Aclaración:

Los personajes de Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Advertencia: Lenguaje sexual - OOC


12: Apuesta


Neji encontró a Tokuma junto a la cuadra. este respiraba con dificultad y tenía los ojos desorbitados. Jamás habían sido amigos. Su relación había sido la de hermanos enfrentados que vivían bajo el mismo techo, con Hiashi como figura paternal. De niños, habían jugado y se habían peleado juntos. De adultos, habían trabajado el uno al lado del otro. Tras las muchas muestras de afecto que Hiashi le había dispensado a Tokuma, Neji no habría esperado una traición tan baja.

Sentía una mezcla de confusión y rabia, y sacudió despacio la cabeza mientras lo miraba fijamente.

-No sé por qué lo hiciste -empezó-. ¿Qué creías que ibas a ganar con ello?

-Gané un soberano -replicó Tokuma- Y valía la pena para librarse de esa idiota tartamuda.

-¿Estás loco? -repuso Neji con rabia- ¿Qué te pasa? Se trata de la hija de Hiashi. ¡No deberías haberlo hecho ni a cambio de mil libras!

-Ella nunca hizo nada por su padre -replicó Tokuma con dureza-.Y tampoco por el club. Pero viene al final para ver cómo la palma y se lo queda todo. ¡Maldita sea esa zorra y también el cabrón de su marido!

Neji lo escuchó, pero no logró entender el motivo de sus celos. A un gitano le costaba comprender que alguien sintiera resentimiento por cuestiones materiales. El dinero sólo daba el placer pasajero de gastarlo. En la tribu nómada a la que Neji había pertenecido hasta los doce años, a nadie se le ocurría siquiera desear más de lo que necesitaba. Un hombre sólo podía llevar un traje o montar un caballo cada vez.

-Es la única hija de Hiashi -dijo-. Lo que le haya dado o no, no es asunto nuestro. Pero no hay nada peor que traicionar la confianza de alguien que depende de tu protección. Ayudar a que alguien se la lleve contra su voluntad...

-¡Volvería a hacerlo! -aseguró Tokuma, y escupió en el suelo entre ambos. Neji lo observó y se percató de su mal aspecto. Estaba pálido y tenía los ojos apagados.

-¿Estás enfermo? -le preguntó-. Si es así, dímelo. Hablaré con St. Namikaze por ti. Quizá consiga que...

-¡Maldito seas! Estaré mejor sin ti, basura gitana. Estaré mejor sin ninguno de ustedes. Aquel odio violento no dejaba lugar a dudas. No tenía arreglo. La única duda era si llevarlo al club o dejar que huyera. Al recordar el brillo despiadado en los ojos de St. Namikaze, Neji pensó que el vizconde podría matar a Tokuma, lo que conllevaría sufrimiento a todo el mundo, sobre todo a Hinata. No; sería mejor dejarlo ir.

Con los ojos clavados en la cara palida de aquel hombre al que conocía desde hacía tantos años, Neji sacudió la cabeza, perplejo y enfadado. Su gente lo llamaba «pérdida del alma»: la esencia de un hombre quedaba atrapada en algún reino sombrío de otro mundo. Pero ¿cómo le había pasado a Tokuma? ¿Y cuándo?

-Será mejor que te mantengas alejado del club -murmuró-. Si St. Namikaze te ve...

-St. Namikaze puede pudrirse en el infierno -gruñó Tokuma, y le lanzó un golpe rápido. Neji esquivó el puño y saltó hacia un lado. Entornó los ojos al ver cómo el otro se volvía y huía.

El relincho nervioso de un caballo bayo atado a un palo cercano lo distrajo. Pensativo, se acercó y acarició el suave cuello del animal. Sus anillos de oro brillaron a la luz de la tarde.

-Era un insensato -dijo al caballo en voz baja para tranquilizarlo. Se le escapó un suspiro al pensar en algo más: «Hiashi le dejó un legado, y yo prometí cerciorarme de que lo recibiera. ¿Qué debo hacer ahora?»

...

Naruto llevó a Hinata al club, cuyo silencio resaltaba tras el incidente del callejón. A Hinata le costó seguir las largas zancadas de su marido y, para cuando llegaron a la sala de lectura de la planta baja, jadeaba. Los estantes empotrados de caoba estaban llenos de tomos encuadernados en piel. También había diarios y revistas dispuestos en soportes especiales. Naruto la hizo entrar y cerró la puerta tras ellos.

-¿Te lastimaron? -preguntó con brusquedad.

-No. -Hinata intentó contenerse, pero las palabras le salieron en un arranque de resentimiento-: ¿Por qué estuviste tanto rato fuera? ¡Te necesitaba y no estabas aquí!

-Había treinta empleados para protegerte. ¿Por qué bajaste? Deberías haberte quedado arriba hasta comprobar quién te llamaba.

-Tokuma me dijo que era Ino. Y entonces, cuando vi que eran mis tíos, Tokuma no me dejó volver a entrar en el club. Me empujó hacia ellos.

-Dios mío -soltó Naruto con los ojos desorbitados-. Voy a despedazar a ese gusano.

-Y mientras todo esto pasaba -prosiguió Hinata, colérica-, tú estabas en la cama con una prostituta. -En cuanto lo dijo, se percató de que, para ella, éste era el quid de la cuestión, más importante aún que la traición de Tokuma o la intentona de sus tíos. Lo que en realidad la indignaba era que Naruto la hubiese engañado tan pronto.

-No es así -replicó él.

-No me mientas -le espetó Hinata, y la rabia mutua cargaba el aire-. Sé que sí.

-¿Por qué estás tan segura?

-¡Porque estuviste en el local de madame Guren más de dos horas!

-Estaba hablando de negocios. ¡Hablando, Hinata! Si no lo crees, allá tú. Si me hubiera acostado con alguien, te garantizo que estaría mucho más relajado de lo que estoy. Al ver los ojos de Naruto, tan duros como un estanque helado, Hinata empezó a serenarse. No le quedaba más remedio que creerlo: era evidente que su acusación lo había ofendido.

-Ya -murmuró.

-¿Ya? ¿Es lo único que vas a decir?

-Supongo que no debería haber sacado conclusiones precipitadas. Pero conociendo tu pasado, pensé que... Sus malas excusas parecieron acabar con el escaso dominio que conservaba Naruto.

-¡Pues te equivocaste! Por si no te has dado cuenta, estoy tan ocupado que no tengo un solo minuto de descanso en todo el día. No tengo tiempo para ningún revolcón. Y si lo tuviera... -Se detuvo de golpe. Cualquier parecido con el elegante vizconde que ella había visto de lejos en el salón de lord Uchiha había desaparecido. Estaba despeinado, magullado y furioso. Respiraba con dificultad-. Si lo tuviera... -Se interrumpió de nuevo, el rostro encendido.

Ella vio el instante exacto en que perdía el control. Alarmada, intentó dirigirse hacia la puerta, pero al punto él la sujetó e inmovilizó contra la pared. El olor a lino húmedo de sudor y a hombre excitado anegó las fosas nasales de Hinata. Naruto le apoyó los labios en la sien. El corazón de su mujer se saltó un latido. Otro instante de quietud. Hinata sintió el excitante roce de su lengua en una ceja. Y la respiración sobre ese punto mojado le provocó escalofríos. Naruto le acercó la boca a la oreja y siguió sus intrincados contornos.
Los susurros de Naruto parecieron llegarle de los rincones más oscuros de su propia mente.

-Si lo tuviera, Hinata, ya te habría arrancado la ropa con las manos y los dientes. Ya te habría tumbado en la alfombra, te habría cogido los pechos para lamerlos y besarlos hasta dejarte los pezones erectos, y entonces los mordería con suavidad... Hinata se sintió desvanecer mientras él seguía murmurando Con voz queda.

-Te besaría el cuerpo hasta los muslos, centímetro a centímetro. Y cuando llegara al vello pelinegro, te lamería cada vez más hondo, hasta encontrar la perla de tu clítoris, donde dejaría la lengua hasta que lo sintiera palpitar. Lo rodearía, lo acariciaría, lo lamería hasta oírte suplicar. Y entonces te chuparía, tan suave y tiernamente que empezarías a gritar de deseo. Introduciría la lengua en tu vagina y te saborearía, te comería. No me detendría hasta que todo tu cuerpo estuviera empapado y tembloroso. Y cuando te hubiera torturado lo bastante, te separaría las piernas, te penetraría y te amaría... te amaría... Naruto se detuvo y ambos permanecieron inmóviles, excitados y jadeantes.

-Estás mojada, ¿verdad? -preguntó por fin con voz casi inaudible.

Si hubiera sido físicamente posible sonrojarse más, Hinata lo habría hecho. El pudor vulnerado le abrasó la piel. Movió la cabeza levemente para asentir.

-Te deseo más que a nada en este mundo -musitó Naruto antes de inspirar entrecortadamente-. Dime qué debo hacer para tenerte. Dime cómo puedo conseguir que duermas conmigo.
Hinata lo empujó en vano, incapaz de zafarse de aquel cuerpo estimulante.

-No lo conseguirás -susurró-. Porque lo que querría es lo único que no podrías darme: que me fueras fiel.

-Podría -contestó él con demasiada rapidez. Olía a falsedad.

-No lo creo -susurró Hinata.

El le cogió la cara entre las manos y le acarició las mejillas con los pulgares, las bocas casi tocándose.

-Hinata, no podré cumplir nuestro acuerdo. No puedo vivir contigo, verte todos los días, y no tenerte. No puedo... Notó que su esposa temblaba y agachó la cabeza para besarle el cuello. Ella reaccionó al calor persuasivo de sus labios, y al contacto de sus dedos, que le acariciaban los pechos. Al oír su gemido apagado, él la besó apasionadamente. Ella volvió la cabeza casi por inercia, con un hormigueo de placer en los labios.

-No, Naruto...

Él le pasó la mejilla por los cabellos, y de pronto soltó una carcajada suave e irónica.

-Tendrás que pensar en una forma de solucionar esto, Hinata. Piensa en algo deprisa porque si no... -Se detuvo para mordisquearle la oreja-. Si no, voy a follarte hasta dejarte sin sentido.

-Esa palabra no... -se indignó ella con los ojos desorbitados, pero él la acalló con un beso. Naruto retrocedió y la observó con una exasperación divertida.

-¿No te gusta la palabra en sí, o el sentimiento que expresa?

Hinata se escurrió entre su cuerpo y la pared.

-No me gusta que sólo me desees porque no puedes tenerme -le dijo-. No quiero ser una novedad...

-Esa no es la única razón -repuso él con rapidez.

Ella le lanzó una mirada escéptica.

-Además, nunca seré pa... parte de un harén de mujeres a las que visitas al azar. De repente, Naruto desvió la mirada, como tocado en un punto vital. Hinata esperó a que él aceptase la verdad de sus palabras. Su marido alzó despacio los ojos y los fijó en los suyos.

-De acuerdo -dijo con voz ronca-. Acepto tus condiciones. Seré... monógamo. -Le costó pronunciar esta palabra, como si perteneciese a otro idioma.

-No te creo.

-¡Recorcholis, Hinata! ¿Sabes cuántas mujeres han intentado arrancarme esta promesa? Y ahora, la primera vez que estoy dispuesto a hacerla, no me crees. Admito que tengo un historial agitado...

-Promiscuo -lo corrigió ella.

-Vale, promiscuo, libertino, como prefieras -soltó él con un resoplido de impaciencia-. Me lo he pasado muy bien, y no voy a pedir perdón por ello. Jamás me he acostado con una mujer que no lo deseara. Ni, que yo sepa, he dejado a ninguna insatisfecha.

-No es eso -comentó Hinata, ceñuda-. No te culpo por tu pasado ni intento castigarte por él.

-No hizo caso de su resoplido escéptico y prosiguió-: Pero has de admitir que no te hace especialmente idóneo para la fidelidad, ¿no crees?

-¿Qué quieres de mí? ¿Qué me disculpe por ser hombre? ¿Un voto de celibato hasta que hayas decidido que merezco tus favores?
La pregunta sorprendió a Hinata. Las mujeres solían entregarse con facilidad a Naruto. Si lo hacía esperar, ¿perdería el interés por ella? ¿O quizá podrían llegar a conocerse y comprenderse de un modo distinto? ¿Podría llegar él a valorarla por aspectos más allá de los carnales? Quería ser para él algo más que alguien con quien compartir la cama.

-Naruto -preguntó con prudencia-, ¿alguna vez has hecho algún sacrificio por una mujer?.
Él apoyó un hombro contra la pared con aspecto de ángel triste.

-¿Qué clase de sacrificio?

-Cualquiera.

-Pues... no.

-¿Cuál es el período más largo que has estado sin... sin... -buscó una expresión aceptable-sin hacer el amor?

-Yo no lo llamo así-soltó Naruto-. El amor no tiene nada que ver en ello.

-¿Cuánto tiempo? -insistió.

-Un mes, quizá.

-Muy bien -dijo Hinata tras reflexionar un instante-, sino tienes relaciones con ninguna mujer en seis meses, me acostaré contigo.

-¿Seis meses? -exclamó Naruto abriendo unos ojos como platos-. Cariño, ¿qué te hace pensar que vales medio año de celibato?

-Tal vez no lo valga. Tú tienes la respuesta.

A Naruto le habría encantado informarle de que no lo valía. Sin embargo, mientras la repasaba con la mirada, Hinata vio el inconfundible brillo de la lujuria en sus ojos. La deseaba con locura.

-Imposible -sentenció.

-¿Porqué?

-Porque soy Naruto, lord St. Namikaze. No puedo ser célibe. Todo el mundo lo sabe. Era tan arrogante y estaba tan indignado, que Hinata tuvo que morderse el labio para evitar reírse. Finalmente, logró hablar con calma.

-Seguro que no te pasaría nada si lo probaras.

-Ya lo creo que sí -la contradijo, y trató de explicárselo-. Eres demasiado inexperta para entenderlo, pero algunos hombres poseen un apetito sexual mayor que otros. Resulta que yo soy uno de ellos. No puedo pasar largos períodos de tiempo sin... -Se interrumpió con impaciencia al ver su expresión-. Maldita sea, Hinata, no es sano que un hombre no libere regularmente su simiente.

-Tres meses -cedió ella-. Y es mi última oferta.

-¡No!

-Pues ve a buscarte otra mujer -repuso Hinata con tono inexpresivo.

-Te deseo a ti. Solamente a ti. Vete a saber por qué. -Naruto la fulminó con la mirada, con los ojos como hendiduras brillantes-. Debería forzarte. No tienes derecho legal a rechazarme. A Hinata le dio un vuelco el corazón y palideció. Pero no iba a ceder. Algo en su interior la compelía a hacerle frente como a un igual.

-Adelante, pues -lo desafió con serenidad-. Fuérzame. Vio el parpadeo de sorpresa de su marido, el movimiento de su garganta al tragar saliva, y entonces lo supo.

-No puedes. Jamás habrías violado a Sakura. Era sólo un farol. Eres incapaz de forzar a una mujer -sentenció con una sonrisa, asombrada de su descubrimiento- Sakura no corrió el menor peligro, ¿verdad? No eres el bribón que finges ser, Naruto St. Namikaze.

-¡Sí que lo soy! -La sujetó y la besó con rabia.

Pero Hinata no se resistió. Cerró los ojos y lo dejó hacer. Poco después, Naruto gemía y la besaba con una excitante pasión llena de ternura. Cuando Naruto por fin apartó la cabeza, ambos estaban temblando.

-Hinata... -graznó-. No me pidas esto.

-Tres meses -insistió ella-. Si lo consigues, me acostare co... contigo siempre que lo desees.

-¿Durante cuánto tiempo?

-Todo el tiempo de vida que nos conceda el Señor. Pero si no lo logras...

-Se detuvo para pensar la peor consecuencia posible, algo que lo sublevara profundamente
-Si no lo logras, irás a ver a tu antiguo amigo lord Uchiha para disculparte por raptar a Sakura.

-¡Mierda!

-Ése es mi precio.

-Demasiado alto. Yo jamás me disculpo.

-Pues entonces rechaza mi desafío. O si lo aceptas, esmérate por conseguirlo.

-¿Cómo sabrás que no hago trampa?

-Lo sabré.

Hubo un largo momento de silencio.

-¿Dónde está tu alianza? -preguntó de repente Naruto.

La sonrisa de Hinata se desvaneció.

-Me la quité -masculló sin más explicaciones, ya que le daba vergüenza admitir que lo había hecho por despecho.

-¿Qué hiciste con ella?

-Yo... Está aquí-dijo, y rebuscó torpemente en el bolsillo-. Volveré a ponérmela si quieres.

-Dámela.

Hinata supuso que quería quitársela para siempre y cerró con fuerza la mano. De repente, descubrió que le había tomado mucho apego al maldito anillo. Aun así, el orgullo le impidió pedirle que la dejara conservarlo. A regañadientes, se sacó la alianza de oro del bolsillo y tocó con la yema del dedo por última vez aquellas palabras grabadas: Tha Gad Agam Ort...

Naruto tomó el anillo e intentó ponérselo. Como tenía las manos mucho más grandes, sólo le cabía en la punta del dedo meñique. Entonces le sujetó el mentón y la miró con dureza.

-Acepto la apuesta -dijo con gravedad-. Voy a ganarla. Y de aquí a tres meses, volveré a ponerte esta alianza en el dedo, te llevaré a la cama y te haré cosas prohibidas en el mundo civilizado.

La determinación de Hinata no la protegió de la alarma que cualquier mujer hubiese sentido ante una afirmación tan inquietante. Y tampoco impidió que las rodillas le fallaran cuando él la atrajo bruscamente para besarla. Llevó las manos hacia la cabeza de su marido con un movimiento tembloroso. Era imposible resistir la textura de su pelo, los rizos tan frescos y densos en la superficie, y tan cálidos y húmedos en la raíz. Deslizó los dedos entre aquellos relucientes cabellos dorados y lo atrajo más hacia ella, gozando con la presión ardorosa de sus labios.
Sus lenguas se encontraron, se deslizaron, se rozaron, y con cada caricia Hinata notó una oleada de calor en la entrepierna. No, en un sitio más profundo aún: en su vagina tensa y húmeda. La asombró percatarse de lo mucho que deseaba volver a tenerlo ahí.
Cuando se separaron, la frustración se apoderó de ambos.

-No dijiste que no pudiera besarte -comentó Naruto con ojos ardorosos

-Voy a besarte todo lo que quiera y tan a menudo como quiera, y tú no rechistarás. Es la concesión que harás a cambio de mi celibato. Maldita sea. Sin darle tiempo a aceptar o negarse, la soltó y se dirigió rápidamente hacia la puerta.

-Y ahora, si me disculpas -añadió desde el umbral- tengo que ir a matar a Tokuma.

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Continuará...