Capítulo 12
La jaula del Pegaso.
La sala estaba en silencio. Seiya estaba con los puños apretados sin poder realmente entender lo que estaba pasando. Primero Shiryu los había traicionado desobedeciendo ordenes directa y había desaparecido. Y ahora Hyoga, quien se había ido a espaldas de ellos y cuando finalmente habían logrado localizarlo… Les había llegado su equipaje junto a un mensaje: "2 a 0" y la imagen de un cisne totalmente rayado, arrugado y hecho trozos.
Atalaya observaba a Shun que estaba sentado con las manos en la cabeza. Estaba totalmente preocupado. Había querido reconfortarlo pero simplemente no sabía que decirles, ya que no podía justificar el accionar de los otros dos. Tomo la tarjeta y la miro.
-Sea quien sea el enemigo, parece que esta tras ustedes.- dijo finalmente Atalaya.- Shiryu recibió el mensaje sobre Shunrei con Kiki, y Weiss me ha confirmado que el crio no ha salido del Santuario por lo que el enemigo se infiltró. Hyoga por lo que sabemos fue a ver la tumba de su madre…
-Pero… no entiendo.- hablo Shun aun sin comprender- ¿Por qué nosotros? ¿Por qué… de esta manera?
-No lo sé.- fue la respuesta de Atalaya mientras dejaba la tarjeta sobre una mesa.- ¿Señorita Athena, tiene alguna idea?
-No… No he sentido ningún cosmos, ni hemos recibido ninguna amenaza directa. Hablé con los que tuve problemas anteriormente pero… -negó con la cabeza.- Ni siquiera Eris está detrás de esto, anda molestando a Hera…
Athena solo sonrió algo nerviosa. Eris solo estaba molestando a Hera por el asunto de aquel concurso de la manzana, recordaba un poco esa época y sí que le daba vergüenza haber perdido por un estúpido y tonto troyano maldito ciego que… ejem…
-¿Será que los mismos que destruyeron nuestras armaduras son los mismos que atacaron a Shiryu y Hyoga?
-¡CLARO QUE DEBEN SER LOS MISMOS!- estallo Seiya golpeando la pared- ¡NO LOS PERDONARE! ¡JAMAS!
-Seiya… -Saori lo vio claramente sorprendida, pocas veces lo había visto tan furioso.- Por favor, cálmate.- le pidió con suavidad.
Pegaso solo hizo un gesto de fastidio y guardo silencio. No ganaba nada con eso pero no sabía que más hacer. No podía salir y buscar al enemigo porque no sabía quién era. Con las batallas anteriores sabía perfectamente quien era el enemigo y qué quería. Con Saga, sabía que debía ir al Santuario. Con Poseidón, no sólo sabían quién era sino dónde y qué quería. Con Hades igual. Pero ahora… estaban en la más pura ignorancia.
-Atalaya… ¿Tienes alguna idea de porque pueden estar tras nosotros? – Andrómeda finalmente alzo la mirada para verla. Quizás buscando alguna información que ella pudiera darle…
- ¿La verdad? – Se dejó caer a su lado- No lo sé. Sé lo mismo que ustedes. Pero me atrevo a pensar que los están "cazando". Quizás porque entre todos los santos de Athena, son quienes más tiempo han estado a su lado y quienes más peleas han sobrevivido.
-Aun así… Usar a nuestros seres queridos para ello….- cerro con fuerza los puños. Le molestaba que usaran sus sentimientos, no solo los suyos sino de sus compañeros.
-Por eso… Es mejor que ustedes dos estén atentos.- Atalaya lo observó unos momentos y aunque dudo, colocó una mano sobre las de Shun- Si reciben alguna noticia, alguna carta… No importa de quien venga- miro a Seiya que aún seguía sumido a sus pensamientos- No importa si es tu hermano, tu amigo, o quien sea… No crean en nada. Shiryu y Hyoga cayeron por creer. Por confiar.
-¿Pretendes que ignoremos cualquier mensaje? ¿Incluso si aparecen frente a nuestras narices?- Seiya la enfrento. Estaba harto de esconderse. Estaba harto de recibir órdenes de una chiquilla que solo se sentaba a conversar y parecía mirar al aire.- ¡no podemos quedarnos quietos! ¡Tenemos que ir y atacar al enemigo directo!
Saori lo observo algo sorprendida. Pocas veces lo había visto tan así. Era cierto que lo había visto perder la compostura en otras ocasiones pero jamás lo había visto tan… desesperado.
-Seiya… - hablo finalmente y se levantó para acercarse- ¿Y adonde pretendes ir? ¿Quién crees que es el enemigo? ¿Dónde está su guarida y qué desea? ¿Es un dios, un mortal, un demonio?
-No lo sé…- tuvo que admitir.
-Entonces… ¿Qué deseas hacer? ¿Tienes alguna pista de donde estarían Hyoga y Shiryu? ¿Qué les ha pasado? ¿Por qué se fueron así? ¿Cuál es tu idea?
-¡NO LO SE! – Terminó gritándole- SI TU COMO DIOSA NO LO SABES, ¿QUÉ PUEDO SABER YO? ¿QUÉ PUEDE SABER ELLA QUE NI SIQUIERA ES UNA DE NOSOTROS? - se refería a Atalaya- DIME ATHENA ¡¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS?!
Había perdido un poco los estribos. Todos se sorprendieron de que hubiera levantado la voz contra ella, contra Saori. No porque no fuera costumbre de él gritarle a algunas personas, sino era el hecho de que fuera en contra de ella. La diosa retrocedió un poco, quizás algo herida por la manera en como Pegaso la trataba, la había visto. Bajo la mirada sin saber qué responder. No tenía respuestas a nada de esos.
Seiya se arrepintió en ese mismo segundo. No había querido gritarle todo eso, no había deseado hacer eso…. Aun así… No dijo más nada, simplemente se retiró de la sala. No era bueno seguir allí.
En el Santuario. Templo de Acuario.
¡¿Qué rayos había pasado por la cabeza de Hyoga?! No lo había entrenado ni criado así para que actuara a espaldas de todos. Y para peor, no podía abandonar su puesto. Golpeo la pared al mismo tiempo que esta se congelaba. Estaba frustrado.
-Si él se fue, entonces no parecía tan inteligente…- Escuchó y cuando volteo a ver, vio a Weiss recostada por una de las columnas del templo.- Sentí la explosión de cosmos… Y luego comenzó a bajar la temperatura. Harás que el resto se congele…
-Hyoga no es tan estúpido…- defendió a su alumno. Debía haber una razón por la cual hizo todo aquello, incluso ese estallido de cosmos. Algo lo había enojado- Algo tuvo que haber pasado.
-Seguramente cayó en una trampa…Al igual que Shiryu.-suspiro y solo miro hacia el resto del santuario. Podía ver las otras casas desde allí- Recibí un mensaje de mi señora, según ella y Gigs están vivos pero… No saben bien donde están. Sabes que no puedes ir a buscarlo ¿verdad?
-No necesitas recordarme mis deberes niña…
-No lo haría si no fueras tan estúpido, y tan imbécil de intentar congelar a medio mundo-lo miro de reojo.
-Algo de frío no les hará daño... Tampoco hace TANTO frío.
-... Yo estoy usando algo de mi energía ahora mismo para no congelarme. Maldición Camus, Hyoga no es ningún crío a quien debas proteger todo el tiempo. Si se fue, y se metió en problemas y le fue mal... Ese es SU problema. Tu preocupación ahora mismo debe ser otra.
Aunque ni bien lo dijo supo que habían llegado a un tema delicado porque de repente la temperatura bajo todavía más. Suspiró. No había caso, ese tipo era demasiado duro. Podía mostrarse ante los demás como alguien totalmente frio y que pareciera que muchas cosas no le importaban (aunque había notado que el resto ya sabía que era pura mascara) pero… En verdad estaba preocupado por el rubio. Se le acercó y aunque en principio pensó en confortarlo… Simplemente lo agarró de un mechón de cabello y lo jalo, haciendo que se quejara y la viera al rostro.
-Compórtate. Confía en tu alumno… Y deja de congelarnos a todos o te rostizare.
Camus la observó claramente sorprendido. No esperaba nada de eso. No solo las palabras, sino también la forma de decirlo y la manera en cómo había decidido hacerlo.
Afueras de la Mansión Kido.
-Maldición- golpeo un árbol con sus puños.
Toda esta situación lo estaba por volver loco. Incluso le había gritado a Saori. Ella no tenía la culpa de nada, sabía exactamente lo mismo que ellos. Pero no podían culparlo por desear ir a ayudar a sus amigos. Shiryu y Hyoga estaban desaparecido y sus cosmos también. A pesar de la gran explosión de cosmos que habían sentido, no había pasado nada más. Y estaba el mensaje también.
-¿Qué clase de guerra es esta? Son unos cobardes… Atacar por la espalda… Malditos…
Había decidido salir para calmarse. Después de todo, más tarde debería regresar para disculparse, aunque esperaba que no estuvieran ni Andrómeda ni Atalaya en ese momento. Golpeó un poco más los árboles para desquitarse… Hasta que en un momento le pareció ver un movimiento algo extraño.
-¡¿QUIÉN ESTA AHÍ?! ¡MUESTRATE! – aunque nadie hizo su aparición, definitivamente había alguien observándolo. No lo dudo y lanzó unos pequeños golpes de energía hacia unos arbustos y… fue que lo sintió. Una voz demasiado conocida. - ¿Q-que? ¡No puede ser!
De inmediato se acercó al lugar y lo confirmó. Ella estaba ahí…
-¡S-seika!
-¡Eres un tonto!- le reclamó ella con una voz algo quebrada. Como si la hubiera golpeado realmente con el golpe de antes a propósito. Se levantó y se alejó corriendo-¡Yo estaba preocupada por ti! ¡Tonto! ¡Hermano tonto!
Eso lo descolocó totalmente. Después de todo, había dejado a su hermana en el orfanato para ayudar a Miho. Ella lo había decidido así… ¿Por qué estaba ella ahí? Cuando vio la figura alejarse, recuperó de momento la cordura
-¡E-espera!
Salió detrás de ella. Debía alcanzarla. ¿Desde cuando corría tan rápido? Tras correr un tramo, la perdió de vista entre los árboles. La llamó por su nombre algunas veces pero no obtuvo respuesta. Algo andaba mal… Se detuvo unos momentos para observar alrededor, cuando escuchó unos ruidos volvió la mirada hacia el lugar esperando ver a su hermana, pero quien salió fue otra persona que lo desconcertó totalmente
-¡¿Marín?!
-No hay tiempo de hablar, ¡Athena está en peligro! ¡Los enemigos la han atrapado!
-¡¿Qué?! ¡Pero si estaba con Shun!
-¡No hay tiempo para explicaciones, Seiya! ¡Tenemos que ir con la Diosa, AHORA!
La urgencia en la voz de su maestra le hizo saber que hablaba en serio. Además… No podía permitir que dañaran a Saori, no cuando no habían arreglado las cosas aún. Marín no espero mucho para hacerle una señal de que la siguiera. Seiya no lo dudo. Era Marín, no había forma que alguien pudiera suplantarla y… Luego de unos momentos se detuvo simplemente para lanzar unos golpes que la caballero esquivo sin ningún problema.
-¡¿QUÉ DEMONIOS CREES QUE HACES?! – le recriminó con fuerza y algo ofendida-
-Tú no eres Marín.- fue su respuesta- Casi logras engañarme pero tú no eres ella.
-Si serás imbécil…
Antes que pudiera decir más, escucharon unos gritos. Seiya reconoció las voces: Seika y Saori. No recordaba la última vez que había sentido una urgencia así de grande (quizás en la batalla contra Hades), miró a quien decía ser su maestra quien también tenía la expresión preocupada. Quizás… Si se había equivocado. Decidió que lo mejor era ir a averiguar cuando llego al lugar de donde provenían los gritos sintió como la sangre abandono por completo su cuerpo. También su alma. Tres cruces: dos de ellas estaban ocupadas por los cuerpos ensangrentados de su hermana y Saori, rasguños, cortes profundos, moretones… Luego escucho otro grito más y cuando volteó vio como unas ramas o raíces que habían salido de la nada, agarraron a su maestra a pesar de los intentos de ella de liberarse.
Intento ayudar pero sus puños no hacían nada, era como si no tuvieran la fuerza. Elevó su cosmos, intentando llamar a su armadura… A su nueva armadura pero esta no respondió: lo olvidaba. Su armadura ya no respondería jamás a su llamado. Cuando se dio cuenta de todo lo que estaba pasando… Vio a las tres mujeres importantes de su vida siendo lastimadas… Y era incapaz de ayudar. Elevó su cosmos pero al hacerlo se dio cuenta que las ramas se alimentaban de su energía y se enroscaban alrededor de ellas… Provocando más daño.
-¿Qué demonios…?
¡No podía dejarlas así!
-¡Seiya!
-¡Seiya!
Las tres que parecían haber retomado levemente la conciencia lo llamaban… Debía ayudarlas, no podía quedarse como un imbécil mirando… Pero cuando quiso volver a moverse, ya no puedo. Unas ramas se habían enroscado alrededor de sus piernas, y al intentar zafarse, estas se movieron haciéndole perder el equilibrio, y otras más salieron del suelo para apresarlo totalmente e inmovilizarlo…
-¡NO! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Saori! ¡Marin! ¡Seika!
En ese momento lo vio, las ramas que estaban apretando a las mujeres se movieron hacia el cuello. Grito mientras intentaba alzar más su cosmos, pero había sido inútil y una mala movida. Como antes, las ramas se alimentaron de su energía e hicieron la presión suficiente para cortarles la cabeza… Los cuerpos cayeron como bolsas al suelo… Y una niebla negra, espesa comenzó a envolverlo completamente.
La lucha del santo de bronce fue inútil. La niebla comenzó a devorarlo hasta hacerlo por completo.
-Y yo que creí que tendríamos una lucha más épica… - una figura salió de entre los arbustos mientras los cadáveres de las mujeres se volvían arbustos, ramas y hojas.
-Deja de hablar y toma el espejo de una vez.- le indico otra figura que también lo observaba- Al parecer el Pegaso del que tanto han hablado… Tiene las alas agotadas, o no puede volar sin una silla de montar
Ambos se rieron un poco y la primera figura salió de las sombras. Se trataba de un hombre de cabello totalmente negro, pero sus ojos eran celestes, bien claros. Llevaba una especie de túnica, cuando se agacho para tomar el espejo que la niebla había dejado… tuvo que apartarse. Una cadena se clavó en el suelo impidiendo que lo agarrara.
-¡¿Qué le han hecho a Seiya?! – Shun había sentido el cosmos de su amigo, también había notado que parecía estar en aprietos así que había decidido ir a ayudar… A pesar de que Atalaya no habría estado muy de acuerdo.
-¡Maldición! Es Andrómeda…
-¡Idiota! ¡No te quedes parado! ¡Toma el espejo y lárgate!
-¡No los dejaré escapar! ¡Cadena de Andrómeda!
Quizás sus cadenas ya no eran como antes, ya no obedecían de igual forma, pero aun así podía manejarlas. Le resultaba un poco más difícil ya que debía un poco las corrientes de aire con su cosmos para darles más movimiento pero… Servían al propósito, los había atrapado. Las cadenas lo rodearon. No deseaba hacerles daño realmente…
- ¡Blood Illusión!
Ni bien el enemigo lanzó el ataque una niebla roja lo rodeo. Por alguna razón recordó todas aquellas veces que tuvo que matar a sus enemigos… Por unos segundos olvidó la verdadera razón de haberlo hecho, para él los había matado y ya. Se tomó la cabeza con ambas manos, no era eso lo que realmente pretendía. No era eso lo que buscaba.
