CAPÍTULO 13
- Te manda Juliet- afirmó James apretando los puños
- Nadie desprecia a mi señora. Nadie se niega a cumplir sus deseos- dijo Ecko caminando lentamente hacia ellos- He venido a matarte, Ford
Para cuando quiso darse cuenta, James la había empujado y ella se metió bajo la mesa de la cocina agarrando sus rodillas, completamente aterrorizada por lo que estaba presenciando
Ecko emitió un rugido sordo que parecía salido de las profundidades del infierno y mostraba unos colmillos blancos y afilados que no tenían nada que ver con lo que ella había visto en el cine. El poder y la brutal fuerza que emanaba de su cuerpo hicieron que temblase de manera compulsiva.
Pero James, su James. Ese que sonreía dulcemente mostrándole unos hoyuelos encantadores, el mismo que la besaba con ternura mientras acariciaba su rostro con devoción, hizo exactamente lo mismo que Ecko. Y desde donde estaba pudo ver todas y cada una de sus venas en tensión, y un rostro que horrorizaría al mismísimo diablo.
De un salto que abarcó toda la estancia, James se abalanzó sobre él derribándolo. Golpeaba fuertemente su cabeza contra el suelo pero el tipo parecía no inmutarse.
Los rugidos y los golpes retumbaban en su cabeza provocándole un temor que no había sentido jamás y de manera casi inconsciente sacó el arma que todavía llevaba en los pantalones.
Ecko se levantó y se empujaron uno a otro por todo el comedor derribando todo lo que encontraban entre medio. Era una lucha a muerte, atroz. Una lucha entre titanes que a Kate le paralizaba todos los músculos impidiéndole moverse.
De pronto Ecko acorraló a James contra la nevera y Kate pudo ver cómo clavaba sus dientes en el cuello de él.
James se intentaba zafar del ataque pero ella contempló cómo sus fuerzas iban cediendo y se debilitaba poco a poco.
Lo estaba matando.
No supo de dónde sacó el coraje para salir de debajo de la mesa y ponerse en pie. Pero ignoró sus miedos y la expresión de pánico de James que la miraba horrorizado.
Vació el cargador a la espalda del tipo sin que le temblara el pulso. Pero vio que él simplemente la miró por encima del hombro mientras continuaba vaciando a James, dejándolo sin vida.
Era un ser insignificante al lado de algo así. Pero la desesperación se apoderó de ella y cogió la silla que tenía a mano. La partió con todas sus fuerzas sobre la espalda de aquella bestia que por supuesto, siguió sin inmutarse.
Y fue entonces cuando pensó en algo.
La pata de la silla seguía en su mano astillada y rota. La madera los mataba. Lo había visto en multitud de películas. Pero funcionaría?
También había visto que no podían caminar bajo el sol y James lo hacía. Pero qué tenía que perder?
Calculó mentalmente dónde estaba el corazón de ese tío y se lanzó contra él sacando una fuerza que no sabía que poseía.
Cuando la madera atravesó el cuerpo de Ecko, éste se tensó soltando a su presa que se derrumbó contra el suelo. Rugió durante unos instantes que le parecieron eternos y finalmente se desplomó deshaciéndose en cenizas. No quedaba nada de él. Nada de esa fuerza animal. Era solamente polvo.
Las lágrimas hicieron su aparición en cuanto observó a James y se lanzó sobre él.
Estaba completamente pálido y apenas respiraba. Sus ojos habían perdido el brillo habitual y era incapaz de sostener la cabeza.
- James!- dijo sollozando mientras cogía su rostro entre sus manos- James por Dios! Dime algo!
- Vete- susurró él con dificultad- Vendrán más
- No, no voy a irme sin ti- dijo ella sin dejar de llorar- Dime cómo puedo ayudarte! Dime qué hago!
- Vete, Kate- insistió él sin fuerzas para abrir los ojos y mirarla
- No, no voy a hacerlo!- repuso ella
Su pulso era muy débil y aunque la herida de su cuello ya se había cerrado notaba cómo su vida se escapaba entre sus manos. Intentó pensar en lo que había visto en el cine. Intentó hacerlo con todas sus fuerzas porque podía funcionar de nuevo, y recordó que los vampiros necesitaban sangre para reponerse.
Abrió la nevera pero no había rastro de las bolsas de sangre. Y no lo pensó dos veces. Cogió un cuchillo de la cocina y se hizo un corte en el antebrazo.
- Hazlo- ordenó colocando su brazo herido frente a su boca
- Vete- dijo él girando el rostro en sentido contrario- Esto no es un juego
- Hazlo he dicho!- gritó mientras las lágrimas se derramaban por sus mejillas
Con un esfuerzo sobrehumano James abrió los ojos y la contempló con devoción. Era más valiente de lo que jamás habría pensado, pero prefería morir antes que hacerle daño.
- Lárgate!- dijo con rabia- Podría matarte!
- No, no me matarás. Toma lo que necesites, nada más- dijo ella poniéndole de nuevo el brazo frente a la boca
Le giró el rostro obligándolo a mirarla y le habló con dureza y determinación.
- Hazlo, James. Confío en ti
Si hubiera tenido algo más de consciencia no lo hubiera hecho, pero por otra parte se negaba a morir y dejarla sola en medio de aquel desastre. Muerto Ecko, Juliet no tardaría en buscarla y sin él Kate sería una presa fácil.
De modo que miró el brazo herido de Kate. Y la naturaleza hizo el resto. En cuanto vio la sangre derramándose por su piel supo que era demasiado tarde para detenerse.
Era tan dulce como había supuesto. Se llenó de ella, de su calor, de su vida, y con cada trago iba recuperando las fuerzas y se sentía cada vez mejor. Succionaba con avidez sujetando el brazo contra su boca, como quien se agarra a una tabla en medio del mar. No podía parar, no podía dejar de sentir cómo su cuerpo entraba en calor, cómo volvía a tener consciencia de él, cómo la vida entraba de nuevo en sus entrañas
Kate pensó que sería doloroso, aunque estaba dispuesta a soportarlo, pero para su sorpresa, cuando él puso su boca sobre su herida sintió un escalofrío de placer que inundó todo su cuerpo.
La invadía una sensación de paz, de tranquilidad absoluta con cada embestida de sus labios, y poco a poco se relajó ante la idea de que estaba dándole parte de su propia vida para salvar la suya.
Estrechó su cabeza contra su pecho y apoyó la suya sobre sus cabellos, aspirando su aroma, dejándose llevar. Podía sentir cómo su cuerpo entraba en calor bajo sus brazos, cómo se hacía más fuerte y poderoso, cómo volvía a la vida con cada acometida.
Ella notaba cómo sus sentidos se embotaban sumiéndose en un estado de semiinconsciencia en el que sólo estaban ellos dos, unidos más que nunca por la delgada línea que separaba la vida de la muerte.
Sus fuerzas se iban debilitando poco a poco, a la vez que James crecía entre sus brazos, y cuando se le nublaron los ojos decidió cerrarlos y abandonarse a esa sensación tan placentera.
Lo último que escuchó fueron sus latidos acompasados con los suyos y se dejó llevar con una sonrisa en los labios.
