OPUESTOS SE ATRAEN

XIII: SECUELAS

Entrada al templo de Aries

Poco después

Desde que pasó la media noche y todos regresaron al Santuario, todo había sido un caos. Lydia se mordió el labio, sin saber qué hacer para ayudar. Death Mask y Aldebarán avisaron que llevarían a Saga y a Casandra al hospital, que ambos estaban gravemente heridos y, a juzgar por las imágenes mentales que el santo de Cáncer les había enviado por medio de su cosmo, tenían razones de sobra para preocuparse. Satu se había quedado con Elsita, acompañada de Fatima, y ambas habían sido escoltadas al templo de Piscis por Afrodita, mientras que Kanon no se separaba de su gemelo, y Aioria se había llevado a Kostas a su templo. La experiencia para el pequeño debía ser horrífica.

-Vamos, Lydi- dijo Mu, dándole un suave empujón para sacarla de sus pensamientos, y hacer que lo siguiera rumbo a la enfermería del Santuario. La chica asintió, y lo siguió apresuradamente. Algo había escuchado de que Camus y uno de los ángeles de Artemisa habían sido heridos, y que al final Artemisa había atacado a Liliwen.

Lydia sacudió la cabeza y se apresuró a casi correr detrás de Mu, ya que éste caminaba a un paso acelerado, con una expresión de clara preocupación.

Cuando llegaron a la enfermería, notaron que Camus y Touma estaban tumbados en camillas contiguas. Milo llevaba a Liliwen en brazos, y con cuidado la colocaba sobre otra de las camillas. La chica tenía una flecha dorada que parecía incrustada en su costado izquierdo. Camus estaba inconsciente, y no tenía su armadura puesta. Lydia vio con horror una horrenda deformidad en el antebrazo de Camus, y su mano derecha toda hinchada. Uno de los aprendices estaba quitándole la camisa, solo para revelar todo su costado lleno de moretones, como si le hubieran dado una terrible paliza y seguramente le habrían roto varias costillas.

-Camus…- dijo la chica en voz baja, llevándose las manos a la boca- ¿quien…?-

Milo la miró, y sacudió la cabeza, lo que hizo que Lydia no completara su frase. Después volvió la vista al ángel herido, el pelirrojo hermano menor de Marín, a quien sus compañeros ayudaban a quitar la armadura, ya que durante el traslado había perdido la conciencia. Todo su torso, uno de sus brazos y sus dos piernas estaban cubiertas por completo de las quemaduras azuladas que Lydia recordaba terriblemente bien. Se volvió hacia Milo.

-¿Bellini fue quien los atacó?- dijo Lydia, y Milo asintió. La chica se volvió a Mu- iré a buscar a Saori de inmediato-

-No hay necesidad, Lydi- dijo Mu con calma, tomándola de la mano para impedirle que se alejara de él- el maestro Shion ya está informado, y vendrá enseguida con la señorita Athena-

Lydia apretó suavemente la mano de Mu, y este intentó en vano sonreírle para tranquilizarla. Nadie iba a sonreír esa noche. Ni los ángeles ni Milo sabían exactamente que era lo que había pasado dentro del castillo de Caernarfon o porqué Camus había terminado así, o donde estaba Artemisa.

No pasó mucho tiempo cuando Athena llegó a la enfermería, acompañada de un muy aprensivo Shion. Al ver que Mu y Lydia estaban ahí también, se tranquilizó un poco: temía que todo fuera una trampa para atacar a la diosa. Athena se acercó primero a Touma, que era el más cercano a la entrada de la enfermería, y encendió su cosmo, cubriéndolo con él. Poco a poco las quemaduras del chico desaparecieron, y los otros dos ángeles pudieron respirar, un poco aliviados, pero aún muy preocupado. Levantó la mirada hacia Lydia, quien asintió significativamente. Ambas sabían quien había sido el culpable de ese ataque.

Después pasó su mirada hacia Camus y, luego hacia Liliwen. Se acercó a la chica, y miró la flecha clavada en su costado. La diosa encendió de nuevo su cosmo sobre ella.

-¿Puedes curarla, Saori?- preguntó Lydia antes de poderse contener.

-Es una herida causada por Artemisa, es muy difícil de revertir- dijo la diosa con calma- pero creo que sí podré hacer algo por ella, sobre todo porque mi hermana dudó antes de dispararle-

-¿Qué dice, señorita Athena?- dijo Odiseo, quitando por primera vez su atención de Touma.

-Artemisa debió dudar antes de dispararle- le explicó Athena- mi hermana no falla. Pero esta flecha chocó contra la costilla de Liliwen, y aunque se la rompió, no es una herida fatal. Solo está la herida por su cosmo, que es la que puedo revertir-

La diosa apagó su cosmo, y dejó que las aprendices de amazona corrieran una cortina y atendieran a Liliwen, haciendo curaciones y vendando su costado, antes de volverse a Camus.

-Camus también, parece que quiso detener a mi hermana, y fue herido por su cosmo- dijo Athena, cubriendo al santo de Acuario con su cosmo- no es nada grave…-

Milo pareció sacar todo el aire que tenía contenido en sus pulmones y suspiró aliviado. Tal y como la diosa había dicho, Camus despertó un par de minutos después, intentando incorporarse, pero fue detenido por Milo y por Shion.

-Cálmate, Camus, tienes que descansar- dijo Shion en un tono autoritario.

-Pero maestro… Liliwen…- dijo el santo de Acuario.

-Liliwen estará bien, está siendo atendida- dijo Shion.

-Así que cálmate o te noquearé para que te quedes quieto- le dijo Milo.

Camus miró interrogante a su alrededor. ¿Cómo rayos había llegado ahí? Pero sacudió la cabeza. ¡Liliwen estaba mortalmente herida! ¿Qué hacía Athena intentando curarlo? ¡Tenía que ocuparse primero de ella!

-Señorita Athena…- comenzó Camus.

-Camus, escúchame- dijo la diosa adolescente- Liliwen está bien. Está fuera de peligro. Y Milo tiene razón, tienes que quedarte quieto. Necesitamos que nos digas qué fue lo que pasó en Caernarfon-

-Pero Liliwen…- comenzó Camus.

-Camus, ¡no hay tiempo!- dijo Athena, alzando la voz por un momento, y haciendo callar al santo de Acuario- por favor, cálmate. Liliwen está aquí, a unos pasos de ti, y se va a poner bien. ¿Qué fue lo que pasó?-

Camus giró su cabeza, y vio que, en efecto, Liliwen estaba muy cerca de donde él se encontraba, sus cabellos rojos sobresaliendo sobre la cortina que la cubría, mientras las amazonas la atendian. El santo de Acuario respiro hondo.

-Lo siento, señorita Athena- dijo el santo de Acuario, y comenzó a contarles todo lo que había sucedido dentro del castillo de Caernarfon, desde que intentó detener a Artemisa, como Liliwen se había librado de la caja de hielo y se había entregado a la diosa. Como había visto desaparecer a Artemisa en un cofre sagrado, y lo que Fjore le había dicho antes de desaparecer.

Teseo y Odiseo estaban realmente furiosos al escuchar eso. ¡Todo había sido una trampa para sellar a Artemisa! Se volvieron a mirar a Touma, y se preguntaron si no era mejor que el chico estuviera inconsciente: seguramente si despertaba, estaría completamente devastado. Los dos ángeles comenzaron a susurran entre ellos, intentando decidir cual sería su siguiente movimiento.

Una vez que Athena terminó de curar a los heridos, se volvió hacia Shion con una expresión significativa. El Patriarca bajó la mirada.

-No creo que sea buena idea ir al hospital, señorita Athena- dijo Shion en un tono preocupado, sabiendo que la joven diosa se disponía a ir a ver a Saga- puede ser muy peligroso para usted. Ya ve lo que le sucedió a Artemisa-

-No importa, Shion- dijo la diosa- es algo que tengo que hacer. No puedo dejar a Saga. Todo estará bien- añadió- ahí están Kanon, Death Mask y Aldebarán-

Shion no estaba nada contento al respecto, pero por primera vez Saori no estaba dispuesta a ceder. Finalmente, el Patriarca asintió, dejando escapar un suspiro, y ambos se teletransportaron al hospital.

x-x-x

Terapia Intensiva, Hospital de Atenas

Poco antes

Ni en sus más horrendas pesadillas Kanon había soñado que estaría en esa situación. Parecía sentir como si tuviera un horrendo hueco en su corazón. No solo sentía el dolor físico que estaba sintiendo su hermano en ese momento, si no que también sentía el dolor en su corazón. Saga sabía: sabía que Casandra estaba aún más grave que él, Saga sabía que era seguro que no lo iba a lograr.

Kanon no se separaba de su hermano y de su cuñada, quienes estaban en camas contiguas, desde que había llegado al hospital. De pronto, el gemelo sintió a alguien poniendo una mano en su hombro. Se volvió, y notó que era Oskar, su cuñado.

-¿Oskar?- dijo Kanon, levantando la vista. El chico tenía una expresión plenamente mortificada.

-Hemos estabilizado a tu hermano- dijo Oskar- aún no está fuera de peligro, pero está mejorando, de hecho, gracias a que estás con él. No sé como funciona el cosmo, pero creo que eso es lo que le está ayudando a reparar sus heridas-

Kanon respiró, pero miró de reojo la camilla donde se encontraba su cuñada.

-¿Y Casandra?- dijo el gemelo menor.

-Yo…- dijo Oskar, bajando la mirada tristemente. Tras unos segundos en silencio, que a Kanon le pareció una eternidad, él continuó- la tenemos en soporte vital. Realmente hicimos todo lo que pudimos, pero no podemos continuar así. Ella… está en muerte cerebral. Lo siento mucho, Kanon-

Kanon sintió como si le echaran encima un balde de agua helada. Casandra, la mujer que su hermano amaba… ¡eso simplemente no podía estar pasando! ¿Cómo había sucedido eso? Y Saga… ¡Saga iba a morir de tristeza cuando se despertara y se enterara de lo que pasó! Y Kostas… su sobrino, ¿qué iba a hacer sin su mamá?

Kanon se dejó caer en la silla, deteniéndose la cabeza con las manos, inundado por la pena. No sabía que hacer. Oskar le puso de nuevo la mano en el hombro.

-La mantendremos así hasta que Saga y Kostas puedan despedirse- dijo Oskar, tragando saliva dolorosamente. Incluso él se sentía devastado por lo que acababa de suceder, pero hizo acopio de todas sus fuerzas para mantenerse impasible- lo lamento mucho-

-Gracias, Oskar- dijo Kanon en un susurro, con la mirada perdida. Desvió su mirada hacia un lado, y vio un papelillo doblado en el bolsillo de la camisa ensangrentada de su hermano mayor, que le habían retirado cuando llegó al hospital. Kanon alzó las cejas y extendió su mano, lo tomó, y lo iba a desdoblar, cuando fue interrumpido.

De pronto, Shion apareció en la terapia intensiva, llevando con él a Athena. Oskar dio un respingo de sorpresa, y Kanon se levantó de su asiento y se inclinó frente a ellos. Con una mirada a Kanon, la joven diosa se imaginó lo que había pasado. Se llevó la mano a la boca, y derramó algunas lágrimas.

-¿Señorita Athena?- dijo Shion.

-Es demasiado tarde para Casandra- dijo Saori tristemente, sus lágrimas fluyendo abundantemente, acercándose a la chica y quitándole un mechón de cabello- oh, Kanon, lo siento mucho-

Kanon no respondió. La diosa se quitó las lágrimas de los ojos con el dorso de su mano, y se acercó a Saga. Encendió su cosmo, intentando curar sus heridas, al menos las que habían sido provocadas por el cosmo enemigo. Suspiró.

-Saga…- dijo Saori en voz baja. Estaba muy preocupada por el gemelo mayor, y no solamente por su estado de salud, que era grave, sino por lo que pasaría cuando despertara y se enterara de lo que sucedió con su chica. La joven diosa cerró los ojos.

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En la mente de Saga

En esos momentos

¡Todo le dolía! Era horrible. Era mucho peor que la primera vez que había muerto, cuando se había suicidado para detener a Ares. Era mucho peor que la segunda vez, cuando había sido revivido por Hades. ¿Porqué le dolía tanto?

¡Casandra! Él lo había visto todo. La había visto interponerse entre Fleur de Lys y su portal a otra dimensión, en un intento por evitar que la malvada mujer siguiera a Kostas y entrara al templo de Géminis, donde también estaría Elsita. ¿Porqué hizo eso? Fue estúpido. Claro que ella no podía detenerla y sobrevivir.

-¿Saga?- dijo una voz femenina, que hizo que el santo dorado levantara la mirada.

-¿Casandra?- dijo Saga- ¿eres tú?-

-Sí, soy yo- dijo Casandra. Saga pudo verla, de pie frente a ella, sonriéndole. Se acercó a él, y le tocó la mejilla con cariño- oh, Saga, lo siento mucho-

-Yo lo siento- dijo Saga- te lastimaron por mi culpa. No pude protegerte. Pero te vas a poner bien, estoy…-

-No, Saga- lo interrumpió Casandra con cariño, sin dejar de acariciar su mejilla- yo ya no estoy en el mundo de los vivos. Thanatos vino por mi alma-

-No… no, Casy, no puede ser- dijo Saga, sacudiendo la cabeza de un lado al otro- no lo voy a permitir. Athena puede…-

-Saori ya lo intentó- dijo Casandra, bajando la mirada- todos hicieron todo lo posible. Solo vine a despedirme de ti, Saga-

-No, Casy, no digas eso…-

-Saga, cuando despiertes, tienes que dejarme ir- dijo la chica.

-No, no digas eso, es imposible- dijo Saga, cerrando los ojos y sacudiendo la cabeza. ¡Eso no podía ser cierto! ¡No podía estar pasando!

-Estoy sufriendo mucho, Saga- dijo Casandra, abrazándose y bajando la mirada- duele demasiado, y no hay manera en la que esté mejor. Por favor, Saga, necesito que me dejes ir-

-No puedo, Casy, yo…-

-Cuida a Kostas por mí, ¿sí?- dijo Casandra, acercándose a él y besándolo en la mejilla- te amo, Saga. Nunca los abandonaré. Pero tienes que dejarme ir-

-No, Casy, por favor…- dijo Saga, sintiendo que se le quebraba la voz, extendiendo su mano hacia ella- por favor, no te vayas-

-Nunca los abandonaré- repitió la chica, desvaneciéndose en el aire- pero tienes que dejarme ir-

Saga parpadeó para quitarse las lágrimas de los ojos, y lo último que vio de su chica fue su sonrisa y sus ojos grises. Cuando Saga parpadeó de nuevo, las luces neon del hospital brillaban encima de él, y el ruido de los monitores parecía taladrar sus oídos. Abrió los ojos.

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Terapia Intensiva, Hospital de Atenas

En esos momentos

Kanon sintió un feo vuelco, y se volvió hacia donde estaba Saga, notando que su hermano había abierto los ojos. Olvidándose un momento de que Athena estaba ahí, Kanon se apresuró al lado de su gemelo, y tomó su mano con cuidado.

-Saga…- dijo Kanon en voz baja. No tenía caso preguntarle como estaba, o como se sentía, pero con una mirada entre los gemelos cada uno sabía lo que pasaba en el corazón del otro- ¿necesitas algo?-

-Casy…- dijo Saga en voz baja, a través de la máscara de oxígeno que tenía sobre su nariz y boca. Kanon se mordió el labio, tenía los ojos tan húmedos como los de su hermano- tienen que dejarla ir-

Kanon miró a Athena y a Shion, y después volvió a ver a su hermano.

-¿Sabes lo que pasó, Saga?- dijo Kanon en voz baja, y Saga cerró los ojos.

-Ella me dijo que está sufriendo- dijo el gemelo mayor- por favor, déjenla ir-

-¿No quieres esperar, para despedirte de ella?- preguntó Shion. Saga abrió otra vez los ojos, los movió de su gemelo al Patriarca, y los cerró de nuevo.

-Ya… ya nos despedimos- dijo Saga débilmente, con voz ahogada- por favor… hagan que deje de sufrir-

Kanon asintió, y se volvió hacia Oskar, quien también asintió y dio unos pasos atrás. Saga cerró los ojos, y volvió a sumirse en ese sueño intranquilo. Athena se inclinó hacia él, y lo besó en la frente.

-Lo siento mucho, Saga- dijo Saori tristemente.

-Por todos los dioses- dijo Shion, bajando la mirada, lleno de pena- esto parece una pesadilla-

Saori le dio la espalda y comenzó a llorar profusamente. Estaba indescriptiblemente triste. Kanon bajó la mirada, y recordó el papelito que había tomado de la camisa de Saga. Lo abrió, y cuando leyó su contenido, abrió los ojos desmesuradamente, y se lo pasó a Shion, quien tuvo una reacción similar.

-Eh…- dijo el Patriarca- señorita Athena, lamento interrumpirla, pero creo que tiene que ver esto-

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Enfermería, Santuario de Athena

Cuatro amazonas estaban haciendo guardia alrededor de las entradas de la enfermería del Santuario. Una de ellas, Marín, había dejado a Aioria en el templo de Leo, con Kostas, y se había apresurado a la enfermería a ver como se encontraba su hermano. El chico pelirrojo seguía inconsciente, pero sus heridas habían sido curadas, y estaba mejorando.

Por su parte, Camus se había quedado sentado junto a Liliwen, a pesar de sus heridas y de su antebrazo roto. La chica ya no se retorcía de dolor como antes, sino que parecía dormir apaciblemente. Le quitó un mechón de cabello de su cara, y le acarició la mejilla. ¡Qué aliviado estaba de que estuviera fuera de peligro!

Sintió un cosmo conocido acercándose al Santuario, y el dios Apolo apareció a la mitad de la enfermería. Camus se alarmó por un segundo, pero se relajó al ver de quien se trataba.

-Señor Apolo- dijo Camus en voz baja.

Apolo sonrió levemente a Camus, sin poder ocultar su preocupación, pero respiró aliviado al ver que Liliwen estaba viva: su hermana no se había salido con la suya.

-Sentí los cosmos de Liliwen y de mi hermana menguar- dijo Apolo- después no he logrado sentir ninguno de los dos…-

-Artemisa alcanzó a atacarla con una flecha- dijo Camus- la señorita Athena la curó. Y Artemisa fue sellada por una chica llamada Fjore-

-¿Cómo sucedió eso?- preguntó Apolo, y Camus le explicó exactamente de qué se trataba lo que había pasado en Caernarfon. El dios lo escuchó con atención, y con creciente preocupación. Cuando Camus terminó su relato, el dios se pasó los dedos nerviosamente por el cabello. Camus sonrió levemente, Liliwen tenía exactamente el mismo tic.

Apolo se notaba genuinamente preocupado por su hermana gemela. Volvió su vista a Liliwen, aliviado de que su hija estuviera a salvo, y acarició con cuidado su mejilla. La pelirroja abrió levante, y pasó su vista de Camus a Apolo. Sus ojos verdes se quedaron fijos en los azules de Apolo, y sus labios formaron la palabra "papá", aunque no pudo pronunciarla.

-Shh… tranquila, Lilu- dijo Apolo, poniendo su mano sobre los ojos de la chica, haciéndola cerrarlos de nuevo. Encendió su cosmo, y puso su mano en el costado de la pelirroja, sanando su herida casi al instante- supongo que vamos a necesitar tu ayuda para recuperar a Artemisa-

-¿Qué?- dijo Camus, volviéndose al dios, frunciendo el entrecejo y entrecerrando los ojos- ¿esperan que Liliwen ayude a encontrarla, después de lo que Artemisa le hizo?-

Apolo se volvió a Camus.

-La pelea no es contra Artemisa- dijo Apolo- es contra Ares y sus hijos, que al parecer han estado jugando con nosotros, mi hermana incluida-

-Pero Liliwen no tiene ningún entrenamiento, no tiene una armadura- dijo Camus, sin quitar su expresión de disgusto- no puede suponer que…-

-Hefestos acaba de terminar de forjar una armadura para ella- lo interrumpió Apolo- Lilu estará bien. Tengo que hablar con Athena-

-Está en el hospital- dijo Camus, y bajó la mirada- uno de los santos…- pero se interrumpió.

Apolo asintió, entendiendo lo que quería decir.

-Iré a reportar lo sucedido a mi padre, Zeus- dijo Apolo- regresaré más tarde a hablar con Athena-

Y el dios desapareció. Camus se llevó la mano a la cabeza. ¿Cómo pretendía que Liliwen peleara para ayudar a Artemisa, cuando ésta la quería despachar al Inframundo? Sintió la mano de la chica sobre la suya, y el santo se volvió hacia ella. La chica le estaba sonriendo.

-¿Cómo te sientes, Lilu?- dijo Camus, ofreciéndole la mano, para ayudarla a incorporarse, sentada sobre la camilla. La chica se sintió un poco mareada cuando se sentó, pero pronto la sensación desapareció.

-Como si me hubieran dado una paliza- respondió la chica.

-Te la dieron- dijo el santo dorado, sonriendo y quitando sus cabellos del rostro. Liliwen sonrió, mientras que Camus caminaba unos pasos para recorrer la cortina que dividía su camilla de la de Touma, para darse un poco de privacidad de los ángeles de Artemisa.

-Camus, ¿porqué fuiste a salvarme?- dijo Liliwen.

-Tú me lo pediste- dijo el santo- me dijiste donde estabas…-

-Pensé… pensé que no me ibas a ayudar- dijo Liliwen, bajando la mirada- pensé que…-

-Shhh… no vale la pena decir eso, Lilu- dijo Camus, pasando sus dedos por sus pecas, para después tomar las manos de la chica- ¿porqué te saliste de la caja de hielo?¡Estaba intentando mantenerte a salvo!-

-No… no podía dejar que Fjore te siguiera lastimando por mi culpa- dijo Liliwen- por defenderme. No tenías que hacerlo, Camus. Estaba preparada…-

-No- la interrumpió Camus, acariciando el dorso de sus manos con los pulgares- no iba a permitirlo. Lo que dije allá es verdad. Te amo, Lilu. En verdad te amo-

La chica sonrió, sonrojada, mientras que Camus se acercaba a ella y la besaba en la mejilla. Liliwen iba a responder, cuando alguien más abrió la puerta de la enfermería, y ambos dieron un respingo de sorpresa. Milo entró, mortalmente pálido, y tras mirar a los ángeles de Artemisa detrás de la cortina, se volvió hacia Camus con una expresión de entre horror e incredulidad. Ni siquiera se dio cuenta de lo que evidentemente estaba pasando entre ellos dos.

-Athena y el maestro Shion acaban de regresar del hospital- dijo Milo con una expresión llena de tristeza que alarmó a Camus- traen muy malas noticias. Casandra… no sobrevivió-

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Sala del Trono, Olimpo

Hades caminaba algo fastidiado por el pasillo principal hacia la sala del trono en el Olimpio. No le gustaba estar ahí, por un gran número de razones: no le gustaba ver a su hermano, Zeus. A pesar de que se llevaban las cosas en paz, aún estaba molesto con él. No le gustaba encontrarse a Demeter, se la pasaba enviándole indirectas (no tan indirectas). No le agradaban los problemas y quejas de los demás dioses. Suspiró, y sintió a Perséfone apretando su mano con cariño. Hades se volvió hacia ella, y sonrió.

-Tranquilo, amor- le dijo Perséfone- solo es un rato, nos iremos tan pronto esto acabe-

El rey del Inframundo asintió, sonriente, y siguió caminando junto a su esposa. Las puertas de la sala del trono se abrieron, y la pareja de dioses entró a la habitación.

-Ah, Hades- dijo Hera, la reina de los dioses, cuando ambos comenzaron a cruzar el umbral- ya podemos iniciar la sesión. Esposo…- añadió, volviéndose a Zeus.

Hades pasó su vista por el lugar. Los olímpicos estaban ahí, de pie frene a sus asientos. Pasó su vista por los presentes. Demeter lo miraba con el usual desdén que tenía reservado solo para él. Poseidón iba acompañado de Anfitrite. ¡Vaya, esa chica estaba cada vez más alta! Definitivamente ya no era la niña pequeña que Julián rescató de Marsella. Aún así, Anfitrite sonrió y saludó con la mano a Perséfone, y ésta le devolvió el gesto. Dionisio, Hermes y Hefestos se miraban entre sí, confundidos, pues no sabían que era lo que había pasado. Afrodita estaba cruzada de brazos, con una expresión mortificada. Ares, Artemisa y Athena estaban ausentes. Apolo parecía estar muy preocupado, caminando de un lado al otro frente a su asiento. Y Zeus estaba furioso.

-No podemos seguir esperando a Athena- dijo Hera, volviéndose a Zeus- comienza, seguramente ella ya está al tanto de lo que sucedió-

Hades alzó las cejas, y se volvió a Poseidón.

-¿Qué sucedió?- dijo el dios del Inframundo, y su hermano se encogió de hombros.

Zeus gruñó, y se puso de pie.

-Bueno, comenzaremos ya, y hablaré sin rodeos- dijo Zeus, cuya expresión denotaba que estaba hirviendo de furia- Apolo trae las noticias alarmantes. Artemisa fue sellada por un grupo de seguidores de Ares-

La reacción entre los dioses fue impresionante. Afrodita se llevó las manos a la cabeza, dejando escapar un profundo suspiro y poniendo los ojos en blanco. Anfitrite y Perséfone se llevaron las manos a la boca, y Hades abrió los ojos desmesuradamente. Hera, quien no había escuchado las noticias tampoco, dejó escapar un grito ahogado. Hermes se cruzó de brazos, y Hefestos hizo una expresión ofendida. Dionisio parecía estar soñando, no podía creerlo.

-¿Cómo pasó eso?- preguntó Demeter, cruzando los brazos, y mirando de reojo a Hades, como si quisiera que esto fuera su culpa también.

-Artemisa utilizó un ataque y se debilitó, y fue cuando los enemigos aprovecharon para sellarla- dijo Apolo.

-¿A quién atacó?- preguntó Hera. Apolo se ruborizó levemente.

-A mi hija- dijo Apolo. Los dioses se miraron entre sí. No sabían que Apolo tenía una hija en esa época.

-¿Te metiste con una de las chicas de Artemisa?- dijo Hera, con los ojos en blanco. ¡Tenía que ser hijo de su padre! Con razón Artemisa la había atacado.

-No importa eso ahora- dijo Dionisio, haciendo un gesto impaciente- ¿que pasó?-

-Una supuesta aliada de mi hermana se volvió contra ella- les explicó Apolo- esperó a que Artemisa atacara a Lilu, y la selló cuando estuvo debilitada por el ataque-

Hades parpadeó. Apolo nunca se refería a sus hijos, semidioses, por su nombre. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso le tenía aprecio a esa chica? Se encogió de hombros. Él nunca había tenido hijos, no sabía que significaría eso, pero conociendo a Apolo y lo poco que le importaban los frutos de sus amoríos, eso quería decir que la chica le importaba.

Un ruido en la entrada de la sala del trono los interrumpió, y todos se volvieron a ver las puertas abriéndose. Athena entró, cruzando la larga sala del trono, y colocándose en su sitio. Hades y Poseidón la siguieron con la mirada: la joven diosa tenía los ojos enrojecidos e hinchados. ¿Qué rayos había pasado?

-¿Athena?- dijo Poseidón, tentado a dar un paso adelante hacia ella, pero Anfitrite lo detuvo.

-Siento mucho llegar tarde- dijo la joven diosa con voz quebrada- y me temo que tengo malas noticias. Hoy atacaron a la familia de uno de mis santos dorados y… encontramos un mensaje en él. De parte de Ares-

Afrodita se llevó las manos a la boca, y Poseidón se puso de pie involuntariamente, empuñando su tridente, furioso.

-¿Qué dice el mensaje, hija mía?- dijo Zeus.

-Que escondió el cofre con Artemisa en un sitio donde nunca lo encontraremos- dijo Athena- que nos dará la localización del cofre cuando liberemos a Phobos y a Deimos-

Los dioses se miraron entre ellos, sin poder creerlo.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando está historia. ¡Pañuelitos para todos! Lo siento, ¡no me odien! Muchas gracias a todos los seguir leyendo. Les mando un abrazo.

Abby L.