Capítulo 13: Esperanza
Nunca antes en la vida se había sentido tan confundida y perturbada, nunca antes ella había tenido tantas sensaciones revolviéndose en su interior.
Quería llorar, quería reír, quería gritar, todo al mismo tiempo. Pero sólo mostraba total confusión, y sobre todo preocupación.
Hikari miraba a su actual entorno: en nada se parecía a la calidez del paisaje del digimundo. La habitación era un tanto fría y se sentía la esencia de Takeru, aunque esta no era como la de siempre: extrovertida y tibia, sino misteriosa, con un aire gélido. Incluso sus ojos parecían haber adquirido una tonalidad azul pálida, muy brillante ante la escasa claridad que existía en el sitio.
El joven se sentó en un sillón y le hizo un ademán a Hikari para que ella ocupase, si así lo quiere, un sofá que estaba cerca. Parece que Takeru ha logrado contener sus primeros impulsos de abrazarla.
Hikari se sentó, cruzando las piernas con gracia y delicadeza, como toda una fémina.
– Hay algo que debes saber – dijo finalmente el rubio, apoyando sus codos en sus piernas y su barbilla en sus dos manos entrelazadas, sin dejar de salir del todo del ensueño que le produjo la joven que tenía frente a sí, aunque ahora podía disimularlo mejor.
– ¿Has estado aquí todo este tiempo? – preguntó la joven sentándose más cómodamente, dispuesta a una larga plática, si acaso Takeru quería dársela.
– Desde el 01 de enero del 2003 – afirmó el rubio – desde que salí de tu departamento.
Hikari sintió su corazón sobresaltarse. ¿Qué significaba todo esto? ¿No lo secuestraron? ¿Por qué solamente él? ¿Qué ha hecho desde entonces? ¿Por qué esa mentira de que había muerto? ¿Sus familiares tenían conocimiento de esto? Bueno, parecía que Yamato no, pero... ¿Y su madre? ¿Y su padre? ¿Por qué no le avisaron a nadie? ¿Tiene la remota idea de la inmensa angustia en la que la dejó envuelta?
Hikari sacudió su cabeza con tantas interrogantes invadiéndoles y, respirando profundo, trataba de ordenarlas para darles la prioridad correspondiente.
– ¿Por qué? – la menor Yagami atinó a preguntar como si fuese el último aliento de su vida. Takeru bajó la mirada, incapaz de seguirla manteniendo, y se debatía entre una mentira y la cruel realidad.
El rubio estaba más que consciente que a estas alturas todo se descubrirá de una u otra forma. Aunque le tentaba la idea de decirles todo lo ocurrido, sin omitir detalle alguno; y luego, cuando todos ellos partieran al mundo real, sellaría la puerta así lamentara el hecho de que nunca más volvería a verlos.
«Espero que Koushiro aún no haya alterado el tiempo, caso contrario sus familiares pueden preocuparse»
Hikari se estaba impacientando con tanto silencio, sin conseguir imaginar los pensamientos del rubio, el alma le temblaba tanto como el cuerpo; y pronto sintió un frío recorrerle la médula cuando el rubio abrió los labios para responderle.
– Cuando estaba en el vientre de mi madre, y disculpa que retroceda demasiado en los acontecimientos pero es necesario, no me estaba formado adecuadamente – Hikari recordó de inmediato los informes que Jyou les había mostrado hace muchos años atrás pero no se atrevió a interrumpirlo pues, era obvio que Takeru tenía mucho más que decir – Ni siquiera iba a nacer.
Takeru lanzó un suspiro desganado. Hace algunos años atrás no se creía esa realidad. A decir verdad aún no podía aceptarla del todo.
– Un digimon visitó a mi madre en la navidad del noventa y le dio la posibilidad de que yo naciera a cambio de que, años después, regresara al digimundo como Juez.
Hikari sintió como su corazón aceleraba los latidos, un nudo imaginario le oprimió el alma, y pronto sintió sus ojos humedecerse; la confesión del rubio le boqueó el habla.
– Si ella no hubiese aceptado esa propuesta el embarazo de mi madre hubiese acabado en un aborto – la fémina apretó los ojos conteniendo las lágrimas ante la forma tan simple y fría que Takeru utilizó para comentar el hecho.
Los azules ojos del rubio pasaban velozmente por el monitor, sus manos se deslizaban con poca agilidad por el teclado debido al nerviosismo que lo invadía.
– Cuando se transfirió la infusión al feto su corazón adquirió fuerza para seguir latiendo y sus débiles órganos comenzaron a trabajar arduamente para seguirse desarrollando – Yamato leyó en voz apenas perceptible, el labio inferior le temblaba y todo su cuerpo estaba tenso por la incredulidad y la confusión – Se prevé que la alta temperatura y los delirios actuarán entre los 8 a 10 años siguientes. Luego de este secundario e insignificante síntoma el cuerpo del Juez estará perfectamente acoplado.
Yamato sintió un profundo vacío en su alma, por lo que hasta ahora ha leído, su madre le ocultó algo muy grave y fuerte sobre su hermano menor. Ella sabía del destino de Takeru, sabía que el tiempo de Takeru era limitado y, aun así, no tuvo el mínimo remordimiento al separarlos cuando ella y Masaharu se divorciaron.
Para este chico, que conservó el apellido de su padre, su familia era lo más sagrado en todo el mundo. Sobre todo su hermano menor, por quien daría la vida si así el destino se lo exigiera. Es por esto que... no podía aceptar lo que descubría. ¡De seguro que todo era una estúpida farsa! ¡O un fatal error!
– Al menos Takaishi tendrá a uno menos a quien darle explicaciones – escuchó Yamato a una fémina voz.
El rubio se levantó del sitio, más desafiante que nunca, si acaso esto era posible.
– Están cometiendo un grave error – replicó Ishida tratando de dominar al lobo furioso que habitaba en él.
– No hay ningún error – objetó la otra acercándose hacia el escritorio para tomar unos cd's y ponerlos fuera del alcance de Yamato.
– Aún tengo que revisar esos – advirtió Yamato ignorando su malestar físico.
– Esto es personal – aclaró la joven en un cortante tono – Cualquier inquietud la resolverás con Takaishi.
– Si esos cd's tienen más información sobre mi hermano tengo derecho a saberlo – Yamato trataba de no perder la calma, después de todo, sí era un caballero y no estaba dispuesto a faltarle el respeto a una mujer.
– ¿Derechos? – ironizó la joven cruzándose de brazos.
– ¡Sí! – Yamato apretó los dientes y los puños – No tienes la más mínima idea de lo que he pasado en todos estos años.
– ¡Oh! – la fémina atinó a exclamar en un notable fingido tono de lástima – Pobrecito del joven Ishida, quien ha sufrido mucho por la desaparición de su hermano, por no saber de él. Lloraría de la pena pero hace tiempo que no sé qué son las lágrimas.
«Ella se está metiendo en terreno prohibido, ella se lo está buscando». Estas fueron las dos frases que rondaban insistentemente en la mente de Yamato.
Yamato siguió acercándose en forma lenta y amenazante, como lobo herido acorralando a su presa.
– No sigas – el rubio advirtió por última vez.
– ¡Quien no debe seguir eres tú! – la otra brilló tenuemente, apenas perceptible, y los pasos de Yamato se detuvieron abruptamente.
El rubio se dobló sobre sí mismo conteniendo las ganas de gritar ante el inmenso ardor que sentía en las costillas. Él apenas escuchó en un murmullo – No traspases los límites.
Yamato respiraba furiosamente, su verdugo se acercaba aun desprendiendo aquel débil fulgor.
– Deja esa actitud tan inmadura – reprochó la joven ayudando al rubio a enderezarse – Hablas de lo mucho que has sufrido y ni siquiera te pones a pensar en lo que ha pasado Takaishi. ¿Crees que él está encantado de la vida con esto que le ha pasado? Nadie en sus cabales, y con una vida formada en Odaiba, lo estaría.
Acto seguido la joven volvió a golpear a Yamato en las costillas provocando que él cayera en su espalda de una forma un tanto brusca.
– Y si te me vuelves a aproximar en esa amenazante forma te juro que, por mi lado, tus costillas se incendiarán o se reventarán del dolor – la fémina se encogió de hombros – lo que ocurra primero.
– ¿Fuiste tú? – Yamato trataba de no denotar la ira que lo invadía.
– No fue a propósito – la otra atinó a explicarle – Fue un impulso, una forma de defensa.
– ¿Quién eres? –
– Estás aquí por Takaishi, lo demás no debe importarte.
– ¿Y qué si me importa? – Yamato, por lo que denotaba el tono de su voz, no aprendía que estaba tratando de dominar un área fuera de su alcance.
La joven pareció no darle importancia.
– Por mi lado jamás te enterarás. Pierdes tu tiempo.
– Aquí tengo poder sobre todos los digitales, mantengo el balance, abro puertas dimensionales a mi conveniencia, recibo constante entrenamiento y sobre todo...
– ¿Eres feliz? – soltó de golpe Hikari y al abrir sus castaños ojos se notaba el brillo de las lágrimas a punto de rodar por sus mejillas.
– La he pasado bien – Takeru respondió al instante.
– ¿No echaste de menos a tus amigos? ¿A tu familia? – la voz de Hikari temblaba entre el nerviosismo y las ansias – ¿A mí?
«Si no he hecho nada más que pensarte» Takeru bajó la mirada y respiró profundamente antes de soltar cualquiera de sus pensamientos.
– No he tenido tiempo de...
– ¡Mírame cuando respondas! – le cortó Hikari con el mismo tono que utilizaba cuando iba a discutir contra su hermano.
El Juez atinó a deslizar sus manos por sus dorados cabellos. No recordaba que Hikari fuera tan...
***Flash back
La situación era demasiado intensa. El peligro se palpaba con facilidad en cualquier esquina. Pero aun así ninguno de los dos valientes chicos daría marcha atrás en la firme decisión de rescatar a la hermana de Taichi.
Para Takeru era una ventaja que Daisuke y su digital lo acompañasen a rescatar a Hikari cuando ella, por un error que el rubio nunca se perdonaría, no pudo cruzar la mágica puerta que la transportaba del digimundo al mundo real.
«Daisuke podría sacarla de este sitio mientras yo distraigo a los androides digitales» el rubio se había dicho mentalmente.
Las explosiones inundaban la cibernética ciudad del digimundo. A ambos chicos les llegó una calma cuando vieron volar a Nefertimon cerca de ellos.
Pero pronto la digital blanca y alada perdió parte de sus fuerzas, aun así la valiente Tailmon estaba lista para seguir dando batalla si la circunstancia lo requiriera.
Lastimosamente un antiguo amigo estaba siendo manipulado por uno de los famosos aros malignos del entonces peligroso digimon-kaiser.
– Debes tener cuidado – le recriminó entonces Takeru a la portadora de la Luz – Él no es el Andromon que conocemos.
Hikari le devolvió, por primera vez en la vida, una mirada de enojo. ¿Cómo se atrevía a decirle eso?
– ¡Claro que lo es!
*** Final Flash Back
«...Apasionada»
La forma de mirar de Takeru adquirió una intensidad que no intimidaron a Hikari mas sí la sonrojaron.
– Por supuesto que te he extrañado.
Hikari se levantó de su sitio, con clara intención de acercarse al rubio quien no esperó a que ella llegara y la imitó pero no para abrazarla, como ella hubiese querido, sino para detenerla.
– ...Y ya tengo una vida en el Digimundo – Takeru la tomó de los brazos de una firme manera pero no hiriente, y su voz trataba de ser de la misma forma.
– ¿A esto le llamas vida? – ironizó Hikari soltándosele toscamente y lastimándose en el proceso.
– Es mejor a que estar muerto, no? – le recriminó Takeru volviendo a aprisionar la canela piel de Hikari sin llegar a herirla.
La chica apenas asintió entre cansada, confundida y perturbada. Ahora intentó apartarse del rubio aunque esta vez fue de una manera lenta y resignada pero nuevamente él no lo permitió.
Transcurrieron unos segundos antes de que Hikari notara el suave fulgor que desprendían las manos de Takeru, obviamente calmando el dolor físico en sus brazos. Luego de esto Takeru soltó la presión que tenía en ella. Así de sencilla fue la técnica; lamentablemente no podía hacer lo mismo con el corazón de Hikari.
Hikari deslizó sus manos por donde la había tomado Takeru, dando la impresión de abrazarse a sí misma.
– Entonces... – la joven meditaba bien cada una de sus palabras –... te quedarás aquí.
El silencio de la habitación dio a entender una respuesta afirmativa. Después de todo, era el precio que Takeru debía pagar por su vida aunque él no hubiese tenido opción de escoger.
Takeru seguía mirándola de una forma embelesada y ella parecía no darse cuenta por estar envuelta en sus confusiones y resistencia a la realidad.
El joven Takaishi ya se ha resignado a su futuro por lo que ahora su única preocupación volvió a ser, por centésima vez, Hikari Yagami y todo lo que comprendía ella. ¿Debía confesarle lo que sentía? ¿No sería hacerle más daño del que está sintiendo ahora? Porque era notable el dolor de la chica y él lo compartía aunque no pudiera demostrarlo de una forma física, como lo hacía ella.
La menor Yagami se secó, un tanto furiosa, unas fugitivas lágrimas «No es el momento de llorar» se había dicho de forma mental.
Takaishi seguía mirando a la joven mientras sus sentimientos continuaban debatiéndose a muerte entre callar para siempre y una declaración abierta, sincera y espontánea. Quizás el sentirse amada la haga sentir mejor.
El joven dio unos pasos hacia Hikari, la capa roja se ondeó de una magnífica forma detrás de él. Una parte de su fría mente le exigía que se detuviera, pero la otra parte, confabulada con los sentimientos de su alma, le motivaban para que siguiera. Era una batalla ganada por el amor.
El primer impulso que tenía Hikari era de apartarlo bruscamente, para hacerle sentir en carne propia su desolación, pero al tenerlo tan cerca, al sentir nuevamente esa esencia mágica de Takeru, no pudo hacerlo. Más bien se aferró a él, como si fuese un espejismo a punto de desvanecerse.
Nuevamente la parte fría de su mente le advertía aprovechar al máximo esos segundos.
«Luego se irá» Takeru la aprisionó más contra sí mismo y acarició su delgada espalda «Para siempre»
El rubio podía sentir la aceleración del corazón de ella y lamentaba el hecho de que no existiera alguna reacción física que le delatara, o al menos eso era lo que él pensaba, pues había pasado por alto la tembladera que le dio cuando la tuvo entre sus brazos al rescatarla de su mortal caída.
«No volverás a aspirar el suave aroma de sus cabellos...»
Parecía que el tiempo retrocedió bruscamente. Ni Takeru tenía ese extraño traje de batalla ni Hikari tenía encima siete años esperándolo. Lo que sí seguía igual a esa ocasión, en la puerta del ascensor del departamento Yagami, era la tristeza de no saber cuándo será la próxima vez en volver a verse.
«... Nunca más sentirás la sutileza de su piel...»
Ahora Natsuko no estaba esperándolo. Y nadie osaría a entrar a la habitación de él. Nada podría interrumpirlos.
«... Su profundo y agitado respirar...»
Los segundos se detuvieron, la penumbra de la habitación se tornó mágica y sublime.
Takeru posó sus manos en las sonrojadas y húmedas mejillas de Hikari, provocando que ella le diera su mirada castaña, brillante y muy nerviosa, deseosa también, pero más que nada nerviosa.
Con el pulgar de su mano derecha delineó los labios entreabiertos de ella, podía sentirla temblar de emoción.
«...La dulzura de sus labios...»
¿Qué estaba esperando Takeru? Era más que obvio que ella anhelaba conectar sus almas por medio de sus labios.
Hikari sabía que debía maldecirlo a muerte, pero tampoco podía negar que la llenaba de mucha calidez la sensación provocada por los labios de Takeru en su frente.
¿Acaso su mirada no le había demostrado que lo quería? ¿Que ansiaba ese momento sin interrupción alguna? ¿Que deseaba transmitirle un poco de su amor por medio de un beso?
Sí, Takeru se había dado cuenta y aquello lo hacía inmensamente feliz al mismo tiempo que estaba consciente que no debía provocar más lágrimas en ella, lágrimas como las que le secó en ese preciso instante.
– Eres joven, hermosa y libre – murmuró el rubio sin apartar mucho sus labios de la frente de ella por lo que Hikari pudo sentir su aliento. – Y quiero que seas muy feliz.
– No lo seré sin ti – murmuró Hikari – Lo sabes perfectamente.
Takeru sonrió levemente y volvió a acariciarle las mejillas.
– Serás muy feliz – aseguró Takeru sin dejar su sonrisa que esta vez se tornó más segura. Por lo visto el rubio estaba dispuesto a llevar a cabo sus planes y entonces obligaría a Hikari a trazarse un rumbo sin él.
– No sin ti – rectificó Hikari aprisionando en sus manos la camisa de color verde azulada que él llevaba. La tela era suave pero al mismo tiempo resistente.
– ... entonces mi digital evolucionó a XVmon, y es un dragón alado de imponente fuerza.
«¿XVmon?¿Lo invitaron a una quinceañera o qué?» la digital, con una sacudida de su cabeza, sacó aquel pensamiento.
– ¿Me hablas de dragones a mí? – replicó la azulada en un fastidioso tono y no era por el hecho de que Daisuke le cayera mal sino porque estaba más que intrigada por los nuevos argumentos que pudo haber lanzado el molestoso púrpura de Dacmon. Y era de admitir que le molestó el hecho de no poder estar presente en la dichosa plática.
– ¿Y qué técnicas tienes? – Daisuke, como siempre, no se dejó intimidar por cualquier comentario por más hiriente que este sea.
– Danza de nieve.
– Eres un dragón de hielo – objetó el menor Motomiya en un tono asombrado, tal cual como si fuese un chiquillo de cuatro años descubriendo las maravillas del mundo. Esta es la característica principal de Daisuke que no todos los que alguna vez la tuvieron suelen conservar por siempre: un ejemplo de ello es Taichi quien ha dejado enterrada mucha parte de su esencia en el pasado.
La digital, demasiado irritada para una cálida plática, estuvo a punto de lanzarle un poco de su técnica para congelarle la boca pero se calmó al ver a cierta persona envuelta en un manto dorado. Detrás de ella apareció Yamato caminado menos agitado y adolorido que cuando salió de la habitación.
A la digital del tipo dragón no le importó dejar botado a Daisuke y fue de inmediato junto a la joven.
– ¿Todo bien? – le preguntó en un tono que sólo ella escuchó.
– Es lo que yo debería preguntar – la joven pasó una mirada por la habitación. Se percató de la ausencia de Takaishi, como ella suele llamarlo, de la joven Yagami, portadora de la Luz; también de la joven Takenouchi, la portadora del Amor; y del mayor Yagami, portador del Valor.
Justo cuando la joven estaba a punto de salir en busca de Amor y Valor apareció la pelirroja envuelta en un mar de lágrimas y se lanzó a los brazos del rubio Ishida.
Tanto Mimí como Miyako corrieron hacia su amiga pero trataron de no interponerse mucho entre el joven cantante y la pelirroja.
Yamato, que conocía muy bien a Sora, se perturbó al verla tan abatida. Ella no lloraría en vano.
– ¿Qué te ocurre? – indagó de inmediato olvidando que estaba muy enfadado con ella.
Sora respiró profundamente, o al menos intentó hacerlo, porque el sollozo le ganaba irremediablemente. Y sólo atinaba a aferrarse con más fuerza al cuerpo de Yamato, específicamente en sus adoloridas costillas. Pero el rubio no chistó. Parecía que lo que le pasaba a Sora era más preocupante a cada instante.
– Sora, cálmate – le pidió posando sus manos en la espalda de ella acariciándola e intentando consolarla pero provocó justamente lo contrario.
– De lo contrario jamás nos enteraremos de lo que te pasa – agregó Mimí tratando de que su voz no denotase mayor preocupación.
Yamato trató de enfriar sus pensamientos. Sora fue con Taichi a la base del castillo, llegó Sora... no llegó...
– ¿Qué pasó con Taichi? – el rubio dio con la pregunta clave.
– ... base... oxígeno... estúpido... inconsciente – fueron las palabras sin enlace alguno que ella pudo pronunciar.
– Sí, ya todos sabemos que Taichi es un estúpido e inconsciente – expresó Yamato pero esto no le hizo ninguna gracia a Sora quien soltó más lágrimas de perturbación.
– ¿Taichi está inconsciente? – preguntó Ken tratando de armar el rompecabezas.
– ¡Idiota! ¿Cómo se le ocurrió? – Sora al fin pudo decir frases entendibles pero esto era lo mismo que nada pues los demás seguían sin enterarse de lo ocurrido.
Ambos jóvenes seguían envueltos en su mágico abrazo. Nada ni nadie les separaría en estos benditos segundos así la vida de cada cual estuviese en peligro.
Takeru aún no podía creer su fugaz felicidad. No podía creer sino sentir, y eso era lo que hacía en esos instantes: sentir el amor de su Hikari. Y lamentaba terriblemente el hecho de no darle a ese amor lo que merecía.
Pero debía dejar de pensar en eso y concentrarse en ella, dedicarle todos sus latidos, toda su respiración, todo su ser.
Una inmensa paz invadió el alma de Hikari, y un nuevo brillo nació en lo más profundo de su ser ante una idea que llegó a su mente. No todo estaba perdido. ¿Por qué lamentarse por el hecho de que Takeru deba estar en el digimundo por el resto de sus días? Esa no era una razón suficiente para atormentarse. ¡Qué tonta que ha estado siendo!
Hikari soltó una pequeña risita de alivio. Imaginaba que Takeru se negará y protestará pero ya vería la forma de hacerlo cambiar de parecer, ahora es el momento de celebrar al máximo su idea.
Takeru frunció el entrecejo. ¿Qué tramaba Hikari? Porque estaba más que seguro que algo pasaba por la mente del amor de su vida.
La notó con un semblante más pasivo, y no pudo contener las ganas de deslizar una de sus manos por sus cabellos suaves del color de la canela en rama.
El joven soltó un suspiro al sentir los labios de Hikari en la palma de su mano. Era increíble que aquel sencillo gesto lo envolviera en un hechizo enigmático. Hikari en ese mismo instante podría pedirle su vida y él se la entregaría sin duda y sin condiciones.
Sus miradas se encontraron, sus almas imploraban de rodillas una comunicación inmediata.
«Tan sólo una vez» se dijo Takeru pensando en volver a recordar cómo era el sabor de los labios de Hikari.
Así que, con suma paciencia, acercó su rostro al de ella, y se olvidó si luego lamentaría el hecho o si provocaría que ella volviese a llorar.
«¡No otra vez!» se quejó mentalmente Hikari al sentir los labios del rubio en su mejilla pero tuvo que rectificarse de inmediato pues Takeru comenzó un lento y placentero recorrido desde aquel punto de su rostro hacia sus labios.
Una sensación nació en la boca del estómago de Hikari y subió hasta su pecho, los labios del rubio eran tan delicados en sus besos que cada vez eran más largos. Ella soltó, de forma involuntaria, un leve suspiro, mientras su respiración se hacía más intensa.
Ella quiso sonreír pero la emoción la tenía completamente paralizada. Takeru pasó sus manos hasta las de ella y las aprisionó con ternura y exaltación.
De seguro que esta escena era una de las que hubiese acontecido sino hubiesen pasado las cosas que ocurrieron. Indudablemente estarían juntos en cualquier sitio de Odaiba disfrutando del amor si él no hubiese tenido que estar en el digimundo.
El rubio se reprendió mentalmente. No era el momento de pensar en ello, no cuando está a escasos milímetros de los labios de su Hikari. Aunque para él este sería un beso de despedida, para Hikari significaba el comienzo.
Takeru respiró profundamente al simple roce de sus labios. Aún seguía sin la experiencia en el arte de besar pero el simple hecho de que era él volvía a agitar a Hikari, como pasó hace años atrás.
Por eso nadie jamás comprendería la obsesión de ella de volverlo a encontrar, porque nadie sentía lo que ella estaba sintiendo en esos instantes, aquella emoción que le sacudía hasta el alma. Nadie amaba ni era tan correspondida con tal intensidad como ella.
Hikari soltó las manos del joven y deslizó sus finos brazos alrededor del cuello de Takeru, entrelazando sus dedos en los dorados cabellos. Mientras que él, al sentir libre sus manos, las deslizó por la plana cintura y la envolvió entre sus extremidades superiores. Sus labios se tocaban delicadamente, adquiriendo cada segundo más confianza, más tranquilidad y más del dulce y único sabor del amor.
Dicen que la mujer que ha entregado sus labios ha entregado todo, y parecía ser este el caso de Hikari. En ese beso le entregó sus angustias, miedos, temores, amor, vida, cuerpo y alma. Y todo esto enlazado en una luz de esperanza.
Takeru sentía la presencia de Hikari más resplandeciente que nunca. Y eso debido a que una de sus percepciones era la correcta: el sentirse amada le restableció el ánimo.
Esa era la Hikari del cual se enamoró enloquecidamente, la que tenía el misterioso don de revivirlo en momentos angustiantes (y eso que él no imaginaba que la sensación era mutua).
*** Flash Back
– Debes tener cuidado. Él no es el Andromon que conocemos.
– ¡Claro que lo es! – le contradijo Hikari enfurecida porque Takeru pase por alto todo lo vivido hace 3 años atrás y cuánto el digital cibernético los había ayudado.
La rabia estaba inyectada en las venas de Takaishi. Rabia con mezcla de impotencia ante la terquedad de la chica, y también con mucho temor por su seguridad, después de todo, había regresado por ella, por no poderse perdonar nunca que la vida de ella peligrara por su culpa.
Y el coraje que mostraba Hikari sólo se podía comparar al de él, aunque los motivos son diferentes, en intensidad van a la par.
*** Final Flash Back
Takeru sonrió en medio del beso a causa de sus recuerdos, pero pronto su sonrisa se envolvió en un aire de tristeza. Para él ha llegado el momento del adiós.
Nuevamente aspiró el suave aroma que desprendían sus cabellos canelas cuando volvió a besarle la frente. De ahora en adelante, se prometió en silencio, tendría presente este sublime momento. Y ello le ayudaría a no dejar completamente vacío el inmenso espacio que le producirá su ausencia.
«Por todos los cielos... ¡Es tan hermosa!» Takeru pensó cuando volvió su mirada al rostro pasivo de la chica.
El joven deslizó su mano por uno de los mechones de Hikari y se lo acomodó tan delicadamente detrás de la oreja. Fue cuando Takeru se percató que no le había dicho cuánto la amaba. Es verdad que se lo ha demostrado, pero no es lo mismo.
Takeru necesitaba desahogar, de alguna forma, todo lo acumulado en su alma durante todo ese tiempo: la nostalgia por sus amigos y su familia; decirle a su madre que, de una u otra forma, está agradecido por esa posibilidad de vivir, que no le recrimina nada; quizás, con algo más de osadía, le entregaría a Hikari aquella carta, para que lo recuerde por siempre.
Tantos sentimientos envolvieron al rubio. Su alma exigía más desfogo.
– Los demás nos esperan – le recordó Hikari tomándolo de las manos.
Takeru asintió suavemente. El encuentro con sus amigos sería lo siguiente, luego su familia. Y después... cerraría la puerta que conecta ambos mundos.
Aunque, de ahora en adelante, Hikari lleva parte de su amor tatuado en el alma, y con ello siempre estará junto a ella.
Continuará...
Notas de la autora: ¡Sí! ¡Ha vuelto la obsesionada del Takari! ¡La de siempre! La que sigue imaginando miles de extrañas situaciones para los pobrecitos! ¡La única! ¡La inigualable! Ejem... Calmándome un poco (porque estoy muy orgullosa con este capítulo =^^=) les comento que la canción utilizada para inspiración de este capítulo es del fanático del Takari Alex Ubago (Digo que es fanático porque eso de que la canción se llame "Grito de Esperanza" y que por ahí dice "que tu luz brille por siempre" ¿coincidencia? Mi mente romántica me dice que no ;P) Por cierto, lo que si me pareció un tanto... raro... fue el hecho de que esta canción es perfecta para este capítulo! Y por si acaso, este es el Takari que me encanta demostrar, aunque le eche tanto drama para un beso. Espero que no se me haya pasado la mano, es que tenía mucho tiempo sin escribir de ellos por andar en otras cosas.
Bueno, por otro lado admito que lo de XVmon y la quinceañera no es cosa mía, lo leí hace mucho tiempo en un foro de Digimon y me pareció algo chistoso.
Fanáticas del adorable Taichi Yagami... sufran, sufran, sufran. Quizás en el próximo capítulo tengan noticias de él. Y quizás en el otro capítulo desenrede lo del Sorato. Pensándolo mejor no, sigan envueltas en el misterio Sorato aunque les adelanto que no hay nada de misterio ^^
Por si acaso, no se esperen otro capítulo extenso porque rara vez se me dan. Por eso estoy súper feliz con este capítulo! No soy muy amante de los capítulos cortos ^^
No se olviden de escribirme sus bellos y ansiados review. Aprecio mucho sus comentarios.
