en sus fantasías. Fantasías en la que ella le correspondía y en las que él podía amarla de todas las formas en las que un hombre puede amar a una mujer.

Sí. Él sabía que se engañaría a sí mismo, pero aún sabiéndolo él estaba más que feliz con ello. Y era por eso que él necesitaba verla con aquel cariño por él en sus ojos hasta el último segundo antes de tomar su vuelo.

Él no quería verla confundida, retraída y quizás hasta temerosa de acercarse a él. No. Básicamente aquel fue el motivo por el cual recurriendo a todas sus fuerzas se obligó a actuar lo más natural que pudo -quizás hasta sobreactuando un poco-. La tomó nuevamente entre sus brazos pero esta vez de forma más brusca, tensando los músculos para no recaer en aquel llamado que lo tentaba a trazar con sus manos cada curva de su cuerpo. Estrujándola contra él para luego alejarla de la manera más natural que pudo forzar.

Y se separó resistiendo cada impulso de su cuerpo.

Y la respiración se le cortó por el dolor que sentía en la distancia.

Y la mente se vio embargada de imágenes traicioneras en las que fantaseaba con reclamarla como suya.

Y se odió aún un poco más.

Cada día, a cada hora… a cada instante terminaba por demostrarse cuan débil y ruin era, cuan desesperadamente necesitaba poner distancia con ella para no terminar cometiendo una completa locura.

Dios ¿Qué mal había hecho en su vida anterior para merecer una nueva vida llena de tan completa tortura? Vivir sin ser amado -al menos no de la forma que él anhelaba-, vivir bajo las sombras, vivir para verla a ella siendo amada por alguien más… ¡Oh Dios! Apenas se le había ocurrido eso -pensó el joven lastimosamente sintiendo como su cuerpo entero se congelaba.

― ¿Ed? ―le llamó la joven suavemente al ver el rostro pálido y sin vida de su hermano delante de sí.

― ¡Edward, Bella! ¡Ya bajen chicos que se nos hará tarde! ―gritó Esme desde lo que suponían sería la escalera que estaba al final del pasillo.

Lo bloqueó. Él bloqueó ese pensamiento, no podía con él ahora. Nunca. Ya vería como desaparecer de su vida en el momento que aquello ocurriera porque, si de algo estaba seguro, es de que ese día llegaría por el sencillo hecho de que Isabella era una mujer que creaba grandes amores y que era seguro que algún día encontrara a quien se desviviera de amor por ella, alguien a quien ella si le estuviera permitido amar… Y ese día él saldría completamente de su vida.

Allí lo decidió y así se quedaría.

Sería lo mejor.

Ya hoy había casi terminado por cruzar aquella línea imaginaria que separaba su vida de la de ella por razones más que bien fundamentadas. La sangre.

Maldita sangre escarlata que encarnaba su piel.

Maldito elixir de vida que lo condenaba a un exilio preso de sí mismo y de su amor pecador.

Maldito su padre por crear un ser tan perfecto y tan fuera de su alcance.

Maldito él por tener una mente tan perversa y un corazón tan traicionero.

Maldita ella por eclipsarlo cada día un poco más con su inocencia y embrujarlo a cada instante un poco más hasta hundirlo en el amarre de sus cadenas. Por nublar su mente con sus cánticos de sirena de inframundo.

¡Malditos todos! Malditos, malditos… ¡Mil veces malditos!

Por condenar un amor que sería perfecto.

Por hacer pecador a quien ama de verdad.

Por negarle su sabia de vida como agua al sediento.

¡Malditos! Maldito… ¡Maldición!

Su cuerpo moría de agonía por acercarse una vez más y simplemente no volver a soltarla jamás. Pero lo hizo.

Una vez más hizo todo lo contrario a lo que quería.

Falta poco -rezó en su cabeza para auto-infundirse valor-. Valor del cual carecía ahora.

Esbozó una sonrisa que esperó fuera o al menos luciera ligera. Supo al instante que no fue así.

Isabella se abrazó a sí misma en cuanto el calor que la había embargado al contacto con Edward había desaparecido. Necesitaba sentirse reconfortada, aunque no supiera bien el porqué.

Necesitaba de él. De su calor. De su presencia.

Quiso gritar.

¡No te vayas! ¡Quédate conmigo! ¡Ya te extraño! ¡Me muero aquí sin ti! No puedo… mas nada salió de sus labios. Ningún sonido fue forzado a salir de su garganta. Nada más allá de la tristeza infinita que embargaba sus delicados rasgos.

La realidad una vez más ganó en ellos.

¿Qué decir?

¿Quédate? ¿Para qué?

Dime que me quede ¿Para qué?

Me muero sin ti ¿Cómo explicarlo?

Me duele tu silencio ¿Cómo decir que se ahogaba en palabras que no comprendía?

No.

Por una vez, aunque la tortura pareciera interminable, el silencio fue su aliado. Nada dicho que no pudieran manejar, nada dicho que los lastimara aun más. Nada. Y eso de una forma u otra los mataba por dentro.

Cómo hacerle sentir al otro la magnitud de su amor.

Amor de hermanos, sí.

Amor del tipo en que alguien especial marca tu vida y tú lapidas su altar en ti. Sí.

Amor, de fe, de creer, de saber… Amor incondicional. Sí.

Pero, ése amor que él ya sabía poseía por ella y que anhelaba fuera recíproco, aún no existía… Nunca lo haría.

Y él lo sabía, así que, para llevarse consigo el mejor recuerdo simplemente dejó de lado -por un momento al menos- al hombre que latía insistente en él y se enfocó en ser tan solo… aquel que sabía debió siempre limitarse a ser.

Su hermano.

Aquel libre de tomarla con un brazo por los hombros y girarla guiándola hacia las escaleras.

Aquel que podía reír fácilmente ante los rostros asombrados de sus padres al caer así junto a ella en la cocina aunque sintiera como las lágrimas caían dentro de él como si fueran un cruel ácido puro entrando en su sistema.

Aquel que era capaz de hablarle sin insultarla por el simple hecho de querer atesorar un poco más del sonido de su voz.

Aquel que se sentía atrapado y sin salida al ver que la hora en que ya no la vería se acercaba por fin.

Y el hermano se fue.

El hombre volvió.

Volvió sintiendo como dejaba allí una parte de sí al soltarla del abrazo más fuerte y prolongado que se haya visto jamás.

Volvió cuando la última llamada a su arribo tuvo lugar y supo con cruda conciencia que ya no había marcha atrás.

Si esto era a todo o nada, él había escogido la nada.

¿Por qué? Fácil.

Porque de su nada nacía su todo.

La nada era su tristeza; y de su tristeza nacía su felicidad que era saberla feliz y tranquila.

La felicidad de su Bella.

De su por siempre hermana.

De su por siempre amada.


GRACIAS Y MÁS GRACIAS A TODOS AQUELLOS QUE HAN DEJADO SU RW EN EL CAPI ANTERIOR ;)

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N/A: Mmmm, bueno, si leen otras de mis historias sabrán que estoy algo volada de todas mis historias en general :/ ASÍ QUE YA AVISO QUE LO SIENTO POR ADELANTADO CON LAS POSIBLES LARGAS ESPERAS QUE LES TOCARÁ VIVIR. Mi excusa lamentablemente es la vida misma que está siendo una perra insensible conmigo desde hace algún tiempo... Como sea. La historia la voy a terminar pero sepan que de ahora en más avanzaré a paso de tortuga lisiada...

Sin más que decir... Disculpen... Gracias... y nos vemos en cuanto pueda ok? =)

Besotes, Guada*

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