Hola gente, bueno este capi empieza un poco... picante jaja pero no hay lemon (aún). Digamos, lime jeje XD. Aviso por las dudas... Besos.
Capítulo 13: La razón de su regreso.
Paraíso o infierno; bendición o pecado, no podía determinar bien si era correcto o no, si era racional o no, de lo único que estaba segura es de las miles de sensaciones y estados que la llenaban en ese momento. Sus gemidos y jadeos continuos eran música para los oídos de aquel enigmático rubio que deslizaba su boca por el blanco vientre de la chica; un hombre que ya había dejado de ser un misterio y era ahora ese que la hacía delirar de placer en aquella habitación, a las seis de la tarde, mientras en el exterior resplandecía aun el sol y la gente disfrutaba de la playa y del cálido día de verano. Cómo habían llegado a eso y por qué, no eran cuestiones trascendentales en ese momento, lo que más importaba era lo que las expertas e inquietas manos de Cormac hacían en los desnudos muslos internos de Lavender y en que su lengua las seguía peligrosamente por ese recorrido cargado de terminaciones nerviosas. Cuando la boca del chico llegó a ese destino que ella ansiaba, un sonido gutural escapó inevitablemente de la garganta de la rubia y sin premeditarlo, lo tomó fuertemente del cabello para impedir que se retirara de allí, mientras respiraba agitadamente y sus ojos se cerraban en el esfuerzo por mantener la cordura por las miles de sensaciones que su cuerpo estaba sintiendo. Sabía que no podría mantenerse de pie por mucho tiempo más, aunque estuviera apoyada contra la pared y con una de sus piernas sobre el hombro del rubio, especialmente cuando empezó a notar que sus piernas flaqueaban y su vista empezaba a nublarse, creyendo que perdería la razón en cualquier instante si él no dejaba de torturarla deliciosamente con sus dedos y boca. Lo apartó de su cuerpo aunque fuera lo último que deseaba y lo observó con los ojos oscuros por el deseo, una mirada a la que él respondió con una sonrisa ladeada para luego tomarla de la mano y llevarla hacia la cama; aquella que sería muy pronto testigo de la lujuria y del placer en su estado puro.
Ron estaba recostado sobre el sofá de su casa con una cerveza fría en la mano y conversando animadamente con George que recién se despertaba de dormir y se había sentado en el otro sillón junto a él, bajo la mirada acusadora de su madre que le había reprochado el que hubiera elegido empezar el día con una cerveza en lugar de un alimento rico en proteínas o algo por el estilo. Fred seguía durmiendo y aquello era algo normal para la familia ya que los gemelos trabajaban de noche y, por lo tanto, tenían distinta hora de sueño. George siempre había estado al tanto de la amistad especial que mantenía su hermano menor con Lavender y por ello le había resultado de lo más interesante relatarle la anécdota sobre Cormac en el bar. Ron había abierto exageradamente los ojos, realmente sorprendido, cuando su hermano le contó sobre la mujer que acompañaba al rubio. Pero aún así no comentó nada de lo que hubiera esperado escuchar el gemelo, por lo que no pudo evitar indagar:
-¿A Lavender no le importará que Cormac vaya por ahí besando mujeres?
-No se, supongo que sí… Pero hoy cuando salíamos del oceanario le pregunté si estaba saliendo con él y me dijo que no… Quizás sean solo amigos, ¿no?
-¿Y estás seguro que no siente nada por él?
-Bueno… Eso no lo sé… Creo que le atrae pero por el momento no ha pasado nada entre ellos. Aunque hoy la estaba esperando en la salida así que, quizás las cosas cambien –comentó, con un brillo de picardía en los ojos y dando luego un gran sorbo de cerveza.
-Entonces lo mejor es que no le digas lo que te conté, ¿quién sabe? Quizás solo fue un producto de su embriaguez y no sea su costumbre andar por ahí seduciendo mujeres feas. –bromeó, levantándose para dirigirse a la cocina.
-Si lo que le gustan son las mujeres feas, entonces Lavender no va a estar entre sus conquistas –aseguró con orgullo el pelirrojo –Lavender es una mujer hermosa y solo el idiota de Fred no puede verlo.
-En eso te equivocas –gritó desde la cocina el gemelo, mientras se preparaba un sándwich –Fred está perfectamente conciente de la belleza de Lavender… El problema es que sabe que es un idiota y que lo va a echar a perder.
-¿Por qué dices eso? –inquirió, extrañado.
-No lo digo yo, lo dice él… Y ahora está con Mindy.
-¿Mindy? ¿Quién demonios es Mindy? –curioseó Ron.
-La muchacha que conquistó en la fiesta de compromiso –respondió, sentándose nuevamente en el sillón mientras le daba una gran mordida al sándwich, ignorando los reproches de Molly con que ensuciaría el piso.
-¿Están saliendo juntos? –se extrañó notablemente el pelirrojo –Jamás lo hubiera pensado…
-No están saliendo juntos, creo que ella es una especie de acosadora o algo así –contestó, y se echó a reír –. Creo que se lo merece, así se deja de actuar como un adolescente de una vez por to… ¡AAAAH! ¡Mamá, me duele! –gimoteaba, mientras Molly lo levantaba del asiento tomándolo fuertemente de la oreja y Ron tuvo que apretar los labios con fuerza para no echarse a reír.
-¡Te dije mil veces que comas en la cocina! –rugió con furia Molly.
-¡Está bien! ¡Pero casi me arrancas la oreja! Al menos que lo hayas querido hacer para poder diferenciarnos de una vez por todas –ironizó, frotándose la oreja con la mano libre.
-¡Si vuelves a desobedecerme otra vez no sólo perderás la oreja! –amenazó una vez más, antes de irse hecha una furia.
Después de eso, decidieron que lo mejor sería ir a la cocina; no era bueno tentar a su madre cuando estaba con ese humor. En cuanto se sentaron, se percataron de que su padre había llegado del trabajo, ya que se escuchaban los gritos de su madre quejándose con él por la desobediencia de su hijo. A los pocos minutos, Arthur entraba en la cocina y se sentaba junto a ellos, girándose luego hacia George:
-George, ¿cómo está tu oreja? –preguntó, intentando contener una sonrisa.
-Ha estado peor… ¿qué tal el trabajo?
-Bastante ajetreado, muchos turistas se acercaron a Southampton hoy, especialmente mujeres por ese asunto del Titanic… Dos de ellas, muy bonitas por cierto, se acercaron a saludarme –comentó, con una sonrisa orgullosa.
-¡Viejo! ¿No me digas que estuviste de conquista? ¡Qué no se entere mamá! –bromeó el gemelo.
-No, lamento decirte que no se acercaron por mí sino porque conocían a Ron –contestó, guiñándole un ojo al pelirrojo.
-¿Quiénes eran esas muchachas? –inquirió sorprendido Ron.
-Creo que lo sabes muy bien… Una de ellas se fue hace mucho tiempo y ahora regresó… -Arthur sonrió satisfecho cuando notó que el rostro de Ron comenzaba a sonrojarse.
-¿Hermione fue a Southampton? –preguntó George –debí suponer que sería una romántica empedernida… Estás perdido hermanito –bromeó el pelirrojo, dándole una palmada de consuelo en la espalda.
-No se a qué te refieres, Hermione es mi amiga –se defendió el pelirrojo, cada vez más morado –. Ahora, si me disculpan, iré a darme un baño. –y salió de allí, ignorando las risas de su padre y su hermano.
-¡Angelina también era mi amiga! –gritó George, aunque Ron ya había llegado a la puerta del baño y la traspasó sin contestar, cerrando tras de sí con un fuerte golpe que hizo que su hermano riera aún más fuerte.
Hermione y Fleur continuaban en el puerto de Southampton junto a todos aquellos turistas que se habían acercado allí para conocer y escuchar sobre aquel histórico sitio, mientras sacaban fotos y recorrían el lugar. La castaña notó de pronto que cerca del muelle había un hombre en un pequeño velero que ambas conocían bien y se giró hacia su amiga, advirtiendo que ella también lo había visto ya que comenzó a negar enérgicamente con la cabeza y a lanzarle miradas amenazantes por si se atrevía a caminar hacia allí. Ignorando la terquedad de la rubia, tiró del brazo de ella, prácticamente arrastrándola hacía donde Bill en ese momento desataba la soga que mantenía el velero anclado. Cuando las vio, se detuvo en su quehacer y se llevó una mano hacia su frente, para tapar el sol que le daba en los ojos y sonrió abiertamente, haciendo que Fleur protestara más contra su amiga por obligarla a acercarse contra su voluntad.
-Hola Bill, ¿saldrás a navegar un rato? –preguntó una sonriente Hermione, mientras Fleur bufaba cruzada de brazos y mirando hacia otro lado.
-Hola chicas; sí, el día esta ideal para embarcarse. ¿Qué hacen por aquí?
-Bueno, no podíamos estar en la isla sin pasar aunque sea un momento por el puerto de Southampton, es como una obligación –contestó la castaña y se dirigió hacia Fleur esperando que participara de la conversación -¿No Fleur?
-Eh… Si, claro… ¿Y tú, acaso nunca trabajas? –preguntó de mala manera Fleur, ignorando el codazo de su amiga.
-Estoy de vacaciones… No solo los ricos las tienen ¿sabes? –contraatacó el pelirrojo con burla –¿Oigan, quieren venir conmigo? Hay lugar para todos.
-No.
-Sí –dijo Hermione, por encima de la negativa de su amiga.
-¿No íbamos a ver a tu tía? –preguntó Fleur, aunque parecía más una súplica que una pregunta.
-Ay vamos Fleur, podemos ir luego, ella entenderá…
-¡Genial! –exclamó Bill sonriente -. La pasaremos muy bien, se los aseguro.
-Ya lo creo –contestó la castaña y se giró hacia Fleur que la miraba con odio –. Tú primero Fleur.
Fleur subió al velero con ayuda de Bill y cuando llegó el turno de la castaña, se llevó una mano a la frente y fingiendo pesar, expresó:
-¡Pero qué tonta soy! ¡Olvidé que Lavender me pidió que pasara por su casa para planear la despedida de soltera de Ginny!
-No me digas… -contestó Fleur en forma irónica –Bien, en ese caso, no podremos ir contigo Bill, tenemos un asunto importante que…
-Lo siento Fleur pero… como tú no eres una de sus amigas no sería considerado que te lleve conmigo, ¿no crees? Creo que lo correcto sería preguntarles primero si puedo llevarte a la despedida, pero si lo hago contigo a mi lado quedará como que las estoy obligando y no estará bien… ¿Por qué mejor no vas con Bill? Diviértanse y yo después te daré todos los detalles. –cuando terminó de decir esto, se dio la vuelta con una sonrisa triunfal y salió presurosa de allí, aún sabiendo que su amiga se lo haría pagar caro tarde o temprano.
Cuando Ron terminó de vestirse después del baño, se acercó nuevamente a la cocina y sonrió cuando se encontró con el bullicio normal de todos los días. George molestaba a Ginny, bromeando sobre las cosas que le harían a Harry en su despedida, la pelirroja se hacía la superada, aunque no ocultaba bien su molestia por lo que escuchaba; Harry sonreía con timidez, aunque se sonrojaba cada tanto con algunas de las picantes sugerencias de George; Molly abría la boca indignada cuando su hijo decía esas cosas y miraba a Arthur esperando que intercediera; no obstante éste no hacía más que festejarle las bromas al gemelo –aunque no se atrevía a acotar nada, por miedo a la reacción de su mujer– Fred, aun somnoliento ya que se había despertado hacía solo unos minutos, reía entre bostezos y cuando lo vio a Ron, lo llamó con un gesto de la mano y diciendo:
-Ven Ron, únete a la fiesta.
-Amigo, ayúdame –imploró Harry, tapándose el rostro con las manos.
-Vamos muchachos, dejen en paz a Harry, ya tendrá suficiente en su despedida –bromeó el pelirrojo, uniéndose al resto.
-Eh… Gracias amigo. –contestó irónicamente el moreno.
-Aparte, todavía no podemos planear nada porque falta Bill –añadió con una sonrisa traviesa.
-Estoy perdido… -se lamentó Harry
-¡Oye! ¿Que quieres decir con eso? ¿Qué nuestro hermano es un mujeriego o algo así? –inquirió George, divertido.
-Al contrario, deberías sentirte aliviado ya que se llevará todas las chicas –bromeó Fred.
-¡Ya basta muchachos, no hablen así de su hermano! –los regañó Molly, ofendida.
-Ay vamos mamá, ¿no seguirás esperando que Bill siente cabeza verdad? –soltó Ginny con sarcasmo.
-¿No lo hizo Charlie acaso? –contestó esperanzada.
-Charlie no se casó mamá y de todas maneras, creo que Bill es peor –dijo en un tono de burla la pelirroja.
-Se equivocan, Bill está enamorado, ya lo verán –siguió, imperturbable.
-¡¿Bill, enamorado?! –preguntó sorprendido Arthur –Ahora entiendo porque se desató semejante tormenta –bromeó, pero dejó de reír cuando Molly lo fulminó con la mirada.
-Sí, está enamorado de esa chica tan bonita… ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Fleur.
-Creo que Bill está tan enamorado de Fleur como Fred de Mindy –comentó entre risas George, contagiando a Ginny y a Ron.
-¡Por Dios, ni la nombres! –protestó Fred.
-¿Quién es Mindy? –indagó intrigada Molly.
-Nadie mamá, es una broma –contestó Fred, fulminando con la mirada a su gemelo que reía más fuerte.
-¿Pero por qué dices que Bill está enamorado de Fleur mamá? –curioseó Ron.
-Porque noté cómo se comportaba con ella, cómo la miraba… Una mujer sabe de esas cosas –contestó, con mirada soñadora.
-Mamá… es tan probable que Bill esté enamorado como que Ginny sea virgen… -opinó Fred
-¡Ey! –protestaron todos a la vez, menos Harry que a esa altura ya estaba morado de la vergüenza.
-Bueno, ¡lo siento! No quise decir eso… Digamos que, es tan posible como que Cho y Ron se separen –ironizó, y frunció el ceño con recelo cuando se percató de que Ginny y Ron se miraban de soslayo –Eh… ¿me he perdido de algo?
-Bueno… -Ron miró a Ginny y tomó aire, decidido, cuando ésta lo alentó a que hablara -. Hay algo que deben saber…
Pero en ese momento llamaron a la puerta por lo que se levantó para ir a abrir, ante el reclamo general del resto por haberlos dejado con la incertidumbre. Se sorprendió notablemente cuando vio que se trataba de Cho y antes de que pudiera invitarla a pasar, la oriental lo interrumpió:
-Hola Ron, ¿podrías salir un momento por favor? Necesito hablar contigo.
-Claro… Ven, bajemos a la playa.
Ron se sentía muy nervioso, no esperaba encontrarla tan pronto y temía decir o hacer algo que hiciera empeorar las cosas. Por otro lado se alegraba de verla ya que había llegado a pensar en que quizás lo evitaría y no querría volver a dirigirle la palabra.
-Ya deja de perseguirte, ¿quieres? –Cho interrumpió sus pensamientos y lo tomó de la mano -. Vengo a despedirme.
-¡¿A despedirte?! ¡No me digas que vas a mudarte!
-No, nada de eso… Iré a Londres a visitar a mis padres, los extraño y creo que me hará bien estar con ellos. Solo quería decirte que estamos bien Ron y que no debes preocuparte por nuestro futuro. Te quiero y eres uno de mis mejores amigos –Ron suspiró aliviado y la abrazó.
-Yo también te quiero y te deseo un buen viaje. Envíale mis saludos a tus padres… aunque, cuando le cuentes lo que sucedió quizás me odien –ironizó el pelirrojo.
-Mmm, no creas… Creo que estarán más felices –bromeó, y al instante aclaró riendo –estoy bromeando, no te preocupes.
-Lo se. Cho… Lamento que las cosas no hayan funcionado entre nosotros –Ron era sincero y Cho sonrió.
-Las cosas funcionan entre nosotros Ron, y de maravillas… Solo nos equivocamos en el tipo de relación. Por suerte, pudimos arreglarlo a tiempo… A veces uno está tan ciego que ve solo lo que quiere… Hasta que la vida te muestra lo equivocada que estás.
-¿A qué te refieres? –curioseó.
-En todos los años que estuvimos juntos, ni una sola vez me miraste como la miras a Hermione… Y ahí me di cuenta de que yo tampoco lo hice…
-No es lo que crees Cho, ella es mi…
-Deja de engañarte Ron… No seas tonto, no la pierdas. Ojala yo pudiera sentir algo así por alguien –contestó, con un brillo soñador en sus ojos.
-Encontrarás a alguien digno de ti, lo se… Eres una mujer maravillosa Cho y te mereces al mejor hombre de la tierra… ¡Oye! ¡Quizás lo conozcas en Londres! –exclamó entusiasmado y Cho comenzó a reír.
-Oh sí, claro… Con mi mala suerte, no lo vería ni aunque nos encerraran juntos en un cuarto alejados del resto de la población –bromeó, desatando la risa de ambos que siguieron bromeando como en los viejos tiempos, como buenos amigos que eran.
Mientras tanto, en la cocina de los Weasley, todos murmuraban por lo bajo, haciendo distintas conjeturas sobre lo que podía estar pasando afuera, mientras esperaban ansiosos al regreso de Ron. Cuando éste regresó, se hizo un silencio general de pronto, dejándolos en evidencia ante el pelirrojo que los miraba con una ceja levantada y los brazos cruzados. Al notar que nadie iba a decir nada, se sentó en silencio junto a Harry y le preguntó:
-¿Qué harás mañana a la tarde?
-¡¿Y eso que importa?! –interrumpió George –Desembucha, vamos.
-No se de que hablas –contestó, haciéndose el desentendido.
-¿Se reconciliaron? –preguntó Fred, con mucha curiosidad.
-¿Cómo sup…? Ginny…
-¡Lo siento, me lo sacaron a la fuerza! –se defendió, haciendo pucheros.
-¡No mientas! ¡Ni siquiera esperaste a que terminara de traspasar la puerta para empezar a contarnos! –desmintió Harry.
-¡Oye! Se supone que debes estar de mi lado, ¿no? –protestó, cruzándose de brazos.
-¡Bueno, eso no importa ahora! –interrumpió Molly, fastidiada -¿Entonces, Ron?
-¡¿Mamá, tu también?! –espetó Ron con incredulidad.
-Bueno hijo, me preocupa tu felicidad –contestó, abochornada.
-Ok… No, no nos reconciliamos. ¡Pero estamos bien! –dijo, con una sonrisa de alivio en su rostro.
-¡Ay hermanito! Yo que tú me voy corriendo tras ella para pedirle otra oportunidad… ¿Dónde encontrarás a otra mujer tan trastornada que se fije en ti? –bromeó Fred.
-Te sorprendería lo errado que estás –comentó Ginny por lo bajo, sonriendo con picardía.
-¡Ginny, cállate! –la regañó el pelirrojo.
-Mmm, yo creo saber a quien se refieren –dijo Arthur sonriendo maliciosamente.
-¿Acaso se refieren a una chica muy bonita que vino de vacaciones hace unos días? –preguntó Harry, observando con complicidad a Ginny.
-Si, hablan de Hermione –contestó la pelirroja.
-Creo que apuntas un poco alto hermanito –comentó George.
-Sí, creo que no tienes chance –opinó Fred.
-¿De quién hablan? –curioseó Molly.
-De esa niña que se fue cuando llegamos a la isla, ¿recuerdas? –le contestó Arthur.
Ron observaba como todos hablaban de él, comentando y haciendo acotaciones de su vida como si no estuviera presente. Poco a poco empezaron a ponerse cada vez más rojas sus orejas e iba apretando los puños cada vez más fuerte, mientras fruncía el ceño y los miraba a todos con la peor cara de odio que habría tenido jamás.
-Y aparte, está comprometida con un abogado –acotó Ginny.
-Y es muy inteligente… ¿Sabían que es doctora? –comentó Harry.
-Bella, inteligente, en buena posición económica y de novia con un abogado… Dudo que se fije en Ron –opinó Fred.
-Nadie es mejor que mi hijito –juzgó Molly, orgullosa –y se que la hará muy feliz.
-¡¿PUEDEN CALLARSE TODOS YA?! –gritó, levantándose y golpeando la mesa con un puño, algo que hizo que todos cerraran la boca al instante -¡No se si lo notaron pero estoy junto a ustedes!
-Lo siento hijo –dijeron Arthur y Molly al mismo tiempo, y en ese momento se escuchó el timbre nuevamente.
-Sí… siento que te hayas enamorado de una mujer inalcanzable –contestó Fred, apretando los labios para no reír.
-En serio hermanito, creo que no deberías apuntar tan alto –se burlo George.
-Es que… es tan probable que ella te elija a ti como que Bill esté enamorado –bromeó Fred para luego cubrirse levemente el rostro con una mano para que no lo escuche su madre, ya que su padre se había levantado a abrir la puerta, y susurró –o que Ginny sea virgen.
-Eres un imbécil –respondió, ofendido.
-Ya hermanito, es una broma… Pero si quieres conquistarla deberías moverte, a menos que esperes que venga ella por ti –se burlo, y ambos gemelos comenzaron a reír hasta que su padre los interrumpió.
-Ron, tienes visita –dijo un sonriente Arthur que aparecía junto a una sonrojada Hermione.
-¡Hermione, que sorpresa! –exclamó Harry, contento.
-Oye, viene a ver a Ron, no a ti –expresó George, mirando a Fred que se rascaba la cabeza, confundido.
-Bueno… -Hermione se había sonrojado aún más y Ron miraba hacia el piso, claramente abochornado -. Fui a ver a Lavender pero no me atendió… Creo que no escuchó el timbre… Luego fui a tu casa Harry pero, como sabrás, no te encontré… Así que… decidí mejor venir aquí y… bueno, aquí estoy.
-Bueno, ya estás aquí hija, ¿por qué no te sientas y nos cuentas un poco sobre Londres? –preguntó de pronto Arthur, ya que todos la observaban en silencio y se notaba la creciente incomodidad de la castaña.
-¿Por qué mejor no vamos a la casa de Lavender? Veremos si ahora escucha el timbre –interrumpió Ron, y todos se giraron sorprendidos hacia él.
-Bueno… Si a usted no le molesta –respondió, dirigiéndose a Arthur.
-Oh, claro que no, vayan tranquilos –contestó Molly, adelantándose a Arthur.
Ron salió casi empujando a Hermione y evitando observar a sus hermanos que de seguro lo mirarían con burla por su reciente proceder; la castaña se dejó llevar, claramente ruborizada por el actuar del pelirrojo. Una vez en la calle, comenzaron a caminar rumbo a la casa de Lavender a pasos acelerados y Hermione no pudo evitar notar cierta tensión en Ron ya que no le había dicho una sola palabra ni la había mirado desde que salieron de su casa. Cuando se dio cuenta de que comenzaba a agitarse en el intento de ir a la misma velocidad que su amigo, se detuvo en seco y esperó a que el pelirrojo se percatara de su extraño comportamiento. Ron caminó varios metros hasta que se dio cuenta de que Hermione no iba a su lado y al voltearse, la encontró parada, con los brazos cruzados y observándolo con el ceño fruncido y una media sonrisa, como si todo ese asunto fuera alguna clase de broma. Suspiró y caminó hacia ella, pero antes de que llegaran a encontrarse nuevamente, Hermione se había echado a reír con ganas.
-¿Se puede saber que te sucede Ron?
-¿A mí? Nada, ¿por qué lo preguntas? –contestó simulando seguridad, aunque sus orejas moradas lo delataban.
-Porque me has quitado prácticamente a los empujones de tu casa, no me has dirigido la palabra y pareciera que quieres jugarme una carrera –bromeó, observándolo con curiosidad.
-Disculpa, es que… Bueno… ¿no escuchaste nada de lo que estaban diciendo cuando llegaste? –preguntó, con un nudo en la garganta.
-No… ¿Qué es lo que debía escuchar? –curioseó y dejó de reír.
-Nada, olvídalo. –se giró para seguir caminando pero Hermione lo retuvo, tomándolo del brazo.
-Ron… ¿Qué sucede? –el rostro de la castaña se había tornado serio ahora.
-Nada, es solo que… -en el intento de arreglar ese embrollo que había formado, recordó lo que no había podido decirle antes y aprovechó ese momento –Cho y yo terminamos y cuando llegaste, mi familia me cuestionaba como si fuera un sospechoso en un juicio –La tez de Hermione adquirió una blancura extraña y, aunque Ron pensó que la excusa que le había dado era malísima, supo que al menos, había logrado distraer su atención hacia otro lado.
-Oh… Lo siento Ron, no lo sabía… Y… ¿cómo te sientes? –preguntó, con un gesto de preocupación como si Ron estuviera moribundo.
-¡Bien! –casi gritó y al ver el gesto de desconcierto en el rostro de ella, pensó que quizás pensaría que era un insensible sin corazón e intentó arreglarlo -Es decir… Es duro, fue mi pareja durante mucho tiempo pero ambos sabíamos que… no éramos el uno para el otro… -respiró aliviado cuando notó que ella ahora tenía una expresión de compasión, aunque no era esa la reacción que hubiera querido que tuviera.
-¿Y por eso estabas así? ¿Temías que yo también te juzgara? –preguntó con incredulidad.
-No, claro que no… Es solo que… ¿podemos seguir caminando?
-Si, claro… -Hermione decidió que lo mejor sería no obligarlo a hablar y dejar el asunto atrás, al menos por el momento. No quería que él pensara que era una entrometida o peor… que aquél asunto le interesaba… más de lo que jamás pudiera admitir.
Lavender en su vida había tenido un día como ese… No era virgen, por supuesto, pero las pocas veces que había tenido relaciones sexuales, nunca habían sido tan satisfactorias y… extrañas. Cormac la había hecho llegar a límites nunca alcanzados y le había hecho hacer cosas jamás pensadas, y aunque no era exactamente lo que siempre había fantaseado, se sentía muy bien… Demasiado, quizás. Acostada, desnuda y apenas cubriendo sus partes más resguardadas bajo las sabanas, lo observaba vestirse en completo silencio y cuando se giró hacia ella y la observó con esa endiablada sonrisa encantadora que tenía, Lavender notó que no habían hecho el amor, sino que habían tenido sexo del más casual y sin amor de ningún tipo. Lo deseaba y la había pasado genial con él, mejor que con esos pocos con los que también lo había hecho, pero aun así, aunque había prácticamente delirado de placer y perdido la cabeza unas cuantas veces, sentía un pequeño vacío en su interior. Tendría que haberse sentido molesta, incluso enfadada, cuando le dijo que debía irse y por ello no se quedaría a su lado después del intenso e íntimo momento vivido, pero a ella no solo no le había molestado en absoluto, sino que deseaba que se fuera, como si lo hubiese utilizado. Al contrario de sentirse mal por ello, lo tomó como algo sensato, incluso normal y eso la hizo sentir bien, al no estar perseguida por la culpa o por estar procediendo de forma reprochable. No se movió de su lugar cuando el rubio se acercó y besó su frente, despidiéndose con la promesa de una pronta llamada suya. Lavender se sentía bien… demasiado bien… Pero cuando escuchó el golpe de la puerta al cerrarse y se dio cuenta por primera vez en aquel día que estaba sola, desnuda e indefensa en aquella cama, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin permiso, recorriendo aquellas mejillas sonrojadas por el intenso momento recientemente vivido y muriendo en aquella boca hinchada por la infinidad de besos dados y recibidos, que inmediatamente y sin esperarlo, ahogó un gemido angustiante e impotente que retumbó en toda la habitación.
Hermione y Ron se detuvieron de golpe y se miraron entre sí con asombro cuando vieron salir a Cormac, con el cabello revuelto y una sonrisa de satisfacción, de la casa de Lavender. Luego de discutirlo y pensarlo unos minutos, acordaron que lo mejor sería no molestarla en ese momento, ya que quizás estaría bañándose, durmiendo o… lo que fuera que podría estar haciendo, pero, en definitiva, pensaban que podrían llegar a ser una molestia en esos instantes por lo que decidieron regresar. El sol comenzaba a ocultarse ya y Hermione pensó que lo mejor sería despedirse de Ron y volver a la casa de playa, ya que quizás Fleur estaría en ese momento regresando de su paseo con Bill. Se giró hacia él, y antes de que pudiera salir la primera palabra de su boca, Ron se le adelantó:
-¿Quieres ir a nadar? –se lo preguntó con voz retraída y sin mirarla y a Hermione le pareció por un momento que era aquel niño tímido que había conocido hacía quince años y no pudo evitar sonreír… ni aceptar.
-Me encantaría –Ron la observó esta vez y por la gran sonrisa que había hecho, la castaña no supo si sentirse feliz o arrepentida.
-Muy bien… ¡entonces mejor que seas veloz si pretendes ganarme! –bromeó y se echó a correr riendo hacia el mar, sin darle tiempo a la castaña a reaccionar.
-¡Eso no vale! –rezongó Hermione que comenzó a correr tras él y luego ambos, vestidos, se zambulleron en las cálidas aguas del océano.
Comenzaron a empujarse, saltar olas y tirarse agua como cuando eran niños, riendo sin parar, ante la mirada incrédula de algunos turistas que pasaban caminando por allí y que negaban con la cabeza ante la imagen de aquellos dos adultos que se comportaban de esa manera inmadura e infantil. Hermione no recordaba haberse divertido tanto en años, aun cuando comenzaba a sentirse mareada después de que Ron la levantara en sus brazos y la tirase al agua en varias oportunidades.
Bill se sentía como si estuviera en un paseo turístico en el que solo había una pasajera y en el que él era el guía… Fleur apenas le había dirigido la palabra en el paseo y parecía que seguiría con esa actitud todo el recorrido. Exasperado ya de la situación, decidió que lo mejor sería regresar al puerto y olvidarse de aquella tontería. Fleur, que estaba apoyada contra la baranda observando el agua, al notar que regresaban, se giró hacia Bill y notó que tenía un aspecto enfadado y molesto, por lo que decidió acercarse a él.
-Eh… mecánico… ¿sucede algo? –preguntó, como quien no quiere la cosa.
-Mi nombre es Bill –espetó, sin poder ocultar la irritación en su voz.
-Bueno, no es para que te pongas así –contestó, haciendo una mueca de burla.
-¡¿Qué demonios quieres Fleur?! –soltó, enfadado y la rubia se sobresaltó -¿Por qué diablos viniste conmigo si no querías?
-¡¿Y ahora que hice?! –se defendió.
-¡Nada! ¡Absolutamente nada! ¡No me hablas, contestas con monosílabos, apenas has notado que estabas acompañada!
- Ok, ¡lo siento! Me gusta disfrutar del océano en silencio, ¡si sabía que era tanto problema para ti no hubiese venido! –protestó.
-¡Creo que hubiese sido igual porque de todas maneras, me pareció que había venido solo! –antes de que fuese a contestarle nuevamente, agregó –olvídalo ¿sí? Eres un caso perdido.
Fleur abrió la boca, indignada por el comentario de Bill pero aun así, no le contestó. Volvió a acomodarse en el sitio que había dejado y se quedó en silencio y con el ceño fruncido hasta que arribaron al puerto. Una vez llegado, Fleur abandono el velero sin ayuda de Bill y, aunque quería irse de allí sin volver a dirigirle la palabra, se quedó de pie, observándolo mientras terminaba de anclar y bajaba también. Una vez que ambos estuvieron ya fuera del velero, comenzaron a caminar lado a lado, sin dirigirse la palabra ni la mirada, mientras el cielo comenzaba a oscurecer y se empezaban a ver las estrellas en el firmamento. Bill comenzó a caminar más rápido y Fleur hizo lo mismo, para poder continuar a su lado y que no la dejara atrás pero el pelirrojo era más veloz y por eso, Fleur comenzaba a agitarse y a sentir un dolor punzante en el costado de su estómago.
-¡Espera! –jadeó y se dobló, apoyando las manos en sus rodillas, mientras intentaba recuperar el aire. Bill se detuvo y se quedó observándola con el rostro muy serio –por favor, ve más despacio…
-¿Por qué diablos no tomas un taxi si estás cansada? –preguntó, con irritación en la voz.
-Lo siento… Otra vez… -dijo de pronto, sorprendiéndolo y haciendo que suavizara un poco su gesto.
-No te creo… No lo sientes en absoluto. –respondió, mordaz, logrando que ella se acercara a él, desafiante, para contestarle.
-¿Por qué me tratas así? –le espetó.
-¿Por qué me sigues? –contraatacó él.
-¡¿Seguirte?! ¡Ja! Por favor… -ironizó ella con arrogancia.
-¡Eres una niña insoportable y maleducada! –soltó, acercándose a ella.
-¡Y tu eres un ser despreciable! –respondió, acercándose también.
-¡Caprichosa! –dio un paso más.
-¡Canalla! –se aproximó otro poco.
-¡Superficial engreída! –dijo, casi sobre su rostro.
-¡Maldito imbécil! –contestó, sintiendo ya el aliento furioso de él sobre su cara.
-Princesa mimada –dijo, apenas en un susurro.
Se quedaron en silencio, respirando agitadamente y mirándose con ojos llenos de ira, y antes de que ella pudiera siquiera pensar en replicarle, la boca de Bill atrapó la de ella con furia, besándola con frenesí y fogosidad. Fleur correspondió al beso con efusividad y pasión contenida, aferrándose al cuello de él como si temiera perder aquél contacto. El danzar de sus lenguas, cálidas y sedientas de más, provocaba en ella un calor sofocante en su cuerpo, que le rogaba a gritos que no se detuviera, y que pudiera prolongar ese momento durante horas, olvidándose del mundo y del oxigeno que comenzaba a faltarles. Pero, como no podía de ser otra manera, el aire imperioso por entrar nuevamente en sus pulmones, los separó bruscamente, dejándolos agitados y jadeantes, mientras la brisa de la noche que recién comenzaba, se interponía entre ellos. No obstante, contra todo pronóstico y siendo lo último que Bill esperaba que sucediese en ese momento, Fleur frunció el ceño de pronto y rompió el silencio de aquella cálida noche, con el ensordecedor sonido provocado por la gran bofetada que le propinó en la mejilla derecha, haciendo que el pelirrojo se llevara la mano hacia la dolorida zona.
-¡¿Cómo te atreves a besarme?! –soltó con furia a un perplejo Bill.
-Yo… Lo… ¿siento? –contestó, pasmado.
-¡Eres un idiota! –gritó, con ojos llorosos para luego salir corriendo de allí, ante la mirada confusa del pelirrojo que no supo que demonios habría sucedido.
El cielo estaba ya oscuro y estrellado en su totalidad, con la majestuosa luna brillando en su esplendor sobre aquellas dos personas que estaban sentadas en la arena, mojadas de pies a cabeza y observando el océano azul en completo silencio. Hermione se giró hacia su acompañante, sonriente aun por la increíble y poco usual tarde pasada juntos y se encontró con esos ojos azules que la habían hipnotizado desde la primera vez que se habían posado en ella, tantos años atrás. Tenía que romper aquel silencio, que comenzaba a ser intimidante y tenso, pero no podía encontrar las palabras justas, quizás porque su inconciente la traicionaba y deseaba prolongar aquel encuentro de miradas. Pero su mente racional siempre estaba allí para ayudarla por lo que luego de un largo suspiro, se dirigió a Ron con seguridad y total sinceridad.
-La pasé genial Ron, de verdad.
-Yo también… Ha sido divertido –contestó, con una tímida sonrisa que le desbocó el corazón.
Ella correspondió a aquella sonrisa que se fue borrando poco a poco, hasta que ambos se observaban más seriamente, como descubriéndose el uno al otro otra vez, pero nuevamente parecía ser esta la primera. Hermione comenzaba a sentir que el aire le faltaba y que si no desviaba rápidamente sus ojos de los de él, su mente la traicionaría irremediablemente, pero aún así, no pudo moverse aunque la visión de la boca de Ron humedeciéndose por su lengua en ese momento, provocaba la posibilidad de que pudiera perder la cordura. Pero, aunque ya creía que sería imposible, Hermione habló nuevamente, intentando impedir aquello que veía venir y que sabía en lo más profundo de su ser que no podría detener:
-Creo que deberíamos volver, podríamos enfermarnos…
-Tienes razón, no sería bueno que nos pongamos malos ahora que falta tan poco para la boda –contestó, observando nuevamente el océano.
-Es cierto… ¿nos vemos mañana? –preguntó, aunque se arrepintió en el momento… Verlo nuevamente era una mala idea, lo sensato era alejarse de él todo que pudiera, al menos hasta que llegase Cedric.
-Claro, -contestó el pelirrojo.
Cuando tendió su mano para ayudarla a levantarse y ella vio, por última vez aquella noche, el intenso azul de su mirada, supo en lo más profundo de su ser, que ese pelirrojo era la principal y única razón por la que se había negado a volver a la isla todos esos años y al mismo tiempo, la razón por la que lo había hecho.
fatty73: Hona, bueno... Son muchos personajes, muchas historias y por lo tanto, muchos conflictos jajaja. Gracias por tu review, hasta la próxima, besotes!!!
Ale: Hola, ¿cómo estás? ¡Qué bueno que te guste la historia! Y bueno sí, es muy AU jajaja pero bue, es lo que salió jeje. Espero que pueda seguir siendo de tu agrado, gracias por tu comentario, besotes!
Daniela: Ya te contesto... Decidí primero subir el capítulo porque si te contesto a vos primero, se me hace sábado!!! jajaja, besotes tocaya!
