Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.

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.::Parte de Lily::.

XIII

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La directora McGonagall da el mismo discurso a los graduados de todos los años, señalando frente a los cientos de orgullosos familiares y sus alumnos lo dichosa que se siente de poder estar presente en la graduación de la primera generación nacida tras el fin de la guerra, aquellos cuyo nacimiento marcó el final de una época plagada de terror y muerte, rindiendo también un breve homenaje también a todos esos padres que se habían ido de éste mundo sin poder ver crecer a sus hijos, dando sus vidas por un futuro para ellos. Y es en esa parte cuando Teddy siente que se le cierra la garganta y las lágrimas arden en sus ojos; McGonagall repeti que todos deben sentirse orgullosos por sus seres queridos muertos en la guerra, pero Ted no puede evitar pensar en que solo le gustaría que sus padres estuvieran con él ahora, mirándolo, felices, desde el lugar que Harry ocupa junto a su familia. Y no es que Teddy no ame a los Potter, pero son esas ocasiones, cuando ve a todos los padres entre el público, llenos de orgullo por sus hijos, cuando se siente más incompleto que nunca, tanto que le duele. Sin embargo, cuando levanta la mirada para limpirse las lágrimas y sus ojos se encuentran con los de Lily Luna y ésta le sonríe, Teddy vuelve a sentir calidez en su corazón, y ésta le gana a la tristeza. Y de pronto piensa en que, estén donde estén, sus padres lo acompañan en cada latido de su corazón, y se sienten felices de poder verlo graduándose junto a todos sus amigos. Entonces le sonríe a Lily de regreso, y atrapa el beso que ésta le arroja momentos antes de que la directora termine su emotivo discurso:

—Y he estado muy orgullosa de cada alumno que se ha graduado desde que empecé a enseñar aquí en Hogwarts —dice con sentimiento, pero Teddy se concentra en Higgs, que está sobre el escenario tras McGonagall, con su mejor cara seria —, pero aun así debo decir que esta generación es especial, no porque lo diga yo, sino porque muchos de ustedes nacieron en medio de la guerra —anuncia, mirándolos a todos en general, también a Higgs, mientras hace una pausa, con la voz ligeramente estremecida —Ustedes fueron la primera generación en crecer en éste nuevo mundo, libres y sin miedo; ustedes son nuestra esperanza para que nuestro mundo siga creciendo en base a la paz, el amor y la hermandad. Así que, ¡generación del 2013, levanten sus varitas al cielo! ¡Hoy ustedes empiezan a escribir un nuevo capítulo en la historia! —exclama, y los invitados estallan en aplausos mientras Teddy, Tadeus y los demás graduados y profesores levantan sus varitas y cientos de luces amarillas salen disparadas hacia el techo del Gran Salón, disolviéndose en miles de pequeños fuegos artificiales mientras la multitud se pone de pie y aplaude con más ganas.

Es un momento emocionante y feliz; todos los graduados rompen filas al fin tras dos horas de ceremonia empiezan a reír, gritar y abrazarse, sin distinción de casa, pues hoy todos son iguales.

Teddy se cuelga al cuello de Armaund Foley, un chico de Gryffindor, y vuelve a mirar a Higgs, que, como Premio Anual, está en el escenario junto a los profesores y la directora, y, guiado por el momento, el joven Lupin estira los brazos hacia él y ríe. Su amigo le sonríe con discreción y tras los saludos y las fotografías protocolares salta del escenario, uniéndose a la euforia de sus ahora ex compañeros, tirándose sobre la espalda de Ted para empezar a dirigir los gritos y vítores de los recién graduados que se apoderan de todo el Gran Salón.

Y el festejo dura solo hasta que es hora de reunirse con las familias para presumir de las medallas, los diplomas y reconocimientos ganados, pero la alegría perdura en los rostros jóvenes de los graduados, también en el Ted, cuya tristeza ya abrió paso a una gran euforia antes de que corra a reunirse con la que él ya considera su familia.

—¡Teddy!

—¡Lilu!

Lily es la primera en correr hacia él, saltando a sus brazos como si tuviera un resorte en los pies. Segundos después, Teddy se ve rodeado de todos los niños Potter y Weasley, que ríen y festejan con él, colgándose de sus brazos y cuello, al menos hasta donde Lily Luna se los permite. Incluso Cathy tiene que mantenerse alejada después de besarlo, porque Lily parece querer acapararlo solo para ella.

—Felicidades, Teddy —lo saluda su abuela, Andrómeda, dándole un afectuoso beso en la frente que Teddy recibe con Lily en los brazos, enganchada a su cadera —Tus padres estarían muy orgullosos de ti, cariño.

—Gracias, abuela —responde él, con lágrimas en los ojos otra vez ante la mención de sus padres; lágrimas que no derrama, porque Lily se abraza a su cuello y apoya la cabeza sobre su pecho, dándole fuerzas para no hacerlo.

—Invité a mi sobrino Draco y a su familia, pero su esposa no se sentía bien. Aun así, envían sus afectos —informa la abuela Andrómeda mientras mira a su nieto y a la niña pegada a él con cariño. Teddy solo se encoge de hombros.

—Está bien. Al menos todos los demás están aquí —sonríe, sin preocuparse realmente. Conoce poco a los Malfoy, pues solo ha pasado unos días de vacaciones con ellos en Italia unos años atrás, y el señor Malfoy no solía ser muy conversador entonces, pero aun así eran agradables y muy amables, y también eran parte de su escasa familia de sangre, aunque su ausencia no modifica en nada el sentimiento de felicidad de Ted.

—¡Abuela Meda! —Higgs se aparece de repente para abrazar a la anciana mujer y levantarla del suelo, haciéndola reír mientras Harry llega con su familia y saludan a Ted con abrazos y besos que él corresponde todavía sin soltar a la niña que se mantiene como garrapata en su cintura.

—Premio Anual y ganador de la Copa de las Casas por siete años seguidos. Felicidades, Tadeus —dice Harry, poniendo una mano sobre el hombro del chico de Slytherin mientras éste vuelve a dejar a la abuela de Teddy en el suelo y le sonríe.

—Gracias, Harry —estrecha su mano antes de que Ginny se acerque y lo abrace.

—Felicidades, querido. Te lo mereces.

—¡Felicidades! —de repente, la pequeña Lily salta de los brazos de Teddy a los de Higgs, que ríe junto a ella, pasando las manos por su espalda para sostenerla como si fuera una bebé en su cintura, igual que Teddy momentos antes. Y el joven Lupin ríe también, pero al mismo tiempo siente algo extraño en la boca del estómago. ¿Desde cuando Lily tiene tanta confianza con Higgs?, piensa, receloso. La niña Potter no es así de efusiva con nadie que no fuera de su familia, o con él, y aunque Higgs suele agradarle a todo el mundo, ella nunca lo había abrazado de esa forma. Sin embargo, es una ocasión tan feliz que decide ignorar esa situación. Lily Luna es solo una niña, después de todo.

—¡Gracias, pecosa! —exclama Higgs, ladeando la cabeza para enfrentar los ojos brillantes de Lily antes de hacerle cosquillas para que lo suelte. Y ella lo mira, recelosa.

—No me llames así —protesta, bajándose de su cintura, enfurruñada —No soy la única pecosa de la familia.

—No, pero eres mi pecosa favorita —responde Higgs, agachándose a su altura y apretándole la mejilla, cosa que la hace enfadar aún más. Sin embargo, todo el enojo de Lily desaparece cuando él mueve la manga de su túnica, de donde salen un montón de pajarillos de papeles de colores, maravillando a Lily y a los demás niños, aunque no tanto a Teddy.

Tadeus siempre ha hecho magia hermosa, y eso, según sus profesores, lo distinguía de la mayoría de las personas que alguna vez habían pasado por Slytherin.

—Es un hermoso hechizo, Tadeus —dice Hermione, acercándose del brazo de su esposo, que estrecha la mano de Higgs con entusiasmo —¿De qué libro lo sacaste?

—Yo lo inventé —responde Higgs, controlando a las aves con su varita, haciendo que vuelen sobre Lily, Louis y Hugo, que corren y saltan intentando atraparlos.

—Oh, eres muy habilidoso. Será un desperdicio que te dediques al Quidditch —opina Hermione, haciendo que Ginny frunza el ceño.

—No le hagas caso a Hermione, Tadeus —dice, tocando su brazo con una sonrisa —Ella nunca ha entendido nuestra pasión por el deporte.

—Pues eso es porque aún no me has visto jugar, Hermione —ríe él, y Teddy y Cathy lo acompañan hasta que se ven interrumpidos:

—Tadeus, hijo. Es hora —anuncia un hombre alto y de cabello blanco que toca el hombro de Higgs. Teddy lo conoce, pues es el padre de su mejor amigo.

Los padres de Higgs y Terence, su hermano mayor, son tan elegantes y fríos como siempre, y saludan a los Potter y los Weasley con sobrios movimientos de cabeza, excepto por Teddy, que estrecha la mano del señor Higgs y de Terence con alegría, agradeciendo sus escuetas pero sinceras felicitaciones por su graduación.

—Bueno, tengo que irme. Mis padres harán una cena de honor en mi nombre. Los veo en la fiesta —dice su amigo, señalando a Teddy y su novia mientras se marcha, despidiéndose de todos con una seña.

—Bien. Nosotros también cenaremos antes de que te vayas a festejar —anuncia Harry con alegría —Molly y los demás nos esperan en la Madriguera.

—De acuerdo —Teddy le sonríe, entrelazando sus dedos con los de Cathy, que solo se sujeta a su brazo y le sonríe para que los se aparezcan juntos en la Madriguera.

La cena es una ocasión feliz y amena para todo el mundo, incluso para su abuela Andrómeda, que de inmediato hace buenas migas con Molly y el señor Weasley, a pesar de la terrible historia que Teddy sabe que une a ambas familias, pero nadie piensa en eso esta noche.

Ted pasa casi toda la velada del brazo de su novia, en una agradable armonía, a pesar de que se siente extraño de estar en la mesa de los adultos, pero aun así ríe de las caras que Lily y Hugo le hacen desde el otro lado del comedor de la señora Weasley.

A las diez, cuando todos los niños ya están dormidos, él y Cathy usan la red flu para aparecerse en la fiesta que Higgs ofrece para todos los graduados, en una de las propiedades que su familia tiene en la playa, y que ahora ha pasado a sus manos como obsequio de graduación; es una enorme construcción de madera a dos pasos del océano, lejos de la vista de los curiosos, pero ahora mismo lleno de gente, música y una banda en vivo.

El joven Lupin y Cathy llegan de la mano, y pasean unos minutos entre los invitados en busca de conocidos. Cathy encuentra a la capitana Artemis del equipo de Quidditch de Ravenclaw y se queda hablando con ella mientras su novio se disculpa y va a buscar a Higgs, sorprendiéndose al no hallarlo siendo el centro de atención, como siempre.

Teddy busca en el jardín, en los alrededores de la enorme piscina con estatuas de sirenas, en la planta baja de la casa y en los dos pisos superiores, pero no lo encuentra. Sin embargo, de pronto tiene una corazonada y sube las escaleras hasta la terraza.

Higgs está sentado en el techo, igual que cuando eran niños y se sentaban allí para ver las estrellas con el viejo telescopio de Terence, completamente solo y con una botella de whisky de fuego en la mano. Teddy ahoga un suspiro de alivio al encontrarlo, logrando que su mejor amigo ni siquiera note su presencia.

—¿Qué haces aquí, Premio Anual? —dice para hacerse notar mientras termina de subir las escaleras y camina hacia él —¿Por qué no disfrutas de tu fiesta?

Higgs apenas se sobresalta, y en vez de responder se desaparece y aparece de pie sobre la chimenea de roca unos metros a su derecha. Teddy odia que haga eso, pues él lleva meses practicando sus apariciones y aún a veces se aparece dentro del armario de su abuela, mientras que para su amigo aparecerse es tan fácil como respirar.

—Oye, me gane ese premio —responde Higgs, frunciendo el ceño mientras lo mira desde su nueva posición —. Y quería estar a solas un momento. Gracias por interrumpirme.

—¿Y eso? —Teddy ríe con sarcasmo, caminando hacia él una vez más —¿Desde cuándo desaprovechas la oportunidad de ser el centro de atención en tu propia fiesta?

—No lo sé —suspira su amigo, y de repente se aparece sentado a su lado, con las rodillas al pecho y la mirada clavada en el inmenso océano negro, haciendo que Ted frunza el ceño antes de girarse de nuevo hacia él —Tal vez desde que me di cuenta de que realmente ha terminado… Ya sabes, desde ahora no somos estudiantes. Jamás volveremos a Hogwarts...

—¿Y? Llámame loco, ¿pero que no era esa la idea de graduarnos? —bromea Teddy, porque es incómodo que el siempre alegre Higgs esté tan serio; y entonces su amigo ríe entre dientes.

—Lo sé. Es solo que… Será extraño no verte todos los días, y que no estés viéndome desde las gradas cuando practique. Ahora serás un Auror —suspira, resoplando un mechón de cabello rubio que obstruye su mirada —, y yo seguiré volando tras una Snitch. Así funciona el mundo.

—Oye, aún puedes venir conmigo. Quiero decir, eres el mejor mago que conozco, y mi padrino sin duda querrá tenerte en el Departamento —le suelta Ted, medio en broma, medio en serio, y Higgs suelta una risita irónica, desapareciéndose una vez más y apareciéndose tan cerca de Teddy que le hace perder momentáneamente el equilibrio.

—Nah. No tengo madera de héroe. Eso está en tus genes. En los míos ser muy rico —se ríe con más fuerza.

—Presumido —Teddy lo golpea en el brazo; Higgs suelta una carcajada ahora, y después los dos guardan silencio unos momentos, mirando hacia la espuma del océano que se arremolina en las costas —Por cierto, ¿cuándo te mudas? —suelta lo primero que se le viene a la mente, porque el silencio empieza a zumbarle en los oídos. Higgs, por su parte, le da un largo sorbo a su botella, haciendo un grotesco sonido antes de limpiarse la boca con la manga de su camisa de seda.

—Los elfos ya empacaron mis cosas, y Terence consiguió un traslador autorizado —comenta, escondiendo un eructo con el dorso de su mano antes de seguir hablando —Me iré mañana en la mañana. O en su defecto cuando despierte y se me pase la resaca —ríe de nuevo, igual que Ted, que después se queda viendo fijamente la inmensidad del océano negro una vez más.

—Aún no puedo creer que te mudes a Italia —comenta de pronto el ahora ex alumno de Hufflepuff, frunciendo el ceño —De verdad será raro no verte todos los días, cargar tu equipo o llevar tu agenda... ¿Qué estoy diciendo? De hecho, será muy bueno dejar de ser tu elfo doméstico.

—Nos hará bien separarnos un tiempo, cariño —responde Tadeus, terminándose su botella —Ya estabas poniéndote muy melosa, Lupina.

—Cállate o te lanzo un mocomurciélago —amenaza Teddy com el ceño fruncido, aunque su rostro no puede disimular la carcajada que lucha por reprimir. Después los dos se quedan en silencio una vez más, uno mucho más extenso que el anterior, pero ésta vez a Teddy no le incomoda.

—Oye, ¿quieres ver algo asombroso? —suelta Higgs de repente, frotándose las manos varias veces. Entonces éstas empiezan a brillar con una luz verde y armoniosa contenida entre sus pálidos dedos; pequeños fragmentos de luz se elevan en el cielo nocturno hasta que Tadeus abre las manos y sopla el resto, haciendo que las luces se dispersen mágicamente por todo el oscuro firmamento, y cuando están lo suficientemente alejadas comienzan a estallar como fuegos artificiales de todos los colores del arco iris, ganándose las exclamaciones de todos los invitados bajo ellos.

—Eres un maldito genio —Ted ríe, maravillado con el espectáculo mientras Higgs se pone de pie con las manos en los bolsillos.

—Aún no termina —anuncia, sacando su varita, y moviéndola en el aire invoca un Patronus con forma de unicornio que corre hacia los fuegos artificiales y juega con las luces, galopando y relinchando como un potro salvaje en la pradera.

—¿Desde cuándo tu Patronus es un unicornio? —pregunta Teddy, sorprendido una vez más, pero Higgs solo le muestra una de sus enigmáticas sonrisas.

—No sé. Tal vez ya estoy muy ebrio —ríe con torpeza, igual que Teddy. Después hay un nuevo silencio entre ambos, ahogados por el sonido de la banda y todos los adolescentes ebrios que deambulan por la propiedad y observan los fuegos artificiales hasta que estos se extinguen, como el bello unicornio de luz blanca, que desaparece entre las estrellas —Teddy... —Higgs vuelve a hablar cuando todo termina, haciendo que Ted, algo mareado todavía por las luces de colores, mueva la cabeza para mirarlo —Hay algo que he querido decirte desde hace tiempo...—suspira su amigo de cabello rubio, asombrándolo con su extraño tono de seriedad.

—¿No estás enamorado de mí, verdad? Porque te quiero, Higgs, pero no de esa forma —bromea ante la oportunidad, y Tadeus frunce el ceño, esbozando una mueca de horror.

—Sigue soñando. No tienes tanta suerte —dice, ahogando una sonrisa traviesa, igual que Teddy.

—¿Entonces qué es? —pregunta, y su amigo baja la mirada, tomándose su tiempo antes de contestar.

—Creo que me gusta alguien —admite en un murmullo avergonzado, haciendo que Teddy enarque una ceja.

—¿Y? Te enamoras dos o tres veces a la semana. ¿Qué tiene de especial? —se ríe, pero esta vez su amigo no lo sigue.

—No, no entiendes. No es como las otras veces. Esta chica me gusta. Me gusta de verdad —dice, moviendo las manos de forma exagerada. Es claro que está ebrio, pero aun así su expresión es muy seria.

—¿Te sientes bien? —se burla Teddy, pues no puede creer que Tadeus, en su estado, hable en serio. Sin embargo, el rostro de Higgs no da lugar a dudas.

—¡Claro que no me siento bien! ¡No puedo dormir, no puedo comer ni jugar bien! ¡Todo lo que hago es pensar en ella y en que tal vez ya no volveré a verla! —estalla, sujetándose de los cabellos casi con enfado. Teddy entonces parpadea y de queda callado, tratando de asimilar esa catarata de nueva información que no creyó que escucharía en la vida. Y se queda callado unos minutos, tratando de ser, dado el estado de su amigo, lo más cuidadoso posible con el tema.

—¿Y por qué no se lo dices? —pregunta, ya sin burlas, con verdadera curiosidad y aprehensión.

Higgs bufa, jugando con su varita entre las manos.

—Porque a ella no le importa.

—¿Cómo lo sabes?

Tadeus ríe entre dientes, levantándose y caminando hasta acercarse a la cornisa antes de volver a girarse hacia su amigo.

—Lo sé. Todos lo saben en realidad.

—¿Por qué? No lo entiendo... ¿Cómo sabes que a ella no le gustas? Porque, digo, tú eres Tadeus Higgs.

—Ese es precisamente el problema.

—¿Por qué?

—Ella quiere a otro.

—¿Y? No creo que sea un mejor partido que tú. ¿O sí? —pregunta, confundido, haciendo reír levemente a su amigo.

—Él es una buena persona. Un poco lento, pero...

—Tú también eres una buena persona —apostilla Teddy rápidamente, en defensa de su mejor amigo —¿Por qué ella lo preferiría a él? ¿Qué es lo que le ve después de todo? ¿Es más guapo que tú?

—No realmente.

—¿Más inteligente? ¿Más rico?

—Pff. Ni soñarlo.

—¿Entonces? —Teddy se rasca la nuca, confundido —¿Qué tiene ese imbécil que no tengas tú?

—Él tiene un gran corazón —admite Higgs después de unos segundos de meditativo silencio, esbozando una sonrisa triste —Es lo primero que todos notan, y lo que más le gusta a las personas.

—¿Y qué? —Teddy se encoge de hombros, molesto —Debe ser un idiota.

Tadeus sonríe una vez más, clavando la mirada en el vacío bajo sus pies.

—Lo es. Pero también es genial. De ese tipo de personas que nunca podrías odiar...

—Vaya. Estoy confundido —Teddy frunce el ceño con confusión un momento, acercándose a su amigo después, aunque manteniéndose lejos del borde de la terraza mientras Higgs lo mira y de nuevo ríe.

—De verdad no eres muy listo, ¿verdad, Teddy? —le suelta, negando en silencio —Nobleza y humildad, supongo que eso lo describiría mejor —suspira al cielo, luego cierra los ojos y sonríe —Nunca podría competir contra él.

—¿Por qué? —Teddy frunce mucho más el ceño, entendiendo cada vez menos.

Higgs lo mira y abre la boca para hablar cuando su mirada se enfoca en alguien tras Ted, y entonces guarda silencio.

—¡Teddy!

El joven Lupin de inmediato se da la vuelta, sonriendo al instante a la recién llegada.

—Hola, Vic. Me alegra que tus padres te dejaran venir —dice, bajando la cabeza para recibir el beso en la mejilla que la sobrina mayor de Harry Potter siempre da a modo de saludo.

—También yo... —Victoire le sonríe; luce bonita con su vestido celeste y el cabello recogido en una coleta, pero Teddy piensa que debería ponerse algo encima; sin embargo, cuando va a mencionarlo la hija de Bill Weasley repara en Tadeus, abriendo los ojos con sorpresa —Oh, hola, Higgs. No sabía que estabas aquí —le sonríe brevemente, regresando la vista de nuevo a Ted.

—Es mi casa —murmura el aludido con desdén, y Teddy lo oye, pero solo sonríe, sintiendo que de repente Victoire tira de su brazo.

—¡Ah! Teddy, ¿vienes a escuchar la banda? Están tocando tu canción favorita —dice, intentando llevarlo hacia las escaleras, pero Ted recuerda a su novia y se resiste brevemente.

—Ahora voy. Debo buscar a Cathy —dice, tratando de evitar un conflicto con su novia, quien no para de insistir en que Victoire está enamorada de él, y aunque Teddy no lo cree tampoco quiere darle razones para pensarlo —Ve tú. Después te alcanzo —le dice, y Victoire hace un puchero, pero se va, porque su vestido no parece protegerla del frío aire nocturno. Solo entonces Teddy vuelve a girarse hacia su amigo, tratando de retomar la conversación inconclusa:

—¿Y bien? ¿Quién es la chica? —pregunta, de verdad curioso. Y Higgs, que sigue mirando hacia el vacío con las manos en los bolsillos solo le dedica media sonrisa, dándole la espalda de cara al océano.

—Ya no importa —dice, desapareciéndose de su vista.

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