Personajes: Koushiro y Mina
Concepto inicial: espejo
Concepto final: mordisco
Autora: Marin-Ishida
Suerte
Rompí un espejo.
Dicen que trae años de mala suerte, algo que siempre me había parecido irracional. No creía en la suerte, sí en las probabilidades y en las posibilidades que era algo demostrable, no obstante ese espejo estaba empezando a quebrantar mis creencias.
Era de Mimi, puede que eso influyese, puede que no fuese mala suerte si no una especia de maldición que ella conjuró. Tampoco me importaba, porque en teoría, las maldiciones eran otra de esas cosas en las que no creía.
En cualquier caso, desde que ese minúsculo espejo resbaló de mis manos, nada estaba saliendo como esperaba.
Esperaba ser elegido representante de los niños elegidos de Japón, no era algo que me obsesionase ni que lo hubiese pedido expresamente a mis compañeros, pero era algo que interiormente quería. Casi podría decir que lo daba por hecho, a fin de cuentas éramos Takeru y yo los que había organizado el primer encuentro de niños elegidos a nivel mundial. Quizá Takeru hablase y yo expusiese, incluso había creado un programa de traducción simultanea.
En cualquier caso, ni Takeru ni yo fuimos elegidos, lo fue Taichi por unanimidad de votos, sí, tuvo hasta el mío. Fue una de esas cosas que se dieron de forma natural, como si otra opción no hubiese sido posible.
No culparía a la suerte, más bien al carisma de Taichi, mi timidez por no ser capaz de pedírselo a mis amigos, y la vagancia de ellos por no ser capaces de plantearse que era posible un representante que no fuese Yagami. Todo eso, claro, si no hubiese roto ese espejo.
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—Tengo ensayo, ¿se retrasaran mucho?
Yamato estaba a mi lado, perdiendo los nervios en la terminal, pero era otra de las decisiones de Taichi. Si yo hubiese sido elegido, puede que no hubiese tomado esa decisión, pero no se lo iba a echar en cara a Yamato.
—Es el próximo —y le indiqué los vuelos que ya habían llegado, de la India y de China.
Los representantes de los niños elegidos de cada país serian acogidos en nuestras casas. Era Taichi quien lo había organizado, tomando decisiones curiosas como que Catherine quedase en su casa, a mí me había tocado a uno de los hermanos Poi.
—¿India? —leyó Yamato—. ¿Mina?
Mina era representante de la India, sí.
—¿Va Mina a mi casa?
—¿Cómo?
Ni había valorado que llevar a Mina a casa de Yamato pudiese suponer algún tipo de problema.
—Es una chica.
—Ajá.
—Son esa clase de situaciones que es mejor evitar —comentó exasperado. Como si no le entendiese, y no le entendía demasiado. Sora no era celosa, o tal vez era por Mina, sería violento para ella vivir en una casa con dos hombres. Y lo tuve claro, ¿en que demonios pensaba Taichi cuando decidió que Mina se quedase en casa de Yamato?
Y lo entendí. Sora no era celosa, ¿o sí?
Yo nunca habría tomado decisiones para ver las reacciones molestas de mis amigos, pero eso era algo que tampoco comentaría.
—No te preocupes, el tuyo es el hermano Poi.
Fue una de esas cosas espontáneas, sin imaginar que ahora la posición de Yamato se volvía la mía.
—Bien —pareció aliviado y acto seguido me regaló una sonrisa que me desconcertó. Rio, me había sonrojado.
—Catherine se queda con Taichi —excuse, como si debiese hacerlo.
—Pero está también Hikari.
—En mi casa está mi madre.
—Claro.
¿Qué había de malo que una chica se alojase en mi casa?, yo no tenía novia a la que poner celosa, seguro que ni Mimi se pondría celosa, le parecería algo encantador, como todo.
En cualquier caso, por culpa de las decisiones de Taichi, mi decisión por querer ayudar a Yamato y la reacción de este, empezaba a ver muchas cosas malas a que esa chica se quedase en mi casa. Estaba claro que la mala suerte, iba a seguir cebándose conmigo.
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No había dicho muchas palabras. En realidad era extraño, porque por Internet, solía tener un contacto regular con muchos de los niños elegidos de otros países, Mina entre ellos. Sin embargo había sido incapaz de mirarla a la cara en todo el trayecto en el que el padre de Yamato nos trajo. Puede que tuviese algo que ver las sonrisas ladeadas que Yamato me dedicaba, o quizá lo absorta que iba ella mirando por la ventanilla abrazada a esa jaulita de viaje de la que no se despegaba.
Tendría que ir un animal ahí supongo, pero ni lo escuché, ni lo vi.
Como suponía, mi madre quedó sorprendida al vernos, ya que esperaba un chico chino, pero como siempre fue capaz de reaccionar rápido para saludarla con amabilidad.
Yo no solía ser capaz de hacer esas cosas.
—Es de la India —me susurró mi madre, mientras Mina se acomodaba.
—Ajá.
—He hecho comida china.
—No veo problema.
—No sé cocinar comida hindú.
Cada vez que traía a un amigo a casa, mi madre se comportaba de esta forma un tanto desquiciada, tal vez se debiese a que aún tenía miedo de que siempre estuviese solo, o tal vez, porque ser la perfecta anfitriona estaba dentro de sus genes.
No ayudaba, de todas formas.
Mina estaba parada frente a mí y sonreía, y entendí la sonrisa de Yamato cuando noté el rubor en mi rostro.
Tomé su equipaje y la llevé a su habitación.
—Espero que sea de tu agrado —tartamudeé. ¿En serio pensaba que tenía alguna posibilidad de representar a los niños elegidos de Japón delante de todos los del mundo?
Quizá no había sido la mala suerte, sino la providencia.
Y Mina pasó, era un poco más alta que yo, a pesar de que me erguí inconscientemente cuando su sari rozó mi brazo.
—Es perfecta.
—Aquí estarás cómoda, más que en casa de Yamato —ella me miró desconcertada y yo me quedé sin palabras. ¿En que estaba pensando?—. Está mi madre… Yamato no tiene… no vive…. ¡no es que esté muerta!... es solo que… las chicas… estáis más cómodas con chicas…. ¿te gusta la comida china?
La cuestión no era que las chicas estuviesen más cómodas con las chicas sino que yo era incapaz de estar cómodo con una chica. Tendría que haber mantenido lo dispuesto por Taichi y haber acogido al hermano Poi. Mis decisiones eran consecuencia de mi mala suerte.
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—¿Papá no se retrasa mucho?, tal vez deberíamos empezar sin él.
No lo habría dicho, si no hubiese estado oyendo el rugir de las tripas de Mina desde que se sentó a la mesa.
—Espera un segundo cariño.
El plato continuó vacío y yo empecé a sospechar lo que sucedía. Me acerqué a mi madre.
—Le gusta la comida china.
—¡Ya está aquí!
Mi padre había llegado y el olor a especias con él. Traía un paquete que mi madre apresuró a recoger y emplatar.
Comida hindú, me lo temía.
—Que agradable detalle señores Izumi, pero no deberían haberse molestado, adoro la comida japonesa, la como siempre que tengo oportunidad.
Y eso me hizo reír, a pesar del desaprobatorio gesto de mi madre.
—Podrías haberme avisado —me susurró, y me llevé la mano a la cabeza.
Hacía una hora, un chico chino iba a estar sentado a la mesa, ¿cómo podría suponer que al final sería una chica de la India amante de la comida japonesa?
Estaba claro, que a Mina le gustase la comida japonesa entraba dentro de la maldición del espejo de Mimi.
—¿Y te quedarás mucho tiempo? —preguntó mi padre. Como mi madre, parecía encantado de compartir viviendo con alguien tan… ¿exótico?
—Una semana, ¿no Koushiro? —respondió ella. Tardé, porque por un momento me había quedado mirando sus, sí, exóticas facciones, pero logré asentir. Una semana era lo estimado para esta reunión.
No esperaba que mi madre se mostrase emocionada.
—Seguro que Mina está encantada de conocer la ciudad, podemos organizar excursiones en familia…
—Querida… —suspiré aliviado cuando mi padre la interrumpió—, tal vez los chicos quieran ir solos, ¿no Koushiro?
Y me metí a la boca ese curry o lo que fuese lleno de salsa para que nunca nadie pudiese decir si el rojo de mi cara era consecuencia del comentario de mi padre o de mi intolerancia al exceso de especias.
Cuando observé a Mina, portaba una sonrisa.
—Realmente me encantaría conocer la ciudad.
Bebí de un trago todo mi zumo.
—¿Estás segura?, lo que te ha traído aquí es algo muy serio, debes exponer la situación de los niños elegidos de tu país…
—Koushiro, no pretenderás que Mina no salga de casa en una semana, ¿no?
—Para ir al congreso…—callé, mi madre tenía razón.
Suspiré, resbalando la espalda por la silla. Tendría que llevar a esa chica a conocer la ciudad, o lo que es lo mismo, ir a un montón de lugares abarrotados de gente donde nunca me sentía cómodo.
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—¡Yuri está en su casa!, ¿y te crees que le importa?, ¡está encantada porque le va a preparar comida rusa!, ¡Desvuélveme a Mina! —y colgó. Definitivamente Yamato no iba a ser una compañía para la ruta por lugares turísticos de Tokio.
Mina aún estaba preparándose, así que probé con Taichi.
—¿Qué si voy a enseñarle la ciudad a Catherine?... no, no lo tenía previsto.
Resultaría creíble si no escuchase el jolgorio del centro de ocios al fondo. Colgué, era obvio que la curiosa decisión de Taichi de llevar a la francesa a su casa tenía un objetivo oculto.
No me quedaba otra que Mimi, a fin de cuentas sabía moverse por los sitios de moda y llevaría a Mina a lugares interesantes para chicas.
Me alivió que aceptase, es más, que se mostrase encantada, pero no solo porque ya no me encontraría en situación tan incómoda, sino porque lo sentí como una señal. Quizá, si Mimi había hecho desaparecer su maldición por el espejo roto, significaba que mi mala suerte iba a finalizar.
Por si acaso, programé alguna ruta en mi laptop, incluso saqué algunas entradas para evitar colas en varios museos, daba por hecho que serian visitas obligadas.
No despegué la vista del laptop cuando Mina salió. Sí, cuando habló.
—Disculpa, es que Tigre estaba inquieto, por el viaje.
—¿Tigre? —me quedé pálido porque había imaginado lo más irracional posible.
Mina rio.
—Todos los niños de la India tenemos un tigre, así como todos los niños de Japón saben artes marciales.
¿Confirmación a mis más disparatas sospechas?
—Yo no soy bueno en las artes marciales ni en los videojuegos.
Y escuché las descaradas carcajadas de ella y me sentí un poco idiota, pero su risa resultó contagiosa.
—Es un gato —obvio—. No te molestará, ¿no?
—Me encantan los gatos —respondí apresuradamente, a pesar de que nunca hubiese convivido con un gato, pero tampoco era una absoluta mentira. Normalmente los animales acostumbraban a restregarse en mí y aún no había encontrado explicación a ese comportamiento.
Relaciones con fauna aparte, Mina ya estaba preparada y yo, inexplicablemente no pude dejar de mirarla. Su vestido era más occidental, pero conservando ese colorido tan característico de Bollywood. En realidad, me planteé que si se lo propusiese, Mina podría ser una estrella de cine, hasta me imaginé a mí mismo por unos instantes bailando a lo Bollywood, lo que me recordó que debía añadir vestimenta hindú a mi programa para probarme ropa on-line.
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Quizá, elegir a Mimi como acompañante no fue tan buena idea o quizá mi mala suerte volvía a jugar un papel importante aquí. Michael, como representante de los niños de USA estaba en casa de Mimi, y por tanto en los planes de salir a conocer la ciudad, que se habían convertido en Michael poniéndole al día a Mimi de todo lo que había sucedido en su escuela neoyorquina, Mimi encantada y Mina y yo sin enterarnos de nada.
Observé a Mina, que seguía los pasos de mis amigos, mirando a su alrededor con entusiasmo, pero sin atreverse a decir ni proponer nada, seguramente para no perturbar el ritmo de la salida. Y me di cuenta de lo pésima compañía que era, pero por eso mismo se supone que había llamado a Mimi.
—¡Mimi! —a la tercera se dignó a escucharme y volverse.
—Perdona Michael, pero ya conoces a Koushiro, si estoy un poco sin hacerle caso se pone celoso —dijo, con esa alegre desfachatez con la que decía todo y me hacía enrojecer sin remedio.
—Eso no es… ¿por qué no le enseñas algo a Mina? —excusé y Mina pareció sorprendida. En realidad creo que le había resultado divertido que Mimi me avergonzase pero no estaba seguro.
Respiré aliviado cuando Mimi tomó de la mano a Mina con ilusión.
—¡Vayamos a la torre de Tokio!
Torre de Tokio, por supuesto y yo con media docena de entradas para museos…
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El mirador solía estar abarrotado de gente, por ello yo prefería quedarme atrás del todo, viendo lo que los demás veían pero sin necesidad de empujones y retorcer la cabeza. Por medio del laptop hacía una visita virtual a la torre de Tokio, a pesar de que ya estuviese ahí físicamente. Mis amigos por supuesto no compartían mi pragmatismo y preferían abarrotarse ante el ventanal o hacer cola para ver a través de los prismáticos.
Mina se acercó.
—¿No vas a asomarte?
—No es necesario, lo veo desde aquí.
—¿Cómo puedes verlo ahí cuando alzando la cabeza lo vez al natural?
En los últimos años había ido ganando estatura, pero todavía guardaba las costumbres de un chico bajito. Si la gente te iba a impedir ver, mejor buscar una alternativa. Además, no olvidaba que seguía en descuerdo con la suerte.
—Mejor no. Es posible que si me acerco el cristal del suelo ceda y caigamos al vacío —como suponía, Mina me miró desconcertada—. Tengo mala suerte.
Y ella rió y no me extrañó, hacia tan solo un día yo también hubiese reído.
—No te tomaba como un chico supersticioso.
—Y no lo era, hasta que la suerte me demostró que existe.
Estaba totalmente resignado, pero por lo visto Mina no estaba dispuesta a dejarme tranquilo con mi mala suerte.
—Te demostraré que no es real, ven aquí.
Y tiró de mi brazo, sin contemplar que custodiaba de mi laptop, el cual calló al suelo. Lo observó impactada, al igual que yo, pero por suerte no parecía que hubiese sufrido muchos daños.
—Seguro que no es nada —fue a recogerlo, pero entonces el ascensor se abrió.
Mi lugar a resguardo del gentío del mirador estaba demasiado cerca del ascensor. No lo había contemplado cuando decidí aislarme ahí, ni por supuesto que una marabunta de niños, parejas y turistas saliese despedida contra el mirador sin mirar bajo sus pies. Sin mirar mi laptop.
Quedé sin capacidad de reacción durante los siguientes eternos cinco segundos. Siendo testigo de la más absoluta destrucción.
—¡Que ha ocurrido! —exclamó Mimi, llegando a nuestra posición.
Yo me mantenía arrodillado, intentando rejuntar las teclas. Mina estaba de pie a mi lado, creo que sintiéndose un poco culpable.
—Un accidente.
—No fue un accidente, fue mala suerte —le contesté, ausente del mundo. Tan solo quería llorar.
—Que desgracia, su laptop es como una novia para él.
Me sentía tan desgraciado, que ni me sonrojé por el bochornoso comentario de Mimi.
—No creo que sea tan alarmante, conociendo a Koushiro seguro que tiene dieciocho copias de seguridad de cada archivo.
Doscientas veinte Michael, pero eso no me aliviaba. Esta había sido la prueba máxima de mi maldición, y hasta que encontrase el antídoto, suponiendo que existiese, nada ni nadie a mi lado estaría a salvo.
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Había decidido ser un hikikomori. Solo llevaba dos horas como hikikomori extremo, lo que había transcurrido desde la cena, hasta encerrarme en mi habitación para dormir, pero hasta que esta mala racha pasase era lo único que podía hacer para mantener a mi alrededor a salvo.
En realidad, creo que éramos visionarios, porque dentro de unos años nadie querrá salir de su habitación. Cuando la informática e internet dominen el mundo por completo, todo nos será dado a través de la computadora. ¿Quién se arriesgará a salir a los peligros del exterior?
Convencido de mi destino como hikikomori, Mina llamó a la puerta.
La hice pasar, sin plantearme que tal vez a los hikikomoris no se nos permitiese tener visitas que no fuesen virtuales. Seguro que habría algún manual por algún lugar del ciberespacio, si no, también podría escribirlo.
—Igual estás enfadado…
Me extrañó.
—No estoy enfadado.
Mina no tenía la culpa de mi mala suerte, ¿por qué enfadarme con ella?
—No encuentro a Tigre.
Alcé un segundo la cabeza dejando de mirar la pantalla para concentrarme en ella. Parecía angustiada.
—No sé que puedo hacer —y regresé la vista a la computadora.
—Ayúdame a buscarlo, no conozco la ciudad.
Quedé paralizado unos instantes. ¿Volver a salir de mi habitación? Reaccioné, cuando la respuesta más racional llegó a mi mente. Puede que lo de ser hikikomori no lo entendiese, por lo tanto era mejor evitar el tema de momento.
—Con mi mala suerte, lo más seguro es que tu gato haya sido atropellado o se lo hayan comido, o las dos cosas.
Creí que lo aceptaría, por eso me desconcertó tanto su violenta reacción, apagando mi computadora desde el cable de alimentación, ¡cable de alimentación!, ¿se había vuelto loca?
—Creo que no tienes mala suerte Koushiro, pero te viene bien resguardarte en eso.
No supe como reaccionar, no estaba acostumbrado a que me reprimiesen, bueno Mimi lo solía hacer pero nunca desprendía la seriedad de Mina. No obstante, el hecho de mi mala suerte había sido constatado podría decirse que incluso científicamente, por lo que unas palabras más altas no cambiarían esto. Si fuese tan fácil, hasta yo habría gritado.
—Tengo mala suerte Mina, está tan demostrado como que la NASA espía tu sistema operativo Linux.
El mío no claro, a no ser que hubiesen aprendido a desencriptar caracteres del Digimundo. Era probable. Tendría que revisar la seguridad de mi red de nuevo.
—¿Qué estás diciendo? —Mina me devolvió al mundo—. No te entiendo y no me apetece entenderte, porque creo que eres un cobarde. Te escudas del mundo en tus ordenadores y ahora en esa tontería de la suerte, solo porque no eres capaz de enfrentarte al mundo. No fuiste capaz de decirle a tus compañeros que querías ser su autista representante…
—¿Cómo sabes eso? —me inquietó, ¿sería una espía?
—Mimi me contó toda tu vida. —Mimi hablaba demasiado, ¿sería una espía? Mina regresó a su tono más vehemente—. No eres capaz de decirle nada a la chica que te gusta… —me sonrojé, ¿qué chica?—… no eres capaz de vivir…— y pareció angustiada, más que yo cuando se supone que yo tenía el problema—. ¡Me voy a buscar a Tigre!
Y salió y me sentí la persona más desdichada del mundo, pero no por una cuestión de buena o mala suerte, sino porque Mina tenía razón.
La alcancé cuando ya estaba bajo mi edificio, merodeando debajo de coches.
—Te ayudaré a buscarlo.
Sus ojos destellaron en la oscuridad. Tenía una mirada penetrante, cautivadora y fue la primera vez que lo noté. Me ruboricé, regresando la mirada a mi laptop de repuesto y ella sonrió.
—Quizá este programa nos ayude, es un prototipo de comportamiento animal en el que estoy trabajando.
En la pantalla salía yo, adoptando diferentes trajes de animales. Puse el de gatito y solo al escuchar la risa de Mina en mi oído me di cuenta de que puede que fuese un poco ridículo.
Lo accioné, tratando de controlar mis nervios. Los nervios que me había provocado ella.
—Ya está localizando la ubicación, ahora nos mostrará cual es el camino más probable que haya seguido el felino.
Por la ventana de un quinto piso. Se lo señalé a Mina, que no se mostró nada convencida.
—Creo que esto mejor hacerlo a mi manera.
Nunca creí que hubiese una manera más eficaz de hacer las cosas que por medio de los ordenadores. Me sorprendió que ella sacase un poco de comida de gato.
—Tigre… —lo llamó quedadamente, como si no quisiera perturbarlo.
Sinceramente no creo que funcionase más que mi programa pero me hizo cerrar el laptop.
—¿De que color es? —tragué saliva temeroso—. ¿Negro?
Sin embargo ella estaba tan preocupada en su mascota que ni reparó en que volvía a especular sobre la suerte.
—Es a rayas negras y naranjas —lo dijo como si fuese obvio, pero yo no estaba seguro de que existiesen gatos así.
La idea de que fuese un tigre de verdad invadió mi cabeza.
—¿Y es un gato?
Ella se mostró molesta, lo que me inquietó y me hizo volver a erguirme para no sentirla más alta que yo. Aunque lo era.
—Así no ayudas Koushiro. ¿Puedes intentar ser un poco racional?
Eso me enojó, no lo llegué a demostrar demasiado, pero fue como si hubiesen vapuleado todo mi ser. Yo era una persona racional, lo analizaba todo hasta llegar al resultado más probable, más correcto, menos cuando dejaba todo en manos de algo tan abstracto como la suerte.
Y me sentí estúpido. Todo lo que yo creía desdichas no habían sido consecuencias de romper un espejo, sino más bien de mi propia irracionalidad al creerlo.
Debía volver a fiarme de lo que más confianza tenía no solo yo, sino todo el mundo que me conocía y era de mi mente curiosa. Esa que siempre quiere entender todo y a la cual nunca le complacería una explicación tan vaga como la suerte.
Observé mi alrededor.
—Hoy es día de recogida orgánica —señalé los cubos.
Abrimos los de todo el bloque sin resultados satisfactorios. Mina estaba por rendirse pero yo sabía que si fuese gato hubiese ido a husmear las sobras de la comida, no necesitaba un programa para comprobarlo.
Pasamos al siguiente bloque y escuchamos un maullido. Un cubo estaba entre abierto, metí la mano y noté que algo se movía. Por un momento la idea de que fuese una rata gigante me hizo detener mis movimientos, pero entonces noté que algo peludo se restregaba. Y a mí, todavía no sé por qué, todos los animales se me restregaban. Lo agarré y lo saqué y a Mina se le iluminó la cara.
—¡Tigre! —lo recibió y el gatito le dio unas lamidas, aunque seguía más pendiente de regresar al cubo, pero ella lo sujetó lo suficientemente fuerte—. Muchas gracias Koushiro.
Nunca habría esperado lo que pasó a continuación. Juntó sus labios sobre mi mejilla y me besó. Sentí un inmenso calor por mi cara, por lo que me aparté de debajo de la luz de la farola, pero el calor persistía. Mi rostro estaba completamente rojo.
Y ella me sonrió, empezando la marcha.
Desconocía si la suerte existía o no, pero sabía que siendo yo mismo era más probable que cosas buenas se acercasen a mi vida, como por ejemplo, Mina.
Por supuesto en ese instante dejé de ser un hikikomori y hasta descubrí que me gustaban los gatos de verdad. Por lo menos Tigre que se dejaba rascar mimoso en los brazos de Mina.
—Le gustas —dijo ella, mirándome a los ojos. Quedé hipnotizado.
—A mí también —susurré y ella sonrió, se sonrojó. Era muy guapa.
Pero entonces noté un agudo dolor en mi dedo. Lo miré, estaba ensangrentado.
—¿Tigre te ha mordido?— cuestionó Mina extrañada.
Lo oculté, sonriendo.
—No es nada.
Ella me devolvió la sonrisa.
—Considéralo un mordisco de la buena suerte.
Pero yo ya no creía en la suerte. Prefería creer en las personas, en Mina.
-OWARI-
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N/A: No sé si se puede considerar romance o no, pero es mi headcanon que mientras Koushiro tiene ese crush, ya confirmado con Mimi, Mina siempre esta ahí y él sin ser consciente se va enamorando de ella. Es lo que intenté trasmitir pero no sé lo que salió, solo sé que sigo teniendo la capacidad de meter sorato en todos mis fics aunque no venga a cuento y eso me hace feliz XD.
Hikikomori: personas que deciden aislarse de la sociedad.
Gracias por leer, soratolove/sorato4ever All Hail Koushiro!
