Madre mía... que ganas tenía de subir este capítulo. Mi problema psicológico que me obliga a subir más fics (Spoiler... voy a estrenar OTRO). Os habré estado haciendo sufrir de mala manera por ello. Pero aquí llega el dramático siguiente capítulo... TAN TAN TAN.

Lo siento Love, tendrás que esperar un poco más para ver lo que pasa con Zelena y Hikari XD.

IarEvilQueenSavior, como sabes nunca me ha gustado mucho Robin, pero creo que no se merecía un final tan cutre... un final, pero más digno. Yo lo he tratado fatal en muchos fics, y aún así se lo he dado... salvo en uno en el que murió en el capítulo 1 XD.


Emma Swan

Abrí los ojos, sintiéndome en una nebulosa. Me puse en pie y me dirigí al lavabo, chocándome contra una pared. Ya no estaba en la habitación de la Regina adolescente. Me encontraba en el cuarto de la Regina adulta. Sin darle importancia a esto me acerqué al lavabo y me lavé la cara. Aún no me percataba de mi desnudez. Y tardé un par de segundos en darme cuenta de que la persona que me devolvía la mirada en el espejo ya no era una adolescente.

La maldición se había roto. Todo volvía a su sitio, más o menos. Salí del baño y observé a Regina dormir. La manta había caído a un lado, y yo me había quedado de piedra. La Regina adolescente era hermosa, desde luego, pero comparada con la mujer adulta que estaba viendo en aquel momento… era eso, una niña no desarrollada. El pecho de Regina, bonito y de un tamaño ideal, parecía estarme llamando para que lo lamiese. Pero… a pesar de lo que había pasado el día anterior. ¿Qué podía esperar de Regina? Ya no era la adolescente que se había rendido ante mis encantos, ahora era la alcaldesa, la antigua reina malvada.

Y una mujer que tenía novio. Sentí cómo el estómago se me encogía. Ella iba a preferir a Robin. Pues claro que lo preferiría, era su amor verdadero y yo… bueno, yo era la chica con la que se había acostado durante un hechizo. Me acerqué a la ropa que, tirada por el suelo, me estaba esperando. Había cambiado también. Me encontré poniéndome mis habituales vaqueros y mi cazadora.

Y me acerqué a aquella mujer que dormitaba aún con el pecho descubierto. Era la imagen más hermosa que había visto en mi vida. Me acerqué y di un beso en su frente con ternura. Ella sonrió, pero no se despertó. Quería quedarme allí con ella, quería decirle lo mucho que había significado para mí lo que acababa de pasarnos. Pero tenía miedo a que mis temores tuviesen sentido, a que ella prefiriese a Robin.

_ ¡Regina!_ Exclamaba una voz, seguida de un golpeteo.

Era él, y estaba aporreando la puerta de la entrada con todas sus fuerzas. Sentí cómo mi corazón se desbocaba al ver cómo Regina estaba a punto de abrir los ojos. No, no quería que me viese así. No debía. Lo malinterpretaría. Bajé corriendo las escaleras y me escapé por la puerta trasera.

Regina Mills

Maldita sea, Emma Swan. Estoy enamorada de ti. No sabía si había sido un cruel infortunio, una azarosa condición del destino o si aquella maldición había sido a propósito, pero lo cierto es que de eso estaba segura. Y tú… tú no estabas cuando abrí los ojos. Y no tardé en darme cuenta de dónde debías estar. Debías haber ido corriendo a los brazos de aquel hombre manco. Y me dolía. Me dolía como una daga clavada hasta lo más hondo de mi pecho.

Quería tomarte entre mis brazos, llamarte Swanie y decirte que eres la mujer más sexy del mundo. Pero tú no estabas. ¿Cómo ibas a estarlo? Te habías enamorado de una adolescente sin cargas. No de la reina malvada, no de la mujer que te arrebató a tu hijo y te robó tu infancia. Y entonces, aquella voz, aquella maldita voz me llamó, y escuché aquel golpeteo.

_ ¡Regina!

Hice un gesto con la mano y aparecí vestida y en el recibidor. Hice un gesto con la mano y la puerta se abrió, poniéndome cara a cara con Robin. Él hizo amago de entrar, y yo negué con la cabeza. No le odiaba. Y no estaba furiosa directamente con él. Pero no quería que viese que había estado llorando como una estúpida hace un momento. No quería que creyese que había sido por su causa, pues no se lo merecía.

_ Robin. Eres una gran persona._ Dije, mirándole._ Eres un héroe, y tienes buen corazón. Y de verdad, siento tener que pedirte esto. Pero, te lo ruego. No vuelvas a verme.

_ Pero… Regina._ Me dijo._ Te quiero. Debemos hablar. Podemos resolver esto.

_ No quiero._ Dije, suspirando largamente._ Juro que valoro mucho lo que has intentado, Robin. Pero tú y yo no debemos estar juntos. No es lo correcto.

_ Pero… ¿Y el polvo de las hadas? ¿Y todo lo que hemos pasado juntos?_ Me preguntó. Yo sonreí un poco.

_ Atesoro esos momentos, Robin. Pero no puedo confiar en ti. No eres el héroe que necesito._ Aparté la vista._ Y yo no soy la mujer que tú necesitas. No me obligues a insistir, por favor.

Robin bajó la vista, avergonzado de sus actos, y finalmente se dio la vuelta. Cerré la puerta me dispuse a volver a subir, cuando esta volvió a emitir un leve golpeteo. Me acerqué y la abrí, esperando encontrarme con Robin otra vez. Pero… me encontraba frente a una persona bien distinta.

Zelena Mills

Me encontraba frente a ella. Regina me observaba con cierta confusión, y yo esperaba el momento en que finalmente se abalanzara sobre mí y me atacase. Y aun así, incluso en ese momento, podía sentir una vocecita en mi cabeza que me decía "mi pequeña está a salvo". Regina me observó unos instantes y luego hizo algo completamente insólito para mí.

Se acercó y me rodeó con los brazos. Ese abrazo, cálido, sincero, me tomó por sorpresa. Era… era idéntico al que me había dado tan sólo unas horas antes, justo cuando iba a salir con Hikari a dar un paseo. Devolví el gesto, cerrando los ojos y acariciando su pelo.

_ ¿Puedes ser mi madre un poco más?_ Me preguntó.

_ Todo el tiempo que quieras, Regina._ Le dije._ Si puedes perdonarme.

_ Confío en ti._ Dijo. Pude ver por el tono de sus ojos, que había estado llorando hasta hacía poco.

_ ¿Qué te pasa, cielo?_ Le pregunté.

_ Es sólo que…_ suspiró._ Estoy enamorada de la persona equivocada. Otra vez.

_ Emma no es la persona equivocada._ Le dije. Ella se apartó y se quedó observándome.

Era todo tan extraño. Me había esforzado por intentar hacer que aquella mujer sufriese el máximo posible, por verla infeliz. Y sin embargo, ahora era incapaz de verla llorar. Necesitaba ayudarla a conseguir que fuese realmente feliz. De que consiguiese aquello que realmente se merecía.

_ Siéntate… hay mucho que tengo que explicarte.

Emma Swan

Siempre había adorado el sabor del café con nata y canela. Sin embargo, aquel me sabía a cenizas. Mi corazón estaba incompleto. Sentía que me faltaba algo, algo que no podía llenar, y mucho menos con el hombre que se sentaba frente a mí. Le miraba a los ojos. Esos profundos y expresivos ojos azules, mientras trataba de buscar las palabras que necesitaba.

_ Lo siento, Emma._ Me decía._ Juro que no pretendía provocar que te sintieses así. Yo… me sentí frustrado, nada más.

_ Killian._ Le miré, seria._ No te he traído aquí para que te disculpes.

Mi mano se apartó lentamente del Garfio del capitán. Era el momento. El momento de ser sincera conmigo misma. El momento de decidir. Regina nunca iba a quererme. ¿Cómo iba a hacerlo? Sabiendo que nunca sería mía, lo único que me quedaba era tirarme a la piscina, y seguir con Garfio hasta el final.

"Sí quiero casarme contigo" Ya está, es todo lo que tienes que decir, Emma. No es la primera vez que mientes. Sentía la boca seca. Cogí mi copa y me la llevé a los labios. Me temblaban las manos. No tenía que pensármelo tanto. Era la única decisión posible.

_ Sí qu…

La frase murió en mis labios al ver que un hombre, un ladrón hecho y derecho, entraba en la cafetería llorando como un bebé. Robin se dejó caer sobre la barra, como un animal herido, mirando a una Ruby que parecía confusa y desorientada ante su presencia.

_ Ponme una copa de lo más fuerte que tengas._ Le dijo, sollozando.

_ Robin… ¿Qué te pasa?_ Le preguntó la camarera.

_ Me ha dejado Ruby._ Le dijo él._ Regina me ha dejado. Dice que no puede confiar en mí… que no soy el héroe que necesita.

Mi corazón acababa de saltarse un latido. Regina… Regina no quería a Robin. Le había dejado… estaba… sola. Y sí, mis pensamientos pueden parecer los de un buitre en este momento, pero la forma en la que mi corazón botaba de alegría me hacía sentir que no estaba haciendo nada malo. No obstante, al ver en la cara de Ruby la misma expresión que debía tener yo, y comprobando cómo acababa de irse en cuanto le sirvió la copa a Robin… me di cuenta de que por su cabeza pasaban los mismos pensamientos que por la mía.

Y no pensaba permitirla apartarme de Regina. No otra vez.

_ ¡Swan!_ El grito de Garfio me devolvió a la realidad._ ¿Qué querías decirme?

_ Killian._ Suspiré largamente._ Quiero que entiendas que yo no puedo comprometerme contigo. Has luchado a brazo partido por mí, y eso es admirable. Pero por más que quiera engañarme, no eres mi amor verdadero. Te quiero… pero no puedo pasar el resto de mi vida contigo.

Le dejé con las palabras muriendo sus labios. Debía darme prisa. Regina. Debía verla, debía decirle lo que sentía. Si no lo hacía en aquel momento, nada de lo que acababa de pasarme merecería la pena. Mi pie estaba apretado con tanta fuerza en el acelerador que me dolía.

Pero entonces, un coche me adelantó por la derecha a tal velocidad que casi no logré distinguirlo. Casi. Era Ruby. Ella iba igual de decidida por reconquistar a la reina que yo. Ella nunca llegó a ver cómo seducía a la reina. No sabía lo que habíamos compartido. Pero no pensaba dejarla quitármelo.

Dejé el coche en mitad de la carretera, sin importarme nada que después mi propio padre fuese a ponerme una multa. Corrí por el jardín, pero llegaba tarde. A través de la gran cristalera del salón, pude ver a Regina hablando con Ruby. Y pude ver, con horror, como la camarera se inclinaba y posaba sus labios sobre el amor de mi vida.

Amy Valentine

El aeropuerto no era precisamente uno de mis lugares favoritos del mundo. Pero salir de Storybrooke, era una prioridad para mí. Era libre, había hecho mi trabajo, y finalmente podía irme para no molestar a las personas que se relacionaban conmigo. Había dejado a la hija de Zelena en su casa, y en aquel momento me disponía a acercarme a la recepcionista para recoger mi billete, cuando repentinamente, pude observar como esta se quedaba completamente quieta. Completamente.

Y no era la única, todos estaban igual de quietos. Había un niño pequeño, bastante imprudente por cierto, que se había quedado parado en mitad del aire. El tiempo en pleno había decidido parar, y yo me había librado, por decirlo de algún modo.

_ ¿Te ibas?

Me giré y me encontré con una Discordia con los ojos encendidos de rabia. Estaba claro que se sentía completamente traicionada, y que deseaba una explicación que yo no tenía ningún inconveniente en darle.

_ Bueno, no me iba a quedar en Storybrooke. Sería demasiado complicado. Mis hijas ya no me necesitan. Estamos de acuerdo en eso.

_ Escúchame, Cora._ Suspiró, apartando la mirada._ Te he entregado mi corazón. ¿No podrías haberte despedido al menos?

_ No había necesidad._ Le dije, aún relajada._ Créeme, no hace falta.

_ No te conviene enfadarme más._ Me dijo, sus ojos brillaban.

_ Discordia. Hazme un favor._ Le dije._ Descongela el tiempo. Un minuto, ¿De acuerdo? Te prometo que lo entenderás todo.

Hizo un gesto con la mano, y el tiempo volvió a transcurrir. La recepcionista se quedó mirando a la mujer que acababa de aparecer, con cierta sorpresa, hasta que yo tosí.

_ Sí, señora… aquí tiene sus billetes._ Dijo, pasando dos billetes sobre la mesa. Discordia me miró.

_ Quiero que nos vayamos juntas._ Le dije, tomándola por los hombros, y mirándola a esos hermosos ojos grises._ Estos billetes llevan a Egipto… pero podemos cambiar. Sólo quiero que vengas conmigo.

Le tendí su billete, y ella lo observó, se le iluminaban los ojos. Me rodeó con los brazos, y yo la besé en los labios amorosamente.

_ Vámonos._ Me dijo, tomándome por la cintura.

_ Te quiero, Discordia._ Le dije, mientras entrábamos al avión._ Que no se te olvide.

_ Y yo a ti, Corita… y yo a ti._ Me susurró.

_ Si me vuelves a llamar así… te mato._ Le dije, muy seria._ Tengo setenta años… un respeto.

_ Vale… vale…_ Nos sentamos en el avión.

_ Supongo que así acaba nuestra historia._ Me dijo.

_ Sí, así acaba._ Me tumbé en el sillón y cerré los ojos. Sería un viaje largo. Uno sin retorno.

Cora Mills estaba muerta, y era mejor para todos que siguiera así. Dejé caer la cabeza sobre el cuello de Discordia, y ella me acarició el pelo. Era feliz. Todo había merecido la pena para ver a mis dos hijas finalmente felices, y para liberarme junto al que fuese mi primer amor.