CAPÍTULO 13: LO QUE PASA EN LAS VEGAS...
El resto de su estancia en Los Angeles se pasó de manera rápida. Mientras Cooper trabajaba, los chicos se dedicaban a hacer turismo y pasar tiempo juntos, sobre todo cuando Blaine terminó de recuperarse del esguince y pudo caminar sin ayuda de muletas. Luego se iban a conocer las zonas de fiesta y las menos turísticas con el mayor de los Anderson. Ninguno de los dos se imaginaba cuando llegó a la ciudad que la abandonarían como una pareja.
El destino al que se dirigían era Las Vegas. Una ciudad que les apetecía disfrutar aunque no tenían intenciones de gastar mucho dinero. Al llegar, buscaron un hotel de baja categoría para alojarse. Apenas pasaron unos segundos antes de salir dispuestos a buscar sitios turísticos. Iban a estar cinco días allí y no querían perder ni un segundo.
Llevaban un par de horas paseando por las calles, viendo los hoteles lujosos, las limusinas y los casinos desde fuera cuando a Sam se le ocurrió lo que él pensaba que era una gran idea.
– Blaine... ¡Estamos en Las Vegas! – Exclamó el rubio mientras seguían caminando.
– ¿En serio? – El ojimiel lo miró con la ceja alzada.
– No lo había pensado antes pero... ¡Podemos casarnos! Nos podemos vestir de Elvis y celebrar la ceremonia en alguna de las capillas que hay. Podemos cantar una canción de "El Rey". En lo personal, creo que para esta ocasión tendría que ser "Love Me Tender". – El más alto estaba emocionado.
– Espera un momento. – El moreno detuvo a su novio e intentó razonar con él. – Me alegra que estés tan emocionado con que estemos juntos pero el matrimonio es algo importante, algo serio. Llevamos muy poco tiempo juntos y somos muy jóvenes. No te negaré que he fantaseado con nuestra boda varias veces pero no ahora, no así. Quiero que estén las personas que queremos, al menos nuestros padres y hermanos. También quiero que estemos establecidos en algún sitio, viviendo juntos y que tengamos trabajos para sustentarnos.
– ¿No quieres ser espontáneo por una vez? ¿O es que no crees que nuestra relación vaya a durar? ¿No confías en mis sentimientos? ¿O no me amas como yo a ti? – El ojiverde se quedó triste al pensar que tal vez ellos sólo tenían una buena relación en su mente.
– Creo que nuestra relación es eterna porque estamos hechos el uno para el otro, porque nos compenetramos y nos amamos de una manera única. Confío en ti con los ojos cerrados y sé que no me vas a hacer daño porque me amas más que a nadie y yo te amo más que a nadie y eso no quiero que lo dudes nunca. – El más bajo se puso de puntillas para dejar un casto beso en los labios de su pareja.
– Entonces... ¿Cuál es el problema?
– ¡Llevamos sólo dos semanas de novios! Además de que sólo tenemos 18 años. Escúchame, nos vamos a casar, pero no ahora.
– ¿Cuánto tenemos que llevar de novios para casarnos?
– Hagamos un trato. Dentro de cinco años tendremos 23 años, una edad adecuada y con un tiempo de relación suficiente. Yo habré terminado la Universidad y tú ya serás un modelo famoso. El 21 de julio de 2018 será la fecha de nuestra boda. Cinco años desde ahora, ni un día más.
– Suena perfecto.
La pareja se besó con mucho amor. Eran felices juntos y no temían demostrar sus sentimientos.
– Falta algo por solucionar. – Exclamó Evans. – ¿Cuál va a ser el acto espontáneo?
– ¿Vamos a un casino? Ponemos una cantidad límite y nos la gastamos allí. – Propuso Anderson.
Al final, eso fue lo que hicieron. Después de cenar se fueron a uno de los casinos de la ciudad y ambos se pusieron en la misma máquina. Comenzaron a echar las monedas mientras estaban juntos. Al final, casi cuando habían gastado el dinero que habían acordado, la máquina les dio un premio de dos mil dólares. Ambos lo celebraron, eso era comenzar la relación con buen pie. Decidieron reponer lo gastado ese día más el precio del hotel en la cuenta del viaje, guardar mil trescientos dólares para su vida en Nueva York y seguir gastando el resto del dinero.
Estaban a punto de irse cuando una chica de unos viente años, con largas piernas, larga melena rubia y largas pestañas paseaba cerca de ellos. Sam no pudo evitar mirarla, era muy atractiva y muy sexy. Coqueteaba con todos los chicos guapos del lugar y el más bajo sabía que pronto se acercaría a ellos. Al ver que al rubio prácticamente se le caía la baba con ella, decidió levantarse y salir de allí. El ojiverde se quedó aturdido por la reacción del moreno y caminó a la salida. Sin embargo, no lo localizó entre tanta gente. Decidió ir a la habitación y comprobó que el joven estaba tumbado en la cama. No había hecho ruido al entrar y un sollozó lo alertó.
– Blaine, amor... ¿Qué ocurre? – Preguntó el más alto nervioso.
– ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te has ido con ella? – El ojimiel susurró.
– ¿Qué? – Evans tardó unos segundos en entender lo que pasaba. – ¿Estás celoso?
– ¿Vas a negarme que mirabas a esa chica? – Anderson se sentó y miró desafiante a su novio. Éste sintió una punzada en el corazón al ver las lágrimas en el rostro del chico del que estaba enamorado.
– No te lo negaré. No estoy ciego, al igual que tú tampoco. ¿Esa chica está buena? Sí. ¿Me he fijado en ella? Como tú te fijarás en muchos chicos. Lo importante es que esa chica sólo me gusta físicamente pero, a la hora de la verdad, con quien quiero estar es sólo contigo. El único que quiero que me acaricie eres tú. El único que tiene permitido besarme y hacerme el amor eres tú, sólo tú. ¿Quedó claro?
El moreno sonrió tímidamente y recibió un beso de su pareja. Los celos le habían creado inseguridades, pero estaba de acuerdo con el rubio. Muchas personas atractivas se acercarían a ellos y podrían sentirse atraídos físicamente por ellas pero eso no significaba que no se amasen.
– ¿Dijiste algo de que tenía permitido hacerte el amor? – Preguntó el ojimiel con una sonrisa pícara.
– Todas las veces que quieras. – Respondió el más alto acercando el cuerpo de su novio hacia él.
Se fundieron en un abrazo y un beso muy pasional. Se amaban y querían demostrárselo de todas las maneras posibles. Esa noche estuvieron horas entregándose el uno al otro. Mezclando el deseo con la ternura, porque sólo ellos podían provocar tanto en el otro. Estaban hechos para estar juntos como amigos, compañeros y amantes.
