Los Juegos del Hambre no me pertenecen, solo creo una historia con su historia :)
Capítulo 13:
El tiempo es una cosa extraña. A veces parece ir muy rápido y a veces parece detenerse sin ningún significado aparente, o al menos sin ningún significado que los humanos puedan comprender. Gale podía contar con los dedos de su mano derecha las dos escasas veces en las que el tiempo parecía haberse detenido para él, y ninguna de ellas había sido demasiado agradable.
Estaba en la escuela cuando las sirenas sonaron. Presa de la desesperación salió corriendo a su casa, olvidándose de Rory y Vick. Sin embargo ellos sabían que tenían que hacer, y en poco tiempo los tres acompañaban a su madre a las minas.
Ninguno decía nada, ni siquiera su madre. Su barriga era enorme, y seguramente era la única razón por la cual la mujer intentaba mantener la esperanza. Su manó buscó la de su hijo más grande. Ese quizás fue el único signo de debilidad que se atrevió a mostrar. Los niños se miraban entre ellos, demasiado asustados para decir algo, sabiendo que si ponían sus temores en palabras podían desestabilizar a su madre y eso no era bueno para el bebé.
Así que en silencio, intentando apoyarse unos a otros llegaron a las minas. De más está decir que todo allí era un caos; el ambiente era desesperante. Mujeres gritaban y sollozaban, hombres gritaban y los niños corrían por todos lados berreando. Habían montado una zona de seguridad con un simple cordón, hecho de una gruesa soga, a la que se aferraban desesperados aquellos que tenían familiares en las minas. El humo negro era denso, y aunque a Gale no le agradaba que su madre estuviese respirándolo en su estado una mirada bastó para saber que ella no se movería de allí.
Las horas transcurrieron, lentas, dolorosas, cada vez más desesperantes. Poco a poco reducidos grupos salían de las minas, totalmente ennegrecidos, en la mayoría de los casos heridos, y la gente se iba dispersando para atender a sus enfermos. Cuando la tarde caía quedaban muy pocas personas, que ni se atrevían a mirarse, porque la cruda realidad estaba cayendo sobre ellos y destruyéndolos como la nieve lo hace con las flores. Gale sentía que el peso sobre sus hombros era casi insoportable y que el nudo que tenía en la garganta amenazaba con dejarle sin aire. Pero no se movió ni dijo nada.
Allí, anclado a su silencioso sufrimiento aceptó que su padre no volvería. Nunca. No conocería al bebé. Nunca más jugaría con ellos. Las minas se lo habían llevado. El Capitolio se lo había llevado. El tiempo dejó de tener sentido para él, porque se dejó embotar por los miles de pensamientos que rondaban en su cabeza, pensamientos de tristeza, de pérdida, pero sobre todo de rabia y frustración. Resentimiento. Venganza. Una parte de él sabía que las minas no habían explotado sola, y esa parte le decía que el Capitolio, el presidente Snow, y todos los que vivían en ese horrible lugar eran los culpables.
Esa fue la primera vez que el Capitolio le robó algo suyo. El tiempo se había detenido mientras se dejaba aplastar por el dolor y se permitía soltar unas lágrimas.
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El día le pareció interminable. Cada hora veía con rencor como el sol avanzaba, burlándose de él y de todas las personas que no estaban de humor para un día grandioso. De él solo. Con disgusto recordó las caras de la gente del distrito en días anteriores, de lo felices que estaban porque dos tributos de su distrito hubieran llegado tan lejos. Probablemente ahora estarían celebrando, ya que seguramente lograrían al menos un vencedor.
Él ni de lejos se creía toda esa estupidez de que tendrían dos ganadores. Las personas del Capitolio simplemente eran demasiado crueles como para dejar a dos personas salir felices de ese infierno al que llamaban arena. No era muy difícil averiguar cuál era su objetivo, y sino había que ver la lluvia en el estadio y los intentos por juntar al chico del dos con Thresh. Harían lo que sea para lograr una final con los amantes trágicos del Distrito Doce.
Pero la gente parecía creérselo, y eso era porque Katniss y el panadero lo creían también. Encerrados en aquel mundo surrealista parecían de verdad creer que ambos saldrían ilesos, y eso no era de las cosas que más molestaban al cazador. Podía entender que el panadero lo creyese, después de todo tenía ese aire inocentón que contribuía a aumentar sus ganas de matarlo, pero no podía con Katniss. Ella nunca había sido tan confiada, y era casi insultante que lo creyese y que por ello estuviese tan tranquila, tan confiada.
Con disgusto apretó de más un puñado de nueces que llevaba en su mano, escuchando el crujido que indicaba que se habían roto. Igual que su corazón, pensó, reprochándose internamente por ser tan jodidamente cursi y dramático. Pero estaba dolido, y bastante. Cuando pensaba que ya había visto suficiente, que ya había tenido suficiente, algo nuevo llegaba para romper en millares de trocitos los trozos que aún quedaban enteros.
La culpaba a ella. Claro que sí. Él no se habría metido en una cueva con su compañera tributo a besuquearse durante los juegos, o al menos eso creía. Entonces recordaba que ella no estaba en los juegos porque quisiera, sino porque los idiotas del Capitolio se consideraban lo suficientemente importantes como para decidir que tenían derecho sobre sus vidas, y los encerraban en una maldita arena. Los culpaba a ellos también.
Pero después del beso, del último beso no tenía muy en claro a quien quería culpar. Había intentado ser más maduro y tomarlo con calma. Si es que se puede llamar calma a buscar a una chica cualquiera de La Veta y acostarse con ella mientras recordaba a la chica de ojos grises. Definitivamente no estaba calmado. Pero, ¿qué más daba? Esa noche, cuando todos estuvieran pegados a la pantalla con una versión completa de las nuevas actividades de los trágicos amantes el podría pensar en cualquier cosa insulsa, como las curvas de Merry, o en la caza de mañana.
Así, dolido como estaba, pero con la certeza de que algún día cobraría su venganza contra el Capitolio, volvió a su casa, dispuesto a soportar otra noche trágica, o de amantes trágicos, lo cual para él era lo mismo.
¡Hola! ¿Cómo están? Finalmente terminé mi temporada de exámenes (estoy de vacaciones hasta agosto :3) y me puse a continuar un poco con la historia. Este es un capítulo como aislado, para no pasar muy rápido del beso a la historia de como Peeta se enamoró :p En el siguiente la cosa va a seguir un poco, y aunque Gale se muestre como un chico duro, le costó y le va a costar demasiado superar el asunto :p
Gracias a Katyms13 y a Ambertate 16 :) Espero que les guste este capítulo :p
Saludos!
