CAPÍTULO 13. SORPRESAS
Eran pasadas las diez de la noche, pero a Clarke no le importaba y pensaba plantarse en la comisaría exigiendo una explicación. Miraba por la ventanilla del taxi intentando serenarse, pidiéndose a sí misma que se controlara una vez tuviera a Lexa delante. No quería parecer una verdulera, ni que se notara que la traición la había herido tan profundamente como lo había hecho, eso la expondría y la haría parecer vulnerable. Necesitaba demostrar que estaba enfadada, sí, pero sin perder el control frente a la impenetrable detective Woods.
Lexa estaba al otro lado de la sala de interrogatorios junto con el resto de su equipo, viendo cómo dentro Bellamy y Murphy interrogaban a quien todos llamaban"el jefe" de la Ice Nation, que era, en realidad, una "jefa" que se hacía llamar Echo. El lugar de la reunión había sido un almacén abandonado. Allí no habían encontrado ni rastro de Jasper, ni tampoco de droga, pero sí la habían hallado tras registrar el coche de los narcos. En total, cuatro personas contando a la jefa de la banda y a su hombre de confianza, Fergus, fueron detenidos.
Murphy y Bellamy estaban situados como de costumbre: el primero sentado delante de la interrogada, y el segundo de pie, apoyado en la pared en actitud desafiante, mirando fijamente a la detenida.
—¿Dónde está Jasper Jordan? —preguntó Murphy.
Echo miraba a uno y otro policía con media sonrisa de autosuficiencia.
—¿Se te ha comido la lengua el gato? —dijo Bellamy.
Echo se limitó a guiñarle un ojo como respuesta, en clara actitud desafiante. Entonces el policía caminó hacia ella y se apoyó en la mesa acercando su cara a la de la mujer.
—Murphy— Bellamy se dirigió a su compañero mientras señalaba con el dedo a la detenida—, la "jefa" cree que sólo tenemos esa coca para acusarla de algo. Lo que no sabe es que tenemos un traidor entre tus filas que testificará contra ella sin pestañear.
—Sois novios, ¿verdad? Lo noto —se mofó Echo.
Bellamy la miró con media sonrisa de "me importa un bledo lo que digas".
—¿Sigues sin saber quién es Jasper Jordan? ¿O ya has refrescado la memoria?
—Colabora —intervino Murphy— y todo será mucho más fácil para ti, créeme.
—No sé quién coño es ese Jasper, la verdad —dijo con desdén.
—Uno que te debe dinero —dijo Bellamy.
—Está en todas las noticias —intervino su compañero.
—Ah… ¿ese Jasper? ¿Y qué pasa con él?
Al otro lado del cristal, Lexa y Gustus se miraron serios. Detrás de ellos, Indra habló.
—Esta no va a soltar una mierda.
—Ya os dije que a lo mejor no había nada que soltar… —añadió la detective.
Gustus la miró sin comentar nada y volvió su atención a la sala de interrogatorios.
Y entonces Lexa vio a Clarke, que la miraba desde el pasillo con el gesto más serio de que su rostro era capaz.
—Discúlpame —le dijo a Gustus.
Este vio a Clarke y asintió.
—Hola, Clarke.
Pero Clarke no le respondió al saludo, en cambio, la miró con severidad, esperando una explicación.
—Vamos a mi despacho.
Lexa se dirigió hacia allí seguida por la investigadora y, una vez estuvieron dentro, Clarke le lanzó una mirada que echaba chispas de crispación.
—¿Me lo explicas? —intentó sonar serena, aunque su voz era aún más grave de lo normal en ella.
—Ha sido por tu seguridad.
Clarke alzó las cejas.
—¿Habéis tenido muchas bajas? —ironizó.
—Eso no es para bromear.
—Desde luego que no… Me has mentido, Lexa.
—Te he protegido.
—Has protegido al operativo de mí, porque yo soy un peligro, ¿no?
—No me has dejado otra opción, Clarke, era eso o arrestarte.
—No iba a ir sin tu consentimiento, Lexa, era un farol, joder.
—¿Ahora es un farol? —Lexa no se lo creía.
—Joder, Lexa, me has taladrado la cabeza con lo de confiar en el compañero, ¿y tú vas ahora y me haces esto? Yo nunca te he mentido.
—Me ocultaste el hackeo del móvil.
—Te lo oculté para no comprometerte. Y eso no es mentir, es no mencionar algo. Y cuando me lo preguntaste te lo conté. Pero esto es distinto. Tú… me has mentido en la cara.
—Te vuelvo a decir que no me has dejado otra opción.
—Sí tenías otra opción: dejarme ir.
—Eso no era una opción.
—¡No ha pasado nada, por dios, Lexa! Iba a llevar chaleco antibalas, no me iba a salir del guion. Todo estaba controlado.
—Nunca está todo controlado cuando te enfrentas a delincuentes armados…, pero como no eres policía, pues no lo sabes, así que aquí estoy yo para recordártelo.
La frase le quedó un poco más arrogante de lo que pretendía, pero no iba a dejarse convencer de que no había hecho lo correcto. Clarke la miró de nuevo fijamente, pugnando por no decir lo que quería decir, pero iba a explotar si no lo soltaba.
—¿Y el beso? ¿Formaba también parte de tu brillante plan policial? Porque te ha salido cojonudo.
—No, Clarke —Lexa parecía casi ofendida por esa idea—. No estaba previsto, simplemente sucedió.
—Ya, qué oportuno, ¿no?
Lexa se acercó hacia Clarke para mostrarse cercana, entonces alzó la mano para quitarle un mechón de pelo de la cara, pero la investigadora se apartó de ella.
—Sí, claro —dijo con fastidio.
Clarke se mantuvo alejada de Lexa, no quería darle la cercanía física y mental que la detective buscaba. Seguía enfadada. Tenía que marcar las distancias. Entonces cayó en la cuenta de algo.
—¿Y Jasper? ¿No lo habéis encontrado?
—No.
—¿Y entonces ahora qué?
—La líder de la Ice Nation no suelta prenda… por ahora. Ya veremos con los otros tres, les prometeremos beneficios al que cante antes. Y tenemos el "asesinato" de Roan contra Fergus. Yo misma lo reconocí.
—Entonces parece que el caso sigue… Qué pena que ya no me pueda fiar de ti.
Lexa la miró severa. Realmente era orgullosa y cabezona esta Clarke.
Mientras tanto, en la planta baja de la comisaría, un demacrado y desorientado Jasper cruzó la entrada dando dubitativas zancadas, como preso de una poderosa desazón. Finalmente, vio hacia dónde dirigir sus pasos: el mostrador de la entrada, sobre el que depositó una mochila abierta de la que asomaban varios fajos de billetes. Parecía aún más delgado y pálido que de costumbre y su mirada estaba vidriosa, quizá del llanto, quizá de las drogas.
—¡Que me he autosecuestrado! —gimoteó delante del policía de la recepción—. Joder, joder, joder —lloriqueó un poco más—, lo sé, la he jodido, pero estoy muy arrepentido, lo juro, lo juro, lo juro.
El policía lo miró alucinado.
—¿Jasper Jordan?
—Que sí, joder… ¿Pueden llamar a mi hermano? ¡Joder, qué mierda! —El número lo tengo en la memoria, pero no en la mía —se señaló la cabeza—, sino en la del móvil, y no me acuerdo, mierda— más que drogado, parecía borracho—. Se llama Monty Green. ¡Joder! Lo quiero mucho… Me va a matar. Quiero verlo. Mierdaaaa.
Y se sentó en el suelo lloriqueando, abrazado a su mochila. El policía lo miraba absorto, estupefacto ante el espectáculo que era ese chaval. En cuanto consiguió reaccionar, marcó el teléfono de Indra.
Mientras tanto, en la planta de arriba, Lexa y Clarke seguían su tensa conversación.
—Siento que pienses eso, Clarke, que percibas que no puedes fiarte de mí.
—No es percepción, Lexa, es real que me has mentido. ¿Y acaso confías tú en mí? No has confiado nunca. —La detective la escuchaba en silencio—. Si no hay confianza mutua va a ser muy difícil poder seguir trabajando juntas.
La investigadora trató de hablarle en un tono más suave, intentando dulcificar sus duras palabras. Lexa respiró hondo y desvió la mirada lejos de los inquisitivos ojos de Clarke. Entonces, a través de la cristalera, vio cómo Indra y Lincoln acababan de salir del ascensor escoltando a un chico con bastante malas pintas. La detective los siguió con la vista, lo que hizo que Clarke volviera hacia allí su mirada. Y ella sí que reconoció enseguida al muchacho.
—¿Jasper? —dijo sorprendida.
Clarke salió del despacho a su encuentro y miró interrogantes a los dos policías. Entonces el chico también la reconoció.
—¡Claaaaarke!
Y se lanzó a su cuello como si fuera un koala. Durante el abrazo, la investigadora arrugó la nariz, porque olía fatal, a una mezcla de sudor, suciedad y alcohol. Repentinamente, Jasper se separó de su amiga y la miró con sorpresa absoluta.
—¿Qué haces tú aquí? ¿Está también Monty?
Los ojos desorbitados del chico miraron a su alrededor. Clarke estaba demasiado confusa como para responder a sus preguntas. Lexa también había salido del despacho y estaba esperando las palabras de sus oficiales.
—Falso secuestro —Indra se dirigió a Lexa—. Tenías razón.
Clarke escuchó ese "tenías razón" con intriga, pero todo estaba sucediendo demasiado rápido como para hacer preguntas. Jasper cogió su mochila de las manos de Lincoln y se la mostró a Lexa.
—Nooo, falso no. Lo he hecho yo. Yo me he secuestrado de verdad.
—Además de drogado —volvió a intervenir Indra—, creo que está borracho, y puede que sea un poco tonto también. Voy a llamar a su familia.
La oficial se dirigió a su mesa y descolgó el teléfono.
—Es que vi al policía ese en todas las teles hablando de mí, diciendo que estaba muerto y que iban a coger a los culpables, pero fueran los que fueran eran inocentes, porque el culpable era yo y… —Jasper lloró de nuevo—. ¡Joder!, echaba de menos a Monty.
Indra, desde su mesa, no pudo resistirse a hacer otro comentario.
—Pero ese Monty ¿es su hermano o su novio?
Clarke, por fin, salió de su estado de alucine y puedo decir algo.
—Hermanastro, pero están muy unidos.
Jasper asintió entre sollozos e Indra elevó las cejas, el género humano no dejaba de sorprenderle.
—Vamos a darle a un café —dijo Lexa.
Y todos siguieron a la detective hacia la sala de descanso. Indra, que se había quedado llamando por teléfono, ya estaba hablando con Hannah Green, la madrastra del chico.
—Sí, sí, no se preocupe, está bien. Tráigale algo de ropa… y colonia.
La oficial no se cortaba un pelo.
Durante los siguientes minutos, en la salita del café, Clarke fue la que estuvo hablando con su amigo, calmándole y mostrándole afecto. Con ellos sólo estaba Lexa, sentada a cierta distancia, para que el chico estuviera en un ambiente de más confianza y que así contara todo lo sucedido sin reparos. Clarke tenía muchas preguntas que hacerle a la detective, pero no tenía más remedio que dejarlas para después.
La investigadora consiguió que Jasper relatara su historia de una manera más o menos coherente: confesó de nuevo que lo montó todo él, que se autosecuestró para tener dinero, porque se lo debía a un tal Roan… Pero no le pagó, se lo gastó primero en comprarse droga e invitar a sus amigos. Fue uno de ellos, cuyo nombre no iba a desvelar, el que hizo las llamadas telefónicas pidiendo el rescate. Estuvo más de una semana en su nube de drogas, sin pensar demasiado, pero cuando vio la rueda de prensa de la policía en televisión, todo se le vino abajo, y le entraron las urgencias. Fue a Polis en busca de Roan para pagarle, pero le dijeron que había muerto. Parece ser que el camarero de pocas luces no sabía quién era el chico. También le dijo que se anduviera con ojo, porque había habido una redada… Y entonces sí que se acojonó, creyó que todo era por su culpa. Y ya no pudo más: se colocó, se emborrachó, y sólo se le ocurrió entregarse en la policía, porque no se acordaba del teléfono de su querido hermanito.
Y en ese momento del relato, Monty apareció en la puerta de la salita. Jasper lo vio, se levantó como un resorte y los dos corrieron a los brazos del otro como si les fuera la vida en ello.
—¡Tío, Jasp, qué peste!—dijo Monty entre sollozos—. ¡No lo vuelvas a hacer más, tío! ¡Me has asustado, joder!
—Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento… —Jasper sólo atinaba a decir eso.
Mientras, la madre miraba a hijo e hijastro con cara de circunstancias. Indra, que estaba apoyada en el marco de la puerta, observaba la escena con interés, sobre todo a la madre, cuyo gesto le convenció de que esa señora debía de estar hasta el coño de sus hijos. Finalmente, tras varios minutos de abrazo fraternal, por fin, Jasper abrazó a su madrastra y esta le correspondió con un gesto amable…, sólo amable, no de exagerado amor.
—Perdóname, mamá, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento… —Etc.
Después de los llantos, los abrazos y los perdones, la familia al completo se marchó a casa. Por supuesto, no iban a presentar cargos contra él, así que la policía se limitaría a hacer el informe de lo ocurrido y, probablemente, todo se quedaría en una multa, un compromiso de rehabilitación y unas cuantas horas de trabajos sociales.
Ya eran las tantas de la madrugada, todos estaban cansados, pero Clarke no se quería ir sin hablar con Lexa. Así que, otra vez, estaban las dos frente a frente en el despacho de la detective.
—¿Qué ha querido decir Indra con lo de que "tenías razón" en el falso secuestro?
Lexa la miró, se dio media vuelta y se sentó en su sillón, quedando Clarke al otro lado de la mesa, de pie, esperando una respuesta.
—Hemos llevado otras líneas de investigación a parte de la Ice Nation.
Oír eso le sentó mal, muy mal a Clarke. Eso quería decir que era cierto que nunca había confiado en ella. Clarke se tragó su ira, tenía que controlarse y hablar serena. Tenía que ser profesional.
—Fue idea tuya lo de la rueda de prensa, ¿verdad?
—Hace dos días, un confidente de Indra le dijo que un chico que respondía a la descripción de Jasper había estado invitando a droga a todos los yonquis que encontró en un determinado punto de venta. Pensamos que podría ser él. Le intentamos seguir el rastro, pero desapareció. Y entonces, decidí tenderle una trampa. Jasper es un chico muy inestable, si tardábamos mucho más tiempo en encontrarlo, podría aparecer con una sobredosis.
Clarke apoyó su mano libre del cabestrillo sobre la mesa, para así acercarse e intimidar a Lexa, con su voz y con su cuerpo.
—¿Desde cuándo sospechabas que era un montaje?
—Desde la segunda llamada pidiendo el rescate.
Otro aguijonazo para Clarke.
—O sea, desde antes incluso de entrar yo en el caso —Clarke hacía verdaderos esfuerzos por controlarse, porque lo que quería hacer era gritarle a todo pulmón que era una consumada maestra del engaño.
—Y tras el interrogatorio a Roan creí aún más que la Ice Nation no tenía nada que ver… Pero gracias a tu colaboración los hemos cogido.
Lexa sonrió con amabilidad, pero la respuesta de Clarke fue dar un golpe en la mesa con el brazo sano, que sorprendió a la detective.
—¡Me has estado engañando desde el principio, Lexa!
—No, simplemente no te he comunicado cierta información.
—No digas chorradas, joder, me has mentido, me has dejado fuera de la línea de investigación principal. No me has dejado hacer bien el trabajo que me encargaron los Green —Lexa escuchaba estoicamente—. ¿Sabes qué te digo? Que te puedes meter tus lecciones sobre la confianza entre compañeros por el culo.
—Clarke… —Lexa habló en tono conciliador—. Eres muy impulsiva, teníamos una línea ya cubierta de investigación y… no queríamos interferencias.
Esto se ponía cada vez peor.
—¿Eso soy yo? ¿Una interferencia?
Lexa cerró los ojos dándose inmediatamente cuenta de su error de tacto.
—No he querido decir eso… al principio te mostraste impredecible y… te habrías puesto en peligro…
—¡Y una mierda! Se te llena la boca hablado de confianza, pero no has confiado en mí nunca. ¡Pero es de ti y de tu palabra de mierda y de tus… besos de Judas… de los que no se puede una fiar!
Ahora sí que había perdido el control, y ya le daba igual. Lexa tragó saliva, las duras palabras de Clarke le estaban haciendo más daño del que su actitud contenida demostraba.
—Clarke, no…
Entonces se levantó y fue hacia ella, intentando un acercamiento amistoso. Fue a tomarla del brazo, pero Clarke se retiró hacia atrás para evitar su contacto.
—No tengo nada más que decir. No ha sido un placer trabajar contigo. Espero que no nos volvamos a ver.
Se miraron intensamente durante unos instantes, hasta que Clarke dio media vuelta y salió del despacho dando un portazo. Iba casi corriendo dispuesta a no parar decaminar y alejarse de Lexa hasta llegar a su casa. Pero la detective la siguió y, esta vez sí, la cogió del brazo para detenerla.
—Clarke, escucha.
Y Clarke se volvió al mismo tiempo que se soltaba del agarre de la detective.
—No me toques.
Clarke la miró con rabia. Su reacción fue tan visceral que dejó helada a Lexa, que la miró de una forma entre sorprendida y suplicante. Sus ojos se desconectaron cuando la investigadora le dio la espalda y se marchó. Ni siquiera esperó el ascensor y bajó por las escaleras. Tenía ganas de llorar. Por mucho que intentara ponerse en la piel de la detective Woods, no soportaba el engaño, y se sentía profundamente engañada, profesional y personalmente, sobre todo, personalmente…
