CONTÁNDOTE TODO:

Las siguientes semanas significaron todo en lo que concernía a mi tratamiento, empecé a contarle al doctor Max parte de mi pasado más oscuro, le conté lo de internet, lo del chat con esos pervertidos, le relaté la historia, y no pude evitar quebrarme. Es que era algo tan personal, tan íntimo, y el haber podido por fin soltarlo y decirlo me hacía sentir por completo libre, como si me hubiera sacado un gran peso de encima.

-Tranquila, ya todo paso, son cosas que pasan, eras muy joven, todos cometemos errores.- el doctor Max trataba de calmarme, pero…ese era un tema muy delicado para mí, tocaba la fibra más sensible de mi cuerpo, y aún me es difícil hablar de ello.

-Es solo que me siento tan culpable, me mostré ante esos idiotas por idiota, fui tan idiota…- lloraba, las lágrimas salían de mi sin poder retenerlas.

Nunca había hablado con alguien sobre todo, con alguien que no me acusara, que no me señalara con el dedo, él trataba de ponerse en mi lugar, de entenderme, no me acusaba, simplemente me decía que mirara para adelante. Eso era lo que yo urgentemente necesitaba: aceptación.

Esas semanas también fueron especiales a su manera por otra cosa: me pusieron brackets. Estaba tan insegura al principio, porque en mi primaria a los chicos que se ponían brackets les decían: "dientes de latas" "te has comido a un transformers" o cosas así. Sabía que no era muy buena soportando bromas, y no quería tener más problemas en eso, pero por otra parte, ya no podía esperar para tener mis dientes derechos y perfectos. Era mi sueño, siempre había anhelado tener los dientes perfectos y cuando me pusieron los brackests sentí ese sueño más cerca que nunca. Sentí que era el principio de algo nuevo, de una nueva Bella, de que si me curaba y me aceptaba podría ser la persona que siempre quise ser y la que interiormente era.

Iba a consultas con el doctor Max todas las semanas, en ellas hablábamos de cómo sentía cuando me insultaban o me hacían bromas, hablábamos de porque no me gustaba como era, de porque no me aceptaba, de que por que quería cambiarme.

-Solo quiero ser aceptada en el grupo, no quiero que me aíslen, no quiero…me siento mal, me siento rechazada, como un bicho raro.- Era la verdad, en mi salón no sumaba ni restaba nada, no era la mejor estudiante, era mala en deportes, extremadamente tímida, no muy buena bailarina. No había ni una sola cosa para que me necesitaran, para muchos de ellos era como un mueble más.

-¿Sabes que mucha gente mataría para ser diferente? ¿Mataría por ser un bicho raro como tú dices?- el doctor a veces decía tonterías, esta era un de ellas.

-No lo creo, no conozco ni una sola chica que quiera ser diferente, al contrario, todas parecen hechas del mismo molde.- bufé estresada.

-¿Molde?- preguntó, arqueando una ceja.

-Ya sabe…delgadas, bonitas, con el cabello largo y lacio, ojos claros, largas piernas, altas. Prototipo de perfección.- susurré amargada. Como desearía que la sociedad fuera más tolerante con las chicas que no somos así, que no fuimos hechas por ese molde, que aceptara que la belleza no era necesariamente como ellos lo planteaban.

-Todos quieren ser especiales, quieren ser diferentes porque todos saben que la belleza es temporal, que todo pasa, pero cuando eres diferente o especial realmente quedas, dejas mella, en vez lo común ya es aburrido, todos mueren por ser especiales…tú eres especial, eres diferente y quieres ser normal, común y corriente. ¿Sabes lo contradictorio que tu comportamiento es?

Me quedé con la boca abierta, él tenía razón, yo moría ser aceptada pero…al final, la gente que verdaderamente logra objetivos en la vida, la gente que es recordada es la gente especial, diferente al resto, la gente común es la primera en ser olvidada.

Ese día significó un punto de quiebre en mi vida y en mi aceptación y amor por mi misma. Me di cuenta que tenía razón, que el doctor Max no hablaba puras tonterías como yo pensé al principio, hablaba realidades, yo era especial y de la buena manera, debería estar orgullosa de serlo.

Desde ese día empecé a quererme más a mi misma, a darme cuenta que mis diferencias eran un extra en mi vida, algo adicional, un plus. No voy a decir que mágicamente todos mis problemas e inseguridades desaparecieron por que sería mentir, pero al menos mi autoestima y confianza poco a poco iba subiendo.

Pero las bromas y los insultos… eso aún me lastimaba en el alama, cada vez que esas me decían algo aún era como un puñal directo a mi corazón. Aún no lograba superarlo, y era algo frustrante a veces porque quería mejorar, quería ser fuerte, pero era difícil.

-No trates de acaparar todo, tus inseguridades no se irán en un día, eso no va a pasar, así que quítate esa idea de la cabeza.- el doctor trataba de entenderme, pero yo me frustraba, quería todo tan rápido.- Deja de estresarte, nadie puede superar problemas de esta magnitud en unas semanas, es un proceso, un proceso en el que vas muy bien encaminada.- solo asentí, él tenía razón, tenía que calmarme, todo saldría bien en poco tiempo, estresarme y frustrarme de la manera en que lo hacía solo retrasaba más el proceso.

Estaba caminando a mi casa, cuando una figura en al puerta llamó mi atención indudablemente. Era un hombre, al principio pensé que podría ser un delincuente, me tensé inmediatamente y cogí mi llave para defenderme, pero al acercarme más me asombré por completo. Era la última persona a la que pensaba encontrarme.

-Hola Bella.- susurró, ante mi confusa mirada.