Digimon, la siguiente aventura.

Cap. 12: Fuerza.

Ya casi amanecía, los dos muchachos habían decidido hacer guardia juntos ya que todas las noches habían recibido sorpresas nada agradables, la única que dormía era la hermana menor de uno de ellos.

-Si la sigues viendo así se despertará- dijo Satoru muy cansado, pero la verdad era que él también veía dormir a Tsugumi.

-¿Eh?- se sobresaltó Koji y viró su rostro al lado contrario de donde se encontraba Satoru, podía intuir que su rostro había adquirido un color rojo muy fuerte y no quería que su amigo lo notase.

-¿Te gusta mi hermana?- preguntó Satoru sin irse por las ramas, estaba demasiado cansado para pensar en otra manera de formular la pregunta.

-No- respondió inmediatamente Koji casi por instinto –No es que me guste… es solo… que dormida parece una niña muy tierna.

-Es verdad- concedió Satoru –Cuídala por un instante, ¿está bien?

-Claro, ¿A dónde vas?

-A buscar agua

-Muy bien

Satoru agarró en brazos a su pequeño digimon, que era el único que no había digievolucionado aún, y empezó a caminar por el bosque. Se oía una leve corriente de agua un poco más adentro así que no sería nada complicado conseguir el agua que quería, por suerte.

Su digimon continuaba dormido y solo despertó hasta que llegaron al pequeño riachuelo donde pasaba agua pura y limpia. Satoru dejó en el suelo a su digimon, se arrodillo junto al riachuelo y con una mano agarro agua para beber, luego se botó más agua a su rostro para despertarse del todo.

-¿Tienes sed?- le preguntó Satoru a su camarada pero como este no respondió volvió la vista hacia él. Su amiguito tenía una expresión clara de pánico y veía fijamente algo que había detrás del chico. Con bastante miedo Satoru se levantó y giró lentamente su cabeza para buscar lo que asustaba al digimon pero, para su alivio, no encontró nada. Quizás había algo entre los árboles, quizás era un digimon invisible o quizás su camarada tenía miedo a la oscuridad. Decidió creer lo último y se volvió de nuevo hacia el digimon. Lo levantó del suelo y empezó a caminar de regreso a donde se encontraban los otros dos, pero después de dar el tercer paso se oyó un fuerte golpe como el de un árbol cayendo y luego otro y otro más. Por instinto buscó entre la oscuridad algo que explicara el sonido que no paraba y sintió a su digimon temblar. Iba a salir corriendo, pues sentía miedo pero entonces recordó a la niña que dormía

No puedo llevarlo hasta ellos, lucharé yo-

Satoru se encaminó ante la cosa que aún no lograba ver sin saber si temblaba su digimon o si temblaba tanto él mismo que hacia que el pequeño se moviera de tal manera. Aún no conseguía ver nada hasta que se le ocurrió levantar la vista y por un momento deseó no haberlo hecho, un digimon con aspecto de insecto gigante avanzaba cortando árboles hasta ellos y eso parecía tan normal para él que a Satoru le pareció que aquel digimon volvía a su casa tras un largo y monótono día de trabajo.

-Es Kuwagamon, Izzy me lo enseño- le dijo al bebé digimon, que parecía estar a punto de desmayarse de miedo en sus brazos. -¡Adelante!- dijo energéticamente Satoru sujetando con ambas manos a su camarada y poniéndolo frente al Kuwagamon, que estaba mucho más cerca que antes, pero parecía que no lograba verlos.

El bebé digimon se recobró de su casi desmayo gracias al enorme susto que se llevó al verse frente al digimon cien veces su tamaño y empezó a moverse compulsivamente para librarse de las manos de Satoru. Por fin lo consiguió y empezó a saltar camino de vuelta hacia donde los demás lo más rápido que podía

-¿A dónde vas?- le preguntó enojado y angustiado Satoru, pero su enojo se notaba más –Sé… Sé que hacer… ¡Pureza!- dijo apuntando su digivice hacia el pequeño que huía pero nada pasó, salvo que él apresuró su paso.

-Muy bien… ¡No te necesito!...yo me ocuparé de él- dijo Satoru con más confianza que antes, quizá una confianza que había llegado a él gracias al enojo y decepción que sentía hacia el bebé digimon que seguía en su huída. -¡Pureza!- gritó de nuevo, ahora enseñaba su digivice al Kuwagamon, que estaba más cerca. De nuevo nada pasó. ¡Pureza! ¡Pureza! ¡PUREZA!- gritó más fuerte Satoru. Ahora estaba totalmente en frente a Kuwagamon, que de pronto se percató en la presencia del chico.

El pequeño digimon había parado al escuchar los fuertísimos gritos de su camarada y contemplaba la escena junto a un árbol. En su tierno rostro se reflejaba miedo, entonces vio como Kuwagamon se disponía a atacar a Satoru y este tan solo se cubría la cara con los brazos. La expresión del digimon cambió y se transformó en determinación. Con la misma velocidad de antes fue dando saltos hasta quedar entre el digimon gigantesco y su amigo.

Satoru abrió los ojos extrañado y ante él vio a un Palmon un poco más pequeño que el de su madre que sujetaba con sus… ¿dedos?... al Kuwagamon, que aún era considerablemente más grande que su camarada.

-Satoru, lamento haber huido- le dijo Palmon mientras sujetaba con esfuerzo a Kuwagamon que luchaba por soltarse.

-Volviste que es lo importante- dijo Satoru sorprendido –Muchas gracias, por ti aún estoy con vida.

-Dame tu fuerza, Sato. Si no, no lo lograremos.

-Sí-dijo Satoru con determinación también -¡Pureza!- volvió a gritar y por primera vez tuvo un efecto. Palmon brillo y logró retener más tiempo a Kuwagamon. Lo levantó con esfuerzo y lo lanzó increíblemente lejos teniendo en cuenta el tamaño del digimon que lo había arrojado.

-Bravo Palmo- dijo con una sonrisa antes de abrazar a su digimon.

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-¿Ami?- preguntó Ryku, que recién despertaba. Aún estaba muy oscuro pero la chica Yagami se había puesto de pie y salía de la cueva que Wormmon había encontrado para que todos durmieran.

-Sh- calló Ami poniendo un dedo frente a sus labios –Creo que he oído algo.

-¿No sería mejor que pidamos a mi hermana y a Kenji que vayan a ver?- susurró Ryku.

-Están tan cansados- respondió Ami volviendo la vista hacia los dos que dormían profundamente. –¿Quieres venir conmigo a ver qué hay allá afuera?- preguntó Ami esperanzada. Ryku era el menor de todos y no sería de gran ayuda pero era mejor que ir sola.

-De acuerdo- dijo Ryku firmemente. Según él, debía acompañar a Ami y proteger a su amiga, eso es lo que su padre le habría pedido que hiciera.

Salieron de la cueva y a su alrededor no se veía nada pues no había ninguna luz que iluminara algo, caminaron un poco más y ambos pararon en seco. Más allá de los matorrales se oía algún movimiento muy brusco que avanzaba en dirección contraria a ellos. El digimon de Ryku, que hasta ese momento permanecía dormido, despertó y saltó de los brazos de su compañero. El digimon de Ami lo imitó y juntos se internaron en el bosque.

Los ojos de los niños se estaban acostumbrando a la oscuridad y tras un corto momento siguieron a los digimons. Ami tomó la mano de Ryku y avanzó primero, a veces resbalaba y como era más grande y pesada que Ryku, hacía que el pequeño cayera también. Sin embargo el menor de los Ishida no se quejó, se levantaba rápidamente y seguía el camino de la mano de su amiga. Cuando le pareció que ya habían bajado mucho y que sería difícil volver a subir, habló.

-Ami, ¿seguiremos bajando?- susurró sin detenerse

-Claro, nuestros digimons están allá.- respondió Ami en otro susurro.

-¿Qué crees que nos encontremos?- preguntó aún en un susurro Ryku unos segundos más tarde.

-No lo sé- respondió honestamente Ami, que solo entonces comprendió que lo que había hecho era una estupidez. Había salido a enfrente a algo en medio de la oscuridad, con el menor de su grupo, con los digimons bebés de ambos y, por si todo eso fuera poco, ahora bajaba por una quebrada poco segura. Pero sus digimons se les habían adelantado bastante y no podía hacer más que seguir bajando. ¿Sería buena idea pedir a Ryku que volviera a llamar a los demás? No, primero porque Ryku era aun un niño pequeño y era riesgoso que volviera solo, sin su digimon, y segundo porque ellos dos eran tan capaces de enfrentarse a cualquier cosa como lo eran los que dormían arriba.

Terminaron de bajar en unos minutos más y encontraron a ambos digimons escondidos al final de aquella quebrada. Parecía como que espiaban algo un poco alejado y cuando los niños llegaron junto a ellos, les mandaron significantes miradas.

-Ryku, agáchate todo lo que puedas e intenta no hacer ruido, ¿está bien?- susurró lo más bajo y claro que pudo Ami.

-Está bien- dijo con seguridad Ryku, no tenía miedo y al igual que Ami, sabía que ambos eran muy capaces de derrotar cualquier enemigo.

-… al menos déjeme evacuar el bosque- rogó una voz, parecía la de un digimon pequeño.

-¿Qué gano yo con eso?- preguntó una irritante y altanera voz que parecía de un digimon mucho más alto.

-¿Qué gana usted…?- repitió incrédulo la primera voz.

-Así es.

-Pero… pero… ¿qué gana usted matando a tantos digimons inocentes?

La primera voz rió de manera audible y resultó muy desagradable para los niños y sus camaradas.

-Es malo- dijo Ryku indignado –Debemos detenerlo.

-Lo haremos, pero quiero saber qué es exactamente lo que quiere hacer- susurró Ami. Ryku se sorprendió de ver a su amiga tan segura, tan dispuesta a pelear, tan quitada de miedo. No era que considerara a Ami como a una cobarde, pero por primera vez Ryku notó el parecido de esta con Tai, por primera vez sintió que su amiga era hija del mejor amigo de sus padres, por primera vez no se notaba que era una niña débil, enferma y protegida por los mayores que le rodeaban.

-Los digimons como tú jamás lo entenderán. ¿Qué ganaré? Que mi nombre se propague como una enfermedad en los lugares cercanos a este bosque y que cuando me vean, sepan que no soy un tonto digimon.

-Por favor, señor SkullMeramon…-rogó de nuevo el otro digimon.

-¡Fuego metálico!- bramó SkullMeramon en contra de aquel digimon que Ami y Ryku nunca llegaron a ver.

-¡No!- gritó Ryku saliendo de su escondite -¡Detente!- pero ya era tarde y la información de ese digimon se desvanecía igual que desvaneció la información de Piximon tiempo atrás.

-Un niño- se sorprendió SkullMeramon.

-Sí, soy un niño. Pero no dejaré que lastimes a nadie.

-¿No dejarás… que lastime a nadie? ¿Piensas enfrentarte a mí?

-Sí, eso pienso hacer- dijo Ryku con toda la valentía que era capaz de mostrar un ser humano.

La expresión de SkullMeramon dejó de ser de sorpresa y sonrió con desdén.

-¿Tú sólo?

Ami seguía escondida, lo cierto era que sentía incapaz de levantarse. No era lo que tenía pensado hacer, enfrentarse así a ese horrible digimon, pero pronto entendió que jamás había tenido un plan, que lo que hizo Ryku era lo único que podía hacer. Tragó saliva y dirigió su vista hacia donde SkullMeramon había atacado. Había empezado un incendio, que en nada ayudaba a la situación, y con él destruido una increíblemente amplia parte del bosque que tenía delante. Muy bien, había un incendio y eso significaba que no tenía tiempo que perder, Ryku, cuatro años menor a ella, estaba dándole la cara solo a ese digimon y ella no se quedaría atrás.

-Claro que no está solo, nosotros también estamos aquí.- dijo Ami con valentía que seguramente su padre habría admirado y enorgullecido.

-Dos niños- dijo SkullMeramon

-Y dos digimons- dijo Ryku. Él aún se hallaba mucho más alejado de Ami y ambos digimons, y mucho más cerca de SkullMeramon, así que su digimon bebé saltó hasta llegar a sus pies

-¿Dos digimons?...- preguntó desdeñosamente SkullMeramon mirando al Punimon que apenas cubría los pies del niño que tenía en frente –Dos desperdicios de información, diría yo- y antes de que los niños dijeran o hicieran algo más volvió a atacar. -¡Cadena de llamas!- bramó y las canelas de metal que tenía alrededor de sus antebrazos le sirvieron de látigo.

Ryku no se movió pero cubrió su cabeza con sus pequeños brazos y cerró los ojos. Al instante sintió unos brazos a su alrededor que lo protegían y por un momento creyó que su hermana estaba ahí, pero cuando abrió sus ojos vio a Ami cubriéndolo y protegiéndolo con su cuerpo. Pero no parecía que el ataque le hubiera llegado a ella, quien se volteó y encontró al Punimon de Ryku tirado en el suelo a unos ocho pasos de ellos.

-Vaya, vaya… tiene agallas- rió SkullMeramon

-¡Punimon!- gritó Ryku mientras algunas lágrimas llenaban sus ojos. El digimon estaba inconsciente y en su mejilla había una herida un poco profunda.

-Se interpuso entre nosotros y el ataque…- susurró para sí Ami.

-¿Lo volverá a hacer?- preguntó SkullMeramon. -¡Cadena en llamas!

Ahora el digimon que había saltado frente a los niños para protegerlos del ataque había sido el de Ami y había terminado igual que su amigo.

-Muy bien, ahora, ¿Quién los protegerá?- se burló SkullMeramon.

-Yo protegeré a Ryku- dijo Ami plantándose con determinación entre el digimon y el pequeño.

-¿No te importa… morir?- preguntó fríamente el digimon –A ellos, a pesar de ser pequeños bebés, no les ha costado su vida porque son digimons, pero a ti, humana, estoy seguro que te matará.

-Yo metí a Ryku en este lío, yo lo traje aquí- dijo Ami –Y lo mínimo que puedo hacer es protegerlo…

-¿No temes morir?- preguntó con verdadera ansia de saber el digimon.

-Bueno, prefiero eso a dejar que lo lastimes a él. Me lamentaría más si en lugar de servirle de escudo me estuviera escondiendo. Además, por lo menos puedo alegrarme de dar la cara por mis amigos así no sea lo suficientemente fuerte para destruirte.

-¿Ami prefiere morir… prefiere morir a dejar que me lastimen…? Y lo hace con… alegría- pensó Ryku, hace un segundo sentía ganas de llorar pero entonces en su corazón ardía un sentimiento de seguridad.

-¡Cadena de llamas!- atacó de nuevo el digimon y Ami no se movió, siguió protegiendo a Ryku. En el instante en que la cadena alcanzaba el rostro de la hija de Tai, el látigo de cadenas se detuvo.

-¡No lo harás!- dijo Gabumon

-¡Viento helado!- dijo YukiAgumon. Su ataque le recordó a su camarada el ataque del Agumon de su padre o el del Agumon de su hermano, pero, en vez de lanzar fuego, su digimon lanzaba hielo. SkullMeramon salió bastante herido pues era un digimon de fuego, pero pronto se recuperó y volvió a atacar.

-¡Fuego Metálico!- bramó el oponente de los niños.

-¡Fuego azul!- interceptó Gabumon

-¡Viento helado!- ayudó YukiAgumon. Ambos juntos lograron hacer retroceder a SkullMeramon y antes de que lograra recuperarse atacaron juntos una vez más.

-¡Ya sé!- dijo de repente Ami que junto con Ryku seguían en el mismo lugar sin atreverse a mover mientras sus digimons peleaban –Ryku, necesitan más poder… Rápido, tenemos que pasarles el poder que guardan nuestros emblemas.

-¿Cómo?- preguntó Ryku

-¡Alegría!- gritó a voz en cuello Ami señalando con su digivice a su YukiAgumon.

-Ya veo… ¡Amistad!- gritó cuanto pudo Ryku imitando a su amiga.

YukiAgumon y Gabumon brillaron y juntos atacaron por tercera vez al SkullMeramon, que cayó hacia atrás y su información empezó a desvanecerse.

-¡Lo logramos!- gritaron al miso tiempo y sonriendo Ami y Ryku antes de abrazarse, luego llegaron sus digimons se los unieron y cada cual abrazó a su respectivo camarada.

-¡Gabumon! ¡Gabumon!- exclamaba feliz Ryku abrazándose a este, el de su padre era un poco más alto que él y este era de apenas menor tamaño que el niño.

-El incendió- recordó Ami y no entendió como lo había olvidado.

-Yo me encargo… ¡Viento helado!- dijo YukiAgumon apuntando hacia el bosque chamuscado que seguía ardiendo.

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-Mira esto Koji- dijo Satoru cuando llegaba con su Palmon y unas hojas que contenían agua.

-¿Eh?- se despertó Koji

–Digievolucionó…- dijo Tsugumi a quien también había despertado Satoru- Mamá… -murmuró somnolienta –Digo, Mimi- se corrigió un poco más despierta que antes- Mimi… se alegrará tanto… - fue lo último que dijo antes de volver a dormir.

Satoru sonrió viendo a Tsugumi y luego se regresó a ver a Koji que luchaba por seguir despierto.

-Duerme, amigo. Yo haré la guardia con Palmon.- le dijo manteniendo la sonrisa.

-Gracias Satoru- dijo Koji devolviéndole como pudo una sonrisa. Se recostó donde estaba sentado y quedaron ambos niños a la vista de Satoru que ya sin sueño se sentó en el suelo seguido de su digimon.

-Tsugumi…-murmuró Koji antes de dormir profundamente

-Mamá… Mi-mi…- dijo entre sueños acurrucandose Tsugumi.

-Vaya par- rió Satoru dirigiéndose a Palmon –Se traicionan ellos mismos en sueños.

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-¿Cuándo creen que digievolucione mi digimon?- les preguntó Hiri a su hermana mayor y a Teruo, que se encontraban caminando para salir de un bosque.

-Lo hará cuando más lo necesites- le dijo Teruo sonriéndole a la niña.