Renuncia de derechos: Puesto que Harry Potter y todo su universo son propiedad de J. K. Rowling, nada de lo aquí escrito es beneficioso para mí en términos monetarios.
Promesas.
Sigo esperando en la ventana para verte llegar… Tachando lunas del calendario…
(Cuando dices adiós, La Oreja de Van Gogh)
Bien, aquí estoy. En los jardines de Kew, con atuendo muggle: unos jeans negros, una blusa azul marino adornada con listones color bronce en los bordes y sandalias azules. Sin embargo, retuerzo entre mis manos la correa del pequeño bolso azul que cargo.
Tía Elinor me ha dado algunos consejos y es cuando comprendo la razón de que tío Cyril la quiera. Es una persona capaz de ponerse en los zapatos de los demás, de cuidar extraños, de dar todo de sí cuando se apasiona. Quizá eso usa en su empleo, del que sigo sabiendo más bien poco.
Pero estoy olvidando el por qué estoy aquí, esperado de todo corazón que Theodore no se sienta tan ofendido como para dejarme plantada. No hemos dicho nada de cancelar el encuentro, más que nada por no dar yo la oportunidad el día anterior, así que tomo el sendero por donde, casi siempre, veo llegar a Theodore y doy pasos nerviosos, esperando no espantar a nadie.
Si lo pienso con la cabeza fría, Theodore puede tranquilamente no venir. No puedo culparlo. Pero recordar que está educado como uno de esos caballeros ingleses de antaño me da esperanza. Y si no acude, voy a tener que esperar a que inicie el curso para vernos en Hogwarts.
De pronto, allí está. Como siempre, usa ropa oscura, pero esta vez me asombra. Trae jeans y jamás los ha usado antes. Jeans y una camiseta negra.
¿Alguien va a tomarme por loca si me quedo con la boca abierta y luego me desmayo?
No me pasa una cosa ni la otra. De pronto, me quedo plantada en mi sitio, esperando. Una de las cosas que ha recomendado tía Elinor es dejar que sea él quien inicie la conversación, pues de esa forma, le doy la oportunidad de desquitar su malestar. El problema es que Theodore no es dado a hablar demasiado, así que veo difícil que el consejo me sirva.
Y sin embargo, a los pocos segundos estoy a punto de volver a casa a estrujar a tía Elinor con un fuerte abrazo, pues al estar a dos pasos de distancia, Theodore saluda (¡él saluda primero! No puedo creerlo…) y luego se disculpa por haber puesto en marcha su plan de rompimiento con Greengrass sin consultarme, pero se ha visto obligado a adelantarlo, por la visita imprevista de días atrás. Casi de forma automática, niego con la cabeza y digo que no importa, lo que enseguida lo pone en alerta. Por su cara, deduzco que no me está creyendo, así que hago ademán de caminar y él asiente, aceptando la propuesta.
Mientras andamos, hago exactamente lo que ha sugerido tía Elinor. Le explico las razones de mi reacción, disculpándome también por actuar de forma tan impulsiva. Como Gryffindor enfurecida, bromeo. Esa frase causa una sonrisa en Theodore que por poco hace que pierda el hilo de la conversación. Es decir, él casi nunca sonríe, por lo que me parece extraordinario.
En ese instante es que me doy cuenta que algo dentro de mí con respecto a Theodore, desde hace tiempo, se ha ido transformando. No es como si apenas supiera que ese algo existe, solo que… Hasta ese día, no lo he sentido con tanta claridad. Debe ser por eso que me siento como una niña torpe y no como una bruja mayor de edad. Soy patética, ¿cierto? Que mis amigos no se enteren de esto, por Merlín…
Es entonces cuando Theodore pregunta si me pasa algo, ya que llevo un rato callada.
Niego con la cabeza. Sin dejar de estrujar el bolso, me coloco delante de él y respiro hondo. Luego de eso, comienzo a hablar y sé que, aunque luego me arrepienta, al menos voy a sentirme mejor.
Le agradezco a Theodore su buen trato. Le digo que me alegra mucho comprobar que un apellido no es sinónimo de tal o cual personalidad. Le aseguro que he sido afortunada de tenerlo como amigo, aunque es evidente que él prefiere estar a solas la mayoría del tiempo. Confieso que antes he sentido como si no debiera molestarlo con mis problemas, pero que es amable de su parte el escucharme. Y reconozco que temo por él, por el padre que tiene, porque lo obliguen a seguir ese camino negro y sangriento de los mortífagos…
No me deja terminar. Sin venir a cuento, sin encajar para nada con su habitual forma de ser y sin importar que haya un montón de gente mirando, Theodore me encierra en un fuerte abrazo.
Comienza a murmurar en mi oído abundantes palabras que procuro retener en mi memoria, ya que las considero valiosas: dice ser él el afortunado porque me tomara la molestia de conocerlo, dice ser él quien teme por mí, debido a mis parientes sin magia, a los que admira por ayudarnos a mis padres y a mí, sin poder creer del todo que los muggles no sean tan malos. Y dice ser él el agradecido, porque no se sentía tan bien con alguien desde la muerte de su madre.
Menos mal que el torrente de emociones que me asalta no logra paralizarme. Consigo, poco a poco, devolverle el abrazo, temerosa de que se dé cuenta de lo que hago y me rechace. Pero no. Seguimos así largo rato, sin hacer caso de nada más, y me atrevo a murmurarle que, al terminar la guerra, quiero invitarlo a casa, que conozca a mis padres, a tío Cyril, a tía Elinor y a todos mis primos, aunque quizá le moleste la posibilidad de acercarse a gente sin magia.
Él, en cambio, pide perdón por las futuras atrocidades que su padre pueda obligarle a hacer, pero que terminando la guerra, va a estar más que honrado en aceptar mi invitación.
Esa conversación ha estado llena de palabras de aliento, aunque algunas personas llenas de prejuicios hacia mí o hacia Theodore van a creer que son palabras falsas, de llegar a conocer lo que nos hemos dicho, claro.
Pero aquí lo que importa es lo que creamos ambos.
–&–
Bienvenidos sean todos, ¿la están pasando bien leyendo esta cosa? Espero que sí…
Mo se puso sentimental, pero no pueden culparla. Hay presión y mal ambiente por todas partes y ella recién ha peleado por primera vez con Theodore, al que no solamente estima, como ella misma empieza a darse cuenta. Por otro lado, he hecho hablar más a Theodore, y saqué su lado más humano, porque nadie dijo que el chico no tenía sentimientos solo por ser un mago sangre limpia de Slytherin e hijo de mortífago. Traté que él y Mo no se salieran demasiado de la personalidad que he estado manejándoles, espero haberlo logrado. Y si no, díganme, porque soy la primera en reconocer que al tratar de desarrollar personajes del Potterverso de la casa de la serpiente, no soy precisamente la mejor.
La cita, por si a estas alturas no ha quedado claro, es sobre el final del capítulo, sobre lo que les augura el séptimo curso con las cosas como están.
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
