El título, así como los encabezamientos de las distintas partes del capítulo pertenecen a la canción "una palabra" de Carlos valera. si podeís, escuchadla entera, porque es cortita pero preciosa. y ahora sí, sin más dilaciones, el capítulo que tanto habeis esperado.
Una palabra no dice nada, y al mismo tiempo lo esconde todo...
Hermione vagaba por el castillo pensando en el plan que Theo y Harry habían trazado. Tenía muchos fallos, pero era cuestión de días el que estuviese perfeccionado. Draco les había puesto de límite mes y medio para su entrenamiento contando a partir del día de mañana. Estuvieron menos de media hora reunidos y luego cada cual se fue a descansar o a hacer lo que normalmente ocupaba su tiempo. Y ella decidió pensar.
Su caminar sin rumbo la condujo hasta la biblioteca. Entró con la esperanza de encontrarse con Theo. Necesitaba de su calma y buen humor para tranquilizarse. Lo encontró al final de la estancia, medio escondido por una torre de pergaminos. Se había quedado dormido sobre un libro y roncaba suavemente. Se sentó a su lado y lo observó. Había aprendido a quererlo como algo más que un buen amigo o compañero de cama. Para ella se había convertido en su amor tranquilo, aquel que llevaba la calma a su atormentada alma, aquel que le había ayudado a superar el dolor de la ruptura con Draco. Se inclinó sobre él y le besó en la frente. El chico se removió en sueños mientras sonreía, contagiandola a ella.
-Te quiero, Theo...
Salió de la biblioteca aún más pensativa que antes. Le había dicho que le quería, pero no tenía el mismo significado que cuando se lo decía a Draco. El tequiero de Theo había salido de su corazón, de esa parte de ella que anhelaba el amor romántico de los cuentos de hadas. Se dejó caer sobre un banco y continuó con sus pensamientos. ¡Que una palabra como querer pudiese sonar tan vacía y a la vez tan llena de significados...! Porque los te quiero hacia Draco nacían no sólo de su corazón, sino también de su alma. Porque el amor de Draco no era el de un cuento de hadas, sino el de uno de terror. Oscuro, peligroso... pero intenso y por ello auténtico, sin dobleces ni falsedades.. Era eso lo que tanto la gustaba, por eso no podía evitar gravitar en torno al rubio... Y por eso, sentía que algo no iba bien...
Una mirada no dice nada, y al mismo tiempo, lo dice todo...
Draco sabía que el tiempo se le escurría entre los dedos como la arena del desierto. Se sentía de nuevo como cuando Voldemort vivía y él era prisionero en su propia casa. La misma sensación de impotencia le iba ganando terreno a la esperanza. Caminaba por los jardines, intentando despejar su mente y buscando soluciones a las lagunas del, por otra parte magnífico, plan de Theo y Potter.
Pero sus neuronas no estaban por la labor. Habían decidido centrarse en una única persona. A su mente volvían una y otra vez imágenes de la leona que le había arrebatado el alma y el corazón hacía años.
-¡Maldita Hermione! ¡Malditos sentimientos! ¡Maldito yo por volverme un sentimentaloide!
Colocó sus manos entrelazadas en la nuca y contempló el cielo encapotado. Llevaban varios días con lluvia y un mal tiempo poco común en la zona. Aquello sólo significaba una cosa: los dementores habían perdido el miedo y campaban a sus anchas por la Isla. Pero para él eran el menor de sus problemas. Giró sobre sí mismo sin despegar los ojos de las alturas, hasta que la vió de reojo. Paseaba por los pasillos superiores, la melena indomable sacudida por el frío viento. Se deleitó con aquella nueva vista hasta que ella giró la cabeza y lo miró fijamente a los ojos.
Draco sintió cómo el aire se le iba de los pulmones. Aquellos preciosos ojos, sus amados ojos, estaban empañados por la tristeza. Hermione levantó la mano y lo saludó intentando parecer contenta. Él se limitó a hacer un gesto con la cabeza para que bajara a donde estaba parado. Ella asintió y desapareció de su vista.
El joven mago se quedó pensando en aquella mirada de la que había sido testigo involuntario. Parecía que sólo era una mirada triste ante la dificil situación en la que se encontraban. Pero él, durante todos los años que pasó bajo la mano de Voldemort, había aprendido que las miradas que aparentemente no dicen nada, en realidad ocultan una extensa historia. Y la mirada de Hermione era de esas últimas. Bajo la falsa capa de tristeza se ocultaba algo más grave. Y él no tardaría mucho en averiguar de qué se trataba.
Una verdad no dice nada, y al mismo tiempo lo esconde todo...
Hermione se paró ante Draco y esperó en silencio. Se había sorprendido al verlo allí, contemplando el cielo. Lo saludó por mera cortesía, pero él la invitó a acompañarlo con un gesto. No supo por qué, pero necesitaba estar con él, a pesar de haber estado juntos hacía menos de dos horas.
-Dime qué es lo que te pasa. -Directo como sólo él sabía ser. Clavo en ella sus fríos ojos plateados. Ojos que en esos momentos destilaban ternura.
-¿Qué me estáis ocultando? -igual de directa. Demostrando que por algo la llaman la bruja más inteligente de su generación.
-No te andas con rodeos... Creo que has pasado demasiado tiempo alternando con serpientes, leoncita.
-No intentes irte por las ramas, Malfoy -espetó ella con dureza. Sentía que, si se relajaba siquiera un poco, rompería a llorar. Porque la opresión que sentía en el pecho se iba haciendo cada vez más grande. Como un mal presentimiento.
-Vaya. Volvemos al apellido. Bien, Granger -pronunció su apellido arrastrando las sílabas, como solía hacer en el colegio- Se me está acabando el tiempo. El puto tatuaje no dejará de crecer. Y ya sabes lo que sucederá si eso pasa...
-Que te volverás como Voldemort o peor... -susurró ella.- Pero si derrotamos a Morgana...
-Da igual que la derrotemos o no. Al menos que ocurra un puto milagro de esos de los que andáis sobrados Potter y tú, estoy condenado.
Hermione lo abrazó por la espalda. Pegó su oreja al cuerpo de él y escuchó el lento latir de su corazón. Sabía que no estaba siendo completamente sincero. Que aquella aparente verdad estaba disfrazada con una mentira aún mayor. Dejó que las lágrimas corrieran por su rostro.
-Draco, por favor... dime la verdad. Toda la verdad. No quiero más mentiras... por favor.
Era tan lastimero su tono de voz que él sintió cómo se le retorcían las entrañas. No podía mentirle. No cuando se lo pedía de aquella manera.
-Cuando todo esto acaba, para bien o para mal, yo moriré. Ya te he dicho que hace falta un milagro para que no me convierta en... un monstruo. -Se giró despacio y la abrazó con fuerza- Me jode. Me jode muchísimo porque podríamos ser felices, muy felices una vez acabase todo. Me importaría una mierda si esa loca ganase. Buscaría el rincón más apartado de esta jodida isla y te construiría un hogar donde vivir, envejecer y morir juntos. Me encantaría que todo esto acabase con Morgana muerta, pues podríamos disfrutar de todos nuestros amigos y ser felices en libertad, sin preocupaciones. Pero la vida es una puta con un sentido del humor horrible. Y parece que se ha empeñado en joderme a cada minuto...
Hermione soltó una risa ahogada entre sollozos. Siempre tan franco y siempre tan burro a la hora de expresarse. Despegó la cara de su pecho y lo miró fijamente.
-Sí un día me faltas, no seré nada. No podré vivir sin tí. Te has convertido en parte de mi ser, de mi esencia. -Alzó una mano y acarició aquel rostro tan amado- Porque en tus ojos están mis alas. Cada vez que te miro puedo verme tal como soy, libre de encasillamientos, libre de todo eso que han dicho de mi desde que entré en el Mundo Mágico. Mirándote a los ojos puedo ser simplemente Hermione. Pero también está la orilla donde me ahogo. Porque hay veces que no te entiendo, que no soy capaz de seguir la linea de tus pensamientos. Y me siento desbordada. Tengo ganas de estrangularte, de irme y mandarte a la mierda. Pero cuando no he hecho más que dar dos pasos, mi maldito corazón se adueña de mi cuerpo y me obliga a dar media vuelta y buscarte. Porque tú eres tan mío como yo soy tuya. Y eso ni la loca de Morgana ni Merlín en persona lo podrán cambiar.
-Ni Morgana ni Merlín -Draco se inclinó y la besó con verdadera pasión. Al carajo Morgana, el Mundo Mágico y la mala madre que los parió a todos. Él iba a disfrutar de su tiempo con ella y nada lo distraería de ello.
