Hipnosis Fatal

By Piink Cat

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¿Me vas hablar? —NO— Bueno, entonces InuYasha no me pertenece, ni compañía. —…— ¿Coraje?, ¡Háblame por favor!, ¿Cuántas veces tengo que arrodillarme para que me perdones? ¡Yo no quise aplastar a tu cucaracha! —Pero lo hiciste— No era mi intención. —Mata cucarachitas— Ok, sabes qué… me hartaste… — Siempre me tratas mal, cucarachita no lo hacía…— Por favor, a leer y disfrútenlo… NO se entretengan con este ridículo comportamiento de Coraje. —Malaaa, mata cucarachas.

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Capítulo 13.

Traumática experiencia de por vida…

O hasta qué llegue a los cuarenta.

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Esa tarde logramos descubrir parte del plan de esos malnacidos, gracias a que Miroku reconoció a uno de esos que nos atacó el otro día. Lo capturamos muy cerca del gran parque, estaba solo y armado hasta los dientes. —Lo llevamos al depósito oculto del pueblo, queriendo sacar la información requerida de los supuestos secuestros.

Nunca más la volverás a ver…— Repitió él, casi escupiendo las palabras con infinito odio. —Ahora verás lo que es la venganza, niño.

Al principio no sabíamos de qué trataba esa amenaza. Era como sí no quisiera que aún descubriera lo que estaba pasando. Aturdidos, pensamos cualquier cosa, poniendo como principal víctima a mi madre, o tal vez a la pequeña Rin, protegida del mismo Sesshomaru. Pero lo que jamás llegamos a averiguar por las tres horas que siguieron, fue que la misma Kagome estaba metida en todo esto.

Recuerdo el momento angustiante que pasamos por unos momentos, al ver como las ideas horripilantes en la cabeza de esa maldita escoria se paseaban contorno a la imagen vívida de Kagome. No supimos que hacer, ni yo ni Miroku; hasta que harto, logré buscar la presencia de Sango. –No, no podía entrar en la cabeza de Kagome, pero sí en la de su amiga. Sango fue perfecta, pero su mente era débil y si seguía más de diez minutos allí adentro ella podría morir.

No supe qué pasó después que Sango se desmayó, solo que al llegar al jardín trasero, cuando abrimos las puertas del sótano… Kagome no estaba allí, y su amiga solo desmayada a un lado de una caja.

'Y también había sangre…'

Maldición, ¿Por qué Kagome?, Pudo ser cualquiera… Pero NO ella.

-Haré lo imposible por encontrarte, lo juro… Juro por mi vida que ellos no llegarán a ponerte un dedo encima. – Lo contrario, no me importará matarlos.


—Despierta.

Mis párpados temblaron ligeramente, antes de que abriera por completo mis ojos. La luz leve y casi intangible de la habitación hizo que pueda acoplarme bien al ambiente, cosa que rápidamente distinguí el foco quemado que se adhería al techo amarillento y descascarado de donde se supone que estaba. Mi cuerpo parecía inerte, como si no lo sintiera y la cabeza me latía de manera incómoda.

Absorbí nerviosa todo el aire que pude, pero el olor desagradable del entorno hizo que casi vomitara lo que tenía apenas en el estómago. Hice una mueca, e intenté levantarme de donde lo que sea que esté acostada, pero algo me lo impidió. –Un dolor terrible a un costado, y también el hecho que vomitaría si me levantaba.

—Despertaste.

Pestañeé confundida, y busqué como pude el dueño o dueña de esa voz tan dulce. Ladeé el rostro, y mis cabellos se revolvieron aún más, además de sentir como mi cerquillo estaba adherido húmedamente a mi frente y también esas luces de colores que se filtraban entre mi vista. –Debía de admitir que no estaba bien, era como si fuera aire entre tanto desierto.

'¿Estamos en el cielo?'

No, no huele a cielo.

Mis ojos se toparon con un cuerpo menudo y sucio. Era una muchacha demasiado delgada, que estaba acurrucada como animal indefenso en una esquina del cuarto podrido. Quise hablarle, decirle lo típico y también lo inusual. 'Hey, ¿A ti también te secuestraron?', pero mi voz también estaba tan asustada como yo, y ese nudo en la garganta me impedía poder definir mis palabras. Solo la observé en silencio, dejando que las lágrimas se deslizaran patéticamente sobre mis mejillas.

Su sonrisa me aterró y más que nada, también aquellos ojos negros como el carbón que me dilataban el cerebro cada vez más.

—Ellos quieren hacerte daño ¿Sabes por qué? — Su voz dulzona parecía ser robada porque la apariencia daba miedo, y su canto, confianza. —Porque tu familia cometió errores y los errores aquí se pagan.

¿Mi familia cometió errores?

Un punzón demasiado inquietante apareció dentro de mi cráneo, como si una abeja gastara su agujón en mi masa cerebral. Me quejé sonoramente, aún así, no despegué la vista de aquellos ojos negros.

—Tu abuela se sentaba en esa maltrecha silla— Toda ella empezó a brillar, mientras que todo el lugar se ponía tan oscuro. —Contaba muchas cosas y todos se sentaban a escuchar…Todos menos uno.

El lugar se volvió claro, y el cielo encapotado del pueblo apareció derrepente. Asustada me fijé que estaba parada, junto con esa muchacha, observando desde la ventana de la casa de la abuela, viendo como ella estaba sentada y un círculo enorme de niños la escuchaba atenta. –Tuve miedo y ligeramente quise moverme, pero mi cuerpo reaccionó al contrario, y quedé tan quieta que parecía una estatua que adornaba la entrada de la casa. Por lo tanto, decidí dejarme llevar y tan solo observar esas muecas exageradas al contar de la abuela, sus manos que se movían en el aire y los ojos curiosos de casi todos los niños.

—Era interesante escuchar sus aventuras y esos cuentos radicales que nos metía en la cabeza— Su voz resonó en mi cabeza, y la abuela y su entorno agradable pareció más lejana que nunca. —InuYasha Taisho— El nombre se quedó suspendido en el aire. —El adoraba pasar tiempo con tu abuela… No escuchando sus historias, sino aprendiendo de ella.

El espectáculo se desvaneció y otra vez fui transportada a un mundo extraño, donde yo era espectadora e InuYasha y mi abuela estaban sentados en el césped gracioso del jardín trasero, claro que casi no lo reconocí, porque estaba tan arreglado que parecía sacado de un cuento de hadas. Los árboles estaban a pleno auge y ni hablar del árbol más alto. Vigoroso con su copa espléndida, y los frutos que se mecían suavemente con la brisa.

—Tu abuela encontró un poder sobrenatural en él— Siguió ella y yo confundida desvié mi vista del árbol a la muchacha. —Sí, sé que sonará extraño… Pero él tenía algo diferente.

¿InuYasha?

Entorné mis ojos en el niño travieso que reía con cada palabra de la abuela. Aún poseía esos ojos dorados, aunque esta vez su cabello no era tan largo, corto pero simpático. Tenía un aura demasiado tierna, y también muy jovial. La abuela estaba arrugada, con esos ojos chocolates y esa aureola blanca que los surcaba. Sus manos esqueléticas igual que su cuerpo, y esa sonrisa apagada. Todo apuntaba al hecho de que ya estaba por morir.

'¿Señora Higurashi? ¿Usted tiene familia?' Le oí decir al pequeño.

-Claro- Contestó ella, demasiado feliz para ser verdad. –Ellos viven en Tokio

'Nunca la visitan ¿Verdad?' Siguió él, enfocando sus ojos dorados en ella.

-No, Yasha… Pocas veces eh recibido llamada alguna de mi hija- Su sonrisa pareció desvanecerse. –Pero sabes, yo sé que ellos vendrán… No sé si cuando yo muera o antes… Solo sé que vendrán al pueblo y tú los conocerás.

'No los quiero conocer, Señora Higurashi… Ellos de seguro son malos' Su voz sonó molesta.

'Yasha, pero si no los quieres conocer, entonces como los protegerás' Culminó la conversación.

No llegué a escuchar lo que respondió el pequeño InuYasha, solo observé el pequeño mohín gracioso que apareció en su rostro. No quería aceptarlo, pero él tenía razón. Me sentía la villana… Una cruel villana con mi abuela. ¡Maldición!, estaba más confundida que antes.

Giré el rostro, encontrándome con esa muchacha.

— ¿Quién eres? — Pregunté en un susurro. Ella aplastó sus labios y nerviosa pasó una mano por sus cabellos. ¿Qué pasaba?, ¿Por qué de pronto el cambio de actitud?, y ¿Qué mierda estaba sucediendo?, ¿Acaso deliraba? —Contéstame. —Exigí molesta, obviando el hecho que todo empezaba a tornarse más oscuro de lo normal.

—Tu abuela cometió un gran error, y a causa de eso el pueblo está pagando con almas de inocentes— Las palabras fueron impactantes, pero más que eso, lo impactante fue el rostro de aquella muchacha. 'No era un adolescente, era una niña' —Kagome eso depende si tú quieres arreglar ese error.

— ¿Qué error? — Chillé confundida. — ¡No entiendo nada!

—Eso lo tendrás que…—

—Basta— Me acerqué lo suficiente, antes de que la niña desapareciera, un final típico de películas. Logré sujetarla de una manga, y retenerla a mi lado. Sus ojos negros me devoraron, aún así yo seguí firme en agarre y decidida a ponerla de cabeza si no cooperaba. — ¿Qué quieres decir con 'InuYasha es diferente'?, ¿Qué tiene que ver él en todo esto?, ¿Quién eres y qué hizo mi abuela?, ¡Habla!, o te juro que te dejo sin poder sentarte por semanas enteras.

Fue una ruda amenaza…

Ella suspiró, y sus ojos negros se volvieron castaños. —Tienes que despertar… No puedes morir. — Sus comisuras se elevaron, pero esta vez su sonrisa fue cálida. —Kagome, espero que seas así de decidida con esto… Ahora más que nunca necesitas ser fuerte. — Todo terminó como un susurro, mientras yo volvía a aquel cuarto oscuro y pestilente. Lo malo fue que regresé erguida, y tuve que sujetarme fuertemente de la primera cosa más cercana. Trastabillé y aullé del dolor, adhiriéndome a la mesa cualquiera, como si fuera un bendito salvavidas.

—Maldición— Mascullé.

Mi situación era delicada, y ni siquiera sabía qué iba a suceder conmigo. Cualquiera ya andaría gritando por ahí o ahorrándose el dolor y terminar ahorcándose, pero yo no me consideraba una chica normal, así que traté de pasar el hecho de estar en un lugar terrible y solo preocuparme por la herida. –Y como veo, está suturada y cocida… ¿Quién me habrá ayudado?, o quizás ellos lo habrían hecho solo para después hacerme sufrir. ¡Oh Dios!, eso sonaba terrible.

Inconscientemente mi conciencia formuló la cara de InuYasha en mi mente, con esas patéticas esperanzas de que él llegara y derrumbara la puerta, diciéndome como todo galán.

'Hey, tu príncipe llegó a rescatarte'

Como dije antes, patético.

Sopesé mi situación, antes de ponerme a chillar como loca.

Estaba secuestrada, en un cuarto que parecía el sótano de los locos Adams. Tuve una alucinación producida por la pestilencia del lugar –Extraño porque llegué hasta visualizar a un InuYasha pequeño-. Una herida que me latía y parecía estar cocida con hilo dental. Tenía miedo y definitivamente ahora reclamaba el hecho de no haber pasado el tiempo necesario con mi mamá, y hasta con la misma Kikyo. Estaba preocupada por mi amiga Sango, porque lo que recuerdo de ella es que quedó inconsciente en el sótano. ¡Preocupada por mi hermano Sota!, ¿Y sí él era el objetivo?... ¡Diablos!, si tan solo pudiera moverme, andaría derribando la puerta a puro golpe.

'Lamentablemente no podemos ni movernos'

Mis manos se crisparon de pura rabia, mientras que apretaba con tanta fuerza mis dientes que hasta los sentía crujir. ¿Por qué a mí?, fue lo último que me pregunté, ya que a los segundos la gran puerta de madera se abrió.

— ¿Estará despierta? — Una voz irreconocible sonó, seguido de pisadas y un coro de risas. —Espero, porque no planeo dar media vuelta e irme sin divertirme un poco.

La palabra aterrada era suficiente como para describir mi estado. –Ellos querían divertirse, igual que la otra vez-. ¿Entonces este era mi fin?, ¿Tan patético tendría que terminar?, ¡Vamos!, sí es así prefiero a InuYasha aventando la puerta y trepándose sobre ellos para devorarlos como si fueran carne podrida. –Bufé- No era tiempo de pensar tonterías, tenía que idear un plan para poder salir antes de que…

—Pero qué suerte la nuestra… Está despierta.

Eran dos tipos muy grandes; cabellos gringos y alborotados; ojos pardos con tono maléfico; boca ancha y pelos gruesos que salían por sus quijadas; y Aún tenían los tatuajes por todo sus brazos desnudos. –Genial, no los reconocía. Mi razón solo me canturreaba un 'Estás muerta' varias veces, y mi conciencia la apoyaba a un 100%. ¿Cuándo todo el mundo está en tu contra…? Qué mierda haces?... Nada, sí en realidad estabas tan frita como yo, no hacías completamente nada.

—Naraku no la necesita completa ¿Eh? — El más alto codeó al más bajo, aún absorbiéndome con esa mirada inquisitoria. —Después de todo, al último le quitan todo.

Los vellos de mis brazos se erizaron, y pude jurar que los latidos de mi corazón aumentaron radicalmente, haciendo que poco a poco empiece a sudar frío. ¡Maldición!, este era el momento donde el héroe entraba en acción. –InuYasha ¿Por qué mierda tardas tanto?- No sé si era una confianza exagerada, pero algo dentro de mí me decía que no pierda las esperanzas.

¿Por qué InuYasha?, porque simplemente era él y no había nadie más.

Los hombres empezaron a avanzar, sin quitar sus ojos pardos de mí. El eco de sus risas resonó en mi cerebro y miles de imágenes inventadas por el mismo hizo que me quedara congelada allí, sin ni siquiera con una oportunidad de escape. – Mierda, mierda… NO quiero esto, todo menos esto, no soportaría… No lo haría.

—No— Musité impávida, rompiendo mi expresión de temor a una de completa desesperación. —NO quiero que me toquen. — Chillé, justo en el momento que la puerta volvía abrirse. Los dos parecían muy divertidos, y la presencia de un tercer un hombre no les importó demasiado, era como si ya supieran que venía.

—Tardaste Hakudoshi— Murmuró uno, plantándose casi delante de mí, con la mesa que aún nos separaba. —Ya pensé que seríamos dos.

Desesperada, traté de retroceder… Pero dolía. Dolía demasiado. Él más alto sujetó con rudeza mi mentón, y yo sin fuerzas dejé caer mi cuerpo y apoyé mis dos codos sobre la mesa, mostrando los dientes ante la rudeza de aquel hombre en su ademán. –No me dejaría vencer… No dejaría que me toquen… No me doblegaría ante ellos. ¡NO!

El tal Hakudoshi no respondió, solo caminó por el corto trecho y apoyó sus dos manos en los hombros del que estaba casi a mi costado, haciendo que retrocediera brutalmente. El más alto, dejó su agarre y volteó confundido, para enfrentar al tal Hakudoshi.

— ¿Qué mierda tienes Hakudoshi? — Masculló uno de ellos. — ¿Estás fumado o qué…?

Aproveché su pequeña disputa, y me erguí con cuidado. Puse miles de muecas, conforme mi espalda empezaba a ponerse recta, hasta que por fin logré erguirme completamente y alejarme de esa mesa. Me dolía, y bastante, pero aún así la voluntad era mucho más fuerte. Lancé varios resoplidos, mientras trataba de llegar a palpar las paredes y así llegar hasta donde se encontraba la puerta abierta. Todo iba bien, hasta que uno de los tipos me sujetó rudamente del brazo y casi me arrastró hasta quedar arrodillada, y gimiendo de puro dolor.

— ¿Tratabas de huir perra? — Sus dedos se clavaron dolorosamente sobre la piel de mi brazo, mientras que con la otra me sujetaba por el cuello. —Verás que conmigo no se juega.

Un golpe en seco se escuchó más atrás, y el sujeto de ojos frívolos ladeó el rostro, encontrándose con su compañero de baja estatura, regado por un rincón, inconsciente y con la nariz rota. – Debería de haberme sorprendido, pero ahora estaba muy lejos de allí. –Los escalofríos recorrieron mi cuerpo, mientras que sentía como unas gotitas minúsculas bajaban por mi frente, empañando mi cerquillo. La herida ya no la sentía, tal cual hubiera desaparecido. 'Derrepente Mou nos escuchó y decidió practicar con nosotras al médico', Y todo como para rematar, empezaba a girar sin sentido a mi alrededor.

El hombre llamado Hakudoshi, estaba parado en un lado. Su cabeza la tenía baja y su pequeño flequillo tapaba su vista. Los labios los tenía apretados, haciendo aparecer ese blanco como papilla que se difuminaba sobre ellos. Las manos las tenía hechas puño, con la nariz levemente arrugada.

¿Él golpeó a su propio compañero?

—Suéltala— Rugió el hombre. Su mirada por fin dejó de esconderse bajo la oscuridad, mostrando un color negro profundo, careciente de expresiones; pero si lo observabas bien, justo en el medio, como punto de encuentro, había un color dorado intenso que se reflejaba demasiado enfadado. –Todo esto me hizo recordar a Sango, justo en el momento que ella también obtuvo ese color dorado en sus ojos.

El hombre me soltó al instante, y casi por cólera me empujó bruscamente, haciendo que mi poca coordinación desapareciera, y yo cayera fuertemente sobre mi trasero y parte de la inexistente herida. –No luché, solo me dejé caer, jadeando por lo incómoda que me sentía.

— ¿Qué harás Hakudoshi? — Preguntó rudamente el hombre. —Sabes que no te tengo miedo.

El tal Hakudoshi no dio respuesta alguna, solo se puso en modo de ataque. Al tipo no le dio gracia, y trató de golpearle la cara con un puño, pero Hakudoshi muy hábil, logró esquivarlo y de manera rápida, acertó un puño en la boca del estómago del hombre. El tipo tosió unas cuantas veces, y pareció quedarse sin aire. –Quise reírme en su cara, pero ahora yo estaba hecha de madera y solo servía de mirona en todo este asunto.- Luego, Hakudoshi sin bajar la guardia, remató al pobre tipo con otro puño, justo de impacto a la cara, para después dejarlo caer sobre el cuerpo de su otro compañero.

'Ahora dos están inconscientes'

Pero… ¿Por qué hizo esto?

El punto dorado entre esos ojos negros, desapareció y casi al instante el hombre cayó inerte al piso. Me pareció que el pobre solo fue una marioneta, porque se descompuso igual como a una cuando dejan de manejarla.

El silencio fue tan estremecedor que tuve miedo a que uno de ellos se levantara y siguiera con el plan de 'Divertirse con la chica'. Tomé represarías, y levanté como pude mi cuerpo, empezando a gatear hasta la salida, poco a poco y con cada movimiento, la herida parecía abrirse más, ya que por mi camino las gotitas de un rojo tenebroso dejaban sus huellas.

Unos pasos resonaron y por la puerta, tres siluetas altas aparecieron.

Jadeé antes de caer sin fuerzas al suelo. Era verdad, no sentía dolor, pero era incómodo. Unas palabras de intercambio se dio entre esos desconocidos y luego dos de ellos se fueron, recogiendo los cuerpos inconscientes de los tres hombres, mientras que el otro se acercó presuroso a mí. –Oh, no- Me dije.-No dejaré que me toquen-. Y entonces mi sentido de defensa se activó.

Sentí como trataba de levantarme, con un cuidado especial. Sus manos viajaron sutilmente desde mis brazos hasta posicionarse en mi tronco, como si fuera una muñeca de porcelana. Esperé un poco y más, tratando de definir quién era o qué me iba hacer, y luego de unos segundos golpeé su amplio pecho, tratando de que así me suelte.

'Fue en vano'

—Wou, pequeña… — Su ronca voz me golpeó, y muy emocionada elevé el rostro, encontrándome con un par de ojos dorados. Lo analicé por un segundo entero, y luego me aferré a él con lentitud. —Todo está bien…

—Llegaste— Murmuré, esta vez sintiéndome como la reina del mundo entero. —Tarde pero llegaste…—Apoyé mi mejilla en su pecho, y aspiré ese aroma caro que lo caracterizaba. 'InuYasha está aquí', canturreó esta vez mi conciencia, mientras que la Kagome inventada le sacaba la lengua a su razón.

—Sí…— Me alejó de él y con su mirada me analizó. —Tu herida está abierta… ¿Cómo te encuentras?

Dudas, golpes, ira, susto… No, ya no había nada. Solo le sonreí, mientras que una mano de él se posicionaba en mi frente. 'Se veía tan preocupado…'

Un momento.

—InuYasha… ¿Mi abuelo cometió un error? —Pregunté atolondradamente. NO estaba pensando bien la situación, pero me estaba consumiendo poco a poco.

—¿Un error? — Hizo una mueca. —Somos humanos Kag, todos cometemos errores.

—No, no— Me removí incómoda entre él, pero su agarre se volvió fuerte, y me levantó en vilo, cuidando de no tocar la herida. —InuYasha, suéltame… intento preguntarte algo.

—Esa pregunta tendrá que esperar Kagome— Su voz fue seria y potente, como si le estuviera dando una orden a una niña.—Estás perdiendo sangre y pierdes el tiempo con ridiculeces.

—Mi abuela hizo algo ¿Verdad? — Lancé contrariada. —Condenó al pueblo ¿o no?

—Condenar es una palabra fuerte. — Me respondió. —¿De dónde sacaste tal cosa?

Sus pasos fueron rápidos, y surcó rápidamente el pequeño Hobby de ese lugar. No presté mucha atención a mi entorno, porque mi mirada estaba centrada en el rostro preocupado de InuYasha.

—No lo sé…— Negué. Ahora no tenía ganas de hablar de nada, solo quería cerrar los ojos y descansar del trauma más grande de mi vida. Arrugué la tela del polo de InuYasha entre mis manos, y apoyé mi mejilla contra su pecho, otra vez. Sonreí algo adormilada, y apenas logré articular palabra. —InuYasha— Le llamé sutilmente.

—¿Mmm?

—No me dejes— Entonces todo fue tomando un color pacífico.

—Solo descansa… Cuando abras los ojos ya no recordarás nada.

Y me dejé caer vencida, con una sonrisa demasiado boba en mi rostro.

Continuará…


AGRADECIMIENTOS:

KeikoT.P.C

Mariposa Mental.

Celeste Hikari.

Kiara Taisho-Sama

Setsuna17

Makikita-chan

Sango24

Coral9

Paulaa

Kata

Coneja

Angellasttrue (ya extrañaba tus comentarios locos. ¡Genial! xD)

GRACIAS, son tan lindas *3*. En cuanto a las dudas de si Sango andaba o no hipnotizada… mm, parece que sí estaba hipnotizada. Más adelante se verá qué onda con todo eso. 'Kagome tiene que dejar de vaguear y ponerse las pilas'

Ahora sí, trataré de tener la conti lo más pronto posible.

Besos.

Crayola Multicolor. –Sí, me cambié de nombre… Como verán, me loqueé.