Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto

Solo la trama pertenece a mi autoría

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Este fic únicamente se publica en este sitio, prohibido tomarlo y subirlo en otro lugar.

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Number 13—


XII


Symbiotic

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Poco a poco sus párpados cansados comenzaron a abrirse. La luz tenue de la lámpara en la mesita de junto, era suficiente para ayudarla a recordar en donde estaba, sin llegar a molestar sus ojos. Se incorporó sobre la blanda cama con lentitud, desperezando su abatido cuerpo. Los destellos de su más reciente crisis, atacaron su mente, era como si miles de ruidosas y molestas abejas penetraran en su cerebro.

La vergüenza la golpeó con fuerza, como se había vuelto su costumbre, sus debilidades siempre salían a la superficie en compañía de Sasuke. Ya era suficiente que él la hubiera conocido en su peor momento, como para todavía seguir demostrándole lo patética que era en cada obstáculo del camino. Resopló vencida, ya nada podía hacer, sólo intentar que en el futuro sus reacciones no fuesen tan emocionales.

Contempló la recamara con atención, era un espacio confortable, el cuarto no contenía muchos muebles, pero la superficie estaba limpia y ordenada. Retiró la colcha que la cubría, recuperando sus botas y olvidando el abrigo, la calidez que sintió al levantarse, le indicó que la calefacción de la casa estaba en funcionamiento.

Se acercó al tocador apostado a un costado de la puerta, con los dedos aplacó un poco los alborotados mechones, no había mucho que pudiera hacer contra las marcas de lágrimas en su rostro, al menos no hasta que encontrara un baño y pudiera enjuagar su cara.

¿Dónde se encontraría Sasuke?, él le juró que estaría a su lado cuando despertase, no es que quisiera sofocarlo con su constante necesidad de sentirlo cerca, pero le extrañaba que no hubiese cumplido con su palabra.

Al salir al pasillo se percató de algunas voces, olvidándose de su idea de lucir más presentable para su compañero de vivienda, se dirigió de inmediato hacia la planta baja en donde una discusión parecía tener lugar.

—No es tu culpa, no lo sabías… ninguno de nosotros sospechábamos que esto iba a pasar, deja de recriminarte Sasuke —un rubio estaba inclinado sobre una figura que permanecía sentada en el suelo.

—Pude haberlo prevenido, si me hubiera dado a la tarea de terminar los diarios de Itachi… —Sakura reconoció con facilidad, la ronca y profunda voz de Sasuke.

—Estabas concentrado en ayudar a Sakura, todos lo estábamos como para pensar en otra cosa. Además, ¿quién se hubiese imaginado que todos estos años él…? Dios, esto empeora a cada segundo… y pensar que creímos tener la ventaja… Ahora lo importante es averiguar cómo supo que ella salió, ¿crees que todo este tiempo te estuvo vigilando?

La gravedad en el tono del tercer hombre la llenó de escalofríos. El alto e imponente señor era el jefe de Sasuke. ¿Qué había pasado?, ¿Por qué estaban ellos ahí, si se suponía que exclusivamente él la cuidaría?. Su respiración empezó a dificultarse, no quería estar cerca de esos hombres, no los conocía, no confiaba en ellos. Intentó dar sentido a sus palabras, pero estaba demasiado nerviosa y asustada como para lograrlo.

—Si lo hizo, jamás me di cuenta. No es como si esperara a alguien siguiendo mis pasos, pero aun así tomé siempre precauciones, Itachi inculcó en mí algo de su paranoia. Claro que no la suficiente para imaginar que él...

Sakura contuvo el aliento al ver la destrozada expresión de Sasuke. Sin pensar en sus miedos, mucho menos en considerar que los otros dos detectives la intimidaban lo suficiente como para acercarse y hacerles notar su presencia, corrió hacia donde Sasuke permanecía cabizbajo y desgarbado en el suelo. Se dejó caer a su lado, abrazándolo y buscando borrar la expresión de tormento y terror en su cara.

—Sakura —él se quedó momentáneamente atónito, luego la apretó con tanta fuerza que el aire no llegaba hasta sus pulmones. Le daba igual. Era claro que él necesitaba sentirla cerca.

— ¿Qué sucede?, ¿Qué tienes? —preguntó con la cabeza escondida en su cuello, apenas susurrante, pero Sasuke logró escucharla. Sakura sintió como todo su cuerpo se tensó, él la oprimió más si es que eso era posible.

—Te fallé… —comenzó con dificultad— Sakura yo… yo…

—Shht —era evidente que Sasuke estaba sufriendo, no quería hacerlo hablar si eso le generaba malestar.

—Sasuke, tal vez lo mejor sea mantener la nueva información entre nosotros —sugirió de nuevo el rubio.

—¡No!. Sakura tiene que saber… tiene que estar preparada, tiene que protegerse ya que es obvio que yo no puedo hacerlo…

—Sasuke —se alejó cuando él la separó de su cuerpo, las palmas de Sasuke acunaron su rostro, manteniéndola a escasos centímetros de él.

Sasuke pensó que después de la muerte de su hermano, no podría experimentar un dolor tan arrollador nuevamente. Sin embargo, al mirar directamente en los confiados y hermosos ojos de Sakura, sentía su pecho sangrar. Era como si su corazón estuviera siendo desgarrado en miles de pequeñas partes.

Estaba paralizado, tan aterrorizado que ni siquiera alcanzaba a respirar.

Hacía mucho, tal vez desde que fue un niño indefenso e ingenuo, que no sentía miedo. Revivir ahora aquella nauseabunda sensación, era algo casi insoportable. No obstante, al sentirla en sus brazos, al verla ahí, expectante y alarmada por él, por su bienestar. Descubrió que su temor era por ella.

Nunca debió buscarla.

Nunca debió insistir.

Ella no debió dejarlo entrar.

Sakura no debió confiar en él jamás.

Fue tan soberbio, tan arrogante al pensar que podría salvarla.

—Sasuke… por favor…

—Me llamó. Lo sabe… el coleccionista siempre lo supo Sakura —ella lo observó confundida—. Nunca fue su intención matarte. Quería llegar a ti, me utilizó a mí para hacerlo, ya que Itachi fue más listo y lo descubrió… ¿ahora comprendes?... te saqué de tu letargo, te traje de vuelta… prácticamente al liberarte del psiquiátrico, te puse de nuevo en sus manos… perdóname Sakura.

Sakura escuchó con claridad, la confesión de Sasuke por fin haciendo mella en ella. Cerró los párpados, cuando su declaración traspasó su atribulado cerebro.

— ¿Quieres decir que… él…? —sus manos comenzaron a temblar.

Grita para mí

—…todo este tiempo… —las palabras parecían atascarse en su garganta— sabía que no estaba muerta, porque… porque, ¿dejarme viva era su plan?

¿Acaso no sientes dolor?

—No soy más que… Soy… un trabajo inacabado.

¿No me temes?

—Porque no pudo… no pudo conmigo —los estremecimientos iban menguando. La realización dejando una sensación de absoluta imperturbabilidad.

¿Tal vez si corto más profundamente?

—No hice lo que esperaba…

¡Suplica, llora!, ¡no estás muerta todavía Sakura!… si lo haces…si haces lo que te pido…

Te dejaré ir.

—La única muñeca que aún no está en su colección —murmuró acariciando la antigua cicatriz del número 13.

¿Crees que puedes ganarme, cierto?, ¡que tu voluntad es más fuerte que la mía!… Te demostraré que te equivocas

—No va a descansar hasta tenerme…

Se llevó las manos a las sienes, las amenazas en su cabeza eran tan estridentes que no había manera de apagarlas. Pero en esta ocasión no quería hacerlo. Necesitaba recordar. Necesitaba aferrarse a esa oscura voz. Ya una vez había logrado vencerla, bloquearla no permitiendo que penetrara sus defensas. Ahora le serviría para erigirlas de nuevo. Para fortalecerse.

—Yo he causado esto, no debí —cortó la explicación de Sasuke antes de que terminase.

— ¡Basta!, deja de recriminarte, no es tu culpa —estiró su mano, alcanzando su mejilla y acariciándola, era un pequeño y torpe gesto, pero esperaba que le diera un poco de consuelo.

— ¡Por supuesto que lo es!, si te hubiera dejado en paz estarías a salvo… estarías…

— ¡Seguiría encerrada, pudriéndome lentamente! ¿No lo entiendes?, realmente nunca estuve segura, no con él sabiendo que seguía con vida, sabiendo dónde encontrarme. Todos esos años desperdiciados, escondiéndome, consumiéndome y volviéndome loca, no sirvieron de nada. No engañé a nadie... o sí, a mí misma. Creyéndome intocable, creyéndome resguardada y protegida…

La expresión de Sasuke comenzó a cambiar, Sakura asintió, quería que aceptara que aquello no había tenido nada que ver con él, con su proceder. Que desde el principio, cada movimiento estuvo orquestado por su captor.

—Ahora lo odio incluso más.

Apretó las manos en puños, sus uñas casi rasgándole las palmas. Si, saturarse de furia, desbordarse de rencor era mejor que la posibilidad de ser incapacitada por el miedo. No podía continuar sometiéndose a la sombra de ese asesino.

—El enfrentamiento llegará antes de lo previsto.

Sasuke se quedó mudo del asombro, Sakura no estaba reaccionando como él imaginaba que lo haría. Pensó que ella entraría en una crisis, que lo odiaría y lo maldeciría por ponerla en aquel peligro. Pesimistamente, supuso que sucedería lo peor. Que la perdería. Había planeado sacarla de ahí y mandarla muy lejos, donde el coleccionista no pudiera alcanzarla, inalcanzable de todo mal, pero principalmente de él.

—Siempre ha sido un juego para él. Un juego del que no teníamos ni idea, pero que a juzgar por los hechos… voy ganando —concluyó con una perspicacia admirable—. Quiere que corramos asustados, su propósito al contactarte, era dominarnos a través del miedo. Pero tú no le temes y mientras te tenga a mi lado, yo tampoco —alcanzó sus manos, estrechándolas entre las suyas— El muy tonto cometió un error, ahora estaremos preparados.

—Yo creí… lo siento tanto Sakura. Pensé que esto te lanzaría de nuevo al abismo —aceptó avergonzado—. No volveré a dudar de ti, dejé que me intimidara, llevas la razón, no le temo, pero temo por ti…

—Lo sé. Tampoco tengo miedo a enfrentarme a él, ni a morir, nunca lo tuve. Tal vez si lo hubiera tenido, habría luchado más. Sin embargo, ahora es diferente, ahora tengo algo más importante que perder, no pienso dejarlo ganar, no pienso permitir que te dañe —juró con valentía—. No te disculpes por dudar de mí, yo misma sigo haciéndolo. Sin embargo, ¿quieres que te diga lo que me ayuda cuando eso pasa?, cuando los recuerdos atacan y la impotencia y la debilidad me aquejan…

El asintió, concentrado en su respuesta.

—Pienso en ti. Duda de mí todo lo que quieras, pero nunca dudes de nosotros, de lo que haría por ti.

Sasuke sabía que estaba mal que demostrase ante su compañero y capitán los sentimientos que tenía por Sakura, pero no podía refrenarse, no después de tan reveladoras y emotivas palabras. Con desesperación volvió a tomarla entre sus brazos, esta vez posicionándola en su regazo y manteniéndola tan cerca, que el calor de su delgado y pequeño cuerpo derritió el hielo que se había instalado en su torrente sanguíneo.

—Esto es…

—Perfecto. Sakura tiene razón —interrumpió Hatake a Naruto, quien se veía algo incómodo y estupefacto—. El coleccionista debe estar pensando que va ganando la partida, lo cierto es que posiblemente ha sacado el único as que tenía bajo la manga. Actuó impulsivamente, seguramente motivado por su deseo de atacarte y debilitarte Sasuke. Está contando con que Sakura sea una debilidad, poco se imagina que ya no es la chica que él conoció.

—No. No lo soy —Sasuke la retuvo en la misma posición, orgulloso cuando ella le plantó cara a su capitán—. No volveré a ser esa víctima asustada. No… no volveré a someterme. A separarme de mi mente mientras el quebranta mi cuerpo. Esta vez, cuando vuelva por mí, estaré lista. Sabré como pelear, sabré como contrarrestar sus ataques. Como blandir un cuchillo y cargar un arma… la siguiente vez que lo vea, seré yo la que lo hará sangrar. La que deje cicatrices en su piel. Y yo no vacilaré, no sólo voy a atravesar su corazón, ¡voy a arrancárselo del pecho!. Haré que se arrepienta de haberme dejado vivir —prometió con coraje.

—Sa-Sakura… sin duda tienes derecho a eso y más, pero debes dejar que la justicia sea la que-

— ¿Justicia?... —se levantó cuidadosamente, sus ojos fulgurando con determinación contra el rubio de ojos azules— La justicia de este mundo no alcanza para castigar lo que ese monstruo ha hecho. Pero entiendo, ustedes son hombres de ley, no pueden atentar contra sus principios, contra lo que los hace ser lo que son. Yo en cambio…

— ¿No estarás sugiriendo?, Sakura yo jamás lo permitiría, no dejaré que te pongas en riesgo —Sasuke atrajo su atención al exaltarse tras ella, la conocía tan bien, por supuesto que captaría sus intenciones.

—Ya estoy en riesgo Sasuke. Ya soy su presa. Que mejor manera de detenerlo, que atraerlo hacia mí.

— ¡No!, ¡no serás la carnada!

—Sasuke tiene razón. Jamás te usaríamos de esa manera Sakura.

—¿Acaso no fui clara?. Puedo hacerlo. Quiero hacerlo. Ustedes me enseñarán, no estaré indefensa. Están atados de manos. Pero yo no. Denme un arma, les juro que no dudaré en apretar el gatillo —la insensibilidad con la que habló podría haberla sorprendido antes, pero no ahora que estaba decidida a deshacerse de esa bestia que la acechaba.

—Salgan. Por favor déjenos solos.

Sasuke vio asentir a su jefe y a su compañero. El miedo anterior, reemplazado por su enfado ante la absurda idea de Sakura. Necesitaba hacerla entrar en razón. Sabía que ella no estaba bien mental y emocionalmente, pero su plan era simplemente ofensivo, iba en contra de todo por lo que Itachi y él habían luchado. Protegerla.

—No estaremos lejos. Debemos descubrir cómo se enteró de que Sakura salió del psiquiátrico.

—Hmp —los vio salir de la casa.

—Sasuke…

—No hables. Te juro que si repites tu ridícula idea, te encerraré en una celda y te mantendré vigilada las veinticuatro horas del día.

—Nunca harías eso. No me quitarías mi libertad nuevamente.

—Si es para mantenerte segura, sí. Lo haría —aseguró sincero.

—Pensé que tú lo entenderías —expresó con decepción.

Sasuke caminó los tres pasos que los separaban. Cogió su desolado rostro con manos temblorosas. Ella lo permitió, estremeciéndose un poco por su helada temperatura.

—Tú eres la que parece no entender, que si algo te sucede yo… —un desesperado suspiro escapó de su boca, no podía decírselo, no podía cargarla con sus impertinentes emociones.

— ¿Tú…? ¿Sasuke? —imploró anhelante.

—Yo estaría decepcionado. Lo que he hecho, lo que Itachi hizo… no tendría sentido. Nuestro trabajo, nuestro tiempo y dedicación, serían un desperdicio —completó con desapego.

Los luminosos ojos verdes de Sakura se opacaron un poco. Deseó retractarse. Estrecharla y perderse por fin en aquellos labios que lo tentaban. Sin embargo se obligó a dejarla ir, retrocediendo y creando un gran abismo entre ellos.

—Así que es eso lo que te preocupa —sonrió trémula, por supuesto, ¿Qué más podría ser?

Él tenía razón, ella era un trabajo para él, lo entendía. No era la primera vez que debía recordarse que nunca sería suficiente para Sasuke. Que jamás podría convertirse en la mujer que un hombre como él se merecía. Únicamente esperaba que con el tiempo, aquella situación dejara de ser tan dolorosa.

—No puedo recordarlo, y a la vez, no puedo olvidarlo. Es descabellado, ¿verdad?. Mi mente está en una constante lucha, peleando contra las sombras, para que por fin se dispersen y me muestren lo que se esconde detrás de mi bloqueo. No ha sucedido, no sé si suceda alguna vez. Ahora que sé que todo fue un plan suyo, me pregunto si estará pendiente de mí, si esperará en la oscuridad acechándome, o por el contrario, si se cruzará en mi camino directamente, pero me será imposible reconocerlo. ¿De qué me sirve haber sobrevivido, si no puedo siquiera señalarlo?, soy completamente inútil.

—Sakura…

—A menos que me permitan atraerlo hacia nuestra trampa. Él esperará que esté vulnerable, que sea la misma chica tonta e ingenua que atrapó en el pasado. Que me paralice de terror y me quede muda, congelada en sus garras. Jamás anticipará que me le enfrente, que me defienda. No seré un desperdicio de tu trabajo ni tu tiempo. Déjame demostrarte que valió la pena cada hora que pasaste a mi lado, cada minuto que tú e Itachi vieron pasar en aquella oscura habitación en la que me escondía.

—No era a eso a lo que me refería Sakura. Ya no espero nada de ti, no te ayudé con la pretensión de que fueses tú la que lo capturaras —apretó la mandíbula con enojo.

— ¡Pero soy la única que puede hacerlo!, a la única a la que le permitirá acercarse… Es inevitable. Puedes ayudarme. Entréname, muéstrame cómo no volver a ser su víctima. Ayúdame a librarme de él —propuso desesperada.

—¿¡Y después qué!? —se apartó por temor a hacerle daño—. En el mejor de los casos, te enfrentas a él y lo matas. Luego te condenarán y pasarás tus días en prisión. ¿Esperas que me quede tranquilo viéndote desvanecerte en la cárcel por tomar la justicia en tus manos? —cuestionó alterado, a una pulgada de gritar y zarandearla.

Sí. En un principio matar al coleccionista también había sido su plan. Pero eso fue cuando pensó que su vida no tenía otro propósito más que capturar a aquel asesino. Cuando no conocía a Sakura. Cuando no sabía lo que era el amor.

—Sasuke… no volveré a perder mi libertad —admitió tajantemente, un hueco abriéndose en su pecho.

— ¿Crees que no te condenarán por matarlo?, entonces no debiste confesárnoslo, menos al capitán, él no permitirá que te salgas con la tuya. No después de que nos dijiste lo que pensabas hacer a sangre fría. Ya ni siquiera podríamos alegar demencia.

—No lo has entendido. No es que crea que podré librarme de prisión. Lo que pasa es… que después de mi enfrentamiento con el coleccionista, no tengo la esperanza de seguir con vida para recibir mi castigo —aclaró pesimista, ahí fue cuando todo se fue al infierno.

Sasuke fue tan rápido, que ya era tarde para detenerlo cuando estuvo sobre ella. Sus manos apretaban fuertemente sus muñecas, reteniéndola en un agarre mortal.

— ¿Qué has… que has dicho? —preguntó en un murmullo, su fría voz cortándola como un látigo.

—¡No tengo nada por lo que vivir!. No puedo ni siquiera imaginarme una vida normal. Esto es todo lo que me queda. Todo lo que soy capaz de hacer. Mi venganza es lo único que me mantiene en pie —mintió.

Había más, claro que tenía más. Su amor. Su oscura y desviada devoción por él, aquella que la empujaría a salvarlo, a mantenerlo lejos de todo peligro y daño. Aquel amor siniestro y enfermo, manchado porque ella estaba sucia y no podía ser de otra manera. Pero ese sería un secreto que esperaba, no necesitaría revelar.

—Me tienes a mí. ¿Por qué no soy suficiente Sakura?... ¿Por qué nunca puedo ser suficiente? —susurró derrotado.

—Sasuke… —sus ojos se abrieron con sorpresa.

—Porque no soy él, ¿cierto?, porque Itachi se llevó todo con él. Ahora no queda nada para mí. Es por eso que no te importa morir, incluso hasta lo deseas, ¿no?. Para seguirlo a él, para estar con él.

—Sasuke eso no… —negó con culpabilidad, porque muy en el fondo, tal vez sus palabras llevaban algo de verdad.

Si escogía a Itachi, no tendría que luchar por Sasuke, para a fin de cuentas, terminar perdiéndolo porque jamás sería buena para él.

—Necesito hablar con Hatake y Namikaze —se dio la vuelta, caminando con pasos largos y precisos hacia la salida.

Ella no lo detuvo, tampoco esperaba que lo hiciera.

—Sasuke…

—Ahora no Kakashi —cortó antes de que su capitán pudiera alcanzarlo.

Continúo andando. La espesa nieve no detuvo su marcha. El frío viento invernal se colaba hasta sus huesos, no llevaba abrigo.

Nada importaba, sólo alejarse.

Su cerebro bullía con miles de recuerdos. Uno igual de punzante que otro. El aire se volvió opresivo.

Fugaku, ¿no crees que sería bueno que entrenes con Sasuke?, su partido de fútbol es el sábado.

Hasta un mono puede golpear una pelota. No sé porque permitiste que entrara a ese estúpido equipo. Debería estar aprendiendo a tocar otro instrumento, así como Itachi, que a su edad ya tocaba el piano, el violín y el violonchelo como todo un profesional.

Tan insuficiente

Mira padre, mi promedio es el segundo mejor de la clase —mostró su registro de calificaciones con orgullo.

Hmp, ¿y eso te enorgullece?, tu hermano siempre ha sido el primero. Tal vez podrías aprender algo de él.

Tan sin valor

Madre, no me siento bien…

Oh querido, no te preocupes, la niñera te dará tu medicina pronto. Acuéstate y descansa —acarició su enfebrecida frente con cariño.

Quédate conmigo, tengo frío —suplicó cuando ella lo llevó hasta su cama.

No puedo, esta noche es el musical de tu hermano, él necesita que estemos ahí para él. Pero regresaré pronto, ni siquiera notarás que me he ido. Te quiero Sasuke.

PERO A ÉL LO AMO

Su madre besó su mejilla antes de marcharse.

Tan solitario

Se detuvo abruptamente cuando llegó a la orilla de un lago completamente congelado. Sonrió. Sakura estaría contenta al saber.

Sakura.

Itachi… tráeme a Itachi... Llévame a verlo.

—Hasta ella te prefiere a ti.

No es como si no lo supiera, convenientemente trató de olvidado. Hasta esa tarde.

A pesar de todo, jamás lo odio. Lo amaba, al igual que todos los demás. El encanto de Itachi hacía imposible no adorarlo.

Lo admiraba.

No había un solo minuto en el que no le hiciera falta. En el que no lo extrañara.

Padre no me quiere.

Tan rechazado

No necesitas que él te quiera —Itachi no lo negó—. Para eso estoy yo. Yo te amo hermano.

Golpeó con fuerza el tronco del árbol más cercano. Sus nudillos sangraban, la herida en carne viva escocía, aunque no lo suficiente para distraerlo del vacío en su pecho. Ese dolor sordo que le indicaba que había un gran hoyo en donde debería de latir su corazón.

¿Así era como se sentía el desamor?

—No te odié cuando me abandonaste… aunque quería —se dejó caer en la nieve, agotado por el peso de ese día, de esos años—. No quiero hacerlo ahora, pero... Nunca me importó que tú te quedaras con todo, nunca envidié lo que tenías. El amor, la atención de nuestros padres... la simpatía ni la inteligencia. Pero ella… ¿Por qué incluso muerto, no puedes dejarme tenerla a ella? —espetó con desesperanza.

Tan dolorosamente insoportable

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—Él volverá cuando esté listo.

Sakura dejó de mirar por la ventana y desvió el rostro hacia la comprensiva sonrisa del capitán de Sasuke. Si ella no hubiese abierto la boca y contado su tonto plan, Sasuke no estaría tan disgustado. Quería correr hacia el bosque y buscarlo, pero Hatake se lo prohibió, argumentando que él necesitaba estar solo.

Todas esas horas, llevaba pensando en una manera de retractarse, de hacerlo sentir mejor cuando lo viera. Por supuesto que Sasuke se enfadaría. ¿Cómo no hacerlo?, ella prácticamente le había dicho que pensaba actuar a lo kamikaze yendo hacia el coleccionista, sin importarle todo el esfuerzo que él había puesto para ayudarla y hacerla recuperarse. Era tan egoísta.

Aunque, su plan seguía siendo el mismo. Sólo que él no tenía que saberlo, ojalá pudiera ocultar sus intenciones si él la cuestionaba sobre ellas.

La puerta de entrada se abrió dejando entrar a la noche, se levantó del sofá y corrió a encontrárselo. Se detuvo en seco al verlo aparecer, lucía tranquilo y reservado. Su piel más blanca de lo normal, los labios ligeramente azulados. Ella necesitaba correr a sus brazos, darle todo su calor para así apartar las sombras que empañaban sus ojos. Pero su oscura e impenetrable mirada no invitaba a más muestras de afecto.

—Únete a nosotros Uchiha. Namikaze y yo tenemos ya un plan de acción.

—Hmp —asintió pasando a su lado sin siquiera tocarla.

Lo siguió de cerca, queriendo permanecer junto a él.

—No creo que hayas sido seguido, si el coleccionista tuviera que estarte vigilando las veinticuatro horas del día, no habría tenido tiempo para lanzar otro ataque. Debe de tener un informante en algún sitio, lo más probable es que dentro del mismo psiquiátrico en el que estuviste internada, Sakura.

—Es lo mismo que yo creo —admitió Sasuke—. Puede ser cualquiera de los empleados, incluso la misma doctora que te atendió —le lanzó una superficial ojeada.

—Yo no descartaría a los pacientes, o los visitantes. No podemos bajar la guardia ante nadie —intervino el otro detective.

—La idea es que Akimichi y Nara se encarguen de investigar el psiquiátrico. Tú, Namikaze y Sakura pueden ir al pueblo de donde es originaria.

—No creo que sea prudente que ella nos acompañe —objetó de inmediato Sasuke.

— ¿Por qué no?, ya no tenemos nada que ocultar. Además yo quiero ir.

—Por supuesto que lo haces. Estás desesperada por ponerte en la línea de fuego —argumentó con una mueca irónica.

Sakura se alegró. Prefería cualquier ataque de Sasuke, a su indiferencia.

—No es así. Simplemente que quiero descubrir la verdad. Quiero saber por qué a nadie le importó encontrarme o reclamarme, por qué nadie vino en mi ayuda… —confió valientemente, tragándose el nudo de desolación.

Sasuke apretó las manos en puños, conteniéndose de acercarse y confortarla.

—Estoy de acuerdo con Sakura. No es un secreto para el coleccionista que ella está viva. De nada sirve mantenerla siempre escondida.

—Él puede sospechar que iremos a su antigua casa. ¿Y si nos tiende una trampa?

—Namikaze y tú son lo suficientemente listos para prever cualquier tipo de contingencia.

Sasuke vio a su capitán con una expresión de sorpresa. Hatake no podía estar hablando en serio. El plan de llevar a Sakura y exponerla, era muy arriesgado. Imprudente en el mejor de los casos. Aquella confianza ciega que Kakashi parecía tenerles a él y a Naruto, podría estar nublando el juicio de su jefe y de la misma Sakura, quien asentía en acuerdo, dispuesta a poner su vida en las manos de ambos.

—Si en algo te tranquiliza, también enviaré a un oficial a investigar cómo marchan las cosas, no le diré que hablé con tu tutor, simplemente que lo encuentre y que esté alerta por si algo se ve extraño. Sin embargo dudo que corra algún peligro, el objetivo eres tú Sakura, no él. Ya que de saber algo habría ido a la policía.

«Eso si sigue con vida», pensó Sasuke sin querer externar sus dudas para no preocupar a Sakura.

—Partirán en tres días máximo.

— ¿Qué?, ¿tan rápido?

—No hay tiempo que perder. Utilicen esta prórroga para descansar y, si es posible enséñale a Sakura lo básico de cómo usar un arma. Naruto y yo nos iremos para dejar todo listo, a menos que quieras que alguno de los dos se quede.

—No es necesario. La casa de seguridad no ha sido comprometida —eso podía asegurarlo.

—Bien. Estaremos en contacto.

Sakura los vio partir, despidiéndose apenas de ellos. Su concentración enfocada en descifrar lo que Sasuke estaría pensando, tras esa fachada impávida que estuvo sosteniendo.

— ¿Tienes hambre? —le preguntó al regresar a la sala después de cerrar todas las salidas.

—Sasuke, lo que pasó antes…

—No tienes que explicar nada Sakura. Yo entiendo —le dio la espalda, con intenciones claras de abandonar el tema.

—No. ¡No lo haces!. No es que tú no seas suficiente. No es que quiera sacrificarme con el único fin de morir y alcanzar a Itachi en la otra vida. Yo… Dios, ¿Por qué es tan difícil decirlo? —suspiró trémula, nerviosa ante lo que estaba por admitir, aunque no es que ante los ojos de Sasuke no fuese evidente—. Mírame Sasuke, ¿Qué es lo que ves?… lo que está frente a ti. Esto que queda —se señaló de los pies a la cabeza—. ¿En serio crees que tengo algún futuro?

Él se giró, su rostro estoico, sus ojos evaluativos, recorriéndola, fiscalizándola clínicamente.

—Siento que este mundo ya no es el mío. Que todo lo que observo… toco, siento… se corrompe. Yo lo destruyo. Soy como él, él me volvió como él. Pervirtió mi ser. Y aunque tú e Itachi han logrado calentar aquí con su luz —apretó su pecho, en el área en el que su corazón bombeaba furiosamente—, la oscuridad permanece latente. ¿Qué dice de mí, que con estas manos esté pensando en eliminarlo? En apretar su cuello sin vacilaciones, hasta que deje de respirar y la vida escape de sus ojos. Estas suaves manos que te han acariciado, abrazado… que incluso ahora, arden por sostenerte para nunca dejarte ir…

—Sakura… —dio un paso adelante, perdiendo completamente la fachada de hombre duro e intransigente.

—No. Permanece donde estás, por favor… No puedo permitirme dudar. Tiene que hacerse. Créeme, esto es lo mejor…

— ¿Mejor para quién Sakura? ¿Para ti… para mí?, porque yo no veo cómo esto vaya a funcionar. Perderte no debería ser una opción. Si de verdad te importo como tanto has proclamado, no estarías pensando en abandonarme, ¡no tú!... que sabes lo que se siente estar solo —recriminó con crudeza, mostrando su desesperación—. ¿Temes que vea dentro de ti y corra? ¿Que no te quiera?

—No deberías. No puedes quererme. No soy ni la mitad de bonita de lo que fui. Ya no soy inocente ni simpática, menos alegre y amable. Soy una ruina, mi cuerpo ya sólo un contenedor repugnante y patético. ¿Y mi cabeza?, ¡ja!, está jodida de veinte maneras distintas —se burló con desprecio.

—No para mí…

—Esa es la peor parte Sasuke. Porque, a pesar que sé todo eso, egoístamente me regodeo al saber que tú no lo ves así. ¿Comprendes ahora?, ¿entiendes de una vez por todas, mi maldad?. Hasta qué grado llega mi oscuridad. Si fuera alguien noble, no me alegraría tanto el escuchar que te importo. No aprovecharía cada guiño de tu interés, ni esperaría avariciosamente por cada muestra de afecto que me das. Incluso hasta he llegado a pensar que estos ataques de angustia no son más que para llamar tu atención. ¿Ves?, soy una persona horrible. No me importa si es por pena, culpa o caridad, siempre y cuando te tenga conmigo. Deberías huir Sasuke, antes de que te consuma, de que te asfixie con mi dependencia… No creo que este momento de bondad, no… de debilidad, vaya a repetirse —advirtió con la respiración agitada, sus mejillas desde hacía tiempo anegadas de lágrimas.

Prefería que fuese Sasuke el que la rechazara a ella, a que él se sintiese rechazado. No podía sacarse de la cabeza la desolada expresión que le lanzó cuando pensó que ella elegiría a su hermano, aunque estuviese muerto, antes que a él, que tanto seguía haciendo por ella.

— ¿Y si no quiero huir?, ¿Qué pasa si soy igual que tú, Sakura? Mi aspecto exterior no es más que un espejismo, soy feo por dentro. Si pudieras escuchar lo que estoy pensando, serías tú la que correría asustada. ¿Quieres averiguar lo que guardo?, ¿quieres que te lo diga?

Se acercó peligrosamente hasta ella. Sakura se quedó quieta en su sitio, para nada intimidada. Éste era Sasuke, su Sasuke. El hombre en el que confiaba con su vida, al que amaba. Asintió lentamente, hipnotizada por sus negros ojos.

—Me gusta Sakura, ¿Qué clase de monstruo soy, que me alegro de que estés rota?, que me necesites con tanta desesperación. De esa manera eres perfecta para mí. No tengo que aspirar a ser alguien que no puedo ser, porque no serás exigente. No me pedirás que sea el mejor en nada. Has sido testigo de mis arranques, de mi torpeza emocional, de mi antipatía, y no te importa. Aun así sigues anhelando tenerme a tu lado. Aun así, sigues confiando en que te protegeré, aun así me seguirías ciegamente hasta el mismísimo infierno…

—Sí, lo haría —admitió de inmediato, asombrada por la sincera confesión que acababa de escuchar y la cual nunca imaginó saldría de la boca de Sasuke.

— ¿Y por qué lo harías? —exigió apretando su barbilla, impidiéndole eludirlo—. ¡Dilo! —demandó fuera de sí mismo, por fin las máscaras habían caído—. Y cuando lo hagas, cuando sea yo al que por fin escojas, te advierto que no habrá marcha atrás.

Sakura temblaba, pero no era terror. Aquella inquietud provenía de algo mucho más peligroso, algo que jamás había experimentado. Era anticipación. Su cuerpo ardía de necesidad. No tenía dónde esconderse ni tampoco podía mentir, él la descubriría. Así que optó por la opción más obvia, la verdad. Aquella que la condenaría, pero a la vez la redimiría.

—Porque… porque te quiero… Te amo Sasuke. ¡Te amo con locura como la loca que soy! —exclamó liberada.

—Por fin —asintió, recobrando la esperanza. Luego la tomó de la mano y la jaló hacia el baño más cercano.

Encerrándolos a ambos e interponiéndose entre la salida y ella, la arrinconó en el lavabo. Allí no podrían verlos, las cámaras no registrarían lo que estaba a punto de suceder.

Bajó con lentitud la cabeza, dándole oportunidad de alejarse si es que era eso lo que quería. A pesar de sus palabras, jamás la obligaría a nada. Ella no lo hizo. Sus bocas se tocaron tentativamente, el roce de sus labios apenas sintiéndose. Sakura cerró los párpados, abrazándose a su cuello y ciñéndose a su cuerpo. Usó la lengua, invitándola a abrirse a él. Pronto ambos se enzarzaban en una lucha de caricias y gemidos. El primer beso, paciente y casto, siendo reemplazado por un beso húmedo, profundo y apasionado.

—Eres mía Sakura —susurró alejándose para darle oportunidad de recuperar el aliento—, con todas tus inquietudes… tus inseguridades y delirios, incluso tus fantasmas… eres mía —repitió resuelto.

Completo y satisfecho por primera vez en su vida.

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Aparcó el auto rentado a algunos metros de la destartalada y humilde granja. Las luces estaban encendidas, el viejo seguramente seguía despierto, vaciando las botellas de licor que él se encargaba de financiarle.

Bajó sin prisa, sin preocuparse por cerciorarse si había alguien en los alrededores. La casucha estaba a varios kilómetros alejada del pueblo, además nadie se acercaba. Sabían que el dueño de aquellas tierras no tenía muy buen temperamento.

Retirando el caliente gorro, descubrió su cabello para ser más identificable para el viejo. Se abrochó el abrigo, el clima helado así lo ameritaba. Sacó sus guantes del bolsillo y se los colocó con precisión. Por último, tomó su bolso de viaje del portaequipaje. Se había puesto en marcha apenas saber las buenas noticias. No temía ser descubierto o detenido, seguro los del equipo ANBU todavía estaban volviéndose locos por su llamada, por lo que no anticiparían su movimiento hasta que fuese demasiado tarde.

Caminó los pocos metros que lo conducían a la puerta de entrada. Después de dos timbrazos, se escucharon algunos torpes pasos acercándose.

La luz de adentro se vertió sobre él cuando por fin le abrieron. El descuidado hombre parpadeó furiosamente, como si intentara que sus ojos enturbiados por el alcohol, examinaran al inesperado visitante. Después de varios segundos, el reconocimiento pareció brillar en su perdida y triste mirada.

— ¡Oh, pero si eres tú muchacho!, ¿qué haces ahí en el frío? ¡Pasa, pasa!. ¿Qué noticias me traes?, ¿Ella por fin vino contigo? —preguntó ilusionado, buscando entre las sombras de la noche por su posible acompañante.

—Hn. No, tampoco en esta ocasión pudo acompañarme —respondió amable, la expresión del viejo decayó por la decepción—, pero no te preocupes. Ella vendrá. Te ha extrañado mucho, por lo que estará aquí pronto. De hecho, por eso me he adelantado. Verás, quiero que le demos una sorpresa. Una que no olvidará jamás. Qué opinas mi buen amigo, ¿quieres ayudarme? —sonrió siniestramente, cerrando la puerta.

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El componente principal del amor, es la locura. Sólo dejando fuera a la razón, se comprende que estemos tan dispuestos a experimentar tan temerario y peligroso sentimiento.

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Entrando el año, les traigo capítulo.

Han pasado muchos meses, en los cuales me ha sido prácticamente imposible ponerme al corriente con fanfiction. Mi trabajo se puso duro y pues me quedó casi nada de espacio para mi lado de escritora de fics.

Este capítulo (que es un poco extenso), así como el de la madre virgen, y una complacencia —que dentro de poco deseo estar colocando— son el resultado de sacrificar mis descansos, hehe.

Espero que sigan conservando una pizca de su interés, les juro que no los descuidé con el afán de dejarlos/as colgados/as. Por el contrario, no regresar me mortificaba mucho. El siguiente capítulo será más movido, no sé si disfruten de este, en lo personal ha sido complicado plasmar la idea que quería, ojalá haya logrado dejarla clara. Ya comienza el romance, no será tan rosa, pero de que hay amor, lo hay.

En fin, gracias si se pasan por acá, sepan que sigo en pie, dispuesta a continuar con esta que es mi pasión.

Cuídense mucho. Mis mejores deseos para este año que comienza, espero que sea mucho mejor que el que terminó. Les mando un fuerte abrazo, ¡nos leemos pronto!

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Que siga perdurando el:

¡SasuSaku CANON!

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