Yo sin ti

Era extraño no sentirse culpable por lo que ocurrió durante esos días, era extraño que el amor propio y el que sentía por la mujer que era su esposa, se hubiera borrado momentáneamente de su cabeza y corazón, en algún momento llegó a pensar que las cosas debían ser así y que realmente él, no era un súper héroe como siempre lo quiso pensar, era un ser humano con muchos defectos más que virtudes.

Una recaída era normal en un adicto.

Pero cuando entró a su casa y la vio con ojos tristes, supo que algo ocurrió en su ausencia, supo que algo grave pasó mientras estuvo ayudando a Cam y a Arastoo, se intentó acercar a su esposa con único y gran fin de ser él, quien le reconfortara entre sus brazos, pero ella simplemente había retrocedido y comenzó con un análisis, simplemente se sintió en un microscopio, siendo observado por millones de ojos

Hace unos días cuando preguntaste por el jugador… - ¡Por San Benito!, ella se había dado cuenta y ahora intentaba saber la innegable verdad que ya sabía… Pero tenía una oportunidad

Fue una pregunta técnica, una duda… Ya sabes que me gusta saber cosas nuevas – intento hacer el momento menos tenso con su sonrisa ladeada, pero ella realmente no miraba

Haz vuelto a apostar… - le dijo con voz de penumbras y luego se dio vuelta y fijo sus ojos en los marrones del – Ha venido tu "padrino de apuestas", amenazó con matarnos a Christine y a mi… - en esos momentos cayó en la realidad su fallecido amigo Lance Sweets tenía razón, cualquier evento traumático podría llevarlo a apostar de nuevo, cualquier cosa que desequilibrara su mundo lo llevaría a la ruina y Aubey se lo advirtió antes del caso de apostador asesinado.Huesos se derrumbaba ante él, y nada podría hacer esta vez – Quiero que te vayas – dijo con más pena de la que pensaba

Pero Huesos… - ella solo miró la puerta y luego se volvió al ventanal.

De buen entendedor, pocas palabras. Pasó la noche mirando las calles y buscando a quien acudir, sabía que Cam le abriría las puertas de su casa, pero no quería ventilar sus asuntos, no sería él quien le digiera al mundo que se había equivocado.

Nuevamente se le borraba el resto del mundo, pero ahora ya no eran las apuestas las que se quedaban ahí, segregando la adrenalina suficiente, ahora era ella, por supuesto que su hija también, pero principalmente ella y la había decepcionado… Sería la segunda vez después de lo de Hannah.

Vueltas y vueltas sigo aquí, te juro que no quisiera,
llámalo poca fantasía, llámalo costumbre…
pienso siempre en ella.

Al tomar su bolso y salir de aquello que consideraba su hogar se puso en el lugar de Brennan, ella se lo había dicho muchas veces...

"No puedo prometerte la eternidad, porque nunca sabemos que nos deparan nuestras acciones y decisiones..."

Y así había sido. Llegó por fin a lo que alguna vez fue el departamento de su amigo, sabía que había una llave escondida por ahí y también sabía que Deisy no se encontraba, por esos días había viajado a ver a sus padres y mostrarles a su nieto.

Se sentó a mirar el bolso, las pocas pertenencias que tenía, correspondían a su ropa, entre ellas y siempre la fotografía de su adorada y de su hija, por primera vez desde que toda la vorágine del heredero de Hoover y la muerte de Sweets ocurriera, se atrevió a soltar las lágrimas que contuvo, se dio cuenta que había dejado a Huesos fuera de todo. Había dejado a la única mujer que nunca lo había abandonado fuera de su vida, descargó en parte la rabia y la frustración de perder al crio en ella, aunque sabía que para ella también fue un golpe duro, simplemente ella se llevó la gran responsabilidad de ser la nueva sustento de su interna, hablaban el mismo lenguaje y podían observar su historia a través de los huesos.

Luego de mirar la fotografía un largo rato, tomó su teléfono y marcó su número, no espero que contestara, pero por única vez ella activo la llamada y solo escuchó

- Sé que he sido un bastardo… - solo el eco de los sollozos le dijeron que ella estaba escuchando – dame tiempo de recuperarte… Solo espérame – y luego de aquellas palabras el mismo había cortado la comunicación, no deseaba escuchar el rechazo de la única ninfa que gobernaba en su alma y cuerpo.

La mañana siguiente fue un despertar desastroso, para la doctora era casi como el fin que tanto temió desde que hubieran comenzado con la aventura de amarse. Lo que más le molesta a Brennan, no era que el hombre en cuestión comenzara a apostar, sabía que era una adicto a los juegos y que tarde o temprano podría tener una recaída, así lo decían un sinfín de estudios de no sé qué universidad de nombre rimbombante, que ahora no deseaba recordar, lo que más le dolía era el peligro al que habían sido sometidas y más dolor aun, el que por primera vez en los últimos cinco años, no haya confiado en ella

Ángela, el simplemente no confió en mí, me hizo a un lado de todo – y la artista pudo captar lo que pasaba por el escuálido corazón de su amiga

Brenn – la antropóloga negó con la cabeza y miró a su hija mecerse feliz en los juegos de la plaza

No sé qué pasará conmigo y con Booth, por ahora cada quien por su lado – ya se había secado las lágrimas y su mejor amiga supo que no diría más sobre el tema, sin embargo se atrevió a consultar

- ¿Dónde está viviendo? – Brennan negó

No lo sé y es mejor así – Observó a mi querida amiga y no supo a ciencia cierta cómo es que sintió un poco de celos o de envidia de ella, Jack realmente era un hombre singular, no un alfa… Pero si uno bueno, le dolia un poco pensar en Booth como un maldito desgraciado, pero le hacía sentir un poco mejor

No le negaré a su hija, no cometeré el mismo error que Rebeca… - esto último lo expresó con la mirada perdida en el firmamento, porque aunque su corazón deseara con todas ganas correr a él, su cerebro le decía que era mejor esperar y quiza hasta dejar pasar unos cuantos años.

Dice que no me quiere más, ni siquiera en fotografías.
Yo no le creo, no es verdad, que colgará el teléfono
si la llamo un día...

Llevaba poco menos de cuatro semanas separado de su esposa e hija, llevaba poco más de veinticinco días visitando la que fue su casa y leyendo el cuento de dormir de su pequeña y luego con pena miraba a Brennan leer algún libro mientras él se marchaba.

Estaba asistiendo a las reuniones de ludópatas anónimos, pero aún no se sentía con la fortaleza suficiente de contar su historia y ser parte de aquello, algo dentro del, le decía que no era un adicto, solo un hombre incomprendido, pero ahí estaba su padrino que le recordaba lo que no deseaba saber

Estás a punto de cumplir el mes sin juegos, es hora de recibir tu medalla – La primera vez que se lo dijo, el mismo negó, no estaba preparado, aun ni siquiera había contado su historia al grupo.

Luego de aquella sesión aquella noche, se paró en pórtico de la que deseaba con todas sus ganas volviera a ser su casa, entró y la vio dormida en el sofá, una copa de vino en la mesa le indicaba que deseaba relajarse, que su día en el Jefersonian había sido agotador y de pronto lo vio, en sus piernas, era el segundo libro que escribió, aquel que no le permitió leer hasta que salió publicado con una hermosa dedicatoria a él, entre sus páginas se encontraba una fotografía, una donde Christine, ella y él se encontraban abrazados en el parque… ¡¿Por Dios Santo, porque me permitiste caer en la tentación?!, la culpa lo comenzaba a golpear de formas insospechadas, se le cayeron las lágrimas de los ojos y besó su frente, para luego salir.

Recuerdos se amotinaron en su mente...

Te tengo que confesar algo – le dijo sin tapujos cuando ya había tocado su boca por primera vez

- ¿Qué? ¿Qué eres descendiente de John Wilkes Booth? – el asombrado y un poco tenso negó rápidamente

- ¿Qué?, no, no es eso… Pero mantenlo en secreto por favor – ella afirmó rápidamente, mientras que él la volvia a besar

Tengo un problema con las apuestas, lo estoy superando, pero quería que lo supieras… Sé que esto va a alguna parte – y otro beso era estampado en sus bocas…

Si bien ella no fue el primer motivo de querer dejar el juego, fue el motivo que gatilló en su lucha de dejar de una vez por todas ese mal vicio, por eso se lo confesó aquella noche, por eso le fue tan importante que ella fuera parte de aquella intimidad…

Yo sin ti, quien sabe qué vida llevaría, yo sin ti, dejaría todo para ir,
a buscar soluciones donde no las hay.

- Debes hablar hoy… Booth, mañana cumples un mes y sabes que es la entrega de la medalla… - simplemente no lo haría por su amigo, por su padrino, lo haría por Huesos, ella se merecía a un hombre extraordinario y el dejó de serlo cuando dejó que su estupidez se mezclara entre ellos, así que cuando todos los asistentes al club se iban, el alzó su voz

Yo… Yo… casi hago que maten a mi familia… - y las lágrimas corrieron por sus ojos, era un hombre rudo, de eso no cabía duda, pero así como la cascara de la sandía puede contener el aluminio fundido, su aspecto infranqueable era el envoltorio de un hombre frágil y con sueños de niño, no deseaba más en la vida que ser feliz y proteger a su familia y eso lo había olvidado.

Caminó feliz, ya se cumplía un mes y Booth sería parte de la ceremonia de la medalla, el hombre que dirigía el grupo se había comunicado con ella para preguntarle el sabor favorito de pastel de su marido, ella misma se encargó de preparar uno, tal vez y solo tal vez las cosas se podían corregir y ser nuevamente la pareja de amigos

- ¿Booth? – la ceremonia había concluido y el mencionado no estaba. Su padrino se adelanto y camino hacia ella.

El se adelantó… - ¿Qué quería decir que se adelantó?, ¿Dónde estaba?, se suponía que ella… Un pensamientos fugaz pasó por su mente, por extraño que parezca, corrió hasta su auto y llegó rápidamente al Hoover, pasó por seguridad y llegó hasta la oficina de su marido

- ¡Booth! – pero nuevamente nada, sólo un sobre que descansaba sobre la mesa, Brennan caminó tres pasos y se sentó en la que era la silla de su compañero, tomó el sobre con miedo y le supo pesado, como si el papel estuviera hecho de plomo, lo rompió y sacó la carta que estaba dentro dirigida a ella… Luego de leerla un par de veces rompió en llanto, lo último le dijo de frente era que se fuera y desde entonces no habían hablado.

- Doctora, el agente Booth regresará en unos meses… - expresó Charlie desde la puerta de la oficina – Eso espero, no tiene permiso para morir – dijo tomando sus cosas y guardando el sobre en su bolsillo. ¿Cómo le explicaría a su pequeña hija que su padre había viajado a una zona de conflicto de guerra y que era posible que no regresara jamás?, ni ella misma desea pensar en aquella posibilidad, aunque fuera la sutil imagen de la racionalidad pura, pero ¿a quién engañaba?, desde que acepto a Booth en su vida, nada volvió a ser racional, ni siquiera sus investigaciones.

A probar más emociones sí, porque yo sin ti,
viviría en la soledad… Yo sin ti, habría un gran vacío en la ciudad…

El Sargento mayor Seeley Booth, era uno de los mejores francotiradores de su generación, era uno de los mejores en combate, algo que realmente él mismo no disfrutaba, era un experto en el arte de aniquilar vidas en el nombre de la Patria. La última vez que fue llevado a trabajar en ese extremo del mundo fue que conoció a Hannah, creó una brecha entre él y la que era su mejor amiga de ese entonces. Cada vez que ella se sentía ahogada o tenía miedo viajaba, se iba lejos, donde nada, ni nadie pudiera encontrarla, sonrió con nostalgia a saber que se mimetizó tanto con esa entrañable mujer, que ahora era él quien cogía el primer avión que le ofrecían y salía del país. Era justo y necesario, necesitaba dar espacio al amor de su vida y era la única forma que pudo hacer, esa misión que duraba dos meses, le serian bastantes para ordenar su mundo, volver a quererse y perdonar a Dios, por llevarse a su querido amigo e hijo Pato.

Parece fácil olvidar, pero no es así
Tendré que arreglármelas, en fin.

La casa se sentía vacía, decidió que Christine se fuera unas semanas de vacaciones con su tío Russ, no quería que preguntara por su padre, ya que este mismo se había ausentado por poco más de dos meses y sin noticias de por medio, sonrió con melancolía y observó a todos lados, fotografías y recuerdos, la licencia de Booth y sus palos de golf, ¿Cómo era posible que le extrañara tanto?, no era nada racional, pero tendría que asumirlo. Intentó por vigésima vez comenzar con un capítulo de su nuevo libro, este último narraba como el agente Andy Lister se marchaba dejando a Kathy a cargo de uno de los mayores casos de su vida, pero este no se iba por voluntad propia, se iba porque sabía que si seguía cerca de ella le habría mucho daño, con la enfermedad que comenzaba a desarrollarse en él. No pudo evitar encontrar las semejanzas con su actual situación y comenzó a llorar, deseaba tenerlo ahí y hacerle el amor

Booth – el teléfono sonaba, deseaba que fuera él, pero el comunicador le dijo que su instinto se equivocaba

Cariño, habla Ángela – la antropóloga respiró hondo

Hola Ángie dime ¿Qué pasa? – la artista reconocía ese tono de voz melancólico y surreal

Dentro de 20 minutos paso por ti… - La artista no le dio tiempo a que reaccionara, esta ya había colgado… Tal vez no era una mala idea despejarse, su querido también lo habia hecho antes...

Vacío las gavetas que ironía, están llenas de sus cosas:
está su licencia y su alcancía, y una foto mía que se le olvidó.

Dos meses lejos de su hermosas damas fueron suficientes. Esos meses apartado de sus vidas bastaban para no cometer nuevos errores, simplemente Seeley Booth sabía que ella era su refugio.

Ansioso abordó el avión que lo dejaría en DC, ¿Cuánto habría cambiado su nena? Ya sería capaz de contar hasta cien y aprender los elementos de la tabla periódica? Y esos ojos tristes de Huesos habrían cambiado? Brillarían al verlo o solo nada volvería ser lo que fue?

Llego hasta la casa de su familia, las luces estaban apagadas y nada en ella decía que alguien la habitaba, retrocedió en sus pasos y fue a su apartamento, aquel que rentó mientras se solucionaba su problema, simplemente dejó su equipaje y salió, deseaba una copa, calmar la ansiedad de verlas tan hermosas como siempre.

En el bar de la esquina se escuchaban canciones alegres, algunas buenas, algunas pésimas y otras que parecían más despechadas que otra cosa. El agente bebía una copa de whisky y ella entraba del brazo con otro hombre...

Se quedo livido. No pudo soportar la pena y salió sin hacer mucho alarde, tal vez la vida era mejor para ella desde desapareció del país. Prueba irrefutable de ello es que aquel hombre le sostenía por la parte baja de la espalda, como el solía hacer en sus casos, fiestas y salidas.

Lloró como nunca, se le exprimió el corazón en aquella fría cama solitaria y fría, apretó sus manos para apaciguar el dolor de su alma, pero nada de lo que hizo le permitió calmar el calvario que sentía. Huesos, su Huesos estaba con alguien más y él como hombre que era, simplemente debía dar un paso al costado. Sus ojos se fueron cerrando, queriendo olvidar, pero por la mañana se negó a mirar la luz, quería morir en el lecho, fundirse con la tela y desaparecer, dejar de pensar y que le dejara de doler.

Yo sin ti, quién sabe qué vida llevaría, yo sin ti, en la mañana no despertaría.

Cuando el nuevo día retomó el lugar que le correspondía, salió como autómata a caminar por las calles, entró al primer lugar de comida y se sentó en la barra al costado de un hombre

Hola, buenos días – dijo sin animo y el hombre a su costado de sonrió

- ¿Solo? – preguntó de vuelta

Si, solo – respondió Booth y luego pidió su típico café de las mañanas

Bueno, yo intento conquistar a alguien, espero me resulte – dijo el hombre de forma jocosa, ambos rieron, uno con alegría y otro con melancolía, como solía hacer con Sweets, se dio la vuelta en la barra y se afirmó con los codos a esta, luego miró el sol a atreves del gran ventanal, fue cuando sintió una cachetada fuerte en su cara

¡Egoísta! – Brennan se había plantado frente a él y le había ordenado el pensamiento de un soo golpe.

El hombre a su costado no daba crédito a lo que su conquista hacía con el extraño de traje militar, luego la mujer dio la vuelta y desapareció por las calles, Booth observó al hombre a su lado, que aún no salía del shock provocado, una sonrisa ladeada en su rostro y se dirigió al desconocido

Ella es mía – fue lo último que dijo y luego se encaminó a la salida.

De vez en cuando un restaurante, buscando compañía,
le diría a algún extraño: sabes ella es mía.

Furiosa golpeó la puerta de su casa, él había regresado y no la buscó, Booth era un… Un… Suaves toques en la puerta le desvanecieron la rabia, ella simplemente se dejó llevar perdiendose en esos ojos marrones que amaba tanto y él supo que había regresado a su hogar.

Parece fácil olvidar pero no es así,

si tocan a la puerta, deseo que seas tú.
Quién sabe qué vida llevaría…
Yo sin ti...