Leah POV
Solté un gruñido de dolor al sentir los dientes de Jakob en mi hombro, pero eso no fue nada en comparación con el placer que tenía en esos momentos y fue un sonido opacado por un el gemido que salió de mi garganta cuando llegué al clímax. Apoyé jadeante mi frente en la fría muralla intentando calmar mi respiración y mi pulso cardiaco, Jakob se había tomado enserio el tema de que el sexo en el embarazo era bueno para los músculos de la pelvis, aunque yo no tenía problemas con eso, al contrario, me hallaba bastante feliz por que quisiera comprobar esa teoría. Apoyó su cabeza entre mis omóplatos mientras embestía una vez mas solo por el placer que le provocaba verme estremecer por sus movimientos. Soltó una risita cuando un escalofrío placentero cruzó mi espina dorsal al sentir como él volvía a entrar en mí. Su respiración era irregular en mi cuello al igual que la mía, sentía su pecho subir y bajar en mi espalda, pero sus labios no detenían su recorrido por mi cuello y hombros, depositando un beso en el sitio donde me había mordido
- ¿era necesario usar los dientes? – le pregunté cuando logré serenarme un poco y girarme para apoyar mi espalda en la muralla. Jakob me abrazó por la cintura apoyando su frente en la mía
- lo lamento, me deje llevar por el momento, pero es que la posición me gusto mucho. De pie es bastante excitante – me dijo provocando mi risa, no podía estar más de acuerdo, debido al enorme tamaño de mi vientre era imposible que él se posicionara sobre mí, y yo me sentía mal si se ponía bajo mío porque tenía la sensación de que lo aplastaba, Jakob era el hombro más imaginativo que había conocido al pensar en esto. Estar de pie era una posición bastante más cómoda
- dejará una marca – aclaré intentando mirar mi hombro, si, podía ver un semicírculo rosado con la forma de sus dientes
- tienes el sello de Jakob Black en tu hombro derecho, una huella mas de que eres mía –dijo besando mi hombro una vez mas
- tengo una huella aun más notoria que esa e imposible de ocultar – miré mi vientre que estaba entre nosotros – y esa huella tiene cuatro piernas, cuatro brazos y dos cabezas y en un tiempo más lloraran toda la noche y… - dejé de hablar al sentir una pinzada en un lado de mi abdomen
- ¿estás bien? – me preguntó preocupado. Esperó mi respuesta pero no respondí, eso debió inquietarlo aun más ya que me tomó en brazos y me llevó a la cama rápidamente tapándome. Jakob se puso detrás de mí y me abrazó por la cintura poniendo sus manos en mi vientre y su rostro sobre mi hombro
- no es nada – logré decir cuando el dolor me dejó hablar y recupere el aliento – tus hijos no deben quererme mucho para patear tan fuerte – las manos de Jakob se movían incesantes por mi abdomen calmando cualquier clase de dolor, era mejor que cualquier analgésico.
- ellos te aman de la misma manera que yo a ti – susurro a mi oído – pero son niños y se mueven en tu interior intentando encontrar espacio donde crecer lo cual es difícil considerando que son dos, el líquido amniótico no ayuda mucho a que se puedan mover – yo me giré un poco para mirarlo, había hablado con una voz segura y tierna.
- ¿desde cuándo eres pediatra? – pregunté asombrada por el conocimiento que tenía mi esposo, quien antiguamente con suerte sabía los meses que duraba un embarazo
- he estado estudiando – me aclaró orgulloso de sí mismo – me cansé de ser un ignorante en esto, te quiero cuidar y no puedo hacerlo si no sé de qué se trata todo lo que te está pasando – lo besé sin dejarlo continuar. Me giré completamente para así poner mi cabeza en su pecho
- eres tan tierno que produces diabetes – bromeé
- sí, creo que las hormonas también me afectan a mi – me respondió abrazándome tiernamente por la cintura y enredando nuestras piernas. Nos quedamos callados y estaba segura que Jakob se estaba quedando dormido, y con razón, eran cerca de las doce de la noche y el pobre había trabajado hasta muy tarde en la empresa automotriz, quería tomarse unos días libres en un tiempo más para acompañarme en mi fuero maternal, pero para eso tenía que trabajar un poco más de la cuenta y adelantar las horas que faltaría. No pasó mucho tiempo para sentir unos leves ronquidos sobre mi cabeza. Levanté mi mirada y me topé con un rostro pacífico y medio sonriente. Desde siempre me había gustado verlo dormir, desde el primer día en que dormimos bajo las mismas sábanas, aquella vez en mi casa del lago, no tenía idea porqué, quizás porque puedo ver a un Jakob sin preocupaciones, como si fuese un niño pequeño, tranquilo, y saber que esa tranquilidad él me la podía dar a mí. Me abracé aun más a él y elevé mi dedo para acariciarle la mejilla, Jakob, aun dormido, me devolvió una sonrisa completa. Suspiré. Lo amo tanto.
Solo quedaba un poco más de una semana para que Billy le dijera todo a Jakob y yo tenía miedo de su dolor, pensar en que sufriera me dolía, tenía miedo de que mi estupidez le dañara, de que me recriminara por saberlo antes que él, por ocultárselo dos semanas, por conocer a Damián antes… miedo por tantas cosas, no, estaba aterrada… estaba hecha una maldita cobarde, pero al menos estaba segura de algo, Jakob debía saber, no merecía mantenerse en la oscuridad con un tema como este, si Billy no le decía nada yo me encargaría de hacerlo sin importar las consecuencias, no le mentiría ala hombre que amo. Lo que me lleva a otra cosa.
Damián. ¿Qué haré con él? Es el hermano de mi marido aunque aun no lo sepa, y para colmo de males estaba detrás de su cuñada. No, creo que el colmo es que me besó sin mi permiso… no, el colmo es que además de ser una maldita cobarde soy una maldita cínica. Si creo que ese es el colmo. Una reverenda maldita cínica cobarde gorda y embarazada. Vaya descripción de mi misma.
Van cinco días desde que mi cuñado aun no reconocido por nadie me había besado trayendo buenas y malas consecuencias con su acto. Las buenas fueron increíbles y aun estoy teniendo los resultados de la reconciliación. Pero las malas son el hecho de que me sentía horrible por estárselo ocultando a Jakob cuando yo le pedí sinceridad absoluta en nuestra relación. Tenía la difícil misión de decidir si le decía o no a mi marido que me había pasado algo mientras estábamos enojados. Pero no quería pelear con él y menos sabiendo lo que más tarde le contarían, estaba segura que la guerra de Troya seria un picnic en la playa en comparación con el escándalo que él armaría al saber que le he estado ocultando cosas.
Los bebés comenzaron a saltar en mi interior otra vez haciéndome sisear de dolor
- ¿quieren por el amor de dios dejar de patear a mamá por un momento? – les susurré al parcito que al parecer jugaban a la pelota con mis pobres riñones.
- no los retes, aun son pequeños – la voz de Jakob sonó en mi oído en un leve murmullo
- lo siento, te desperté
- no, lo hizo tu caricia en mi mejilla – contradijo levantando con su índice mi mirada para alcanzar mis labios.
- lo siento por eso entonces – rectifiqué devolviéndole otro beso
- no lo hagas, me gustó mucho, no sueles hacer actos de tanta delicadeza y disfruto cada mínimo detalle de los pocos que realizas – ahora él pasaba su índice por mi pómulo tiernamente. Tenía razón, no era alguien muy cariñosa que digamos, al contrario, de cariñosa no tenía nada, era una completa arisca el 99% del tiempo.
- bien, entonces lo lamento por eso – Jakob rió y besó mi coronilla
- deja de disculparte, si me molestara te lo diría, además tengo claro que los momentos cursis no se te dan muy bien, te conocí de esa forma y me enamoré de ti de esa manera, qué más da, es un defecto tuyo que me gusta – dijo elevando sus hombros. Yo sonreí, era un defecto que se ama hasta volverlo una virtud
- mañana es la cita con Mike – le recordé, cumplía cinco meses de embarazo y me tocaba un chequeo completo
- tienes razón – dijo, luego se quedó en silencio por un momento seguramente pensando en cómo lo haría con su ajetreado trabajo, por lo que entendía mañana tenía una reunión en la oficina a medio día. Le estaba complicando con mis cosas de embarazada – dime la hora para estar allí
- no es necesario que vayas, es un chequeo de rutina y tienes suficiente trabajo como para que lo dejes tirado solo para verme
- claro que no, nunca tengo suficiente trabajo para dejarte botada – me contradijo, pero no le creí mucho. A pesar del poco tiempo que llevaba Jakob en la compañía le estaba yendo muy bien y era importante dentro de las decisiones que se tomaran a nivel administrativo, no quería que lo catalogaran mal al faltar a sus compromisos solo para acompañarme a una ecografía
- es enserio Jakob, no tienes que ir a verme
- ¿y quién te dijo que te iría a ver a ti? Yo voy a ver a mis hijos por esa pantalla enorme en blanco y negro, quiero ver que sexo tienen ya que la última vez se negaron a cooperar así que te aguantas – bien, aquí va una reacción de embarazada a finales de su segundo trimestre. Nadie puede culparme ya que todo es culpa de las hormonas que dominan mi vida desde el mes tres y me hacen actuar como una idiota.
- bien, gracias por la aclaración – dije molesta, sus palabras, aunque sabía que eran en tono de broma, me habían dolido – y no te preocupes, te sacaré una foto si tienes tantas ganas de verlos, te la pondré en un marco para que duermas con ella – me giré bruscamente saliendo de su abrazo de forma inesperada. Como pude cargué la tonelada de peso que tenía en la zona media de mi cuerpo fuera de la cama, tomé mi bata y me la puse
- por favor no me digas que te enojaste – me pidió Jakob mirándome desde la cama con cara de sorpresa
- bien, no te digo nada así me evito aclarar lo que me pasa – espeté saliendo de la pieza.
Bajé las escaleras aun molesta por lo que pasó. Me traté de estúpida a mí misma y de estúpido a Jakob, a mí con justa y sobrada razón y a Jakob solo porque soy una idiota hormonal embarazada, no había otra razón de peso que valiera. Llegué a la cocina y abrí el refrigerador. A mi lista de defectos debía agregar el pecado capital de la gula, solo en el último mes había aumentado más de 5 kilos, algo poco común aun en una mujer esperando gemelos. Tomé una caja con mi querida leche de vainilla descremada y me serví un vaso de tamaño industrial. Pasaron unos minutos donde la soledad era mi única compañera. Las palabras "estúpida, sensible, llorona, idiota" y otras aun menos amables pasaban por mi cabeza una y otra vez solo para intentar describirme, pero ninguna era suficiente para decir lo horrible que era. Me sentía culpable porque yo siempre era la que tenía problemas con el temperamento, desde que nos conocimos con Jakob yo soy la que explota por nada, y ahora con el embarazo las cosas se han puesto peores. Y lo más malo era que Jakob siempre volvía a mi disculpándose por algo que no había hecho y algunas veces yo tenía el descaro de recriminarle aun sabiendo su inocencia. Bendita esposa estaba hecha.
Habían pasado al menos treinta minutos desde que salí de la habitación y él aun no bajaba. Nunca demoraba más de quince. Tienes que estar enojado, y si no me quería hablar otra vez merecido me lo tenía. La culpa inundaba mi pecho y me sentía demasiado mal conmigo misma como para quedarme a esperar que el viniera a hablarme, no tenia porqué hacerlo ya que la imbécil había sido yo. Así que dejé mi vaso vacio en el fregadero y volví a la habitación.
Al llegar lo vi de espaldas sobre la cama mirando al techo. Tenía los brazos bajo su cabeza y se notaba pensativo, debatiente, si ese debate es entre perdonarme y no hacerlo espero que se decida por la primera. Sin pensarlo mucho por miedo a acobardarme me acerqué a la cama, me saqué la bata y desnuda me metí bajo las sábanas. Dubitativa me acerqué. Jakob giró su cabeza y miró directo a mi ojos, sin más lo abracé fuertemente y hundí mi cabeza en su cuello intentando encontrar las palabras para romper el silencio que Jakob estaba decidido a no perturbar, "por favor que no salgan lagrimas, por favor que no salgan lagrimas" me pedía a mí misma.
- perdona, definitivamente mi humor es un defecto que no puede volverse una virtud – murmuré
- ¿Qué? – obviamente el no entendía porque decía eso, nunca se enteró de mi pasada introspección
- Jakob, soy una idiota temperamental que mas encima tiene una carga hormonal doble por los bebés. Me volví una completa antipática y siempre termino desquitándome contigo lo cual es injusto y estúpido sin importar lo que me digas – se dispuso a decir algo pero yo lo detuve con un dedo sobre sus labios – cierra la boca y déjame tener un cursi momento Bella antes de que se me vaya el valor y ya no pueda hacerlo – tomé aire para mantener el coraje que necesitaría para decir la palabras cursis que tenía que sacar de mi pecho – te amo…
- esas no son las palabras cursis que esperaba – dijo Jakob interrumpiéndome
- ¿Qué parte de cierra la boca no entendiste? – espeté. Intenté calmarme antes de que mi presión sanguínea se fuera a las nubes y arruinara la situación aun más – disculpa… solo… no me interrumpas, es muy difícil para mí hablar de estas cosas así que dame tiempo para saber cómo demonios lo hago – se mantuvo en silencio mientras yo ordenaba mis ideas – bien, creo que ya lo tengo. Mira Jakob, tengo las palabras atrapadas en mi garganta y ahora no sé cómo van a salir, espero entiendas el revoltijo de oraciones incoherentes que saldrán de mi boca – me estaba yendo en puros rodeos, suspiré y lancé todo lo que tenía en mi pecho – te amo más que a nada en esta tierra, nada, nada es tan grande como el amor que yo te profeso. Tengo claro que soy una maldita harpía, huraña, antipática y antisocial a pesar de que lo que puedas decir para refutar eso, pero a pesar de todo, mi única razón para intentar ser alguien medianamente aceptable para la sociedad eres tú. No se… como explicarme bien pero…mira, me puede faltar todo en este mundo, alimento, calor, mi familia, mis amigos, inclusive el aire, y a mí no me importará si estás a mi lado. Yo no soy una mujer fuerte a menos que sepa que tú estás allí para sostenerme cuando caiga de la misma manera en la que estaré yo para ti… - me quedé en silencio un momento intentando terminar mi monólogo romántico, el cual no se repetiría al menos hasta que cumpliéramos nuestras bodas de oro – de no ser por ti, yo no estaría aquí. Te amo a pesar de que mi humor esté peor que antes. Te amo más de lo que las palabras pueden expresar. Pero lo más importante, te amo por darme el milagro de la vida, porque estoy segura que fue gracias a ti que estoy en donde estoy… tu, eres mi todo. Mucho más y nada menos que eso.
Silencio. Me sentí ridículamente aliviada. Ridícula por haber lanzado un dialogo de oro ideal para una película rosa llorona de típicas adolescentes enamoradas del amor, pero aliviada porque quería que el supiera la forma que tengo de verlo, la forma que tengo de amarlo, aunque las palabras nunca serian suficientes para describir bien lo que siento por él. Jakob no decía nada, solo me miraba.
- por eso lamento si te hago pasar malos ratos, y me disculpo de ante mano por los que se aproximan que estoy segura serán bastantes – eso era lo que me faltaba, a eso iba todo, a pedirle disculpas por mi idiotez.
- Wow – dijo de pronto Jakob aun mirándome fijamente – me tienes que enseñar a disculparme de esa manera – dijo, pensé que sonreiría pero no lo hizo, así que no supe como tomar le que acababa de decir
- lo haces bastante bien por ti mismo, eres imaginativo – aclaré recordando el papel con el "tú" escrito en él. Intenté darle una sonrisa pero no me salió tan sincera como quería y él tampoco me la devolvió. Tenía unas irrefrenables ganas de llorar. ¿Había dicho alguna vez lo estúpidas que son las hormonas femeninas durante el embarazo?
- tienes un temperamento del demonio ¿sabías? – Asentí a pesar de que me dolió un poco lo que dijo, pero me quedé en silencio porque sabía que era verdad – estás idiota, antipática, enojona, susceptible, criticona, temperamental…
- bien, ya entendí – interrumpí, no tenia porque dar todos los adjetivos que me describían.
- déjame hablar, aun no termino – me retó, respiré intentando no enojarme, esto me lo merecía – no negaré que muchas veces me cansa tener que ser yo quien se disculpa por las cosas que pasa, admito que la culpa es mía la mayoría del tiempo, pero no siempre es así. Llevas a nuestros hijos dentro tuyo y es una de las razones por las cuales cierro la boca y agacho la cabeza aunque no deba hacerlo tragándome todo mi orgullo y elevando el tuyo que de por si es bastante alto… - guardó silencio mirándome directo a los ojos, se estaba desahogando de todo lo que le había hecho en estos cinco meses de embarazo y por más que quería darme la vuelta y salir de la habitación me quedé, porque debía hacerlo, porque después de todo quien nunca había estado equivocado era Jakob, merecía su momento de desquite conmigo – todo soy capaz de aguantarlo, si me quieres tratar mal, bien, me lo banco, todo, menos lo que paso recién, nunca creí verte celosa de tus propios hijos Leah
- no lo estoy – me defendí interrumpiéndolo – nunca estaría celosa de nuestros hijos por dios Jakob, es solo que… mierda no sé que me pasó, simplemente me dolió lo que dijiste… lo siento, fue estúpido de mi parte…
- bastante estúpido – rectifico – quien debería estar celoso soy yo ya que pasas más tiempo con ellos que conmigo – dijo sonriendo. El alma me volvió al cuerpo cuando vi la sonrisa que tanto amo nuevamente
- disculpa por mi forma de ser, soy incorregible
- no tienes de que disculparte, eres así y te amo por eso… no llores – me pidió cuando una maldita lagrima delatora corrió por mi mejilla. Jakob la secó cuidadosamente con su índice – cariño, yo te amo, no importa cuántas veces peleemos, no importa quien haga enojar a quien. Te amo a pesar de todo y todos… ya te lo dije una vez, estoy enamorado de ti como en el primer día y eso no va a cambiar – las lagrimas salían como si el mundo fuera del lagrimal fuese muy interesante para ellas, todas juntas y en cascada corrían por mis mejilla, pero ya no sabía si era de pena o de alegría. No sabía nada, solo quería llorar. Me aferré al pijama de Jakob como si la vida de mis hijos dependiera de eso y escondí mi cabeza en su pecho intentando calmar mis sollozos
- no hagas eso, si ya estás llorando no lo reprimas – me pidió él acariciando mi cabello y besando mi coronilla – llorar es lo mejor que puedes hacer, no intentes calmarte, estás muy lábil y esto te hará bien, si quieres llorar tienes el derecho de hacerlo, mi pecho siempre estará allí para que lo mojes - sus palabras no me ayudaban, solo me hacían querer llorar mas.
- ¿Por qué… eres tan… condescendiente? Además… no quiero… llorar – las palabras apenas me salían entre sollozo y sollozo
- no importa, si quieres llorar hazlo, si quieres reír hazlo, si te quieres enojar… ten compasión conmigo – bromeó haciéndome reír – prometo intentar bancarme cada una de tus rabietas de la mejor forma posible, solo pido un poco de misericordia con mi pobre paciencia
- está bien, prometo intentar controlar mi genio, o ser compasiva contigo, lo que ocurra primero – respondí con la voz un poco más calmada, pero sin detener las lagrimas, finalmente el cansancio me ganó y me quedé profundamente dormida
El despertador me sacó de mi sueño, y a pesar de que la mayoría del tiempo lo odio por eso, esta vez se lo agradecí enormemente, ya que mi sueño era realmente malo.
Me encontraba en un parque. Sentada en el pasto con un niño a mi lado, un varoncito, solo uno cuando debían ser dos. Sabía que era uno de mis hijos ya que tenía esa hermosa sonrisa sacada de su padre y el color miel de mis ojos. Definitivamente era mi hijo. Pero me extraño que faltara uno de los gemelos, aun así no dije nada. A los segundos después Jakob aparece a mi espalda y me abraza "tu puedes con esto cariño" me susurra al oído, no entendí absolutamente nada de lo que me dijo ni porque me lo dijo, pero sentí el miedo embargarme cuando mi pequeño niño comienza a alejarse de mi lado gritando del susto. Estiro mi mano para alcanzarlo pero por más que intento moverme no salgo de mi lugar, el pequeño aun me grita desesperado que lo ayude, pero noto con impotencia que no logro hacer nada. Jakob aparece nuevamente pero se interpone entre mi bebé y yo, "no te vayas Leah, te necesito" comenzó a decirme con pánico en los ojos "no voy a ningún sitio" le respondía, mi atención estaba dividida entre Jakob y aquel niño que ya casi no lograba ver. En algún momento de la historia el parque pasó de iluminado a sombrío, como si estuviese a punto de caer una llovizna de invierno cuando se suponía estábamos en pleno verano. Veo como Jakob comienza a llorar mientras me acaricia el cabello. No entiendo nada, absolutamente nada y el dolor en los ojos de mi marido me inunda de pánico "¿Por qué lloras?, Jakob ¿Qué pasa?" pregunto pero no obtengo respuestas. Luego de un momento él también comienza a desaparecer de mi lado, pero es más que nada un desvanecimiento, como si fuese un fantasma quien vuelve a su lugar de origen desdibujando poco a poco su silueta. Con sus labios articula un "lo siento tanto" antes de marcharse completamente. Me encuentro totalmente sola en un sitio que no se me es familiar. Un sitio que comienzo a odiar porque siento que se lleva todo de mí y me deja a la deriva. "Jakob espera" comienzo a llamarlo, pero no escucho nada. "Jakob"… "Jakob"…
A lo lejos se escucha un sonoro pitido que se mezcla con el sonido de la lluvia que caía sobre el parque en el que me encontraba dentro de mis sueños, mis gritos se hacían más fuerte porque sentía que nadie podía encontrarme con tano ruido tapando mi llamada. No sé si lo hice consiente o no, pero necesitaba que me escucharan, mi hijo se había ido, y ahora Jakob no estaba. "Jakob vuelve"… "Jakob no te vayas"… "Jakob"…
- Leah, despierta – la voz de Jake se une al llamado del despertador – cariño abre los ojos por favor – me ruega. Me siento aliviada de escucharlo, temí perderlo en el parque, pero ahora me pedía que despertara – Lee, Lee – lentamente abrí mis parpados y lo primero que vi fue su rostro preocupado.
- Jakob – susurré aliviada de verlo a mi lado como siempre, el miedo poco a poco se fue yendo de mi cuerpo al sentir el calor del suyo
- ¿estás bien? – me preguntó, pero no fui capaz de responder y me aferré a su cuello. No quería llorar, al menos no como antes, pero necesitaba tenerlo lo más cerca posible, cerciorarme que no se iría a ninguna parte - ¿Qué pasó lunita?
- no lo sé… solo… abrásame – le pedí y él me hizo caso, se tomó de mi cintura y me apegó a su cuerpo como si no quisiera dejarme escapar, poco a poco me tranquilicé.
- cariño, me llamabas en sueños, nunca hablas mientras duermes, y ahora tenias tanto miedo mientras decías mi nombre, mientras me pedias que no me fuera – susurró Jakob al cabo de unos minutos de silencio
- un maldito sueño – dije negando con la cabeza intentando quitarle importancia al asunto – no me hagas caso, las cosas tontas de embarazadas. Estas aquí y es lo importante
- ¿estás mejor ahora? – me pregunto
- sí, no sé qué fue lo que pasó, pero espero que el estúpido sueño no se repita – espeté intentando olvidar la cara de horror del niño mientras se alejaba de mi lado, o el rostro inundado por la pena de Jakob mientras lloraba.
- ¿tienes que trabajar no es así? – es verdad, lo había olvidado por completo
- si – respondí levantándome un poco para ver la hora, eran las siete de la mañana – tengo que reemplazar a Paloma, su hijo está un poco enfermo y me pidió el favor, será solo medio día así que estaré aquí para el almuerzo – dije volviendo a acostarme y tomando su cintura, unos minutos más con Jakob eran más importantes que prepararme para ir al hospital.
- me dijiste lo del niño enfermo y se fueron todos mis alegatos al suelo – me reí, sabía muy bien que pensaba decirme algo en contra de que fuese a trabajar siendo día sábado, pero Jakob al igual que yo no dejaría que un niño enfermo se quedara sin su madre.
- sabia que eso pasaría – le conté
- manipuladora
- ¿me pasarás a buscar para hacerme la ecografía? – le pregunté recordando que hoy tenía cita con Mike, el muy amablemente aceptó verme el sábado, ya que sabía que mi estilo de vida como enfermera y el de Jakob como ingeniero nos dejaba muy pocas posibilidades de hacerlo durante la semana – si no puedes no importa ¿tenias reunió hoy no? - intenté tomar las cosas con más calma, no pelearía otra vez con él por el mismo tema de anoche
- mmm… cancelaré mi reunión, ya que prefiero mil veces acompañarte, no quiero perderme de ningún momento, puede que tu embarazo no se repita y seria una reverenda estupidez cambiar una cita médica por una insignificante reu… - lo interrumpí besándolo, no lo pude evitar, impulsos de embarazada. Jakob se entusiasmó y me giró quedando sobre mí, evitando poner su peso en mi vientre, mientras pasaba sus labios hacia mi cuello "tengo que ir a bañarme o no llegaré a tiempo" pensé para mí cuando sentí la excitación llenando la parte baja de mi vientre. O me levantaba ahora o llegaría atrasada a trabajar. Me dispuse a salir de la cama cuando sentí los dedos de Jakob entrar a una zona muy sensible en mi cuerpo, jadeé cuando los comenzó a mover en mi interior… "creo que llegaré tarde al hospital" pensé mientras giraba y ponía a Jakob entre mis muslos.
Jakob POV
"genial" pensé para mí cuando vi la hora. Eran pasadas las dos de la tarde e iba a atrasado a mi junta con Leah. Tome el celular y la marqué
- ¿Dónde demonios estás? – me preguntó sin si quiera decirme hola
- me atrasé un poco, estoy a un par de cuadras del hospital así que en diez minutos estoy allá – le respondí tomando una curva. ¿Esa era una luz roja? Espero que no, no tengo tiempo para una detención en estos momentos – voy lo más rápido que puedo
- tranquilízate un poco Jakob, no quiero que te pase algo por conducir como loco – me dijo por teléfono, su voz era tranquila y sin un ápice de enojo
- ¿Cómo? ¿No estás enojada? ¿No me amenazarás de muerte si me demoro más? – le pregunté asombrado por su cambio, estaba preparado para que amenazara mi vida
- no me provoques, hago un intento de cambiar mi actitud y dejar de tener un humor del demonio, antipático, idiota, enojón, susceptible, criticón y temperamental – me parece que en alguna parte escuché esa frase antes… Ho si, ahora recuerdo, es como la describí anoche cuando tuvimos nuestra pequeña pelea. Olvide agregar la palabra 'exagerada' a la lista
- no te estoy provocando, al contrario, te estoy echando porras ¡vamos lunita! – grité feliz por teléfono por lo que Leah me había dicho. Intentaba cambiar y ese intento era mucho más de lo que pensé que haría, para ser sinceros creí que haría absolutamente nada
- espero que las porras me las hagas con pompones y faldita – me bromeó ella riendo
- claro, las traigo bajo la ropa junto con el peto y los tacones – la escuche reír nuevamente y me contagié de su alegría. Bajé del auto aun con ella en línea - ¿Cómo te fue en tu día? – pregunté haciendo tiempo para encontrarla donde habíamos acordado
- increíblemente el servicio estuvo tranquilo, los pacientes no me dieron problemas, a diferencia de tus hijos que no pararon de patearme
- ¿dolió mucho? – aceleré el paso con mas ansias de verla y asegurarme que estuviese bien, se escuchaba bien por teléfono, pero ella era experta en no decirte lo que le pasaba
- un poco, pero ya estoy bien ¿y tú, como fue tu día? – doblé la esquina y la vi, estaba a los pies de la escalera con la cadera apoyada a la barandilla. Tenía puesto su traje de enfermera, del cual sobresalía su abultado vientre dándole una imagen increíble. Su cabello estaba tomado en una trenza y caía sobre uno de sus hombros dándole un aura de ternura y femineidad, dos cosas totalmente lejanas a la personalidad de Leah, pero que me hicieron mirarla con una sensación de júbilo en mi pecho difícil de describir, no sabía si era porque sabía que ese aura especial se lo daban mis hijos, o porque cada vez que la veía la amaba mas, no tenía claro el porqué, pero eso en realidad era irrelevante - ¿Jake te tragaste la lengua? – la voz de Leah me hizo reaccionar y aceleré el paso el cual había frenado sin darme cuenta
- lo lamento algo me distrajo. Mi día fue aburrido, te extrañé toda la mañana y tuve que inventarme cosas para entretenerme – "como un proyecto de construcción" pensé para mi
- mentiroso, estoy segura que dormiste toda la mañana y no te acordaste de mi
- no puedo dormir sin ti – dije a su oído abrazándola por la espalda. Ella pegó un salto en mi abrazo y se volteó
- ¡pedazo de idiota me asustaste! – gritó tomando su pecho con una mano y con la otra pegándome suavemente en la cabeza
- soy tú pedazo de idiota – rectifiqué abrazándola mas fuerte
- mi pedazo de idiota atrasado – me dijo rodeando mi cintura con sus brazos – vamos muy tarde – no contesté y la besé. Ella sonrió en mis labios – maldito tramposo, me distrajiste
- era la idea – sonreí volviendo a besarla – ahora vamos o no llegaremos nunca – tomó mi mano y enredo sus dedos con los míos guiándome a pesar de que ya me conocía el camino – espero que Mike no se enoje por la demora
- naaa, estaba entretenido con una enfermera así que seguramente agradece nuestro atraso – me reí y parte de mi se alivió, el ginecólogo se interesaba en una enfermera diferente a la mía. Genial. Caminamos en silencio moviendo nuestras manos de adelante hacia atrás cual niños pequeños. Tomamos una curva y caminamos por ese pasillo tan conocido, cada vez que iba con Leah ella tenía el abdomen más grande y el pasillo de ginecología se me hacia un lugar cada vez más alegre
- ¿quieres saber qué son? – preguntó Leah rompiendo el silencio
- ¡claro! – exclamé sin pensarlo dos veces, me moría de ganas por saber que eran, la verdad es que no importaba mucho si son dos hombros o dos mujeres, pero la curiosidad me mataba, además de eso Alice estuvo toda la mañana pidiéndome que apenas supiera que eran le avisara ya que quería organizar una salida de compras con Leah y Rosalie, la cual ya se había enterado que esperaba una niñita para dentro de diez semanas. Me di cuenta que Leah no decía nada y estaba seria - ¿tú no quieres saber? – pregunté encontrándome con silencio y una mueca en su rostro, demonios. Si ella no quiere saber no voy a obligarla – si no quieres no importa, esperaremos hasta el día del nacimiento
- si vieras tu cara te reirías – me dijo interrumpiéndome – es una broma tonto, claro que quiero saber – esbozo una sonrisa
- ¡qué mala eres! – Dije acorralándola contra la pared, ella se rió – tendré que azotarte cuando lleguemos al departamento – susurré a su oído provocando que riera nerviosa
- ya quisieras – me empujó suavemente para seguir caminando, sonreí tomando su mano, no me gustaba que camináramos uno al lado del otro sin tocarla – vamos sadomasoquista o no llegaremos nunca – me carcajeé fuertemente al escuchar el apodo
- te verías increíble con un traje de látex – comenté imaginándome, Ho si, se vería más que apetitosa. Casi habíamos llegado al box donde atendía Mike
- opino lo mismo – dijo el abriendo la puerta, miraba coqueto a Leah y a mí me entró el enojo
- ¿Qué no te alcanza con la otra enfermera? – espeté, él me miró sorprendido
- estoy segura que prefieres ver más a Paulina con látex negro en el cuerpo que a mi – dijo Leah sentándose frente al escritorio. El doctor rio fuertemente
- tienes razón – aceptó y yo respiré un poco más tranquilo, los celos me enferman
- hazle daño y te mato, ella me cae bien
- no te preocupes, tengo intenciones de que sea algo serio en un tiempo mas – Leah lo miro escéptica - es enserio, me gusta mucho y creo que me corresponde, así que intentaré enseriarme con ella
- ¿en verdad? Wow, me alegro, necesitas a alguien que te controle y ella se pondrá los pantalones en la relación – bromeó Leah, estoy seguro que Mike se ruborizo
- no necesito que me controles, soy una niño bueno – nos reímos mas fuerte que antes por el comentario, Mike arrugo el ceño y nos miró - basta de mi vida personal y vamos a lo nuestro ¿ya te pesaste? – preguntó el abriendo la ficha médica de Leah y poniendo cara de médico profesional. Ella hizo una mueca
- estoy obesa, subí cinco kilos en las últimas semanas – se quejó. Yo la miré sin saber que había de malo con su peso. La encontraba radiante, hermosa. Sus curvas se acrecentaron, su cadera se enanchó, su trasero era más redondo y sus pechos… ¡benditos sean! Estaban grandes, redondos, suaves, tiernos, tan tocables ¿Cuál era el problema? Yo no veía ninguno, ella estaba espectacular, sin sumar que llevaba a mis hijos en su vientre, lo cual le daba un aura especial.
- eso es bastante para el trimestre que tienes, se supone que todo el peso lo tendrías que ganar desde finales del sexto mes hacia delante, te mandaré a hacer unos exámenes para ver si hay algo con el liquido amniótico o solo son los bebes quienes aumentan de peso con mayor rapidez – comentó Mike anotando - ¿y tu presión?
- normal, no sobrepaso los 100/80, no he tenido hipotensión a pesar de la anemia que cursé y mi pulso se mantiene regular a 65 por minutos aproximadamente – no entendí nada. Me pasa por estar en el mismo cuarto con dos personas entendidas en la materia. Ninguno traducía, necesitaba un diccionario medico paciente con urgencia.
- bien… ¿dolores?
- patean duro – dijo Leah acariciando su vientre
- ¿Qué tan duro?
- mucho – dije yo al ver que Leah no tenía intenciones de responder, Mike me miró interesado – al punto de dejarla sin aliento, y hay veces en las que el vientre se le pone rígido – él anotaba con una letra ilegible para cualquiera, no sé cómo alguien puede escribir tan mal.
- hoy haremos la ecografía y veremos que todo esté bien con los fetos ¿está bien? – Leah y yo asentimos, aunque el pánico se puso en mi rostro ¿y si algún andaba mal? ¿Si a mis hijos las pasaba algo? No quería ni imaginarme lo que eso sería ya que posiblemente habría una tercera guerra mundial ocasionada por Leah y por mí contra la vida. Intente sacarme las malas ideas de mi cabeza, nada iba a ocurrir, el destino no podría ser tan desgraciado con nosotros, no podía arruinarnos nuestra felicidad
Caminamos por el pasillo en silencio aferrados de la mano del otro para infundirnos tranquilidad, pero la verdad es que de tranquilidad no tenía nada por mucho que intentara pensar positivo. Me aterraba pensar en que las cosas salieran mal o pasara algo con mis hijos o con Leah.
Llegamos a una sala grande y blanca deferente a la que usamos la última vez que Leah se hizo una ecografía, la maquina también era diferente, tenia mas botones y una pantalla mas grande. Leah al parecer lo reconoció porque la vi esbozar una media sonrisa. Mike prendió los equipos y comenzó a preparar todo mientras yo estaba allí intentando no pensar en lo peor. Leah se estiró en la camilla y yo me quede de pie a su lado ya que las ansias que tenia no me permitían sentarme
- súbete la polera – ordenó Mike sacando unas cosas de un cajón. Ella le hizo caso y se desabrochó los botones de su traje hasta el nivel del bajo busto, luego bajó sus pantalones hasta el borde del pubis. En otras circunstancias habría encontrado eso lo más sexy del mundo, pero ahora, no podía sino verlo como lo mas encantador, se veía preciosa allí, con su vientre al descubierto. Hermosa.
Mike sacó un pote grande y puso gel en el abdomen de Leah
- ¡mierda hombre que esta helado! – exclamó ella mirándolo enojada, él lanzó una carcajada – imbécil, es la segunda vez que me haces lo mismo
- siempre olvido avisar cuando hecho gel – sonrió, de mi garganta salió un gruñido que lo hizo reír aun mas fuerte – bien, perdón, solo era para hacer el ánimo más ameno, están muy tensos chicos, eso le hace mal a los fetos, pero sobre todo a mí, me pone los nervios de punta
- no me podrían importar menos tus nervios y me harías amenas las cosas si solo me mostraras que mis bebés están bien – dijo Leah, yo asentí con la cabeza
- tranquila, estoy seguro que están bien – sacó una cosa blanca y larga con una protuberancia en uno de sus extremos y comenzó a pasarla por el vientre de Leah, gemí cuando vi lo fuerte que la pasaba, hundiéndola demasiado para mi gusto, la miré en busca de cualquier gesto de dolor que me indicara que debía desmembrar al doctor por bruto, pero no encontré nada más que sus ojos fijos en la pantalla.
Seguí su mirada para toparme con la típica imagen en blanco y negro. Yo me quedé helado al reconocer por primera vez algo en esa pantalla. El perfil de un rostro era claramente identificable, "creo que tendrá mi nariz" pensé para mi sonriendo, mi corazón comenzó a acelerar su pulso y una sensación de explosión llenó mi pecho cortándome el aliento y dejando mi ojos vidriosos, esto lo había sentido antes, cuando me Leah dijo que me quería, cuando me dijo que si se casaría conmigo y cuando me dijo que tendríamos hijos. Reconocí esta emoción como dicha pura y completa, de aquella que nada podía eclipsar, y de la que solo conoces unas veces en la vida. Y la imagen de una personita que era parte de mi me provocó que finalmente me sintiera como un padre.
Mike movió la maquina y la imagen cambio mostrando otro perfil, pero con ambas manos en puños cerca del rostro. La sensación que tenia se acrecentó, nunca dudé de mi paternidad, pero no tenía la conexión que Leah tiene con ellos, pero ahora, ahora que los veo y palpo la realidad de las cosas me doy cuenta "realmente soy papá", no pude reprimir que mi sonrisa se enanchara a lo más posible, realmente soy papá. Esos son mis hijos, MIS hijos
- mira Jake – dijo el médico apuntando una línea blanca en el monitor – eso es el cordón umbilical, pensé que podrían estar inquitas debido a que tenían lo tenían enredado al cuello, o en alguna parte de su cuerpo, pero esta normal, todo en orden, no alcanzo a ver la placenta ya que tus hijos me tapan, pero no se ven anormalidades, ellos solo son inquietos – sonrió. La imagen cambió y no la reconocí, para mí era una mancha blanca en un fondo negro.
- ¿Qué son? – pregunté. Leah comenzó a reír mirando la pantalla
- humanos, mira allí podemos ver dos manos, dos piernas, una cabeza…
- que chistoso – interrumpí la mala broma de Mike – me refiero al sexo
- pues, puedo decir que son niños muy inquietos – respondió él. Miré son comprender, ¿es que no entendió mi pregunta? ¿Por qué me dice lo inquietos que son si yo quiero saber el sexo?
- y eso explica todo – dijo Leah apuntando la pantalla - tus hijos serán jugadores del Manchester - yo procesé la información sin encontrar coherencias entre lo que estaba pasando y su comentario
- por favor, que estén en el Chelsea. Son mucho mejores – acotó Mike sonriendo, yo los miré confundidos y algo enojado por sentir que me estaba perdiendo de un chiste, se supone que el que debería tener chistes privados con ella era yo, por algo era el marido
- lobo bobo, tendremos dos futbolistas, dos mini Jake corriendo por la casa – 'clic' hizo mi cabeza cuando al fin puede comprender el porqué de la mención de equipos de futbol. Pero que imbécil me he vuelto
- ¿dos varones? ¿Dos Jakob corriendo por el departamento y practicando deportes conmigo? – pregunté asombrado… dios santo, dos niños…
- sip, dos hombrecitos que saldrán a correr con nosotros – me sonrió ella
Me quedé estático por un segundo apreciando una imagen mental que apareció al escuchar la noticia. Estaba con dos hermosos niños jugando en un parque, tomaba a uno en brazos y lo elevaba por los aires regodeándome con su risa, era hermoso. El otro pequeño tiraba de mi camisa proclamando una oportunidad en mis brazos, lo miré y sonreí al ver que era tan perfecto como su hermano. Ella llega de improviso y lo alza sin que se lo espere y haciéndolo reír comienza a girar con él. Vi la escena como un tercer espectador y nos vi feliz. Una hermosa familia feliz. MI familia feliz.
- ¿estás bien? – la voz de Mike me sacó de mi epifanía volviéndome a la realidad donde mis hijos aun estaban dentro de su madre. La cual me miraba ceñuda.
- ¿querías mujeres acaso? – me preguntó Leah
- ¡NO! – Exclamé – me quedé así porque tuve la hermosa visión de nosotros con dos niños, en un parque, felices – volví a reír nervioso, llevé mi mano a mi cabeza y la pasé por mi cabello – dios mío... dos niños... ¡dos niños! – solté una carcajada y me acerqué a Leah para besarla de improvisto. Ella sonrió en mis labios y tomó mi rostro
- bonita epifanía – murmuró cuando nos separamos para tomar aire
- te amo, no sabes cuánto – susurré sobre sus labios para volver a besarla
- hooooooo – el sonido me hizo voltear el rostro. Vi a Mike sentado frente nosotros con una mano en el corazón y mirándonos tiernamente. Hizo el gesto de que se limpiaba una lágrima falsa de su ojo para luego sonreír. Leah no pudo evitar la risa y yo tampoco. Pero no por el gesto del inmaduro doctor, si no del hecho de que finalmente veía a mis hijos… hombres… mis principitos… maldición, soy papá. Nunca me sentí tan consciente de eso hasta ahora – son tan tiernis – dijo usando uno de esos modismos típicos de niños de pequeños, sacudí mi cabeza, no puedo creer que el hombre que tengo al frente mío sea médico y esté entrenado para traer nuevas vidas al mundo.
- ¿vas a sacarlo o no? – preguntó Leah mirando con una sonrisa, ¿sacar qué?
- pero que impaciente, dame un momento mamá que lo hago de inmediato – rezongó Mike apretando botones, no sé cómo no se perdía entre tanto botón
- ¿sacar qué?
- ya verás – susurro Leah dándome una sonrisa. Asentí y esperé. Al cabo de unos minutos una maquina comenzó a sonar, estaban imprimiendo algo
- tomen, un regalo que deben mantener en secreto – Mike se nos acercó con una carpeta
- ¿secreto?
- sí, esta máquina llegó el día de ayer y aun no se estrena de forma oficial, quería ser el primero en probarla y ustedes fueron los grandes afortunados – sonrió, Leah sonreía con él mientras yo abría lo que tenía en mis manos. Ahogué un grito cuando vi dos imágenes de tonalidades amarillentas. Se veía nítidamente el rostro de mis hijos.
- me estás bromeando – exclamé sin creer lo genial de la imagen
- no, son imágenes en 3D, es primera vez que tenemos una maquina como esta en el hospital y son los primeros en saber cómo son sus hijos, pero no digan nada, porque me matan si saben que la usé antes de la ceremonia de inauguración – intentaba escuchar la explicación de Mike, pero no podía concentrarme en nada más que en las fotos que tenia frente mío. Preciosos, esa es la palabra para describirlos. Tenían sus ojos cerrados, y notaba sus rasgos perfectamente, sus labios rellenos como los de su madre, mi nariz. Los pómulos de Leah
- son perfectos – susurré, vi como ella sonreía
- estamos listos, vístete Leah – ella comenzó a sacarse el gel del vientre, pero le quité el papel y lo hice yo, igual que la primera vez que se hizo una ecografía, cuando recién nos habían confirmado que tendríamos gemelos, y ahora, hombres, dos, hombres… no pude evitar que una sonrisa se pusiera en mis labios – bien, chicos, Leah tiene cinco meses cumplidos hace poco y todas las cosa van bien, la próxima ecografía es en cinco semanas, y es la última que descarta alguna complicación en el embarazo, si todo va bien no tendríamos de que preocuparnos para tu último trimestre – explicó Mike tomando finalmente su papel como médico, podría tomarlo más seguido y dejar de ser un payaso, estoy seguro que sería una doctor de renombre como su madre si dejara de comportarse como un niño de 10 años. Ahora que lo pienso, se llevaría de maravilla con Emmet
- es decir, que si todo sale viene en la próxima ecografía no habría problemas en los últimos tres meses
- pero que inteligente te has vuelto – me bromeó Mike. Achique mis ojos en respuesta pero el solo sonrió. No me enoje con el por el puro hecho de que nos había regalo fotos de mis hijos
Dejamos al doctor y nos fuimos a la casa. Estaba feliz, más que eso, radiante, eufórico, no hay forma de describir como me siento, y mucho menos decir cómo se veía mi Leah, estaba feliz, no había forma de quitarle la sonrisa de los labios. Mi estómago estaba inundado por el nervio. Cuando llegáramos a la casa le mostraría mi regalo, aquel que quedó relegado por lo que pasó con Nessie.
Fuimos hacia el departamento hablando sobre los niños, nombres, colores que usarían para diferenciarlos, que color tendría sus ojos, si los miel de ellas o los negros míos. Hablamos hasta de el cuarto, las camas, la decoración, estaba entusiasmada por ir a comprar… si, aunque no lo crean, quería ir a comprar cosas para sus hijos, ropa, de hecho pensaba en invitar a Alice, Bella y Rosalie. No tardamos en llegar ya que la conversación nos tenía completamente envueltos, tomados de la mano caminamos por el pasillo que nos conducía al hogar que pronto cobijaría a dos pequeñas personitas más, mis personitas. Los seres que más quería en este planeta junto con Leah
Abrí la puerta y nerviosamente la dejé pasar, ella no tenía idea de nada. Por lo que de forma inocente subió las escaleras hacia nuestro cuarto. ¿y si no le gustaba? Sacudí esa idea de mi cabeza, claro que le gustarían, la conozco
- cariño, ¿puedes ir a la pieza de los niños a buscarme una toalla? – le pregunté. Ella me grito un 'bueno' desde el segundo piso. Hace más de un mes que habíamos tirado la pared que separaba las dos piezas de invitados y ahora había una enorme habitación a la que llamábamos 'pieza de los niños' para acostumbrarnos. Aun no sacábamos las cosas que habían dentro, ni decorábamos las paredes, nada, pero esta mañana me había encargado de poner algo de los bebes allí dentro
- ¡JAKOB! – Grito Leah - ¡ven aquí! – era una orden, y fui, por una parte temiendo que no le gustara. Subí las escaleras y me dirigí directamente a la pieza. Al entrar vi a Leah perdida viendo lo que tenia frente a sus ojos. Vi como sus manos acariciaban la blanca madera con suma delicadeza, noté inmediatamente la fascinación en sus ojos, le habían encantado - ¿Cuándo?
- el día en que me tuve que ir temprano ¿recuerdas? – ella me miró extrañada, pero luego vi el entendimiento en su rostro, pero el dolor también
- Ho mierda – susurró, vi como una lágrima caía por su mejilla. Me asusté. ¿Por qué su reacción?
- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – tomé su vientre pensando que eran los niños pateando, pero no sentí nada. Ella aun me miraba con condena en su rostro
- ¿el día en que te vi con Renesme? – me miraba con mucho dolor, me sentí muy mal, esta no era la idea, debería estar alegre, feliz, encantada
- si, por eso me fui temprano, hacia un tiempo habías visto esta cuna en una revista. Entonces la fui a comprar como sorpresa, pero con todo lo que pasó no tuve oportunidad de mostrarla. Hoy la armé y aquí están – me tomó de sorpresa sus brazos alrededor de mi cuello, me abrazó con fuerza casi ahorcándome. – Leah ¿Qué te pasa? Me estás asustando – no decía nada, solo movía la cabeza negando
- lo siento tanto, tanto – murmuró en mi oído, me separé de ella y la miré a los ojos intentando con todas mis fuerzas saber que era lo que le pasaba
- ¿Por qué?
- porque soy una reverenda imbécil, idiota, insensible… soy horrible. Mierda ¿Por qué no me dijiste donde ibas? – ahora estaba triste y molesta. Las hormonas aparecían otra vez
- porque era una sorpresa Lee – repetí, estaba cada vez más confuso
- idiota – murmuró
- ¿quieres explicarme porque demonios soy un idiota ahora?
- no tu, yo. Idiota – tomó su cabeza entre sus manos y dejó de mirarme. Esto ya era ridículo
- ¿no te gustaron?
- están hermosas, ideales… eres tan tierno – me dijo elevando su mirada, pasó su manos por mi mejilla con el dolor aun en su rostro. La miré sin comprender nada – no sé como aun no me dejas. Aunque ahora lo harás
- esto me está hartando Leah, abre la boca y di lo que te pasa
- te fuiste antes, no para juntarte con ella, si no porque me estabas comprando un regalo a mí, eso es lo que me pasa… que fui una idiota todo este tiempo
- necesito un traductor, no logro comprenderte
- que tú hiciste eso, mientras yo fui a un funeral
- ¿Qué?
- me vas a odiar, estoy segura… ese mismo día yo salí toda la tarde – asentí, recordaba que se había ido enojada, porque creía que yo me había juntado con premeditación con Nessie – tomé un taxi directamente hacia el cementerio general de la ciudad, vi el anuncio en el diario de su entierro y sentí que debía ir a verlo…
- ¿a quién? – interrumpí
- Steve – susurró. Ahora entendía un poco más, no comprendía que tenia de malo eso, tenía claro que el cariño que le tenía a ese niño era especial, le iba a preguntar que tenía que ver eso con las cunas, pero ella siguió – y, juro que fue sin intención, pero me encontré con un… amigo y…
- ve al grano – pedí, apareció un amigo y las cosas comenzaron a olerme mal.
- él conocía al niño, estaba mal anímicamente, solo caminábamos, iba pensando en todo lo que nos había pasado y no me di cuenta, no lo vi venir, ni si quiera se me pasó por la mente…
- ¿Qué pasó Leah? – espeté temiéndome lo peor. Por favor que no diga lo que creo que va a decir
- él me beso – dijo. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.
- ¿Qué? – quería escucharlo de nuevo, esperando que tal vez lo hubiese dicho mal. O mi imaginación estuviese jugando conmigo
- él me besó, fue sin importancia, solo un roce de labios, lo empujé inmediatamente
- ¿Cómo pudiste? – pregunte dándome cuenta de las cosas que habían pasado. La ira me inundó. Ella, me pedía sinceridad completa y absoluta, y me había ocultado eso por días, y además me alegó e hizo un escándalo por un beso, por una junta con una amiga cuando ella hacía lo mismo por mi espalda
- ocurrió de manera completamente imprevista
- armaste un escándalo por una inocente junta con Nessie cuando tu hacías lo mismo a mis espaldas – afirmé. Se me olvidó la cuna, se me olvidó la felicidad que tenía hace un momento, se me olvido todo. Mi esposa me había mentido. Mi esposa era una cínica.
- no, no lo hacía a tus espaldas, ocurrió una vez, sin querer. Me ayudó a comprender lo que te pasó, que, al igual que yo podías haber sido inocente en todo, que las cosas solo ocurrieron de mala manera – las lágrimas salían de los ojos de Leah, y yo no las quería mirar, estaba enojado, no quería sentir pena por ella. No cuando la ira era lo único que sentía, lo único que quería sentir. Estaba tan dolido
- ¿y si no te hubiese ocurrido? ¿No me hubieras perdonado? ¿Tuviste que vivir eso en carne propia para comprenderme? ¿Me crees imbécil?
- no Jake, escúchame
- tú no quisiste escucharme a mí, no me quisiste creer cuando yo te gritaba la verdad con todas mis fuerzas ¿Por qué tengo que hacerlo contigo?
- porque te amo – susurró. Vi su mano en su vientre, vi la mueca de dolor en su rostro y supe inmediatamente que los bebés estaban pateando fuerte. Pero no hice nada. Ni si quiera me acerqué. Me sentí mal por mi comportamiento, pero no tomé en cuenta ese sentimiento y me concentré en el engaño descarado.
- eso no fue suficiente para ti. No lo es para mí – otro gesto de dolor. Ni un movimiento por mi parte
- lo siento, debí decirte antes. Pero no quería arruinar lo que teníamos. No quería otra pelea – dijo entre gemidos. Una voz en mi cabeza, esa voz, la típica que te dice lo correcto pero tú nunca escuchas comenzó a hablarme y decirme que no fuese imbécil, que lo dejara pasar y que me encargara de la mujer que amo porque estaba sufriendo. Pero como siempre no la escuché.
- ahora sabes porque yo tampoco te dije que la stripper era mi ex novia – espeté. Ella no me miró, cerró los ojos con fuerza, la conocía lo suficiente para saber que se estaba aguantando el dolor – lo que más me duele es que no respetes las reglas que tú misma impusiste, y que tengas aun así el descaro de alegarme cuando las rompo. Tu cinismo me molesta, nunca creí que tu sariás así
- no es cinismo, no lo planeé, no… - dejó la frase a medio terminar poniendo una de sus manos en el costado de su cuerpo, yo estaba molesto, pero no quería herirla con las cosas que podían salir de mi boca en estas condiciones y que haría que todo terminada aun peor. Por lo que opté por lo más sano. Me giré y salí del lugar
Leah POV
Lo vi salir de la instancia. Y segundos más tarde escuché como la puerta principal de cerraba de un portazo. El dolor en mi vientre era mucho menor al remordimiento que sentía. Al dolor que me ocasionaba la culpa por haber tratado tan mal a Jakob hace una semana cuando él no había hecho nada malo y todo había salido mal por mi estupidez natural. Caí al suelo con mis rodillas cuando otro vez los gemelos patearon, estoy segura que se estaban vengando de mi por lo que le hice a su padre.
- mierda niños, no es el momento para… - otra patada, pero ahora al diafragma, estaba segura que había sido allí ya que me quede sin aliento – ni pateen a mamá, por favor, no pateen a mamá – rogué sentándome y acariciando mi vientre. Me arrastré hacia una de las paredes y me apoyé allí. Supe de inmediato que había sido una malísima idea. Frente a mi estaban las dos cunas, iguales. Hermosas, blancas y cafés, tan delicadas, ten perfectas. Tan Jakob.
Soy lo peor. Eso está claro, y no culparé a Jakob si no quiere volver. Pero no se irá fácilmente, me tiene que escuchar cuando esté más tranquilo. Y cuando el dolor cese iré a buscarlo. "tienes que escucharme, tienes que volver" pensé respirando. Tengo que arreglar las cosas.
No tenía pensado otra pelea ya que quería llegar a algo que se viene, pero ustedes tienen la culpa… no me miren con esa cara… ustedes la tienen: querían que Leah le contara todo y además que fuese ella la que se arrastrara una vez por el perdón de Jake ya que siempre era al revés. Bueno les hice caso y salió esto. Al menos espero sea de su agrado… ha, ¿ven como si tienen la culpa? xD, pero en todo caso, ya estaba bueno, Jakob tenía que saber cómo habían salido las cosas, Leah está en planes serios de asesinarme y mi querido Jake me pregunta porque hago todo esto… la respuesta es simple porque soy mala y me gusta un buen dramón con tragedias en cada capítulo si es posible ¿hay otra explicación? Sí, que soy horrible con los momentos rosas y se me da mejor la desdicha así que la escribo mucho
En fin, pedirles perdón por mi ataque de nostalgia la vez pasada con el tema de los revis, es que estoy pasando por un periodo de inseguridad emocional y otros mega problemas negros en mi vida personal que influyen en mi ánimo.
Cualquier reclamo y demás en un revi apretando el hermoso botoncito verde aquí abajo. Como leí en otro fic "un fic con revis es un fic feliz" JAJA me encantó esa frase cuando la leí ^^
Un abraso enorme para todo aquel que me lee, a los antiguos lectores y a los nuevitos, se les quiere a todos
¡Muac, muac! FEY BLACK
Pd: si hay algún error pido disculpas, sobre todo de ortografía, soy pésima con eso ^^
