Capítulo 13: Ruinas y cenizas.

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Por fin a lo lejos vislumbraba su cabaña. Salió del Valle del Fin con el amanecer y se había demorado varias horas en llegar. Las piernas no aguantaban el peso de su cuerpo y aún temblaban por la emoción del reencuentro.

Se sentía libre como los pájaros en aquel momento. No había ninguna cadena lo suficientemente fuerte para atarla, ni siquiera su propio pasado. Ahora había comprendido el valor del futuro y del presente; eso era lo que de verdad importaba ya que el pasado conformaba su personalidad pero no podía hacerla feliz. En cambio imaginarse un futuro con él… le hacía inmensamente feliz

Había recorrido todo el trayecto sin pararse a descansar. La energía fluía por cada poro de su piel; una energía nueva y limpia, como la luz del sol. Ahora podía afirmar con toda seguridad que poseía el espíritu de su aldea. Luz era la mejor palabra para definirla en aquellos instantes.

Pero esa felicidad se vio un poco empañada al llegar a su hogar. Las invocaciones la esperaban allí y Kuroi no parecía muy contento… pero Tora lucía una espléndida sonrisa en su hocico. Estaba más que satisfecha.

La reprimenda que soltó el búho de color oscuro fue memorable sin duda. Acusó a Ginko de poner en peligro la misión y añadió que a la mujer no le importaba más que su propio beneficio. Todo esto acompañado de pomposas palabras y gritos que no dejaron indiferente a ninguno de los que allí se encontraban. A ninguno menos a Ginko, que apenas escuchaba al ave.

No le importaba lo que tuviera que decirle porque ya había encontrado esa motivación que necesitaba. Pudo dar ese paso que tanto temía por miedo al rechazo. Ahora estaba dispuesta a entrenar como nunca.

- Kuroi, no seas tan duro con ella.- intentó defenderla la tigresa.

- Tú…- le respondió el búho acusadoramente- tú eres la menos indicada para hablar. Tú dejaste que ella se quedara y eso podría haber arruinado todos los planes. ¿En qué demonios pensabas?

Ella puso los ojos en blanco y se acercó a Ginko.

- Pues pensaba en ella. No te das cuenta de lo que significan las relaciones entre las personas y ese es tu error. Ver el mundo sólo desde tu punto de vista no siempre es la mejor opción Kuroi.

- ¡¿Quién te has creído que eres?- gritó él visiblemente enfadado- El hecho de que seas una antigua no te da derecho a hacer lo que se te antoje. Hay que cumplir una serie de normas si queremos que todo salga bien. ¿Eres capaz de entender eso?

- Mira pajarito, me he cansado de ser respetuosa contigo.- le espetó la tigresa- No eres nadie para dar órdenes a los demás. Aquí todos estamos en igualdad de condiciones y tenemos los mismos derechos para hacer lo que creamos conveniente. Deja de quejarte de una maldita vez y preocúpate por lo realmente importante; ni siquiera puedes ver más allá de tu pico…

- ¡Maldita sea!- bramó el aludido- ¡No consiento que…

- ¡BASTA YA!

Ginko se puso en medio de las dos invocaciones y les miraba con reproche a ambos. No era un momento para discutir.

- Parecéis dos críos.- les recriminó- No es momento de discutir. Si no podéis pasar por alto vuestras diferencias las tendréis que discutir después. Ahora todos tenemos que trabajar en equipo así que haced el favor de respetaros.

Neko asentía con la cabeza dando a entender que apoyaba las palabras de Ginko. Shiroi se mantenía al margen sin decir nada.

Tora bajó un poco la cabeza en señal de arrepentimiento, no era típico en ella que se mostrara así. Pero Kuroi mantenía su pose altiva y orgullosa.

- Tienes razón Ginko, lo siento.- se disculpó la felina- Me he dejado llevar.

Ella sonrió satisfecha y volvió la cabeza hacia el búho esperando a que dijera algo.

- Yo no me retractaré de mis palabras. Los aires de grandeza aquí no son bien recibidos.- sentenció el búho mirando fijamente a la tigresa.

Ginko suspiró. Estaba cansada de todo aquello.

- Mira Kuroi, yo no quiero meter cizaña pero tal vez el que necesite una cura de humildad seas tú.- argumentó la chica tranquilamente- No debes imponer normas a los demás. Si lo dices de buenas maneras todo se puede hablar pero aquí nadie es el líder ¿de acuerdo?

Él sólo giró la cabeza indignado y dio por terminada la conversación. Era demasiado orgulloso para reconocer sus errores. Al fin y al cabo era un búho real, era su propia naturaleza.

Una vez finalizada la disputa Neko, Shiroi y Ginko comenzaron su entrenamiento. Tora se fue en dirección a Konoha para informarse sobre la llegada del equipo de Kakashi y Kuroi por su parte se marchó sin decir nada. Probablemente tendría cosas que pensar.

La tigresa les había dejado instrucciones de lo que debían mejorar. Ginko tendría que tener un control casi perfecto de sus técnicas de Ginton. Entrenaba dándole distintas formas que lanzaba contra sus compañeros de entrenamiento. También intentaba dividir la plata hasta convertirla en diminutas partículas que esparcía por el aire llenando cada espacio de aire igual que se expande un gas.

Shiroi mejoraba el uso de sus técnicas mentales intentando entrar en la cabeza de Ginko pero no era fácil. Ella había sido instruida en personalidad y manejaba cada recoveco de su cerebro con la misma facilidad que un kunai. Pero los avances eran bastante rápidos. Si podía manejar a Ginko podría hacerlo con casi cualquier persona.

Neko entrenaba sólo y visitaba lugares lejanos con su mente. Era un don natural que tenía pero no había terminado de desarrollarlo. Necesitaba ser capaz de encontrar personas concretas mientras salía de su cuerpo; esa era la parte vital de la técnica. Si no podía hacer eso el entrenamiento no valdría de nada.

También debían de mejorar los tres su resistencia física y mental. Las sesiones físicas eran tan agotadoras que al terminar eran incapaces de mover un solo músculo. Shiroi era la que más dificultades tenía. No acostumbraba a luchar cuerpo a cuerpo ni a atacar directamente. Le estaba costando mucho moverse con soltura. Ginko se encargaba de este tipo de entrenamiento. En Konoha aprendió bastante y ahora ponía en práctica todo aquello para enseñárselo a los demás.

Cuando por fin descansaron Ginko no pudo evitar acordarse de lo que oyó contar a Tora la noche anterior. El sabio de los seis caminos.

Jamás había oído algo semejante y en cierto modo le molestaba que la invocación no se lo hubiera contado antes. Pero también se sentía orgullosa de sus orígenes. Ahora más que nunca.

Los tres se encontraban sentados de espaldas al sol. Ella se fijó en las sombras que tenían las dos invocaciones. Ver cómo las figuras proyectadas en el suelo se movían le hacía sentirse hipnotizada. Era como un baile eterno que mantenían las sombras con sus dueños. Siempre en perfecta armonía.

Pero ella no tenía sombra. Por más que la buscara no había ni un ápice de ella. Sentía que le faltaba una parte. Estaba incompleta sin su sombra. Era algo que siempre le había preocupado; años antes tenía miedo de desmaterializarse en cualquier momento por ello. Pero nunca había ocurrido nada. Nunca había sido un problema y si lo pensaba en positivo, al menos era inmune a las técnicas del clan Naara.

Tocó el punto del suelo dónde debería de haber estado su sombra y recordó en secreto el día que la perdió…

***FLASHBACK***

Bajo la luz del crepúsculo dos niños corrían a través de una llanura enorme y despoblada. Ella estaba herida y le costaba andar pero no había parado de correr desde que llegaron a la isla.

Volvían a su aldea después de realizar una misión de infiltración en una isla cercana dónde los shinobis del país del rayo habían instalado una base para preparar los ataques al país del fuego. Akarigakure, como aliada de Konoha, estaba recogiendo información sobre posibles ataques. Los niños no pasaban de los 14 años pero eran expertos en infiltración y sus invocaciones eran muy útiles para ello. Los dirigentes de la aldea les habían enviado a una misión de rango S, algo impensable para dos chunins, pero sabían que lo harían bien.

Una gruta submarina secreta unía las dos islas y los chicos la habían atravesado de vuelta a su país para regresar con buenas noticias. Se habían enterado de los planes de Kumo y llevaban consigo información privilegiada. Pero en cuanto llegaron a tierra firme vieron una gruesa nube de humo negro que provenía del lugar donde se situaba la aldea.

Los dos sintieron miedo. Un miedo que les desgarraba el alma y las entrañas. En la aldea estaban sus familias, sus amigos, todo el mundo que conocían. Si algo malo había ocurrido… era evidente que el humo provenía de allí y eso no era una buena señal.

Ambos corrían con todas sus fuerzas mientras se acercaban a la aldea. Y cuánto más cerca estaban, peor veían el panorama. A escasos kilómetros de distancia pudieron observar y darse cuenta de que la cuidad ya no era ciudad. Sólo quedaban ruinas y cenizas.

La chica cayó de rodillas al suelo, derrotada y hundida. Las lágrimas resbalaban por su rostro en absoluto silencio. Un silencio de muerte y destrucción.

Él permaneció de pie pero podía notar como sus rodillas temblaban peligrosamente, al igual que el resto de su cuerpo. La visión que tenía ante sus ojos era tan desoladora que su cuerpo había quedado totalmente paralizado por el miedo.

Estaban solos. Era imposible que alguien hubiera sobrevivido. Todo era polvo; apenas quedaban restos de los edificios de Akarigakure. Sólo existían en la memoria de los dos niños que contemplaban su antigua aldea.

En un arrebato de furia e impotencia la chica sacó fuerza de su interior y echó a correr hacia allí sin volver la vista atrás. La pierna herida le estaba torturando pero apenas sentía el dolor. No ese tipo de dolor al menos.

Con la cabeza agachada y los ojos inundados de lágrimas ella corría y corría deseando que todo aquello fuese una pesadilla. Tenía la esperanza de que al llegar allí, abriría los ojos y vería su aldea como siempre.

Pero no fue así.

Cuando llegó a lo que debería de haber sido la puerta se quedó allí parada en el umbral. No quedaba absolutamente nada.

Cayó de nuevo al suelo sin poder controlar los sollozos. Lo habían perdido todo. Recordó a su familia mientras hundía la cabeza entre sus manos. Su madre, su padre, su hermano… nadie quedaba allí.

La soledad invadió su alma como una negra ráfaga que heló sus pensamientos y su conciencia. Ahora deseaba no haber ido nunca a esa misión y haber muerto con todos los demás. Era preferible no existir a existir teniendo que contemplar aquello. No era justo.

Tenshi se había acercado caminando despacio, como en una marcha fúnebre. Se quedó de pie junto a Ginko y le acarició el pelo. No para tranquilizarla; eso sería imposible. No había nada que pudieran hacer ahora. Él abrió los ojos y lo observó todo y notaba cómo a cada segundo su alma se desgarraba más.

A él no le quedaba familia en Akarigakure. Su padre murió por una enfermedad un par de años antes y él nunca llegó a conocer a su madre. Pero aún así… toda la gente de la aldea era su familia. Allí estaba su vida y todo lo que conocía.

Lloró por segunda vez en su vida. Lloró en silencio y sin dejar de mirar lo que fue Akarigakure. Lo que había sido su hogar desde que nació. Sufría en silencio junto a su compañera. Los dos estaban solos ahora. Lo único que tenían era al otro.

Ginko se levantó. Ya no lloraba. La impotencia era más fuerte que la tristeza y la arrastraba a la desesperación. Tenía que entrar y buscar entre los escombros. Tenía que buscar vida, o al menos muerte. No había ni rastro de personas vivas o muertas. Eso era lo verdaderamente desolador.

Fue hacia allí dispuesta a entrar pero antes de que pusiera un pie al otro lado del umbral Tenshi la detuvo. Puso la mano en su hombro y la miró a los ojos.

No era una buena idea entrar. No sabían lo que había ocurrido y el ambiente no era el normal. Era como si una extraña nube cubriera todo y lo arrasara a su paso. Así se lo dijo a Ginko pero ella no atendía a razones. La razón no la acompañaba en esos momentos.

Y entró en Akarigakure, si aún se podía llamar así, y sintió algo extraño en su interior.

Su cuerpo se inundó de un frío inhumano y apareció ante sus ojos una sombra negra que sólo ella podía ver. Todo pasó muy rápido entonces.

La sombra la golpeó y la atraía de forma oscura, como si quisiera absorberla. No podía moverse, no podía pensar. Estaba siendo atraída y terminaría como el resto de la aldea. Pero un último ataque de fuerza de voluntad le hizo soltarse de aquello y saltar al otro lado del umbral deseando que todo aquello acabara.

Y terminó. Estaba fuera de allí y dentro todo estaba tan tranquilo y desolado como antes. No parecía que nada hubiera ocurrido. Era demasiado extraño.

Se encontraba tirada en el suelo y Tenshi se mantenía a su lado sujetándola. Él no había podido ver nada. Cuando la chica entró despareció ante sus ojos. Le preguntó que había pasado esperando que se encontrara bien, ahora no estaba dispuesto a perder a la única persona que le quedaba.

- Había algo Tenshi. Quería llevarme dentro.- sollozó la niña- Como si estuviera quitándome mi propio cuerpo.

Y entonces lo vio. El sol aún no había desaparecido del todo y les daba de frente en la cara. Pero ella no proyectaba ninguna sombra. Había desaparecido.

- Parece que sí ha conseguido llevarse una parte de ti…- dijo abrazándola contra su pecho- pero ahora no te preocupes. Estaremos bien Ginko. No te preocupes…

Y allí quedaron los dos chicos. Solos y abrazados el uno al otro. Permanecieron toda la noche frente a las ruinas sin dejar de abrazarse. Se aferraban a lo único que les quedaba en el mundo.

Se aferraban a la única vida que conocían ahora.

***FIN DEL FLASHBACK***

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En la oficina de Tsunade todo el equipo de Kakashi comparecía ante ella, incluido él mismo. Los chicos habían permanecido inconscientes todo el viaje de vuelta y los dos jonins habían cargado con ellos hasta la Hokage, que los reanimó con bastante facilidad.

Cuando Kakashi se marchó del Valle del Fin encontró a Yamato y a los chicos inconscientes con la ayuda de sus perros. Se habían refugiado en una especie de cueva porque el usuario de Mokuton no podía cargar a los tres chicos y además estaba bastante preocupado por Kakashi.

Después de un largo viaje se encontraban allí, frente a una enfadada Tsunade que ni siquiera les había dado tiempo de explicarse.

De hecho ni tan siquiera Yamato sabía lo que le había ocurrido a Kakashi. Aunque se imaginaba que no había sido nada malo no le había preguntado al respecto y ahora tenía ganas de que el jonin lo contara a todos.

Y así lo hizo. Todos se sorprendieron al oír hablar de Tora y más aún de lo que le contó. La historia del sabio de los seis caminos impresionó, sobretodo, a Tsunade.

- ¿Es cierto eso que dices Kakashi?- preguntó frunciendo el ceño.

- Eso me aseguró Tora. Al parecer es una de las más antiguas invocaciones.

- Es más que eso. Por lo que creo fue la primera de su raza. Y si lo que cuenta es verdad… - la Hokage terminó la frase con un suspiro.

Todos escuchaban atentamente la conversación. Los chicos querían saber porqué habían terminado inconscientes. No recordaban nada excepto Sai, que cayó inconsciente por Shiroi.

Le preguntaron a Kakashi sobre el asunto, tal vez la tigresa se lo hubiera contado.

- No me dijo nada al respecto pero puedo imaginar lo que pasó.- dijo tranquilamente- Todos están aliados contra Tenshi, incluidas sus propias invocaciones. Y por lo que dijo Tora, Tenshi debía estar cerca; probablemente vigilando. Todo lo que hicieron fue un engaño para él.

- ¿Y quién nos dejó inconscientes a nosotros?- preguntó Sakura bastante indignada.

- Fue Ginko.

- ¿Ginko? ¿Por qué?- preguntó Yamato mirando al peliplateado.

- Era parte de su plan. Yo tenía que desaparecer sin que nadie se diera cuenta para que no pudierais seguirme. No tenía malas intenciones.- explicó sonriente.

Tsunade se fijó en el rostro del hombre. Hacía años que no veía esa expresión en él. Irradiaba optimismo y felicidad por todas partes. Estaba claro que Tora no era la única que había hablado con él…

- ¿Viste a Ginko?- preguntó sin ningún tipo de rodeo. Una media sonrisa se dibujó en su cara al ver que al jonin se le iluminaban los ojos en cierto modo.

Todos volvieron la cabeza hacia él. Si la había visto y no había dicho nada…

- Sí. Estuve con ella.- dijo por fin un muy sonriente Kakashi.

Los chicos y Yamato le miraron como lunáticos. ¿Cómo había sido capaz de callarse algo así?

- Lo sabía…- susurró triunfante Tsunade- espero que ese reencuentro os haya valido de algo. Ahora creo que es hora de que te pongas a entrenar ¿no?-

- ¿Cómo sabes que tengo que entrenar para algo? Aún no he terminado de contar lo que me dijo Tora- preguntó Kakashi inquisitivamente.

"Mierda…"- pensó la rubia queriendo no haber dicho eso nunca. Intentó salir del aprieto pero no pudo. Al final tuvo que reconocer todo lo que sabía.

- Está bien… sé todo sobre la alianza y la técnica que debéis hacer.- dijo bajando la cabeza bastante avergonzada.

-¡¿QUÉ?- preguntaron todos al unísono.

Ella sólo se sonrojó un poco haciéndose la inocente.

- ¿Desde cuándo estabas al corriente?- preguntó Kakashi más calmado.

- Desde hace bastante… Aún no habíais vuelto de Kumo cuando Ginko vino a verme por primera vez.

- ¿Antes de…? Espera, ¿por primera vez? ¿Cuántas veces ha estado aquí?

- Pues… tres al menos. Y una de ellas estuvo siguiéndote durante varios días.

La situación era bastante cómica. Los chicos estaban al borde de la risa y Yamato no podía cerrar la boca de la sorpresa. ¿Cómo demonios no había dicho nada? Kakashi por su parte estaba bastante tranquilo. Ya no le importaba demasiado.

- Tenéis que entender que ella misma me pidió que no dijera nada.- argumentó la mujer en su defensa- No fue nada fácil el no poder deciros contra qué os enfrentabais. Pero una promesa es una promesa.- terminó sonriendo.

Eso era cierto desde luego. Tsunade se había mantenido fiel a su palabra y eso decía mucho de su valía como Hokage.

Sai aún estaba un poco preocupado. La situación era muy peligrosa pero nadie parecía verlo. El plan era bueno, sí, lo era. Pero nadie podía asegurar que fuese a salir bien. No tenían en cuenta las medidas de seguridad ni nada por el estilo. Al fin y al cabo los búhos eran invocaciones de Tenshi ¿Cómo podían estar tan seguros de que no les traicionarían? O aunque no les traicionaran, el hombre podría enterarse con bastante facilidad de lo que planeaban; no parecía un ninja común… no estaban siendo lo suficientemente precavidos.

Pero no dijo nada. Sólo dejó esas ideas en su cabeza y les dio vueltas una y otra vez. Cuando encontrara el momento le preguntaría todas esas dudas a Kakashi. Tenía el presentimiento de que el hombre sabría responderle bien.

El día terminó en Konoha como de costumbre pero el cielo se mostraba más brillante esa noche. Pero aunque nadie lo percibía con claridad una sombra oscura comenzaba a cernirse sobre la aldea… era posible que la historia se volviera a repetir.

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El cielo también brillaba en algún lugar muy lejano a Konoha. El intenso frío de la noche hacía que las estrellas parecieran aún más deslumbrantes y unas tímidas nubes oscuras se acercaban poco a poco de forma amenazadora.

Se encontraba al noreste del país de la tierra. Justo en el punto donde ese país y el del rayo se juntaban y se dividían por la gélida zona del país de la nieve. La unión de esos tres países creaba un mar interior que se extendía ante sus ojos sin que llegara a ver las costas de la otra orilla.

Aquel hombre estaba esperado a su cita pacientemente. Estaba seguro de que no tardaría en llegar, él siempre era muy puntual. En gran parte gracias al poder que él mismo le concedió.

Había pasado bastante tiempo desde su último encuentro, años quizás. Pero no tenía ninguna duda sobre su lealtad ya que le manejaba a su antojo manipulando sus emociones apenas inexistentes. Era un juego que a él le encantaba.

Pero el motivo de su reunión con el chico no era mera diversión. Él se había dado cuenta del complot que tramaban contra su discípulo y eso no le gustaba nada. Si conseguían hacer lo que se proponía esa panda de animalitos y la chica, sus planes se desvanecerían.

Pero no iba a decirle nada esa vez. Quería evaluarle y dejar que él mismo se diera cuenta. Así la reacción sería más espontánea y violenta. Cuando se enterara de lo que pretendían hacerle arremetería contra todos sin miramiento alguno; incluso con la chica. Sería una escena divertida.

Y si por fin conseguía terminar con el maldito ninja copia sus planes se simplificarían mucho y tendría el campo más libre para destruir Konoha de una vez por todas.

Por fin le vio a lo lejos acercarse por encima de las oscuras aguas. Le gustaba verle volar, el chico lo hacía realmente bien, como si lo llevara escrito desde su nacimiento. Aunque claro, su nombre lo decía todo.

Cuando por fin llegó al punto de encuentro y le vio allí se acercó después de guardar una vez más sus alas negras. Su paso era despreocupado y la expresión de su rostro una sonrisa. Muy parecida a la suya. Había hecho su viva imagen de él.

- Menudo sitio para una reunión.- dijo riéndose- menos mal que tengo esto.- señaló su espalda.

- Si, siempre me ha gustado este sitio. Medité aquí durante mucho tiempo cómo matar a Hashirama.- contó con una sonrisa perturbadora.

- ¿Cómo requieres mi presencia ahora después de tanto tiempo?- preguntó el chico ignorando el frío que quería congelarle los huesos- ¿Me necesitas para algo?

- Bueno, quería saber qué tal te iba todo. Me he enterado de tus planes.

Tenshi frunció el ceño.

- ¿Cómo lo has sabido?

- No te olvides de quien soy, Tenshi.- dijo el hombre entre carcajadas- Sé muchas más cosas de las que crees.

El joven se quedó pensativo. Seguramente hubiera un significado oculto en sus palabras pero si no quería decirle las cosas claras habría un motivo. Conocía de sobra a Madara, o al menos eso pensaba él.

- ¿Qué vas a hacer con tu amigo Hatake?- preguntó burlonamente mientras se acercaba a él.

- De momento tengo la situación controlada. Le daré el golpe de gracia cuando menos se lo espere. Y en último lugar que creería.

- Eso está bien.- le apoyó- ¿Sabe algo de ti?

- No. Kuroi y Shiroi le vigilan noche y día y no tiene noticias de mí. Cuando llegue el momento apareceré ante él y ¡pum! Se acabó el ninja copia.- dijo haciendo el gesto con sus manos. Los ojos le brillaban al imaginarse su venganza realizada por fin.

- Esos búhos tuyos nunca me han gustado… siempre me parecieron demasiado nobles.- dejó caer el Uchiha. Le estaba dando pequeñas señales para que se diera cuenta poco a poco de dónde estaba la lealtad de sus invocaciones.

- Pero trabajan bien. Eso es lo importante.

El Uchiha sonrió irónicamente. Era curioso como Tenshi confiaba a ciegas en sus invocaciones a pesar de conocerles de sobra. Esos dos nunca colaborarían en planes como los suyos y eran demasiado inteligentes para dejarse manipular. Tal vez fuera posible con la hembra pero no con Kuroi, tenía muchos años y mucho poder en su interior.

- Bueno, te recomiendo que estés atento de cualquier forma. Las cosas no siempre salen como las deseamos.- le dijo- Por cierto, ¿qué es de tu amiguita?- preguntó maliciosamente.

- Si te refieres a Ginko no sé nada de ella. Y la verdad, me extraña que no se haya inmiscuido aún. Puede que no le importe tanto como creía. Si se marchó de Konoha su relación no debía de ir muy bien.

Que inocente era a veces. Y pensar que aún no se había enterado de nada… debería saber que Ginko no pararía hasta detenerle pero al parecer los viejos sentimientos por ella le llevaban a creer que no era una amenaza. Pero se equivocaba y mucho.

Y no podía permitir que cometiera ese error. Pero no iba a dárselo todo en bandeja. Si no conseguía descubrir el complot entonces él mismo se encargaría de resolverlo o se lo haría saber.

Tenshi le observaba con algo de desconfianza en los ojos. Había algo que no le estaba contando pero sabía que no iba a servir de nada preguntarle. Madara no diría nada por las buenas. Pero toda aquella situación le estaba empezando a cansar, con tantas insinuaciones.

Había estado muy a gusto sin él todo ese tiempo. Sin que le observara y le dijera lo que tenía que hacer. No soportaba que le diera órdenes porque ya se sentía seguro y capaz de hacer lo que se propusiera. No tenía que depender de nadie.

- Bueno Tenshi, creo que sabes cuidarte bien solito ¿no?- preguntó el Uchiha retóricamente- Si te elegí a ti entre todos fue porque sabía que serías grande algún día. Haz lo que creas oportuno pero no olvides que las cosas pueden salir mal.

- No lo olvido.- dijo el chico de forma un tanto seca.

- Entonces está todo dicho. Tengo asuntos que resolver. Nos veremos pronto Tenshi.

Y después desapareció en la nada como hacía siempre. Como si nunca hubiera estado allí con él. Parecía una ilusión más que una persona de carne y hueso en ocasiones, como si le faltara una parte de sí mismo.

Eso le hizo recordar a Ginko, concretamente aquel día que volvieron a Akarigakure cuando dejó de existir. Ella también estaba incompleta desde entonces pero a él aquello ya no le importaba. No sentía tristeza por ella ni nostalgia. Desde que conoció a Madara ningún sentimiento de ese tipo había conseguido penetrar en su alma. Sólo resentimiento y mucha desconfianza.

Desconfiaba mucho también del Uchiha aunque no lo mostraba. Cuando estaba presente tenía la misma sensación que aquella tarde que Ginko perdió una parte de sí misma. Su presencia era tan oscura que parecía cernirse sobre todo y arrasarlo a su paso. No podía olvidar aunque quisiera aquel hecho que le marcó de por vida. Y si Madara había formado parte de aquello no podría perdonárselo. No estaba dispuesto a ser el juguete de nadie.

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Varias semanas pasaron tranquilas para todos los miembros de la alianza.

Tora había visitado Konoha con bastante frecuencia y había guiado al jonin en su entrenamiento. Ginko y los demás lo hacían con Kuroi aunque estaba claro que la humana y el tigre preferían a Tora. Pero el búho y Kakashi no hacían muy buenas migas así que tenían que ceñirse a aquello.

De cualquier forma el peliplateado no necesitaba demasiado entrenamiento. Su cantidad de chakra no era muy abundante pero sabía aprovecharla al máximo y sacarle todo el partido que podía. Tora le explicó que él debería realizar la técnica de sellado principal y le enseñó la secuencia de sellos que debía utilizar así como aspectos diversos sobre el control del chakra y la concentración.

Y el jonin avanzaba a pasos agigantados. Esa motivación interna que tenía le guiaba como una luz en un camino oscuro. No tenía dudas sobre lo que debía hacer porque estaba completamente seguro de lo que deseaba. Sus miedos se habían esfumado y las noches ya no eran eternas. Por fin la esperanza había reaparecido.

Pero algo turbaba su mente aún.

A pesar de que no tenía dudas sobre lo que iban a hacer, en parte sentía un poco de pena por Tenshi. No era un pensamiento muy comprensible y eso lo sabía pero… la razón por la que cambió tanto en tan poco tiempo seguía siendo una incógnita. Y ellos no sabían nada al respecto. ¿Y si estaba siendo manipulado? No podía creer que el chico que llegó a Konoha tanto tiempo atrás estuviera haciendo todo aquello. Simplemente no podía creerlo.

Ese tema ocupaba su mente muchas veces y no se sentía tan bien como debería. El ninja renegado que quería matarle se aparecía en su mente cuando menos lo esperaba. Pero no tenía miedo de él. Sólo recordaba los tiempos en los que perteneció allí, a Konoha. Cuando era un chico más bien tímido que se preocupaba por la gente de su alrededor. Ése era el verdadero Tenshi. Paciente, activo, callado en ocasiones y muy comprometido. Ese fue el chico que llegó a la aldea y que supo hacerse un hueco entre ellos. Pero cuando comenzaron las discusiones con Ginko se volvió más taciturno y solitario. Daba la impresión de que odiaba a todo el mundo, incluso a él mismo. Tal vez ese fue su problema. Tal vez no fue capaz de afrontar el rumbo que llevaron las cosas y por eso decidió marcharse. Pero no fue lógico aquel cambio.

Ahora intentaba quedarse con lo bueno de él pues, a pesar de las intenciones que tenía, no le guardaba rencor. Sólo sentía lástima por él, por lo que había ocurrido. No le odiaba porque él había llevado a la única persona que amaba. Había llevado a Ginko a Konoha y por ello le estaría eternamente agradecido, por muchas cosas que ocurrieran.

***FLASHBACK***

Un equipo de jonins volvía a la aldea después de una misión que duró más de dos semanas. Habían custodiado a un personaje muy importante del País del Fuego en su viaje al País del Té pero la situación se complicó cuando pasaron la frontera. El país del Té estaba atravesando una época de conflicto con el País del Río y un grupo de ninjas del último les neutralizó al entrar en el territorio que pertenecía al País del Té. El personaje al que escoltaban debía llegar al puerto Degarashi lo antes posible pero el ataque shinobi les retrasó más de lo que les habría gustado.

Pero finalmente los tres jonins que realizaron la misión estaban de camino a su aldea de nuevo. El más mayor de los chicos había resultado herido durante la confrontación pero no era nada demasiado grave. Un kunai perdido le atravesó la mano en un momento de confusión pero los primeros auxilios evitaron que perdiera el miembro herido. La herida ya estaba comenzando a cicatrizar y no daba problemas.

La chica del grupo iba por delante de sus compañeros y estaba contenta. Su paso y su expresión eran alegres, incluso de vez en cuando tarareaba trozos de alguna canción popular que aprendió siendo niña.

Los otros dos integrantes del equipo iban por detrás y cada uno la observaba a su manera. El mayor de ellos caminaba con la cabeza agachada y de vez en cuando la observaba y apretaba los puños consumiéndose de rabia.

Su compañero lo notaba y no le extrañaba la actitud del moreno pero lo resultaba extrañamente curiosa. Creía que había dejado que la situación le superara y había perdido las formas. Pero la vuelta a casa había sido más tranquila de lo que esperaba. Ni gritos, ni reproches, ni nada de nada. La chica no le había dirigido la palabra desde que salieron del puerto y obviamente a su compañero le molestaba bastante.

- Tranquilízate Tenshi.- le dijo en voz baja para intentar calmarle un poco.

Él puso cara de resignación y miró una vez más a la alegre chica. Resopló y se detuvo un momento. Su compañero hizo lo mismo y ambos esperaron a que la joven se hubiera adelantado un poco para poder hablar tranquilos.

- ¿Cómo quieres que me tranquilice?- explotó el moreno- Mírala. Hace como si nada hubiera ocurrido.

- Bueno, es un método de defensa. Intenta entenderla.

- No puedo entenderla Kakashi. Soy incapaz- dijo Tenshi- No hago más que preocuparme por ella pero siempre acabamos mal. No sé qué demonios hacer para que esta relación avance.

El peliplateado sonrió a su amigo. No eran uña y carne pero se llevaban bastante bien. Sobre todo en los últimos meses habían comenzado a tener una buena relación. Justo cuando más lo necesitaba el moreno. Cómo decía, las cosas con Ginko no iban bien, de hecho iban de mal en peor y no hacían más que chocar. Las miradas cómplices se habían terminado entre ellos, ya no había ese sentimiento que todos pudieron ver cuando ambos llegaron a Konoha. Y le daba pena.

Pero se sentía un poco culpable por otra parte. No podía evitar mirar a Ginko. La chica era una belleza pero él no la miraba con los mismos ojos que el resto de los chicos. La veía bella por dentro y por fuera, perfecta. Se sentía culpable por aconsejar a su amigo y al mismo tiempo desearla a ella. Era un sentimiento que no deseaba pero que tampoco podía evitar.

- No te preocupes, si tiene que avanzar lo hará.- le dijo.

- Ese es el problema Kakashi. ¿Y si no queda camino para avanzar? Cada vez estoy más seguro de que esto va a terminar y no quiero pensarlo. No quiero verme lejos de ella. Pero es tan… - no encontraba la palabra exacta para definirla.

- ¿Apática?- le ayudó Kakashi. Esa era la sensación que daba la chica.

- Sí. Eso es. Esa indiferencia duele mucho. No me ha mirado siquiera. No me ha dirigido la palabra en todo el día.

El jonin asintió. Comprendía cómo debía sentirse Tenshi. Él era exactamente igual que ella y por eso no le había extrañado demasiado la actitud de la mujer, pero si era cierto que la indiferencia era un golpe muy duro. Debía sentirse despreciado. Aunque se lo había ganado a pulso…

- No te lo tomes tan a pecho. Los dos os habéis equivocado pero sois demasiado orgullosos para disculparos. Comprendo que su actitud te duela pero entiéndela a ella también. No te has portado precisamente bien.

Él sólo bajó un poco la cabeza en señal de arrepentimiento. Tal vez tenía razón Kakashi y no debió gritarla de esa manera. Pero no podía más. Cada vez las cosas iban a peor y la relación se desmoronaba como un castillo de naipes a merced del viento.

- Lo sé… no entiendo porqué me siento así. Cada vez la distancia es mayor entre nosotros dos y no hago más que empeorar las cosas. Me gustaría decirle que lo siento y que todo volviera a ser como al principio.

- Pues hazlo Tenshi. No sé a qué estás esperando para ir hasta ella y disculparte.

El moreno le miró con complicidad y le dio las gracias con la mirada. Aunque al principio el peliplateado no le había causado muy buena impresión tenía que reconocer que le estaba ayudando mucho con Ginko. Cuando le conoció le dio esa misma sensación de indiferencia que tenía Ginko. Parecía demasiado despreocupado con el mundo que le rodeaba pero en el fondo sabía ayudar a un amigo cuando lo necesitaba. Se alegraba de formar equipo con él.

Siguieron hablando como si se conocieran de toda la vida y los dos se sentían bien con el otro. Pero el poseedor del sharingan tenía el presentimiento de que aquello terminaría mal a su pesar. La personalidad de Ginko superaba a Tenshi y ella no iba a cambiar. La estancia en Konoha les había hecho darse cuenta de cómo era el otro y al parecer ya no se sentían tan bien como al principio.

Cuando Tenshi se adelantó para hablar con su chica Kakashi se quedó pensando en ellos. Casi podía verse como los lazos que les unían se iban rompiendo poco a poco y se sentía un poco desgraciado por alegrarse de ello. No podía evitarlo pero realmente le gustaría ser él quien estuviera con ella y poder estar horas mirando sus ojos.

Al cabo de unos minutos comenzaron de nuevo los gritos. Si Tenshi quería continuar con ella debía aprender a manejarla. Era una chica difícil en muchas ocasiones y no le sentaban bien los reproches. Y eso era precisamente lo que hacía el moreno; reprocharle a todas horas cosas carentes de sentido.

El volumen de sus voces aumentaba por momentos. Los dos se habían parado en el camino y se gritaban con todas sus fuerzas. Entonces Kakashi decidió ir hacia ellos e intentar detener la pelea como había hecho ya tantas veces.

- ¿Quién te has creído que eres?- gritaba la rubia- No tienes ningún derecho a venir de repente y acusarme de algo que no he hecho.

- Soy tu novio y debes respetarme. Si te acuso de algo lo hago con fundamento. No me gusta la relación que tienes con él.- dijo él subiendo aún más su tono de voz.

Tenzo… ya estaban con el mismo tema. Kakashi sabía que la relación de la chica con él no iba más allá de una muy buena amistad y Tenshi se estaba equivocando. Pero no atendía a razones. Su cabeza estaba llena de desconfianza y celos y eso no le permitía ver la realidad.

- Mira Tenshi, escúchame bien porque sólo lo diré una vez. No voy a consentir que me trates como si fuera algo que te pertenece. Soy libre de hablar con quién me dé la gana cuando me dé la gana. Y si no te gusta que Tenzo sea mi amigo lo siento mucho. Es así y así seguirá siendo.

- ¡NO! No soy estúpido Ginko. No pienses que porque llevamos mucho tiempo juntos voy a dejar que me engañes delante de mis propias narices y luego hacer como que no ha pasado nada. No vas a hacerme esto nunca más.- gritó él agarrándola de la muñeca. Estaba muy alterado y agresivo.

A ella le dolía la mano de la fuerza con la que la apretaba el moreno pero no se quejó, simplemente le miraba incrédula. Esa agresividad no era propia de él y le dolía que se comportara así con ella.

Kakashi vio entonces el momento para interrumpir la discusión. Si la cosa pasaba a mayores no se quedarían en las palabras y eso debía evitarlo a toda costa.

Se situó en medio de ellos y agarró el brazo de Tenshi haciendo que soltara a la chica. Le miró con reproche y suspiró dando a entender que su forma de "resolver" los problemas no era lo que él le había dicho.

Entonces el moreno desvió su mirada y siguió caminando dejando a sus dos compañeros atrás. Su cabeza no dejaba de dar vueltas y creía que iba a explotar de rabia. Pero en el fondo se sentía mal. Sólo quería arreglar las cosas y habían terminado peor de lo que empezaron. No sabía por qué esa desconfianza nacía de él pero todo el mundo parecía una amenaza para su relación. Incluso en esos momentos veía a Kakashi como a un enemigo.

Kakashi y Ginko le vieron alejarse. Ella estaba horrorizada por la reacción de Tenshi. No comprendía por qué se comportaba así. Ella intentaba mantener las cosas en una buena situación pero entonces llegaba él con sus acusaciones sin sentido y explotaba. No podría aguantar mucho más aquello.

- ¿Estás bien?- le preguntó Kakashi sonriendo.

- Sí, gracias. No te preocupes.- respondió ella frotándose la muñeca.

- Lo siento Ginko, me duele ver cómo se porta contigo.- dijo él cambiando su habitual sonrisa despreocupada por un ceño fruncido- En el fondo sólo quiere arreglar las cosas.

Ella le sonrió mientras comenzaba a caminar.

- Lo sé pero no lo hace. Está cegado y no ve la realidad y al final terminará dándose cuenta de que se ha equivocado cuando sea demasiado tarde.

- Ten paciencia con él. Ninguno de los dos estáis pasando por un buen momento.- dijo el jonin.

- No es un mal momento Kakashi. Tú y yo sabemos que el problema lo tiene él y que lleva así mucho tiempo. No voy a soportar esto mucho más.

Él sólo bajó la cabeza sintiendo lo poder ayudar a su amigo. Pero ella tenía razón. No era justo el comportamiento de Tenshi y era lógico que ella estuviera harta.

- Quien sabe,- dijo ella- tal vez sea el momento de cambiar de vida.

Y Kakashi se vio cegado por el brillo de sus ojos. Sólo le había mirado durante un instante, pero aquello fue suficiente para darse cuenta de que si ella tenía otra vida él quería formar parte de ella. Sus miradas conectaban de una forma casi irracional que a él personalmente le embelesaba e hipnotizaba como nada más podría hacerlo. Sentía que ella era el punto al que debía dirigir su vida de la forma que fuese. Sólo quería estar cerca de ella.

Pero debía olvidarse de todo aquello. De momento el destino no estaba a su favor.

***FIN DEL FLASHBACK***

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- Te noto pensativo.

El peliplateado se sobresaltó un poco por la voz que se había dirigido a él pero al darse la vuelta descubrió a Tora sentada sobre la hierba disfrutando de las últimas horas de sol.

- Sólo estaba recordando.- le contestó él girándose para poder mirara a la tigresa.

- No te conviene pensar demasiado.- aconsejaba ella- para vosotros los humanos vuestra mente es vuestro peor enemigo en ocasiones.

El jonin sonrió con sus palabras. Aquella invocación tenía una sabiduría interior incalculable y sus palabras siempre eran bien recibidas casi por cualquiera.

- Eso es cierto,- afirmó Kakashi- pero las emociones ayudan a la mente a funcionar.

- Qué haríais vosotros sin emociones…- suspiró la invocación posando su cuerpo sobre el suelo- sois esclavos de ellas pero al mismo tiempo las necesitáis como el aire para respirar.

El jonin se rió al escuchar la ironía de la tigresa.

- Sin emociones tú y yo no estaríamos aquí.

- Cierto.- corroboró ella- Pero no te dejes engañar por falsas emociones del pasado Kakashi. La gente cambia y nosotros nos aferramos a los buenos recuerdos que tenemos de las personas y eso a veces es un error.

Él meditó lo que decía. Claramente se estaba refiriendo a Tenshi. El vínculo que una vez compartió con él ya se había roto definitivamente y no podía pensar en él como su antiguo amigo, ahora era un enemigo peligroso. Pero aún así había algo que le decía que aquello no estaba bien, que se estaban equivocando.

- Tora, ¿Está bien todo esto que hacemos?

Ella pesó unos instantes antes de contestar a su pregunta. Encontrar la respuesta adecuada era difícil por no decir imposible.

- No es mi papel determinar lo que está bien o mal. Lo único que sé es que todo esto es necesario. Sea bueno o malo debemos hacerlo.

- ¿Y si nos estamos equivocando? Puede que la solución sea peor que el problema.

- Eso no lo sabremos hasta que lo intentemos. De cualquier forma, ya no hay vuelta atrás.

El sol se escondía ya tras los árboles de los bosques que rodeaban Konoha. Allí en algún lugar estaban Ginko y los demás. Todos trabajando por un objetivo común, destruir a una persona que años antes había sido parte de ellos mismos, de Konoha, de sus bosques y sus calles. ¿Cómo podía estar bien algo así?

Pero Tora tenía razón. Lo hecho, hecho estaba y la moralidad no era importante en esos momentos. La supervivencia era la meta.

Ya no había vuelta atrás.

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Hola a todos! Capítulo más largo hasta la fecha, me voy superando día a día. ^^ Y estoy muy muy contenta porque el numero de RW va aumentando y eso me hace feliz =D

Lo primero quiero daros las gracias por el apoyo y los ánimos y darle un saludo especial a por dejar su primer RW! Gracias Gracias Gracias!

Bueno, ahí os va la historia de los jóvenes Ginko y Tenshi al encontrar su hogar en ruinas. Me puse triste al escribirle, pobrecitos :'( y más aún; la relación Tenshi – Kakashi y los planes ocultos de Madara… ¿Qué tramará? Pronto lo sabremos aunque es fácil de deducir.

Bueno, se acerca poco a poco el momento máximo del fic! ¿Se dará cuenta Tenshi de los planes contra él? ¿Qué hará al respecto? ¿Conseguirán quitarle sus poderes? ¿O intervendrá el "simpático" de Madara para arruinar todo? ¿Matarán Yamato y los chicos a Kakashi por ser tan… Kakashi?

Todo esto y más en el próximo capítulo, el 14 ya, esto sigue un buen rumbo y probablemente la historia se alargue más de lo que creía en un principio, así que alegraos porque podréis seguir leyéndola =)

Intentare actualizar lo antes posible pero ya estoy en época de exámenes y me será un poco difícil. Mañana mismo tengo uno que debería estar estudiando pero todo sea por mis lectores ^^

Un fuerte abrazo a todos! Y recordad dejar vuestros RW antes de cerrar la página!

Aiko!¡