IMPORTANTE: bien, realmente no estoy enojada, quizá solo un poco, pero más allá de ello estoy decepcionada. Esta historia estaba siendo plagiada y gracias a un par de autoras de fics Della lo supe. Sus historias como muchas de ustedes ya habrán visto también fueron plagiadas en una página de facebook. Personalmente no tengo problema con que publiquen mis historias en otro lado siempre y cuando me pidan permiso y me den los créditos

No soy una autora espectacular pero se siente realmente horrible cuando tus ideas son robadas. Por este motivo la actualización apenas fue publicada hoy gracias a que la dueña de la página eliminó mi historia. En todo caso tengan en cuenta que hasta ahora NO he dado permiso a que esta historia se publique en otro lado. Y si la llego a ver detendré la escritura.

Por otro lado, ¡MUCHAS GRACIAS por sus reviews y favoritos! Me alegran el día. Aprecio muchísimo su constante apoyo en esta historia.

El punto de vista es Isabella, Rosalie, Isabella.


Chapter 13.


Trataba de disipar mis pensamientos y los recientes hechos que volvían a repetirse en mi mente y se arremolinaban golpeándome duramente la cabeza. Quería creer que era un mal sueño, que mi imaginación estaba jugando conmigo y me estaba haciendo pasar un mal rato.

Mi corazón se estaba rompiendo, y a pesar de que sus labios estaban sobre los míos y me besaban con furia pero gentileza, no podía pensar en otra cosa más que en la idea de Damon muriendo. No entendía por qué pero cada parte de mi cuerpo estaba helada, no

Mi espalda estaba contra la pared, como la primera vez que nos besamos en mi cocina, sus manos estaban una en la parte baja de mi espalda y la otra por mis omoplatos, de tal manera que no había forma en que me librase de su agarre, ¡como si quisiera hacer ello!

La realidad me abofeteo cuando se separó de mí y por segundos que me parecieron horas me examinó.

"Voy a morir," su rostro estaba tranquilo pero sus ojos no tenían esa chispa que lo caracterizaba.

Él se estaba rindiendo, estaba aceptando el hecho de que iba a morir. No, más bien, él ya se había rendido. Probablemente Damon ya había pasado la etapa de la negación pero yo no. No podía aceptar que podía morir. No quería que muriera y no lo iba a dejar morir. Simplemente no.

"Tú no vas a morir," agarré su rostro con mis manos de tal forma que no pudiese alejarlo de mí, "no quiero que mueras," hubo el paso de algo por sus ojos, un sentimiento que no pude identificar.

No sabía que me había llevado a decir aquellas palabras, últimamente no sabía que me hacía actuar como lo estaba haciendo, o decir las cosas que estaba diciendo, en especial cuando estaba cerca de él. No sabía muchas cosas, no estaba segura de lo que estaba pasando, ni si quiera tenía en claro que iba a hacer con mi vida. Pero por una extraña razón estaba completamente segura de un factor: no quería perder a Damon.

"Es una mordida de un hombre lobo Isabella, no hay cura, moriré, eso es seguro," sus manos aún no se apartaban de mí, al contrario, paseaban por mi espalda con gentileza, acariciándola.

"¿Quién te mordió?" pregunté.

"Tyler," cerré los ojos fuertemente y eché mi cabeza para atrás.

"¿Hace cuánto?"

"Eso no es relevante," bufe enojada. Ni si quiera sabía por qué estaba molesta.

"Al parecer tu y yo tenemos distintos significados de lo que es relevante," espeté en un susurró. No quería explicarle a Charlie que hacía un vampiro en nuestra cocina. O más específicamente qué hacía el famoso Damon Salvatore en la casa. Hice ademán de separarme de él, pero afirmó su agarre en mí.

"Han sido casi dos siglos de diversión," sonrió ladinamente cambiando de tema, "no me quejo," rodé los ojos. Esta vez nos distanciamos un poco, y justo cuando pensé que Damon iba a alejarse de mí hizo algo que no me esperé. Entrelazó sus manos con las mías. Nos mantuvimos inmóviles, "respóndeme algo Isabella," miró directo a mis ojos. Odiaba eso. Odiaba que sus brillantes y azules ojos se clavaran sobre los míos. Me sentía vulnerable, sentía como si pudiese decirle mis más profundos miedos y que él me los confiaría.

Pero al mismo tiempo me sentía fuerte, como si pudiera con el mundo, porque sus ojos me miraban como era y no me juzgaban.

"Tú dirás."

"¿Qué hacías realmente en Forks?" preguntó. Suspiré.

"¿La verdad?" mordí mi labio inferior.

"No espero menos de ti."

"Buscaba la forma de deshacerme de la maldición," respondí con honestidad, "Ángela me estaba ayudando," Estuve tentada a alejarme de él y a desenlazar nuestras manos pero, uno, no podía porque él no me dejaba. Y dos, no quería.

"¿Por qué hasta Forks? Bien pudo haberte ayudado Bonnie," interrogó acercando no solo su rostro al mío, sino también su cuerpo. Y reaccioné ante la fricción de su cuerpo atlético contra el mío.

Desde que me había acostado con Damon sentía que cada nervio y cada célula reaccionaban ante muchas clases de estímulos y el estímulo primordial era él. Estaba condenada.

"Hubiese tenido que explicarles todo," enarcó una ceja.

"A la final tuviste que hacerlo," su tono se había vuelto acusador.

"¿A dónde quieres llegar?" esta vez dejé ir su mano, sacudiéndola y me alejé de él. Comencé a caminar lo más lejos que pudiera de Damon.

"Estaba pensando que quizá fuiste a verte con los fríos," me detuve en seco, "¿fue así?"

"¿Si hubiese sido así, a ti qué te importa?" inquirí con más veneno en mi voz del que pretendía. Acortó nuestra distancia a grandes zancadas.

"No sé por qué," allí estábamos, retándonos con la mirada, "pero me importas, más de lo que yo hubiese pensado y más de lo que quiero admitir," confesó removiendo una muralla en mi corazón.

"¿Por qué?"

"No tengo un por qué, simplemente te metiste en mi cabeza y debajo de mi piel," susurró sobre mis labios, "confesiones de un moribundo, aprécialas."

"No te dejaré morir, no lo haré," susurré mirando sus labios para luego perderme en sus ojos, "tú no me vas a dejar, ¿entendido?"

Lo siguiente que sentí fueron sus labios sobre los míos. Cerré los ojos disfrutando la sensación, sus manos me mantenían firme contra el mesón de la cocina, pero luego me subieron a él.

Enrolle mis piernas alrededor su cintura y lo acerqué más a mí. Su boca recorría todo mi cuello, mis hombros y mis labios. Sus labios estaban en todas partes. Gemí suavemente. Mis manos se enterraron firmemente en su espalda. Su agarre era delicado pero decidido. Comenzó a quitar mi camisa sin dejar de besarme al mismo tiempo que yo desabotonaba la suya. Sentía como si necesitásemos estar juntos. Sentía.…no, no sentía, sabía que lo necesitaba, que necesitaba su cálido cuerpo junto al mío. Pero había un pequeño detalle.

"Damon," murmuré sobre sus labios. Mi camisa había desaparecido y la suya estaba a punto de hacerlo.

"¿Uhm?"

"Damon," llamé su atención, "Charlie está arriba," murmuré. Siguió besando mi cuello. No quería que se detuviera pero ninguna hija quiere tener sexo con su padre cerca.

"Lo hace más emocionante, ¿no crees?" sonrió torcidamente. Sentí una fuerte presión en el pecho, ¿qué había hecho yo tan bien que me habían mandado a semejante hombre? Así fuese por momentos. Le sonreí. Pasé mis manos por su cabello. ¿Qué había hecho Damon conmigo? Si Bella de hace algunos meses me viera ahora probablemente saltaría de un acantilado.

"Damon," susurré cuando desabrochó mi pantalón.

"Está bien, está bien," me cargó justo como la primera vez. En silencio llegamos a mi habitación, me aseguré de cerrar con seguro. La ropa pronto comenzó a ser un estorbo. Damon te quitaba el aliento con solo verlo. Me puso en la cama con delicadeza y se detuvo a mirar mi cuello, "¿te lo hice yo cierto?" preguntó, seguramente sus dedos estaban pintados en mi piel tal como lo había presentido. Asentí, "¿duele?"

"Solo si lo presionas," susurré.

"Lo siento," murmuro contra mis labios, sonreí en el beso, "soy impulsivo."

"Lo sé," dejo besos suaves donde estaban pintados sus dedos, "disculpas aceptadas."

Me miró como si fuese la última vez que lo iba a hacer. El dolor que estaba sintiendo en mi pecho se hizo más grande al darme cuenta de que si no conseguía la forma en la que Damon sobreviviera, esta iba a ser la última vez que podía deleitarme con sus ojos azules que demostraban confianza. La última vez que sus manos podrían acariciar mi cuerpo con tanta gentileza. La última vez en la que él iba a hacerme sentir una mujer completa. La última vez que iba a experimentar tantas sensaciones que al final caería exhausta a la cama.

Y yo no quería que aquella fuese nuestra última vez.

.

.

Abrí mis ojos con lentitud. La mañana estaba oscura, y no se sentía cálida. El cuerpo de Damon estaba junto al mío envuelto en mis sabanas. Su expresión era serena pero a pesar de ello no se veía bien. Estaba pálido y helado.

"No es de buena educación mirar fijamente a las personas," abrió los ojos con cansancio.

"Debes dejar de fingir que estás dormido."

"Debes de dejar de mirarme," sus labios estaban adquiriendo un tono morado.

"No te ves bien," dije con honestidad.

"La primera vez desde que nací," rodé los ojos.

"¿Es que ni siquiera porque estás moribundo comenzarás a tomarte las cosas enserio?" pareció meditarlo.

"No," se removió de la cama y se enderezó.

"¿Te sientes bien?" soltó un suspiro.

"He estado mejor," no seguí preguntando y él no hizo nada por entablar una conversación. Nos quedamos allí tumbados en la cama mirando el techo como si fuese la cosa más interesante del mundo, "debo irme," finalmente dijo.

"Entonces vete," susurré. Me miró finalmente a los ojos por primera vez en aquella mañana. Buscaba quizá alguna clase de enojo de mi parte pero simplemente estaba pensativa. Quizá podía encontrar la solución a la mordida.

No se demoró mucho cambiándose, y antes de irse volvió a mirarme.

"¿Qué?" pregunté.

"¿Qué tramas?" fruncí el ceño, "esa cabeza extraña tuya está maquinando algo, lo sé, te conozco," mordí el interior de mi labio.

"¿Dónde está Klaus?" pregunté, su expresión cambió.

"¿Para qué quieres saber?" inquirió con serio.

"Dijiste que él me pidió ir a verlo," realmente no era para ello que le había preguntado eso. Si alguien sabría de una cura para la mordida de un hombre lobo, ese sería Nicklaus. Quién mejor que el único híbrido y vampiro más viejo para saberlo.

"Realmente consideras la idea de ir, ¿has perdido la cabeza?" espetó con su cara de 'estás demente', "adoras estar en peligro mortal," si él no me decía, Mystic no era tan grande y cualquiera que llegase la sheriff lo sabía.

"¿Me dirás?" yo aún seguía desnuda entre mis sabanas.

"No irás," se plantó en el marco de la puerta.

"¿Quién me lo impedirá? ¿Tú?" sonreí pero salió más bien como una mueca.

"¿Por qué te empeñas en arriesgar tu vida?"

"¿Por qué te empeñas en decirme qué hacer?" contra ataqué, "no eres quién para decirme a dónde ir o no, qué hacer o no."

"Lo sé."

En fracción de segundos desapareció. Solté un suspiro. Genial, debía discutir con él para buscarle una cura.

Me levanté de la cama y me enrollé en una toalla. Salí de mi habitación para comprobar que Charlie no estaba en la casa. Cerré la puerta y me arregoste a ella deslizándome suavemente hasta llegar al piso.

Puse mi cabeza entre mis rodillas. Quizá era mejor que las cosas estuvieran así. Si iba donde Klaus aquello significaba que tendría que hacer un trato con él a cambio de una posible cura y ello me llevaría hacer algo que no quisiera. A pesar de que se preocupase por mí y que yo no concibiera su posible muerte, a pesar de todo lo que nos dijimos anoche, lo de Damon era solo buena química y debía recordármelo.

Él amaba a mi mejor amiga y yo sobraba en su rara ecuación. Me levanté y entré al baño. Me duché, cambié y terminé de arreglar mi cabello, desayuné y salí rumbo a la estación. Gracias a Dios cuando llegué Liz estaba llegando también por lo que logré interceptarla antes que entrara.

"Bella," me saludó con una sonrisa, "¿qué te trae por aquí?"

"Pasaba por aquí, estoy algo perdida," mentí, ella asintió indicándome que continuara, "quiero saber dónde está quedándose Klaus," sus ojos se abrieron ligeramente pero disimuló el hecho.

"¿Para qué quieres saber?"

"Es algo personal," me miró con recelo pero luego me dio indicaciones para llegar. Me sorprendí que no hiciera más preguntas.

"Ten cuidado Bella." me advirtió, asentí con una sonrisa, "el funeral de Jenna y John es hoy, ¿irás?" volví a asentir.

"Estaré allí," respondí, "adiós."

-…-

"¿Ves algo Alice?" preguntó por quinta vez Edward. Miré mis uñas como si fuese lo más interesante del mundo. En realidad entre Carlisle y Jasper sumidos en una conversación de historia y Edward presionando a Alice, estar acurrucada en silencio con Emmett era lo mejor.

Alice había convencido a Edward de que no se rindiera en cuanto a Bella, y que si realmente la amaba tenía que luchar por ella. Edward había dicho que eso era cierto y entre los dos estaban averiguando su paradero. Sin mucho éxito.

"No veo nada," respondió Alice exasperada, "es como si su futuro no existiera, como si ella no existiera," murmuró. Desde que Alice había intentado ver el futuro de Bella las cosas estaban tensas en la casa. El hecho de que ella no la pudiese ver desesperaba a Edward que hacía desesperar a Jasper, quién por su empatía nos desesperaba a todos. Era un efecto dominó.

"¿Por qué? Antes podías ver su futuro claramente," se levantó del sillón y puso sus dedos en el tabique de su nariz. Volvíamos otra vez. Emmett apretó más su agarre a mí y suspiró pesadamente. Le sonreí y besé su hombro.

"No la veía tan claramente Edward, tú bien sabías que era difícil verla pero ahora, ahora es imposible," razonó nuevamente Alice.

Bella no había sido mi persona favorita en el mundo. Me era difícil entender cómo podía estar con nosotros y desperdiciar su humanidad de tal manera. ¡Cuánto daría yo por volver a ser humana! Y verla ella, queriendo, por voluntad propia convertirse, era aberrante.

Sin embargo desde su enfrentamiento aquí en casa pude ver una faceta totalmente nueva de ella y la entendí. Me agradaba lo suficiente como para defender su decisión de alejarse de nosotros, de Edward más que todo. Aunque había algo en ella que me decía que estaba escondiendo pequeños detalles. Quizá su vida no estaba siendo tan tranquila después de todo.

"Me pregunto dónde puede estar metida Bella," susurró muy suavemente Emmett.

"Por favor Alice, necesito saber dónde está," rodé los ojos, ¿es que éste vampiro cabeza hueca no entendía? Me despegué de Emmett y me pare frente a él. Estaba fastidiada y aburrida.

"Ha sido suficiente Edward," mi voz fue dura y fría, sentí la mirada de todos sobre mí. Era probable que no se esperaban que yo interviniera en esto, "Isabella fue clara, no quiere que estés cerca de ella, no nos quiere cerca," recalqué, "no hace falta ser genio para darse cuenta de que la lastimaste demasiado y está tratando de vivir su vida, respeta su decisión, tal como te lo pidió," hice una pausa, "sé un hombre, acepta el hecho que no te quiere ver, acepta el hecho que quizá haya alguien que la esté haciendo feliz y maldita sea detén ese masoquismo, te lo ruego," moví mi cabello a medio lado y giré.

Emmett extendió su mano, la tomé y salimos. Todos en esa casa se juzgaban pero cuando se trataba de Edward era diferente. Él era el que nunca se equivocaba, el perfecto. Pero le tenía noticias, había cometido el peor error de su existencia y por las palabras y actitud de Bella, ese error no tenía vuelta atrás. Consciente que Edward podía 'escucharme' monté en el jeep de Emmett y ambos salimos de allí, necesitábamos un poco de aire por algunas horas.

-…-

Ponerme nerviosa antes de tocar una puerta se estaba volviendo algo común en mí. Di dos toques antes de que la puerta se abriera y la sonrisa de Klaus me recibiera. Lucía como si me estuviese esperando. Me estremecí.

"Isabella, cariño, pasa," su marcado acento europeo se escuchaba bastante sensual en él. Cerré los ojos por unos segundos, debía concentrarme. Hubiese sido más fácil si todos estos vampiros no fuesen tan extremadamente guapos. Definitivamente estaba perdida, "dime pequeña Swan, ¿qué te trae por mi humilde morada?" preguntó mientras se sentaba. Le seguí.

"Bueno, dime tú Nick, me han dicho que querías verme," sonrió ampliamente mostrando una hilera de perfectos dientes.

"Pensé que te gustaría saber algo," quedé en silencio para que continuara, "existe una forma de que no mueras al romper la maldición," lo miré fijamente, un calor se movió a lo largo de mi cuerpo ante la posibilidad, sin embargo me mantuve cautelosa, "sería muy cruel que un rostro tan bello como el tuyo se perdiera," su voz era profunda, me sonrojé y baje la cabeza. Eso descartaba la posibilidad de que supiera que me podía convertir en vampiro. Perfecto.

"¿Estás hablándome enserio?- susurré. Asintió sin perder su sonrisa, se acercó un poco más a mí.

"Lo hago," Klaus estaba demasiado cerca para mi gusto, no era como si su presencia me molestara, todo lo contrario, precisamente porque me sentía muy a gusto a su lado necesitaba que se alejase.

"¿Por qué quieres ayudarme Nick?" pregunté sin poder contenerme. Él no era precisamente un ángel caído del cielo.

"¿Por qué no querría?" contra arrestó, "Bella, la unión de los Mikaelson y los Swan es bastante fuerte," suspiré.

"Mataste a tu familia Nick, no creo que te importe mucho una dichosa unión," de inmediato me arrepentí de mis palabras al ver como su sonrisa cambiaba. Definitivamente Damon tenía razón, debía controlar mi lengua.

"No me conoces Bella," se puso en pie y me tendió la mano, "déjame mostrarte un secreto," dudé en tomar su mano pero la honestidad en sus ojos me hizo acompañarlo. Caminamos por la elegante casa en silencio hasta llegar a un gran salón. Klaus abrió la esculpida puerta de madera y entró. Volví a dudar entre entrar o no, "no te haré nada Bella, entra," mordí mi labio inferior y entre con sigilo.

Dentro había un ataúd abierto con Elijah dentro de él. Mis manos viajaron a mi boca en sorpresa. Caminé hasta allí y lo detalle, se veía muerto, realmente muerto. La daga en su corazón me indicó que lo mantenía con vida. Por alguna razón mis manos viajaron a su rostro y mis dedos pasaron delicadamente por las arrugas que se formaban en su piel grisácea. Klaus me observaba. En el salón también había lugar para cuatro ataúdes más. Mi mente hizo click.

"¿Los has mantenido con una daga por siglos?" pregunté horrorizada. Definitivamente era una locura.

"Todavía creo que podemos ser una familia nuevamente," se encogió de hombros, su comentario ablandó mi corazón, salimos de allí de nuevo a la sala, "ahora, ¿me crees?" su sonrisa algo malévola volvió a bailar en sus labios. Asentí aun con dudas.

"¿Qué tengo que hacer?" pregunté. Estaba frente a mí, muy frente a mí.

"Simple, existe otro hechizo," fruncí el ceño, "pero este necesita otra vida," su cuerpo se movió ligeramente rozando el mío.

"¿Cómo así?"

"Una vida por otra," respondió simplemente, "verás, cualquier tipo de forma de librarte de la maldición te va a llevar a la muerte, por lo que para evadirla, la bruja que hará el hechizo debe escoger otra vida a cambio de la tuya," explicó.

"¿Alguien debe morir por mí?"

"Algunos deben morir para que otros vivan, es la ley de la vida," negué. No lo iba hacer. Quedamos en silencio de pie frente al otro, "es tú decisión."

"Tengo que pensarlo," se encogió de hombros.

"Tomate tu tiempo," recordé en ese momento el porqué de mi visita.

"Nick, ¿existe cura para la mordida de un hombre lobo?" pregunté, ya pensaría cómo hacer con mi vida, ahora lo importante era Damon. Frunció el ceño pero luego sonrió.

"Sí," mi corazón se hinchó, había posibilidad.

"¿Sabes dónde puedo conseguirla?" mi voz denotaba emoción, su rostro se acercó al mío.

"Por supuesto," susurró. Me forcé a concentrarme pero los labios de Klaus estaban demasiado cerca de los míos, "¿sabes que no eres la primera persona en pedirme ayuda sobre eso hoy?" retrocedí un paso y lo examiné.

"¿A qué te refieres?"

"Stefan Salvatore estuvo aquí hoy y supongo que los dos vienen por la misma causa," hizo una pequeña pausa y se volvió acercar a mí, "Damon Salvatore," tragué en seco.

"¿Y le diste respuesta Stefan?" pregunté evitando un poco su mirada.

"Claro," bien, ya no tenía que hacer esto y podía irme, "él a cambio de la cura."

"Explícate."

"Yo soy la cura Bella, mi sangre es la cura y si Stefan quiere la cura él debe irse conmigo, tengo un trabajo para él," si Stefan se iba eso destrozaría a Elena y ya por mucho daño había pasado como para que ahora perdiese al amor de su vida.

"Yo me ofrezco," sonrió, "yo me voy contigo a cambio de la cura," dije sin pensar, bien, algo me pasaba.

"Es una oferta demasiado tentadora y ya que te ofreces y verás, soy un hombre ambicioso," tomó mi rostro en sus manos, "te propongo un trato."

"Dilo."

"Stefan y tú a cambio de la cura y de Elena."

"¿Y de Elena?"

"Sí, prometo no volverla a tocar nunca y alejarme de Mystic Falls," miró mis labios y gentilmente me besó. Fue solo un casto beso. Al instante como sus labios hicieron contacto con los míos, los separó. A estas alturas me sentía como una cualquiera. Besándome y acostándome con vampiros, "¿qué dices?" preguntó con una sonrisa. Estaba dispuesta a sacrificarme por ellos, no había duda.

"Acepto," me alejé de él y caminé hasta la puerta sin musitar palabra. Salí de allí lo más rápido que pude.

De dos cosas estaba segura, no tenía ni idea en qué me estaba metiendo y ¡todos deberían dejar de besarme!


Σοφία.