Notas: Sólo apuntar que aquí alguien es un puñetero malhablado (y no precisamente yo) LOL.

Prompt # 21: Violencia

-¿Sabes una cosa, nena? Me ponen muchísimo las tías que van disfrazadas –decía un borracho a una jovencita-. ¿Por qué no te tomas una cerveza y lo pasamos bien tú y yo?

El hombre, poco consciente de lo que iba a conseguir si lo hacía, acarició el brazo izquierdo de la joven arriba y abajo con el dedo índice. Ésta, aún escondida bajo su sombrero, resopló, levantando un mechón de su flequillo.

-Ey, ey ¿cómo una muchachita tan joven tiene éstos músculos?

A varios metros de ellos, un grupo de tres personas los miraban.

-¿Creéis que debería intervenir? –preguntó Alphonse, observando la escena, inquieto.

A su lado, Noah y Alfons contemplaban lo mismo que el menor de los Elric, sólo que su expresión denotaba más diversión que nerviosismo.

-Eres muy gentil, Al, para querer salvar a una damisela en apuros…

-Venga, muñeca, sólo un traguito –insistía el borracho, ofreciéndole una gran jarra de cerveza, ya medio vacía.

Para sorpresa del público al otro lado de la calle, la muchacha tomó la jarra y vació el contenido de cuatro largos tragos. El borracho estaba pasmado.

-Vaya vaya, -rió-, serás pequeñaja, pero bebes como todo un hombre, ¿eh?

El cristal chocó contra el suelo.

-¡¿A quién coño estás llamando tú enano, que puede esconderse detrás de un puto grano de arroz, borracho de los cojones?!

Un enfurecido Edward apareció debajo del sombrero –y de esa apariencia femenina-, levantándose y maldiciendo a voz en grito las menciones a su estatura.

Cierto que había aprendido a controlarse en aquellas situaciones, pero todo depende del momento, y de cuán ebrio esté uno.

-¡La madre que…! ¡ES UN TÍO! –chilló el borracho, asustado.

-¡Claro que soy un tío, tonto de las pelotas! –acto seguido, Edward se despojó del mandil y de lo que pudo del colorido vestido, bufando.

Mientras tanto, al otro lado de la calle, Noah, Alphonse y Heiderich observaban, entre atónitos y divertidos, la agresiva reacción de Edward Elric vestido de mujer.

-¿Ves? Sabe cuidarse ella solita. –declaró Alfons con una risotada.

El joven Elric sabía eso perfectamente. Lo que le preocupaba no era el hecho de que Edward estuviera en peligro como damisela, sino que éste pudiera matar a patadas al pobre borracho.

Y efectivamente, cuando el susodicho ebrio estuvo a punto de llamar a Edward "mariquita travestido", éste alzó la mano derecha y le propinó un puñetazo en la nariz, tumbándole al suelo. Tres cuartos de hora más tarde, Edward era conducido a comisaría y encerrado en los calabozos… con el disfraz. Y veinte minutos después de esos cuarenta y cinco hubo que meter al antiguo alquimista en una celda aislada.

Alfons nunca se había dado tanta prisa en pagar una dichosa fianza.