Derechos Reservados a J. K. Rowling por el infinito universo mágico de Harry Potter & a J. R. R. Tolkien por la creación de la Tierra Media donde encontramos a The Hobbit y todo lo que le tenga que seguir… Bla, bla, bla.

—…— diálogos
cursivas – narración resaltante (khuzdul, sindarín, quenya), cartas, recuerdos, sueños, etc…
"…" pensamientos
[…] cambio de escena

Disclaimer: De acuerdo a Wikipedia y Warner Bros. Harry Potter & The Hobbit lamentablemente no me pertenecen. Esta novela es sólo una obra de ficción. Simplemente tomando prestados los personajes para un producto de mi ilógica imaginación. Cualquier parecido con otra historia, sucesos, lugares o personas reales, vivas o muertas, es mera coincidencia.

Notas de autor: Muchas cosas por decir, casi nada por contar… De acuerdo, seré completamente sincero, este ha sido, hasta la fecha, el capítulo más difícil que he escrito. Pero finalmente lo terminé, listo, me encuentro feliz.
Aprovechando el breve espacio, me permito extenderles una muy apenada y sincera disculpa por el atraso de entrega. No esperaba que pasaran tantos meses para lograr terminarlo, en verdad. Pero no estoy muerto, y tampoco planeo dejar la historia, no se preocupen al respecto. Si, puede que tarde en actualizar pero jamás me permitiré morir sin haberla terminado.
Como aviso especial, les comento que me encontraré editando la historia. Como puntos y faltas de ortografía y algunos números y detalles que no concuerdan o dan coherencia a la trama. No sé alarmen, ni siquiera lo van a notar… A no ser que lo lean todo de nuevo, pero sí no lo hacen podrán seguir el hilo de la historia sin problemas. Lo prometo.
Muy bien, entonces sólo me queda decirles, antes de retirarme para no verlos hasta el próximo mes, dos meses, tres meses, quien sabe, que disfruten de la lectura, diviértanse, emociónense y también que pueden dejar comentario. Al fin y al cabo son gratis.
(Aun me sigo preguntando como diablos me metí en todo esto)
Oh, por cierto, mi salud se encuentra mucho mejor. Así que ahora no podré ponerles excusas por ese medio.

Ultimátum: Si no os gustan este tipo de crack ¡JÓDANSE! Es mi historia y puedo escribir lo que guste. Simplemente retomen el camino perdido y busquen otro fic para leer.


By caves where the Sun does not shine
por
Connor Redfield

Capítulo Trece: Caminando por Tierras de Enanos

"Hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas y un tiempo para hacer que las cosas sucedan" — Hugh Prather

. . .

Era mejor partir mientras el entusiasmo durase en la ciudad. No convenía dejar enfriar las cosas con dilaciones. Así que en cuanto la luz del día se hizo presente Thorin habló inmediatamente con el Gobernador y los consejeros de la ciudad, y les dijo que en ese instante él y su Compañía marcharían hacia la Montaña. Entonces, por vez primera vez, desde la noche pasada, el Gobernador se sorprendió y llegó a asustarse, y se preguntó si Thorin no sería en verdad descendiente de los Reyes Antiguos de Erebor. Nunca había pensado que los enanos se atreverían a acercarse a Smaug, ya que para él no eran más que un fraude que tarde o temprano saldría a la luz. Estaba equivocado. Thorin, por supuesto, era el verdadero nieto del último Rey Bajo la Montaña, y nadie sabe de lo que es capaz un enano, por venganza o por recobrar lo que le pertenece. Pero el Gobernador ni ninguno de los consejeros sintió pena alguna cuando les dejaron partir. Al contrario, se alegraron de su rápida partida, porque la manutención de los enanos estaba arruinándolos (y eso que había sido tan solamente una noche, pero una noche donde sus reservas de vino, cerveza, licor y alimentos se vieron vaciadas de inmediato).

Ya en el puerto, con toda la Ciudad del Lago entorno a ellos, la Compañía abordaba la barcaza que el Gobernador del lago tan amablemente les había proporcionado. Arriba del bote se encontraban las provisiones y armas útiles, además de un poney que les ayudaría en el viaje para cargar con el equipaje más pesado. Bombur y Bofur habían hablado y pedido que se les concediera uno más, pero los consejeros de la ciudad argumentaron que caballos y poneys eran lo que más faltaba en el pueblo, y no darían otro a la Compañía. Y así, tanto Bofur y Bombur como el resto de los enanos que gruñeron ante la negativa, tuvieron que aceptar llevar solamente un medio de transporte.

Hermione, que escuchaba todo sin inmiscuirse en las conversaciones, arqueaba de vez en cuando una ceja o fruncía el ceño demostrando su reacción ante los diálogos. Aun no olvidaba todo aquello que leyó en la mente de los ciudadanos la noche anterior, y era bien sabido que no le agradaban los humanos, aunque hubiera tratado y trabajado para algunos, le era preferible no acercarse a ellos. Sus motivos, ella los tenía. Y escuchar al regordete hombre recordarle a Thorin la promesa de una recompensa, le provocaba desear lanzarle ácido a ese sujeto.

—Mi buen Señor Enano—se escuchó una voz, justamente sobre el atrio donde el Gobernador se encontraba—¿No cree que sería una mejor idea que su esposa repose en nuestra ciudad?—eran las palabras de la víbora denominada Alfrid—Sabemos que se encontraba débil y cansada a su llegada. Permítanos cuidar de ella, le prometemos que será tratada como la digna invitada de honor que es.

Thorin se plantó firme y autoritario como pocas veces se le miraba. De aquellas ocasiones en las que ni tratando de entablar una conversación lograrías convencerlo de lo contrario. Ni aunque fuera sólo un poco. Kili, quien se encontraba a su lado, tragó duro al ver la severa expresión de su tío.

—Agradezco al Gobernador y a los habitantes del Lago su ayuda, y aseguro nuevamente que no olvidaré mi promesa de una remuneración por el servicio prestado, pero ella no se quedará en la Ciudad—habló fuerte y alto—El lugar de mi esposa es junto a mí y no prestaré más atención sobre la decisión tomada—y habiéndolo dicho, observó con ojos tan feroces y penetrantes a Alfrid que el hombre dio un paso hacia atrás en respuesta de sentirse severamente amenazado.

Bilbo no comprendía a que se debía la negativa de Escudo de Roble porque Hermione se quedara. Es más, podría aprovechar la generosidad de los habitantes y permitir que cuidaran de ella hasta que se sintiera lo suficientemente renovada para ir tras ellos. Para la muchacha no sería problemas el alcanzarles. Pero cuando trató de preguntárselo a la chica, ella ya lo estaba observando, con esa mirada que le indicaba que acababa de leer su mente. El mediano estrujó los labios, olvidaba que Hermione volvía a tener uso de sus poderes.

—No dejes que sus palabras te endulcen el oído, Señor Bolsón. Mira más allá de sus expresiones, de sus rostros alegres y modales llenos de cortesía—le dijo, indicándole con la cabeza al resto de los ciudadanos y después al Gobernador mismo y a la víbora denominada Alfrid—Ellos sólo buscan un beneficio secundario en caso de que Thorin falle y su retribución no sea pagada. Puede que no seas capaz de leer sus pensamientos, pero te aseguro que no es nada amigable a comparación de sus gestos hipócritas.

El hobbit observó mortificado a la muchacha. Hermione no ganaría nada con asustarlo al decirle algo como eso, por lo que pensar que las palabras de la chica fueran una mentira no entraba en su línea de formulación de teorías. Además estaba el hecho de que ella era una pésima mentirosa.

—Uno diría que viajando con una Compañía de enanos por más de 13 meses, aprenderías a diferenciar lo verdadero de lo falso, Pequeño Saqueador—Bilbo miró a Dwalin con incredulidad, ¿le acababa de llamar pequeño? ¿A él?

Y la conversación hubiera seguido de no ser por la tosca y rasposa voz del Gobernador que pidió silencio para dirigir unas palabras hacia la Compañía:

—¡Ciertamente, oh Thorin hijo de Thrain hijo de Thror! Tiene que reclamar lo que es suyo. Ha llegado la hora que se anunció tiempo atrás—habló el Gobernador—Tiene toda la ayuda que pude darle, y confió en que devuelva, aunque sea sólo un poco, de la gratitud que le mostré cuando reconquiste su reino perdido.

Thorin casi gruñe con evidencia. Ya eran miles de veces que prometía hasta el cansancio que honraría su promesa. Era un enano de palabra y siempre cumplía con lo que juraba. Mucho tuvo que esforzarse por evitar lanzarle uno de los remos que se encontraban en el bote.

—Doy mi palabra de que cumpliré lo que he prometido a esta ciudad, como enano de estas Tierras y Heredero del Trono de mis Ancestros.

Los aplausos estallaron, acompañados por los silbidos y exclamaciones de júbilo. Hermione entrecerró los ojos, lo único que deseaba era salir de esa ciudad lo antes posible, comenzaba a sentir que se enfermaría de estar en ella unos minutos más. Terminando por subir el resto del equipaje al barco, los habitantes del Lago les dijeron adiós y les desearon buena suerte en su misión conforme pasaban por la ciudad hasta salir a las grandes aguas del lago que daban hacia la Montaña. Y fue de ese modo que una buena mañana, de una estación otoñal bastante avanzada y a punto de culminar, donde los vientos eran fríos y las hojas caían con rapidez, una gran embarcación dejó la Ciudad del Lago, cargado con remeros, enanos, el querido Señor Bolsón, una mestiza de dragón y muchas, muchas provisiones.

—Es una lástima que no pudiéramos retener a la mestiza, habría sido un gran comercio su venta—habló Alfrid, todavía mirando en dirección del barco que llevaba a la Compañía.

—Imagina cuánto oro se hubiera pagado por ella—dijo el Gobernador—He escuchado que grupos de orcos ofrecen grandes sumas de dinero a quienes capturen a un mestizo con vida.

Alfrid asintió, también los había escuchado.

—Señor, ¿en verdad cree que esa ridícula agrupación de enanos logre derrotar a la bestia que duerme Bajo la Montaña?—cuestionó el hombre.

—Ese ya no es nuestro problema, no somos nosotros quienes entrarán a la Montaña—se detuvo, como si estuviera pensando en algo—Pero recemos a los Dioses porque la Compañía de Thorin 'Escudo de Roble' tenga algo de éxito en su cometido y, de ser posible, que ellos también mueran en el intento. De esa manera podremos tomar todo el oro de la Montaña sin tener que compartirlo con un montón de enanos andrajosos.

Y Alfrid sonrió, rezaría fervientemente porque así fuera. Comenzando desde ahora.

"Dejemos que se vayan y que le den lata a Smaug. ¡Ya veremos cómo los recibe el viejo dragón de la Montaña!" pensó maliciosamente el hombre. Intuyendo, y casi implorando, que no sobrevivirían.

Los remos blancos golpearon y se hundieron en el agua, y la compañía partió hacia el norte, río arriba, en la última etapa de un largo viaje. Con Bofur, Bifur, Dwalin, Kili, Fili, Ori, Nori y Gloin trabajando en los remos. De esta manera avanzarían más rápido y llegarían sin demora a la orilla antes de que fuera medio día, rotándose los turnos con aquellos que aún no remaban para descansar y tomar aire. Las pláticas entre la Compañía no tardaron en producirse, siendo el tema centro de la atención todas las proezas por las que todos serían conocidos una vez que eliminaran al dragón de la Montaña. Pero no así Bilbo, quien todavía se encontraba algo confundido por las verdaderas intenciones del Gobernador del Lago. Aun podía recordar al Gobernador y los consejeros de la ciudad despidiéndolos desde los grandes escalones del ayuntamiento, que bajaban hasta el Lago, mientras la gente cantaba en las ventanas y en los muelles, cuando ellos pasaban.

—¿Qué es aquello que te provoca tan horrible cara?—Bilbo observó al viejo Balin, el enano lo miraba inquisitivo pero el mediano sabía que sólo se estaba burlando de él.

Rascándose la nuca, contestó:—Hermione me dijo que la razón por la que Thorin se negó a que ella se quedara en la Ciudad del Lago, es porque habría la posibilidad de la utilizaran como un modo de compensación si es que Thorin fallaba a su promesa. ¿Es eso cierto?

Si es que Balin se sorprendió, no lo demostró.

—No voy a mentirte, mi buen amigo—dijo, bajando los hombros—Lo más seguro es que la venderían para retribuir las ganancias que perdieron al ayudarnos—Bilbo abrió los ojos con impacto, entonces era cierto—No tienes que sentirte impresionado por lo que estoy diciendo, Señor Bolsón, la voluntad de los hombres es sumamente fácil de manipular y de quebrar. Tampoco afirmo que todos los humanos lo sean pero, por desgracia, la gran mayoría son de esta manera. Se ven atraídos por grandes riquezas y puestos de poder que llegan a corromperse ellos mismos y a quienes les rodean.

Bilbo agachó la mirada, sumamente triste y desconsolado. Lanzando un suspiro, observó por largo rato a la muchacha y sus ojos se dirigieron al brazo izquierdo, más correctamente a la zona donde Hermione llevaba la marca, señal de que alguna vez fue una esclava. Un escalofrío le paralizó la respiración nada más imaginarse a la chica volviendo a ser vendida y ser tratada como un animal de entretenimiento o exhibición en un circo de fenómenos.

Hermione giró la cabeza, intuyéndose observada y encontró al hobbit mirándola de una forma extraña. "¿Bilbo?" lo llamó en su mente. El mediano pareció estupefacto, como si lo hubieran sacado de un pensamiento muy profundo, luego miró a la muchacha y sólo se encogió de hombros indicándole con una negación de cabeza que todo estaba bien. Y ella le sonrió, no le diría nada más, aunque hubiera escuchado la conversación que el saqueador tuvo con el viejo Balin, eso ya no era necesario.

El humor de la Compañía se volvió más alegre, jocoso y exuberante que al inicio del viaje conforme iban pasando las aguas del Lago. Incluso los enanos se prestaron para volver a entonar la misma canción de la noche pasada, aquella que hubieron estado repitiendo hasta que él último de todos ellos se mantuvo de pie tarareándola o tratando de hacerlo, porque lo único que emulaban eran jadeos y murmullos mal hablados. Tanto fue su esplendor que terminó por convencer al mediano para cantar igual que los demás.

Durante toda la mañana remaron aguas arriba, y se metieron en el Río Rápido, y todos pudieron ver entonces la Montaña Solitaria, que se alzaba imponente y amenazadora ante ellos. La corriente era turbulenta e iban despacio. Para la hora justa que indicaba el medio día, unas millas no arriba, se acercaron a la orilla oeste o izquierda y desembarcaron allí. Desembarcaron con prisas por órdenes de Thorin, bajando al poney con otras provisiones y útiles, además de los leves equipajes y las armas otorgadas. Tomando la comida y todo aquello que implicaba un cargo extra sobre los enanos, lo metieron en tres grandes mochilas que amarraron sobre el poney, que resultó ser tan o más berrinchudo que el gordo Bombur.

—Escuchen: Tenemos 7 días para llegar a la Montaña. Nos detendremos solamente cuando el momento de dormir llegue y avanzaremos a paso rápido durante el día. No quiero quejidos, ni lamentos, ni lloriqueos. Son hijos de Durin y habremos de comportarnos como se debe—a Hermione le parecía que al enano comenzaba a gustarle dar discursos motivacionales—Ahora, ¡andando!

Respirando con profundidad, la Compañía de enanos emprendió marcha al instante, colgándose en los anchos cinturones y tras la espalda, los sacos y mantas para dormir y las armas que habían elegido. Hermione ahogó la risa que amenazaba con salir de su boca ante la visión de Bilbo con una ropa que no era de su talla, además del equipaje que llevaba, él mediano cargaba con el más ligero de todos.

"Ava…" Hermione miró al enano que le había hablado. Thorin acababa de llamarla telepáticamente, prestándole atención, volvió a escucharlo "Mantente cerca" y ella le sonrió.

Fue una jornada agotadora, silenciosa y furtiva la que emprendieron después de salir del Lago. Al principio no hubo risas, ni canciones, ni sonidos de arpa, y el orgullo y las esperanzas que habían reavivado los corazones mientras entonaban los viejos cantos junto al lago, murieron pronto en un fatigado abatimiento. Pues comenzaban a intuir que el final de ese viaje estaba aproximándose, y que podía ser un final muy espantoso si no se tenía cuidado. Además de las palabras de Escudo de Roble sobre no desear escuchar lamentos, quejidos y lloriqueos. Y los ánimos de la Compañía de enanos bajaron aún más cuando observaron que la tierra alrededor se volvía más pelada y árida que la que se encontraba junto al agua. Había poca hierba, y al cabo de un rato desaparecieron los árboles y los arbustos que rodeaban al enorme Lago y ahora sólo se visualizaban como un punto borroso, oscuro y lejano.

Pero todo sentimiento de tristeza se esfumó cuando la hora de dormir llegó. Para el pequeño saqueador, la presencia de la noche había arribado más rápido que en ocasiones pasadas, incluso llegó a preguntarse si esto se debía a la tenebrosa silueta de La Montaña frente a sus narices. No dudaba que era majestuosa y se alzaba imponente, pero también era sincero al decir que le causaba más allá de la simple curiosidad, un terror profundo, imaginarse cuando el momento de ingresar llegara y tuvieran que enfrentar al poderoso dragón Smaug. Podía recordar las palabras exactas que Bofur utilizó para describir a la serpiente de fuego la noche que los enanos llegaron a su casa, de hecho, se las repetía una y otra vez para no olvidar lo que les aguardaba al final del camino. Justo como ahora…

Es una referencia a Smaug 'El Terrible'. La principal y mayor calamidad de nuestra Era. Vuela y escupe fuego, dientes como navajas, garras como garfios, aficionado a metales preciosos.

Sí, sé lo que es un dragón, gracias.

Pero lo que no entendió o no deseaba entender era cuando leía las cláusulas donde la compañía se libraba de las heridas obtenidas durante el trayecto, como:—¿Lacerarse? ¿Despanzurrase? ¿Incinerarse?—había preguntado dudoso.

Oh, sí, podría fundirle toda la carne en un parpadeo—le habló Bofur—Es como un horno pero con alas, un resplandor, dolor intenso y ¡puf!—exclamó—Se convierte en un montón de cenizas.

Y después de esa contestación perdió el conocimiento…

Definitivamente tendrían que perdonarle por haber deseado desertar durante las primeras semanas que el viaje dio inicio. Ni siquiera con varios meses o ya más de un año de estar viajando con los enanos, se normalizaba con la idea de que tendría que entrar a una oscura montaña habitada por un monstruoso dragón, que no dudaría en carbonizarlos enteritos. En verdad necesitaría unas largas vacaciones cuando toda esta contienda alcanzara su final.

Ajeno al pensamiento caótico del Sr. Bolsón, el resto de la Compañía se concentró en realizar sus deberes, y como siempre, Fili, Kili y Hermione se encargaron de procurar que el alimento fuera el necesario en dado caso de buscar más. Gloin y Oin dieron vida a la fogata manteniéndola constantemente encendida. Bombur comenzó a preparar la cena de esa noche, mientras que el resto de la empresa se dedicaba a resguardar alrededor del área para evitar futuros encuentros sorpresivos y nada amigables. Después de todo se encontraban en territorios peligrosos donde la escases y el hambre eran más que evidentes. Vaya cena que degustaron aquella noche, otra vez el famoso estofado de papas y zanahorias, aunque la diferencia en esta ocasión fue la presencia de carne. Hermione comenzaba a pensar que regresar a la Ciudad del Lago era una buena idea a tener que seguir soportando el único platillo que Bombur se entercaba en cocinar, y con el que se había visto obligada a subsistir. Porque el gordo enano tampoco permitía que nadie le quitará su labor como cocinero, ni siquiera el querido Sr. Bolsón.

Sin embargo, el humor de la Compañía pareció ser recobrado cuando la cantarina voz de Bofur sonó a todo lo ancho y largo del campamento. Siendo seguido por Nori y después por Kili, que volvían a entonar la misma fastidiosa canción de la noche pasada. Y así siguieron por otra media hora o incluso la hora completa, hasta que el sueño hizo efecto en ellos y los obligó a caer rendidos.

Habrían transcurrido al meno horas cuando el turno de vigilancia fue cedido a Hermione. La muchacha había relevado a Bifur, quien agradeció no tener que seguir despierto y poder cerrar los ojos aunque sólo fueran un par de horas. Ni siquiera su cabeza logró tocar la manta en el suelo, el enano quedó profundamente inconsciente. Ella se esforzó por no soltar la carcajada, pero observar a Bifur con el trasero elevado, la cara aplastada contra el suelo y babeando eran puntos más que suficientes para hacerla reír. Gracias a Dios que se encontraba un poco apartada de la Compañía, sino, sus intentos de ahogar las risas provocadas los habrían despertado a todos.

Emitiendo un largo bostezo mientras se estiraba a placer, Hermione se quedó sentada, callada e inmóvil mientras observada el árido paisaje que les envolvía. Oscuro y silencioso como muchas de las noches que pasó en las Tierras del Norte. Incluso el aire era el mismo que el de aquellos territorios. Frío y con una ligera carga a humedad y ceniza. Inhalando nuevamente, esta vez detectó otro olor en el ambiente… Pero contrario a sentirse amenazada, le provocó sonreír con ternura.

—¿Seguirás parado en las sombras como un ladrón?—no tuvo que mirar hacia atrás para saber que él también estaba sonriendo—¿Siempre observas a los demás de esa manera?

Thorin chasqueó la lengua.

—Sólo aquello que llama mi atención.

Hermione ahora sí que volteó a verlo.

—¿Es decir que soy merecedora de ella?—los ojos del enano eran un oscuro manto azul, a comparación del siempre claro que se reflejaba.

—De eso y más—y Hermione se humedeció los labios. Mientras que en el rostro de Thorin se formó una diminuta sonrisa.

Sentándose frente a ella, de tal manera en una de sus piernas se rozaban y las otras se encontraban entrelazadas, cerró la distancia entre ambos. Era justo como a él le gustaba. Con la cercanía perfecta para poder observarla a detalle, respirar su aroma y poder estirar la mano para tocar su cabello, o mejor aún besar sus labios.

Y eso fue justo lo que hizo, observarla.

Su piel lucía ese tono moreno que se volvía casi dorado cuando las luces de la fogata la iluminaban. Recalcando con fuerza las delgadas líneas de nacimiento, señales de la magia que en ella radica, brillar como oro granizado, incitándolo, llamándolo para poner sus manos sobre ella. Con ese cabello espeso y rizado, casi incontrolable pero increíblemente suave. Si era completamente sincero, más de una vez se había encontrado fantaseando con desear tener esa masa de cabello esparcido sobre una cama mientras él se encontraba colocado sobre el cuerpo de suesposa. Pero si había algo que no podía dejar de mirar eran los ojos de sumujer. Dos estrellas materializadas en irises relucientes y doradas. Capaces de emitir un refulgir que logra hipnotizar y atraer. Sabía que esos ojos eran una herencia de la parte dragón de Hermione, y aunque odiaba a las serpientes escupe fuego hasta la muerte, en ella no radicaba ese sentimiento; más bien afloraba el instinto de protección y posesión que él nunca creyó tener.

Oh, sí, definitivamente disfrutaba de los momentos que tenía para mirarla. Porque siempre encontraba, en esos pequeños lapsos de observación, detalles que le revelaban más cosas sobresuesposa. Detalles que servían para aumentar su cariño, su necesidad y su deseo por ella.

"Hablando de deseo…" pensó, comenzando a sentir que la temperatura del ambiente se incrementaba.

Aún mantenía con fervor el recuerdo de la noche pasada, de la suavidad que tenía la piel de Hermione, de los tersos y húmedos labios de su boca, de los jadeos, gemidos y exclamaciones que la muchacha soltaba cada vez que la tocaba. Y también de cuando Hermione le dijo que le ama. ¡Demonios! Todavía podía sentir el galopar frenético de su corazón al rememorar su voz diciéndoselo. Incluso esa mañana, antes de salir de la habitación, Thorin le había pedido (muy a su manera hay que aclararlo, aunque algo raro en él, a no ser que se tratara de ella) que se lo volviera a decir. Ahora que recordaba, después de eso, Hermione le había prometido que cada vez que tuvieran un tiempo para ellos dos, a solas, ella se lo diría.

Bien, estaban los dos, completamente solos (porque los enanos se encontraban a una distancia prudencial para estar de chismosos) y sumujer no se había dignado en decírselo. Frunció el ceño pensativo, y justo estuvo a punto de abrir la boca para soltar un reclamo que una risa se escuchó en el lugar. Ladeando un poco la cabeza, se dio cuenta que se trataba de Hermione.

—¿A qué le encuentras tanta gracia, mujer?—preguntó Thorin, con ese deje de autoridad. Ella chasqueó la lengua y el enano se cruzó de brazos esperando una respuesta.

Finalmente, y después de recobrar la respiración y la serenidad, le contestó:

Te amo Thorin.

Escudo de Roble no dijo nada, sólo se mantuvo callado, inexpresivo, tratando de ocultar la emoción que nació en él al escucharla. Por lo que al final, sólo apartó un poco la vista y asintió quedamente. Intuía que la muchacha acababa de leerle la mente.

Hermione sonrió divertida y enternecida al mismo tiempo. Sabía que Thorin no le correspondería las palabras. Pero eso no significaba que el enano no sintiera lo mismo, sino porque así era la personalidad de Escudo de Roble. Puede que en ocasiones se le escapara alguna que otra palabra cursi o amorosa, pero su verdadera manera de demostrarle su afecto era mediante acciones más que por palabras. Y ella no tenía ningún problema con ello. Apretando suavemente el brazo de Thorin, el enano la miró interrogante pero ella sólo se limitó en capturar los labios del rey con los suyos.

Fue un beso corto, sólo un empujón de boca contra boca, casto en pocas palabras sin intenciones de convertirlo en otra cosa. Cuando se fue separando, sonrió para sí misma al sentir al enano seguirle en su retirada. También sabía que a Thorin no le agradaban mucho las demostraciones de afecto en público, algo que ella agradecía ya que tampoco era muy dada a ellas, pero un beso no le hacía daño a nadie. No es como si fueran a tener sexo con la Compañía a un par de metros de distancia.

Apenas se separó de él, abrió los ojos para encontrarse con la mirada oscuramente azul del enano sobre ella. Casi le lanza un tipo de comentario sarcástico pero la mano de Thorin acunando el lado derecho de su cara, con los dedos enterrados en su cabello, le hizo olvidarlo. En su lugar, se recargó contra la cálida palma que la acariciaba.

Hermione…

La chica sintió un estremecimiento en los hombros, una descarga recorrerle la columna, una contracción apretándole y obligándole a juntar las piernas. Thorin raramente usaba su nombre y, cuando lo hacía, en el modo en que acababa de hacerlo, tan suave, dominante y jodidamente caliente, lograba desubicarla por completo.

"¡Por Mahal y Durin! Si así es con tan sólo escucharlo… No quiero imaginarme cuando…" ni siquiera terminó la oración cuando un nuevo estremecimiento la recorrió. El sólo proyectarse escenas del enano sobre su cuerpo, con ella boca abajo y siendo sujetada, le provocó apretar con más fuerzas las piernas. La noche pasada sólo se había tratado de los preliminares, porque lo que vendría después de recuperar la Montaña sería mucho, mucho, pero mucho más que eso.

Thorin observó curioso la reacción de sumujer, ¿acaso le sucedía algo?

—¿Tienes frío?—le preguntó, intuyendo que los temblores de su cuerpo se debían a las bajas temperaturas.

Podía decirle que no y Thorin lo aceptaría y no diría nada más. Podía decirle que no, porque en realidad no sentía frío. Podía decirle que no y conformarse con la suave caricia que Escudo de Roble le brindaba tocando su cara… ¡Pero al diablo con todo eso! Lo que ella quería era tenerlo cerca y si debía contestar con una afirmación, así sería.

—Sí.

Asintiendo, Thorin se recargó contra la pequeña columna de piedra a su espalda y desenredando la pierna que tenía entrelazada con la de Hermione estiró ambas piernas, separándolas e indicándole que se sentara entre en medio de ellas. La chica sacó un poco la lengua para humedecer sus labios, al mismo tiempo que los mordía y trataba de pasar saliva. Tenía que serenarse, mantenerse lo más tranquila posible. Conocía el enorme ego que su esposo se cargaba y ni loca le daría otro motivo para engrandecerlo más de lo que ya lo tenía.

Una vez ubicada, sintió movimiento tras de ella y después los brazos de Thorin envolverla, con la barbilla del enano descansando sobre su hombro derecho. No le tomó mucho conseguir quietud, el aroma a aceite de cedro y tabaco para pipa que Escudo de Roble emanaba la tranquilizaban de una manera tan natural y pasiva.

—¿Mejor?—le preguntó, rozando con su aliento la oreja de la muchacha.

Hermione sonrió al sentir cosquillas.

—Mucho mejor—y se acurrucó contra el calor que el cuerpo de su esposo le brindaba.

No pasó mucho cuando escuchó una risa ronca, profunda e increíblemente cargada de testosterona.

Eres una pequeña pervertida, esposa—le dijo, depositando un húmedo beso en la parte posterior de la oreja, justo donde se conecta con el cuello—Además de una pésima mentirosa.

Hermione abrió los ojos con incredulidad, ¿había sido descubierta? ¿En realidad la habían desenmascarado? Y la continua risa de Thorin le confirmó que jodidamente si había sido descubierta, pero… ¿cómo fregados lo había hecho?

Trató de dar media vuelta para mirarlo, siquiera observarlo sobre su hombro, pero el agarre de Thorin se volvió fuerte, posesivo y autoritario. Finalmente sólo atinó que debía sacar la pregunta.

—¿Qué? ¿Cómo…?—pero las palabras murieron en su boca, cuando un dedo suavemente colocado sobre sus labios la silenció.

Shh… No hagas tantas preguntas, ni le des tantas vueltas al asunto—le dijo Thorin, hablándole con suavidad en lengua enana—Es normal sentir deseo. Yo lo siento por ti cada vez que te miro. Cada vez que te tocó, que te beso… Muchas veces te imaginó debajo de mí, gritando mi nombre.

Las manos que al principio sólo la habían estado envolviendo, comenzaron a deslizarse por los brazos, llegando hasta los hombros, apretando la zona superior de la espalda para descender por los costados, donde se detuvieron un momento rozando la curvatura de los senos hasta que finalmente afirmaron la estrecha cintura. A Hermione se le aceleró la respiración cuando sintió un brazo envolverle la cintura, mientras que la otra mano le acariciaba un costado de la cadera. Lentamente, en letargos círculos que fueron bajando hasta que la palma de la mano le rozó la parte interna de los muslos. Obligándola a separar las piernas.

Aguantando la necesidad de respirar, se esmeró por no soltar el jadeo que ansiaba brotar de su garganta.

Tho-Thorin—susurró ella, sintiendo como la yema de los dedos le acariciaban el vientre y amenazaban con descender.

Lo escuchó lanzar una especie de suspiro.

Desabróchate un poco el abrigo—ella se mostró dudosa—Hazlo, Ava.

Mordiéndose el labio inferior con suavidad, Hermione alzó las manos y comenzó a desabotonar la prenda, sólo lo suficiente para dejar su cuello a la vista.

Sintió al enano quitarle las manos de encima, sólo para tomarla de las muñecas e indicarle que debía dejarlas sobre las rodillas flexionadas de él. Thorin se encontraba sentado de tal manera que la espada de Hermione chocaba constantemente contra su pecho y le hacía rozarse ante el menor movimiento.

"Continua respirando. Respirar es la clave. ¡Respirar es la bendita clave!" se repitió mil veces, tratando de mantenerse cuerda mientras Thorin le apartaba el cabello del lado derecho, estiraba un poco de la tela del abrigo y depositaba su boca sobre la piel expuesta "Sigue respirando… Sigue- ¡A la mierda!" exclamó al momento en que el enano la acarició entre las piernas.

Thorin gruñó cuando ella hizo un movimiento de caderas, meciéndose contra su mano que la obligó a echarse para atrás y presionarla para quedar pegada a su miembro. ¡Demonios que se encontraba totalmente duro en ese jodido instante!

Oh, Thorin…—la manera en que Hermione gimió su nombre casi le hacen perder la sensatez. Lo que provocó que él, juguetonamente, le mordiera sobre la nuca y que ella soltara un grito de sorpresa y excitación.

Guarda silencio, preciosa—le dijo, colocando una mano sobre su boca. Sin dejar de acariciarla y estrechándola contra su entrepierna—¿Sabes que te has estado comportando mal?—ella negó levemente, sólo lo poco que el agarre de Thorin le proporcionaba—Tendré que castigarte si continuas haciéndolo.

"¡¿Castigarme?!" pensó, aturdida y excitada a la vez.

Asintiendo, movió la cabeza para decirle que lo entendía. Thorin observó esto curioso, así que quitándole la mano de la boca, le dio la oportunidad de que ella lo dijera con sus propias palabras.

Sé que me he portado mal—habló entre jadeos—Castígame por ser una chica traviesa, por favor.

¡Ay, mierda!—la espada del hombre se tensó inmediatamente.

Con mil diablos que nunca esperó esa contestación por parte de la muchacha. No, definitivamente no lo había previsto. Él creyó que Hermione le diría cualquier otra cosa, como una frase sarcástica o invitándole a continuar de una forma pícara e insinuante, pero no que le siguiera el juego de niña buena-niña mala, siendo él quien diera el castigo.

¿Thorin?—le llamó un poco confundida. Él se hubo detenido de repente y había dejado de acariciarla. ¿Acaso sucedía algo?

El enano no respondió, y no es como si fuera a hacerlo, al menos no en ese momento. Su mente se encontraba más concentrada reprendiéndole por haber creído que podría jugar un rato con Hermione y convertirla en una masa de nervios entre sus brazos. Pero lo único que consiguió fue un tiro por la culata. Claramente debía ser él quien parara en ese momento, porque intuía que si seguía, después de escuchar a sumujer pedirle que la castigara, con ese tono jadeante, la cara sonrojada, el cabello revuelto y los labios húmedos, lo único que conseguiría sería desear bajarse los pantalones y tratar de bajárselos a ella.

Reuniendo todo el autocontrol que le quedaba, de forma lenta y casi forzada, colocó sus manos sobre el suelo a su alrededor, apretando las rocas o la tierra que sentía bajo las palmas.

—Lo dejaremos por ahora, ¿de acuerdo?—le dijo, recargando la frente sobre el hombro derecho de la mestiza, soltando cada cuando un suspiro o un respirar necesario para tranquilizarse.

Hermione asintió al escucharlo. Podía sentir las vibraciones del cuerpo de su esposo batallar cada vez que respiraba. Comprendía lo que sucedía, Thorin se estaba conteniendo de no ir más allá de lo que prometió la noche pasada. Y aunque a ella le gustaría poder estar con él, otra parte de la muchacha le indicaba que sería mejor que sucediera cuando la situación se encontrara más estable y mucho más segura para ambos. Además, el comportamiento de Thorin era el de un rey, un hombre que se encontraba cortejando a su pareja antes del encuentro sexual y debía admitir que sus tácticas para desearlo le estaban funcionando. Sin embargo, había un punto en específico que estaba llamando su atención.

"Así que al gran Escudo de Roble le enrollan los fetiches…" pensó claramente divertida, pero no le daría más riata al descubrimiento. Tenía que ayudar a Thorin a relajarse, no a subirle la temperatura.

Inhalando y exhalando con lentitud, percibió que se encontraba más tranquilo. La sensación caliente había pasado, al igual que la rigidez de su miembro. Casi frunce el ceño por ello, sabía que mañana tendría un molesto y desagradable dolor en los testículos, pero no es como si no lo hubiera tenido antes. Observando la oscuridad del gran valle, la alta sombra de la Montaña le hizo mirarla con detenimiento.

—Dentro de seis días llegaremos a la Montaña—Hermione sabía a lo que se refería. Después de largos meses de viaje, la entrada a la Montaña se encontraba a tan sólo seis días de camino y eso, para Thorin, era como una especie de anhelo por recuperar las tierras de sus ancestros. Pero para ella, sentía que se trataba del inicio de un desenlace infructuoso.

"Seis días" meditó en ese lapso de tiempo. Al igual que en el rostro angustiado de Bardo la noche que le pidió detener a Thorin de marchar hacia Erebor. ¿Sería buena idea intervenir en el propósito de la Compañía? ¿Tratar de convencer a Thorin de abandonar la recuperación de la Montaña? No desea hacerlo, no sabiendo que este era el sueño del enano. Pero las palabras del arquero seguían repitiéndose en su mente, ¿qué tal si fracasaban? ¿Qué tal si el dragón despertaba y crucificaba a los ciudadanos del lago por haberlos ayudado? Los humanos no le agradaban, y poco le importaba lo que les sucediera, pero no por ello tendría en sus manos sangre inocente. Al menos debía intentarlo.

—Thorin…—lo llamó quedamente.

—Dime.

Ella se remojó los labios antes de hablar.

—Si acaso yo te pidiera que abandonaras esta expedición—habló—Que nos marcháramos en este instante. Que regresáramos a las Montañas Azules, ¿lo harías?

No hubo una contestación, ni siquiera una queja o respingo. Sólo le escuchaba respirar, sentir el pecho de Thorin subir y bajar conforme inhalaba y exhalaba. Poco después, él la tomó por la cintura, volteándola para quedar frente a frente. Y lo que ella miró en sus oscuros ojos azules no era un reclamo o una ofensa, sino una extrañeza ante las palabras.

—Han sido raras, por no decir casi nulas, las veces en que me has pedido algo, y no es que tenga mucho que ofrecerte en este momento, pero…—se mantuvo en silencio un momento, mirándola, como si estuviera tratando de descifrarla—Esto que me estás diciendo se encuentra ligado a algo más, ¿no es cierto? ¿Qué sucede Ava?

La chica miró hacia la Montaña, quedándose con la vista fija un momento antes de volver a afrontar los ojos de Escudo de Roble. Sólo entonces le contestó:

—Tengo miedo, Thorin. Miedo de que al final de esta travesía algo pueda ocurrir—ella cerró los ojos un momento—No soy supersticiosa, la adivinación jamás ha sido mi fuerte ni mi práctica favorita, pero incluso yo sé cuándo hay señales de ella—el enano frunció el ceño, tratando de entenderla—He tenido un sueño. Uno que predice guerra y destrucción. Uno en donde el reino de Erebor cae. Uno en el que tú luchas contra Azog y él te asesina—si Thorin deseaba ocultar su sorpresa, no logró hacerlo.

Ava…—tomándola por los hombros con delicadeza, le habló en Khuzdul—No le des importancia, se trata sólo de una pesadilla. Y un sueño no indicará mi destino—pasó sus manos por su cintura, atrayéndola hacia él, estrechándola en un abrazo—Si crees que soy tan fácil de vencer, me ofendes, porque un maldito orco pálido no logrará que te deshagas de mí.

Rió ante el último comentario.

Jamás lo he pensado.

Bien—asintió, complacido con la respuesta—Porque si es necesario volver a convencer a tu terca cabeza de que eres mi mujer y que no permitiré que te vayas sin mí a tu lado, lo haré—Hermione contuvo la ganas de lanzarle un puñetazo directo a la nariz, cuando la voz de Thorin volvió a escucharse—Todo va a estar bien, no tienes que preocuparte. Confía en mi Ava, sólo eso te pido, que confíes en mí.

Y esas últimas palabras fueron como una daga clavándose en su corazón.

Debía decírselo. Tenía que hablar con Thorin y explicarle todo aquello que todavía no había hecho. Porque bien sabía que si existía algo que Escudo de Roble detestaba eran las mentiras. Bien se lo dijo Balin la noche en la casa de Bardo. Rememorando las palabras que el viejo enano utilizó esa ocasión, identificaba que era mejor que le contara toda la verdad a Thorin antes de que Escudo de Roble la descubriera por su cuenta.

Comenzando a rezar las oraciones que aun recordaba, o a quien estuviera escuchándola, se encontró deseando que, si bien Thorin se enojara, la situación no se volviera un mal muy grave. Respirando a profundidad, volvió a encararlo.

—Thorin…—lo llamó suavemente—Hay algo más que debes de saber.

Entonces comenzó.

Primero le habló de su plática con el rey, sobre todo del desprecio cuando descubrió los sentimientos que unen al Rey de los enanos y a la mestiza. Después de la estancia en los calabozos y lo que esto conllevó a las visitas que el hijo del Rey Thranduil le hacía. Puede que pareciera que le estuviera contando lo mismo que le dijo a los demás enanos de la Compañía, pero no era así. A él le estaba dando detalles que a los demás no les dijo, ni siquiera a Balin, y que a Thorin le provocaron fruncir el ceño. Y a la muchacha le fue difícil leer si era furia, disgusto o decepción lo que se cernía sobre su rostro. No leería su mente, no quería hacerlo. Prefería sentirse como una mortal durante esa plática, que utilizar su poder a su beneficio.

Lo segundo que salió de su boca, y que le costó un poco de trabajo decirle sin rodear los hechos, fue el intento de violación de Valrohir. Sólo entonces miró por primera vez una reacción en Thorin. El enano había soltado un jadeo, un gruñido, los orificios de su nariz se ensanchaban cada vez que trataba de respirar, había apretado las manos en puños, tensado la mandíbula y la espalda. Y los ojos adquirieron un tono azulado que jamás le había visto. Uno profundo y horriblemente aterrador, y casi demencial.

Después de terminar, quería no tener que seguir diciéndole más cosas, quería acabar allí, sin más… Pero existía una tercera y última, sobre todo especial, nota que debía contarle. Trató de ignorar el gesto neutro y callado que Thorin había decidido adoptar y se lo dijo. Le explicó de la misteriosa voz que en ocasiones resonaba en su cabeza, de las veces que logró entablar una conversación con ella y los sueños que pensaba se ligaban a la voz. En particular de la vez que soñó con Teddy.

Cuando hubo terminado, guardó silencio. Esperando a que Thorin hablara o si quiera que se moviera. Pero el enano sólo apartó la mirada, dejándola fija en un punto por encima de ella, clavada a lo lejos.

—¿Gandalf lo sabía?—la pregunta tomó desprevenida a la muchacha, pero aun así le respondió.

—Sí—asintió.

El entrecejo de Thorin se arrugó.

—¿Alguien más?

La mestiza casi titubea en volver a responderle, pero terminó haciéndolo.

—Balin.

—¿Balin?—repitió, casi sonando escéptico. Ella asintió—Oh, estupendo—le escuchó murmurar—¿Qué hay del Señor Bolsón? ¿A él también se lo dijiste?

Esta vez lo negó, y eso pareció calmar un poco la tensión de Escudo de Roble.

Hermione se sentía pequeña, minúscula en comparación con la proyección que en ese momento Thorin destilaba. Había visto la ira del enano en contadas ocasiones, y en varias de ellas, fue la destinada de tal despliegue. Pero estaba segura que nada se podía asemejar con lo que Escudo de Roble irradiaba en ese instante. Quiso volver a hablar, pero la voz de Thorin le ganó.

—¿Por qué no me lo contaste?

—Planeaba hacerlo—contestó—A su debido tiempo, cuando el momento fuera el correcto.

La mirada de Thorin se endureció, a la par que sus ojos destellaban furiosos.

—¿Y ahora es el indicado?—Hermione no dijo nada, sólo le sostuvo la mirada y eso terminó por enfurecer al enano—Debo haber parecido un completo estúpido cuando le tuviste más confianza a Balin y Gandalf para hablar con ellos en lugar de mí.

—No, no fue así—se apresuró a negarlo.

—Ah, ¿no?—preguntó sarcástico.

—No—volvió a contradecir.

Thorin apretó la mandíbula, controlándose por no soltar un grito de ira.

—Bien—dijo—Entonces dime, ¿cómo puta mierda fue?

Hermione se sorprendió por el cambio de voz y actitud del enano, pero no se dejó amedrentar. Sobreviviría a este asalto, costara lo que costara. Cuadrando la espalda, se enfrentó a la furia de Escudo de Roble, era una mujer fuerte y valiente, y lo iba a demostrar.

—Se lo dije a Gandalf justo en el momento en que nos dejó en el umbral elfico el día que ingresamos al Bosque Negro. Antes de allí, nadie sabía nada—con un tono de voz que lograba hacerle frente al que tenía el enano—Y a Balin sólo le conté lo que Valrohir intentó hacerme, sólo eso, no más.

La mención del último nombre no ayudó a la situación.

—¡Ese maldito elfo!—gruñó Thorin—Será mejor que ese idiota rece porque no lo encuentre, porque si lo hago juro que lo asesinaré.

—Adoptando tu actitud de hombre violento no arreglaras nada—le reprendió Hermione—Deja por una vez que el raciocinio gobierne tu cabeza y no tu impulso por derramar sangre.

—¿Te estás escuchando?—le preguntó, exaltando a la muchacha—¡Maldita sea! ¿Acaso te estas escuchando?—volvió a preguntarle—Ese cabrón intentó-

—Pero no lo logró.

Thorin entrecerró los ojos.

—¿Y qué tal si lo hubiera hecho?—inquirió, sin dejar de sonar amenazante—¿No tendría derecho a sentirme furioso?

Eso terminó por romperle la paciencia a la chica.

—¿Crees que eres el único con derecho a sentirte de esa manera?—le señaló, claramente disgustada, con los ojos brillándole extremadamente—Yo también Thorin, incluso más que tú.

—¡¿Más que yo?! ¡¿Más que yo dices?!—exclamó iracundo—¡Eres mi esposa Hermione! ¡Maldita sea! ¿Sabes lo que es encontrarte aislado y encerrado escuchando como es que una persona que te importa grita y no puedes hacer nada al respecto?

—Sabes que sí.

La actitud de Thorin se relajó un poco. Sólo un poco.

—Entonces deberías comprenderlo—le dijo—Tienes derecho a sentirte molesta, es cierto. Pero no más que yo, eso no—rectificó, casi sonando como si ese fuera un derecho exclusivo—Te escuché gritar, Hermione. Te escuché hacerlo no una, sino muchas veces. Y en todo ese tiempo me sentí inútil, impotente por no poder proteger a la persona que juré cuidar. Aquella a la que valoró más que a mi propia vida.

—Thorin…—susurró Hermione sorprendida. No había esperado esas últimas palabras del enano. Trató de volver a hablar pero Escudo de Roble se lo impidió, callándola con un movimiento de su mano.

Pasándose una mano por la cara, barriendo el cabello que le colgaba por los perfiles, habló:

—Entiendo, en cierta manera, que no me dijeras lo que sucedió en los calabozos. Hace tan sólo tres días que logramos salir de ellos y apenas fue en una pieza—su tono era más sereno en comparación al que usaba cuando la discusión inició, pero no por ello dejaba de sonar sumamente molesto—Pero que no me contarás sobre la voz que ronda en tu cabeza… ¡Joder, Hermione! Tuviste el tiempo necesario para decírmelo.

—No quería preocuparte—le contesto ella, un poco más calmada e incluso apenada y culpable.

Thorin soltó un suspiro.

—¿No querías preocuparme?—imitó la pregunta en un modo sarcástico—Bueno, felicidades, lo estás haciendo ahora.

De acuerdo, había tenido paciencia. Demasiada paciencia. Se hubo mantenido serena y calmada para evitar que la situación se complicara mucho más de lo que ya estaba. ¡Pero no más! Le aguantó los gritos, los regaños y las frases sarcásticas e irónicas, pero ya no toleraría más. Ese jodido enano acababa de extinguir la poca, casi nula, apacibilidad que aun guardaba en su interior para crear un caos. Pero si Thorin 'Escudo de Roble' hijo de Thran hijo de Thror deseaba convertir esta conversación en una guerra, pues que así fuera. Porque Hermione 'Mestiza de un Dragón' hija de Bilius 'El humano', le daría la batalla necesaria para que se fuera gimiendo con el rabo entre las patas.

—Escúchame con atención, maldito enano insolente y arrogante—lo señaló furiosa, ocasionando que la boca de Thorin se apretara con fuerza y el ceño sobre su frente se arrugara con intensidad, mucho más que las veces anteriores—Ni siquiera te atrevas en volver a abrir tu estúpida boca para injuriar contra mí. Porque te juro Thorin hijo de Thrain que por tus ancestros, yo misma me encargaré de darte la paliza de tu vida—el Rey Enano no dijo absolutamente nada, pero se mantuvo atento a las palabras de la muchacha. Y Hermione no supo si eso era bueno o malo—No tengo la más mínima idea de qué o quién ocasiona esta voz en mi cabeza, no deseaba verte cargando con una pena que no es tuya. Lo único que buscaba era protegerte, ¿es tan complicado de entender?

—Sí, lo es—le interrumpió brevemente.

La mestiza siseó, casi en amenaza antes de continuar.

—¡Maldición, Thorin! Mi existencia en sí ya es un caos, desde que nací ha sido de esa puta manera. Lo sabes, tienes conciencia de cómo somos tratados los mestizos en esta Tierra, nos desprecian, nos humillan y buscan cazarnos para tenernos como mascotas o trofeos colgados en sus jodidas salas—Hermione se detuvo un momento, trató de respirar, pero en nada ayudó a bajar su mal humor—¡Con una mierda! De saber que este viaje me jodería la vida hubiera dado la vuelta para adentrarme en las Tierras de Rohan en lugar de ir hacia La Comarca.

Fue demasiado tarde cuando cayó en cuenta de lo que acababa de decir. Se llevó las manos hacia la boca, como si tratara de evitar que las palabras fueran dichas, pero ya habían sido soltadas. Temblorosa, observó al hombre frente a ella sólo para ser testigo de la mirada medio confusa, sorprendida y furiosa que le dedicaba.

Thorin…—trató de llamarlo, utilizando la lengua enana, pero la forma en que los oscuros ojos azules del rey se quedaron fijos sobre ella fue suficiente para callarla.

—Joder tu vida…—las palabras salieron tan débiles, que apenas Hermione logró escucharlas. La chica trató de acercarse, dudosa y esperanzada porque el hombre no la rechazara, pero cuando alzó su mano para acariciarle, el rey ladeó la cara, rehuyendo su contacto. Sin mirarle una vez más, Thorin se irguió cuan alto era y se quedó un momento parado frente a ella, antes de volver a hablar:—Tienes la guardia a tu cargo, mujer. Cumple con ella—y habiéndolo dicho, se marchó.

Hermione necesitó más que un par de minutos para lograr que su cerebro procesara y comprendiera lo que acababa de suceder. Sentía un agudo y punzante dolor en el pecho, como si hubiera comido decenas de alfileres que le estuvieran desgarrando por dentro. Clavándose en sus pulmones y dificultándole el poder respirar. Quiso soltar un grito, un alarido, un rugido de rabia, pero no pudo, el amargo nudo que se había formado en su garganta amenazaba con quebrarle la voz si decidía pronunciar un solo sonido. Y eso provocó que su estado empeorara. Presionó una mano contra su propio vientre para suprimir el dolor provocado por el golpe emocional que acababa de recibir. ¡Demonios! Lo había jodido…

Lo había jodido, y hasta el fondo.

[…]

Esa mañana, definitivamente no era su mañana. Se encontraba segura de ello. Apenas si había logrado dormir 2 horas seguidas, si no es que menos. Ni siquiera cuando Gloin la relevó de la guardia, hace más d horas, logró conciliar el sueño aunque sólo fuera un poco.

Y no era para dramatizar, porque la tranquila charla que hubo tenido con Thorin la noche anterior la había mantenido despierta. Seguía fresca en su memoria. Repitiéndose una y otra vez. Deteniéndose justamente en la parte donde ella exclamaba que lo único que lograba sacar de toda esta alocada situación era para volver su vida jodidamente miserable.

Se llevó un brazo hacia la cara, descansándolo sobre los ojos, ocultándolos de la poca luz que indicaba el próximo amanecer. No tenía ánimos para que el sol decidiera salir y darle los buenos días. Su cabeza le pulsaba de tal forma que pareciera estuviera luchando contra los síntomas de una reseca. Pero bien sabía que no era así. Con lo único que se encontraba batallando era con el enorme cargo de conciencia que se almacenaba en su mente. Sin olvidar mencionar el sofocante dolor en el pecho que se asemejaba a una herida abierta negándose a sanar.

"De saber que este viaje me jodería la vida hubiera dado la vuelta para ir hacia Rohan y no a La Comarca" reprimió un gruñido cuando las palabras volvieron a sonar en su mente.

¿Por qué, de todas las estupideces que pudieron haber salido de su boca, precisamente tenían que ser esas? Ni siquiera se encontraba de acuerdo con la sarta de idioteces que su lengua suelta expulsó ayer. Bueno, puede que sólo hasta la parte donde gritaba sobre los seres que buscaban tener a los mestizos como trofeos de caza, pero lo que le siguió de allí no. ¡Por supuesto que no! Pero no serviría de mucho una explicación en esos momentos. Escudo de Roble se había hecho la idea de que haberlo aceptado como compañero era el peor error que ella hizo en su vida, y tratar de sacar al terco enano de esa suposición sería un reto aun mayor que luchar contra un furioso basilisco.

Thorin…—la manera tan suave con la que dijo su nombre, se perdió entre el largo y pesado suspiro que le siguió.

Jamás, en toda su vida, hubo sentido tanta culpa por algo que sus acciones hubieran cometido. Lo había herido, era consciente de ello. Nunca deseó lastimarlo, pero lo había hecho. No mediante acciones, como golpes o bofetadas, sino con palabras, las cuales resultan ser más dañinas que una daga afilada. Y él, a su vez, le había regresado el daño.

"Oh, melda heru. Alassa hende" murmuró pensativa en alto élfico antiguo, permitiendo a la ligera brisa de la mañana impregnarse de la melancolía que desbordaba su voz.

¿Cómo podría olvidarse de la tristeza en los ojos azules de su rey? No había manera alguna para lograrlo. Recordaba su mirada. La forma en que los ojos del enano la observaron después de que ella dijera esas palabras. Aquella profunda forma de mirarla que le heló la sangre y le clavó un puñal en el corazón. Sintió el familiar picor rasgarle los ojos y un fuerte nudo formársele en su garganta, clausulándosela, sofocándola y haciéndola jadear. Pero no permitió que continuara, se negaba a echarse a llorar. E inmediatamente sorbió por la nariz para después levantarse.

Mirando a su alrededor, ubicó a cada integrante de la Compañía. A los tres hermanos Ori, Dori y Nori, a los inseparables Fili y Kili, a los viejos Gloin y Oin, a los divertidos Bifur, Bofur y Bombur, a las viejas cabras de Balin y Dwalin, al valiente Señor Bolsón y más allá… a Thorin. Y se permitió, desde su lugar, observar al terco enano dormir. Escudo de Roble se encontraba semi recostado de lado, con una roca siendo su soporte, no llevaba ninguna manta encima o un abrigo más grueso para amenguar el frío, sólo las prendas con las que salió de Esgaroth. Apretando los labios, Hermione apartó la mirada y sin ser exactamente consciente, se echó sobre el hombro el nuevo carcaj lleno de flechas y el arco que los hombres del lago le dieron. Además de guardar en el interior de su bota una pequeña navaja, algo muy parecido a un cortaplumas, que tomó en un ligero despisto del uniforme de un guardia.

Procurando hacer el menor ruido posible y con una manta en su mano, avanzó entre la camada de cuerpos tendidos sobre el suelo hasta llegar justo al lado del rey enano. Acuclillándose, con un ligero movimiento colocó la frazada sobre el enano y aprovechando la cercanía bebió de la imagen de su compañero. Se miraba tan tranquilo y apuesto mientras dormía que a Hermione le provocó sonreír como una adolescente. Estirando su brazo, retiró un mechón de cabello del rostro de Thorin para colocarlo, cuidadosamente, detrás de la oreja. Y de paso, rozó gentilmente con las yemas de sus dedos la rasposa piel morena, pasando por el pómulo, la mejilla y los labios, donde se quedaron unos instantes antes de retirarlos y colocarlos sobre los propios. Cerrando los ojos ante el contacto, se imaginó que ese podría ser considerado un beso… Uno indirecto.

Te amo…—susurró en Khuzdul. Casi en silencio, casi para sí misma.

Fijando sus ojos una vez en el semblante de su esposo, la muchacha se levantó y comenzó a caminar, apartándose de la compañía. Sólo cuando se hubo alejado a más de 20 metros del campamento, miró hacia atrás. Justamente a la figura dormida de Escudo de Roble. Y exhalando con pesar, al tiempo que el vaho que salía de su boca se desvanecía, ella tomó nuevamente su rumbo hacia enfrente con un trote ligero pero constante. Desapareciendo entre la niebla de la Montaña.

[…]

El primero en levantarse fue Bofur, seguido de Balin y los hermanos Dori y Nori, quienes se encargaron de despertar al pobre Señor Bolsón cuando accidentalmente hubieron jalado sus frazadas. Después de allí, al resto de los integrantes de la Compañía no les tomó mucho tiempo para incorporarse al nuevo Sol matutino de ese día.

Ahogando un bostezo, que al final salió ruidoso y extremadamente largo, Bilbo se enderezó en su improvisada cama mientras se rascaba la nuca y movía la lengua. Dándose varias palmaditas en los inflados cachetes, en menos de tres minutos se encontraba totalmente despierto y listo para iniciar el desayuno, sólo esperaba que el gordo Bombur estuviera de buen humor para preparar algunos huevos revueltos con jitomate. Y así fue como después de pasarse las manos por el cabello revuelto, tratando de peinarlo, se dedicó a doblar y guardar las mantas que componían su cama, cuando, al estar cerrando la mochila, se percató de un muy significante detalle.

Deteniendo sus acciones, giró su cabeza de derecha a izquierda, paseando sus ojos a través de la masa de cabezas y cuerpos de enanos a su alrededor, buscando y tratando de encontrar. Pero, para su desesperación, no localizaba a la persona que deseaba mirar. Mordiéndose el interior de la mejilla, se levantó y aunque trató de ponerse en puntillas para observar mejor, lo cual no le sirvió, al final se movió entre los hombrecillos pero el resultado fue el mismo.

Con la angustia ya escrita en su rostro, Bilbo finalmente preguntó:

—¿Alguien ha visto a Hermione?

Las conversaciones matutinas se detuvieron, sólo para observar al saqueador.

—¿Qué quieres decir con qué si la hemos visto?—preguntó Kili—¿No se encuentra aquí?

Bilbo negó con la cabeza. Acción que desconcertó a muchos y provocó que la mayoría comenzara a mirar a su alrededor.

Frunciendo un poco el ceño, el hobbit giró hacia el único enano que podría darle una respuesta a su pregunta, quien se encontraba parado a pocos metros con la mirada en el entorno, y la expresión más agitada que alguna vez le hubiera visto.

—Thorin—lo llamó—¿Sabes dónde está ella?

El enano no respondió al instante, en su lugar, dio una observación a la Compañía y hacia las laderas rocosas que los rodeaban.

—No—contestó, y conforme los segundos transcurrían, su semblante se volvía más y más turbado.

La Compañía se miró entre sí, preguntándose, dándose ideas de por qué Hermione no estaría esa mañana con ellos. Algunos con teorías demasiado locas, como que ya no soportaba los ronquidos de Gloin y Dwalin. Otros con suposiciones de que la muchacha tal vez sólo deseaba alejarse para hacer alguna de esas cosas que las mujeres suelen hacer. O como Bombur, que pudiera ser que la mestiza se hubiera despertado temprano para ir a buscar algo para desayunar ese día.

—Bombur, ¿acaso en lo único que piensas es en la comida?—preguntó casi en el fastidio Dwalin.

El gordo enano lo negó.

—Para nada, también pienso en el desayuno, almuerzo, merienda y cena. Además del postre, claro—contestó, haciendo hincapié en cada platillo mientras lo contaba con los dedos.

Dwalin se esforzó por no soltarle un golpe en la cara a ese enano.

—Cálmense, niños—habló Balin, interponiéndose en la plática. Con el tono exacto que un padre suele usar cuando sus hijos tienen una discusión y él debe intervenir—Sea como sea, lo que debemos hacer es prepararnos. Desayunaremos y después comenzaremos la partida. Estoy seguro que Hermione vendrá antes de que nos vayamos.

—¿Y qué tal si no?—se escuchó la pregunta de Ori.

Balin observó fijamente al joven enano, casi con severidad después de mirar como Thorin se tensaba al oír las palabras del chico.

Escudo de Roble intuyó que las oraciones que le siguieron fueron una reprimenda hacia el hermano menor de Dori y Nori, pero él nos las escuchó. Es más, él ni siquiera prestó atención a todo lo demás después de eso… Bajando la mirada, sus ojos se quedaron quietos sobre la manta que llevaba sujetando en la mano. Recordaba perfectamente que la noche anterior se fue a dormir sin molestarse en colocarse una frazada encima, pero esta mañana había despertado con la tela arropándolo. No hacía falta ser un genio para adivinar quién le hubo puesto la manta, aunque en se momento le gustaría serlo para saber dónde se encontraba ella.

Mujer…—susurró, tensando la mandíbula a la par que ejercía presión sobre la frazada.

[…]

La superficie era plana, con algunos relieves casi imperceptibles, todos rocosos claro, pero plana de todos modos.

Ya llevaba un buen tiempo caminando, explorando el territorio y hasta entonces no había encontrado nada. Sabía que sería difícil debido a la geografía del lugar, pero no por ello imposible. Unos metros atrás, había encontrado un débil rastro y lo venía siguiendo desde entonces, tenía la fija intención de dar con el paradero exacto de esa criatura y lo lograría. No por nada sobrevivió con más éxito que el resto de los mortales e inmortales a las oscuras Tierras del Norte, donde el sustento y la probabilidad de vida eran de 1 contra 1 millón.

Aminoró el paso cuando el rastro se volvió más profundo y detallado. Perfectamente encajable con el compás que significaba una caminata. Y si había huellas, existía un camino a seguir. Sonrió victoriosa cuando captó el olor de la criatura en el aire. Ahora sabía exactamente hacia dónde ir. Sujetando con fuerza el arco en su mano, apretó la correa del carcaj y apresuró su trote, no le tomó mucho cuando a lo lejos divisó a un enorme mamífero de cabeza grande y alargada, que daba lugar a un cuello grueso y seguidamente a unas patas muy cortas que acentuaban un cuerpo rechoncho.

Silenciosa, se deslizó por el desolado paisaje, ocultándose entre las enormes rocas grisáceas del entorno. Gracias a Eru, se hubo sujetado el cabello, de lo contrario, la criatura la habría olido y comenzado un escape. Y la verdad, no le apetecía tener que perseguir a un jabalí. Sacando cuidadosamente dos flechas de su aljaba, las colocó diestramente sobre el arco tensado. Inclinándose un poco, salió lo suficiente de su escondite para tener una vista del despistado puerco salvaje y obtener el espacio necesario para laborar con el arco. Inhalando a profundidad por la nariz, exhalaba suavemente por la boca, sin despegar los ojos de su presa, esperando, en la misma posición, la oportunidad perfecta para acertar el golpe. Y fue justo cuando el gordo jabalí bajó la cabeza, para seguir comiendo de la maleza, que los ojos de Hermione brillaron al tiempo que soltaba las flechas que impactaron en su objetivo.

Chasqueó la lengua cuando hubo retirado las flechas del cuerpo del jabalí. Estaba satisfecha consigo misma, había conseguido comida suficiente para los próximo días. Sin duda esto ayudaría a llenar los estómagos de los enanos. Sobre todo del rechoncho Bombur. Y mientras sacaba la pequeña navaja enfundada en su bota, y cortaba la garganta del jabalí permitiendo que la sangre brotara y saliera completamente del cuerpo; podía estar escuchando las alabanzas del hombrecillo, deshaciéndose en halagos y cumplidos hacia su cazadora salvadora de la comida.

—Oh, Hermione que Mahal te tenga en su gloria—dramatizó la reacción y palabras de Bombur—Eres excepcional, una amiga inigualable—continuó—Que el Gran Durin te brinde una vida llena de victorias y que jamás pierdas una batalla.

Riendo para ella misma, terminó de atar las patas del cerdo, antes de echárselo a la espalda y emprender el regreso hacia la Compañía. Con suerte, lograría llegar mucho antes de que el desayuno terminara.

A paso constante, acompañó su camino con un silbido, entonando una canción de la cual no recordaba la letra, pero que la melodía la llevaba aun guardada. Y hubiera seguido, de no ser por el débil pero firme sonido que sus oídos captaron. En otra ocasión ella habría tomado ese retumbo como un efecto producido de los deslaves que las laderas de las montañas producen, pero cuando la resonancia se volvió a producir y un olor se coló en el aire, Hermione supo que no se trataba de una acción de la naturaleza.

Con sus sentidos en alerta constante, observó el gran llano plano silencioso y solitario. Bueno, ni tan solitario, porque algo había provocado un sonido. 2 veces. Atenta, volvió a escuchar el retumbo, ahora familiar, por tercera ocasión. Girando la cabeza hacia la dirección de dónde provino, sus ojos se ensancharon ante la imagen que su vista le proveía.

—¡Vaya, pero que suerte la mía!—exclamó, casi eufórica.

Sujetando con fuerza la cuerda de la que colgaba el jabalí, se escudó tras una gruesa y casi baja cordillera de rocas. Dejando el cuerpo del enorme cerdo a un lado, sus manos tomaron automáticamente el arco y tres flechas, que se tensaron en cuanto jaló de la cuerda y tuvo a sus tres objetivos a la vista. Sin embargo, a los pocos segundos comenzó a desesperarse. Esas malditas marmotas no se quedaban quietas. Mientras una se erguía, otra se acostaba y la otra se sentaba. Necesitaba que las tres se quedaran totalmente quietas para lograr acertar.

Fawkes-

Se detuvo.

Claro, ahora tenía que hacerlo sola. Fawkes ya no estaba y ella… Bueno, ella debía resolverlo por su cuenta.

Tragando el amargo nudo que le provocó nombrar a su halcón, se concentró en las tres futuras comidas. Que para su desgracia, seguían sin quedarse quietas. Tomando una bocanada de aire, lanzó una especie de sonido que trató de asimilarse al gañido de un ave. Y funcionó, porque al instante las marmotas se irguieron y Hermione soltó las flechas que se clavaron en sus presas.

—¡Oh, demonios!—maldijo eufórica—Sin miedo a parecer orgullosa o presumida, pero acepto que soy malditamente buena en lo que hago o cualquier cosa que desee hacer—se dijo, y nadie podría sacarla de ese pensamiento.

Para cualquiera que hubiera escuchado esas palabras, sin duda le habría dado las razones suficientes para indicarle que eso era pasarse de pretenciosa. Pero para suerte de Hermione, ni un alma se encontraba cerca. No sólo había logrado cazar a un enorme jabalí, sino también a tres marmotas que alimentarían a la Compañía hasta que llegaran a la Montaña. Ya quería ver las caras de Fili y Kili cuando les mostrara lo que había conseguido. Sin duda, se los restregaría sin molestarse en lucir fanfarrona.

Justo estaba por atar las tres marmotas junto al cuerpo del jabalí que Hermione detectó un cambio en el ambiente. Era como un soplo bailando en el aire, llevando consigo una esencia que resultaba extremadamente agresiva. Tensándose al instante, sintió como los bellos de la nunca se le rizaban y su instinto le gritaba peligro por todas partes. Levantándose con suma precaución, viró hacia el lugar donde la esencia se desprendía, sólo para encontrarse con un par de profundos ojos anaranjados que la observaban sin pestañar.

Hermione sintió como la garganta se le secaba. Frente a ella se hallaba un ser con la parte delantera, la cabeza y las patas o garras en este caso, de un águila, mientras que el resto del cuerpo era conformado por el de un caballo. Sin olvidar mencionar las enromes alas que brotaban de la espalda.

"Un hipogrifo" murmuró en su mente, y por un momento, creyó estar mirando a Fawkes. Era el mismo color grisáceo de su plumaje… No, no era cierto. Este resultaba ser más claro y nítido, mientras que el de su antiguo halcón fue mucho más oscuro y neutro.

Se quedó justo donde estaba. Respirando suave y pausadamente. Sin mostrar señal alguna de nerviosismo o tensión, lo cual, no le estaba resultando difícil. No estaba asustada, al contrario, se encontraba absolutamente fascinada. En todos sus años viajando a todo lo largo y ancho de la Tierra Media jamás se había topado cara a cara con un hipogrifo. Sólo los había visto en dibujos, en aquellos que su padre solía mostrarle cuando era niña y los acompañaba de historias llenas de fantasía, aventura y magia.

"Lo primero que tienes que saber sobre los hipogrifos es que son criaturas orgullosas. Se molestan con facilidad. Nunca debes de ofender a un hipogrifo, porque podría ser lo último que hicieras" las palabras de su padre vinieron a su memoria. Entendía cómo debía actuar y lo que tenía que hacer.

Dio un pequeño paso hacia atrás, lo que provocó que la inmensa criatura esponjara las plumas de su cabeza y le lanzara una advertencia. Se detuvo al instante, había planeado retirarse caminando en reversa hasta quedar lo bastante alejada del animal para continuar su camino, pero por la atenta mirada del hipogrifo sobre ella, eso no sería posible. Fue entonces, cuando manteniendo su cuerpo levemente direccionado en tres cuartos, que rememoró el comportamiento que se debe seguir cuando un hipogrifo se encuentra cerca. Ya estaba en posición, por lo que el resto no sería problema.

Esperó, manteniendo el contacto visual fijamente sobre los orbes naranjas, inclusive casi sin pestañar, hasta que observó al gran hipogrifo dar el primer movimiento, un ligero pero marcado paso hacia ella que le indicó comenzar a inclinarse. Poco a poco. Despacio. Un desliz que terminó con ella dándole una reverencia a la criatura, pero sin despegar los ojos del ser. Al inicio no detectó movimiento por parte del hipogrifo en devolverle el saludo, al contrario, la criatura se había quedado quieta, mirándola. Y si le preguntaban, podría jurar que el enorme animal la estaba juzgando. Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando observó con asombro al poderoso ser inclinarse hasta casi tocar el suelo con el pico en su cara y levantar una de sus garras, aceptándole.

Volviendo a erguirse, no pudo evitar sonreír con júbilo. Esta sería una buena historia que contar al calor de la fogata.

Aun cuando ya tenía toda la libertad de poder alejarse de la inmensa criatura sin el miedo de poder ser atacada, no se retiró. Al contrario, demoró bastante. Casi como si estuviera guardando aquel momento para ella. Se mantuvo en su lugar, silenciosa e inmóvil, observando al gran hipogrifo de hermoso plumaje grisáceo y ojos naranjas que le devolvían la mirada. ¿Sería posible tocarlo? ¿Acaso se consideraría una falta de respeto acariciar las gigantescas alas? No lo sabía, pero el deseo por acercarse y posar su mano sobre ese majestuoso ser le llamaba con emoción y curiosidad pura.

Un nuevo movimiento llamó su atención. Entrando en su campo de visión, justo por detrás del enorme animal, manteniéndose casi oculto por el cuerpo del hipogrifo. Se encontraba una cría.

Hermione quedó atónita. Tal vez, incluso un poco estupefacta, extrañada, impresionada. Pero sobre todo muy, muy maravillada. Ahora entendía el comportamiento del hipogrifo, aunque fuera por naturaleza de la criatura actuar con orgullo, éste en particular se desenvolvía con cautela y raciocinio. No por cuidar de él mismo, sino para proteger a su cachorro.

Mujer—ella lo observó. El hipogrifo acababa de hablarle en la lengua de las bestias—Me presento ante ti, mi nombre es Einar, perteneciente al Clan Dumstrang de los hipogrifos del Sur. Y él es mi hijo, Egil.

Inclinó la cabeza al escucharlo.

Pero para ella las palabras de la criatura resonaban en su cabeza, "¿Del sur ha dicho? ¿Por qué se encontrará tan lejos de su tierra natal?" y aun con la duda, habló:

Yo soy Rogue, una cazadora de las Tierras del Norte—se presentó, y miró con detalle como el hipogrifo mayor inclinaba la cabeza y después instaba al pequeño a hacerlo también.

¿Cazadora dices?—Hermione asintió—¿No crees que te encuentras muy retirada de tu territorio?

Ella sonrió con sarcasmo.

Podría afirmar lo mismo respecto a ti—contestó.

Los ojos de Einar se quedaron fijos sobre la muchacha. Para Hermione le parecieron que deseaba desaparecerla. Intuía que ahora debía tener extremo cuidado con lo que dijera o hiciera. Un paso en falso y podría provocar una pelea, y la verdad, no se encontraba de muchos ánimos para enfrascarse tan temprano en una lucha. Tenía un lugar al cual volver, junto a un enojado enano terco y obstinado, y el hipogrifo a un cachorro que proteger.

¿Qué estás haciendo en tierras tan lejanas, Rogue?—Hermione achicó los ojos, y se tronó la mandíbula antes de responder.

Me encuentro siguiendo el rastro de un grupo de orcos. Nada fuera de la rutina que mi trabajo no exige—dijo, metiendo un poco de negra verdad a su historia. Puede que no estuviera persiguiendo a nadie, pero si lo hubo hecho hace algunos años. Así que no contaba como mentir, porque bien se sabe que Hermione es una pésima mentirosa—¿Y tú?—le preguntó—¿Qué es lo que te ha hecho viajar hasta la profundidad del Oeste? Por lo que he vivido en estos últimos meses, la vida aquí no es muy placentera. Mucho menos cuando se llevaba el cuidado de una cría a cuestas.

El cachorro agachó la cabeza y retrocedió, escondiéndose nuevamente tras de su padre. Seguido de Einar dando pasos hacia el frente, colocándose entre su hijo y la mestiza. Acción que ella tuvo que corregir:—Por favor, no malinterpretes mis palabras, Señor Einar. Si de algo no debes preocuparte respecto a mí, es que trate de causarte daño a ti o a tu hijo. Mi objetivo es el grupo de orcos, no ustedes.

Y sus palabras funcionaron. Porque el enorme hipogrifo pareció relajarse un poco. Sólo un poco.

Sin la menor intención de ofenderte, pero he de suponer que intuirás que posea cierto recelo hacia ti—ella asintió, lo comprendía—Y no lo digo sólo porque seas una extraña ante mi presencia, sino también porque eres una hibridación. Puedo verlo en tus ojos y detectarlo en tu aroma, hembra mestiza.

De acuerdo, eso si la había ofendido. Puede que Einar le indicara desde el comienzo que su intención no era el afán de ofender, pero la simple acción de pronunciar la palabra mestiza, bueno, eso ya era una grosería en sí para ella. Luchando por controlar su respiración, se dijo que dejarlo pasar por esta ocasión no causaría ningún daño.

Reprimiendo la tentación por dar media vuelta y marcharse, volvió a hablar:

Tengo que darte cierto merito, Einar. Lo has descubierto al instante—el aura del hipogrifo parecía refulgir orgulloso, pero no duró mucho—Sin embargo, no has respondido a mi pregunta. Y que yo recuerde, yo sí contesté a la tuya—le dijo, severamente—Ahora dame los motivos suficientes para no desconfiar de ti.

No respondió al instante. En su lugar, miró hacia su hijo.

Sustento, mestiza. Eso es lo que busco.

Para Hermione no fueron necesarias más palabras, sabía a qué se refería el hipogrifo. La criatura sólo buscaba la manera de proteger y mantener con vida a su cachorro. Tal vez, las tierras del sur se habían vuelto difíciles o muy peligrosas para seguir manteniéndose en ellas y eso obligó al hipogrifo a emprender un viaje en busca de un nuevo hogar. Silenciosa, soltó el aire de sus pulmones en un suave suspiro, eso no lo sabía, y la verdad, no le importaba enterarse de los detalles. Sin embargo, no pudo evitar decirle lo siguiente:

Viaja al Este—le indicó—Continúa el camino hasta llegar a las bajas Montañas Nubladas, más allá de las Minas de Moria. Allí encontrarás un lugar lo suficientemente basto para que tú y tu hijo no pasen hambre.

Einar la observó con asombro, pero al final asintió agradecido por las indicaciones.

Concluyendo en que la conversación había llegado a su fin, Hermione optó porque era el momento de marcharse. Sin embargo, la voz de Einar, llamándola, la detuvo de dar un paso siquiera.

He de pedirte un favor, antes de que te marches. Uno que no podré devolverte—Hermione arqueó una ceja—Veo que llevas demasiada carga contigo—frunció el ceño con recelo, el hipogrifo se refería al jabalí y a las tres marmotas que colgaban de la cuerda—Y si es que viajas sola, lo cual dudo debido al olor externo que desprendes de tu pareja, te suplico, si está en tu misericordia, dejarme aunque sea una de las marmotas que cazaste.

¡¿Qué cosa?! ¡¿Había escuchado con atención?! ¡¿El hipogrifo le estaba pidiendo qué?! Ahora sí que estaba interesada por escuchar el resto de esa conversación.

¿Acaso careces de la habilidad suficiente para obtener tus alimentos por cuenta propia?—le preguntó con dureza—¿Por qué habría de regalarle el producto de mi esfuerzo a una criatura desconocida, y que encima, no confía en un mestizo?

Y era cierto. El hipogrifo había dejado muy en claro que no confiaba en ella. Y no sólo porque fuera una posible amenaza, sino por la sangre impura que corría en sus venas. Y eso, para Hermione, era motivo suficiente para no desear ayudarlo.

Tienes todo el derecho en negarte a mi petición—habló, y ella asintió en su interior—Después de todo es cierto, no confío en los mestizos, pero tú misma lo has dicho anteriormente: en estas tierras es difícil encontrar algo para comer—Hermione se mordió el interior de su mejilla, ¿acaso planeaba usar sus palabras en su contra?—Yo puedo soportar varios días sin probar alimento, pero mi hijo no.

¿Qué te hace creer que no soy como el resto de mi especie?—le cuestionó.

Porque de serlo, nos habrías matado al instante—Hermione se mordió la lengua para evitar contradecir a Einar, porque en otro tiempo ella lo hubiera hecho sin dudarlo—Me encuentro débil, y eso es evidente para ti, la falta de alimento ha menguado mis fuerzas convirtiéndonos en una presa accesible. Pero tú no has tomado ventaja de ello, y eso me hace cuestionarme el hecho de no te comportas como los otros mestizos.

Todos cuando la conocían, la juzgaban de la misma manera al saber que es una mestiza. Absolutamente todos, y los enanos no habían sido la excepción. Bueno, todos menos el Señor Bolsón… Y aunque Einar también lo hubo hecho, había algo en las acciones del hipogrifo que le impedía marcharse y dejarlo a su suerte. Puede ser porque conocía bastante bien las pericias de pasar hambre o dejar el hogar conocido y tratar de adaptarse a uno nuevo o, tal vez, porque miraba en el pequeño hipogrifo la necesidad de ayudar. Pero jamás aceptaría que enfocaba en Einar y su hijo Egil la relación que ella desearía recordar. La de saber si sus padres la amaron como este enorme hipogrifo ama y protege a su cachorro.

¡Cuál fue la sorpresa de Einar! Al observar a la mujer empuñar una navaja y cortar las cuerdas que ataban a las marmotas. Dejándolas sobre las rocas. Ella no sólo había cedido a regalar una parte de su caza, sino casi la mitad. Tres grandes marmotas que alimentarían a padre e hijo con suficiencia.

Apartándose del lugar, sin darle la espalda, Hermione caminó en reversa dándole espacio a Einar para tomar las marmotas. Y cuando lo miró pasarle una al pequeño para que comenzara a comer, dio media vuelta dispuesta a retirarse.

Gracias.

Mirando sobre su hombro, encontró al hipogrifo seguir agradeciéndole con la mirada. Una que ella respondió con un ligero asentimiento. Observando un poco más, justamente al gracioso cachorro devorar el alimento, retomó su camino y se alejó. Aferrándose al jabalí que aun colgaba a su espalda, se apresuró, tenía que volver con trece enanos y un hobbit. Sobre todo con un enano en especial.

[…]

El desayuno no fue el mejor de todos.

Bombur se había negado en preparar huevos revueltos, estrellados o siquiera cocidos para esa mañana. Y cuando Bilbo trató de hacerlo por él mismo, el gordo enano lo hubo impedido alegando que el trabajo de cocinero había sido delegado a él y que el mediano era sólo un ayudante. Además de recalcarle al hombrecillo que fue contratado como saqueador oficial de la Compañía y que debía quedarse en su puesto. No obstante, fue tanto su celo como cocinero del grupo que se atrevió a guardar las ollas y sartenes. Y eso, para Bilbo, le significó el peor desayuno desde que salieron de la Ciudad del Lago.

Justo estaba por terminar la extraña mezcla de lentejas y espinacas que se encontraba en su plato, el cual hubo picado y casi triturado todo el tiempo del desayuno, que la voz de Kili alertó a toda la Compañía.

—Alguien se aproxima—dijo, al tiempo que se paraba sobre una roca para observar al intruso que, en la lejanía, se encontraba encaminándose hacia ellos.

Dwalin se tensó al instante, seguido de Gloin, Nori y Bifur. Thorin, que se encontraba en la parte trasera de la Compañía, se irguió observando con especial atención a la sombra borrosa que se acercaba.

Y para el querido Señor Bolsón, las cosas no podría estarle yendo de peor manera. No sólo el desayuno había sido amargo y sin sabor, sino que además ahora se debía lidiar con la presencia de un extraño. Del cual, no se sabían sus intenciones. Sujetando el mango de su pequeña espada, la aferró con firmeza, listo para desenvainarla.

—Aguarden—gritó de repente Balin, sorprendiendo a los demás—Es Hermione.

Catorce cabezas se dirigieron hacia el cuerpo en movimiento, justo en el momento en que se logró vislumbrar con exactitud que, en efecto, se trata de la única presencia femenina de la compañía. Y para Kili, quien observaba la escena sin pestañar, le estaba resultando bastante familiar la situación. Casi como un deja vu.

Una vez arribada hasta el centro de la enorme camada de enanos, la chica dejó caer, con un golpe sueco, el enorme peso del jabalí sobre el suelo, que levantó una pequeña nube de polvo al impacto.

¡Oh, pero miren lo que los dioses se han dignado en traernos!—fue la voz del gordo Bombur la que se alzó entre las demás y vociferó en tono cantante en la lengua de los enanos—¡Qué el Gran Mahal y el Primer Señor Enano te den muchas bendiciones durante tu vida, Mi Gran y Noble Señora! ¡Bendita tu entre todos nosotros por acordarte de los pobres estómagos hambrientos como el mío!

Si hubiera apostado con alguien sobre la reacción y palabras que el enano Bombur le diría, definitivamente, ella habría ganado.

Dejando al imponente cerdo sobre el piso de piedra, le dio campo al hermano rechoncho de Bofur para hacerse cargo del animal. Tomando asiento en la roca más cercana y que parecía ser la más cómoda, se dejó envolver del aire mañanero de la Compañía. Al menos hasta que dos figuras, una rubia y la otra morena le abrumaron la tranquilidad.

—¡Caramba, Hermione!—exclamó Kili—¿Por qué siempre tienes que guardarte los mejores momentos para ti?

La chica no entendió de qué hablaba el joven enano.

—Pudiste habernos despertado y te acompañaríamos—adjuntó Fili, a las palabras de su hermano—De seguro cazar al jabalí requirió un gran esfuerzo.

—Sí, sí, sin dudarlo—habló el moreno—Para la próxima caza, pido. No. Exijo que me lleves contigo.

No pudo más que restregarse la cara con ambas manos, en ocasiones olvidaba lo infantiles que Kili y Fili solían comportarse. Siempre yendo tras de ella como moscas a un caballo cubierto de azúcar. Si decidía escalar un árbol para observar el terreno, los hermanos le imitaban. Si hablaba en la lengua de las bestias para dialogar con los pocos animales inofensivos del área para obtener información sobre el lugar, ellos hacían el mejor o desastroso intento de hablarla también. Y en más de una ocasión ella tuvo que salvarles el trasero cuando los príncipes daban palabras con mal pronunciación.

—¿Te atreves a exigir? ¿Tú?—preguntó, apuntándole—Te hacen falta muchos kilos de lengua para hablarme de esa forma, niño.

Kili sintió un tic en el ojo, no le agradaba cuando le remarcaban su edad en la cara.

—No soy un niño. Obtuve la mayoría de edad hace mucho—en realidad hace poco—¿Qué edad crees que tengo?

Hermione se encogió de hombros.

—¿32? ¿35?

—Tengo 77 años—respondió, elevando la barbilla e inflando el pecho con orgullo—La edad perfecta para un enano adulto.

—Querrás decir para un joven enano adulto—dijo ella—Aun con 77 años, sigues siendo un niño a ojos de los demás, Kili.

La diversión en la voz de Hermione no pasó desapercibido por él. Pero eso no fue lo que le molestó, sino las risas mal disimuladas que le siguieron. Todas ellas, en perfecto de acuerdo con las palabras de la muchacha. Él lo sabía. Seguía siendo un crío que pretendía comportarse como un hombre. No poseía la edad de Fili, ni la edad de Dwalin, Balin o de Thorin, muchos menos la de Hermione. Tenía demasiado presente que de todos, él era el más joven y por ende, el menos experto de la Compañía. Pero eso no significaba que tuviera menos deseos de pelear, de acompañar a su tío y hermano en la recuperación de la Montaña. Al contrario, había tomado esta oportunidad para probarse a sí mismo y al resto del pueblo enano que era un digno descendiente de Durin. Que aunque sin tanta barba, se mostraría orgulloso e imponente como el guerrero que era. Y no necesitaba que le recordaran la poca edad que poseía.

Apretando las manos en puños, estuvo a un segundo de girar la cabeza para gritarle al resto de los enanos que se callaran. Pero un inesperado agarre sobre su hombro, le detuvo. Seguido de una cálida voz hablándole en Khuzdul.

No tienes que probarle nada a nadie para que observen tu valentía, Kili—el tono de Hermione era suave, contrario al que había utilizado al principio—Tu sabes que lo eres. Tu hermano y tío igual. Todos en la Compañía estamos conscientes de la fuerte voluntad que hay en ti. Y te respetamos, como guerrero y como descendiente de Durin. ¿Quién, de todos los jóvenes enanos, puede poseer tan noble coraje y lealtad como el que tú demuestras? Nadie, mi joven príncipe, absolutamente nadie.

Kili lo entendió. No era que ellos le observaran como la carga más inexperta, sino como el acto de reflejo. Aquel punto del cual sentir orgullo por observar a un joven guerrero enano dispuesto a servir, sin importar los peligros. Seguramente muchos de ellos fueron así en sus años de juventud y veían en Kili y Fili, más en Kili, el deseo de hacer hazañas que le marcaran con valentía en las historias de su pueblo.

Hermione revoleó los ojos enternecida cuando observó al joven príncipe sonreír socarronamente. Kili siempre sería Kili, sin importar los años transcurridos, de eso se encontraba absolutamente segura. Con las conversaciones volviendo a sonar en la Compañía, la mestiza encontró la situación perfecta para lograr hurtar, de una forma bastante modesta, uno de los numerables platos servidos que el gordo Bombur había guardado para sí. No había desayunado, y vaya que se moría de hambre.

Tan sólo se encontraba dando el quinto mordisco a su bien merecido desayuno, cuando una sombra conocida le interrumpió la comida.

—Pero muchacha, nos has tenido entre la línea de la angustia y la desesperación por tu ausencia—la voz de Balin realmente sonaba molesta—¿Dónde demonios te has metido desde temprano?

—Ni siquiera tengo 5 minutos de haber llegado y las preguntas ya comenzaron a sonar—¿acaso no podía terminar su desayuno en sagrada tranquilidad?—Si me permitieran al menos alimentarme y recuperarme de la caminata, lo agradecería.

El viejo enano entrecerró los ojos, pero accedió a las palabras de la chica. Desapareciendo un momento, regresó al poco tiempo con una pequeña cantimplora de agua. La cual, se la ofreció a la mestiza, quien la aceptó gustosa y sumamente agradecida.

—¿Y bien?—volvió a preguntarle, después de observar pacientemente por otros 5 minutos a que ella terminara.

—Balin, no te comportes como si fueras mi padre—le retó, a través de un serio gruñido.

—Limítate a responder—por el tono de voz, Hermione supuso que realmente no estaba jugando. Aunque tampoco entendía el porqué de la extraña actitud del viejo enano.

—De acuerdo, de acuerdo—aceptó, elevando las manos en clara señal de rendición—Desperté algunas horas antes de que amaneciera por completo. Y como me fue imposible retomar el sueño, decidí usar el tiempo para revisar la ruta más rápida. En el camino me encontré con el jabalí y decidí traerlo. ¿Feliz?

—Muy poco.

"¡Qué carajo! No me vengas con eso" en realidad no lo podía entender.

En verdad esperaba que Balin no detectara la pequeña mentira escondida en el resto de su discurso. No había vuelto a dormir por despertar temprano, ni siquiera pudo cerrar los ojos tranquilamente, más bien por no querer seguir en el campamento y salir a patrullar le vino como una idea que le ayudaría a despejar su mente.

—¡Con un cuerno, Balin!—exclamó—No tienes el derecho, ni yo la obligación de rendirte cuentas por cada cosa que hago o digo.

—Pero a él si—no necesitó que fuera más específico para saber con certeza a quien se refería. Siguiendo la mirada del hombre, encontró, un poco retirado del resto, al terco enano que tenía por compañero—Deberías hablar con Thorin. Estuvo preocupado toda la mañana, Hermione.

"¿Preocupado?" no pudo evitar preguntarse.

—Tengo una mejor idea, ¿y si tú vas en mi lugar?—le propuso con fingida inocencia.

—¿Y por qué habría de hacerlo yo? Tú eres su esposa.

Balin le miró de esa forma que sólo él solía hacer. Con una poblada y canosa ceja arqueada, acompañada de los instigadores ojos que poseía, por no olvidar la leve boca fruncida. Se mordió el labio inferior, no tenía como refutarle eso. Lo sabía. Y si es que se atrevía a hacerlo, sin tener los argumentos sólidos para impedir un acercamiento con el rey, el viejo enano entrometido comenzaría a sospechar, y eso es lo que menos quería en ese instante.

No supo cómo, ni en qué momento se había parado de su asiento, pero de lo único que se encontraba consciente en ese instante, era que estaba caminando hacia Escudo de Roble. Un escalofrío le heló la columna. Un espasmo involuntario. Un grito y advertencia en su subconsciencia que le indicaban que diera media vuelta y regresara a la seguridad de su roca.

"Pero Balin ha dicho que se mostró preocupado al ver que no estaba" recordó "¿Será posible que su enojo disminuyera?... Bueno, sólo hay un modo de averiguarlo"

Y en menos de cinco pasos, estaba justo arrodillada frente a él.

—Thorin—lo llamó suavemente.

Se quedó atenta a las reacciones del enano, esperanzada porque sus pensamientos fueron ciertos y él ya no estuviera molesto, pero igualmente precavida al mantenerse ciertos centímetros apartada de él.

—Demoraste demasiado para traer un simple jabalí—la expresión de Hermione decayó. El enojo seguía sobre el enano, pudo detectarlo en el tono neutro e inexpresivo que usó para hablarle.

Manteniéndose en sus cabales para no iniciar una guerra en ese lugar, se forzó a continuar la conversación.

—Hubiera llegado antes, pero tuve un encuentro con un hipogrifo—le dijo, de un modo que le restaba importancia a sus palabras.

—¿Te encuentras herida?—la pregunta fue tan repentina que incluso sorprendió a la muchacha. Tanto así, que tardó más de lo normal en responderle.

—Estoy bien—contestó, acompañando su afirmación con una leve sonrisa.

Muy bien, no mentiría que unos segundos antes de responderle tuvo la tentación de mentirle sólo para saber cuál sería la reacción de su esposo. El cambio en el semblante y tono del enano habían sido tan abruptos al mencionarle que durante el camino se cruzó con un hipogrifo que eso, justamente, le hizo pensar que tal vez Thorin no se encontraba tan molesto como ella suponía. Incluso, tal vez, podría arreglar las cosas en ese instante.

Observó al hombre fruncir levemente el ceño, evaluándola con la mirada. Pasando sus ojos por cada parte, rectificando que efectivamente no se encontraba lastimada. Y a la vez, como si estuviera decidiendo creer o no en sus palabras.

—De acuerdo, entonces partiremos—concluyó, apartando de un golpe la vista de ella—¡Balin!—llamó, casi en un grito, al viejo enano—Prepara todo. Nos vamos.

A Balin le extrañó la forma en que Escudo de Roble le dio esa orden. Parecía tenso y enojado, bastante molesto si le preguntaban.

Intrigado, no pudo evitar notar la tensión que envolvía el ambiente entre Thorin y Hermione. A ella se le veía cautelosa, casi temerosa, pero también un poco molesta; mientras que el comportamiento de él resultaba cortante, brusco y distante. Por no olvidar mencionar el evidente enojo que refulgía en sus facciones. ¿Acaso había sucedido algo entre ellos? ¿Algún tipo de riña o desacuerdo? La curiosidad le picaba en la nuca, muriendo por saber qué cosa podría haber pasado.

Fingiendo desinterés a la evidente situación del matrimonio, Balin asintió y se dio la vuelta, listo para poner todo en orden, sólo para percatarse que absolutamente toda la Compañía estaba poniendo su atención en la disimulada pelea entre su Rey y su Señora. Ahogando un suspiro, les indicó a los demás que hicieran levantar el campamento y ellos obedecieron, pero sin dejar de prestar oído a la plática de la pareja. Puede que se encontraran algo retirados, pero manteniendo el silencio adecuado, se lograría escuchar a la perfección.

Algo de lo que ni Hermione ni Thorin se percataron.

—¿Podemos hablar antes de comenzar?—le preguntó, justo al verlo tratar de incorporarse. Su petición había sido suave, delicada. Como si estuviera tanteando el terreno frente a ella.

—No.

Más de un exhalación de sorpresa se escuchó entre los enanos. Quienes, para tapar su imprudencia, fingieron seguir guardando las mantas y herramientas. Pero hace tiempo que habían terminado de hacerlo.

—¿Es mi imaginación o esto está que arde?—se escuchó la pregunta susurrante de uno de los enanos.

—No creo que sea tu imaginación, Bofur—le respondió Nori en el mismo tono, quien se encontraba a su lado.

Ignorando la leve conversación de la Compañía, Hermione apretó los labios. Debía ser sincera, no había esperado esa respuesta, mucho menos con esa seriedad y falta de tacto. Pero tampoco significaba que se diera por vencida. Quería hablar con Thorin, y lo haría aunque tuviera que atar al terco enano para lograrlo.

—Por favor, sólo un momento—le pidió nuevamente. Esta vez, con mucha más firmeza que su petición anterior.

Pero tal como la primera vez, Thorin le ignoró. Ni siquiera volteó a verla.

—Quedan 6 días para llegar a la Montaña—habló el Rey Enano, con un tono severo y glaciar—No desperdiciaré ni un solo segundo entablando una conversación sin importancia.

De acuerdo, esto se estaba llevando el premio al más idiota. Es más, el primer lugar estaba debatible entre él o ella. Mordiéndose la lengua para no soltar el veneno que le quemaba la boca del estómago directo sobre el hombre frente a ella, se esforzó por tranquilizarse antes de volver a hablar.

—Thorin—le llamó, pero él no se dignó en responderle en esta ocasión—Thorin—lo llamó otra vez, tragándose un poco de su propio orgullo para no mandar al carajo el insoportable carácter de su esposo.

O mejor aún, patearle el trasero ella misma. Pero al observar que él no accedía, decidió utilizar otros medios.

"Thorin…" susurró a través de su enlace.

El enano se paró al instante en que sintió la intrusión de la mujer en su mente. Volteando hacia ella, sus facciones fuertemente contraídas dejaron leer con gran visibilidad que aquel acto le había hecho enfurecer más allá de los límites.

—¡Con una mierda!—esa exclamación abrumó por completo a la Compañía, más no lo suficiente como lo que le siguió:—¡Mantente apartada de mi mente, mujer! ¡Es una orden!—y en esta ocasión, fue el semblante de Hermione el que cambió.

—Como digas, Escudo de Roble.

Por un momento, la furia pareció menguar en el rostro de Thorin después de escuchar la respuesta de la chica. Pero volvió a instalarse, y con más intensidad esta vez, cuando la observó levantarse y alejarse de su lado.

Frustrado, arremetió contra la Compañía.

—¡Se acabó el espectáculo!—ladró iracundo—¡A caminar!

E inmediatamente, el viaje hacia la Montaña volvió a tomarse.

Hermione esperó hasta que el último de los enanos saliera del campamento para seguirles. Deseaba quedarse al final de la caravana, sin nadie que le molestara. Incluido el Señor Bolsón, quien, al parecer, lo entendió con tan sólo verla.

—Que incómodo…—murmuró una voz.

—Shh, ¡Bofur!—le reprendió Nori, dándole un codazo en las costillas.

El enano se quejó, pero no evitó que dejara el tema.

—Pero si es la verdad, fue una situación bastante incómoda—dijo, todavía sobándose el área adolorida.

Nori asintió. No pudo evitar darle la razón al comentario de su colega. Sin embargo, después añadió:—Bueno si, pero no nos concierne en lo absoluto.

Bofur observó al usurero pelirrojo como si le hubiera crecido otra cabeza. Con esa clase de miradas que reservas sólo para las situaciones en donde una persona que conoces jura nunca haber hecho algo, pero tú sabes perfectamente que si lo ha hecho. Y no solamente una vez, sino muchas veces. Y sin sentir remordimiento o vergüenza por ello.

—¡Maldito doble cara!—le acusó, pasándole un brazo por el cuello y ahorcándolo mientras lo sujetaba contra él—No puedes mentirme, te encantaría saber por qué esos dos están enojados tanto como a mí.

—De acuerdo, lo acepto—dijo Nori, luchando por soltarse. Cuando finalmente lo logró, después de que Bofur le hiciera aceptar su cínico comportamiento, añadió entre jadeos—Pero al menos aprende a disimularlo. No seas tan obvio, idiota.

—¿A quién llamas idiota?—gruño Bofur, por el insulto.

—A ti, idiota—repitió Nori, remarcando con mayor énfasis la última palabra.

Bofur se tronó los nudillos.

—Te garantizo que va a dolerte cuando te arranque las pelotas-

—Ustedes—ambos hombres se tensaron al escuchar la voz que les interrumpió. Mirando hacia atrás se encontraron con la fiera y nada amigable mirada dorada de Hermione—Guarden su maldita conversación para otra ocasión.

Nori y Bofur asintieron sin cesar. Con las caras pálidas y un color verde plantándose en sus rostros.

—S-sí, c-cla-claro—tartamudeó Nori.

—Perdona, no sabíamos que estabas escuchando—se disculpó Bofur, casi al borde del llanto.

—No nos vayas a pegar, por favor—suplicaron ambos.

Hermione arqueó una ceja ante el último comentario.

—¿Eh?—pero antes de que pronunciara algo más, los dos hombres tomaron carrera hasta verse alejados de la presencia de la mestiza. Lo bastante retirados para sentirse seguros de haber huido de una muerte segura y sumamente dolorosa.

Negó largo rato con la cabeza, estaba comenzando a llegar a la conclusión de que si este viaje no terminaba matándola, entonces los constantes disgustos y peleas lo harían.

Inhalando con profundidad, elevó grácilmente su cabeza hacia el cielo mientras llenaba sus pulmones del frío viento que rodeaba a La Montaña. Sintiendo leves piquetes en los pulmones por la acumulación de aire helado en su cuerpo caliente. Sólo cuando retuvo el aliento lo necesario, lo expulsó en una pequeña llamarada de fuego que brotó de su boca y que al hacer contacto con el clima, se convirtió en una leve cortina de humo grisáceo.

Concentrándose nuevamente en la realidad de su presente, buscó entre las 14 cabezas de hombres barbudos y miradas fieras, el largo cabello oscuro de su esposo. No fue difícil hallarlo. Thorin se encontraba al inicio de la caravana, como todo buen líder. Una sonrisa traviesa asomó en sus labios al pensar que, si el hombrecillo no se encontrara molesto, él le habría ordenado que caminara justo a su lado. Pero la verdad era que Escudo de Roble distaba mucho de volver a recuperar su buen humor.

Emitiendo un suspiro ahogado y profundamente cansando, y eso que apenas comenzaba el día, decidió prestar atención a los alrededores. Cosa que no le funcionó por mucho tiempo. Tenía que recordar ya haber caminado por esta área del terreno, y que no habría nada que encontrara nuevo o fascinante en él. No, al menos, hasta que alcanzaran más allá de lo que ella logró llegar, y para eso, falta bastante.

Aburrida y sin mucho a su alcance para entretenerse… Nah, mentira… Podría ir con Fili y Kili para animarse un poco, esos chicos siempre hallaban la forma de convertir un viaje tedioso en uno más ameno y hasta con alguna travesura incluida. Pero no, no lo haría. En primer lugar, porque no deseaba socializar con nadie. En segundo lugar, su estado de ánimo no se encontraba lo suficientemente bajo control como para soportar las estupideces de los demás. Y en tercer lugar, porque no sería bien visto que ella, casualmente,buscara compañía y conversación con algunos de los jóvenes príncipes con las cosas como estaban de tensas con Escudo de Roble. Con Kili no habría problemas, eso era bastante obvio. Pero en el caso de Fili… Bueno, eso sí sería una agraviante. No hay que olvidar que el muchacho buscaba más que la simple y solidaria amistad de la mestiza (algo que para todos seguía latente), y declararse acérrimo rival de Thorin en el tema de ganar a la mujer como compañera. Así que no, gracias, pero no, gracias.

Metiendo las manos en los bolsillos de su abrigo, rió para sí misma. Vaya manera en la que se terminó encontrando. Totalmente frustrada, molesta, aburrida y sumamente apática.

"Juro que le arrancaré la lengua a la próxima persona que me dirija la palabra" amenazó oscuramente en el fondo de su mente.

—¿Sedienta?

Hermione mandó una mirada mordaz a la voz que sonó a su derecha, pero la suavizó cuando se percató que se trataba del adorable y simpático Señor Bolsón.

¡Rayos! Debía encontrarse totalmente desinhibida de la realidad para no haber detectado al pequeño hobbit acercársele. Observando la cantimplora que el mediano le ofrecía, sacó de la comodidad y reconfortante calor una mano de sus bolsillos y aceptó la bebida.

—Gracias—dijo, dándole una sonrisa.

Y mientras el tibio líquido resbalaba por su garganta, recordó la promesa que se hizo de extirparle el órgano más grande de la boca al siguiente ser que se atreviera a hablarle.

"Va, puedo hacer una excepción" se dijo, mirando de reojo al hombrecillo a su lado.

—Hermione, ¿te encuentras bien?—de acuerdo, ahora se estaba planteando lo de hacer una excepción con el pequeño mequetrefe que tenía la Compañía como Saqueador Oficial.

Dando un trago más de la cantimplora, la cerró con pasmosa lentitud y la sostuvo en su mano, observándola de tal forma, que pareciera ser la cosa más interesante a 10,000 metros a la redonda. El hobbit no la apresuró, sabía que no buscaba evadir su pregunta, sólo encontrar las palabras exactas para responderle.

Finalmente, y después de exhalar un suspiro, además de regresarle la cantimplora, le contestó:

—Me gustaría decirte que si, Bilbo, pero estaría mintiéndote—una sonrisa triste se formó en sus labios—Así que no, no me encuentro nada bien.

Bilbo apretó los labios.

—¿Quieres hablar de ello?—le preguntó.

Varios pestañeos se hicieron presentes en sus ojos. Como si ella estuviera decidiendo entre ceder o rechazarlo. Al final, la observó negarle con la cabeza.

—No—dijo, con ese mismo tono cansado que reflejaban sus ojos dorados.

Frunció el ceño levemente. No sabía que pudo haber sucedido entre Thorin y Hermione la noche anterior para que ambos se encontraran en esa situación tan tensa. Pero si algo era claro, es que resultaba ser demasiado evidente. Todos en la Compañía se habían dado cuenta de ello.

No presionaría a Hermione para hablar sobre el asunto. Si ella deseaba mantener silencio por el momento, que así fuera, después encontraría la forma para que la chica le dijera. Sólo esperaba que, sea cual sea, el problema que esos dos tuvieran se solucionara pronto. Mientras tanto, él cumpliría su papel de amigo comprensivo que inicia un tema de conversación para hacer olvidar las penas y angustias.

—Escuché, por casualidad, que te topaste con un hipogrifo en el camino de regreso—le dijo, casi pareciendo normal y tranquilo. Pero la verdad, era que le picaba el interés porque Hermione le contara sobre ese encuentro—¿Podrías narrármelo?

Un bufido se hizo resonar en toda la Compañía.

A Bilbo le pareció escuchar entre los estrépitos que profesaba la chica, un rezó que preguntaba a los dioses por qué, de entre todos en esta maldita tierra, tenía que ser ella la que se encontrara con el hobbit más chismoso y curioso que podía existir. Sin saberse si es que debía sentirse insultado, la escuchó volver a hablar.

—Bilbo Bolsón Tuk—lo señaló—De todas tus virtudes y defectos, a tu inmensa curiosidad no sabría en cuál de las dos clasificarla.

Puede que la oración sonara como una reprimenda, pero al final, la risa que salió de los labios de Hermione la convirtieron en una aceptación para decirle lo que había sucedido.

Fue una larga plática en donde la mestiza observó con ternura el brillo de fascinación que crecía con más fuerza en los ojos del mediano al narrarle el modo en que conoció a Einar y su pequeño cachorro Egil. Lo abrumador de la situación cuando el hipogrifo mayor pensó que ella los atacaría. La molestia de la chica ante las palabras de la criatura por criticarla al ser una sangre sucia. Y finalmente, la súplica del padre por darle un poco de alimento a su hijo.

Tratar de omitir que Bilbo Bolsón se encontraba maravillado, sería patéticamente imposible.

—Eso debió ser peligroso—dijo, después de escuchar la historia.

Hermione chasqueó la lengua.

—Nah—lo negó con un movimiento de muñeca y un tono burlón—Hay cosas mucho más peligrosas que encontrarse con un hipogrifo.

—¿Cómo enfrentarse a un dragón, por ejemplo?—sintió nacerle un tic en el ojo ante la pregunta del mediano.

—Sí, Bilbo, como el enfrentarse a un dragón.

Para ser sincera, ella comenzaba a plantearse la duda sobre cuál era la necesidad de Bilbo por siempre poner como ejemplo el encuentro de una serpiente de fuego. Puede porque se encontraban cada vez más cerca del propósito de ese viaje o porque el Señor Bolsón no encontraba otro ejemplo, lo suficientemente poderoso, como para usarlo.

Tal vez eso es lo que ella había estado ignorando todo este tiempo… Tal vez Bilbo comenzaba a sentir miedo de lo que se avecinaba. Observando al saqueador, quien mantenía los brazos cruzados y un puchero formado en sus labios, pensó que sería buena idea tratar de explicarle que batallar contra un dragón no sería tan aterrador como él se lo imaginaba. Después de todo eran 15 contra 1, tenían posibilidades de su lado.

Sin embargo, justo cuando quiso decirle algo una voz externa la interrumpió.

—Veo que la curiosidad de nuestro estimado saqueador es más insaciable que el apetito de Bombur.

Ambos observaron al viejo enano.

Hermione asintió, devolviéndole la sonrisa que él les dedicaba.

—En eso debo darte toda la razón, Balin—concertó, revolviendo los rizos castaños del mediano. Una acción que hizo a Bilbo rumiar y ruborizarse.

Ya no era un niño pequeño para que le encresparan de esa manera el cabello. Algo que, al parecer, Hermione no pensaba lo mismo. Balin no pudo evitar sonreír con más ahínco y terminar acompañarlo con una ligera negación. Esos dos eran buenos amigos, se dijo. Pero no estaba allí para alegrarse por la amistad entre la mestiza y el hobbit, sino por algo más… Externo.

—Supongo, entonces, que el Señor Bolsón encontrará fascinante las historias que Bofur y Gloin están narrando en este instante.

Bilbo miró inquisitivamente al viejo enano por unos segundos.

¿Acaso Balin le estaba pidiendo u ordenando que le dejara a solas con Hermione de una forma indirecta? Pasando su mirada hacia la chica, observó a la joven mujer mirar algo sorprendida al hombre, sólo cuando volvió su vista hacia él se topó con los profundos ojos oscuros del enano que le sonreían y le despedían a la vez con una cálida amabilidad.

"¡Diablos! Eso requiere habilidad" se dijo la mestiza, bastante impresionada por ese talento oculto del hombrecillo.

Asintiendo quedamente, Bilbo apenas emitió un si cuando ya se encontraba en camino hacia cualquier dirección de la Compañía, pero no cercas de Balin y Hermione. Era bastante claro que el viejo enano deseaba hablar con ella a solas.

Pasándose una callosa mano por la larga y canosa barba, mientras observaba al hobbit alejarse, habló de nuevo:—Espero no haber interrumpido de forma repentina.

—No, descuida—rió con soltura. Le resultaba bastante cómica la forma en que Balin, literalmente, corrió a Bilbo. Incluso se preguntó, si él podría enseñarle a hacerlo.

Balin, por su parte, no se dedicó a otra cosa más que examinarla a detalle durante un tiempo. Llegando a la conclusión de que se le notaba más relajada y sociable, muy contrario al mar de tempestades o el infierno en llamas que Thorin despedía por cada poro del cuerpo.

—Resulta bastante interesante, ¿sabes?—el buen humor de Hermione se esfumó al escucharlo decirle eso. Sabía exactamente hacia donde se encaminaba ese comentario—Hace mucho que no lo miraba así de molesto.

—Ah, ¿sí?—preguntó con sarcasmo—Bien por ti. Yo lo miro a diario.

Ignorando el pesado comentario de la mujer, continuó.

—Me pregunto…—fingió rascarse la barbilla, pero observándola de reojo—¿Qué pudo ponerlo de tan mal humor?

Un sonido sordo se escuchó. Al parecer la paciencia de Hermione se acababa de romper.

—Déjate de tus indirectas, Balin—gruñó bajo amenaza.

—Está bien, entonces te lo diré frente a frente—le dijo, observándola con una fijeza que la hizo flaquear—¿Qué fue lo que pasó?

Los nervios de la chica se tensaron al instante.

—¿Quién diablos eres? ¿Un consejero matrimonial? ¿Por qué no se lo preguntas a él, en lugar de a mí?—ladró, obviamente no le estaba haciendo ni una pizca de gracia que todo el mundo se estuviera metiendo en asuntos que sólo le concernían a Escudo de Roble y ella.

Balin tuvo que hacer uso de su autocontrol para no soltar un bufido de exasperación.

—Porque, de los dos, tú eres más razonable para hablar—ella compuso una mueca irritante—Así que te lo vuelvo a preguntar, Hermione, ¿qué sucedió?

—Sucedió exactamente lo que me aconsejaste que hiciera: Le dije la verdad.

Él frunció el ceño.

—¿Toda?

A Hermione casi le dieron ganas de jalonearse de los cabellos. ¿Qué clase de pregunta era esa? ¿Toda? ¡Por supuesto que había sido toda! ¿Este enano era imbécil o qué?

—Absolutamente—contestó con fastidio, ¿cuál más sino?—¿Y adivina qué?—añadió—Esa es su respuesta—dijo, señalando hacia al principio de la fila. Remarcando la actitud calamitosa que su líder había adoptado ese día.

Balin se restregó ambas manos sobre el rostro, apretándose el puente de la nariz, a la vez que se esforzaba por contar hasta 10.

—Sólo dale algo de tiempo para que se calme.

Pero a Hermione, ese comentario no le sentó nada bien.

—¿Y mientas tanto qué? ¿Debo permitir que desquite su enojo conmigo?—a pesar de su molestia, procuró no alzar demasiado la voz—Discúlpame, Balin, pero no lo haré. Traté, por segunda ocasión y tragándome mí orgullo, de arreglar la cosas y él no lo quiso. Así que cuando Escudo de Roble desee tener esa conversación nuevamente, deberá ser él quien la inicie.

Bramando como toro despotricado, la muchacha dio un resoplido antes de dejar atrás a su acompañante. Evitando ser ahora él quien se jalara de los cabellos, Balin fue tras ella.

—Hermione, aguarda—le pidió, haciéndola aminorar su paso.

—¿Ahora qué, Balin?—su voz sonaba cansada.

Tuvo que aguardar un momento para permitirle al hombrecillo poner en orden sus pensamientos e ideas. Y mientras él lo hacía, ella no pudo evitar notar cierto comportamiento extraño sobre dos individuos. Uno de cabellera rubia y el otro morena.

"¿Y ahora?" se preguntó curiosa "¿Qué creen que están haciendo ese par de tontos?" pero sus pensamientos fueron desviados cuando escuchó nuevamente la voz de Balin.

—Escucha, su matrimonio es joven aun. Ambos están todavía asimilando la realidad de que ahora no se trata de uno, sino de dos—Hermione arqueó una ceja, ¿a qué venían esas palabras?—En todas las relaciones siempre habrá momentos buenos y momentos malos… Y en algunas ocasiones estarán los momentos muy, muy malos. Pero todo tendrá arreglo si-

Se detuvo.

O más bien, Hermione le interrumpió. Pidiéndole, con un sutil gesto, que guardara silencio.

La joven llevó una de sus manos hacia la nuca, masajeándola al tiempo que inhalaba y exhalaba con lentitud. Balin observó como el aire entraba limpio por la nariz y salía blanquecino en una nube de vapor y chispas rojizas por la boca. En ocasiones olvidaba que la esposa de su rey era una mestiza de dragón.

—Sé lo que tratas de hacer—le dijo ella, mientras mantenía la vista hacia el frente—Pero debes entender que ni Thorin ni yo somos unos niños que no tienen idea de cómo funciona el mundo. Ambos estamos conscientes de la responsabilidad que conlleva tomar a un compañero. Y es entre los dos que debemos aprender a solucionar este tipo de problemas.

Balin soltó un suspiro con pesar, eso ya lo sabía.

—Me preocupo por ambos, es todo.

Hermione sonrió enternecida.

—Lo sé, lo sé, y te lo agradezco—le dijo, apoyando una mano sobre su hombro. La cual, fue cubierta por la callosa y arrugada mano del anciano.

No dijo más, sólo se dedicó en brindarle una sonrisa. Tal vez demasiado cálida para la tristeza que reflejaban sus ambarinos ojos.

Balin se percató de ello, porque apretó la mano de la mestiza, como si tratara de reconfortarla con el simple gesto. Le lastimaba ver ese sentimiento en la mirada de Su Señora. Hermione era una buena mujer. Amable, valiente, sumamente brillante y leal hasta morir. Thorin era muy afortunado de haber ganado el afecto de la muchacha, ambos se complementaban en muchos sentidos y también rivalizaban en algunos otros. Como los colores negro y blanco. Demasiado diferentes en contraste, pero perfectos para una combinación. El único detalle que le preocupaba, era el genio volátil del muchacho. Y esperaba que el Rey Enano aprendiera a controlar su temperamento por el bien de los dos. Porque dudaba que la joven esposa de su líder se conformaría con doblar las manos ante los enojos de Escudo de Roble; muy al contrario, ella también arremetería y con todo su armamento. Y siendo Thorin quien era, no acostumbrado a que alguien le llevara la contraria, eso sólo terminaría por empeorar la situación.

Casi ríe ante ese último pensamiento.

Si lo meditaba con detenimiento, no tenía, absolutamente, nada de qué preocuparse. Thorin conocía la personalidad guerrera de Hermione antes de ofrecerse como su pareja. Y había sido, precisamente, ese punto lo que le motivó a verla como una mujer y no como un camarada de viaje. Así que, ¿de qué se angustiaba? Sólo estaba teniendo mortificaciones injustificadas. El único inconveniente del asunto era la terca obstinación de Thorin, no que Hermione tampoco tuviera sus episodios de encaprichamiento, pero de los dos, ella siempre llevaba un poco más de razón y lógica encima.

Incluso en momentos como este.

—Puedo entender su enojo—la voz de Hermione lo sacó de su cavilaciones—En su lugar yo también me habría molestado porque me ocultaran lo que yo le oculté a él. Y no habría sido nada fácil que me encontentara de un día para otro. Sin embargo, amo a ese terco y arrogante enano, y supe, desde el inicio, que tendría que lidiar con el maldito genio de Thorin cuando acepté mis sentimientos por él—miró a la chica, ella sonreía con un rubor sobre las mejillas. Una observación que le hizo jadear sorprendido—Pero no me arrepiento, jamás podría hacerlo.

—Muchacha…—susurró, no sabiendo que decir.

Hermione sacudió la cabeza, como si tratara de deshacerse de las ideas que aun revolotearan a su alrededor.

—Anda, ve con él—le indicó, con una amabilidad que asombró al viejo enano—Hazlo entrar en razón si es que puedes.

Sintiendo a la chica empujarlo levemente, la miró sonreírle mientras se encogía de hombros y después avanzaba con un paso más rápido hacia uno de los laterales de la caravana. Saliendo de los márgenes y caminando hacia un par de enanos en especial.

Balin torció los labios, sin duda ni falta, hablaría con Thorin más tarde.

[…]

—¿Tú por qué crees que están enojados?

Fili suspiró.

—Ya te lo dije, no lo sé—era la decimoquinta vez que le preguntaba lo mismo, y la decimoquinta vez que le respondía con las mismas palabras.

—Sí, sí y yo te escuché decírmelo las últimas 15 veces—Fili entornó los ojos, por supuesto que habían sido 15, él llevaba la cuenta exacta—Pero entre los razonamientos que hay en tu cabeza, ¿cuál crees que puede ser el motivo?

El joven enano observó con fastidio a su hermano. Kili, cuando se lo proponía, podía llegar a ser un verdadero dolor en el trasero. Y justamente, en ese momento, eso representaba para su existencia. Un constante y para nada destructible incordio en su presente.

Recordándose que se trataba de su hermano menor, de su propia sangre, y que seguramente su madre le habría asesinado, sólo para volverlo a revivir y matarlo de nuevo, si es que se atrevía a maltratar a su dulce hermanito, fue motivo suficiente para que la cuenta hasta 10 le hiciera recobrar la paciencia. Pero desgraciadamente, para él, Kili contaba con el horrible don de acabar con ella en un abrir y cerrar de ojos.

Fili emitió un medio gruñido. Tal vez debería decirle lo que él creía a su hermano para que dejara de preguntar y volviera a mantener la boca cerrada. Total, ¿qué podría perder? Sólo unos cuantos gramos de saliva.

—Posiblemente él o ella dijeron algo que al otro no le agradó, y eso dio inicio a la pelea—esa era la razón más lógica que su mente daba por probable. Y de no llegar a ser esa, entonces, ¿cuál?

Mucho no le asombró que Kili no estuviera de acuerdo con su suposición.

—No lo creo—dijo el menor, y Fili luchó por no poner los ojos en blanco y maldecir. Primero le pedía su opinión y después le decía que no le parecía lo más lógico—Piensa, ya hemos sido testigos de muchas de las riñas que han ocurrido entre ellos. Y en todas ellas, siempre se han gritado un sinfín de palabras, pero eso jamás ha dado pie a que se inicie otra discusión.

De acuerdo, eso era cierto.

—Entonces, ¿qué es lo que tú crees?—le preguntó.

Kili se llevó una mano a la barbilla, rascándola mientras una vara de madera baila en los dedos de su otra mano.

—Que tiene que tratarse de algo, mucho más allá de las palabras, sumamente malo para que consiguiera ponerlos con esa actitud—o sí, y él era el de las malas teorías. Pero tampoco podía negar que había cierta verdad en las palabras de su hermano—Sobre todo a tío Thorin.

—Sí, sobre todo a él—razonó el mayor.

No era difícil adivinar a lo que Kili se refería. Estaba especificando el enojo que se manifestó en Thorin. Algo que logró desubicarlos, sobre todo a él. Lo hubiera entendido si esa molestia estuviera dirigida a un extraño, a un enemigo, alguien que hubo cometido una falta muy, muy grave, pero jamás esperó que fuera Hermione la destinataria.

—¿Recuerdas cómo le habló?—la pregunta fue casi un susurro. Un leve murmullo que sólo se escuchó entre ellos.

Fili asintió. Claro que lo recordaba.

—Jamás lo miré tan molesto—contestó. Su ceño se hubo fruncido de manera radical.

—Ni yo.

Era más que claro que algo había sucedido entre Thorin y Hermione. Un suceso lo suficientemente severo como para lograr ponerlos uno contra el otro. Y aunque no le gustara merodear en las vidas de los demás, no podía evitar pensar y preguntarse qué demonios sucedía entre ellos. Pero claro, tampoco era estúpido para ir y plantearles la pregunta, lo más probable sería que terminaría 3 metros bajo tierra. Ya sea que Thorin le asesinara y Hermione cavara la tumba o viceversa.

Un mismo pensamiento que corría por las mentes de su hermano Kili y el resto de la Compañía. Estaban plenamente conscientes que ningún enano y hobbit, se atreverían a entrometerse… Absolutamente todos habían escuchado la forma en que Hermione calló a Bofur y Nori, y nadie deseaba ser víctima del enojo de la muchacha. Bueno, todos menos Balin, el anciano inmiscuiría su nariz metiche argumentando que sólo se preocupaba por ambos y que deseaba solucionar los males si estaba en él poder hacerlo. Algo que no se reflejaba como una mala voluntad, sólo que, conociendo a su tío como lo conocía, dudaba que en estos momentos él se prestara para sentarse y contarles sus penas al viejo enano. Lo más seguro es que con el único que se abriría, sería con Dwalin, y Fili no pudo pensar que el gruñón enano no era la opción más idónea para pedir un consejo. Mucho menos uno marital.

Bufando de frustración, dejó vagar su mirada por la Compañía, pasando levemente por su hermano, quien se encontraba todavía con la vara de madera en la mano y toqueteaba una especie de raíz de árbol. No le dio importancia, y siguió mirando a los demás hasta detenerse en el enano que encabezaba la caminata.

Thorin iba con paso firme, atento y con el ceño profundamente fruncido. Algo que no le pareció para nada extraño de ver. Siempre llevaba esa mirada de estar molesto a cada segundo del día.

Fue entonces cuando se percató.

De manera casi imperceptible, Thorin ladeaba de vez en cuando la cabeza hacia un lado y daba una observación sobre su hombro. Siempre en la misma dirección, siempre con la vista fija. Mucho no le costó atar los cabos necesarios para entender que estaba sucediendo. Thorin mantenía vigilancia y cuidado sobre Hermione. Aun con la molestia a cuestas, Escudo de Roble mandaba varias miradas hacia la muchacha verificando que se encontrara estable y segura.

Una semi-sonrisa le curvó una esquina de la boca. Puede que odiara admitirlo, y que le costara aceptarlo, pero Thorin eran un buen hombre para Hermione. Le quería y, sin importar los problemas, velaba por ella.

Casi deja salir un suspiro de derrota que cambió a una exhalación de impacto cuando una voz le sorprendió.

—¿Qué creen ustedes dos que están haciendo?

—¡Hermione!—exclamaron ambos hermanos al unísono.

Ella los observó sin pestañar.

—Les he hecho una pregunta—a juzgar por la línea de expresión que marcaba rudamente una división entre ceja y ceja, los hermanos intuyeron que estaban a punto de recibir una reprimenda.

Sólo que… No habían hecho nada para merecerla.

—Nada—habló Fili, encogiéndose de hombros, como si la respuesta fuera lo más natural del mundo—¿Qué más podríamos hacer que caminar?

Hermione entrecerró los ojos. Dejando ver dos rendijas, tras las cuales, relucían dos pozos centellantes. Fili y Kili tragaron duro ante tal gesto.

—¿Me ven cara de tonta?

—¡Por Durin, no!—se alarmó Kili, negándolo al instante.

Jamás pensaría algo así de ella. No deseaba morir tan joven.

Pero al observar que la muchacha no cambiaba su semblante, su preocupación se elevó a niveles mortificantes. Lo que lo llevó a pensar que posiblemente Hermione no se encontraba frente a ellos, lista y dispuesta a pillarlos en una travesura, sino para estrangularlos por andar de entrometidos entre lo sucedido de ella y Thorin.

Estuvo a un momento de arrodillarse y suplicar piedad, que la voz de su hermano lo interrumpió.

—Aunque si me lo preguntas a mí—habló Fili, acercándose levemente, pero manteniendo cierta distancia—Puedo decirte que tu rostro es toda una belleza.

Kili sintió la mandíbula floja. ¿En verdad ese era su plan de salvación? Sólo sintió el alma regresarle al cuerpo cuando observó una ceja arqueada, que demostraba incredulidad ante las palabras de su hermano, en la cara de la muchacha.

—Limítate a contestar las preguntas, Fili—señaló, volviendo a retomar la caminata y los hermanos seguidos de ella.

—Oh, vamos—dijo el enano—Que sólo ha sido un cumplido, preciosa.

Hermione le miró divertida, ¿es que acaso ese chico no entendía las indirectas?

—Tu lengua se encuentra muy viperina hoy, ¿no crees?—le preguntó, siguiéndole el juego.

Fili sonrió.

—Y no es lo único que sabe hacer—Hermione se quedó entre la incredulidad y el asombro, observando al joven príncipe, mientras este le guiñaba el ojo.

Era claro que su mensaje llevaba segundas intenciones. Pero lo que no podía creer es que se atreviera a decírselo de esa manera.

—Deja tus palabras rebuscadas para tus amiguitas en los pueblos, Fili—advirtió, una oración que hizo reír al hermano menor.

—Oh, Hermione, me ofendes—dijo fingiendo desolación. Y colocándose ambas manos sobre el pecho, añadió dramáticamente:—Yo hablo desde el corazón. Mis frases son creadas con el único propósito de ganar tu atención, linda.

Tanto Kili como Hermione observaron a Fili sin creerse una sola palabra que saliera de su boca. Preguntándose, hasta que límite podía llegar la dramatización de ese enano. Y ambos llegaron a la conclusión, de que tal vez, no hubiera uno.

—¿La atención de una mujer casada?—preguntó mordazmente. Sabía que Fili no tendría argumentos contra esa lógica.

Sin embargo…

—Bueno, se trata de ti—de acuerdo, eso sí que había sido extremo.

Hermione frunció el ceño, debía ponerle un alto a esa conversación. Pero no requirió que lo hiciera, Kili se encargó de ello.

—Fili, si Thorin te escucha hablar así…

—Sí, sí, ya entendí—dijo a su hermano, pero aun con una sonrisa zorruna sobre los labios, viró hacia la mestiza—Te lo advierto, esto no ha acabado.

Hermione puso los ojos en blanco. ¿Qué demonios? ¿Acaso el enano no comprendía la frase: párale a tu juego?

—Deberías escuchar a tu hermano, muchachote—le aconsejó—Antes de que decida arrancarte la lengua yo misma.

—Si eso significa que pongas tus dulces manos sobre mí—se señaló—Adelante, soy todo tuyo—y extendió sus brazos hacia los costados, claramente rindiéndose ante ella.

Muy bien, suficiente. Si ese enano volvía a pronunciar una oración que se le asemejara, le volvería a partir la nariz. A ver si aún le quedaban ganas de seguir con sus mañas.

—Fili…—se escuchó la voz de Kili, obviamente, amonestando con mayor severidad a su hermano.

—Ya, pues, me calmo—dijo, dando a entender que esta vez sí había terminado.

Hermione negó con la cabeza, pero agradecida con Kili por cerrarle la boca a su hermano.

El chico sonrió sin descaro. Tenía que admitirlo, le divertía montarle este tipo de escenarios a la muchacha. Mirándola negar aun con la cabeza, lanzó un rápido vistazo hacia donde se encontraba Thorin, sólo para percatarse que su tío los observaba con un profundo ceño fruncido, atento a las acciones de los tres. Seguramente se iría al infierno por lo que estaba haciendo, pero no aprovechar la oportunidad de poder interactuar libremente con Hermione (y claro está, coquetearle un poco), sin Thorin revoloteando constantemente a su alrededor, sería muy estúpido de su parte.

—Me pregunto cuando dará Thorin la orden para detenernos y comer—habló Kili, dando golpecillos con la punta de la vara hacia las rocas y la extraña rama negra en el suelo—Me muero de hambre.

—Pasa más del mediodía—dijo Fili, observando hacia el cielo—En unas cuantas horas dará inicio el anochecer, no falta mucho.

Pero para Kili, eso no era suficiente.

—Mi estómago me está matando—sus palabras sonaron como un berrinche a oídos de Fili y Hermione.

—Deja de quejarte—le ordenó su hermano—Siento que estoy escuchando a Bombur.

"No, esto es peor que Bombur" pensó Hermione. No podía estar más de acuerdo. Pero cuando comenzó a sentir a su estómago contraerse, y escuchó a sus tripas gruñir, dudó de que probablemente la pataleta de Kili no fuera injustificada.

Comenzando a sentir los vestigios del mal humor que adoptaba al tener hambre y no alimentarse, lanzó un seseante monosílabo antes de dirigir su atención hacia el más joven de los hermanos. Pero cuando lo observó, algo en la actitud del chico le desconcertó un poco.

—Kili, ¿qué haces?—le preguntó confundida, pero el muchacho no le respondió, sino que siguió inmerso en su extraño comportamiento.

—Oye, Hermione, ¿sabes qué es esto?—la llamó, pidiéndole que viniera hacia él—Parece un tipo de raíz viscosa… Una lombriz gigante, Un… ¡Qué sé yo!

Ella arqueó una ceja.

—¿Raíz viscosa-lombriz gigante?—retomó las preguntas. No tenía en su base de datos algo que se asemejara a la descripción que Kili le acababa de proporcionar.

—Sí. Ven, ven—sin más alternativa, y dando un suspiro de fastidio, comenzó a caminar. Dejando a la Compañía seguir, mientras ella y Fili se quedaban rezagados por prestar atención a lo que sea que Kili hubiera encontrado.

"Más vale que valga la pena" se dijo.

Llegando hasta donde el joven enano se encontraba acuclillado, su semblante se consternó al observar una especie de rama pulposa que se extendía por el suelo. Era exactamente como Kili había especificado. Un tipo de raíz viscosa, gruesa, oscura y que emanaba un olor amargo. Ladeando la cabeza, miró a Fili sólo para percatarse que él también dudaba sobre la cosa que se encontraban observando.

Agachándose junto a Kili, observó con más detenimiento la cosa. Comprobando además que, efectivamente, su olor si era gravemente amargo. Casi cómo el azufre o el amoníaco. Tanto así que se vio obligada a taparse la nariz. Ese olor comenzaba a irritarla.

—¿Hace cuánto comenzaste a verla?—preguntó Fili, ganándole la cuestión a la mestiza.

Kili se encogió de hombros.

—Mmm… Tal vez hace unos 50 o 70 metros—contestó, moviendo varias veces los labios de un lado a otro—¿Por qué?

Fili frunció el ceño, dudaba que fueran tan poco. Y Hermione pensó lo mismo.

Irguiéndose, siguió la dirección de la extraña raíz que la llevaba por el camino que la Compañía tomó después de dejar el campamento. Volteando el rostro, revisó el otro extremo, pero no encontró nada. La cosa sólo se extendía y extendía. Intrigada, entrecerró los ojos.

—¡Ustedes tres!—la grave voz de Dwalin tomó por sorpresa a los hermanos—No hay tiempo para jugar al explorador. Caminen, el terreno no se avanza solo.

Se miraron entre sí, sin prestar atención a lo que Hermione estaba haciendo. Sus ojos estaban fijos en la cara ceñuda del enano parado a unos metros de ellos.

—Ese pesado de Dwalin, siempre arruinando todo con sus gruñidos—se quejó Kili, seguido de Fili que soltó un bufido y metió sus manos en los bolsillos de su abrigo.

Reprimiendo muecas y gestos de disgusto, decidieron obedecer. De los tres, Fili fue el primero en emprender la marcha rumbo a la Compañía, mientras que Kili se quedó dónde estaba al percatarse que Hermione no los seguía. Muy al contrario, ella había vuelto a arrodillarse junto a la extraña raíz viscosa maloliente. Y su desconcierto creció cuando la observó estirar una mano hasta tocar la superficie de esa cosa. Repasándola de un lado al otro hasta quitarla y mirar con asombro como una especie de baba quedaba sobre la palma de la mano.

Su semblante se volvió pensativo mientras continuaba analizando la secreción entre sus dedos. Pero Kili se llevó una mano a la boca para evitar que el vómito saliera, cuando miró a la muchacha llevar su mano hasta la nariz, olerlo y después bajarlo hasta la boca, donde sacó la lengua para probarlo. Su repulsión le impidió observar el cambio abrupto, de sorpresa y tensión, sobre ella.

—¿Q-qué cre-crees que es-estás haciendo?—su voz sonó ahogada, todavía batallaba para mantener el desayuno en su estómago.

Hermione se levantó de golpe, provocando que el joven enano se tambaleara por el movimiento repentino. Y con el corazón latiéndole con fuerza, hasta casi sentirlo en la garganta, comenzó a retroceder ante la desubicada mirada de su acompañante.

—Kili, debemos alejarnos—el chico arqueó una ceja, no entendía a que venía ese comportamiento por parte de la muchacha.

Estuvo a un segundo de preguntarle a que se refería con alejarse y precisamente de qué, cuando el sonido de un peso siendo arrancado desde el suelo sonó junto a ellos.

—¿Qué acaso no me escucharon?—gritó Dwalin, doblemente molesto por los dos rezagados que osaban ignorarlo. Con un fuerte tic naciéndole en el ojo derecho, el enano se cuadró de hombros dispuesto a ir por ellos y traerlos a arrastras—Les he dicho que… ¡¿Pero qué demonios es esa cosa?!—su mal humor se esfumó cuando una enorme raíz se alzó sobre ellos.

—Hay mierda, ¡corran!—gritó Hermione, instando y empujando a Kili.

Fili, quien había tenido la intención de continuar con la caminata, se detuvo cuando miró a su hermano y a Hermione todavía parados. Pero ahora era quien encabezaba la carrera por escapar de esa cosa, sea lo que fuera.

—¿Qué es? ¿Qué es?—la pregunta de Kili se logró escuchar entre la marea de gritos, maldiciones y los sonoros ruidos de la extraña raíz desprenderse del suelo y dirigiéndose hacia ellos.

—No preguntes y corre—gritó Hermione, jaloneando del brazo al muchacho.

Mirando hacia atrás, observó la punta del tentáculo lanzarse hacia su acompañante. Tomándolo por la nuca, estrelló el cuerpo del chico contra el suelo en un intento por impedir que esa cosa lo alcanzara. Pero al ver que tomaba vuelta y regresaba, lo volvió a levantar y le instó a correr como si el haberlo azotado jamás hubiese ocurrido.

Tuvieron que volver a detenerse para lograr esquivarle, Kili se quedó pecho en tierra y Hermione saltó. Irguiéndose, corrieron en forma zigzagueante en un intento por confundirle y que fuera más difícil conseguir atrapar a alguno de los dos. En un momento de la carrera, Kili empujó a Hermione a un lado mientras él brincaba hacia el otro, repeliendo por centímetros la larga raíz que cruzó entre medio de ellos.

Un grito grave se escuchó, y cuál fue su sorpresa al observar a Fili con las piernas envueltas por la gruesa raíz y siendo arrastrado.

—¡Fili!—Kili corrió inmediatamente hacia su hermano. Seguido de Hermione y los demás.

Pero el resto de la Compañía se encontraba lejos cuando el ataque sucedió. Así que de los 13 miembros faltantes, la más rápida en llegar fue la mestiza.

—¡Ayuda! ¡Ayúdenme!—clamaba el enano, aferrándose a los brazos de su hermano y Hermione.

—Sujétalo—indicó la muchacha, presionando y enterrando los pies sobre la tierra—¡Te estoy diciendo que lo sujetes, no que lo sueltes!

Kili gruñó, por un momento uno de los brazos de su hermano se le hubo zafado y por poco a Hermione también se le soltaba.

—¡Eso hago maldición!—con un movimiento repentino, Fili quedó boca arriba y Kili lo rodeó con piernas y brazos, mientras la mestiza continuaba tratando de impedir que siguiera siendo arrastrado.

—Sostenlo con fuerza, Kili—volvió a gritar ella, ejerciendo mayor presión en su peso sobre el suelo. Podía sentir sus pies siendo arrastrados junto a los otros dos.

—Sí, sí. Sujétenme con fuerza—imploró el enano con la desesperación resonando en su voz—No me suelten, no se atrevan a soltarme.

De repente, la fuerza con que la raíz los arrastraba se intensificó y la muchacha perdió el equilibrio siendo ella ahora también jalada con rapidez. Una exclamación, mezclada con una maldición y blasfemia salieron de su boca.

—Hermione, nos está arrastrando—el grito de Kili no ayudó mucho a la situación. Por supuesto que lo estaba haciendo. Debía encontrar otra solución, de lo contrario, tanto Fili, Kili y ella serían llevados hasta las profundidades del averno.

Fue entonces que, entre todo el movimiento, logró detectar el mango de una daga que asomaba por el cuero que rodeaba la bota de Fili. Soltando una mano, estiró su brazo sobre el cuerpo de ambos hermanos hasta que sus dedos rozaron el cuchillo. Le estaba costando trabajo, no podía alcanzarla, apenas y lograba cerrar un dedo entorno al mango.

Cuando sintió que podría tomar al fin la daga, un movimiento brusco los tomó desprevenidos. Tan fuerte y desconcertante que ella se soltó imprevistamente. Observando hacia atrás, se percató que habían pasado sobre la superficie de una enorme roca salida. Eso explicaba el salto y la fuerza del impacto. Pero sus problemas no se encontraban en la bendita piedra, sino en el par de enanos que habían comenzado a gritar con más firmeza cuando la miraron tumbada en el suelo, y sintiendo como ellos eran alejados a arrastras.

Gruñó, claramente perturbada y recomenzó su carrera.

¡Muchacha!—echando un rápido vistazo sobre su hombro, observó a Gloin lanzarle un hacha.

Tomando velocidad, corrió más rápido.

Saltando entre las rocas sobre salientes y agarrando impulso, brincó cogiendo el hacha en el aire y aterrizando exactamente 5 metros antes que los hermanos. Levantando el arma, la dejó caer violentamente sobre la raíz, cortándola. Más no lo suficiente. Así que volvió a elevar el hacha para luego estancarla sobre la raíz roída. Se necesitó de 2 movimientos más para que finalmente los hermanos dejaran de ser arrastrados.

Corriendo hacia el par de enanos, Hermione utilizó el filo de la hacha para romper el resto de la raíz que todavía los envolvía. Sobre todo a Fili.

—¿Están bien?—preguntó Dori, siendo el primero en haber llegado.

Seguido por Bofur, Bifur, Gloin y el resto de la Compañía. Thorin, válgase Mahal, se quedó atrás, observándolo todo.

—Dentro de lo que cabe la definición de bien, si—asintió Hermione, quitándose los granos de tierra que se quedaron sobre ella—Fue sólo el susto, es todo.

Ambos hermanos cabecearon, indecisos. No estaban del todo de acuerdo con las palabras de la muchacha. No había sido sólo el susto. Esto, en otra definición, acababa de resultar terrorífico. Alarmantemente espeluznante.

Sólo entonces Thorin interrumpió el silencio de la Compañía para ordenarle a Oin revisar a sus sobrinos y a Hermione.

—Muy bien, ahora que no hay que correr por nuestras vidas—habló Kili, dejándose caer sobre el suelo mostrándole al viejo sanador una herida hecha en su brazo—¿Alguien quiere explicarme que carajos era esa cosa?

—Lazo del Diablo, muchacho.

—¿Lazo del qué?—volvió a preguntar.

Gloin resopló. Odiaba tener que repetir las cosas.

—Del Diablo—le contestó, pero al juzgar por la mirada de desconcierto del joven príncipe, supo que tendría que darle algo más que el simple nombre. Golpeteando el suelo con el mango de su enorme hacha, añadió:—Es una especie de planta, muy parecida a una enredadera, que atrapa a todo aquel que cae en ella.

—Con atrapar te refieres a que…

—Sí—está vez fue Hermione quien respondió—Come carne, Bilbo.

El pobre mediano sintió las náuseas treparle por la boca del estómago. No obstante, también intuía que el color se le hubo retirado de la cara. De lo único que se encontraba plenamente consciente es de la enorme planta carnívora que los quería convertir en su merienda. Si es que no, en la cena o desayuno, quizá.

—Pero no caímos sobre ella, apenas si nos acercamos—Hermione frunció el ceño, era cierto lo que decía Kili.

Otro bufido se escuchó desde algún lugar de atrás de la Compañía.

—Lo más seguro es que fuera una especie de trampa, como las que utilizan las arañas con sus redes—Nori llegó hasta el centro de la Compañía, moviendo un dedo de un lado a otro como si tratara de remarcar lo que decía—Una vez que sienten cercas a una víctima, es cuando deciden atacar.

Hermione enarcó una ceja. No le encontraba mucho agrado al ejemplo que el enano empleó. De hecho, no le gustaba nada con referencia a las arañas. Sólo de recordar a las horribles, asquerosas y patudas bestias que tuvieron el infortunio de encontrarse dentro del Bosque Negro, lograba ponerle verde de la aberración y el rechazo que sentía hacia ellas.

Casi se sentía con las arcadas tocándole la lengua.

—Pero esto resulta bastante curioso—la carraspeada voz de Balin la sacó de sus pensamientos.

Muchos de los enanos lo observaron confusos.

—¿Curioso en qué sentido?—preguntó Bofur, meneando los bigotes.

—El Lazo del Diablo se caracteriza por preferir lugares oscuros y llenos de humedad. Sitios donde la luz del Sol no sea capaz de llegar—Balin guardó silencio un momento—Y ésta, bueno…

—Parece no importarle mucho el exponerse—completó la mestiza y el viejo enano asintió.

Balin tenía razón. El Lazo del Diablo jamás se atrevería a salir de su madriguera. Entonces, ¿qué podría llevarle a tomar decisiones tan extremas? De acuerdo a lo que tenía entendido, la fisonomía de esta planta no estaba hecha para soportar la luz del día, se sofocaría y terminaría muriendo a los pocos minutos.

—No es muy difícil de entender si le encuentras el sentido apropiado—nuevamente, la voz de unos de los enanos, se escuchó.

—¿A qué te refieres?—inquirió Balin, prestando especial atención a las palabras de Gloin.

El barbudo enano soltó un suspiro, a la vez que golpeaba con más fuerza el suelo con el mango de su hacha. Aunque, ahora le acompañó con un movimiento de su pie.

—Estas tierras se encuentran muy desoladas. Resulta muy difícil, por no decir imposible, encontrar algo de comida en este lugar. Hermione es testigo de ello—la aludida asintió. Eso era correcto—Por lo que yo supongo que esta planta-enredadera-lazo o lo que sea, tuvo que adaptarse al cambio de tener que soportar la luz del día si eso le ayudaba a conseguir alimento.

Si es que se detenía para pensarlo, la teoría de Gloin resultaba bastante lógica. Muchos animales y seres debían sufrir cambios para ajustarse a la forma de vida de un entorno diferente si es que deseaban sobrevivir. Ella misma había tenido que sufrirlo. Desde la muerte de Bilius, su padre, al tener que adaptarse a la forma de vida de los elfos; y cuando decidió dejar el Valle de Rivendell para vivir como nómada por toda la Tierra Media. Incluso el ejemplo más reciente con el que tenía experiencia, se trataban de los dos hipogrifos con los que se cruzó esa mañana.

—Sea como sea, es hora de continuar—la voz de Escudo de Roble rompió el silencio que, sin percatarse, envolvió a la Compañía. Comenzando a tomar la delantera, añadió en una orden sin refutaciones:—¡Andando!

De poco en poco, cada enano fue retomando el camino. En esta ocasión, Dwalin se encargó de colocar a los dos hermanos en un rango que no escaparan de su visión. Justo enfrente de él. A ver si de esta manera esos dos ahora lograban meterse en más dificultades. Fili y Kili se encogieron de hombros y anduvieron sin prisas, hubieran deseado caminar con la mestiza, pero ella se mantuvo hasta el final tal como al inicio del día. El mayor de los hermanos echó un vistazo sobre su hombro y encontró a la muchacha, claramente entretenida, en compañía del mediano. Bueno, suspiró, al menos no se encontraba sola.

Hermione trataba de aguantar la carcajada que le provocaba la apariencia del Sr. Bolsón. El pobre parecía haberse convertido en un lío de nervios y temblores. Respiró a profundidad en un intento por controlar su risa, sabía que a Bilbo no le parecería nada gracioso escucharla reírse de su inquietud, pero tampoco es como si estuviera haciéndolo por mala intención. Entonces lo sintió. Los bellos de la nuca se le erizaron, tensándose con la conocida sensación de estar siendo observada. Frunciendo levemente el ceño, buscó en los alrededores con aire receloso hasta que su vista se topó con un par de ojos que la miraban fijamente. El azul de las irises de su dueño, le fue mortalmente familiar.

Escudo de Roble la estaba observando, casi sin pestañar. Con absoluta y apremiante atención. Una revelación que la hizo jadear y tragar duramente.

Y su exaltación creció cuando él se hizo a un lado de la fila y se detuvo, permitiendo e indicándoles a los demás que continuaran caminando. Pero jamás sin dejar de mirarla. El corazón de Hermione bombeó con mayor velocidad a medida que se iba acercando al enano. ¿Por qué se había detenido? ¿Caminaría junto a ella? ¿Desearía hablar acaso? Un torrente de incógnitas se produjo en su mente, arroyándola, a tal grado, que le provocó un leve malestar. Tratando de mantener la serenidad, observó curiosa como es que el semblante ceñudo del rey se relajaba un poco y, dubitativo, comenzaba a abrir la boca en clara señal de querer decirle algo.

—¡Oh, genial! ¡Sólo esto hacía falta!—la abrupta exclamación fue suficiente para hacerla voltear hacia el hombrecillo que se encontraba a su lado—Una planta carnívora dispuesta a atacarnos para devorarnos. Definitivamente necesitaré unas largas vacaciones después de esta aventura.

La mujer enarcó una ceja. Dándole una rápida mirada de confusión al mediano por la extrañeza de su comportamiento, volvió su vista hacia el frente sólo para percatarse que Thorin ya no se encontraba parado, esperándola. El enano había vuelto a retomar la caminata y ahora se hallaba de nuevo al inicio de la fila. Muy, pero muy lejos de donde ella estaba. Justo al final de la misma.

Apretando los labios, luchó contra el instinto que le demanda descuartizar al hobbit junto a ella. Porque de no haber sido por los incomprensibles gritos del saqueador, probablemente ella y Escudo de Roble se encontrarían conversando. Soltando un bufido de completa frustración, se dijo que nada ganaría al desquitar su enojo con el mediano. El Señor Bolsón no tenía la culpa de nada.

—Tranquilo, Bilbo—le dijo, en un tono conciliador—Necesitas relajarte, amigo mío. En verdad.

El hobbit la miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

—¡Relajarme mis calzones!—volvió a exclamar.

Hermione entornó los ojos. Al parecer Bilbo había decidido adoptar repentinamente una actitud gruñona. Y la verdad, no tenía los ánimos suficientes para lidiar con sus berrinches. Pero sería mentirosa sino aceptaba que le provocaba algo de risa y ternura observar al mediano con los labios haciendo un puchero y las mejillas rojas por el esfuerzo de su molestia.

Encogiéndose de hombros, se soltó el cabello y permitió que el frío aire le recorriera la rizada melena, despeinándosela aún más.

—Es como solía decir mi padre: Al mal tiempo, buena ca-

—¡Hermione!—el grito de Bilbo provocó que toda la Compañía volteara a mirarlos.

—¡Santa mierda!—exclamó Dwalin, atónito ante lo que veía.

No tuvo tiempo de procesar lo que sucedía, todo estaba dándole vueltas, jadeaba por la falta de aire y apenas si lograba escuchar los gritos de los demás. Concentrándose, los encontró llamándola, corriendo hacia ella. Y en un rápido abrir y cerrar de ojos se miró tumbada sobre el suelo, siendo arrastrada y con gruesas raíces oscuras envolviéndola.

Con dificultad, logró zafar un brazo. Afirmándolo duramente en el suelo, enterrándolo en la tierra y rocas del camino, utilizándolo como una especie de gancho para impedir seguir siendo arrastrada. Pero la fuerza del Lazo era demasiada y ella sólo contaba con una mano que intentaba detenerlo. Emitiendo un grito, alzó la vista, observando a los enanos ir tras ella.

—Ayúdenla, ayúdenla—gritaba una y otra vez Bilbo.

Un nuevo grito de Hermione le hizo temblar de pánico al percatarse que la muchacha luchaba por liberar su otro brazo.

—Está muy lejos, no creo poder llegar hasta ella—dijo Nori—Va demasiado rápido.

—¡Tiene que haber otra manera!—exclamó Kili.

Balin apretó los puños mientras seguía corriendo.

—Hermione es la más rápida de la Compañía—habló entre jadeos—Nadie tiene la velocidad de la muchacha como para lograr alcanzarla.

—Eso lo veremos—sentenció Dwalin, y aunque muchos lo vieron con total desconcierto, sus reacciones se convirtieron en sorpresa cuando tomando por el cuello del abrigo a Fili, lanzó al enano por los aires.

El grito que Fili emitió fue tan agudo que se podría pensar salió de la muchacha y no de él. Pataleando, continuó gritando hasta que su caída fue sobre la gruesa rama que sujetaba a Hermione. Tratando de controlar su desasosiego por lo previamente ocurrido, sacó del interior de su bota la daga que llevaba guardada.

—¿Ahora quién está salvando a quién?—montándose sobre la raíz, observó a la chica con una sonrisa burlona.

Si la mestiza no tuviera problemas mayores con cuales lidiar, le habría borrado esa estúpida risa de la cara al enano. Gruñendo, le mandó unos ojos ferozmente brillantes.

—¡Deja de jugar y sácame de una puta vez!—le ordenó, claramente molesta por las tardanzas del muchacho.

—Lo que tú digas, nena—Hermione gruñó una vez más al escuchar el apodo.

Tomando una raíz suelta del lazo, la utilizó para sostenerse, enredándola alrededor de su brazo izquierdo mientras que con el derecho comenzó a cortar las ramas que sostenían a la mestiza. Pero ni siquiera estuvo a punto de cortar la tercera liana, cuando la familiar sensación de algo envolviéndolo por la cintura se produjo. Y apenas regresaron sus ojos hacia la muchacha, quien lo observaba perpleja, se sintió siendo elevado y brutalmente lanzado. Por segunda vez ese día.

—¡Fili!—gritó ella, asustada cuando miró al joven príncipe salir despedido y azotando contra el piso de piedra.

Cuatro enanos se dirigieron hacia él. Mientras que el resto corría tras la muchacha.

—¡Hey, chico! ¿Te encuentras bien?—preguntó Nori, evaluándolo.

El muchacho emitió un quejido y trató de incorporarse, pero un fuerte mareo y el dolor punzante sobre su espalda baja se lo impidieron. Al final, volvió a quedarse tendido sobre el suelo. Nori negó con la cabeza y le aconsejó que se mantuviera acostado. Observando a los otros tres, les indicó que marcharan tras los demás mientras él se encargaba de cuidar a muchacho.

Hermione comenzaba a desesperase. Había visto a Fili ser lanzado como una simple bola de papel. No sabía si el enano se encontraba herido o en el peor de los casos muerto. Y su turbación sólo creció cuando comenzó a comprender que, tal vez, ninguno de los enanos lograría alcanzarla. Podía observarlos. A todos ellos. Desde el pequeño Sr. Bolsón hasta el imponente Dwalin. Cada uno corriendo en un intento por ayudarla. Emitiendo un grito de dolor al sentir el agarre del lazo sobre ella intensificarse, el agarre de su mano liberada sobre el suelo se desvaneció al momento que luchaba por recuperar el aire que había salido de sus pulmones y que se negaba en volver a entrar en ellos.

De repente, así como el instantáneo ataque del Lazo regresó, atrapándola y arrastrándola con violencia, el deslizante movimiento se detuvo abruptamente. Jadeante, todavía por la falta de aire, abrió los ojos. Y en efecto, la oscura ramificación había parado. Ahora ella se encontraba sobre el suelo, inmóvil y duramente envuelta por gruesas, viscosas y malolientes raíces. Tomando una gran bocanada de oxígeno, que pobremente le llenó los pulmones, reclinó la cabeza hacía un lado tratando de apartar el cabello de su rostro para observar mejor a los hombres corriendo hacia ella.

—Muchacha, quédate donde estás—el grito de Bofur fue un bálsamo de alegría para sus oídos.

—¿A dónde más podría irme, idiota?—y de haber sido posible, hubiera reído por la expresión de consternación del hombrecillo.

Una débil sonrisa, cargada de esperanza, apenas logró curvarle las orillas de los labios cuando fue arrancada al instante. Prestando atención al sonido huecoso de tierra y rocas siendo removidas a su alrededor, más concretamente debajo de ella, Hermione observó con horror y sorpresa como 6 enormes raíces brotaban del suelo.

¡Cuidado!—la advertencia de Hermione fue demasiado tarde.

Dos de las colosales raíces se estamparon contra la Compañía. Golpeándolos y lanzándolos lejos con un sonoro latigazo hacia atrás. Un gemido de angustia brotó de su pecho al ver como los cuerpos de Dori, Gloin y Bifur chocaban contra una alta roca. A Ori, Kili, Balin, Oin y Bombur caer de cara al suelo. Y a Bilbo, Bofur y Dwalin quedar bajo el peso de una tercera raíz. Un hálito de consuelo le aminoró el desasosiego cuando se percató que la vieja cabra, gruñona y grosera, de Dwalin, había colocado una amplia hacha entre medio de ellos para impedir que la raíz los aplastara. Dándoles el tiempo necesario para salir por debajo de ella, antes de que se derrumbara.

—¡Hermione!

Moviendo sus ojos en dirección hacia la voz que le llamó, la poca tranquilidad que se había alojado en su mente, se vio drásticamente alterada. Escudo de Roble se encontraba corriendo hacia ella. Serpenteando, saltando y contratacando las raíces que le impedían el camino.

"Thorin…" susurró en su mente. Los ojos del enano se mantenían fijos en ella. Apenas separándose cuando debía esquivar una raíz en su dirección. Con el azul tan nítido y destellante que le provocó jadear por el asombro de verlo a él, luchando contra algo más grande y peligroso, sólo por salvarla.

Y entre chillidos y jaloneos logró zafar su otro brazo. Aferrándose a cualquier cosa que estuviera a su alcance, alzó una de sus manos en dirección hacia el enano.

—¡Thorin!—gritó ella, y estiró con mayor necesidad el brazo. Extendiendo los dedos en un deseo desenfrenado por alcanzar la mano que él le estaba desplegando.

"Sólo un poco más. Sólo un poco más" exclamaba en su mente. Eran apenas unos cuantos metros lo que le separaba de poder alcanzarla. Necesitaba llegar hasta ella. Necesitaba hacerlo ahora.

Enterrando la espada sobre la raíz que pretendió envolverle la pierna, escuchó un estridente chillido provenir de algún lugar bajo la tierra. Utilizando el escudo de metal que llevaba en la otra mano, lo aplastó contra la segunda, y única rama, que le separaba de la muchacha. Estirando una mano hacia ella, apenas logró rozar las yemas de sus dedos cuando en un abrupto movimiento Hermione fue elevada en el aire.

—¡No!—fue tarde cuando Thorin trató de cubrirse de la raíz que se estrelló contra él. Golpeándolo y mandándolo varios metros fuera. Lo único que se escuchó, fue el grito de Hermione acompañado por el impacto del cuerpo del enano al caer.

Desesperada, intentó deshacerse del agarre de las raíces, pero la fuerza del Lazo se intensificó. Llegó a pensar que la misma planta deseaba asfixiarla, pero cuando en un rápido movimiento se sintió siendo liberada (sólo los agarres sobre su torso), se observó siendo inmovilizada en el aire por cuatro raíces. Cada una, sujetándola con una fuerza sobrenatural por los brazos y piernas.

Inhalando y exhalando a grandes bocanadas, se dijo que al menos ahora ya podía volver a respirar.

—¡Genial!—se escuchó la bofeada voz de Bofur—Si antes era difícil tratar de alcanzarla a pie, ¿cómo demonios se supone que vamos a bajarla ahora? ¿Brincando?

Thorin lanzó un gruñido tan profundo que le provocó al enano bajar la cabeza, y de haber sido posible también las orejas.

—Córtenlas—todos observaron al rey enano.

Balin parpadeó un par de veces confundido.

—Aguarda, acaso pides que-

—He dicho: ¡Córtenlas!—y sin esperar respuesta, él mismo se lanzó en lo que acababa de ordenar.

Dwalin soltó un suspiro a la vez que se llevaba una mano hasta la calva que coronaba su cabeza.

—Esto es una locura—comentó entre murmullos ahogados. Él también deseaba salvar a la mestiza, pero dudaba que intentar cortar las raíce funcionara. Sólo resultaría una pérdida de esfuerzo y tiempo.

—Sí—dijo Balin a su lado—Pero al menos hay que intentarlo.

Varias fueron las cabezas que asintieron a las palabras del viejo enano. Y con un último suspiro de antelación, se unieron al líder la compañía en un afán por derribar a la enorme planta y rescatar a la esposa de su rey.

No habían logrado dar más allá de tres golpes cada uno, cuando sintieron la tierra temblar. Justamente bajo ellos.

—¡Oh, por todas las malditas pestes que existen en este jodida tierra! ¡¿Ahora qué?!—el bramido colérico de Dwalin fue amortiguado por el sonoro chillido de un animal. O más concretamente, de la planta que los atacaba.

Saltando de lugar en lugar, los enanos tuvieron que retroceder al observar el suelo quebrarse y abrir un enorme agujero. Del cual, brotaron más raíces. Solamente que estás eran más delgadas y pequeñas. Y Hermione, quien miraba todo desde su puesto de honor en los aires, emitió un jadeo sorprendida por lo que en el fondo de ese hoyo negro habitaba.

—¡Chicos, si se puede hoy sería genial! ¡No es presión!—gritó, claramente alarmada por las decenas de raíces que salían. Pero sobre todo, por comenzar a sentir que las mismas ramas que la aprisionaban comenzaban a descender sobre el oscuro agujero—De acuerdo, ahora sí se volvió presión. ¡Ayuda!

Y la desesperación se apoderó de la Compañía.

—¡Por Eru! ¡Hagan algo!—pidió Bilbo, sosteniendo la espada entre sus manos. Mirando con enormes ojos hacía donde era dirigida la muchacha.

—¿Y qué se supone que hagamos?—preguntó Dori—Las raíces son demasiado gruesas, no podemos con ellas.

Kili se llevó las manos a la cabeza, jaloneándose de los cabellos con rudeza. Estuvo a punto de emitir una opinión, cuando el sonido la tierra y roca siendo removida, además del acompañamiento de un peso pesado arrastrándose por el suelo, se escuchó con sobresalto. Elevando la mirada, hacia el punto de la batalla, todos observaron con terror como dos de las raíces soltaban los brazos de Hermione y la dejaba colgando de cabeza.

Había logrado liberar sus manos de la enredadera, cuando trató de transmutar en su forma huargo, pero sus piernas seguían sujetas. Debía aprovechar esta oportunidad para liberarse, pero no tenía nada a la mano para cortar las raíces. El cuchillo que hubo llevado al inicio del día, se le había caído cuando intentó zafarse de las raíces al estar siendo arrastrada. Necesitaba algo, lo que sea, con que fuera peligrosamente afilado y punzante.

"Piensa, Hermione, piensa. ¿Qué fue lo que dijo Balin sobre lo que más odia el Lazo del Diablo?" se repetía una y otra vez. Tenía que permanecer serena para que las ideas vinieran con una solución efectiva "¡Vamos, recuerda qué demonios dijo sobre la debilidad de esta cosa!" forzándose en traer la información a su memoria, las palabras del viejo enano aparecieron "El Lazo del Diablo se caracteriza por preferir lugares oscuros y llenos de humedad. Sitios donde la luz del Sol no sea capaz de llegar…"

—La luz del Sol—murmuró para sí—Eso es, el Lazo del Diablo odia el Sol.

Mirando hacia abajo, enfocó sus ojos en el enorme agujero de donde brotaban las raíces. Esa, sin duda, se trataba de la madriguera de la planta. Sabía lo que tenía que hacer. Extendiendo un brazo, abrió la palma de su mano.

—¿Qué está haciendo? ¿Qué hace?—cuestionaron varios enanos, claramente desconcertados por los movimientos de la mestiza.

Thorin miró confuso (asustado) la escena. "Ava…"

—¿Qué es eso?—la pregunta que Ori emitió quedó en segundo plano, cuando se observó una larga flecha atravesar el viento y clavarse sobre una de las raíces que sostenía una de las piernas de la mestiza.

Hermione ladeó bruscamente la cabeza hacia el extraño objeto. Y sus ojos se abrieron con sorpresa al detallar en la elegante y oscura madera de la flecha clavada profundamente sobre la raíz. Mirando nuevamente hacia el frente, su estupor se hizo aun mayor cuando una alta y delgada figura de ropajes verdes y largo cabello rubio saltaba sobre los enanos y se posicionaba para lanzar otra flecha.

"¿Orejitas?" la cuestión se pronunció en su mente con cierto recelo.

Legolas esquivó una de las raíces que le atacó por detrás, se deslizó por el suelo y utilizó una rama como punto de salto. Una vez en el aire, tensó nuevamente el arco y disparó tres flechas que dieron en la última raíz que sujetaba a la mestiza.

Sintiéndose liberada al instante, y mientras caía hacia el centro del inmenso agujero negro, Hermione emitió un gruñido a la par que estiraba el brazo y tensaba la mano. Dando una vuelta en el aire enfrentando la madriguera, la chica expulsó el hechizo.

Lumos Solem.

Un fino rayo de luz brotó de la palma de la mujer. Tan potente y cegador que todos tuvieron que apartar la mirada ante lo brillante que resultaba. Refugiándose tras los brazos y escudos propios.

Todos escucharon el rugir chirriante, el grito desgarradoramente oscuro que brotó desde el interior de la madriguera. Y entre los pequeños intervalos de vista que podían tener, observaron asombrados como las raíces regresaban al agujero.

—¡Hermione! ¡Cuidado!—el grito de Thorin les hizo volver la vista hacia la muchacha.

Ella ni siquiera pudo defenderse o tratar de esquivar la enorme raíz que se dirigía en su dirección y que la golpeó en el costado izquierdo, lanzándola con un latigazo hacia una enorme roca contra la que se impactó levantando una nube de polvo.

Luchando por mantener los ojos abiertos, su boca se abrió en busca de oxígeno. Tanto fue su desconexión que apenas fue consciente de las innumerables cabezas que la rodearon en pocos segundos. De los movimientos torpes y frenéticos a su alrededor. De una alta y delgada figura por detrás de los más pequeños que luchaba por alcanzarla. De las bocas que se movían, como si estuvieran diciendo algo, pero que ella no lograba escuchar. Y justo cuando la inconsciencia ganó sobre ella, lo último que logró observar, fue a una robusta sombra de profundos ojos azules inclinarse sobre ella.

"Mierda…" murmuró cediendo a la oscuridad.

[…]

Dolor.

Eso era todo lo que sentía. Un profundo y punzante dolor clavado en su costado izquierdo.

Los ojos le pesaban, la cabeza parecía estarle dando vueltas, miles y miles de vueltas. Y con cada una, su malestar empeoraba. Apretando la mandíbula, se forzó en respirar con más tranquilidad. Inhalando y exhalando con lentitud, repitiendo el proceso hasta que los latidos de su corazón, la perturbación dentro de su mente y la postración de sus párpados menguaron. Sólo entonces, se permitió abrir los ojos. Poco a poco hasta que estuvieron completamente abiertos.

Parpadeando varias veces, de lo primero que se percató fue de la pigmentación del cielo. Las nubes no eran blancas, ni se miraba el claro azul. Más bien, la luz del día (porque aún era de día) se mostraba de un color rojizo-anaranjado. Y mucho no le tomó llegar a la conclusión que el atardecer estaba presenciándose. Lo segundo que se aclaró en su mente es que se encontraba acostada. Sutilmente sobre una especie de superficie plana y mantas sirviéndole como cama y cubriéndola. Y lo tercero que observó, al ladear un poco la cabeza hacia la derecha, fue a una figura humanoide recargado contra una roca a escasos centímetros de ella.

Hermione entrecerró los ojos, enfocándolos sobre el borroso individuo, encontrándose con una larga cabellera oscura que le cubría la mitad de la cara, debido a la inclinación del sujeto hacia el frente. Pero que le permitió ver una corta barba y detallar en la piel morena del rostro. Un jadeo silencioso brotó de sus labios cuando reconoció el familiar ceño fruncido de ese hombre. Incluso dormido, en ocasiones solía arrugar de esa manera la piel entre las cejas. Y como si el aludido se sintiera observado, abrió los ojos enfocándolos en la mujer frente a él.

Thorin…—el susurro salió de sus labios en cuanto el azul oscuro de las irises del enano chocaron con el dorado brillante de las suyas.

Sintiendo un tirón en su pecho, trató de incorporarse. Quería llegar hasta él. Abrazarlo con desesperación. Hundir su nariz en el cuello de ese hombre y aspirar con fuerza el tranquilizante aroma de su compañero. Pero una fuerte punzada en su costado la obligó a quedarse donde estaba.

Hiperventilando, se sujetó el área adolorida, sofocándose e incluso llegando a marearse un poco. Con dificultad, logró sentarse, y para cuando el malestar se volvía más ligero, volvió a elevar la vista encontrando a Escudo de Roble junto a ella, sosteniéndola.

No te muevas—Hermione tuvo que preguntarse si eso había sido una orden o una recomendación. Al final, concordó que podría tratarse de ambas.

Elevando una mano temblorosa, envolvió la muñeca por encima del hombre que la sujetaba por el brazo. No tenía esperanzas porque él le devolviera la caricia, pero al menos deseaba porque no rehuyera de su contacto, y le aceptara. Cuál fue su sorpresa al sentir los dedos ásperos del enano rodearle la muñeca, abriéndole la palma y finalmente entrelazándolos con los suyos.

¿Thorin?—su voz sonó dudosa. Aún más al observarlo tomar uno de sus rizos y colocarlos tras su oreja.

La expresión del hombre se suavizó al escucharla llamarlo por su nombre.

Ava…—murmuró él, acariciando con los nudillos la mejilla de la muchacha, y levemente la comisura de sus labios—¿Estás bien?

Quiso responderle y decirle que sí, pero las palabras se le habían quedado atoradas en la garganta. En su lugar, sólo pudo asentir con la cabeza, y apenas lo hubo logrado sin parecer sorprendida por el acceso de intimidad que Escudo de Roble le estaba ofreciendo.

Observó al enano abrir los labios, como si intentara decirle algo más, pero una tercera voz se lo impidió.

—¡Despertó!—gritó Kili. Girándose hacia la Compañía volvió a gritar:—¡A despertado!

—¡Cierra la maldita boca, Kili!—el rugido de Hermione hizo retumbar con mayor fuerza las vibraciones del aire que el grito del joven príncipe.

Llevándose ambas manos hacia la cabeza, trató de ignorar el dolor que comenzaba a sentir. Ese simple grito le había destrozado los pocos nervios que hubo conseguido arreglar. Mucho no faltó para que más de la mitad de la manada de enanos se acercara hasta ella. Y agradeció a Thorin por mantenerlos a raya, mientras Oin se encargaba de revisarla y le daba algo de agua que, milagrosamente, le curó sus malestares. Más no el dolor en el costado.

—Fue un fuerte golpe el que recibiste, muchacha—dijo el sanador, palmeando la zona afectada. Comprobando que las costillas sólo estuvieran adoloridas y no fracturadas.

—¿En verdad? ¿No me digas?—comentó con evidente sarcasmo. El viejo enano enarcó una ceja y ella bufó, pero le permitió seguir con su trabajo.

—Sentirás una ligera molestia el resto de la noche, pero para mañana estarás como nueva—indicó Oin, mirando entre Su Señora y Su Rey—No es algo que tu sangre de dragón no pueda solucionar con un buen descanso.

Bueno, suspiró ella, al menos no tenía nada del cuerpo roto.

Recargando la espalda en la pared de roca que tenía detrás, aspiró un par de veces antes de percatarse del atrayente aroma de aceite de cedro y tabaco para pipa. Girando la cabeza, se dio cuenta que el hombre no había dejado de observarla, y sin vergüenza alguna, aspiró con más fuerza, llenándose del exótico olor que el masculino cuerpo desprendía. Y fue entre una de esas inhalaciones que un aroma externo, más rancio, podrido y barroso, llegó hasta ella.

Tensándose al instante, en menos de siete movimientos, había cruzado la mitad del campamento, cogido un arco y flechas (que intuían eran de Kili) y los apuntaba con determinación hacia la fuente de ese olor. Gruñendo por lo bajo, su recelo desapareció cuando se percató que quien emanaba ese pútrido hedor era un elfo. Y no cualquier elfo, el hijo del Rey Thranduil del Bosque Negro, Legolas 'Hoja Verde' en persona.

Ingannen le Orch—le dijo, hablando en lengua élfica.

Legolas curvó una esquina de sus labios.

Cí Orch im, dangen le.

Ella no retiró el arco al escuchar la respuesta. Al contrario, lo mantuvo todavía en tensión hasta que pareció convencerse que él no haría nada en contra de los enanos.

Apestas a sangre de orco—Legolas frunció un poco el ceño, se observó a sí mismo y después se encogió de hombros. Como si no le tuviera importancia a las palabras dichas por la muchacha.

Alassië nar i hendu i cenantet. Haira lúmello!—pero ella no opinaba lo mismo que él. A lo que es más, deseaba borrarle esa estúpida sonrisa de la cara con un nuevo golpe en su blanca y recta nariz.

Si él creía que le devolvería el saludo, estaba muy equivocado. Aferrándose al mango del arco, sacó su pregunta, aunque al final sonó como un ladrido.

—¿Qué haces aquí?

Una delgada y rubia ceja se arqueó en el rostro del elfo. Seguido de una genuina expresión de desconcierto. Aunque no le duró bastante, porque después la miró con unos ojos claramente disgustados.

—Esa no es la forma educada de devolver un saludo—indicó, usando ese tono que ella recodaba de las primeras veces que él solía ordenar hablarle—Mucho menos para dar las gracias a quién brindó un poco de ayuda.

Fueron distintas risas las que se escucharon.

—Nadie aquí necesita la ayuda de un elfo—saltó Gloin a la defensiva. Legolas observó al pequeño hombre un segundo, recorriéndolo con los ojos como si tratara de saber si el sujeto en cuestión era digno para recibir una respuesta.

—Repítalo cuantas veces quiera, Señor Enano, pero ni siquiera usted lo terminará creyendo.

Gloin soltó un bramido. Había visto la forma en que el estirado trepa arboles le observó, y no le gustó.

Metun menu caragu sigim rukhas, khalam shirumund—maldijo entre dientes. El príncipe elfo entrecerró los ojos, se encontraba bastante seguro que esas palabras habían sido un insulto.

Hermione se llevó una mano el puente de la nariz, apretándolo con ligera fuerza. Justo lo que necesitaba, que Orejitas llegara para animar la situación de la Compañía, como si las cosas no estuvieras lo suficientemente tensas. Mirando a su alrededor, memorizó el lugar de cada enano en el campamento. Necesitaba saber dónde se encontraba cada uno, en dado caso que ocurriera una pelea y debiera intervenir para cesarla. Y dio internamente las gracias por que Dwalin fuera el más apartado. De los únicos que se mantenían cercas, Gloin sería al que mantuviera más vigilado. A él y a cierto enano de cabellera oscura y ojos azules que, sentía, se colocaba posesivamente detrás de ella.

—¿Te encuentras bien?—la pregunta la tomó por sorpresa. Tanto que ni siquiera tuvo tiempo para responderle.

—Metete en tus asuntos elfo, y déjanos a nosotros con los nuestros—gritó Dwalin desde su asiento lejano.

Legolas torció la boca. Observando por encima de las cabezas de los enanos, sus ojos se enfocaron en el hombrecillo que había osado en gritarle. Y no fue el único, Hermione también le miraba consternada.

—¿Disculpa?—preguntó con indiferencia—Estoy preguntándole a ella, no a un enano.

Dwalin apretó los puños y sujetó el hacha que retozaba a su derecha.

—Lampiño, no debiste decir eso…—sentenció, avanzando a paso seguro hasta el elfo.

Bilbo ahogó un gemido de angustia al pensar que nuevamente se meterían en problemas, y Hermione, quien se encontraba a escasos centímetros por delante de él, le dedicó una sonrisa para tranquilizarlo. Sólo sintió el roce de ropa contra ropa, cuando miró a Escudo de Roble pasar junto a ella, quien le dio un vistazo por el rabillo del ojo, y parándose entre enano y elfo, frenó la discusión.

—¡Silencio!—exclamó—Al próximo que hable le arrancaré la lengua, ¡lo juro!—la voz de Thorin se hizo escuchar con fuerza en el lugar. Incluso el elfo atendió a esa orden—Legolas, ¿verdad?—él asintió—Bien, ahora explícame, hijo de Thranduil, ¿qué es lo que te trae hasta nosotros?

El elfo enfrentó los ojos del rey enano unos segundos, antes de desviarlos a la persona que se encontraba por detrás del hombre.

Alzando un brazo, la apuntó con el dedo:—Ella.

Thorin arrugó profundamente el entrecejo al tiempo que alternaba la vista entre el elfo y sumujer. Finalmente, se dedicó en observar exclusivamente al intruso en su Compañía.

—¿Y qué tienes tú que ver con mi esposa?—por el tono en que había sido hecha esa pregunta, Legolas supo que no le hubo gustado nada su respuesta al enano.

Involuntariamente, dio un paso hacia atrás.

—Tranquilo Rey Enano, que sólo se trata de una simple petición la que vengo a expresarte—dijo, levantando las manos. Como si tratara de mostrar que sus intenciones no llevaban una segunda intención.

Escudo de Roble emitió un siseo airado.

—¡Habla!—ordenó, y Legolas no pudo evitar encontrar una similitud en la forma en que el Rey de los Enanos y su padre solían hacer las cosas. Siempre ordenando, más nunca pidiendo.

Cuadrando los hombros e irguiendo la espalda, su rostro adquirió una expresión adusta. Digna y obvia para representar a quien es su padre. Incluso Hermione pensó estar mirando a Thranduil en lugar de Legolas. Los mismos ojos azules se habían vuelto fríos y vacíos. Por no olvidar a esa repugnante mueca de superioridad que se marcaba en la comisura de sus labios y cejas.

—La mestiza volverá conmigo al Bosque Negro—si el ceño de Thorin se encontraba fruncido, ahora se hallaba más que al inicio.

Bilbo abrió los ojos con inmensa sorpresa. Una acción que ocurrió en los demás. Sobre todo en la muchacha, quien después entrecerró los ojos con infinito recelo.

—Eso no se ha escuchado como una petición.

Legolas dio un ligero movimiento con los hombros. Indicando que poco le importaba lo que él pensara.

—Tómalo como desees, pero ella vendrá conmigo—volvió a indicar, y fue ahí donde la poca existente paz se rompió.

Escudo de Roble dio un paso hacia el frente. A pesar de la diferencia de altura, las duras facciones y los sonoros gruñidos fueron suficiente para lograr intimidar, aunque sólo fuera un poco, al elfo.

—¿Te atreves a amenazarme?—la pregunta fue dicha entre siseos, que de no haber sido por el tenso silencio no se habría escuchado.

Legolas se inclinó un poco, retándolo con la mirada.

—Me atrevo a advertirte—rectificó, alzando con bastante presunción la barbilla, pero sin dejar de observarlo a los ojos.

Thorin apretó la mandíbula, mostrando los dientes. Sin duda, la situación comenzaba a tornarse precavida.

—Aún estoy aquí por si lo habían olvidado…—las palabras de la mujer fueron altas, pero nadie se volteó hacia ella. Un desplante que le provocó a Hermione un tic en el ojo.

No sólo se estaban comportando como niños estúpidos, sino que además, se encontraban hablando de ella como si no estuviera presente. ¿Quiénes se creían ese par de imbéciles? No le encontraba, ni deseaba hallarle, justificación a ese arcaico comportamiento primitivo, donde el macho ordena y la hembra obedece. Ella no se dejaría mangonear por la voluntad de estos hombres, entraría en la discusión y daría su punto de vista. Les gustara a ellos o no.

Grande fue su indignación cuando escuchó a Escudo de Roble volver a hablar, ignorando, claramente, su intervención de hace pocos segundos.

—Si la tocas, juro que te golpearé tan fuerte que desearás que tu madre hubiera mantenido las piernas cerradas el día que naciste—el tic en el ojo de Hermione se vio enormemente elevado.

—No le temo a las palabras de un enano—retó Legolas, caminando hacia el enano, al tiempo que Thorin hacia lo mismo con cada palabra que daba.

Los enanos rodearon al par, observando con burla al elfo y animando al rey en sus comentarios. Cuando la mestiza se dio cuenta de ese comportamiento, su exasperación se transformó en desconcierto. Sacando a relucir los colmillos, calló a los demás con un gruñido escabroso.

—Disculpen…—su interrupción tuvo el mismo tono airoso. Sin embargo, como la primera vez, ambos hombres le ignoraron y siguieron en su patética batalla de testosterona.

—Entonces no llores cuando te rompa la espalda—los nudillos de Thorin tronaron secundando su advertencia.

—Perdonen…—volvió a decir Hermione, pero nadie le hizo caso.

—O cuando yo lo haga contigo—continuó Legolas, deteniéndose a un metro del Rey Enano.

Para la mestiza fue suficiente del espectáculo cuando observó a los dos tomar el mango de una espada. Desplegando una onda de energía, consiguió atraer, por fin, la atención sobre ella. Y todos en el lugar la miraron con algo de confusión o desbarajuste.

—¡Ya basta!—bramó colérica la mujer, interponiéndose entre ambos. Mirando de hito en hito a cada uno, los señaló—Actúan como un par de idiotas. Compitiendo por saber quién tiene la verga más grande.

Los ojos de Thorin centellaron con las últimas palabras. Mientras que Legolas se sintió profundamente avergonzado y sorprendido por el soez lenguaje de la muchacha. Había olvidado lo descriptiva y boca floja que era.

—¡No te atrevas a compararme con un maldito elfo!—Hermione volteó a mirarle furiosa. Un enojo que se reflejaba en las expresiones del Rey Enano, sino es que más. Sobre todo en el oscuro azul de las irises.

—Entonces no amerites a que lo haga—ladró, encarándolo y poniéndose frente a frente.

Thorin soltó un refunfuño vehemente, a la par que ella también lo hacía.

—¿Problemas matrimoniales?—ambos giraron de golpe para observar al elfo. Legolas los miraba con una absoluta curiosidad, un fisgoneo que se leía en cada línea de su pálido rostro.

Y eso, tanto a Hermione como a Thorin, no les agradó en lo absoluto.

—Vuelve a hablar y te tumbaré tus perfectos dientes de un puñetazo—Legolas frunció el ceño ante la amenaza. Pero omitir que deseó una barrera entre él y la mujer, sería mentir. Y a pesar de la vocecita que le indicaba que guardara silencio, volvió a abrir la boca

—Los hay, sin duda alguna—concordó para él mismo. Sacudiéndose una invisible mota de polvo de su armadura, añadió:—Pero sea cual sea la disputa entre ustedes dos me tiene sin el menor interés. He venido hasta aquí con un único propósito, y lo cumpliré—miró a la mestiza—Tú vendrás conmigo.

De un jalón, Hermione se encontró detrás de Thorin. El enano la había tomado por el brazo y colocado tras de él. Poniendo la mayor distancia entre sumujer y el maldito intruso que osaba en advertir que se la llevaría.

—¡Sobre mi cadáver!—exclamó, desenvainando la espada y apuntándola hacia el elfo.

No se ocupó de más palabras para que el resto de la Compañía, quienes se habían mantenido al margen pero expectantes, se uniera a las palabras del líder, sacando espadas, hachas, lanzas y arcos con flechas. Todos y cada uno con el objetivo fijo sobre el príncipe del bosque.

Quien no se perturbó ante el cambio.

—Ese no será ningún problema—dijo, colocándose en posición de combate.

Hermione casi se jala de los cabellos al presenciar lo que sucedía. ¿Es que acaso los hombres eran tan estúpidos? Ladeando la cabeza, su mirada se encontró con la de Bilbo. La angustia reinaba en toda la cara del pobre Señor Bolsón, y sólo bastaba con quedársele viendo por 5 segundos para detectar que le pedía, desesperadamente, que le pusiera un alto a esa escena.

Oh, pero claro que lo haría.

Irguiéndose en su totalidad, desvió sus ojos nuevamente hacia el hobbit, quien la observaba confundido y agobiado. Sonriéndole ligeramente, trató de calmarlo antes de que con un rápido movimiento de su mano el mediano se viera expulsado hacia atrás. No de la forma cuando se recibe un golpe y se es arrojado. No. Sino más bien como si una especie de fuerza externa lo alzara con gentileza y lo apartara hasta depositarlo, con cuidado, lejos del perímetro de la Compañía. No fue mucho lo que Hermione le llevó, acaso unos 5 metros.

Sintiendo al Señor Bolsón fuera del radar, su atención se centró de lleno en los trece enanos y el elfo a su alrededor. Soltó un suspiro involuntario, no deseaba hacer esto pero no tenía otra alternativa, si es que no intervenía, las cosas podrían llegar a complicarse y la verdad, sea dicha, no desea arreglar ningún desastre. Bien dice el conocido refrán: Más vale pedir perdón, que pedir permiso. Con esas palabras haciendo eco en su mente, la joven mujer cerró unos segundos los ojos, para cuando los volvió a abrir estos despedían chispas y centellas, resaltando incluso aún más que su natural brillo dorado.

Immobulus.

En menos de un segundo, la Compañía se había quedado totalmente inmóvil.

—¡¿Qué demonios?!—la pregunta de Gloin fue la primera en escucharse.

—¡Mierda! ¿Por qué no puedo moverme?—cuestionó Dwalin, moviendo la cabeza de un lugar a otro, pero sin que su cuerpo siguiera el ejemplo.

—¡Yo tampoco puedo!—secundó Fili.

—¡Ni yo!—también habló Kili.

Muchos fueron los gritos, gruñidos y palabras malsonantes que los enanos interpretaron al intentar zafarse de lo que sea que los tuviera inmóviles. Tiesos como la dura roca bajo sus propios talones. La única movilidad que se les permitió conservar fue del cuello hacia arriba donde eran capaces de tener el control, pero el resto de su cuerpo no respondía a las órdenes.

—¿Qué es todo esto?—gritó Nori, deseoso porque alguien le explicara qué demonios estaba ocurriendo.

Y Hermione, quien los había estado escuchando todo ese rato, lanzó un gruñido seseante que los hizo erradicar su marea de preguntas y berridos de la impresión. Incluso el Señor Bolsón, que se encontraba decentemente alejado, observaba la situación con sorpresa, desconcierto y genuina curiosidad. Sin embargo, sabía ser prudente y no se acercaría para ser víctima del enojo de la muchacha. Por algo Hermione lo había apartado desde un principio, y él no tenía ni un pelo de tonto para llevarle la contraria.

—¡Silencio!—demandó ella, alzando la voz a niveles exorbitantes—Mantengan sus malditas bocas cerradas o el que no puedan moverse será la última de sus preocupaciones.

Balin la observó con los ojos entrecerrados.

—Tú…—murmuró Oin, comprendiendo, y haciéndole ver a los demás, que la muchacha había sido quien lanzó un hechizo sobre ellos para mantenerlos inmóviles.

—¿C-cómo lo has hecho?—completó la pregunta Bofur, podría ser que el más impactado por esta muestra de magia fuera este enano.

Ella no respondió, solamente se dedicó en lanzarles una mirada de advertencia. Una que especificaba en que si no paraban con sus preguntas, ella haría que terminaran por no volver a pronunciar ninguna otra silaba en su vida. Los bigotes de Bofur se tensaron al percatarse del brillo infernal que irradiaban los ojos de Su Señora, y supo que se trataba de su ultimátum definitivo. Pasando saliva con dificultad, si es que no se le terminaba atorando en la garganta, se recordó que la esposa de Su Rey podía llegar a ser maravillosa y poderosa, pero igualmente aterradora. Sumamente escalofriante.

—Interesante…—se escuchó la voz de Legolas comentando—Ni siquiera yo, que llevo la antigua y ancestral magia de mi pueblo en las venas, puedo realizar este hechizo—Hermione enarcó una ceja—¿Qué tanto poder tienes, mestiza?

Ese último comentario sí que la hizo enojar. Y hubiera estado a punto de tomar provecho de que el elfo no pudiera defenderse, debido al hechizo, de no ser por la voz que resonó.

—¡Libéranos en este instante, mujer!—la joven observó impoluta al Rey Enano. Quedándosele viendo por unos segundos antes de apartar la mirada y hacer como él hace unos momentos había hecho con ella, ignorarlo por completo. A él y a las exigencias por liberarlos del hechizo.

Dirigiéndose hacia el elfo intruso en la Compañía, habló:—¿Qué es lo que quieres?

—Ya lo dije—repitió él, el hastío era bastante obvio en su tono de voz—Quiero que vuelvas conmigo.

—Y la respuesta es NO—ladró Thorin, desde su inmóvil posición. Puede que no pudiera moverse, pero todavía le quedaba su voz y la usaría para dejar en claro su negativa—Primero muerto a dejar que te la lleves.

Legolas sonrió socarronamente, casi bufando en su intento por no reír.

—Despreocúpate,—le dijo—cuando me libere de este hechizo tus palabras se harán realidad.

Maldito, hijo de pu-

—¡He dicho que se callen!—interrumpió nuevamente Hermione, mirando a cada uno con cierto grado de enojo, pero quedándose más tiempo sobre Escudo de Roble con una expresión que evidenciaba su desaprobación por su comportamiento.

Algo que al enano no le importó… De principio.

—Lo único que deseo es brindarte protección—dijo Legolas, rompiendo el silencio instantáneo.

Thorin rugió furioso.

—Ella no necesita de tu protección—gritó el enano.

Legolas le miró sarcástico.

—¿Quieres decir que con la tuya es más que suficiente?—preguntó, entrecerrando los ojos mientras esperaba por su respuesta.

—¡Sí!—ladró.

El elfo apretó la mandíbula, tan fuerte que Hermione pensó haber escuchado las muelas quebrarse bajo la fuerza empleada. Y la extraña, fría y oscura expresión que adoptaron sus facciones la sorprendieron.

—Permíteme contradecir ese estúpido argumento—señaló—Si no lo recuerdas, hace tan sólo unas horas ella estaba a punto de ser asesinada por una planta.

Las venas del cuello de Thorin comenzaban a sobresaltarse de la rabia por las palabras del maldito trepa árboles. Alzando la barbilla, lo más arriba que pudo, se enfrentó a la princesita rubia de papi.

—¿Quién te crees para venir y decidir lo que es bueno o no para ella?—le cuestionó, con los ojos centellándole de la furia—¿Con qué derecho te plantas frente a mí a reclamarme? No eres nadie en su vida. Yo, por el contrario, soy SU esposo.

A juzgar por el tono de voz se encontraba sumamente molesto. Incluso aún más que cuando se enojó con la mestiza la noche pasada. Y entre medio de sus palabras, Hermione sintió un ligero pinchazo en la nuca. Observando al hombre, se dio cuenta que, al parecer, Thorin se encontraba utilizando algo de magia involuntariamente. El enojo era lo bastante fuerte para que la magia que circulaba por él, debido a su enlace con ella, fluyera de manera descontrolada.

Mortificada por aquello que podría ocasionar un arranque de ira extremo, se dijo que tendría que ponerle un alto definitivo a esto.

—Y como tal te encuentras haciendo un pésimo trabajo—contraatacó Legolas—De no haber sido por mí le habrían arrancado los ojos y la lengua en la Ciudad del Lago. Fui yo quien la salvó aquella vez, al igual que hoy—siguió diciendo, observando al hombrecillo frente a él con desprecio—¿Eres su esposo? Esas no son más que palabras vacías. Vamos, dime, ¿dónde estabas cuando todo esto ocurría? ¡¿Dónde?!

Hermione aguantó la respiración al percatarse de la tempestad en los ojos de su compañero. Estuvo a punto de invocar otro hechizo, uno que dejaría inconscientes a ambos hombres, cuando el remolino de energía mágica que envolvía al enano, repentinamente, desapareció.

Prestando detalle en las facciones de su esposo, se percató que, a pesar de mostrar una expresión de dura culpabilidad, la ira, la furia, la rabia y la promesa de una muerte eran legítimamente leíbles en las brillantes irises azules, los hombros cayeron.

—No vengas a decirme que deseas protegerla. No cuando permaneciste al margen de todo lo que tu padre le hizo—la voz de Thorin era ronca, baja pero mortalmente hiriente—¿Qué sabes del afecto que le tengo? No la conoces, ni a mí—muchos alrededor se estremecieron al escucharlo—No estoy obligado en darte explicaciones, ni tú en posición de exigirlas, pero daría mi vida por ella si fuera necesario. ¿Conoces tu acaso el significado de ese sacrificio?

El elfo se quedó un momento en blanco. Incapaz de reaccionar a las últimas palabras. Pero cuando pareció recuperar la compostura, la mueca que se apoderó de su cara le dijo al Rey Enano que el príncipe del bosque le seguiría lanzando veneno.

Legolas…—ambos hombres giraron hacia la débil voz que interrumpió—Es suficiente…

Un estremecimiento le escaló por toda la columna vertebral. Hermione le miraba sin enojo, decepción, tristeza o miedo… Ella sólo estaba viéndolo directamente hacia los ojos.

Ambos hombres callaron cualquier protesta que seguía latente en sus gargantas, no pronunciaron ni una más, ni siquiera cuando la lengua les ardía por gritarle al sujeto que tenían en frente. La muchacha observó el disturbio contenido en sus pupilas y su reacción fue cansada, cerrando los ojos y soltando un suspiro largo y decepcionante. Legolas apretó los labios, no le había gustado ese gesto por parte de la mujer. Mientras que Thorin sólo apartó la mirada, ya sea avergonzado o aún más furioso que antes, pero con un fuerte sentimiento de culpabilidad por causarle angustia a su esposa.

Después de unos segundos, Legolas volvió a hablar, aunque el control y la serenidad forzada estaban impresas en su tono de voz.

—¿Podemos hablar…—mirando de reojo a los enanos, en específico a Thorin, añadió:—en privado?

—No.

—Si.

Thorin observó con disturbio a la muchacha.

—¿Qué crees que haces?—le preguntó, manteniendo a raya su molestia y procurando no elevar su voz. Algo que resultó muy difícil de ocultar—¡He dicho que no!

Hermione miró impoluta la expresión de absoluto desconcierto y enojo que invadían el rostro del enano. Tronando la mandíbula, se giró por completo hacia Escudo de Roble.

—Y yo que sí—dijo, con la espalda recta y la barbilla levemente alzada—Ahora, con tu permiso… O sin él—y sin decirle más, volvió a darle la espalda, concentrando toda su atención en el elfo pelos de escoba que Thorin deseaba mutilar en ese instante.

La mestiza no prestó oído a los amenazadores gruñidos y siseos que brotaban de la boca del enano, ni siquiera porque eran dirigidos a ella. En su lugar, se acercó al alto hombre rubio y con un ligero movimiento de su mano Legolas se encontró liberado del hechizo. Él trató de hablar, pero ella le calló antes de que siquiera una sílaba fuera pronunciada, y le instó a seguirla, apartándose de la Compañía.

Algo que a Thorin no le agradó.

¡Mujer!—el grito colérico del Rey Enano hizo volver sobre sus talones a los individuos que se alejaban. Aunque cada uno demostrando una reacción distinta a la exclamación del Líder de la Compañía.

Por su parte, Hermione se mostró iracunda y sumamente fastidiada.

Ni siquiera te atrevas en darme órdenes—ladró, señalándolo con el dedo y hablando en un Khuzdul tan marcado que a Legolas le fue más difícil traducirlo—Por si lo has olvidado, tú y yo no nos encontramos en los mejores términos. Serás mi esposo, Thorin 'Escudo de Roble', pero al final yo también tengo voz y voto.

Sacando a relucir los colmillos en clara amenaza de no volver a ser interrumpida, dio media vuelta y con paso firme, retomó el camino con el elfo pegado a su espalda. Quien, antes de seguirla, le brindó una mueca de triunfo, fanfarroneo, superioridad y desdén al enano que se hacía llamar esposo de la mestiza.

—¡Hermione!—ella volteó sobre su hombro, y por la forma en que sus ojos centellaron como llamas de infierno, Bofur casi se orina en los pantalones. Luchando por no tartamudear, añadió:—Oye, puedes… Eh, ¿quitarnos esto?

Entonces lo recordó.

Al único que le había cancelado el hechizo hubo sido a Legolas, pero no a los enanos. Y casi estuvo al borde de la tentación por dejarlos de esa manera hasta que su charla con el Príncipe del Bosque Negro terminara, sólo para darles un escarmiento a esos trece hombrecillos. Pero sobre todo a Thorin 'Escudo de Roble' hijo de Thráin hijo de Thrór. Negando para sí misma, se dijo que no podría hacerles eso. Ellos podrían llegar a ser desesperantes, toscos, imprudentes y con los modales más exorbitantes que existen, pero también resultaban ser valerosos, unidos y leales.

Cerrando y abriendo los ojos con lentitud, soltó la palabra al tiempo que su lógica recuperaba el lugar donde la rabia había encontrado espacio.

Finite.

Las muecas de agradecimientos e incredulidad no tardaron en hacerse presentes, y ella, involuntariamente, curvó una de las esquinas de sus labios. La cual se disolvió al centrar sus ojos en la oscura mirada azul que Escudo de Roble le dirigía. Sosteniéndole un poco más la vista, se giró y alejó de la Compañía.

Thorin apretó la quijada, mostrando los dientes. No se apartó del lugar donde se encontraba, sólo lo hizo cuando Balin y Dwalin se lo sugirieron. Y cuando se sentó, su mirada siempre estuvo enfocada en el par que se encontraba a unos metros de distancia.

—¿Podríamos apartarnos un poco más?—preguntó Legolas a modo de sugerencia, no había sido lo mucho que se alejaron de la muchedumbre de enanos, acaso unos 20 o 25 metros.

—No—fue la contestación de Hermione.

El elfo la miró en desacuerdo.

—Sólo un poco—volvió a pedir.

—No tientes a tu suerte…—le siseó la muchacha, haciéndole comprender que si no terminaba con esa súplica ella se marcharía y la conversación entre ambos se cancelaría. Y Legolas, habiéndolo entendido a la perfección, alzó ambas manos en señal de rendición.

Era bastante obvio que no echaría a perder su oportunidad de poder hablar con la muchacha sin la constante intervención de los enanos o el rey mismo. Aunque a decir verdad, a él le habría gustado algo más de distancia. No era por ser paranoico, pero sentía que cualquier palabra o sonido articulado sería escuchado por los catorce hombrecillos a mediados decentes metros de distancia.

Ladeando un poco la cabeza, paseó su vista por la excéntrica Compañía hasta toparse con el arrogante enano que los lideraba. Y que, para su mala suerte, era el compañero de vida de la muchacha.

—Aun no termino por comprender ese sentimiento que le profesas a Escudo de Roble. Resulta tan complicado a la vista, y mucho más a la lógica…—dijo, habiendo tomando una profunda inhalación y exhalando al hablar—Sin embargo, puedo confirmar que él lo corresponde con la misma fuerza y devoción que tú. Incluso es mayor.

Hermione frunció el entrecejo, no le interesaba lo que Legolas pudiera pensar sobre su matrimonio.

—¿Qué es lo que quieres, Legolas?—la pregunta no sorprendió al elfo, él ya esperaba que la mestiza le obligara a decir las cosas directamente. Sin rodeos, con la verdad pelada.

Dandolo na nin—pidió en élfico.

Ú-'ohenathon—contestó ella en la misma lengua.

La expresión de Legolas se endureció, pero no por la respuesta negativa al pedirle volver con él y que podría desencadenar su molestia, sino por las intenciones ocultas que iban en el no de la mestiza.

—¿Tanto es tu apego por el enano?—cuestionó, las líneas alrededor de sus ojos se profundizaron. Demostrando su falta de entendimiento hacia el sentimiento que conectaba a Escudo de Roble y Hermione.

Ella sólo exhaló.

—Al igual que él, yo también moriría por verlo a salvo—la respuesta causó en Legolas un duro desconcierto en su mirada. Las pupilas se habían contraído, causando que un azul pálido se expandiera con fuerza por todo el iris. Incluso la boca se hubo estancado, dejándola levemente abierta pero estática sin emitir un solo ruido o balbuceo.

Por un momento, Hermione encontró algo de chistoso en la expresión perpleja del elfo, pero no se burlaría ni echaría a reír a carcajadas o risitas indiscretas. Sabía que Legolas no entendería su afecto por Thorin hasta que él lo experimentara. Ya sea a través de una pareja o una amistad. Y mientras todavía no le tocaba vivirlo, para el Príncipe del Bosque Negro sería una insensatez, por no decir estúpida decisión, el dar su vida por otro ser.

Sin embargo, para ella, sería un sacrificio que realizaría sin dudarlo.

—Y eso se cumplirá—dijo él, volviendo a recuperar el control después de perderlo por unos segundos—Se hará realidad si es que continúan con esta travesía. Porque el único destino que encontrarán allá arriba será muerte y destrucción.

Los ojos dorados de Hermione se entrecerraron con un recelo brillando a fuego vivo.

—Hablas como solían hacerlo los Hombres del Lago—Legolas torció la boca, no le había gustado la comparación de razas.

Pero para la mestiza, las palabras del elfo le recordaron a la escena frente a la Alcaldía. La noche que intentaron salir de la Ciudad y los orcos llegaron. Aquella donde todos murmuraban y blasfemaban contra Thorin, pero que al escuchar una promesa de un pago cambiaron por alabanzas y bendiciones. Apretó las manos en puños al rememorarlo. Sobre todo porque esa oración era muy parecida a la que había utilizado Bardo 'El Arquero'.

—No soy el único que piensa que entrar en esa Montaña es un suicidio, mestiza—en un segundo, los dorados ojos de la muchacha se convirtieron en una tormenta.

—¿Quieres seguir está conversación?—le preguntó, con la mandíbula apretada, la espalda y hombros tensos y los ojos centellándole con inmensidad. Legolas asintió sin saber que más decir—Entonces no vuelvas a utilizar esa maldita palabra—ladró, y el elfo entendió que era mejor vetar el término mestizo de la conversación.

Volviendo a controlarse, se dirigió nuevamente hacia el elfo:—Nada de lo que digas les hará cambiar de opinión. Ni a ellos, ni a Thorin, ni a mí—señaló rotundamente.

Casi chasquea la lengua, casi. Y no por su exasperación, bien sabía lo terca que resultaba ser la raza de los enanos, aunque jamás hubiera esperado eso de la muchacha. La razón por la que deseó rechinar los dientes es que si no lograba convencer a la mujer de regresar con él, al tratar de infundirle miedo por el dragón de la Montaña, entonces tendría que encontrar otros métodos. Y pronto. No tenía planeado llevársela a la fuerza, aunque eso lo usaría como último recurso, pero Hermione ya no se encontraba sometida por el collar de contención y, siendo sincero, no le encontraba muchos deseos en involucrarse en una pelea con ella. Recordaba bastante bien los destrozos que logró hacer con sus poderes retenidos, y no quería imaginarse lo que podía realizar con ellos en todo su funcionamiento.

De repente, tuvo una idea…

—En el Reino del Bosque encontrarías protección—dijo, bajando su voz y sonando más amigable que al inicio—La necesaria para dejar de temerle al mundo.

—¿Temerle al mundo? ¿Y quién dice que le tengo miedo?—y por la forma en que la muchacha contestó, Legolas supo que no fue una buena táctica. Hermione suspiró y llevándose dos dedos hacia el puente de la nariz, apretándolo, volvió a preguntar:—¿Qué es lo que ganas con todo esto? ¿Qué es lo que realmente quieres?

Legolas no le respondió al instante. Simplemente se le quedó viendo, como si estuviera estudiándola, decidiendo precavidamente que decirle.

—Cuidar de ti—sus ojos se abrieron de golpe.

Observando al elfo frente a ella, enarcó una ceja recelosa por las palabras.

—¿Por qué?—le cuestionó, con mayor seriedad que en cualquiera de las anteriores, y está vez, Legolas no dudó en que responder.

—Porque eres mi amiga, Hermione—la expresión de la mestiza fue de absoluto impacto, y más que eso, de desasosiego.

Bien, lo había dicho. Claro y fuerte, seguro y conciso, y no se arrepentía al respecto.

Hermione le pidió ser sincero y él lo fue. No se encontraba allí para cumplir con una orden de su padre o porque es lo que se esperaba que él hiciera como parte de sus obligaciones como Príncipe del Bosque Negro. Si él había aceptado ir a buscarla para traerla de regreso, algo que pidió desde el principio, se debía a la sencilla y práctica razón que esa mujer, la única mestiza de dragón existente y compañera de vida del enano Rey de la Montaña Solitaria, era su amiga. Así de simple.

—¿Qué?—la pregunta de Hermione tuvo cierto eco en las rocas que les rodeaban.

—Eres la única amiga que tengo y quiero protegerte—dijo él, luciendo todavía más sincero que la primera vez que soltó la palabra amiga.

—Aguarda… Sólo aguarda un maldito momento—pidió, no, más bien exigió llevándose ambas manos hacia las cienes y masajeándolas.

Practicando la respiración profunda, se dijo que probablemente había escuchado mal. Así que volvió a preguntarle:—A ver si entendí: Yo soy tú amiga—puntualizó primero y Legolas asintió—Tu amiga—él volvió a asentir con la cabeza. Para ese entonces las teorías de que escuchó erróneamente comenzaban a desvanecerse—Lo que quiere decir que ambos, tú y yo, somos amigos—señaló de ida y vuelta, y el elfo terminó con una tercera afirmación.

"¡Oh, santa mierda!" gritó en su mente.

—¿Le encuentras algún problema?—Hermione observó dubitativa la ceja enarcada y los ojos instigadores del elfo, y, para su maldita suerte, no le encontró una respuesta idónea a esa pregunta.

—No, no, para nada. Es sólo que…—balbuceó entre medio de su trance—Me tomó por… sorpresa.

Decir que se trató de una sorpresa sería mentir. Esto, definitivamente, había sido un golpe, un porrazo, un enfrentamiento con la muerte siendo literal. Incluso los impactos en el campo de batalla eran previsibles, pero esto no entraba en algo que pudiera ocurrir. Jamás imaginó, ideó, supuso, maquinó o dedujo que Legolas 'Hoja Verde' hijo de Thranduil el Rey del Bosque Negro, y por tanto, acreedor al título de Príncipe, la considerara a ella, un vástago mestizo de un dragón y un dunedáin, su amiga. Y si de algo se encontraba totalmente segura en ese instante, es que el universo se hallaba en un desequilibrio alarmante.

Recuperando algo de la compostura que perdió al enterarse de la maravillosa amistad que surgió en los calabozos del Reino del Bosque Negro entre ella y el elfo, y de la cual, ni siquiera estaba enterada en lo mínimo, un entendimiento surgió en su mente.

—Hermione-

—Legolas—le interrumpió ella, sabiendo que el hombre querría continuar el tema de la amistad no recíproca—Vete, vuelve con tu Rey y quédate junto a tu pueblo. La presencia del Príncipe del Bosque Negro es con su gente, no con una mestiza, por muy amiga que esta sea.

—No.

—¿No?—la negatividad sí que la tomó por sorpresa. Ella en verdad deseaba deshacerse del chico lo más pronto posible, de hecho ya hasta estaba fantaseando con echarlo a patadas, pero la respuesta del elfo le dijo que no sería fácil ahuyentarlo.

Gruñó internamente, no tenía ánimos para soportar los caprichos de un príncipe, para ello tenía más que suficiente con Fili y Kili, y ambos enanos hacían un espléndido trabajo en sus desempeños. Sin embargo, esto resultaba ser diferente, Legolas no era un enano, ni formaba parte de la Compañía y dudaba seriamente que los hombrecillos le quisieran allí. El sujeto era un elfo, y no cualquiera, si algo malo llegaba a ocurrirle, se encontraba segura que Thranduil utilizaría ese suceso como pretexto para desencadenar una guerra. Y eso era lo último que deseaba que ocurriera. Tenía que tratar de hacerlo razonar, de que echara a andar su materia gris y usara algo de lógica y sensatez, en lugar de puro impulso.

—Entiende—la voz de Legolas la sacó sus pensamientos—No sólo es el dragón lo que me preocupa. Los orcos que atacaron la Ciudad del Lago no eran orcos comunes.

Una sombra de duda, más que de cautela o terror, se cernió sobre el rostro de la mujer.

—¿A qué te refieres?—le preguntó, pero él no respondió. Sintiendo alteración por la falta de contestación, le volvió a inquirir:—No puedes engañarme, en el camino has visto algo, ¿qué ha sido?

—El orco al que he echado de la Ciudad del Lago. Aquel que invadió las fronteras del bosque para eliminarlos y trató de cazarte en la Ciudad de los Hombres, lo perseguí aquella noche y ahora sé quién—Hermione le escuchó atenta—Se trata de Bolgo, el vástago de Azog 'El Profanador'.

—Bolgo…—susurró repitiendo el nombre, Legolas afirmó.

"A sí que ese es su nombre" se dijo ella, recordando con exactitud la imagen de ese pálido orco. Reteniendo el recuerdo hasta terminar asociándolo por completo.

—Una manada de huargos le esperaba a las afueras de la Ciudad, han huido hacia el Norte—continuó Legolas ante el mutismo de la mestiza.

La muchacha le miró inquieta, pero totalmente consciente de que un cierto detalle se le estaba escapando a su comprensión. Había algo oculto brillando en los ojos del elfo. Y ese algo no le agradó en lo absoluto que no le fuera dicho.

—Todavía queda más, ¿no es cierto?—le cuestionó. Por la forma tensa en que Legolas apretó la mandíbula y su mirada resistió a la suya, supo que había acertado—Adelante, dilo.

—Estos orcos eran diferentes, llevaban un símbolo que no veía hace mucho tiempo—un ceño fruncido se hizo presente en el hombre—La Marca de Gundabad.

Hermione le miró perpleja. Incluso parpadeó más de lo normal.

—¿Gundabad?—preguntó—¿El Monte Gundabad?

—Sí—él asintió—La fortaleza de orcos al Norte de las Montañas Nubladas.

Necesitaba respirar. Demonios que necesitaba hacerlo.

Conocía ese lugar, había leído sobre ese sitio lo suficiente durante su estadía en el Valle de Rivendell para asegurar que nunca, en la vida, le gustaría acercarse a ese territorio maldito. Y enterarse ahora que el grupo de orcos que venían cazándolos desde hace meses procedían de dicho lugar, le hizo comenzar a meditar que las palabras que la vieja urraca de Gandalf le dijo, antes de marcharse cuando la Compañía ingresó al Bosque Negro, empezaban a tener cierto grado de asertividad.

¿Podría ser cierto que la posibilidad de una futura guerra estaba por librarse? Ella misma le había comentado al hechicero gris que encontraba algo extraño en el sentir de la Tierra Media. Una especie de sensación que le desconcertaba y le ponía alerta y perturbada. Y más que sentir curiosidad al preguntarse qué elementos estarían ocasionando estos eventos, un temor se instaló profundo en su pecho. Haciéndole latir el corazón como el galope veloz de un caballo.

"Thorin…" susurró abrumada, reconociendo ese sentimiento de angustia que sólo era provocado cuando el bienestar de Escudo de Roble se ponía en juego. Algo que le hizo llegar a la conclusión de que sí el retorno a la vida de ese Monte maldito se encontraba ligado al propósito de su esposo por recuperar la Montaña Solitaria, entonces la predicción de una guerra ya no era dudosa o falsa, sino muy real. Y por ende, la vida de Thorin y la Compañía se encontrarían en peligro.

Mirando hacia atrás, discretamente sobre su hombro, enfocó su mirada sobre el robusto enano de cabello oscuro y ojos azules que le observaba fijamente. Instantáneamente, el recuerdo de un sueño que involucraba a un enorme pálido orco y a Escudo de Roble luchando, le hizo casi caer de rodillas.

—Sin importar cuanto te suplique, incluso si es que llego a amenazarte, continuarás con él y entrarás a la Montaña, ¿verdad?—Hermione miró con un poco de desconcierto al alto hombre frente a ella. Había olvidado la presencia del elfo. Sacudiéndose los últimos pensamientos de la cabeza, volvió a prestarle atención y le respondió con un firme asentimiento de cabeza.

Legolas suspiró tirando la cabeza hacia atrás, dejando salir una larga exhalación de vapor de su boca. Hermione enarcó una ceja cuando lo escuchó emitir una especie de gruñido, seguido de un movimiento de hombros como si estuviera aceptando una difícil y pesada tarea.

—De acuerdo—le escuchó—No hay remedio.

Y su ofuscación creció cuando lo observó con claras intenciones de volver al campamento.

—¿Qué es lo que pretendes?—preguntó, casi en un estado de paranoia. Que alguien le ayudara a entender el voluble cambio en el comportamiento de ese elfo, porque ella no lograba explicárselo.

Él se detuvo mucho antes de siquiera haber dado un paso.

—Acompañarte—le dijo, con el tono de voz más obvio que alguna vez ella hubiera escuchado—Te protegeré aun si a Escudo de Roble no le parece.

Los ojos se Hermione se agrandaron ante la respuesta. Aunque no tanto como cuando el elfo le dijo que la consideraba su amiga.

—Tú no irás a ningún lado—le indicó—No eres bienvenido en esta Compañía—añadió, señalándole firmemente con el dedo y ordenándole, a través de la mirada, que no se atreviera a dar un solo paso más.

Pero los agudos ojos del elfo no prestaron mucha atención a la inflexible expresión que la joven mujer le dedicaba. Más bien, su vista se encontró profundamente atraída por una circular y dorada curiosidad que resaltaba en uno de los dedos de la mano que le señalaba.

—Bonito anillo—Hermione desvió su mirada hacia la joya en su dedo—Escudo de Roble te lo dio—y su anexo no fue una pregunta, sino una afirmación.

Hermione envolvió la mano en un puño, visiblemente tensado, al tiempo que gruñía en clara amenaza, dándole a entender al hombre que sí involucraba algún comentario despectivo referente a su matrimonio, su esposo o los sentimientos que les unían, ella le haría desear jamás haberlo mencionado.

Legolas bufó al escucharla, ladeando la cabeza y berreando aún más al obligar a su lengua a permanecer quieta. Se encontraba totalmente seguro de no haber visto ese anillo en el dedo de la mujer cuando él la vigilaba en los calabozos del palacio. Lo que le daba a razonar que el enano debió habérselo otorgado en los días sucesivos que la Compañía escapó del bosque y antes de que él los encontrara.

En síntesis, no le molestaba que la chica estuviera casada, al fin y al cabo, su protección por ella era el fuerte sentimiento de cariño y amistad que le hacía sentir, pero la simple presencia de ese objeto cilíndrico envolviendo parte del dedo anular de la mestiza, le daba el irritante recordatorio de que el esposo de su única y querida amiga se trataba de un arrogante enano. Y a Legolas, los enanos no le agradaban, mucho menos Thorin 'Escudo de Roble'.

"¡De todos los malditos enanos que habitan en la Tierra Media, ¿por qué tiene que ser Escudo de Roble su esposo?!" bramó impetuoso ante el acérrimo disgusto que el hombre le provocaba.

Un minúsculo tic se instaló en su ojo izquierdo. Incluso frunció el ceño con profundo desconcierto, observando fijamente al elfo.

Acababa de leer la mente del sujeto parado frente a ella y no supo si demostrar sorpresa, desagrado o rabiar y trinar por lo que se acababa de enterar. Legolas odiaba a Thorin, y no era noticia nueva el saber que Escudo de Roble le reciprocaba el sentimiento. Sin embargo, nada le hubiera preparado para la idea de que el príncipe elfo no sólo aborrecía a Thorin por ser un enano, sino también por tratarse de su esposo. Y Eru sabía que se contuvo enormemente de gritar toda la lista de maldiciones que conocía, de hechizar a Legolas, de tomar a Thorin para largarse definitivamente de esa estúpida Montaña y de mandar al resto del mundo al mismo infierno. Pero, ¡gracias a Durin!, su raciocinio ganó sobre su impulso.

Tomando una profunda exhalación, adquirió la suficiente tranquilidad para que su auto-control dictara sus acciones.

—Ya te lo dije y te lo vuelvo a repetir: Regresa—le volvió a señalar, haciendo un movimiento con su mano como si estuviera empujándolo a volver, y recalcando la última palabra en lenguaje élfico.

Legolas casi puso los ojos en blanco.

—Déjame ayudarte—le suplicó, Hermione por un momento pensó que el hombre incluso se pondría de rodillas implorando por acompañarla.

—¿Ayudarme? ¿Quieres ayudarme?—Legolas asintió fervientemente sin dudar, y Hermione lo aceptó, casi con irritación—De acuerdo—volvió a decir—Entonces viaja al norte, hacia la Fortaleza de Gundabad.

El desconcierto se apoderó de las facciones del elfo.

—¿Para qué?—preguntó confuso, ¿en qué le serviría a Hermione que él fuera a ese lugar?

—Necesito que alguien verifique lo que está sucediendo en ese Monte—habló, con sus ojos fijos en los de él.

—No—negó Legolas al instante—No iré.

Los ojos de Hermione revolearon al escuchar la respuesta.

—¿Disculpa?—cuestionó.

Ahora sí que era un hecho el que no entendiera la personalidad del elfo. Primero, casi suplicaba de rodillas que le permitiera ayudarle. Y después de que accedía, y le decía lo que podía hacer por ella, Legolas se negaba. Gruñó con desgana, no estaba con los ánimos suficientes para soportar los berrinches de ese rubio mimado.

—Pídeme otra cosa, lo que sea y lo haré sin oponerme—dijo, sosteniéndole la mirada, pero Hermione logró detectar una diminuta, casi indetectable, fragmentación en la fiereza que trababa de trasmitir—Pero no me insistas en que parta hacia Gundabad.

—Entonces debiste pensarlo dos veces antes de ofrecerme tu ayuda—la irritación en la voz de Hermione se volvió un látigo mortífero. Cuadrando los hombros, la chica volvió a hablar:—No solamente eres mentiroso, sino que además te has atrevido a venir hasta nosotros, provocar una discusión entre la Compañía, amenazar a mi gente, ¡sobre todo a mi esposo! Ofrecerme tu ayuda y protección, aludiendo que deseas mi amistad, y ahora tú-

—Mi madre murió allá—interrumpió Legolas, desviando la mirada.

La reacción en la mestiza fue de sorpresa, un estupor genuino que se volvió compasión y comprensión. Lo último por saberse identificada en algo que le daba similitud con el elfo. Ahora entendía ese brillo de fragmentación que detectó en los azules ojos del príncipe.

—Sé cómo se siente—le dijo, bajando un poco la cabeza, dejando ambos brazos colgando a los costados.

Él fijó sus ojos en ella.

—¿A quién perdiste, Hermione?—la pregunta le incomodó al instante. No porque preguntara por el quién, sino por el hecho de que Legolas pronunció su nombre.

—A mi padre.

Legolas apretó la mandíbula. Cierta parte de él se sentía abatido por la mención de Andrómeda, pero otra se alegraba por tener algo que le unía a la mestiza. Aunque tristemente fuera la muerte de su madre y el padre de Hermione. Soltando un largo y pesado suspiro, dejó caer los hombros sin elegancia, encorvando la espalda hacia el frente.

—Entiendo lo que tratas de hacer—dijo Legolas—Pero esta no es mi pelea—Hermione observó curiosa esa reacción, la voz del elfo sonaba entrañablemente cansada.

Negó levemente con la cabeza.

—Sí es tu pelea. Esto no se queda sólo aquí—habló ella—¿Qué creías? ¿Qué las consecuencias sólo le afectarían al pueblo de los enanos?—por la forma en que Legolas le miró, ella intuyó la respuesta—Si una guerra se desata, no sólo el destino de los enanos se verá amenazado. También el de los hombres y el de los elfos—añadió, sin apartar la mirada.

—No es mi obligación el participar en esto—comentó reacio, su postura se había vuelto rígida, hermética y cerrada a segundas opiniones.

Hermione relajó la severidad en su mirada y una pequeña sonrisa le curvó los labios. Legolas en ese instante le recordaba a sus años más jóvenes cuando la terquedad, arrogancia y altivez gobernaban sus impulsos, más que el raciocinio y auto-control.

—Es cierto, no es tu obligación, Orejitas—la expresión de Legolas se descompuso por unos momentos al escucharla llamarlo por ese apodo tan vulgar—Pero también es verdad que con cada victoria esa maldad va creciendo. Y si obedeces a tu padre no harás nada más que ocultarte tras los muros que el palacio y el bosque te ofrecen.

—Hermione, yo…

—Dime, amigo mío—él la miró impresionado—¿Cuándo se ha permitido que el mal fuera más fuerte que nosotros? ¿Acaso no somos parte del mundo también?

Legolas apretó fuertemente la mandíbula, tanto que la mestiza creyó escuchar el rechinido de los molares.

—Eso es jugar sucio, ¿lo sabes?—le dijo, señalando el hecho de que ella le hubiera llamado amigo, pero Hermione sólo enarcó una ceja y le miró con fingida inocencia.

Respingando la nariz, pensó en lo dicho por la muchacha. Y no podía negar que un gran número de esas cosas fueran ciertas. Él pertenencia a este mundo, escondido o no, era parte de él. Comiendo de los frutos que la tierra le otorgaba, bebiendo del agua de los ríos que corrían por los caminos del bosque, respirando del aire, recorriendo los extensos y misteriosos terrenos de la Tierra Media, y siendo amigo de la única mestiza de dragón que existía. Negando internamente, se dio cuenta de que aunque su padre fuera también su rey, él no gobernaría su corazón, nunca más.

Inhalando a profundidad, llenando sus pulmones del frío aire de la Montaña, tomó su decisión:—Bien, lo haré—le dijo, sin molestarse en ocultar su voluntad hábilmente manipulada por la mujer frente a él.

Ella sonrió enternecida, y Legolas se rehusó a mirarla, frunciendo el ceño por verse envuelto en esa situación. Una que él mismo había propiciado, pero de la que realmente no se arrepentía.

—Te lo agradezco—le escuchó decirle.

Mirándola de reojo, observó su sonrisa sincera y una cálida sensación se instaló en su pecho, haciéndolo olvidar el disgusto. Y ese algono pudo evitarle corresponder el gesto, al tiempo que se decía a sí mismo que el reconfortante sentimiento que la sonrisa de la muchacha le provocó era lo que se debía sentir al estar ayudando a un amigo.

Después de un corto silencio, añadió:—Entonces, será mejor que parta de una vez. El camino hacia el Monte Gundabad me tomará al menos 3 días, sería adecuado irme en este instante—y Hermione asintió.

Observando al elfo levantar una mano para despedirse de aquella forma tradicional de su pueblo ella le imitó, pero justo antes de que el príncipe diera un paso, la muchacha lo llamó nuevamente.

—Legolas—él volteó expectante por aquello que le fuera a decir—Antes de que te marches, devuélveme la espada que llevas portando.

El hombre le observó con un ceño profundamente fruncido, mirando entre ella y la espada con una expresión de recelo y desconcierto.

—¿Por qué lo haría?—le preguntó, sin quitar esa mirada.

—No te pertenece—habló la mestiza, endureciendo las facciones de su rostro—Lord Elrond se la cedió a Thorin bajo todos los derechos élficos. Es él quien debe llevarla, no tú. Regrésame a Orcrist.

—La devolveré con una condición—impuso el elfo.

Hermione entrecerró los ojos. Dudosa por la extraña actitud serena que el príncipe demostraba, muy contraria al arranque de furia y negatividad que ella hubiera esperado.

—¿Cuál?—terminó cuestionando.

—Que me acompañes—y al instante, la mestiza se irguió, gruñendo y mostrándole los colmillos, al tiempo que se alejaba un par de pasos de él.

—No.

Legolas se encogió de hombros.

—Bien, entonces supongo que esta espada permanecerá conmigo por un tiempo más—dijo, palmando el arma por encima de la vaina sujetada al cinturón en su cadera.

Hermione gruñó.

Imbécil—y aunque su insulto fue un susurro, Legolas logró escucharlo.

Reprimiendo las ansias por disciplinar a la vulgar mujer frente a él y casi ordenarle, en una especie de súplica, a Escudo de Roble que le enseñara a la chica un par de modales más femeninos, la expresión del elfo cambió. Tal como si se hubiera acordado de algo muy importante.

Llevando una mano hacia su boca, silbó un par de veces hasta que un gran caballo blanco atendió a su llamado. Caminando hacia el animal, soltó de la montura un gran paquete envuelto en tela que fue desenvolviendo a medida que se acercaba a ella.

—Esto es para ti—le dijo, tendiéndole la manta suelta.

—¿Para mí?—no pudo evitar preguntar.

Tomando entre sus manos, sea lo que fuera que Legolas le estaba dando, apartó la tela de encima sólo para encontrarse con su viejo y familiar arco de caoba oscura, seguido de un carcaj lleno de flechas y, como adición especial, un cuchillo élfico de combate.

—Si vas a entrar a esa Montaña, entonces los necesitarás—ella le miró sorprendida, jamás esperándose tal gesto por parte del joven hombre.

Quería decir gracias. Deseaba darle las gracias adecuadamente, pero las palabras se habían quedado atoradas en su garganta, cerrándosela ante el sincero gesto que él le hizo, al estarle devolviendo su arco y obsequiándole un cuchillo.

Justo estuvo por abrir la boca, que Legolas volvió a hablar:—Y creo que también querrás tener esto de vuelta…

Girando hacia el brazo extendido, sus ojos se amplificaron al observar el objeto que sostenía el elfo.

"La flauta de Sirius…" susurró anonadada.

Y ese mismo arrobamiento le hizo ser inconsciente del momento en que estiró la mano y tomó la flauta. Sólo se percató de que la sostenía, cuando en un segundo de lucidez, la sintió entre sus dedos, ligeramente recargada sobre la superficie de su palma. Elevando su mirada hacia el elfo, sonrió por segunda ocasión esa tarde.

Hantalë—agradeció en el antiguo lenguaje élfico.

Asintiendo por última vez ese día, Legolas decidió que era tiempo de marcharse. Montando su caballo, la miró.

Cuídate—el tono de su voz fue una despedida cargada de súplica, y de una promesa de un encuentro futuro.

Y ella lo entendió.

Buen viaje, Orejitas—sonriendo ante el apodo, Legolas tomó las riendas y dando media vuelta, avanzó a paso de trote que se convirtió en una carrera hasta desaparecer.

Hermione se quedó unos momentos más en ese lugar, observando el camino, ahora vacío, por el que Legolas se marchó. Agradecería eternamente al elfo por lo que hizo y se encontraba haciendo por ella.

Suspirando un par de veces más, volvió su atención al conjunto de artefactos envueltos en la tela. Tirando de la manta, liberó el arco y el carcaj, colocándolos tras su espalda. El cuchillo lo guardó en el sujetador de su bota derecha, y la flauta… La flauta la dejó un momento más aferrada entre sus dedos, sintiendo la textura de la madera, recreándose en la familiar sensación de volver a tenerla con ella, antes de guardarla dentro de su abrigo y regresar con la Compañía.

Para cuando puso un pie dentro del campamento, el delicioso aroma de carne de cerdo cocinado al fuego la recibió, para alegría de su estómago hambriento. Pero ni bien se hubo sentado cómodamente, ante la espera de la ansiosa cena, que la maraña de preguntas sobre el tema de conversación que tuvo con el elfo se desplomó sobre ella. Teniendo desde el pequeño y tímido hobbit, el estimado Sr. Bolsón, hasta el enano más aguerrido y terco de la Compañía cuestionándole sobre qué demonios había estado hablando con el príncipe del Bosque Negro.

No fue hasta que, fastidiada de tanta exigencia, los calló a todos a través de maldiciones y amenazas de volver a inmovilizarlos si es que volvían a irritarla con su curiosidad metiche y chismosa. Sólo comenzó a soltar la información cuando la cena estuvo lista, comentándole a la Compañía pequeños fragmentos de su conversación que a decisión de ella fueran relevantes o no precisamente indispensables para que ellos lo supieran. Como el hecho de que Legolas la consideraba su amiga o que, en realidad, una especie de vínculo amistoso le hacía sentir empatía por el muchacho. Aunque no tanto, porque en ocasiones lo único que Legolas le provocaba era irritación y enojo, provocándole deseos de arrancarle la cabeza.

Con los estómagos debidamente llenos, la Compañía se repartió por el campamento. Con Oin y Gloin en un lado, fumando y discutiendo con Nori y Dori sobre vaya a saber el creador. A Bifur y Bombur escarbando en las sobras de la comida dentro de la olla. A Balin sentado al otro lado del fuego, rumiando y con el entrecejo fruncido, seguido de su hermano, Dwalin, quien parecía tener un mejor temperamento que el viejo enano. Y finalmente, a Bofur, Ori, Fili, Kili y el estimable Sr. Bolsón, rodeando a Hermione; pidiéndole a la muchacha que sacara la flauta y tocara para ellos. Quien, convencida por las interminables súplicas, terminó por hacerlo, siendo acompañada por el tono soprano de Bofur.

Y aunque el momento fue una algarabía amena, en algún punto de la noche, Hermione enfocó su vista en el enano que permaneció retirando del resto. Su cena fue silenciosa, sin participar en la conversación general, manteniéndose apartado y casi invisible. Había visto a Thorin decirle algo a Dwalin, pero no logró intuir qué pudo haber sido. Así que tuvo que quedarse con la afirmación de cabeza que el enano rapado le dio a Escudo de Roble a lo que sea que el líder le hubiera ordenado. Ella había deseado acercarse, terminar por arreglar las cosas, pero el evento de ese día después del desayuno le previno de hacerlo.

"Mañana…" se dijo. Mañana trataría de hablar con él nuevamente.

Recostándose en la mullida cama de mantas y rocas que le pertenecía, se dejó vencer por el cansancio sin problemas… Jamás se percató de los profundos ojos azules que la observaron disimuladamente en todo momento, ni de la oscura intención que se vislumbró en ellos cuando la hora de dormir llegó.

[…]

Sería un poco más de la media noche cuando el silencio finalmente se apoderó del campamento. Los únicos sonidos que se escuchaban alrededor eran los ronquitos orquestales de Gloin, Oin, Bombur y Bifur, acompañados fielmente por los balbuceos de Fili, Kili y Bofur.

Había permanecido despierto, sólo durmiendo un par de horas, aguardando hasta cerciorarse que toda la Compañía se encontrara profundamente dormida. Irguiendo la espalda, extendió el brazo hasta tomar su grueso abrigo mientras daba un vistazo sobre los cuerpos inmóviles del campamento, cuando sus ojos se quedaron fijos al encontrar a la única forma femenina de la Compañía, se levantó de su improvisado lecho, se colocó al abrigo al tiempo que rodeaba a los enanos y llegó hasta la joven mujer, justo por detrás de donde se encontraba.

Caminó despacio, sin provocar el mínimo ruido. Sosteniendo la respiración conforme se iba acercando. Hermione poseía un oído muy fino para su inconveniencia y cualquier alteración la captaría al instante pero, actuando en el momento preciso, tendría el tiempo suficiente para llegar hasta ella sin que la joven se percatara. Soltando el aire de poco en poco, terminó por cerrar la poca distancia que les separaba.

Arrodillando una pierna, se inclinó sobre ella, permitiéndose observarla por unos momentos. Estaba recostada de lado, dándole la espalda. Con una mano como almohada y la otra descansando sobre su estómago. El cabello se encontraba esparcido a su alrededor, con algunos mechones cubriéndole parte del rostro y el cuello. Él tuvo que reprimirse el deseo por tomarlos entre sus dedos y alejarlos para permitirle verla mejor. No se encontraba junto a ella para mirarla embelesado, aunque siendo sincero no era algo que pudiera evitar, sino para otra cosa…

Tenía que hacerlo, y lo haría, pero debía ser rápido. De lo contrario, ella se percataría y la situación se le saldría de las manos. Extendiendo una mano, apartó un poco del cabello, el suficiente, para dejarle ver ese punto en específico del cuello. Mirando una vez a la muchacha dormida, sostuvo el aliento y lo hizo.

Llevando sus dedos hasta la parte lateral del cuello, rozó con las yemas la piel expuesta antes de pellizcar con fuerza la arteria carótida. Hermione despertó al instante, e intentó levantarse y golpear al intruso, pero un fuerte agarre sobre su hombro la obligó a quedar acostada y rodar sobre su estómago con el peso del extraño sobre su espalda. Ni siquiera logró emitir un grito cuando la mano del sujeto le tapó la boca, dificultándole el respirar y moverse libremente. Sólo bastaron unos pocos segundos, de forcejeos y gritos ahogados, para que cayera inconsciente por la falta de oxígeno.

Una vez que ella dejó de pelear, él respiró con irregularidad. Había sido un reto tratar de mantenerla quieta. Pasándose una mano por el cabello, barrió los mechones que se habían escapado peinándolos hacia atrás. Respirando un par de veces a profundidad, tomó entre sus brazos a la mujer, acunándola contra su pecho y la cabeza recargada en su hombro. Sujetándola firmemente, comenzó a alejarse del campamento a largas zancadas.

¿Debo desearte suerte?—el tono burlón con que fue dicha esa pregunta, le causó irritación.

No jodas, Dwalin—le contestó con un Khuzdul marcado, enviando una mirada de advertencia hacia el enano cómodamente sentado a unos metros de él, quien cumplía su rol como vigilante esa noche.

El aludido simplemente sonrió con cinismo. Observando a la mujer inconsciente en los brazos de Su Rey, añadió:

Trata de no ser tan rudo con ella. Después de todo, sólo intentó hacer lo que creía correcto—su voz sonó paternal, muy diferente a la primera vez que abrió la boca.

Thorin apretó la mandíbula, bajando la mirada hacia Hermione.

Cuida del campamento hasta que volvamos—ordenó.

—¿Y eso llevará mucho tiempo?—lo implícito en esa pregunta provocó que Thorin le observara inquisitivamente.

Mientras que Dwalin solamente sonrió con picardía brillándole en los ojos. Un brillo que terminó por contagiarse en la expresión del Rey Enano.

Procuraré que no grite demasiado—y sin decir más, Escudo de Roble dio media vuelta y retomó su caminar con la muchacha en brazos.

Ignorando la carcajada ahogada de su mejor amigo y el rostro contraído de satisfacción por la declaración que acababa de hacerle.

¡Diviértete!—le dijo Dwalin, alzando un poco la voz, y Thorin le miró sobre el hombro guiñándole un ojo en respuesta.

Oh, pero claro que se divertiría… Aunque antes de pasar a realizar actividades más recreativas, mantendría una extensa conversación con su pequeña mujercita.

[…]

El aire era frío, sumamente helado.

Recordaba este clima a la perfección, en sus tiempos más jóvenes, él solía salir de Erebor para recorrer los extensos terrenos que rodeaban La Montaña Solitaria para sentir la brisa glacial. Siempre con la adrenalina anhelante de encontrar peligros y aventuras en sus paseos nocturnos calentándole las venas. Y puede que de eso habría transcurrido bastante tiempo… Pero aún podía sentirlo como sí la última vez que hubiera salido a explorar se tratara de anoche y no hace más de 200 años. Desde que Smaug le arrebató su hogar.

Pasándose una mano por la cara, sacudió esos antiguos recuerdos de su mente prestándole más atención a la situación que tenía con él. Más concretamente, justo enfrente.

Había caminado una considerable distancia, hasta que confirmó que se encontraban lo suficientemente apartados para evitar ser interrumpidos por algún entrometido de la Compañía. Buscando en los alrededores, se estableció en un espacio ubicado entre grandes rocas que le rodeaban. El sitio era reconfortarle, oculto y protegido de las fuertes ráfagas de viento, teniendo el diámetro justo para que Hermione y él lograran moverse sin problemas.

Dejando a la inconsciente chica recargada a un lado, prendió una pequeña fogata para alumbrar y proveer un poco de calor. Volviéndose hacia ella, extendió una manta que trajo consigo sobre el suelo más liso junto a la fogata en esquina a una de las paredes de las altas rocas. Tomando en brazos una vez más a la muchacha, recostó a sumujer en la improvisada cama que hubo preparado, y apartándose un poco se quitó el pesado abrigo para cobijarla con él. Después de ello, se sentó del otro lado de la fogata, observándola.

Sabía que no tardaría mucho tiempo para que ella despertara y también entendía que cuando Hermione recuperara el conocimiento, su pequeña mujer comenzaría a lanzarle gritos y reclamos. Casi sonrió ante la idea, esa noche sería realmente entretenida y, mientras aguardaba, un recuerdo vino a su mente. Aunque este no fue tan viejo como el pasado, sino más reciente. Precisamente de hace tan sólo unas pocas horas atrás.

Ellos seguían hablando. Retirados del resto de la Compañía, retirados de él…

Observaba al maldito elfo fruncir el entrecejo y lanzar miradas hacia ellos, mejor dicho, sobre él, ocasionalmente. No apartaba la mirada del par. No permitiría que la linda princesita de orejas puntiagudas se llevara a su mujer.

Entonces ella volteó y lo miró con desconcierto. Una expresión que la causó angustia, ¿qué significaba esa mirada? ¿Por qué lo observaba de esa forma? ¿Qué le había dicho el elfo para que Hermione le mirara de esa manera? Pero tal como ella había volteado, dejó de hacerlo, regresando su atención hacia el alto hombre una vez más.

"¡Maldita sea, siguen hablando!" gruñó para sí mismo.

¿Por qué diablos no terminaban de una vez? ¿Por qué mierda ese niñito rubio no se largaba y la dejaba en paz? ¡¿Y, con un demonio, por qué continuaban hablando?!

Y su tensión creció cuando observó al elfo entregarle un extraño paquete. Apretó la mandíbula al percatarse que el estúpido hijo de Thranduil le regresaba el hermoso arco de caoba oscura que perdió en el Bosque Negro cuando los capturaron, junto con un carcaj lleno de flechas y un despreciable cuchillo, evidentemente élfico. ¿Por qué ella no se los arrojaba a la cara?

Pero eso no había sido lo peor, no, de ninguna manera. Lo más insoportable fue cuando Legolas le regresó la flauta, aquella que él había visto y conocía su historia, y muchas veces le había pedido a Hermione que tocara para él. Una ira feroz creció en su interior al ver el amistoso gesto de ese lampiño.

¿Disfrutando de la vista?—la simple pregunta le provocó gruñir.

Thorin observó al curioso hombrecillo sentado a su lado. Era claro que el amable Sr. Bolsón trataba de entablar una conversación, y con el tema 'Hermione' como titular. Pero lo que menos deseaba era a un ser metiche en ese momento, no por nada había corrido a Balin cuando el viejo enano trató de hacerlo entrar en razón, al exigirle que se comportara con más raciocinio y no culpara a Hermione por guardarle ciertos secretos.

Aunque claro, Balin no conocía que tantos secretos le había estado ocultando Hermione.

Escucha, Thorin, no estoy aquí para sermonearte o reprenderte por cualquier cosa que hayas hecho—el rey enano le miró inquisitivo por el rabillo del ojo, ¿ah, no? ¿Entonces a qué venía?—Sólo quiero decirte que si deseas hablar, sobre lo que sea, puedes decirme sin problemas.

Si las palabras de Bilbo lo impresionaron, no lo demostró. Él simplemente atinó a asentir.

Te lo agradezco—le dijo, añadiendo un poco más a su afirmamiento de cabeza.

Observando nuevamente al par alejado, sus ojos se entrecerraron con recelo al detallar que el elfo se estaba despidiendo. La molestia que sentía, comenzaba a desaparecer con mucho alivio de su parte.

Pero, inesperadamente, una duda comenzó a albergarse en su mente. Consternado por ello, volteó hacia el saqueador de la Compañía, sabiendo que él sería el único en poder responderle con la verdad. O al menos con la mayoría.

Ella no te odia—a pesar de que la voz de Bilbo fue un suave murmullo, aún lograba encontrar el tono de diversión que el mediano trataba de ocultar. Escuchándolo carraspear un poco, añadió:—Sólo se encuentra furiosa y triste por lo que sea que haya sucedido entre ustedes, pero no te odia, puedes creerme.

Thorin cabeceó un par de veces, indeciso entre seguir el hilo de la extraña conversación que, inconscientemente, acaba de iniciar con el mediano o agradecer nuevamente las palabras del Sr. Bolsón e ignorar las esperanzas del hobbit por enterarse de los acontecimientos que originaron la 'pequeña' disputa entre él y su esposa.

Gruñendo en su fuero interno, cedió ante la presión por obtener, aunque sólo fuera, un 'insignificante' consejo de alguien que conviviera más con Hermione. Y que, desde luego, sabría cómo reaccionaría ella ante las acciones que él decidiera tomar.

Quisiera hablarle, pero…

¿Es demasiado terca para aceptar?—el mediano terminó la oración y Escudo de Roble asintió. Bilbo rió, bufó y movió los hombros en un gesto que pretendió ser gracioso—Te escuchará, está esperando que tu temperamento se regule para poder hacerlo, pero ha dejado en claro que no será ella quien inicie la conversación.

Y no la culpo, yo incité a que tomara esa decisiónBilbo asintió al instante, sin meditarlo o siquiera para detenerse a pensar que las palabras eran incorrectas.

Sólo suspiró y terminó añadiendo:

Sí, lo hiciste—un fuerte sonido hizo eco en la conversación, había sido el cuello de Thorin al girarse para fulminar al mediano por lo dicho. Bilbo se tragó la carcajada que le ocasionó—¿Qué quieres que te diga? Es la verdady el tono burlón y sarcástico no fue disfrazado en está ocasión.

Escudo de Roble entrecerró los ojos, a la vez que apretaba los labios y se negaba a responderle al hobbit sonsacador que su Compañía tenía como Saqueador Oficial.

Observando a la lejana pareja de 'amigos', pero ahora con el estúpido del elfo montando el caballo y pretendiendo alejarse sólo para retardarse en decirle unas últimas palabras a su esposa, su mal humor amenazó con regresar.

Detesto verla hablando con ese idiota—un gruñido se escuchó entre medio de las palabras, sobre todo al decir 'idiota' haciendo referencia al príncipe elfo—Pero si me atrevo a interrumpirlos, es seguro que ella me hechice nuevamente.

Bilbo sonrió.

¿Quieres un consejo?—Thorin le miró receloso, pero aun así asintió—No actúes como un cretino idiota la próxima vez—Bilbo se detuvo, observándolo, como si estuviera evaluándolo y después añadió:—Al menos no tanto.

Y como si intuyera que al quedarse por más tiempo junto el líder enano su vida correría peligro, el saqueador se levantó y encaminó rumbo junto al viejo Bombur. Sin embargo, la voz de Thorin llamándolo, le detuvo.

Bilbo—él volteó a mirarlo. Un poco vacilante, el enano abrió la boca—Gracias.

El pequeño saqueador sonrió amistoso.

De nada.

Frotándose ambas manos sobre la cara, bufó al suspirar con fastidio. Puede ser que las palabras del mediano tuvieran otro significado, como el de pedirle a Hermione que hablaran de una forma correcta y civilizada, por ejemplo. Pero él no lo hizo de esa manera, al contrario, porque al final terminó raptando a su propia esposa con la intención de poder hablar con ella sin la presión continua de que llegaran a ser interrumpidos por la Compañía.

"Demonios" el pensamiento brotó como el silbido de una cafetera que anuncia cuando el agua está caliente.

Por una parte, deseaba que Hermione despertara para poder entablar esa conversación que necesitaban. Pero por otro lado, no quería que lo hiciera. ¿Por qué? Bueno, cuando ella recobrara el conocimiento, sumujer haría cualquier cosa, menos hablar y comportarse civilizadamente con él. Sobre todo después de que la dejara inconsciente, la secuestrara y le recriminara su falta de fe en él. Lo que conllevaría a que ella le maldijera, no sólo verbalmente, sino también físicamente (y con ello, se refería a la magia).

Oh, sí, definitivamente iba a ser una noche larga. Muy, muy larga.

Deteniéndose en la parte donde la palabra noche sumada a larga se presentan, ronroneó expectativo al imaginarse, y realmente esperaba, que está discusión finalizara de una manera más productiva, caliente y mojada. Sumamente mojada. Porque ahora que lo pensaba, y después de todo, los matrimonios siempre terminaban por arreglar los problemas en la cama, ¿no?

Y como si sus pecaminosos pensamientos se encontraran conectados con la realidad del presente, un leve movimiento en el inerte cuerpo de suesposa le alertó que la guerra estaba por comenzar. Una oscura sonrisa le adornó los labios cuando la observó levantarse.

La cabeza le dolía y no dejaba de sentir mareos. Era como si hubieran tomado su cerebro y lo estuvieran azotando una y otra vez contra el suelo sólo para cogerlo y volver a ponerlo dentro de su cráneo. Los sentidos se sentían apagados, silenciosos, ni siquiera estaba segura de poder lograr estar de pie sin perder el equilibrio. Tuvo que mantenerse sentada por, Mahal bendito sabrá, cierto tiempo, hasta que de poco en poco la noción del sentido le afirmó que se encontraba mejor que cuando despertó.

Mierda…—soltó el susurro, apenas audible al sentir un leve pinchazo en el cuello.

Apretando firmemente el puente de la nariz, fue concentrándose en verificar que todo le funcionara. Y parpadeando un par de veces más, detalló que ya no se encontraba en el campamento junto a la Compañía. Alguien la había sacado. E inmediatamente el recuerdo preciso de un qué o quién apretándole una zona del cuello, seguido de un peso apresándola contra el suelo y finalmente perdiendo la conciencia, fue traído a su mente. Pero no se alarmó al meditar que un extraño lograra secuestrarla, no, porque justo en la última inhalación que hizo antes de desmayarse, un olor conocido le indicó de quien se trataba. Uno que se componía de la esencia de aceite de cedro y tabaco para pipa.

Mirando hacia abajo, justamente hacia el grueso abrigo que la cubría, sus ojos destellaron en furia al percatarse que sus sospechas eran ciertas. Apartando de un jalón la prenda, buscó alrededor con desenfreno hasta que sus ojos ubicaron al autor de su secuestro. Y al mirarlo, una ira surgió en ella.

—¡Tú!—gritó levantándose de un brinco y apuntándole con el dedo. Las facciones de la mujer le daban una expresión terrorífica, pero a los ojos del enano le pareció simplemente hermosa. Aterradora, pero preciosa.

—Yo—le contestó, como si fuera un juego.

—¡Maldito seas, Thorin 'Escudo de Roble'! ¡Tú y toda tu estirpe!—acusó furiosa, con los ojos centellándole haciéndole competencia al vivo fuego de la fogata y las puntas del cabello echando chispas. Pero lejos de sentir temor ante la ira de la mestiza, Escudo de Roble comenzó a reír e incluso se dobló, sosteniéndose el estómago. Algo a lo que ella no le encontró la más mínima diversión—¡¿A qué mierda le encuentras tanta gracia?!—le espetó iracunda.

El enano se enderezó, pero no dejó de parecer divertido con una sonrisa socarrona curvándole los labios como su prueba.

—Básicamente te encuentras maldiciendo a tu familia, preciosa.

Los colmillos de la muchacha se tensaron al escucharlo.

—¡Jódete!—escupió la palabra, pero no pareció molestarle al hombre.

Al contrario…

—Oh, no, no—él negó con la cabeza, aun sonriendo—Esa no es la forma correcta para referirte a Tu Rey, esposa.

—¡Me importa una reverenda mierda lo que piensas en este instante!—bramó ella, observándolo con dureza desde el otro lado de la fogata.

Thorin enarcó una ceja.

—¿En verdad?—la pregunta fue dicha con tanta soltura y egocentrista seguridad que a Hermione le erizó los bellos de la nuca. Y no le agradó que él provocara esa sensación en ella.

—¡Vete al diablo, Thorin!—volvió a decir, adoptando una postura cerrada. Una que le permitiera mantener distancia entre el Rey Enano y ella.

Él pareció darse cuenta del cambio, porque la sonrisa burlona desapareció y en su lugar la expresión del enano se volvió seria y austera. Aunque manteniendo un poco de suavidad y diversión en el brillo de los ojos.

—Tenemos que hablar—eso no fue una propuesta o pedido, sino una orden.

Hermione le miró recelosa.

—Ah, ¿ahora quieres hacerlo?—preguntó con amargura—¿Después de que armaras todo tu maldito teatro?

Thorin entrecerró los ojos a la vez que iba apretando los puños de poco en poco.

Mujer…—ella conocía ese siseo. Era el tipo de tono que utilizaba cuando trataba de darle una clara advertencia a alguien.

—¡No!—exclamó, ignorándolo. A él y su siseo amenazante—No te atrevas a decirme que necesitamos tener esta conversación.

Él la miró como si la respuesta fuera obvia.

La necesitamos.

—¡Con una mierda!—gritó, creía haberle dicho que no lo dijera.

—¿Te he dicho que me excitas cuando hablas de esa manera?—ella volteó hacia el enano con una expresión de sorpresa y disgusto por lo que acababa de escuchar. Puede que en otras circunstancias esto habría funcionado, pero no ahora. No, malditamente, ahora.

Irritada hasta la médula, se controló por no atestarle un golpe en la nariz para borrarle esa ridícula mueca que asemejaba pasar por una sonrisa en su jodido rostro.

Exhalando un ruidoso bufido, centró sus dorados ojos sobre el enano.

—¿Qué quieres, Thorin?—le preguntó, con mucha más calma y apaciguada.

Él la observó antes de responderle, como si estuviera cerciorándose de que la mujer frente a él había bajado, aunque sólo fuera un poco, las armas.

—Hablar contigo—le respondió, y ella hizo un gesto amargó con los labios.

Un infantil puchero que a Thorin le recordó la forma en que un niño reacciona cuando es obligado a comer vegetables en lugar de tarta.

—¿Por qué?—preguntó ella—¿Por qué ahora y no antes?

Si la pregunta le sorprendió, no lo demostró.

—Tenemos que hablar—atinó a contestar, no muy seguro de que más decir.

Se escuchó un berreo en contra respuesta.

—Eso ya lo dijiste—le recriminó Hermione, con el ceño profundamente fruncido.

Rascándose la parte interna de las muñecas, fingió no prestarle atención al modo en que ella le observaba. Una mirada que le indicaba que debía decirle algo más que el conocido y usado: tenemos que hablar. El único problema era que él no sabía que podría ser.

—¿Y qué quieres que te diga?—soltó lo primero que se le vino a la mente—Tenemos que hacerlo.

Hermione le miró incrédula, y su enojo se profundizó.

—No—negó, los ojos parecían ser más dorados que al inicio—¡Tú quieres hacerlo porque tu miserable trasero te está jodiendo tanto que hace de tu conciencia una mierda!—añadió, exclamando en un tono inmoderadamente alto.

Thorin casi se jaló de las barbas y los cabellos al escucharla.

—¡Con un demonio, mujer!—blasfemó, pateando con violencia el conjunto de madera a su derecha—¿Por qué simplemente no puedes abrir la maldita boca para algo que sea de provecho?

—Oh, querido, pero si tú me has pedido que hablara—Thorin casi puso los ojos en blanco. Ella se estaba atreviendo a utilizar sus palabras en su contra—Sólo estoy atendiendo a tus deseos—y la mordacidad de la última oración le dejó mucho en que pensar.

"Mis deseos" susurró para sí mismo. Claramente este no eran sus tipos de deseos, porque los exactos incluían una cómoda cama, a Hermione acostada y a él sobre su pequeña esposa.

Batallando, se concentró en respirar a profundidad. Necesitaba calmarse para lograr hablar con ella, para eso los había sacado del campamento, ¿no? Y también intuyó que la terca personalidad de la muchacha sería una piedra en el zapato a la hora de querer hablar, pero jamás se imaginó que se volvería tan complicado.

Pasándose una mano a través del cabello, la dejó descansar sobre la nuca, masajeándola como si con eso tratara de librarse de un poco de tensión. Volviendo su mirada hacia la mujer frente a él, se percató que ella seguía furiosa, increíblemente sensual y hermosa, pero letal y mortalmente colérica.

Soltando alguna clase de palabra entre siseos, retomó la conversación:

—Te encuentras molesta-

—Molesta es poco…—le interrumpió, obviamente recriminándole.

Escudo de Roble sintió un tic nacerle en el ojo izquierdo, pero continuó hablando a pesar de haberla escuchado.

—No te culpo por no desear está conversación, yo mismo me comporté como un idiota-

—Yo no usaría el calificativo de idiota—volvió a interrumpir, aunque ahora el tono no fue lacerante, sino ácido y despectivo.

Tomando pequeños respiros, se calmó antes de volver a hablarle.

Ava—le llamó con suavidad—Habla conmigo, por favor…

Hermione apretó los labios y las manos al mismo tiempo. Tensándose al instante en que escuchó a Thorin nombrarla por el mote que le había dado. En verdad no esperó que él la llamara de esa forma, no con la situación en la que se encontraban. Y estuvo a punto de auto-flagelarse por permitirle a Escudo de Roble causar una sensación, que no fuera ira o desprecio, en ella.

Dejando caer los hombros, y con ello la completa tensión de su cuerpo, se rindió ante la necesidad de continuar peleando y colocándose a la defensiva contra el enano. Claramente Thorin deseaba hablar con ella, tal vez arreglar la situación, y Hermione lo deseaba, pero en su terquedad también quería hacerlo sufrir y no ponerle la solución con tanta facilidad.

Pero dejando todo eso de lado, se cuestionaba sí en verdad lo haría. ¿Realmente hablaría con él ya sin obstáculos u obstinaciones? Ladeando un poco la cabeza y dejando salir un suspiro, se contestó que sí. No quería seguir peleando y riñendo como dos perros rabiosos. ¡Por Durin! Eran dos adultos que claramente podrían arreglar una pelea sin complicaciones, o casi así. Levantando la cabeza, fijó sus ojos en el rostro del enano, observándolo impasible, suavemente y con cariño. Algo que pareció desconcertar al hombre y que le hizo a ella sonreír internamente, al menos no era la única en sentir algo.

Tragándose el nudo en la garganta, habló:

—Entendí que estarías molesto cuando decidí ocultarte la verdad, y también comprendí que debía darte tiempo para que lo asimilaras—las palabras salían apretadas, aunque no dejó de observarlo—Pero cuando intenté enmendar mi error, hablarlo contigo, te cerraste y me hiciste a un lado—fue entonces cuando su voz cambió, volviéndose más grave, lenta y plana—Me dolió Thorin, me lastimó que cerraras nuestro vínculo.

Un tirón en su pecho casi lo obligó a dar un paso atrás al ver la tristeza en los ojos de la muchacha. Una mirada que le arañó la conciencia y le hizo sentir un escalofrío, lastimándole la columna vertebral. Apretando los dientes, se maldijo a sí mismo, él conocía el significado de esa sensación, la maldita culpabilidad se instalaba en su estómago, perforándolo con sarna y maña.

Sin embargo, tal como su cargo de conciencia vino para recriminarle sus acciones, el recuerdo de Hermione omitiendo ciertos hechos fue suficiente para reavivar su enojo, molestia, decepción y… Dolor.

—¿Y acaso piensas que yo no sentí lo mismo al enterarme de lo que me ocultabas?—los hombros de ella temblaron al escucharlo. Él se dio cuenta—Preferiste guardar silencio y no decirme nada, ¿tú crees que eso no me hizo sentir herido?

Hermione luchó por no apartar la mirada.

—No quería…—se calló un momento. Thorin supuso que ella le diría que no quería preocuparlo, tal como la noche anterior. Mirándola tomar un respiro, volvió a hablar:—Escucha… en estos instantes, ya tienes suficiente con que lidiar. El dirigir a la Compañía, enfrentar al grupo de orcos que nos persigue, tratar de ingresar a la Montaña y luchar contra el dragón… No deseaba dejar caer sobre tus hombros otra carga.

—¿Otra carga?—preguntó casi escéptico. Hermione tragó al instante, tal vez no debió decir eso—Acabas de…—ni siquiera terminó la frase, en su lugar un desconcierto total creció dentro de él—¿Acaso eso es lo que crees que representas para mí? ¿Otra carga?

Los ojos de la mestiza se abrieron en sorpresa. Tartamudeando, intentó volver a tener la palabra:—No, no, yo no-

—Sí, lo hiciste—le interrumpió con brusquedad.

—Te he dicho que no—señaló con fuerza. Una molestia comenzando a formarse en su pecho.

Escudo de Roble entrecerró los ojos, pero debido a la forma en que los orificios de su nariz se dilataban y una vena resaltaba profusamente en medio de su frente, Hermione supo que se encontraba más que furioso. Colérico sería la palabra adecuada.

—¿Y piensas que voy a creerte?—le espetó, alzando los hombros y señalándola—¿Después de todo lo que has dicho y hecho?

—¡¿Qué demonios?!—rugió impactada—¡No tienes ningún derecho!

¿A qué se refería con lo dicho y hecho? ¿A ocultarle las cosas? ¿A hablar primero con Balin y Gandalf antes que él? ¿A desear protegerlo? ¿A qué, maldita sea? Pero antes de que comenzara a hablar, él abrió la boca.

—Oh, pero por supuesto que lo tengo, esposa—la forma en que pronunció la última palabra le provocaron escalofríos a la muchacha. Sin olvidar mencionar el oscuro brillo en los ojos azules del Rey—No sólo me ocultaste la verdad. Sino que decidiste hablar primero con el hechicero y después con Balin. Y cuando resolviste en decírmelo, te escudaste tras el patético argumento de que lo hiciste por mi bien.

Hermione tembló al enfrentar la dura mirada del enano. Tanto, que las palabras murieron en su boca, su lengua se encontró atada, y no se atrevió a contradecir sus palabras. Porque los ojos azules de Escudo de Roble, carentes de misericordia y simpatía, le provocaron el deseo de encogerse sobre ella misma y no volver a enfrentarlo. Sin embargo, pese a su instinto de alejarse del peligro que él presentaba, mantuvo la barbilla en alto, retándolo al mantener el contacto visual en todo momento.

Por un breve segundo, un brillo refulgió en los irises del Rey, complacido ante el acto de rebeldía, coraje y valentía que sumujer le demostraba.

—Dime, ¿qué es lo que debo esperar ahora?—le escuchó otra vez, pero ella no le respondió. Tomando su silencio como una respuesta, Thorin continuó:—¿Acaso existe algo más que deba saber? Y de ser así, ¿está vez seré el primero con él que decidas hablarlo? ¿O elegirás a Balin nuevamente?—la mandíbula y las manos de Hermione se tensaron—¿Tal vez será Bilbo? ¿Fili?... ¿El elfo?

Un leve movimiento en los hombros de la muchacha le hizo intuir al enano una contestación.

Ignorando la calamidad naciente reflejada en los ojos de suesposa, continuó en gritos:—¡Con una mierda! ¿Entonces es cierto? ¿Elegirías al maldito elfo por encima de mí?—la ira volvía a escucharse en la voz cargada del enano—¡Con un demonio, Hermione! ¿Dime qué cojones hace tan especial a ese idiota para que confíes en él? ¿Qué hicieron Gandalf y Balin para que decidieras hablar con ellos antes que conmigo? ¿Acaso no confías en mí?—se calló por un momento y la observó, obteniendo una respuesta—Es eso… No me tienes confianza.

Los ojos de ella centellaron.

Cierra la boca…—el susurro de Hermione fue lento, seseante, sobre todo al pronunciarlo en un Khuzdul perfecto.

Pero contrario a lo que ella deseaba causar en el enano, el efecto resultó en una sorpresa para ambas partes. Sobre todo cuando él continuó la conversación en Khuzdul.

¡No trates de negarlo! Acepta que no me tuviste la confianza en aquel momento y no la tuviste después. Ni siquiera la tienes ahora—la acusó—¿Qué demonios te hace dudar de mí? ¿Mi falta de posición? ¿Mi carácter? ¿El que sea un maldito enano?—gruñó—¿Es eso? ¿Te avergüenzas de ser mi esposa? ¿Te arrepientes de haber elegido a un hombre que no tiene nada que ofrecerte? ¿Un sujeto que te hace ver como una mujer sin estabilidad? ¿Preferirías ser la esposa de un maldito elfo? ¿Ser la mujer de Legol-

Ni siquiera terminó de pronunciar aquellas palabras cuando Hermione lo abofeteó.

Ella había cruzado la distancia entre ambos a una velocidad alarmante, consiguiendo hacerlo ladear el rostro por completo, quizá un poco más de lo usual, con el eco resonando a su alrededor. Y aunque el golpe no lo tumbó, si le hizo dar un ligero paso hacia atrás para mantener el equilibrio.

¿Quién le daba el derecho a decirle aquello? ¿Él qué demonios sabía? Si bien era cierto, nada le daba la libertad para echárselo en cara. Aunque se tratara de su propio esposo. Ella había explotado en el momento en que lo escuchó decirle sí es que deseaba ser la esposa de Legolas y sin meditarlo, avanzó y lo golpeó. Sin dudas, sin impedimentos, sin advertencias… Sólo le plantó toda la palma de la mano en el lado izquierdo de la cara con fuerza, silenciándolo en el acto.

Hermione no había terminado de bajar su mano cuando Thorin la sujetó por la muñeca, todavía alzada en el aire, y la jaló hasta él.

—¡Nunca, en tu vida, te atrevas en volver a sugerir algo como eso!—le advirtió furiosa—Sí, cometí un error, pero justifico mis acciones al tratar de impedir que llevaras esta pena.

Thorin le sonrió con amargura.

—Pero al final terminé cargando con ella, Hermione.

Y eso fue suficiente para ella. Alzando la otra mano, se propuso en volver a golpearlo, pero Escudo de Roble la tomó por el brazo y lo torció colocándolo en la espalda de la chica, junto con el otro. Sujetándolos con una mano, utilizó la otra para cogerla rudamente de la nuca, apretando los dedos en la zona de la piel que alcanzaba y arrancándole un quejido de dolor a la mestiza.

Cerrando el poco espacio que quedaba entre ellos, unió sus labios en un doloroso beso.

No fue tierno, ni suave, ni mucho menos consentido… Se trataba de un contacto rudo, dominante, egoísta y rencoroso. Tal como el primer beso, aquel que Thorin le dio poco antes de que se enfrentaran contra los trolls de las montañas, chocando los labios, sacando quejidos y sangre. Pegándose por completo a ella, él la hizo ladear la cabeza a la par que él también lo hacía, imprimiendo mayor presión y agarre sobre la nuca.

Un gruñido grave sonó desde su pecho, disgustado al intentar forzarla a abrir la boca y no lograrlo. Estaba retándola a que tratara de romper el beso.

Hermione intentó echar la cabeza hacia atrás, pero cuando se percató que no funcionaba, comenzó a zarandearla de un lado a otro hasta que consiguió librarse. Tomando impulso, lo golpeó chocando su frente contra la nariz de él y Thorin tuvo que soltarla, dándole oportunidad a la mestiza de volver a colocar distancia entre ambos (aunque no la suficiente).

Limpiándose la nariz con la mano, se dio cuenta que le había sacado sangre. Frunciendo el ceño, la enfrentó.

—Te odio—dijo ella.

Un brillo surgió en los ojos del Rey.

—Entonces haré que me odies más—y apenas terminó de decirlo, se abalanzó nuevamente sobre ella.

Asustada ante el movimiento precipitado, sobre todo por la fiera expresión en el rostro del enano, Hermione retrocedió buscando escapar. Cuando Escudo de Roble la observó comenzando a huir, la tomó rudamente por un brazo, arrastrándola y colocándola con la espalda pegada a una de las altas paredes de piedra del pequeño campamento. No había sido suave, ni mucho menos considerado, su actuar semejaba al instinto de superioridad y posesión de un animal sobre lo que consideraba suyo.

Emitió un quejido cuando sintió la fría roca a su espalda, él no la había azotado aunque tampoco fue amable, sino por la inesperada acción y el brusco movimiento al jalarla y arrastrarla. Alzando los ojos, no se molestó en ocultar el nerviosismo combinado con el miedo que la hostil mirada de Thorin provocó en ella. Ni siquiera hizo el menor intento por defenderse, se quedó recargada en la pared, mirándolo como si fuera un conejillo acorralado por un enorme lobo hambriento.

Pero cuando Thorin se percató del temblor en sus hombros, en sus brazos, en sus manos, de lo tensa que se encontraba su espalda y los músculos de la garganta y de los ojos ampliamente abiertos y cubiertos de desconcierto y miedo… Su arranque emocional se detuvo. Inmediatamente se recordó que aunque Hermione conocía su fuerte temperamento y su odiada terquedad y testarudez, ella jamás lo había visto de este modo. Con el enojo, la envidia y los celos tomándolo por completo y convirtiéndolo en otra persona enteramente diferente.

Alzando una mano, la extendió hacía ella hasta acariciar su mejilla, pero ante el contacto Hermione se estremeció e intentó retroceder un poco. El corazón de Thorin se encogió al observarla, él no deseaba esto, él no quería que ella le temiera… Invadiendo por completo su espacio personal, se pegó a ella, acorralándola entre su duro cuerpo y la fría roca. Ejerciendo más voluntad en su caricia, acunó en su palma el lado izquierdo del rostro de la muchacha, deslizando con suavidad el pulgar por toda la longitud vertical de la cicatriz. Siendo delicado, tierno, vigoroso… Un brillo de orgullo masculino le iluminó los ojos cuando la sintió retener la respiración.

Tomando el rostro de la joven entre sus dos grandes manos, la observó directamente a los ojos antes de juntar sus frentes y comenzar a rozar con su nariz toda la cara. Paseándola con extrema lentitud a través de los ojos, las mejillas, los pómulos, el puente de la nariz y deteniéndose en los labios, lanzando ronroneos al detectar el aroma a vainilla de suesposa. Y la sintió estremecerse cuando el cálido aliento escapando de su boca entreabierta le golpeó en los labios.

"Ava…" Hermione dio un respingo.

¿Escudo de Roble acababa de hablarle telepáticamente? ¿Eso significaba que él había vuelto a abrir el enlace entre sus mentes?

"¿Thorin?" preguntó cautelosa, pero en lugar de recibir una respuesta él la besó. Y a comparación con el último beso, este fue delicado.

Ella se sorprendió, había esperado que él le contestara o se retirara para seguir discutiendo, pero no que la besara, al menos no de esta forma. De un momento a otro, sintió el cuerpo de Thorin presionarse más contra ella, haciéndola chocar toscamente con la fría pared de roca detrás. Aunque ahora que lo pensaba, ya no la sentía tan helada, ni ella tan furiosa. Inconsciente del poder que Thorin comenzaba a tener sobre ella, se dejó envolver por la abrumada sensación de calor que el enano le brindaba. Cerrando los ojos al sentir los labios de él seguir besándola de una manera más calmada, Hermione torpemente le correspondió.

Thorin continuó el beso por un poco más, el remordimiento y la necesidad le obligaron a acrecentar el contacto. La había sentido tensa, asustada y desconcertada al inicio, pero ahora ella temblaba y le correspondía tímidamente, moviendo sus labios junto a los de él, abriendo ligeramente la boca para darle acceso. E instintivamente se olvidó de todo, sólo la sentía, cálida y suave, pegada a él.

Quitó sus manos del rostro de la muchacha, deslizándolas con delicada lentitud hasta abarcar la estrecha cintura, donde estrujaron con fuerza arrancándole un gemido a la mujer que ahora temblaba en sus brazos y terminó por enloquecerlo.

Con ambas manos, el enano levantó las piernas de la muchacha y Hermione rodeó su cintura con ellas. Se aferró a él por los hombros, enterrando los dedos en los anchos hombros mientras arqueaba la espalda al sentir como las manos de Escudo de Roble apretaban sus caderas contras las suyas, pegando la dura erección contra su vientre y la lengua de Thorin emulando una penetración en su boca.

Muéstrame—escuchó la voz de él tras el breve momento en que sus labios se separaron—Muéstramelo—volvió a susurrar.

Hermione abrió de poco en poco los ojos, sabía lo que Thorin estaba pidiéndole, aunque sonara como una orden, ella detectó la súplica en su voz.

Observándolo directamente a los ojos, la mestiza lo tomó por los perfiles de su rostro y pegó ambas frentes. Emitiendo un último respirar y suspiro cansado, entró en la mente del enano y le permitió observar sus recuerdos. Sin restricciones, sin protecciones mentales, sin barrera de por medio… Cuando escuchó el quejido de Thorin por la intrusión, tomó el grupo de memorias y las empujó hacia el frente, bombardeándolo con miles de imágenes.

Lo primero que Hermione le mostró fue la vez que se conocieron en Bolsón Cerrado, los meses siguientes desde que emprendieran la travesía, los extraños sueños junto a la voz susurrante en su cabeza, el primer beso que él le dio, la llegada y partida de Rivendell, la lucha contra los trasgos de las montañas, el enfrentamiento de Azog, el asilo en la cabaña de Beorn y el acuerdo al que llegaron, la aceptación a ser su esposa, la entrada al Bosque Negro y lo que vivieron dentro de él, además de la última conversación que sostuvo con Gandalf antes de que el mago partiera. La plática que tuvo con Thranduil, la constante vigilancia de Legolas y sus interrogatorios cuando estuvo en los calabozos del palacio, el intento de violación de Valrohir, la oportunidad que tuvieron de escapar y como es que llegaron hasta la Ciudad del Lago, el diálogo entre Balin y ella en la casa de Bardo, la noche antes de partir hacia la montaña y la noche de ayer cuando discutieron.

Cerrando los ojos, retiró las manos del rostro de Thorin, llevándolas a su propia cara y cubriéndola.

—Todo lo que quería era mantenerte a salvo—se escuchó su voz, amortiguada por las manos—De lo que fuera, de quien sea…

Ava…—el enano se encontró atónito, todavía procesando todo lo que ella acababa de mostrarle. Tomando las manos de ella entre las suyas, la instó a permitirle verla.

Cuando lo logró, el corazón de Escudo de Roble se retorció.

Perdóname, Thorin—suplicó ella al borde de las lágrimas—Por favor, perdóname…—volvió a pedir y, eventualmente, ella no aguantó más y volvió a taparse la cara dejándose vencer por el llanto.

Oh, Ava—murmuró él, rodeándola en un abrazo y enterrando su rostro en el cabello de ella—Eres tú la que tienes que perdonarme. Fui injusto y me comporté como un idiota contigo. Pero tenía miedo, me sentí aterrado al comprender que no podría protegerte. De llegar a pensar que incluso podría perderte…

Thorin…—susurró ella.

Ekespu menu men o targu men—ella lo sintió temblar un poco—Menu tessu, menu zirup men—apartándose, la sostuvo delicadamente del rostro—Perdóname, Ava…—y Hermione se estremeció antes su palabras.

Suspirando, se limpió las lágrimas.

Debería odiarte en este preciso instante, ¡diablos que tendría que hacerlo! Pero no puedo—sorbiendo ruidosamente, rió a la vez que más lágrimas escapaban de sus ojos—¡Maldita sea, te amo!

Él también se rió y la besó en la coronilla a la vez que volvía a apretarla.

Lo sé.

Hermione bufó con fuerza al escucharlo, separándose de él le dio un golpecito en el brazo. No llevaban ni 5 minutos de haberse reconciliado y el maldito enano sacaba a relucir su egolatría. Componiendo su mejor cara de falsa indignación, le apuntó acusatoria.

—Aunque no esperes que esto signifique que no continúe molesta.

La expresión habitualmente impasible de Thorin se quebró en una sonrisa al escucharla. Porque de hecho, era justo lo que deseaba oír.

—Me alegra escucharlo—dijo él, con una expresión de triunfo y que a ella no le dio buena espina—Porque conozco la manera perfecta para eliminar ese enojo.

Y antes de que ella dijera algo, él se apoderó de su boca.

Hermione sintió su corazón latir acelerado, no le podía pasar esto. Apenas había logrado reponerse de su reciente pelea, de su vigorosa sesión de besuqueo y del drama lagrimoso que acababan de pasar. Y ahora ahí lo tenía, frente a ella y asaltándola sin vergüenzas y con obvios motivos que concluían a uno encima del otro. El simple pensamiento le erizó los bellos.

Sin dejar de besarla, Thorin maniobró con ella en brazos y la cargó hasta recostarla en la improvisada manta que fungía como cama, colocándose sobre su cuerpo. Una sensación que hizo sentir nerviosa a Hermione por la fuerza posante, dominante pero sumamente tierna que él tenía para colocarse entre sus piernas.

—Tho-Thorin, ¿qué haces?—preguntó desconcertada—Detente, ¡ah!—gimió al sentirlo embestirla sobre la ropa.

Silencio, preciosa—susurró él quedamente.

—Para, por favor—suplicó con la voz entrecortada, apenas lograba contener los gemidos que él le arrancaba, luchando con la tentación de enredar sus dedos en la negra cabellera del enano—Alguien nos verá o escuchará.

En verdad pedía que se detuviera, aunque no deseara que lo hiciera.

Nadie lo hará. Sólo tenemos que ser discretos, pequeña—volvió a interrumpirla y continuó besándola, ingresando la lengua en su boca.

Cerró los ojos cuando él comenzó a deslizar sus labios por la mandíbula, delineándola hasta llegar a su cuello donde lentamente pasó la húmeda lengua y le dio una leve mordida. Ese pequeño lapso de dolor le hizo recobrar la racionalidad.

"Discretos mi culo" blasfemó.

Aferrándolo por los hombros, comenzó a empujarlo.

—No—dijo—Suéltame—habló firme, incluso se escuchaba molesta—¡He dicho que te detengas!—y su grito fue lo suficiente para pararlo.

Ella trató de salir de la posición en la que se encontraban, pero él la retuvo, tomándola por las muñecas y aprisionándola bajo su cuerpo.

—¿Por qué?—preguntó burlón. Hermione luchó por no poner los ojos en blanco.

—¡Ja! ¿Por qué?—repitió ella, obviamente enfadada—¿Acaso creíste que podrías llevarme fácilmente a la cama? Aun continuo molesta y lo que menos quiero es tenerte encima de mí.

Thorin le dio una sonrisa torcida.

—Entonces móntame esta noche—sugirió, guiñándole un ojo.

Hermione no podía creer lo que acababa de proponerle.

—¡Maldito enano pervertido y cretino!—espetó furiosa, forcejeando porque él la soltara, pero sin lograrlo—¡Suéltame en este jodido instante!

—No lo haré, Hermione.

Ella gruñó y deseó poder arrancarle los ojos. Volvió a retorcerse, luchando contra él, pero al cabo de unos pocos intentos se rindió. Aunque odiara admitirlo, Thorin tenía fuerza descomunal para hacerle frente.

—¡Ay! ¡Te odio!—exclamó.

Thorin rió al escucharla y eso sólo hizo aumentar el enojo de la mestiza.

—Ambos sabemos que eso no es cierto—le dijo, pero ella le lanzó un siseo—No puedes odiar a la persona a quien retratas tan detalladamente en un pedazo de pergamino viejo.

Hermione se tensó al instante. ¿Qué acababa de decir? ¿Retratar? ¿Pergamino viejo? ¿Acaso Thorin estaba hablando del dibujo que ella hizo de él cuando escalaban las Montañas Nubladas? No, no podía ser posible, el enano jamás se enteró de la existencia de ese retrato, ella no recordaba haberle mostrado ese recuerdo… Pero entonces, algo hizo clic en su mente. Había perdido el dibujo alrededor de los días de haber salido de la casa de Beorn, y su último recuerdo de él fue tenerlo en las escaleras del porche del cambia pieles, lo que quería decir que… Y antes de que ella hablara, Thorin le soltó una de las muñecas para enseñarle un pedazo de pergamino con un dibujo muy familiar.

—No es posible que digas que me odias—habló el enano—Porque este dibujo, que tan celosamente guardabas y observabas a hurtadillas, me dice lo contrario.

—Dame eso, es mío—exigió. Extendiendo una mano trató de tomarlo, pero Escudo de Roble lo alejó.

—Ya no lo es más—dijo, arrugándolo entre sus dedos y aventando la bola de papel a cualquier dirección—¿Por qué querrías un retrato cuando tienes al original?

Las mejillas de Hermione se volvieron rojas al escucharlo.

—¡Thorin!—exclamó alarmada.

Se encontraba muerta de vergüenza. Jamás pensó que él, de entre todas las personas posibles, llegara a tener conciencia de ese dibujo. Había sido uno de sus placeres que ocultaba respecto a él, el poder observarlo en un pedazo de papel sin que Escudo de Roble se enterara cuando tercamente se negaba a ceder a sus sentimientos. Y ahora que Thorin lo sabía, le resultaba vergonzoso, sobre todo porque conocía al enano y él no le dejaría pasar tal hecho, además de que este nuevo conocimiento sólo serviría para aumentarle el ego.

"¡Vaya estúpida de mí!" se alteró "¡Todo este tiempo él lo tuvo y supo de mi afición por verlo en un dibujo! ¡Por Durin! ¡Qué pena y qué vergüenza! ¡Maldito seas, Thorin!"

El enano rió al detallar en el mar de alteraciones en el que ella se encontraba. Sonriendo de lado, satisfecho, le dijo:—Te propongo un trato.

Hermione lo observó con el ceño levemente fruncido.

—Olvidaré tu extraño amor por un dibujo de mí, si a cambio me das un beso.

Ella sintió un tic nacerle en el ojo izquierdo.

—Ese es un truco muy viejo, incluso para ti—pero Thorin no le tomó importancia.

Reprimiendo la gracia que la situación le daba, Hermione se mordió el labio inferior indecisa. Estaba molesta, es cierto, pero también quería continuar la noche con él, ¿qué debía hacer? ¿Golpearlo y caminar de regreso al campamento? o ¿Dejarse llevar y lidiar con las post-discusiones luego?

Sintiendo la erección de Thorin comenzar a frotarse contra ella nuevamente, Hermione se dijo que batallaría después con su molestia, por ahora fingiría que no la tenía. Ya se las arreglaría mañana.

El resto de la noche fue un caos total. O algo muy semejante.

Thorin luchó contra su instinto por arrancarle los pantalones a Hermione y bajarse los suyos, sobre todo cuando la escuchaba gemir y jadear cada vez que la envestía con la ropa puesta. Pero para lo que no tuvo reparos fue para quitarle el abrigo y, literalmente, destrozarle la camisa. Algo que la muchacha no aprobó y se quejó por ello, pero que él no le dejó continuar al callarla con un beso.

Ni siquiera fue consiente de cuando él se quitó su propia camisa o de las hábiles manos de Hermione que liberaron su miembro, después de deshacerse de los estorbosos pantalones y permitiéndole rozarse. Sólo hasta que el desgate físico le cobró factura, sintiéndose completamente agotado, fue que se dejó caer junto a ella.

Moviendo un poco las brasas y echando más leña al fuego, permitió que Hermione se medió vistiera antes de atraerla en un abrazo, cubrirlos a ambos en un intento de cobija con el abrigo y dormir plácidamente. Ella pronto se quedó dormida, pero Thorin la observó un tiempo antes de cerrar los ojos.

[…]

Fue muy entrada la mañana cuando Thorin y Hermione regresaron. Más no lo suficientemente tarde para que el resto de la Compañía, a excepción de Dwalin, notaran su ausencia.

No pasó mucho cuando el resto de la enorme camada de enanos comenzó a despertar. Y como cada día, al asomar la mañana, el ruido y las labores matutinos iniciaron: recoger el campamento, guardar las mantas, cargar las mochilas y atarlas al testarudo poney, desempolvar los sartenes y obligar a Bombur a realizar el desayuno, mientras el resto refunfuñaba y exclama por la presencia del único platillo que el enano se entercaba en preparar, etc, etc, etc. Y todo hubiera transcurrido a la perfecta normalidad rutinaria de no ser por un insignificante y minúsculo detallito, que ahora, poniéndole la debida atención, no era ni insignificante ni minúsculo, sino muy, muy, muy llamativo: Thorin.

Hermione sentía la creciente necesidad de desmembrar y desollar al maldito enano, pieza por pieza, además de lenta y dolorosamente. Ella continuaba molesta, no como el día anterior ni como cuando tuvieron la plática-discusión-reclamo en la noche pasada, y no mentiría al decir que no se encontraba feliz por arreglar la situación entre ellos, porque lo estaba (enormemente dichosa), pero en ese momento se hallaba en un nivel donde la actitud estúpida de Thorin le hacía enfadar.

¿Y por qué? Se preguntarán ustedes.

Bueno, porque desde que habían regresado al campamento, Escudo de Roble comenzó a actuar de una manera muy inapropiada, o extraña en palabras de otras personas, con ella. Sentándose muy cerca, observándola con ojos repletos de atención, y si eras muy meticuloso lograbas detallar la brillante lujuria que le dirigía. Incluso se atrevió a extender una mano hacia ella para tomar un mechón de cabello, enrollarlo un momento como si estuviera jugando con él y colocarlo tras su oreja. La mestiza casi podría jurar que de ser posible lo habría llevado hasta la nariz para olerlo. Ya no estaba segura de cuánto tiempo más sería capaz de soportar este comportamiento consciente o inconsciente que Thorin había decidido adoptar aquella mañana.

Lo peor de todo, es que la multitud de enanos comenzó a notarlo…

—Creo que estos dos ya arreglaron sus diferencias—la voz de Bofur era un murmuro en el oído de Nori, aunque no fue un impedimento para que la joven mujer le escuchara.

El aludido asintió.

—Me pregunto, ¿de qué manera lo habrán hecho?—preguntó Nori con el doble sentido en las palabras, pero Bofur se encogió de hombros.

Hermione estaba que echaba humo por las orejas y fuego por la boca, ni siquiera transcurrieron 20 minutos cuando los susurros comenzaron, y estaba a casi nada de jurar que asesinaría a Escudo de Roble si no se detenía.

Sumergida en su propio calvario, fue inconsciente de la siniestra sonrisa traviesa que le cruzó por los ojos al enano más chismoso y grillero de la Compañía.

—¡Oye, Hermione!—el grito de Bofur no fue alto, pero si lo suficientemente elevado para que toda la Compañía le escuchara—¿Es la camisa de Thorin lo que llevas puesto?—en menos de un segundo 13 cabezas la observaron atentamente.

Ella se quedó estática, sin hablar siquiera. Sabía que tenía que decir algo, gritar, blasfemar, exclamar o incluso amenazar de muerte si era necesario, pero no hizo nada de eso. En su lugar, un suave quejido brotó de su garganta y un furioso sonrojo le barrió las mejillas y parte del cuello al recordar que efectivamente llevaba puesta la camisa de Thorin. Pero no porque se tratara de un cliché o fantasía post-sexual, si es que usaba la maldita camisa del enan era porque el bruto, estúpido, neandertal, Escudo de Roble había destrozado la suya, literalmente hablando. Algo que él arregló dándole la que llevaba, consiguiendo después otra para usar de Dwalin.

Después de lo que parecieron eternos 10 segundos, su sentido volvió. Junto a un enojo que no se molestó en ocultar.

—Si deseas mantener esa maldita lengua pegada a tu boca, ¡cierra el pico!—el grito de Hermione logró que los hombrecillos retrocedieran un paso. Sobre todo Bofur, quien se escudó detrás de Oin y Bombur, como si la gran circunferencia de los cuerpos de ambos enanos le brindara una barrera para protegerse de la ira de la esposa de Su Rey.

Lanzando un gruñido, que más bien pareció un relincho, la mestiza tomó sus cosas y emprendió el rumbo, sin molestarse en voltear o verificar que le seguían. La Compañía se tomó una distancia de 10 minutos antes de iniciar la caminata, aunque todavía algo temblorosos.

—Parecer ser que te divertiste anoche—el tono jocoso de Dwalin no le hizo gracia a Thorin, pero tampoco le molestó.

Observándolo por el rabillo del ojo, sonrió en complicidad.

—Si—afirmó, con la sonrisa ensanchándose ante el caliente y húmedo recuerdo de su tierna y pequeña esposa bajo él—Lo hice—y la carcajada de Dwalin rompió el silencio.

Bilbo se llevó ambas manos a las orejas en un intento desenfrenado por evitar escuchar más información de la ya dada. Para él, había sido suficiente saber que Thorin y Hermione pasaron la noche juntos arreglando sus diferencias, y no deseaba enterarse sobre los detalles que dicha plática tuvo. Un pensamiento que Fili compartió, definitivamente.

30 minutos después, el enojo de Hermione se aplacó. Tanto, que disminuyó el paso y permitió que la Compañía le alcanzara, incluso que la rebasara hasta quedarse en los últimos puestos con el amigable Señor Bolsón justo frente a ella. Y tal vez el resto de su mañana habría seguido tranquila, de no ser por la presencia de cierto ser que tuvo la brillante idea de caminar a su lado.

Girando el rostro, se concentró en observarlo cuidadosamente, y él lo notó.

—¿Hay algo que desees decirme?

Hermione frunció el ceño ante la pregunta.

—No pretendas hacerte el desentendido. No te queda, Thorin—gruñó airosa.

Él enarcó una oscura ceja en respuesta.

—¿De qué diablos te estás quejando ahora, mujer?

—Tú sabes a lo que me refiero—le acusó. Acercándose un poco más al enano, le dijo en susurros:—¿Quieres dejar de actuar de esta manera? Es escalofriante y antinatural, asustas a los demás. Pareces un idiota en pocas palabras.

Thorin sonrió de tal manera que daba a entender que tenía conocimiento sobre algo que no estaba dispuesto a compartir.

Oh, Ava—Hermione sintió los bellos de la nuca erizársele—Estas buscando una excusa para que peleemos, pero yo sigo feliz por nuestra reconciliación.

Apretando los labios, ignoró el removimiento de entrañas que sus palabras le causaron.

Enano estúpido…—susurró en Khuzdul, claramente molesta porque él intuyera sus intenciones de iniciar una pelea, incluso realizó un puchero con los labios.

A Thorin le divertía la reacción de la muchacha, incluso le parecía tierno el infantil refunfuño de sus labios y las mejillas sonrojadas por la agitación y la vergüenza de ser descubierta. Sonriendo de lado, una idea le cruzó por la mente.

Echando un rápido vistazo hacia el frente, percatándose primero de no estar siendo observados por el resto de la Compañía y convenciéndose que nadie volteaba, dio una gran zancada hacia ella. Tomándola ágilmente por la muñeca, la hizo girar en una vuelta completa, y antes de que ella exclamara, él la sujetó por la barbilla y la besó.

Fue tan veloz que a Hermione no le dio tiempo para reaccionar. Fue tan inesperado que ella no supo que hacer. Y tal como así de rápido vino, rápido se fue. Para cuando se percató de lo que acababa de suceder, Thorin había vuelto a caminar y ella aún continuaba parada y con la misma expresión ida y desconcertada. Y a pesar de no poder mirarle la cara, Hermione sabía que Escudo de Roble llevaba una burlona sonrisa en el rostro.

Sintiendo un tic en el ojo derecho, se preguntó si esta sería suficiente justificación para el castramiento que deseaba realizar. Pero al pensar detalladamente en la situación, se dijo que podría tomar venganza de otra forma.

Pasándose una mano por el cabello, lo peinó hacia atrás y un lado hasta dejar visible la piel desnuda de su cuello. Enganchando algunos rizos cortos tras su oreja, comenzó a caminar para alcanzar a Escudo de Roble. Cuando lo hizo, estiró su mano atrapando entre sus dedos un mechón de cabello, y mientras lo colocaba junto al resto, se acercó hasta hacer rozar sus labios con la oreja del enano.

Sonriendo traviesa, emitió un ligero suspiro antes de hablar suave y concupiscentemente.

Te amo—le dijo, permitiéndose acariciar la piel de la oreja con cada movimiento de los labios y sacando con malicia la punta de la lengua al hablar, aunque no fuera necesario.

Antes de retirarse, depositó un ligero beso y sonrió orgullosa al sentirlo estremecerse.

Esta vez fue el turno de Thorin de quedarse atrasado. Jadeando y luchando con el impulso de seguir estremeciéndose, no puedo evitar hinchar el pecho en clara apreciación por suesposa. Ella había sido astuta, porque al final Hermione se hubo quedado con la última palabra. Emitiendo un sonido roncó desde su pecho, se volvió a recordar que esa mujer definitivamente sería su muerte.

El resto de la mañana trascurrió con normalidad, la Compañía siguió su largo caminar sin interrupciones o descontentos, y para alivio de Hermione, Thorin había vuelto a ser el mismo enano gruñón y testarudo de siempre. Después de un tiempo, la tarde arribó y con ella el buen ambiente del pintoresco grupo se volvió más jovial. Tanto que incluso los enanos comenzaron a cantar con Bofur como la voz principal. La muchacha se peguntó si acaso los hombrecillos no conocían otras letras, porque llevaban repitiendo la misma canción por las última horas. Grande fue su sorpresa al encontrar al Sr. Bolsón acompañando el balbucear de los enanos, y mucho no tardó para que ella se les uniera, prestando su flauta para, al menos, dar un toque musical.

Del frío aire invernal
Y la lluvia de montaña
Nació esta fuerza colosal
Tan hermosa como extraña
Serrar y cortar, sin parar
Los bloques de hielo amontonar
Ni un momento descansar
Un golpe has de dar
Y su corazón quebrar
Hay una magia muy fuerte en él
Más fuerte que un hombre
Más fuerte que diez
Más fuerte incluso que cien
Tan fuerte y suave en la frialdad
Con valentía y altivez
Mazos y antorchas a la vez
Perforamos sus entrañas
Es un tesoro que tocar
A excavar sin descansar
Este hielo hay que romper
Un golpe has de dar
Y su corazón quebrar

Y así siguió dando vueltas la canción entre la Compañía, una y otra vez. Y aunque a Hermione le comenzaba a resultar tediosa, al final decidió encogerse de hombros y zambullirse en el alegre humor del grupo. Incluso se unió a una conversación con el adorable hobbit cuando este le preguntó sobre el mensaje de la canción. La mestiza le explicó que se trataba de una melodía muy conocida en las Colinas de Hierro, sobre todo entre los Cosechadores de Hielo quienes eranenanos que se dedicaba a la venta de hielo en la ciudad.

Bilbo, desde luego, le imploró que le dijera más al respecto, y ella, imposible de negarse a los ojos de cachorro suplicante del mediano terminó accediendo. Inhalando y exhalando a profundidad le contó su experiencia con los Cosechadores de Hielo y de cómo estos hombrecillos se levantan a las primeras horas del día, emprendiendo largas caminatas hacia los grandes lagos congelados donde cortaban enormes bloques de hielo que luego subían sobre gruesos trineos para venderlos en las ciudades.

El querido Señor Bolsón se encontraba en un éxtasis de felicidad. Para él hablar y escuchar historias de otras culturas siempre le era una alegría. Conocer y reunir detalles sería su pasatiempo más preciado. Hermione reprimió la gracia por la expresión infantil que adornaba las facciones del humilde hombrecillo, en su lugar se encontró admirando la inocente y pura curiosidad de Bilbo por lo desconocido, que con la dulce personalidad del mediano, incapaz sería de encontrarle un mal a quien o lo que fuera.

Suspirando, sonrió mientras sentía la fría brisa golpearle la cara, rozándole las mejillas y helándole la punta de la nariz. Elevando un poco la cabeza, inhaló por la nariz y exhaló por la boca una y otra vez hasta que su sonrisa se borró. Frunciendo el ceño, tomó otro respiro, sólo que fue mucho más profundo. Una desconcertación se instaló en su rostro cuando identificó un aroma extraño y extranjero a la Compañía, pero que a la vez le resultó vagamente familiar. Pero además de la confusión, la sensación de peligro se acrecentó en su pecho y los bellos crispados en su nuca sólo sirvieron para elevar su desorientación.

—Esperen…—susurró hacia los enanos, pero estos siguieron cantando alto y sin preocupación alguna del extraño peligro—Cállense…—volvió a repetir, y aunque elevó la voz los hombrecillos no le escucharon—¡Silencio!—terminó por ladrar, furiosa por la desconciencia de los suyos, a pesar de saber que mantener un perfil bajo era esencial.

La Compañía calló al instante.

—¿Ocurre algo, mestiza?—Dwalin fue el primero en volver abrir la boca.

Hermione le gruñó en advertencia.

—¿Qué es?—le siguió en preguntar Bofur.

Pero ella le pidió omitir sus preguntas con un gesto mientras trataba de escuchar algo más allá de los barullos que la Compañía emitía.

—¿Qué pasa?—preguntó ya sin paciencia Kili.

—¡Guarden silencio, maldición!—volvió a ordenar, lanzándole una mirada de irritación a cada integrante. Una mirada que provocó que cada pregunta fuera tragada, digerida y desechada por completo.

Estirando el cuello, ladeó la cabeza en distintas direcciones tomando grandes aspiraciones para determinar de qué lugar provenía el misterioso, pero familiar, aroma.

Se mantuvo guardando los gruñidos al no encontrar un rastro fijo. Aun cuando había elevado sus sentidos al máximo, no estaba siendo suficiente para identificar algo en concreto. Lo único beneficioso que obtuvo fue percatarse que el extraño aroma no pertenecía a un individuo, sino de un conjunto. Y eso no le dio una buena señal, además de empeorar su frustración.

¿Ava?—la pregunta salió de los labios de Thorin como un susurro siendo arrastrado por el viento, para los demás fue como si Escudo de Roble jamás hubiera emitido una palabra, pero para los oídos de Hermione fue perfectamente audible.

Apretando la mandíbula, se volteó hacia el enano.

No estamos solos.

Un jadear general se escuchó en toda la Compañía y, a pesar de que su respuesta fue dicha en Khuzdul, Bilbo lo entendió sin necesidad de una traducción.

—¿Cuántos?—cuestionó Gloin, aferrando el hacha entre ambas manos. No fue el único, los demás se encontraban en posiciones similares.

—Muchos—respondió ella, vagando la mirada a su alrededor, deteniéndose minuciosamente en diferentes puntos del perímetro cuando detallaba en algo que asemejaba a ser sospechoso.

—¿Orcos?—preguntó Balin, siguiendo el ejemplo de Hermione.

La muchacha negó con la cabeza, pero con sus ojos firmemente vigilantes en la extensa y árida tierra que los rodeaba. Bilbo pensó, al verla, que Hermione parecía estar al acecho o con la sensación de que, sea lo que fuera que se encontraba cerca, repentinamente aparecería de la nada. Aunque, razonando un poco consigo, se dijo que eso no sería nada nuevo.

Pero con la angustia aun instalada en su pecho, llevó su mano hasta la empuñadura de su espada, desenvainándola y soltando un suspiro de alivio al detallar que esta no irradiaba una luz de tono azulado.

—No, la esencia es muy diferente—explicó la mujer—Se parece a-

Thorin frunció el ceño ante la repentina interrupción.

¿Ava?—la llamó, pero ella no le dio respuesta, ni siquiera volteó hacia él.

En su lugar, la mirada de la mestiza se encontró perdida y anclada en la lejanía. Desconcertado, trató de dar un paso hacia ella, pero entonces la observó alzar la cabeza y tomar una fuerte aspiración a la vez que cerraba los ojos, con los hombros y la espalda visiblemente tensados.

Nadie en la Compañía se atrevió a moverse o a pronunciar una palabra. Ni siquiera en sus mentes.

Sangre—habló finalmente. Girando repentinamente la cabeza, apuntó hacia la cima de un follaje—Del otro lado de la colina.

Thorin asintió comprendiendo el mensaje al instante.

—Dwalin, Fili, Kili—los tres asintieron, comenzado a retirarse el equipaje y sólo tomando entre manos las armas que llevaban. Thorin hizo lo mismo, pero cuando dio medio vuelta, observó a sumujer parada férreamente ante él con el arco y las cuchillas sobre ella. Soltando un suspiro, añadió con la mandíbula apretada:—Hermione—y ella asintió, agradecida y complacida.

Maldiciéndola en su fuero interno, Escudo de Roble gruñó al saber que aunque hubiera discutido con ella para que se quedara con el resto de la Compañía, al final accedería para que los acompañara. Hermione era tan terca y obstinada como él, pero al menos Thorin le daba la libertad de ganar ciertas batallas. Sólo algunas. De todos modos, también había aprendido que tener a sumujer como apoyo en un combate era un beneficio, y no dudaba que Hermione lograría salir mayormente ilesa, pero eso no significaba que dejaría de preocuparse por ella.

Observando al resto de la Compañía, habló:—El resto de ustedes permanezcan aquí—y habiéndolo ordenado, los cuatro comenzaron a alejarse.

Siguiendo ordenadamente a Thorin, con Hermione detrás, escalaron cuidadosamente la ladera de la colina, colocándose boca abajo cuando llegaron a mitad del camino y comenzado a arrastrarse entre la tierra y la hierba seca, evitando los guijarros y piedras sueltas. Cuando llegaron a la cima, y ayudados por las grandes rocas situadas en la cumbre de la colina de las cuales se hincaron detrás para permanecer ocultos, se asomaron de poco en poco hasta lograr tener una vista completa de aquello que se encontraba del otro lado, observando entre los huecos de las inmensas rocas con cautela y en silencio.

—¡Mierda!—exclamó Dwalin—¡Lo que nos faltaba!

—Creo que prefiero a los orcos—protestó Kili, y Fili asintió secundando las palabras de su hermano.

—Primero una planta carnívora intenta devorarnos, después un maldito elfo rubio nos visita, y ahora esto—bufó Fili, dejando caer los hombros y hundiéndose más en la grava bajo sus pies.

Dwalin le golpeó la cabeza con la mano, regañándolo para que evitara seguir hablando y terminaran descubriéndolos. Mientras que Hermione los observó incrédula, no podía creer que con la presente situación ambos hermanos se encontraran bromeando.

Rodando los ojos al escucharlos y negando con la cabeza, se volvió para mirar a Thorin. El enano no había dicho ni media palabra desde que llegaron a la cima, tan sólo se limitaba en observaba, detrás de las inmensas rocas, a los seres del otro lado de la colina.

—Podríamos rodearlos—se escuchó la tosca voz de Dwalin sugiriendo una alternativa.

Hermione negó al instante.

—Olvídalo, estaríamos perdiendo 7 días en tratar de esquivarlos—dijo—Sin omitir mencionar que tendríamos que encontrarnos a 1 km, como mínimo, para evitar ser detectados.

—Entonces comienza a dar soluciones, mestiza—bramó el enano, con los dientes apretados y los ojos fijamente sobre ella—Porque me gustaría escucharte hacerlo, ya que cualquier otra idea no parece ser de tu agrado.

La muchacha entrecerró los ojos al escucharlo, no le había gustado el tono empleado en la palabra mestiza. Girándose hacia él, gruñó mostrándole los afilados colmillos, mientras que Fili y Kili observaron el enfrentamiento con una mezcla de curiosidad e inquietud.

—Solo estoy siendo razonable, Dwalin—habló ella—Rodearlos implicaría retroceder en el camino ya avanzado, sólo para volver a comenzar hacia otra dirección.

El enano se cruzó de brazos.

—Pues no veo que tu racionalidad nos saque de este problema—Hermione siseó indignada. Pero cuando pretendió abrir la boca para contestarle, un sonido, como el de una respiración anhelosa, aguda y sumamente horrorizada, la interrumpió.

El cuarteto se miró entre sí, el extraño jadeo, que había sido tan abrupto para atraer la atención de Thorin a la conversación, los desconcertó por completo.

Inclinando la cabeza hacia la izquierda, todos abrieron los ojos con sorpresa al detallar en la criatura de mediana estatura que observaba con sobresalto más allá de las enormes rocas y quien había sido el causante del misterioso jadeo.

—¡Bilbo Bolsón!—exclamó Hermione alarmada—¡¿Qué demonios haces aquí?!

El mediano se encogió de hombros al escuchar el tono de reprimenda en la voz de la muchacha. Jugando nerviosamente con el dobladillo de su abrigo, trató de fijar su mirada en cualquier otra cosa, que no fueran los ojos centellantes de la mestiza, mientras le explicaba su falta de cumplimento ante la orden de Thorin de permanecer con el resto de la Compañía.

—Se tardaron bastante y…—guardó silencio un momento, mordiéndose el labio inferior como si estuviera evaluando entre continuar la frase o dejarla como estaba. Pasando saliva, añadió:—Quería saber qué los estaba retrasando.

Fili y Kili sofocaron las risillas ante la muestra de curiosidad del saqueador, risillas que se convirtieron rápidamente en toses fingidas cuando la mirada de Thorin cayó sobre ellos.

—¡Endemoniado mediano!—protestó Dwalin, llevándose las manos a la cabeza. Bilbo podría jurar que el enano deseaba jalarse del cabello y la barba.

Hermione se pasó ambas manos por la cara, barriéndolas como si tratara de arrancarse la frustración del momento.

—Bilbo, se te ordenó que permanecieras con el resto—habló ella—¿Por qué desobedeciste?

—Lo sé, lo sé y lo lamento, pero…—envió una mirada nerviosa hacia Thorin—Tenía que ver qué los había puesto tan preocupados. Ya sabes, costumbres de un Tuk.

¡Oh por Mahal!—fue el chillido de Dwalin, uno que compartieron Fili y Kili, y mentalmente Thorin.

La mujer no supo si elevar las cejas en señal de sorpresa o incredulidad.

—¿Acaso conoces el dicho: La curiosidad mató al gato?—preguntó Fili—Porque terminarás siendo ese gato sino eres más cuidadoso, Sr. Bolsón.

Bilbo alzó la barbilla con indignación.

—No hay nada de malo en ser curioso, sólo hay que ser precavido—protestó, haciendo un mohín con los labios.

—Fili tiene un punto, Bilbo—intervino Hermione, para sorpresa de Bilbo y de Fili al darle la razón al enano—La situación no se encuentra para ser o no ser curioso en este momento.

—Yo sólo estaba-

—¡Silencio!—la voz profunda de Thorin retumbó en el lugar, silenciando la discusión con una orden—Ya tendrán tiempo para decidir quién posee la razón, por ahora concéntrense en lo que tenemos por delante.

Soltando un suspiro de rendición, Hermione y el resto asintieron.

—¡Oh, por todos los elfos de este mundo!—un nuevo jadeo provocó que los cuatro volvieran a mirar a Bilbo—¿Qué… Qué son ellos?

—Carroñeros—respondió Hermione.

El mediano arqueó una ceja.

—¿Carroñeros?—preguntó dudoso.

—Hechiceros oscuros, Bilbo, corrompidos por su propia magia—le explicó la muchacha, claramente consciente de que él jamás había visto a un carroñero en su vida.

Vacilantemente, Bilbo volvió a preguntar.

—¿Y son… peligrosos?

Hermione le permitió a los demás ser quienes le explicaran al mediano, pero ninguno lo hizo, así que tuvo que volver a contestar sus dudas.

—Créeme, Sr. Bolsón, cuando te digo que, por debajo de los dragones, es de los carroñeros de la segunda cosa que tienes que cuidarte en esta tierra.

La expresión de Bilbo se tornó temblorosa, sobre todo cuando Kili añadió:—Siempre desearás enfrentar a orcos, huargos, erumpent, nundu, trasgos, graphorn o inclusive acromántulas para evitar pelear contra un carroñero.

—¡Oh, Santo Señor de los hobbits!—jadeó conmocionado, era el tercero en la conversación.

Asustado, e increíblemente impresionado, Bilbo dejó caer toda su atención en el grupo de carroñeros.

"Carroñeros" pensó curioso.

Él siempre había asociado esa palabra hacía animales que consumían cadáveres de otros animales sin haber participado en la caza. Tales como los buitres, escarabajos, hormigas, moscas verdes e inclusive algunas arañas. Pero jamás con algún espécimen que se observara como humano, por muy mago oscuro corrompido que fuera.

Prestando suma atención, detalló en las ropas oscuras que la gran mayoría utilizaba para vestir. En los delgados y altos cuerpos que, aunque dieran la primera impresión de no poseer una fuerza bruta sobrenatural, cuando uno observaba con cuidado se percataba de los músculos rígidos que sobresalían al ejercer presión. En los cabellos sueltos y descuidadamente atados en intentos de trenzas, a Bilbo le recordaron a los nidos que los pájaros suelen construir en los huecos de su tejado. Y a las expresiones oscuras y hostiles en sus rostros que reflejaban la crueldad de sus almas, acompañadas por los hoscos y abruptos movimientos y palabras que emitían al caminar.

Nervioso, no puedo evitar tragar el amargo sabor que se le formó en la boca.

—Qué extraño…

—¿Qué es extraño?—preguntó Bilbo, inquieto por el susurro de Hermione.

—Jamás había visto a un grupo de carroñeros tan grande—le dijo.

Kili pareció estar de acuerdo.

—Es cierto—le siguió Dwalin—Generalmente viajan entre dos o tres máximo. Pero aquí puedo contar a seis—señaló, contando con el dedo a los extraños una y otra vez como si estuviera rectificando.

Algo tembloroso se obligó a encontrar su voz para preguntar:—¿Y eso es malo?

—Terriblemente, Saqueador—respondió Dwalin.

Y con eso, Bilbo tuvo suficiente. Se requirió de un gran esfuerzo para no armar un gran alboroto de desesperación dirigido a Thorin, bombardeándolo de preguntas para saber cómo escaparían de semejantes seres.

—¡Oh, mierda!—exclamó de repente Hermione. Ocasionando que los cuatro hombres la observaran y después dirigieran miradas inquisitivas a los carroñeros.

—¿Qué sucede?—preguntó Thorin, tomando la iniciativa.

Hermione gruñó antes de responder.

—Traen a un hombre lobo con ellos.

Los ojos de Dwalin y los hermanos se abrieron con sorpresa al escucharla.

—¿Un hombre lobo? ¿Dónde?—cuestionaron.

—Aquel—elevando un brazo, señaló con el dedo a un hombre de apariencia robusta—El más alto y de cabello oscuro.

Hubo un momento de silencio antes de que el silbido de frustración brotara de los labios de Dwalin, seguido de Fili, Kili, e inclusive de Thorin, y por supuesto de Bilbo.

—Demonios…—murmuró Fili, pasándose ambas manos por la barba y nuca.

—¡Increíble!—exclamó en tono bajo el menor de los hermanos, aunque no lo suficiente para evitar ser interrogado con la mirada por el resto para saber el porqué de esa exclamación. Riendo tontamente, añadió apresurado:—Eh, no lo tomen a mal, sé que es bastante malo pero no deja de ser sorprendente. ¿Saben? Hace años que no veía a un hombre lobo.

Suspirando, Thorin evitó poner los ojos en blanco.

—Yo digo que debemos regresar, antes de que nos descubran—esta vez fue el turno de Hermione de evitar suspirar y rodar los ojos.

—Ya te lo dije, Dwalin, rodearlos sólo nos hará perder días—le explico nuevamente—No llegaríamos a tiempo a la Montaña.

—Entonces, ¿qué propones? ¿Enfrentarlos?—preguntó, el tono en su voz se había vuelto irritante y quejumbroso—Son cinco jodidos carroñeros, además de que tienen a un maldito hombre lobo, ni muerto pensaría en atacarlos.

Ella lo observó como una expresión obvia y sarcástica.

—¿Quién dijo algo sobre atacarlos?—le cuestionó, retándolo a que la acusara de instigar a un enfrentamiento suicida.

—¡Es lo que parece que estás dando a entender!—respondió, avanzando medio paso hacia ella.

Hermione gruñó mostrándole los colmillos pero Dwalin no retrocedió.

—Tal vez…—se escuchó la voz de Kili interrumpiendo—Hermione pueda ayudar.

Tanto Dwalin, Fili y Hermione arquearon una ceja.

—¿A qué te refieres?—preguntó la mujer.

—Posees magia, ¿no es así?—Kili se explicó y eso atrajo la atención de Thorin—Tenemos al menos una ventaja.

Pero Hermione lejos de asentir para secundar las palabras del joven enano, sólo frunció el ceño y negó levemente.

—Mi magia no es como la de ellos—dijo—Sé realizar hechizos y utilizarla en combate, pero nada más.

—¿Qué acaso los elfos no te enseñaron?—le cuestionó Fili y Hermione deseó fervientemente que la lengua del enano se mantuviera pegada al paladar.

—Sí, pero ellos sólo me instruyeron lo que consideraron necesario…—le respondió a regañadientes. Ahora fueron Fili y Kili quienes fruncieron el ceño, además de Bilbo. Haciendo una pausa, se dio algo de tiempo para explicarles:—La magia de un carroñero es más poderosa y oscura, y yo a penas logro controlar la mía en niveles de exceso. Utilizarla de esa manera sería más un daño que un beneficio, créanme—y los demás lo entendieron.

Los hombros de Kili se desplomaron en consecuencia.

—Entonces, seguimos sin un plan…—las palabras de Bilbo hicieron eco en el silencio que le siguió, y que los demás integrantes no se molestaron en corregir.

Al menos tres de ellos.

Ava—llamó Escudo de Roble—¿Crees tener el control suficiente para realizar un hechizo de Aparición?

Hermione observó curiosa a Thorin.

—¿Un Hechizo de Aparición?—repitió la pregunta y el enano asintió—No lo sé, sólo lo he hecho una vez—le dijo, recordando la ocasión del enfrentamiento con los dos nundu en el paso de las Montañas Nubladas.

—Y lo lograste—concertó el enano.

Ella negó levemente.

—Fue sólo suerte, bien podría haber fallado—le dijo, todavía con la negación de lo que su esposo podría estar insinuando, pero Thorin se mantuvo firme en su idea.

—Hermione—contuvo la respiración cuando lo escuchó llamarla por su nombre—¿Crees poder hacerlo o no?

Su respiración se volvió errática.

—No, Thorin, son demasiados—dijo con desesperación. Acompañando sus palabras con leves sacudidas de cabeza—Lo más probable es que termine despedazándolos al intentarlo.

Ladeando la cabeza, Escudo de Roble observó a Dwalin de una respuesta al riesgo que Hermione acababa de exponer de usar un hechizo de Aparición.

El viejo enano tatuado suspiró antes de responder en nombre de los dos hermanos, el hobbit y el resto de la Compañía.

—Es eso, y tal vez morir descuartizados por el hechizo—dijo el primer punto—O enfrentar a los carroñeros y ser asesinados por ellos—señaló el segundo.

Sosteniéndose el puente de la nariz y apretándolo un poco, Thorin suspiró y asintió internamente tomando una decisión.

—No hay alternativa—dijo observando a los demás—Intentaremos el hechizo—y los ojos de Hermione se abrieron con terror al escucharlo.

Thorin, no creo que sea una buena idea—comenzó a decir con angustia—Qué tal si… Qué tal si… Si yo…

Shh, tranquila—le habló en un tono suave. Tomándola por los hombros, observó la alteración en sus ojos y trató de apaciguarla emitiendo leves susurros y acariciando sus mejillas. Sosteniendo su cara entre manos, la obligó a mirarlo—Confío en ti. Todos lo hacemos—le dijo, transmitiéndole seguridad en sus palabras.

Hermione aun algo temblorosa y angustiada lo miró largamente. Debatiéndose entre acceder y realizar el hechizo, pese a las desastrosas consecuencias, o tomar la segunda opción y retroceder para iniciar en otro camino lejos de los carroñeros. Porque era bastante claro que nadie, ni siquiera ella, deseaba enfrentar a esos seres.

Apelando a su lado sensato, se dio cuenta que llevar a cabo la aparición era la mejor alternativa con la que contaban. Tratando de no hundirse en sí misma, aceptó.

De acuerdo—murmuró con aflicción. Sólo esperaba que no ocurriera una desgracia.

Thorin asintió.

Vamos—le indicó, tomándola ligeramente por el brazo.

Los demás captaron la acción y comenzaron a retroceder, manteniéndose lo más silenciosos posible.

Arrastrándose de regreso, Kili aguardó hasta que su hermano pasara primero para seguirlo, pero cuando colocó la punta del pie en la primera plana de la ladera de la colina no midió bien el peso y la roca bajo la bota resbaló ocasionando que Kili se tambaleara hacia atrás, con la espalda arqueada y los brazos balanceándose para no terminar rodando por la empinada.

Justo antes de que su peso terminara por ceder a la caída, Bilbo, que todavía no bajaba, se impulsó hacia adelante sujetando a Kili con una mano en el abrigo y la otra en un brazo, y cuando lo tuvo lo arrastró de regreso a la cima. Pero entre el proceso de jalar y estabilizar a Kili, el mediano no se percató de lo cerca que se encontraba de una de las enormes rocas, y cuando dio un paso hacia atrás para equilibrarse terminó golpeándola y la misma cedió ante el impulso del empuje ocasionando un derrumbe de tierra y roca hasta la base del campamento de los carroñeros.

Parado en su lugar, sin moverse o respirar siquiera, el Sr. Bolsón observó en estado de shock el enorme hueco que se abrió entre la cordillera que los mantenía ocultos y que ahora lo deja ver. Sin saber qué hacer, sintió que el alma se le escapaba del cuerpo cuando seis pares de ojos hostiles se clavaron sobre él. Aun inmóvil, miró a uno de los carroñeros alzar un brazo y señalarlo a la vez que gritaba que lo atraparan, y después como el resto estiraba sus manos gritando palabras que no reconoció.

Stupefy.

Atónito, observó como un chorro de luz roja se dirigía hacia él.

—¡Bilbo!—escuchó el grito de Hermione, pero no se movió, sus pies no le respondieron. Sólo regresó en sí cuando se sintió siendo jalado y apartado.

Agachándose, mantuvo la cabeza entre las piernas cuando escuchó el impacto del hechizo contra las rocas a su alrededor. No pasó mucho cuando se escuchó otro grito airado.

Reducto—y en un simple parpadeo, las rocas que los protegían se desvanecieron en una fuerte explosión creando una gran nube de polvo y grava.

Virando hacia atrás sus ojos se alarmaron al notar pilas de cenizas donde antes se encontraban las gigantescas rocas.

Estaban jodidos…

—¡Corran! ¡Ahora!—ordenó Thorin, al verse descubiertos.

Tomando a Hermione del brazo, la arrastró con él colina abajo directo hacia la Compañía. Con los pasos apresurados de Fili, Kili y de Dwalin, cargando sobre su hombro a Bilbo cuando el saqueador tropezó a mitad de la bajada, pisándoles los talones.

—¿Qué sucedió? ¿Qué fue ese estruendo?—comenzaron a preguntar los enanos, sorprendidos y alarmados por las explosiones en la cima de la colina y observar a Thorin y lo demás correr hacia ellos como si el Diablo los estuviera persiguiendo.

En esa última suposición no se encontraban tan equivocados.

—¡Por Durin, Thorin! ¿Qué demonios está sucediendo?—inquirió Balin ante la falta de respuestas a la situación.

—¡No preguntes y muévete! ¡Todos háganlo, ahora!—ordenó en un grito.

Con un desconcierto aun mayor, los enanos se miraron entre sí, indecisos entre si saberse en peligro inminente o un poco confiados por tener una ventaja sobre aquello que los amenazaba. Hermione al leer su perplejidad, decidió responderles.

—Carroñeros—el resto de la Compañía se sacudió y tensó al escuchar la palabra—Del otro lado de la colina, vienen hacia acá. Debemos movernos o nos alcanzarán.

Y no se necesitó de una segunda explicación. Sin perder tiempo, tomaron las mochilas y desenfundaron las espadas, pero tan pronto terminaron de hacerlo, una oscura figura se presentó en la cima de la colina seguida de cinco más que se quedaron a sus lados, observándolos.

La Compañía miró atenta a los seis intrusos, esperando la señal de que la lucha comenzaría. Y la percibieron en el instante en que captaron como una sonrisa siniestra se dibujaba en el rostro del que parecía ser el líder del grupo.

—Atrápenlos—lo escucharon ordenar y después las risas estridentes, como el sonido de una hiena hambrienta, que los otros emitieron.

Tomándolos por sorpresa, observaron como uno de ellos desaparecía con un resonante crack en el aire, seguido de otro y otro y otro…

Hermione jadeó al identificar ese encantamiento.

—Oh, mierda, corran—gritó de inmediato y tomando a Thorin emprendió la huida.

Corrieron tan rápido como sus piernas se lo permitieron, y corrieron aún más cuando escucharon el mismo sonido resonante de un crack detrás de ellos. Volteando, aceleraron la carrera al mirar a los carroñeros a tan sólo un par de metros, persiguiéndolos.

La mestiza maldijo internamente, esos malditos acababan de usar un hechizo de aparición para alcanzarlos. Y no tuvieron que esperar mucho para enfrentarse a una lluvia de hechizos.

Depulso—gritó uno de los carroñeros, dirigiendo su blanco hacia el enano más gordo de todos.

—Bombur, cuidado—sin esperar una contestación, Hermione lo tomó por la nuca y lo obligó a tumbarse justo a tiempo con la luz del hechizo rozándole las cabezas.

Mirando hacia todos lados, el enano barrigón buscó frenéticamente la espada que había soltado al caer.

—¿Qué fue eso? ¿Qué demonios fue eso?—le preguntó, su tono casi era pánico puro, pero Hermione se negó a responder, no era el momento para hacerlo.

—Manténganse alejados de los hechizos—gritó en orden hacia todos, volviéndose hacia Bombur lo levantó de un tirón y lo empujó para que siguiera corriendo.

Pero mientras trataba de seguir esquivando los hechizos y manteniéndose ocupada apartando a los enanos que tenía a su alcance, observó con desesperación cuando miró a un carroñero dirigir su ataque hacia un desorientado Bofur. Un nudo se formó en su garganta al percatarse que, aunque corriera, saltara o volara, no llegaría a tiempo.

Verdimillious—gritó el sujeto, y una energía crujiente que relucía como chispas en tonos verdes salió disparada de su mano.

Inconscientemente extendió una mano tratando de apartarlo, pero antes de que el chorro de luz tocara la espalda del enano, Hermione observó a Dwalin sujetarlo de la nuca y apartándolo del camino. El hechizo se estrelló contra un conjunto de rocas que explotó en fuertes descargas verdosas.

—¡Agáchate, grandísimo idiota!—le reprochó Dwalin antes de sacudirlo y arrastrarlo en la carrera.

Y así, con Dwalin y Balin guiando a la Compañía, Hermione se quedó en la parte trasera de la caravana acompañando a Thorin, tratando de esquivar y proteger a los demás de los encantamientos y maldiciones que les dirigían mientras trataba de trazar un plan de los sacara de esta difícil situación.

Pero para el grupo de carroñeros el corretearlos había llegado a su fin.

Deteniéndose aquel que parecía ser el líder, indicó a los demás que también lo hicieran. Frunciendo levemente el ceño, a la vez que ladeaba un poco la cabeza, habló:—Es suficiente de juegos de carreras—y extendiendo su brazo, señaló un punto por delante de los enanos, entonces formuló el hechizo:—Deprimo.

La Compañía apenas pudo registrar lo que sucedió frente a ellos. Sólo fueron conscientes de que una luz verde oscuro había pasado sobre sus cabezas, yendo más adelante hasta impactar en el suelo y provocando un inmenso agujero. Tan profundo como largo en sus bordes, y se dieron cuenta, con pavor, que tratar de rodearlo sería perder el tiempo y agotar esfuerzos.

Retrocediendo hasta terminar a una distancia considerable del nuevo cráter, dieron media vuelta, enfrentando al grupo de carroñeros. Ahora, literalmente, se encontraban entre la espada y la pared (o agujero, en este caso), y la única opción que les quedaba sería combatir. Grande fue su sorpresa cuando no observaron a los magos oscuros caminar hacia ellos con porte amenazante, sino que fueron apareciendo a sus lados, con un fuerte crack resonando en el aire cada vez que un nuevo sujeto se presentaba, formando un círculo y encerrándolos en el centro.

Uniendo espalda con espalda, la Compañía enfrentó a los carroñeros.

—De acuerdo, veamos, ¿qué tenemos aquí?—una voz profunda, y aparentemente joven, sonó entre los demás.

—Enanos—masculló uno de los magos en gesto seseante.

—Rechonchos y saludables enanos—dijo otro, sonriendo y emitiendo risas carraspeadas mostrando los dientes.

Aquel que habló primero y parecía ser el líder de los demás, caminó hasta ellos, rodeándolos en pasos lentos. Hermione asoció su comportamiento con la manera en que un depredador asecha a una presa arrinconada, observándola y estudiándola hasta encontrar el punto vulnerable para atacarla.

Finalmente, se detuvo.

—Han sido bastantes lunas desde la última vez que me topé con naugrims. Casi olvidaba la apariencia tosca de su raza—comentó, los demás parecieron ladear sus cabezas, todos con expresiones divertidas como si las palabras del líder carroñero tuvieran un doble significado.

Uno de ellos, de alta estatura, complexión delgada y cabello marrón claro, se acercó a la caravana de enanos y agachándose a la altura de los hombrecillos los observó con brillosa curiosidad. Sus ojos se detuvieron sobre Dwalin.

—¿Qué tanto me miras, idiota?—ladró el enano, molestó por ser observado como un pedazo de carne en venta en el mercado.

El carroñero, lejos de parecer furioso por el insulto, sólo sonrió con un desequilibrio bailándole en los ojos y, sin dejar de mirar a Dwalin, añadió divertido:—Y de sus malos modales.

—Malos modales—repitió otro, soltando risas frenéticas, seguidas por los chillidos y balbuceos de los demás carroñeros.

Ori y Dori temblaron al escucharlos reír.

Tres de los seis sujetos se acercaron al aparente líder, mientras que el resto los vigilaban de cerca. Muy, muy cerca.

—Podríamos venderlos a las Minas de Sal que se encuentran en el suroeste—sugirió uno de ellos, de aspecto medio encorvado y dientes sucios.

—El Capataz de esas minas nos daría una mierda si se los llevamos, Burke—Hermione entrecerró los ojos, tenía un nombre.

—Al menos tendríamos dinero, imbécil—gruñó molesto.

El otro carroñero crispó los dientes.

—Harfang, Burke—llamó el líder—Dejen de actuar como un par de idiotas, no quiero problemas.

Los dos hombres sisearon antes de asentir, pero todavía lanzándose miradas desdeñosas y letales entre ellos.

—Venderlos a las Minas de Sal sería un desperdicio. ¡Mírenlos! Se ven fuertes, bravos—dijo otro de ellos, uno de mirada demacrada y largo cabello rubio—Este incluso tiene todos sus dientes—añadió, al tiempo que jalaba a Kili y lo obligaba a abrir la boca para demostrar sus argumentos.

—¿Cuál es el punto, Amycus?—preguntó al que llamaron Harfang.

—Podríamos ir al Norte, a las Arenas de Combate de los orcos. Allá siempre les hace falta carne para sus matanzas—comentó y Thorin sintió a Hermione temblar junto a él. Sin respuesta el mago rubio se dirigió a otro—¿Tú qué opinas, Rowle?

El aludido, un hombre de quijada cuadrada y piel y ojos oscuros, asintió sin vacilación.

—Estoy de acuerdo con Amycus—y un silbido se escuchó.

Pero aquel, el líder, no parecía muy convencido al respecto. Ladeando un poco la cabeza, cuestionó:

—¿Cuántos son?

—14—respondió Burke.

"¿14?" se preguntó Hermione repitiendo la contestación del hombre en su cabeza, intuyendo sobre quién podría estar faltando le dio una rápida mirada a la Compañía para percatarse que no había rastro de Bilbo.

Paseando la vista por la Compañía, el líder volvió a repasarlos, sólo que en esta ocasión con más detalle, con más minuciosa atención. Conseguir atrapar a 14 enanos era algo bueno, pero las criaturillas debían ser más que buenas, sino bastantemente especiales, para tomar la decisión de ir hasta las Arenas de orcos en el Norte. Porque si lo hacían y a los orcos no les agradaba la mercancía estarían perdiendo 2 cosas en una visita, la carne a negociar y sus propias vidas.

Barriendo con desgana a los últimos en la Compañía, sus ojos automáticamente volvieron tres lugares atrás, justo sobre una figura distinta de los otros. No se molestó en ocultar la sonrisa de satisfacción que su descubrimiento le causó.

—No, solamente tenemos 13 enanos—dijo el líder, y el resto de los carroñeros le miraron con confusión, ¿a qué se refería?

Apartándose del resto, avanzó bajo la atenta mirada de sus compañeros y los prisioneros sobre él. Y cuando los enanos se dieron cuenta de a quién se dirigía, intentaron detenerlo. Con rápidos movimientos de muñeca, varios quedaron tirados en el suelo con cadenas aprisionándoles las piernas, tal como Balin, Oin, Bofur, Dori y Bombur. Otros, como Nori, Gloin, Bifur y Ori, fueron alzados por un tobillo y colgados de cabeza. Mientras que al resto, Thorin, Dwalin, Fili y Kili, tuvieron que someterlos a la fuerza, con un carroñero detrás de ellos sujetándolos y la presión de sus dedos alrededor de la nuca emitiendo ondas que los electrificaban cuando intentaban soltarse.

—Al parecer tenemos algo más aquí, Scabior—se escuchó a uno de los carroñeros decir, probablemente aquel que Amycus llamó Rowle, y los murmullos y risas como hienas no tardaron en seguirle.

Ya sin la intrusión de los molestos hombrecillos, el líder de los carroñeros, o Scabior como Hermione había escuchado que se llama, logró llegar hasta ella sin impedimentos. Y cuando lo hizo, detalló en que su sonrisa se esfumó para convertirse en euforia pura.

—Hola, preciosa—saludó, con una risa haciéndole eco a sus palabras. Hermione reprimió la punzada de aversión por su cercanía—Una cosa tan bonita como tú debe tener un nombre, ¿quieres decirme cuál es?

—Rogue—le respondió.

—¿Rogue?—preguntó, casi con un aire juguetón—¿Sólo Rogue?—inquirió con más ahínco.

—De las Tierras del Norte—añadió.

La sonrisa de Scabior se ensanchó y se acercó más, bajando la cabeza para mirarla a los ojos.

—Del Norte…—repitió, un ronroneo envolvía sus palabras—Eso está muy lejos, linda—le dijo, extendiendo una mano y delineando con un dedo la mandíbula hasta la barbilla, y un poco más abajo.

—¡Aléjate de ella!—rugió Kili desde un punto retirado.

Inmediatamente se escuchó el familiar sonido de carne siendo azotada, aunque algo amortiguado. Hermione dedujo que acababan de golpear al muchacho en alguna parte del cuerpo.

—¡Guarda silencio!—ordenó la voz de Harfang. Ella escuchó un quejido y después al mismo carroñero susurrar:—Asqueroso enano…

—Hazlo de nuevo—retó Fili en un grito, batallando con el agarre del hombre tras él—¡Vamos, quiero verte hacerlo de nuevo, maldito bastardo!

Dos golpes resonaron en el lugar, seguidos de jadeos y gimoteos. Hermione se esforzó por no prestarles tanta atención, pero cuando intentó mirarlos Scabior la tomó por la quijada con fuerza obligándola a mantener la vista sobre él.

—A tu novio le pasarán cosas mucho peores si no aprende a cerrar la boca, linda—le dijo, apretando los dedos y sacándole un quejido de dolor.

—¡Quítale las manos de encima!

Los ojos del carroñero se giraron en dirección a la voz que acababa de gritarle, y cuando ubicó al enano responsable, cuyos ojos azules amenazaban con partirlo, una mueca de burla se dibujó en sus labios.

—Oh, parece que he señalado al enano equivocado—habló bufón. Sin soltar a Hermione, la hizo ladear la cabeza hacia el enano—Así que tú eres quien se folla a esta preciosidad, ¿eh?—y acto seguido, deslizó la lengua por la mejilla de la muchacha, justo donde se encontraba la cicatriz.

Hermione cerró los ojos, gruñó y trató de apartarse. El maldito carroñero acababa de hacerle lo mismo que Bolgo en la Ciudad del Lago.

Thorin rugió furioso.

—¡No la toques!—volvió a ordenar y luchó por liberarse.

Scabior emitió una risa seca e hipócrita.

—Vamos, amigo, aprende a compartir—le dijo, dándole leves golpecitos en la mejilla a Hermione.

Ese gesto y palabras terminaron por colmar la paciencia de Escudo de Roble.

—¡Puedes irte directo al carajo! ¡Suéltala, maldito imbécil!—gritó iracundo.

Scabior y los demás fruncieron el ceño al escucharlo.

—Parece que tendremos que enseñarte algo de modales—comentó el carroñero que sujetaba a Thorin, Amycus recordó Hermione por el modo que arrastraba las palabras al hablar.

Y poco después escuchó al mismo sujeto formular un hechizo que hizo sacudir a Thorin. Por la forma en que el cuerpo del enano se retorció, debía tratarse de uno que le provocara descargas. Los demás gritaron, amenazaron y blasfemaron para que el carroñero se detuviera, incluso Dwalin, quien se encontraba a su lado, trató de atacar al mago pero él también terminó recibiendo una descarga.

—¡No!—soltó Hermione—¡Déjenlo en paz! ¡Basta!—siguió gritando, sólo entonces Amycus se detuvo.

Scabior se volvió a mirarla con una perversa curiosidad.

—¿Detecto preocupación?—Hermione apretó los labios, pero para el carroñero su gesto fue suficiente respuesta—Oh, vamos, bonita, no le haremos daño. Nos sirve más vivo que muerto.

Hermione deseó encajarle los colmillos en la yugular.

El hombre le sonrió y tentativamente vagó su mirada por el abrigo semi-abierto, extendiendo una mano sacó de entre las ropas una delgada tela de color azul.

—Bonita bufanda—dijo él, jalándola y tomándola entre sus manos—¿No te importará si me la quedo, verdad?—le preguntó, pasando la tela sobre su hombros y abrochándola a su cuello.

Thorin y Hermione crujieron los dientes. Esa era la bufanda que ella le había dado a Escudo de Roble, aquella que el enano tomó como una aceptación para su cortejo y que con el tiempo, después de que la muchacha lo aceptara, representaba un tipo de alianza/regalo de compromiso/matrimonio entre ellos. El maldito carroñero no podía arrebatársela.

—¡Devuélvemela!—demandó, alzando un brazo para recuperarla, pero Scabior le sostuvo por la muñeca.

—¡Ah!—la calló, alzando un dedo y meneándolo de un lado a otro con gesto petulante—Yo no usaría ese tono de voz conmigo, no te conviene, linda.

—Vete al infierno—le dijo, incapaz de seguir manteniendo la lengua atada.

Se encontraba furiosa y se sentía inútil e impotente. No podía hacer nada para tratar de salir de este problema, al menos no algo que terminara por dañar a los enanos o a Escudo de Roble. Si atacaba con fuerza, magia o si se transformaba en huargo, los carroñeros lastimarían e incluso matarían a los demás. Es tal como se lo había hecho saber a Kili, su magia no era un rival de pelea contra el nivel de magia de estos magos oscuros. Literalmente, se encontraba atada de pies y manos. Un pensamiento que la hizo rabiar y provocó que sus ojos centellaran por la acumulación de magia y furia.

Y el carroñero debió detectar el brillo que emitieron sus ojos al lanzar la maldición, porque su mirada se centró en ella y la estudió con más determinación que al inicio.

—Corrígeme si es que acaso me equivoco, pero noto algo distinto en ti—le dijo el hombre sin dejar de observarla—No eres ciento por ciento humana, ¿verdad, preciosa?

Hermione apretó la mandíbula antes de contestar:—No.

Los ojos del carroñero brillaron al escuchar su respuesta, tal como si estuviera intuyendo la siguiente, volvió a preguntar.

—¿Una hibridación, cariño?—preguntó, Hermione detectó el anhelo en su voz.

Reteniendo un conjuro de maldición, se obligó a responderle.

—Mestiza de un cambia pieles.

Un jadeo colectivo se escuchó alrededor, y Hermione rezó e imploró porque ninguno de los enanos negara lo que acababa de decir. Gracias a Mahal, todos permanecieron en silencio, percatándose de la finalidad de su mentira.

Si antes los ojos del mago brillaron con maliciosa anhelación, ahora, después de escucharla, se dilataron en evidente excitación.

—Oh, vaya, pero que deliciosa sorpresa—comentó en tonos suaves y casi susurrantes.

Los demás rieron secundando las palabras de Scabior.

—No necesitaremos a los enanos después de todo—dijo uno de ellos.

—Los mestizos valen su peso en oro—le siguió otro carroñero—pero ésta…

Hubo una pausa, como si estuvieran estudiándola hasta que otro habló:—Puede que nos acarre más ganancias de lo que esperamos.

Risas y murmullos precedieron a las palabras, y Hermione y los enanos comenzaron a intuir lo peor de la situación.

—Al menos podríamos divertimos un poco antes de emprender el viaje—sugirió Rowle.

—Yo quiero hacerlo—avanzó Harfang—No he tenido carne fresca entre mis manos en mucho, mucho tiempo.

Scabior asintió, pero cuando los demás intentaron acercarse, él los detuvo.

—Eh, Fenrir—llamó, ladeando la cabeza y mirando más allá del punto donde se encontraban—Acércate, bastardo. Tengo algo que seguro te gustará.

Un cambio se hizo presente. Hermione lo sintió, Thorin también y el resto de la Compañía igual. Incluso el pequeño hobbit escondido.

Entonces se escucharon, pasos firmes y pesados en su dirección. Ella no volteó, el agarre de Scabior no se lo permitía, pero intuyó que el cuerpo del sujeto debía ser inmenso para que el sonido de las botas fuera tan profundo al caminar. De repente, el sonido se detuvo y el aire se llenó de un hedor a sangre, sudor, saliva y mugre. No necesitó de muchas respiraciones para ubicarlo parado tras de ella. Poco después lo sintió presionarse contra su espalda, sólo un ligero roce donde las ropas se tocaban pero que le provocó un escalofrío y que los bellos de la nuca se le erizaran. Y el contacto siguió aun después de que se deslizara, rozándole parte de la espalda, el hombro y el brazo hasta ubicarse frente a ella.

Hermione no había bajado ni elevado la mirada, ni siquiera cuando Scabior la hubo molestado y sujetado, pero cuando este sujeto se plantó ante ella no pudo evitar subir los ojos para mirarlo a la cara. Y en el proceso, se encontró con una contextura robusta e inmensa. Piel morena y cubierta de bello espeso que ocultaba músculos marcados y que las ropas rasgadas no lograban ocultar. Incluso detalló en un par de cicatrices sobresaliendo en su pecho semi-descubierto, clavículas, cuello y mandíbula.

Pero cuando llegó al rostro del hombre, su respiración casi se detuvo y los bellos ya erizados en su nuca se crisparon y temblaron ante lo que encontró. Una mirada fría. Era una mirada despiadada y salvajemente cruel, con ojos azules que reflejaban muerte y ferocidad que la observaba. Rasgos toscos y salvajes, propios de un animal, marcados en su rostro por un enmarañado cabello negro que le caía sobre los hombros. Y cuatro colmillos, largos, amarillentos y filosos, que sobresalían de su boca, además del resto de sus dientes puntiagudos.

Y a pesar de todo ello, de que la presencia del sujeto le gritaba en todos los sentidos la palabra peligro y muerte, Hermione no puedo evitar sentir una punzada de curiosidad y exaltación hacia Fenrir, el hombre lobo.

—Una hembra…—ella registró en que su voz era áspera. Tosca y rasposa como el ladrido de un perro—Una hembra joven y deliciosa.

Un temblor la recorrió. No le había gustado como sonó eso. Ni a ella ni a Thorin.

Apartando a Scabior, Fenrir extendió ambas manos hacia ella, con grandes y filosas garras al final de cada dedo. Tomándola por un brazo y por la mandíbula la obligó a ladear la cabeza exponiendo su cuello hacia él. Enterrando la nariz en la piel descubierta el hombre aspiró con fuerza ocasionando que ronroneara y la apretara contra él. Hermione jadeó ante la acción y trató de apartarlo, pero Fenrir la tomó rudamente por las muñecas y la inmovilizó.

Varias fueron las risas y comentarios lascivos que se escucharon.

—Vamos, Fenrir, compártela—ordenó Burke, deseoso por acercarse a la mujer.

Pero lo único que obtuvieron fue un resonante gruñido que provocó a los demás alejarse con miradas desconcertantes en sus rostros.

—¡Aléjate, Amycus!—rugió Fenrir, sin soltar a la mestiza y enfrentando al carroñero—Esta pequeña perra es mía.

Thorin vibró furioso al escucharlo.

—¡Ella no es tuya!—le gritó, escupiendo las palabras hacia el hombro lobo.

Rowle se volvió hacia Escudo de Roble, la mirada desdeñosa en su rostro le dijo que no se encontraba feliz porque abriera la boca.

—¡Cállate!—le ordenó, lanzándole un golpe directo a la mandíbula.

Scabior enarcó una ceja, pero no reprendió al sujeto por golpear al enano. Simplemente negó levemente antes de volver a mirar al hombre lobo que parecía estar ocasionando un disturbio en su grupo.

—Déjate de idioteces, Fenrir—lo amonestó—Esa mestiza no es tuya, es una cacería que venderemos a los grupos de orcos en el Norte.

Fenrir gruñó una vez más.

—Quédate con los enanos si quieres, no me importan en lo más mínimo—señaló—Pero ésta mujer es mía—y apretó el agarre sobre Hermione. La muchacha hizo un gesto ante la fuerza que oprimió.

No tardó mucho para que muecas disgustadas, unas más que otras, comenzaran a mostrarse en los rostros de los carroñeros. Algunos incluso lanzaron murmullos, siseos y gruñidos por la renuencia y terquedad del licántropo.

Uno en especial se giró hacia Scabior, con los orificios de la nariz abriéndosele y cerrándosele demostrando su furia ante la situación.

—Te dije que integrar a un maldito hombre lobo al grupo sólo acarrearía problemas—gritó, apuntando hacia el enorme sujeto peludo.

—Esa mestiza no te pertenece, bestia asquerosa, ¡devuélvela!—ordenó otro de ellos.

—Sarnoso perro malagradecido, ¡entrégala!—exclamó otro, la furia era más evidente en su grito.

Pero el hombre lobo no se inmutó ante las palabras y amenazas. En su lugar, les sonrió, mostrándoles los largos colmillos y puntiagudos dientes.

—¿Quieren a la perra?—preguntó Fenrir, una burla impregnaba su voz—Entonces vengan por ella.

Y contrario a iniciar una lucha entre ellos, sólo continuaron gruñéndose y maldiciéndose unos a otro. Todos en el círculo sabían la importancia de mantener a la mestiza con vida. Matarla en una revuelta sería peor que perder a la mitad del grupo por una estúpida discusión. Así que permanecieron en sus lugares, tensos, furiosos y precavidos de los movimientos del hombre lobo que se negaba a soltar a la mujer.

Es aquí donde nuestro pequeño saqueador vuelve a entrar en escena, porque mientras el grupo de carroñeros enfrentaba a Fenrir, Bilbo se las ingenió para mantenerse oculto, gracias al poder del Anillo, ideando un plan de rescate.

Al principio fue fácil, antes de que los magos llegaran hasta ellos con rapidez había dejado su equipaje botado, asegurado su espada con él y se colocó el Anillo sin más preámbulos. Retirándose de la caravana de enanos, permaneciendo alejado por unos cuantos metros, esperó por unos momentos, pensando, trazando, ideando, antes de mover un solo dedo. Pero cuando observó al inmenso hombre lobo comenzar a olfatear a su alrededor, su ideal de que tal vez lograría salvar a la Compañía flaqueó.

Trató de permanecer ausente, respirando lo menos posible o en pequeñas cantidades, obligándose a permanecer calmado y no comenzar a sudar, porque bien sabía, por Hermione, que los seres con un sentido del olfato desarrollado encontraban más rápido a sus presas cuando estas exudaban miedo. No fue hasta que el sujeto Scabior lo llamó que se permitió respirar con normalidad otra vez. Y cuando los observó, a todo el grupo de carroñeros, comenzar a discutir, aprovechó la distracción.

Escurriéndose por detrás de los cuatro que mantenían sujetos a Thorin, Dwalin, Fili y Kili, avanzó entre los enanos que colgaban por los tobillos, esquivándolos para evitar golpearlos o saltando sobre los hombrecillos que yacían tumbados en el suelo con cadenas apresándoles las piernas. Lo último que necesitaba era que alguno de ellos exclamara o gritara y le echara a perder el plan.

Llegando hasta donde se encontraba Bofur sentado, se agachó junto a él. El enano casi lanza un grito de sorpresa al sentir una fuerza externa comenzar a remover las cadenas pero una mano invisible le tapó la boca a tiempo. Con los ojos abiertos de la impresión, terminó por ver como esta extraña presencia sacaba dos pares de cuchillos que llevaba en las fundas ocultas de sus botas.

—¿Bilbo?—murmuró, y lo que le pareció un pequeño y delgado dedo lo silenció presionándose contra sus labios.

Comprendiendo el mensaje, asintió quedamente y mantuvo la boca cerrada. Los demás le observaron curiosos y confusos pero Bofur les indicó no hablar.

Irguiéndose, avanzó hasta quedar justo detrás de los carroñeros, maniobrando y midiendo el momento, extendió los brazos entre los huecos de los cuerpos hasta alcanzar una de las manos de Thorin que se mantenía colgada.

Escudo de Roble se tensó al sentir la superficie de un objeto colarse entre sus dedos, apretándolo débilmente ladeó un poco la cabeza para observar que era y gran fue su sorpresa al encontrar un cuchillo en su mano. Apretando con firmeza el mango, lo ocultó hábilmente entre los pliegues su abrigo. Mirando de reojo hacia Dwalin, se dio cuenta que el enano tenía la misma expresión de sorpresa y desconcierto, al igual que Fili y Kili. Y los tres le miraban, preguntando silenciosamente, para comprobar si él también llevaba un cuchillo en su mano; asintiendo con cautela los demás emularon su gesto. Ahora sólo necesitaban una oportunidad.

Pero para consternación del mediano, la oportunidad no llegaba. Los carroñeros seguían discutiendo y el tono de la pelea se elevaba con rapidez. Y su desesperación se convirtió en mortificación cuando el inmenso hombre lobo jaloneó a Hermione clavándole las garras en el brazo en un arranque por alejarla de Scabior que intentó acercarse. Sus ojos volaron directamente hacia Thorin, el enano sujetaba el cuchillo con más fuerza que la habitual y Bilbo, con temor de que perdiera la poca paciencia que todavía lo sujetaba, decidió actuar.

Desenvainando su espada, volvió a ubicarse detrás del carroñero que sujetaba a Escudo de Roble y tomando una profunda respiración, lo hizo.

—¡Ordénale a ese miserable perro que te la devuelva!—exigió uno de ellos.

—¡Fenrir, esto es una locura!—gritó Scabior con los nervios ya destrozados—¡Dámela!

Pero el hombre lobo gruñó y apretó su agarre en la mujer.

—Malnacido hijo de-

La frase quedó a medio decir.

—Amycus—gritó Rowle desde el otro lado.

Thorin ladeó la cabeza sólo para observar como un chorro de sangre brotaba de una herida en su pecho, justo a centímetros de su cabeza. Pero lejos de permitirse asombrarse o consternarse, golpeó al hombre, quien lo terminó soltando cayendo al suelo de rodillas, y le pasó el filo del cuchillo por el cuello.

—¡Ahora!—indicó, y volviéndose hacia la muchacha, le lanzó el cuchillo a la vez que la llamaba.

Dos de los carroñeros que sostenían a Dwalin y Fili fueron tomados por sorpresa y tumbados de un golpe. Mucho no pasó para que ambos enanos se montaran sobre ellos y los apuñalaran directo en el corazón, sacando el cuchillo y volver a introducirlo en la cabeza. El tercer carroñero, aquel que sujetaba a Kili, fue más rápido y soltó al enano desapareciéndose del lugar.

Hermione logró zafar un brazo y tomar el cuchillo que Thorin le lanzó, golpeando a Scabior en la cara y herir a Fenrir con un profundo corte que le cruzó desde la clavícula hasta el pecho, quien, aullando de dolor y sorpresa, terminó soltándola. Dando un paso hacia adelante, se volvió para patear al hombre lobo mandándolo varios metros lejos y arrastrándose al caer, y después tomar bruscamente a Scabior y azotarlo contra el suelo. Pero cuando alzó el brazo, con el cuchillo en mano, el hombre se abalanzó sobre ella tomándola por el hombro y muñeca evitando que le encajara el arma y empujándola lejos para desaparecerse después.

Con los magos desorientados, los hechizos que mantenían a la mitad de la Compañía capturada se liberaron. Aunque eso no evitó que aquellos que colgaban boca abajo se estamparan de cara contra el suelo sin aviso.

—¿Están todos bien?—preguntó Balin, incorporándose con ayuda de Dwalin.

Varios fueron los que asintieron, mientras que otros sólo cabecearon o intentaron hacerlo.

—Thorin—llamó Hermione apresurada.

Abriéndose camino entre los enanos, suspiró profundamente de alivio al verlo sin una herida. Pero cuando intentó terminar por acercarse al hombre, el sonido de un resonante crack en el aire la detuvo.

Miró en todas direcciones, girando una y otra vez la cabeza hasta que lo encontró. Justo detrás de un desprevenido Bilbo que acababa de quitarse el Anillo. Hermione lo observó alzar una mano hacia el mediano y por la manera en que los labios del mago comenzaron a moverse, la muchacha sintió el corazón latirle en la garganta al descubrir que era el hechizo asesino.

"No, no, no…" susurró histérica, y sin meditarlo, su magia automáticamente la hizo desaparecer y aparecer frente al sujeto justo a tiempo para tomarlo por la muñeca y desviar el hechizo.

—¿Qué demonios?—gritó el hombre, pero Hermione no lo dejó continuar y lo golpeó.

—¡No te atrevas a tocarlo!—exclamó, iracunda.

El mago le respondió atacándola con un hechizo y ella lo esquivó, respondiéndole al lanzarle el mismo hechizo. El cual le golpeó en el pecho al tiempo que realizaba otro que ella no logró rehuir está vez. Dando una vuelta completa por la fuerza de la magia, cayó boca abajo y cuando trató de pararse sintió la bota del hombre sobre su espalda.

—Asquerosa mestiza—escupió, limpiándose el rastro de sangre que le corría por la boca—¡Te asesinaré!—pero antes de que lograra hacer algo, una manada completa de enanos lo apartó de ella.

Ni siquiera logró decir media palabra más cuando la espada de Fili lo atravesó.

Y desde una posición alejada, Scabior y Fenrir observaron sorprendidos lo que acababa de suceder. No por los enanos, sino por el desempeñó de la mujer.

—Un mestizo de cambia pieles no puede hacer eso—dijo el hombre lobo, frunciendo el ceño.

Era sabido, que aunque los cambia pieles poseyeran magia para lograr transmutar su forma antropomórfica a una animal, esos seres no tenían el suficiente para realizar hechizos de ese calibre. No había duda, esa mujer no era mestiza de un cambia pieles como les había hecho creer.

—¡Por todos los Dioses! Vamos a ser muy ricos—habló Scabior sin quitar los ojos de la muchacha. Saliendo un momento de su ensoñación, se volvió hacia Fenrir:—¿Qué estás esperando, imbécil? ¡Atrápala!—le ordenó, y aunque el hombre lobo gruñó asintió a la demanda.

Desapareciendo, volvieron a presentarse ante la furibunda Compañía quienes tarde se percataron de su presencia y mucho menos del hechizo que Scabior les lanzó. Explosiones resonaron en el lugar y los enanos se mantuvieron boca abajo para evitar los trozos de roca que volaban en todas direcciones. Una leve capa de polvo se presentó cuando el hechizo del mago cayó sobre otras rocas, lo que le dio la oportunidad de acercarse y atacarlos por la espalda. Pero no se dirigieron hacia los hombrecillos, en su lugar, tomaron a la mujer.

Cuando la nube se dispersó, Thorin se tensó al observar a sumujer devuelta entre las garras del estúpido lobo. Empuñando con fervor la espada que llevaba, se enfrentó a ambos.

—Esa es mi mestiza, idiota—señaló Escudo de Roble.

Hermione puso los ojos en blanco al escucharlo.

"¿Qué acaba de decir ese cabrón?" y por un momento no le interesó la oscura presencia del carroñero y el hombre lobo.

Scabior sonrió, se encogió de hombros y dijo:—El que la encuentra se la queda.

Fenrir gruñó complacido con las palabras del otro.

—Thorin—gimió la muchacha ante la brusquedad con que Fenrir le apretó una garra en el cuello.

—¡Suéltala!—demandó en un grito, con los dedos tensándose alrededor del mango de la espada.

El único mago sobreviviente bufó desdeñoso.

—¡Enano estúpido!—escupió Scabior—¿Tienes idea de lo que vale esta mestiza? Ella va a hacer una buena mascota de combate… O incluso la perra de alguien.

Los ojos de Escudo de Roble se estrecharon aterradoramente.

—Acabas de firmar tu sentencia de muerte.

Scabior le miró inexpresivo un largo tiempo hasta que lentamente una oscura sonrisa se extendió en sus labios.

—Buena suerte—fue todo lo que le dijo.

Thorin frunció el ceño pero al observar un brillo en los ojos del carroñero y como este tomaba por el brazo a sumujer se dio cuenta de lo que ocurriría.

—¡No!—gritó corriendo hacia ellos y aunque extendió el brazo en un intento por alcanzar a Hermione lo único que logró hacer fue mirar la consternación de ella al desaparecer.

Se quedó allí aun después de verla irse, con el brazo extendido y sus dedos estirados en la dirección donde ellos habían estado. Cierta parte de su mente se negaba a creer que acababa de perderla, que había permitido que alguien más se la arrebatara y se la llevara. La otra mitad de su conciencia se hundió en un profundo dolor y desconsuelo que casi le provoca caer de rodillas. Ni siquiera escuchó al resto de la Compañía ni al pequeño hobbit gritar y maldecir o sentir a Dwalin y Balin a su lado diciéndole que la recuperarían, él ya no era consciente de nada en absoluto.

De repente, el eco de un ruido, como el de un trueno a lo lejos, silenció a la caravana de enanos y atrajo la atención del afligido Rey Enano. Y cuando el sonido volvió a escucharse todos elevaron la mirada para observar una especie de masa irregular caer desde el cielo y estrellarse contra el suelo a unos metros de ellos. Desorientados, miraron como esa misma maraña desaparecía para volver a materializarse no muy lejos de donde habían colisionado. Hasta que en una de esas transferencias una figura salió disparada y dos más se estamparon rodando juntas hasta que una de ellas lanzó a la otra.

Todos se tensaron al observar una figura familiar parada a metros de ellos dándoles la espalda. Y cuando el sujeto volvió la mirada hacia atrás nadie se molestó en evitar gritar de sorpresa y alegría.

—¡Hermione!—exclamó el grupo, incluido Dwalin, quien avanzó entre la maraña de enanos y la estrechó en un abrazo.

La muchacha aun no terminaba de captar la reacción afectuosa del enano cuando fue arrancada y aprisionada en otro par de brazos, sólo que estos poseían un aroma a aceite de cedro y tabaco para pipa.

Ava—la llamó Thorin y ella le respondió acurrucándose en su abrazo.

Estoy bien, estoy aquí—le dijo y el enano hundió el rostro en su cabello, tranquilizándose al escucharla y sentirla junto a él.

—No entiendo, ¿cómo regresaste?—preguntó Bofur, rompiendo el momento—No quiero decir que no me agrade que lo hayas hecho, pero… Bueno, tú lo entiendes.

Hermione emitió una risa burlona, ni siquiera en momentos como este, Bofur se permitía ser sutil.

—El hechizo de Aparición es muy complicado, pero con la determinación adecuada se vuelve más fácil de realizar—respondió sonriendo con descaro. Era obvio que, a pesar de las circunstancias, se encontraba extasiada de haber logrado dominar la habilidad de la teletransportación.

Sin embargo, sus minutos de felicidad se vieron apagados por la furiosa voz del último carroñero con vida.

—¡Maldita perra!—gritó, parándose con dificultad y señalándola—¿Qué demonios eres tú? ¡Ningún mestizo tiene ese nivel de magia en su sangre para realizar un hechizo de Aparición!—pero nadie contestó, y eso sólo lo hizo enfurecerse más—¡Respóndeme!—demandó—¡¿Qué eres?!

—¡Es un dragón!—respondió Fenrir desde su posición alejada y sosteniéndose un brazo sangrante—¡Esa maldita es la cría de una serpiente escupe fuego!

Los ojos de Scabior llamearon furibundos.

—¡Asquerosa sangre sucia! ¡Te asesinaré! ¡Te destrozaré!—exclamó y Hermione lo observó sacar un cuchillo de aspecto extraño y empezar a correr hacia ellos sólo para desaparecer a mitad del camino y volver a aparecer frente a ella.

Hermione desvió el ataque y lo golpeó en el esternón, él le pateó una pierna y la hizo caer en una rodilla pero justo antes de que la golpeara otra vez, ella desapareció y se materializó tras de él lanzándolo hacia el frente de una patada. Pocos segundos después, sintió un cuerpo colisionarse contra ella, aferrándose al suelo para frenar su arrastre observó a Fenrir, quien le rugió y abalanzó hacia ella con los colmillos y las garras preparados.

Scabior maldijo y escupió la sangre acumulado en su boca. Elevando la cabeza, miró a la mujer y al hombre lobo luchar entre sí, pero cuando estaba por lanzarse de nuevo, Dwalin le estrelló un mazo a un costado de la cabeza. Desorientado, apenas se percató de los golpes de Nori, Gloin y Bombur en sus costados. Concentrándose, logró tomar el mango de una lanza partida a la mitad y azotar con ella a los tres anteriores y a Bifur, Oin y Dori, pero sin detallar del todo en Fili y Ori atacándolo desde atrás. A Fili lo lanzó tomándolo de la parte delantera del abrigo y a Ori lo sujetó por el cuello arrojándolo al resto de los enanos que se dirigían hacia él. Tumbándolos, excepto a uno. Achicando levemente los ojos, tomó el mango del cuchillo y lo arrojó.

—¡Kili!—gritaron Fili y lo demás. Y Hermione volvió la vista la Compañía al escucharlos, encontrando al joven enano jadeando de dolor en el suelo con el cuchillo de Scabior clavado en el muslo de la pierna derecha.

No se percató del hechizo que el carroñero lanzó hacia ella.

Avada Kedavra.

Bilbo gritó aterrado y la llamó con desesperación:—¡Hermione!

Ladeando la cabeza, apenas logró esquivar un ataque de Fenrir, golpearlo y alejándolo de ella para apartarse justo a tiempo con el hechizo rozándole a centímetros de su cabeza.

—¡Wow, eso estuvo cerca! ¡Literalmente cerca!—exclamó, más asombrada que aterrada.

Pero Thorin tuvo otra reacción.

—¡Ella es mi esposa, cabrón!—gritó, volviéndose hacia el carroñero.

Scabior apretó los dientes y observó como el colérico enano corría en su dirección, tronándose los nudillos de los dedos cargó contra Thorin.

—Ese es mi hombre—dijo Hermione, un tono de orgullo era evidente en su voz y sus ojos.

—¡No te distraigas!—rugió el hombre lobo atrayendo la atención de la mestiza nuevamente en su propia pelea.

Thorin levantó la espada y se dispuso a golpear al mago, pero el sujeto despareció a centímetros de tocarlo para después aparecer junto a él y darle un puñetazo en la mandíbula. Repitiendo el mismo proceso de irse y volver en diferentes partes, siempre rodeando al enano para golpearlo y desaparecer a continuación.

Los demás enanos trataron de ayudarlo pero Escudo de Roble les ordenó tajantemente no intervenir. Esta pelea era suya, y sólo él asesinaría al maldito bastardo que se atrevió a levantar una mano contra sumujer y lanzarle la maldición asesina. Limpiándose el hilo de sangre que le resbalaba de la nariz, se obligó a concentrarse. Había logrado detectar un patrón en el modo de ataque del carroñero constando de 2 series, la primera atacando del costado izquierdo del cuerpo, después el costado derecho, seguido de un golpe en la espalda y finalizando con uno en el frente. De allí daba en la segunda iniciando en la espalda, costado derecho, costado izquierdo y terminando al frente, sólo para reiniciar. Siempre en el mismo orden.

Ahora acababa de completar dos de los primeros ataques de la primera serie y el próximo golpe vendría justo por detrás, sujetando firmemente el arma en su mano, aguardó arrodillado en verlo desaparecer junto a él hasta que escuchó el resonante crack a su espalda.

—Lo siento amigo, pero esto se acaba aquí—lo escuchó hablarle—No te preocupes por tu mujercita, te prometo asesinarla rápido y darle los restos a Fenrir para que la devore.

Permaneciendo inmóvil, lo sintió alzar el brazo y moverlo en su dirección sólo para esquivarlo en el último segundo, dar media vuelta y encajarle la espada en el pecho. Scabior dejó escapar un jadeo de sorpresa cayendo de rodillas y lo observó atónito.

Thorin lo observó mientras lo sujetaba y extendiendo una mano, le quitó la bufanda que el carroñero le arrebató a Hermione. Después, empuñando el cuchillo que el mago le lanzó a Kili, le dijo:

—Jamás volverás a tocarla—y sin vacilar le clavó el arma en la garganta recorriéndola hasta terminar por decapitarlo.

Cuando el cuerpo cayó, Escudo de Roble aún sostenía la cabeza de Scabior en su mano.

—¡Hermione!—el grito de la Compañía hizo voltear al enano justo para observar a suesposa siendo lanzada.

Escudo de Roble apretó la mandíbula, aún quedaba uno de ellos.

Aglomerándose nuevamente, los enanos intentaron ayudarla pero la mestiza se interpuso entre ellos y el hombre lobo.

—¡No!—gritó—¡Manténgase apartados!—ordenó, enfrentándose nuevamente al inmenso hombre.

Fenrir rió con cinismo, una risa que más parecía un rugido.

—¿Crees que podrás salvarlos?—le preguntó todavía riendo—Los asesinaré a todos, a cada uno, desde el más pequeño hasta el más gordo—Hermione gruño amenazadora pero el hombre lobo sonrió ante ello—Pero a tu precioso compañero lo dejaré al último. Después de romperte las piernas, te obligaré a verme destrozarlo. ¡Lo juro!

Los ojos se Hermione centellaron y la magia vibrando a través de las líneas en su piel se sintió alrededor. Fenrir observó el cambio en la mirada de la muchacha, sus ojos ya no eran solamente dorados brillantes como el oro líquido, sino que se habían vuelto mortalmente fuego vivo con la pupila retraída en forma vertical. El hombre lobo lo supo, esos eran los ojos de un reptil, de una colosal serpiente escupe fuego, de un dragón.

Elevando un dedo, lo sacudió de un lado a otro.

—Mala elección de palabras, cachorro.

Fenrir rugió.

—¡Se acabaron los juegos!—escupió y con un último rugido la Compañía entera observó perpleja la transformación de un hombre lobo.

Una bestia inmensa de pelaje negro y una larga línea plateada en el lomo, parecida a un lobo, sólo que más grande que uno (incluso que un huargo), pero con las extremidades más largas y delgadas, con la espalda ligeramente encorvada y la cabeza con rastros más humanos se presentó ante ellos. La caravana de enanos retrocedió ante la sorpresa y levantaron las armas. Hermione, para consternación de Bilbo se mantuvo en su lugar, sin inmutarse por la colosal criatura.

La muchacha casi optó por transmutar en su forma huargo, pero al final decidió luchar con la apariencia de un humano. Lo que necesitaba en este momento no era la fuerza bruta, bueno sí, pero no de esta forma. Requería ser rápida, ágil y con la facilidad de matarlo con un tiro certero. Luchar en la forma de un animal sólo le haría perder el tiempo. Desenfundando el cuchillo élfico que Legolas le obsequió se enfrentó ante el hombre lobo.

—¿Qué esperas? ¡Ataca!—le gritó ella—¡Usaré tu maldita piel como alfombra!

No se necesitaron más palabras, el lobo arremetió contra ella al instante y la Compañía observó, con el corazón latiéndole desenfrenadamente, la pelea.

Hermione se deslizó por el suelo, pasando justo debajo del cuerpo del lobo cuando saltó sobre ella, hiriéndole las patas traseras. Tomándolo por la cola, utilizó sus propias piernas como anclaje para reducir la carrera hasta que el lobo se volvió hacia atrás con los colmillos prensándole la tela del abrigo y volviendo a correr con ella sobre su cabeza. Sujetando el cuchillo lo clavó repetidamente en la espalda hasta que la bestia se detuvo y ella salió rodando perdiendo su arma.

Escuchándolo rugir, la muchacha lo observó volver a dirigirse hacia ella y frenéticamente buscó a su alrededor algo con qué defenderse. Encontrando un carcaj con flechas partido a la mitad, tomó una de ellas y cuando el lobo la alcanzó, Hermione dio la vuelta encajándole la punta en el ojo izquierdo. El animal gimió y rugió retrocediendo buscando quitarse la flecha con las garras.

—¡Mestiza!—le gritó Dwalin, lanzándole un hacha.

Ella la tomó al tiempo que aprovechaba para montarse sobre la espalda del lobo y después la dejaba caer, encajándola en la cabeza. Un último rugido se escuchó antes de que el cuerpo del lobo se desplomara.

Hermione rodó lejos del animal, dejándose caer para descansar y tratar de recuperar el aliento.

No pasó mucho para sentir a la Compañía rodearla y a los brazos de Thorin de levantarla, tratar de estabilizarla y examinarla.

—Estoy bien, estoy bien—dijo, alejando los cuidados excesivos del enano y las constantes preguntas de los demás.

Thorin frunció el ceño no muy convencido.

—¿Puedes pararte?—le preguntó.

Ella asintió en un gruñido.

Ayudándola a ponerse de pie, la guió hasta un pequeño relieve donde le indicó que tomara asiento, e inspeccionándola más de cerca le ordenó a Oin que la revisara a pesar de las protestas y bufidos que suesposa emitió.

—Creí que íbamos a morir—dijo Bofur, dejándose caer de espaldas. Los brazos yacían extendidos a sus costados y su característico gorro entre los dedos de su mano derecha.

Hermione achicó los ojos. No fue la única.

—Gracias por el voto de confianza—habló sarcástica.

El enano ladeó y recargó la cabeza hacia atrás para poder verla mejor. No le dijo nada, pero la sonrisa que le mostró le dijo que no tomara tan literal sus palabras.

Después de un par de minutos, Balin habló:—Será mejor que avancemos, no falta mucho para que anochezca.

Thorin asintió y Hermione le secundó, pero antes de que diera la orden de continuar, la voz de Nori los detuvo.

—¿Y qué haremos una vez que acampemos?—les preguntó parándose—No tenemos comida, la mitad de las provisiones se perdieron cuando el maldito pony escapó.

14 cabezas giraron hacia el enano más gordo de la Compañía.

—¡¿Escapar?!—entonaron todos al mismo tiempo, algunos incluso con la voz más aguda de lo que esperaban.

—¡Bombur!—exclamaron Dwalin, Bofur, Fili y Kili.

—¡No se atrevan a culparme!—señaló, meneando su gran pansa de un lado a otro, los señaló a cada uno a la vez que decía:—Ustedes también se habrían encontrado más enfocados en tratar de escapar de un grupo de carroñeros en lugar de vigilar y cuidar de un terco caballo apestoso.

Y sin importarle una respuesta, se cruzó de brazos y le dio la espalda a la caravana.

—¡Demonios!—gruñeron los demás.

—¿Y ahora qué?—preguntó Ori, pero nadie contestó.

Pensando en las posibilidades de lograr racionar menos de la mitad de las provisiones con las que contaban, una idea vino a su mente.

—Aún nos queda una opción—habló Hermione, atrayendo la atención de todos—El campamento de los carroñeros.

Un jadeo de sorpresa y consternación se escuchó alrededor. Todos con expresiones desorientadas por lo que acababa de decir la mestiza.

—¿Qué? ¿Estás loca?—cuestionó Bofur alterado y Thorin lo observó con disgusto. Percatándose de la mirada de Escudo de Roble, agregó al instante:—Eh… Sin ofender…

Hermione enarcó una ceja y se contuvo de poner los ojos en blanco. Parecían niños.

—No, tiene razón—dijo de repente Balin.

—¿También tú?—preguntó su hermano para sorpresa del viejo enano, no espera la negativa de Dwalin ante la idea.

Ignorando la desdeñosa mirada que Dwalin le mandaba, continuó hablando:

—Sólo piénsenlo—les dijo a todos—Incluso criaturas como los carroñeros y un hombre lobo necesitan alimentarse. Si vamos hay probabilidad de que encontremos comida y la reposición del cargamento que perdimos cuando el pony escapó.

La Compañía comenzó a pensar en el beneficio de ir al campamento.

—Es un punto—comentaron algunos, incluido Thorin.

Dwalin los miró como si les hubiera crecido una segunda cabeza a cada uno. Finalmente, derrotado y aceptando ir, a regañadientes, al campamento de los carroñeros, tomó las pocas pertenencias que le quedaban y emprendió la marcha.

—Si morimos, los mató—les gritó, observándolos por encima del hombro—A todos—recalcó y continuó caminando.

Hermione ahora sí que colocó sus ojos en un blanco total.

—Ah, pero qué dramático…—masculló Hermione y risas corearon lo dicho. Risas que ni siquiera se molestaron en ocultar su diversión, a costas del enano gruñón, ni cuando él les advirtió y amenazó con hacerlos callar a golpes.

Caminaron la distancia y subieron la pendiente de la colina, pasando por el gran hueco donde hubo estado la inmensa roca que uno de los carroñeros hizo explotar dejando descubierto al hobbit. Y con suspiros y sentimientos nerviosos, descendieron por la escarpada bajada hasta llegar al campamento de los carroñeros.

No era mucho a simple vista, no había tiendas o mochilas que expusieran equipaje. Sólo una fogata y mantas esparcidas alrededor, de seguro las camas de los magos, y algunas pequeñas bolsas de correa, utensilios del tamaño de cubiertos y algunas armas curiosas y extrañas esparcidas entre las frazadas.

—Tengan cuidado con lo que tocan—les advirtió Hermione—Utilicen algo, como una manta, pañuelo o tela, para tomar las cosas.

Los demás asintieron, con la magia oscura no se juega, lo sabían.

Y mientras observaba una bolsa de cuero marrón, halló un pequeño libro de cuero con esquinas doradas. Era obvio que lo había usado por mucho tiempo debido al doblez marcado en la tapa y los rasguños en la piel que lo envolvía. Curiosa, detalló que el ejemplar tampoco portaba nombre. Aventurándose, lo abrió y de inmediato se encontró con letras, muchas letras con una caligrafía en lengua normal gruesa pero fluida y clara. Bastante elegante desde su punto de vista. Hojeando se dio cuenta que el contenido del libro eran hechizos y las especificaciones para lo que servían cada uno, además de instrucciones para la elaboración de algunas pociones y dónde encontrar los ingredientes, con notas en los márgenes. Incluso al final tenía una pequeña sección de las razas, tanto humanas, élficas, enanas y bestias, que habitan en la Tierra Media con sus propias descripciones. Lo más asombroso era que aun así quedaban algunas páginas en blanco.

Cerrando el libro, lo guardó sin dudar en el fondo de su abrigo.

Buscaron y rebuscaron entre las cosas que se hallaban en el campamento, pero no encontraron pista alguna de que hubiera comida, ni siquiera una pizca de agua. La desesperación comenzó a crecer en la Compañía y tal vez se habría agravado de no ser por el llamado de Bilbo.

—Encontré algo—les dijo.

Llegando a su lado, los enanos suspiraron aliviados cuando observaron múltiples paquetes de carne rebanada atadas dentro de papel grueso. Hermione se acercó y desenvolviendo una, tomó la carne y la olió, sacando un poco la lengua la probó.

—¿Y bien?—preguntó ansioso Bombur.

Hermione rió ante la impaciencia del gordo enano.

—Es carne de animal—y expresiones de algarabía corrieron por los rostros de los hombrecillos. Incluida ella.

Sin perder el tiempo, Bombur se encargó de vaciar una mochila y rellenarla con los paquetes de carne y algunas largas botellas de agua, que Nori se encargó de probar esta vez, que también lograron encontrar.

Percibiendo que nada más podrían sacar del campamento, debido a que Hermione les dijo a los demás que era mejor no tomar otra cosa, a excepción de la carne y el agua, por el peligro de que estuvieran cargados con magia negro, les ordenó reavivar el fuego de la fogata y echarlos para que se quemaran. De hecho, ella misma se hubo encargado de que las llamas cobraran más fuerza que una hoguera común y no se apagaran hasta que el último objeto se hallara calcinado. Sólo entonces permitió morir el fuego y después indicar que echaran tierra sobre el lugar, además de algunas grandes rocas para ocultarlo.

Estaban listos para seguir con el camino hasta un lugar para pasar la noche y con las mochilas cargadas, pero la voz de Bofur los detuvo. Alzando el tono, llamó al líder de la Compañía.

—Thorin—el aludido volteó—Será mejor que vengas.

Los demás observaron como Escudo de Roble se alejaba hasta el punto donde Bofur se encontraba. Un sitio a no más de 50 metros.

Curiosa y extrañada, la muchacha frunció el ceño cuando miró como la expresión de Thorin se volvía oscura, lúgubre e incluso algo amarga. Pasándose una mano por el rostro, lo observó suspirar antes de arrodillarse tras la hilera de rocas que le tapaban la visión de lo que se encontraba tras de ellas. Los enanos comenzaron a murmuran y ladear las cabezas en busca de un mejor ángulo para captar lo que sucedía a lo lejos.

—¿Crees que sea algo malo?—escuchó a Bilbo preguntarle desde un lugar a su lado.

Ella negó levemente con la cabeza.

—No lo sé.

Entonces Thorin se levantó, palmeando el hombro de Bofur volvió el rostro hacia la Compañía. Más concretamente a una persona dentro de ella.

—Hermione—la llamó—Ven.

La muchacha tragó duro, y antes de avanzar, miró levemente al mediano dándole una sonrisa tensa. A mitad de su camino escuchó a Escudo de Roble llamar a alguien más:—También tú Oin.

Cuando comenzó a acercarse, el olor a sangre explotó a su alrededor y se volvió más fuerte. Una mueca de sorpresa se instaló en su rostro, ella supuso que el aroma provenía de algunas de las heridas de los enanos, debido a que el rastro era muy escaso, pero se había equivocado.

Pero su estupor se incrementó cuando miró lo que Bofur descubrió, paralizada, escuchó a Oin jadear tras ella, seguramente más impresionado que ella por lo que observaba. Y a pesar de su conmoción, todavía quieta, escuchó a Thorin ordenarle a Bofur que evitara que los demás enanos, sobre todo el Sr. Bolsón, se acercaran.

¡Por Mahal!—dijo al fin saliendo de su sorpresa.

Frente a ella se encontraba el enorme cuerpo del hipogrifo que conoció la mañana del día anterior, Einar. Mirando un poco más allá, también encontró, para su conmoción, el cuerpo desmembrado y casi destrozado del cachorro, Egil.

Arrodillándose junto al mayor, observó pasmada las heridas en el cuerpo del Einar. Le habían arrancado las alas desde la raíz y las garras delanteras, y a juzgar por la forma distorsionada en que las patas traseras se encontraban, supo que se las habían rompido. Incluso podía observar el hueso sobresalir de manera anormal por la piel.

—Son los hipogrifos con los que te cruzaste ayer—le dijo Thorin.

Y aunque no fue una pregunta, Hermione asintió afirmándolo.

—¿Puedes ayudarlo?—preguntó a Oin, aunque ella sabía que no había nada por hacer, la respiración era lenta y dificultosa, y había sangre, mucha sangre a su alrededor.

Oin carraspeó y suspiró con desazón. Eso fue suficiente respuesta para la muchacha, pero aun así no evitó el derrumbe de una esperanza por mínima que fuera.

Estirando un brazo, pasó la mano gentilmente por el plumaje manchado de sangre, acariciándolo con ternura como si con el gesto le brindara conforte a la criatura. De repente, el hipogrifo alzó levemente la cabeza. Thorin y Oin se tensaron, pero Hermione se inclinó hacia él. Apretando la mandíbula, se percató que también le había sacado un ojo.

Un gemido lastimero brotó desde la garganta, tan débil que apenas se escuchó. Utilizando el ojo que le quedaba, lo enfocó en ella, quien le siguió acariciando y emitiendo un siseo de arrullo.

Beathach—murmuró Einar.

Hermione le sonrió levemente, él la había reconocido.

Con cuidado, la muchacha se acercó más y colocó la cabeza del hipogrifo en sus piernas. Y entonando la melodía de la canción de cuna que su padre le había enseñado, siguió acariciándolo, deteniéndose un momento para posar sus dedos en la cien. Después de unos segundos, Einar dejó de respirar.

Thorin se arrodilló junto a ella, observando al hipogrifo muerto.

—Quiero sepultarlos—dijo Hermione, y él asintió.

Dwalin, Dori, Bifur y Gloin se encargaron de cavar, mientras los demás tomaron mantas que no necesitaban y las utilizaron para envolver los cuerpos. Cuando los depositaron, los cubrieron con tierra y después con rocas, colocando una estaca a la cabeza de cada tumba. Y aunque no llevaban nada de valor ni llegaron a conocer a los hipogrifos, cada integrante de la Compañía dejó algo sobre las tumbas, un pedazo de malla, un botón, un poco de tabaco, una moneda de plata.

—Andando—ordenó Thorin y la Compañía obedeció.

Poco a poco los enanos se fueron retirando, hasta que sólo quedó Hermione. La muchacha suspiró y acercándose a la tumba de Einar, sacó de entre sus ropas una larga pluma de color grisáceo. Sosteniéndola entre sus manos por unos segundos, la estrujó brevemente contra su pecho antes de inclinarse y amarrarla en la estaca de madera con un cordón.

No había podido enterrar a Fawkes, su querido halcón y amigo, pero ahora lo hacía dejando la pluma en esas tumbas.

Ava—sintió la mano de Thorin sobre su hombro. Ladeando la cabeza, se encontró con el enano quien le sonrió con pesar—Vamos—le indicó y ella asintió.

Mirando una vez más las tumbas y la pluma amarrada en la estaca, dio una leve reverencia, despidiéndose, antes de dar media vuelta y alejarse junto a Thorin. El hombre le sostuvo la mano, sin soltarla en lo más mínimo, durante todo el camino.

[…]

No pasó mucho para que la Compañía encontrara un sitio para acampar. Y tampoco para que los enanos cayeran rendidos, profundamente dormidos, apenas sus cabezas tocaban el suelo después de haber cenado y permitido que Oin curara sus heridas con el bálsamo sanador que ideó usando la sangre de Hermione.

Todos, menos dos integrantes.

Y Dwalin, quien se ofreció a tomar el primer turno de vigilancia. Pero cuando se percató que esos dos seguían despiertos, les dio la espalda y fingió no verlos ni escucharlos.

—Debes dormir—dijo Thorin con firmeza.

Hermione negó con la cabeza.

—No tengo sueño.

Escudo de Roble frunció el ceño. Ella necesitaba descansar, deshacerse de toda la tensión y adrenalina que el enfrentamiento contra los carroñeros ocasionó, pero Hermione se negaba a dormir. Suspirando, se dijo que probablemente no se trataba de la pelea con los magos oscuros, sino de lo que encontraron en el campamento.

Ava—la llamó—¿Qué fue lo hiciste con el hipogrifo?—la pregunta la hizo tensarse y Thorin comprendió. Acercándose a ella, le dijo:—Es obvio que hiciste algo, y es más evidente que ese algo te está molestando, ¿qué fue lo que hiciste?

Hermione medio frunció el ceño, medio se encorvó la espalda, sabía que Thorin se había percatado y que tarde o temprano le preguntaría al respecto. Aunque, si era sincera, le hubiera gustado que fuera más tarde que temprano.

Dejando caer los hombros, se decidió a contestarle.

—Conecté mi mente a la del hipogrifo.

Si Escudo de Roble se sorprendió, no lo demostró.

—¿Por qué?—le preguntó.

Ella sacudió los hombros.

—No tenía planeado hacerlo—le dijo y la sinceridad era evidente en su voz—Pero al verlo sufrir, con la agonía de saber que moriría sabiendo que no pudo proteger a su cachorro, yo… yo…

—Modificaste su memoria—terminó por decirlo él. Hermione asintió.

—Sólo el recuerdo de las últimas horas.

Haciendo una pauta, Escudo de Roble se debatió entre realizarle otra pregunta o dejar el tema para después. Pero ya estaban aquí, era mejor terminarlo.

—¿Qué les sucedió?

La posición de la muchacha se volvió rígida al escucharlo. Thorin pasó su mano a lo largo de la espalda para calmarla.

—Venían desde el Sur cuando los encontré, les dije que viajaran hacia el Este, pero los carroñeros los encontraron—una mueca le cruzó la cara, como si no quisiera recordar—Capturaron primero a la cría y después al adulto. Planeaban vender las garras y alas en el mercado negro, y después alimentarse de la carne del mayor.

—¿Qué pasó con el cachorro?—preguntó de nuevo. Hermione apretó la mandíbula antes de contestar, Thorin incluso podría jurar escuchar el hueso crujir.

—Se lo dieron al hombre lobo—y el enano no necesitó más palabras.

Levantando un brazo, se llevó una mano hasta el puente de la nariz, pellizcándolo para tratar de calmar un leve dolor de cabeza. Habían sido bastantes cosas para un solo día. Demasiadas desde su perspectiva.

Comúnmente este tipo de situaciones no le causarían ningún sentimiento, era lógicamente normal que estas cosas sucedieran en el exterior y Hermione lo sabía, ella había contado algunas de las circunstancias que observó e incluso realizó. Pero por algún motivo estas muertes en particular lograron tocar una fibra sensible en suesposa, y él no la dejaría para que las sobrellevara sola.

—No me gustar hacerlo—dijo ella después de un tiempo en silencio.

Thorin la miró confuso.

—¿Hacer qué?—cuestionó.

—Fusionar mi mente con la de alguien más—le contestó sin más.

Pero la respuesta sólo logró desconcertar aún más al enano.

—Lo haces conmigo—le dijo tajante.

Hermione se volvió a mirarlo con una débil sonrisa bailándole en los ojos. Escudo de Roble se preguntó si acaso la pequeña descarada se estaba burlando de él.

—Tú eres diferente, Thorin—comentó como si fuera obvio—Eres mi compañero, la carga emocional es distinta.

Él enarcó una ceja.

—Explícate.

La muchacha rodó los ojos, sin importarle que él la hubiera visto hacerlo.

—Cuando entro en la mente de las otras personas, siempre es para observar recuerdos, leer pensamientos o alterar memorias. Pero nunca permito una conexión emocional—se calló un momento—Si no estableciera esa barrera, no sólo estaría mirando el recuerdo sino que además me encontraría sintiendo lo que esa persona sintió en el momento que realizó lo que fuera que estoy observando. Y manejar las emociones es muy complicado, la última vez tuve jaquecas por más de 4 meses, y esos sentimientos tardan en desvanecerse.

Thorin no habló, sólo la observó, permitiéndole explicarle sin interrumpirla—Pero contigo el caso es muy diferente—dijo, mirándolo directamente a los ojos—Hay un vínculo entre tu mente y la mía, que no sólo me permite sentirte, conocerte y ver el mundo a través de tus ojos, sino que me deja saber tus miedos, esperanzas, felicidad, amistad y amor… Y viceversa—elevando ambas manos, tomó el rostro del enano con delicadeza acercándolo hasta tocar sus frentes—Y es por ese amor que estamos unidos, porque tú lo sientes y yo lo siento. No son emociones externas que debo manejar para mí disgusto, sino propias, tuyas y mías, que se vuelven una sola.

Soltando un suspiro, añadió:—Somos Uno desde que te acepté como mi compañero.

Escudo de Roble suspiró conmovido por lo que acababa de escuchar. Tomando a Hermione por la nuca, la acercó y unió sus labios con los de ella.

—¿Qué le mostraste al hipogrifo?—le preguntó, rompiendo el beso.

Hermione recargó la cabeza en el hombro del enano, cubriéndose los ojos con la curvatura del cuello.

—Que estaba en un gran prado verde con su cría, y que le estaba enseñando a volar.

Thorin sonrió.

—Un buen recuerdo para morir—le dijo, pasando una mano por el cabello de suesposa.

Ella se acurrucó más cerca del cuerpo del hombre y casi cae dormida cuando la voz de Thorin la llamó de nuevo:—Compártelo—ella levantó la cabeza con una expresión confundida.

—Thorin—habló desconcertada.

Él acunó un lado de su rostro, deslizando el pulgar por la cicatriz en su cara.

No cargues con ello tú sola—dijo en Khuzdul. En leves susurros como una especia de intimidad hablada—Compártelo conmigo.

Comprendiendo que él le estaba pidiendo que no lo dejara fuera otra vez al ocultarle las cosas, ella asintió.

Sentándose frente a él, con las piernas a cada lado de la cadera, tomó nuevamente la cabeza Thorin entre sus manos y juntó sus frentes. Lo curioso y diferente de todas las anteriores veces en que ella penetró en su mente, en esta ocasión no sintió ni la más mínima pizca de dolor.

Al instante pudo ver lo que Hermione observó en el recuerdo y sentir el dolor, la rabia, el miedo y la tristeza del hipogrifo al morir. También la inmensa paz, alegría y amor que la criatura emitió en el momento en que la muchacha modificó el recuerdo y le hizo creer que se encontraba en un verde prado con su cachorro aleteando tratando de volar. Cuando todo terminó, comprendió el pesar y la molestia de suesposa en no colocar una barrera para evitar las emociones de las memorias, pero no pudo evitar sentirse completamente orgulloso de ella al sacrificarse un poco.

Sin aguantarse más, volvió a besarla, pero no con pasión y lujuria, sino con ternura, devoción y adoración. Tomándose su tiempo para jugar con sus labios y transmitirle su cariño a través del beso.

Hermione le sonrió, con las mejillas sonrojadas y los labios algo hinchados, y a pesar de saber que Thorin no le gustaban mucho las demostraciones de afecto en público, no le importó y se inclinó para besarlo una vez más. Pasándole los brazos por el cuello y pegándose a él, con una de las manos de Thorin bajando y subiendo de su cintura a su cadera, apretando de vez en cuando la carne en el proceso, y con la otra sosteniéndola firmemente por la nuca.

Y tal vez la sesión de besos habría durado un poco más, pero comenzaron a sentirse cansados y soñolientos. Recargándose contra una roca mediana y levemente inclinada, le indicó a Hermione que se ubicara entre sus piernas para que se recostara en su pecho. Tal como aquella vez en el Bosque Negro. Y en esta ocasión, ella no se negó ni se molestó en abochornarse.

Te amo—le susurró ella.

Thorin sonrió y le besó la coronilla.

Lo sé—y esta vez fue ella la que sonrió.

No pasó mucho para que ambos cayeran profundamente dormidos. Ni para que Dwalin también cediera al cansancio y los acompañara.

Tanta fue la inconsciencia de la caravana, que nadie se percató que Kili se levantaba a mitad de la noche jadeando de dolor mientras se sostenía la pierna izquierda. Removiendo la ropa, revisó la herida y dio un rápido vistazo al resto de los enanos mientras la volvía a vendar en caso de que alguien despertara. Recostándose, no tardó en caer dormido, pero los leves jadeos y gemidos continuaron. Sólo que fueron silenciados por los ronquidos de los demás enanos.


De acuerdo al diccionario de Tolkien

a. Palabras en lengua élfica

Melda heru: Mí amado señor.

Alassa hende: Luz de mis ojos.

Ingannen le Orch: Pensé que eras un Orco.

Cí Orch im, dangen le: Si fuera un Orco, estarías muerta.

Alassië nar i hendu i cenantet. Haira lúmello!: Dichosos son los ojos que te ven. ¡Cuánto tiempo!

Dandolo na nin: Vuelve conmigo.

Ú-'ohenathon:No lo haré.

Hantalë: Gracias.

b. Palabras en lengua enana

Metun menu caragu sigim rukhas, khalam shirumund: Come mierda de orco, maldito elfo lampiño.

Ekespu menu men o targu men: Significas para mí más que mi propia barba.

Menu tessu: Eres todo para mí.

Menu zirup men: Me completas.

De acuerdo al diccionario de Rowling

a. Hechizos

Lumos Solem: Es un hechizo que produce un rayo de luz solar que se puede usar para dañar a plantas que no la soporten, como el Lazo del Diablo – Hermione lo utiliza para librarse del Lazo.

Immobulus: Es un hechizo que inmoviliza a objetos vivos. Contrario a su fuente original, me permití modificarle el hecho de que el mago pueda sólo hechizar ciertas partes del cuerpo o en su totalidad si así lo desea – Hermione lo utiliza para controlar a la Compañía, sólo paralizándolos de los hombros hacia abajo.

Finite Incantatem:Es un encantamiento que funciona como contrahechizo general de otro encantamiento. Actuando para cancelar todos los efectos de los hechizos o encantamientos ya realizados – Hermione lo utiliza para desvanecer el hechizo Immobulus que usó para controlar a la Compañía.

Stupefy: Es un encantamiento aturdidor, el más famoso en los duelos mágicos, que deja inconsciente a la víctima y detiene objetos en movimiento. En la versión Latinoamericana su traducción es Desmaius pero decidí dejarlo en su versión original – Es utilizado por el carroñero Amycus.

Reducto: Es una maldición que puede ser utilizada para estallar objetos sólidos y reducirlos a pedazos. Relativamente los reduce a un fino polvo o a una pila de cenizas – Es utilizada por el carroñero Rowle.

Depulso: Es un encantamiento que hace que los objetos y seres vivos se alejen volando de quien lo conjura, y los dirige a un objetivo concreto. Puede ser usado en duelos para mandar volar lejos a una persona, criatura, etc – Es utilizado por el carroñero Harfang.

Verdimillious: Es un encantamiento que causa un ligero dolor al oponente, provocándole ligeras descargas eléctricas – Es utilizado por el carroñero Burke.

Deprimo: Es un hechizo que causa un gran estallido en el suelo, lo que se traduce en un agujero lo suficientemente grande como para ser atravesado por una o varias personas – Es utilizado por el carroñero Scabior.

b. Criaturas

Lazo del Diablo: Es una planta parecida a una enredadera. Atrapa a quien cae en ella y puede llegar a matar. Le gusta la oscuridad y la humedad. Y tal como en la mención del libro como en la película, para soltarse de ella se necesita luz. De allí que Hermione utilice el hechizo Lumos Solem.

Hombre lobo: Bueno, he de suponer que todos conocen lo que es un hombre lobo. Así que sólo aclararé que utilicé la ficción a mi favor y permití en la historia que Fenrir lograra transformarse sin necesidad de la influencia de la Luna Llena.

Hipogrifo: Animal que se obtiene al cruzar un caballo con un grifo. Por ello tienen la cabeza, las alas y las garras delanteras de un águila gigante y el cuerpo, patas trasera y cola de un caballo. Estas criaturas poseen un gran sentido del honor, son respetuosas con quienes les respetan, pero a la vez son indomables y violentas a quienes les falten al respeto.

c. Artículos

Cuchillo de Scabior: Basicamente, el cuchillo que describo que utiliza Scabior para atacar a los enanos y encaja a Kili en la pierna, es el conocido cuchillo que Bellatrix Lestrange utiliza en la versión cinematográfica de la séptima película — Harry Potter y las Reliquias de la Muerta - Parte 1.

De acuerdo a mí improvisado diccionario:

Beathach: Mestizo/a.

De acuerdo al diccionario de Internet

1. La canción que los enanos cantan al caminar hacia la Montaña se llama Helado Corazón del compositor Christophe Beck. Es la canción de apertura de la película Frozen. Sí gustan escucharla con más atención pueden buscarla en Youtube.