Ángeles Desesperados

Inverosímil Propuesta

Kagome miraba con terror como las manos de Inuyasha temblaban convulsivamente sobre el volante mientras su rostro se bañaba en sudor cada vez más. Ella también se mantenía temblorosa y más aún, sentía que las lágrimas caían silenciosas sobre sus mejillas mientras que le parecía que en cualquier momento el gatillo se iba a disparar automáticamente. El hombre no dejaba de aplastar fuertemente su brazo contra su garganta mientras que apretaba y aflojaba intermitentemente las bolsas de dinero en su otra mano. Sentía que en cualquier momento su corazón iría a rebotar y salírsele del pecho.

En su cabeza desfilaban con una velocidad abrumante cada uno de los recuerdos tan preciados y guardados celosamente en su memoria donde se incluía a su familia y por supuesto, a Inuyasha. Volvió a mirarlo, tenía una excesiva palidez y temía por la seguridad de él antes que la suya propia. ¿Cuánto tiempo habría pasado ya? Intentaba ubicarse en las calles pero todo simplemente lo veía irreconocible, todos sus procesos cognitivos estaban nublados por el miedo. Un gemido murió en su garganta mientras se contenía de quejarse, dado que sólo podría poner más nervioso al rufián y se suponía que debía velar por su supervivencia y la de su novio.

Inuyasha apenas y se mantenía obediente al manejar y seguir instrucciones. No se sentía en condiciones de pensar claramente y sabía que Kagome estaba en las mismas. Observaba las calles mecánicamente y entre la leve lucidez que aún le quedaba supo que llevaban alrededor de una hora en esa condición. No sabía cuanto más podría aguantar hasta colapsarse. Sólo una lejana voz resonaba en su mente dándole ánimos para no desfallecer. Esta voz era Miroku, que en ningún momento se había separado de su custodiado. Sango estaba en una situación similar, pero dada su condición de sentir lo que Kagome, apenas y no había sucumbido al pánico.

- Detente aquí. – Ordenó el hombre con su voz áspera. Inuyasha no necesitó que se lo dijeran dos veces. En la desolada calle se detuvo en todo el medio mientras sus nervios cedían y volteaba a ver al hombre. Era el momento de la verdad, seguramente le metería un tiro entre las cejas y le volaría los sesos, y luego con Kagome…sólo Dios sabía lo que le podría esperar a ella. Cerró los ojos un momento y los volvió a abrir con una mirada fiera y segura.

Se tensó al ver al hombre abrir con su mano una de las bolsas para luego rebuscar entre las pacas de billetes y aventarle una a Inuyasha, el cual, apenas y logró atrapar a tiempo. El maleante sonrió satisfecho y luego de lanzarle bruscamente a Kagome a los brazos, salió del auto y frente a la ventana del copiloto les hizo una seña de despedida.

- Eso es en agradecimiento a su colaboración. – Dijo antes de salir corriendo entre la oscuridad de las calles de esa zona. Inuyasha estuvo en estado de shock durante algunos segundos y sólo volvió a la realidad cuando sintió algo removerse en su pecho. Bajó la vista y observó a una llorosa Kagome abrazar su cintura como si de ello dependiera su vida.

- ¡Inuyasha! – Sollozó sin reparo. Él en respuesta inmediata le estrechó contra sí mientras apenas y cuando abría la boca para consolarle ya sabía de antemano que su voz estaría quebrada.

- Tranquila… - Logró emitir mientras que con mano trémula acariciaba su cabeza. Entretanto Kagome seguía llorando desconsoladamente acurrucándose más a él. – Tranquila… - Repetía abrazándole con desespero. Apenas y creía que seguían vivos. Sonrió incrédulamente con una felicidad infinita.

Sango se echó a los brazos de Miroku llorando también. Este la recibió aliviado de que todo ese tortuoso momento hubiese finalizado.

- Oh, Miroku… - Dijo Sango separándose un poco de él para verle a los ojos. – Que angustia tan grande… - Musitó. Él le sonrió compasivo.

- No llores, Sango. – Le susurró dulcemente. – Recuerda que las lágrimas de un ángel son más preciadas que mil piedras preciosas. No las malgastes de esa manera. – Volvió a sonreírle. Sango sonrió igualmente y le volvió a abrazar. Ambas parejas se mantuvieron en aquella posición durante varios minutos.

- Inuyasha… - Llamó Kagome más repuesta. - ¿Qué…qué es eso que te dio aquel hombre? – Preguntó sin deshacer el abrazo todavía. Inuyasha le miró durante un momento, cómo intentando saber a qué se refería y cuando cayó en la cuenta, rebuscó entre el asiento y miró con mayor atención el fajo de billetes.

- Es dinero legítimo… - Musitó separándose por completo de Kagome para retirar la liga de la paca y empezar a sacar cálculos de cuanto dinero sería. – Es dinero robado… - Suspiró dejándolo a un lado un momento mientras volvía a encender el auto.

- ¿Y qué piensas hacer con él? – Preguntó Kagome acomodándose en su puesto aún algo temblorosa. Inuyasha bufó molesto y tomó con su mano izquierda el dinero para luego dejarla guindando fuera de la ventana y así, mientras el carro avanzaba, él iba soltando poco a poco los billetes.

- Mañana el que madrugue será un afortunado. – Sonrió. Kagome también sonrió y asintió.

- No puedo creer que siga viva…y sana… - Dijo para sí. Inuyasha sonrió a medias.

- Lamento haberte metido en todo esto, Kag.- Contestó seriamente. – Debí fijarme más y… - Se interrumpió al sentir como la cálida mano de su novia se posaba sobre su brazo.

- No me atrevería a culparte, Inuyasha. – Aseveró. – Nos amamos y no podemos pelear por idioteces así. – Agregó seriamente. Inuyasha asintió.

- No podría soportar verte en peligro una vez más. – Respondió sonriéndole. Kagome también le sonrió y aprovechando que se aproximaron hasta un semáforo en rojo, se acercó a darle un corto beso.

Las cosas no se daban por casualidad y si esa era la solución a su disputa, pues, bienvenida sea, con todos los traumas que podría haberles provocado, pensó Kagome suspirando cansada. Fue un día muy largo.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Se despidió de Inuyasha besándole una última vez antes de descender del carro. Miró el reloj, eran pasadas las doce. Tocó el timbre y un malhumorado Sota llegó luego de unos instantes a abrirle.

- ¿Qué demonios te crees llegando tan tarde? – Le espetó.

- Yo… - Iba a empezar a excusarse mientras seguía a su molesto hermano por el pasillo principal hasta detenerse en la sala de estar.

- ¡Kagome! ¿Qué horas de llegada son éstas, hija? – Reprendió Kimiko entrando en la estancia. La aludida suspiró cansinamente en respuesta.

- Vuelves a llegar a esta hora y te juro que le parto la cara a Inuyasha y a ti te doy una buena tunda, ¿entendido? – Continuó Sota. Kagome le miró sin expresión. Ya sabía que ellos no le dejarían explicarse y a fin de cuentas, no quería preocupar más a su madre.

- Sí, Sota. – Respondió al fin.

- Kagome, no quiero que vuelvas a hacer esto, ¿me oyes? – Dijo Kimiko siguiendo la idea de su hijo.

- Sí, mamá. – Asintió. – No lo volveré a hacer. – Aseveró antes de darles las buenas noches a su hermano y a su progenitora rápidamente, dándose oportunidad de escapar a la interminable cháchara de ambos.

Corrió hasta su habitación y luego de cerrar la puerta, soltó un suspiro antes de desplomarse en la cama y llevarse las manos a la cara. Se masajeó las sienes mientras rememoraba con dolorosa claridad la presión del frío metal de la pistola sobre su piel. Un ligero escalofrío la recorrió. Esa sería una larga noche de insomnio.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Kagome sorbió una vez más de su batido de fresa mientras miraba como ya el espeso líquido de su vaso se estaba terminando. Dejó a un lado el pitillo y suspiró cansada. Le dolía la cabeza como nunca y ni siquiera la espectacular nota que sacó en uno de los exámenes le había alegrado lo suficiente para desaparecer su fatiga.

- Kagome, ¿estás bien? – Le preguntó Inuyasha mirando a su taciturna novia. Ella parpadeó somnolienta, hubiera preferido haberse quedado en la casa para dormir plácidamente unas cuantas horas, pero la tentación irrefrenable de ver a Inuyasha aún la embargaba completamente a pesar de que ya habían pasado tres años desde el incidente del ladrón, dando así un total de cinco años de noviazgo, ¿cómo habían podido durar tanto tiempo juntos? Pensó para sí. – Kagome… - La volvió a llamar Inuyasha, haciéndola caer en la cuenta que se suponía estaba en una cita con él.

- Perdóname Inuyasha… - Suspiró acabándose todo el jugo. – He pasado esta semana durmiendo dos horas por día para poder estudiar el resto. – Sonrió con ironía.

- Te entiendo. – Dijo posando su mano sobre la de ella. Kagome al principio de su relación se azoraba por este estilo de contactos en público y ahora, simplemente lo veía lo más natural del mundo. – Pero, anda Kagome, al menos confírmame que estás despierta todavía. – Hizo un puchero, Kagome no pudo evitar sonreír.

- Inuyasha… - Dijo tornándose seria y mirándole a los ojos con determinación. – Sabes que llevamos mucho tiempo juntos y… - Tragó grueso mientras se daba ánimos internamente. – Yo…quería saber si tienes algo decidido en nuestro futuro. Digo…sé que Tsubaki ya no te molesta y… - Empezaba a divariar. "Demonios" pensó malhumorada consigo misma callándose abruptamente. Inuyasha empezó a sonreír lentamente.

- Con que eso era… - Musitó acomodándose en su asiento sin una pizca de nerviosismo. ¿Se lo estaría tomando en serio? Se preguntó Kagome mirándole suspicaz. – Kagome… - Le llamó. Ella parpadeó prestándole su más completa atención. Inuyasha empezó a ver el local detenidamente, como buscando algo allí. Kagome frunció el ceño y cuando él volvió la mirada a ella, observó como lo observaba con cara de pocos amigos y sonrió nerviosamente. – Bueno, pues…definitivamente este no es el sitio más romántico del mundo. – Bufó. – Respondiendo a tu pregunta, pues…

- ¡Responde de una buena vez! – Exigió Kagome mientras que su paciencia ya había terminado por agotarse.

- Me quiero casar contigo. – Contestó sin anestesia. Kagome empezó a abrir la boca gradualmente hasta que sus blancos dientes pudieron apreciarse perfectamente.

- Que tú que…tú quieres que yo…yo y tú… - Por primera vez en su existencia su lengua se había trabado sin reparo. Inuyasha sonrió nerviosamente. Kagome inhaló hondo por un momento y luego, sin decir palabra y ante un perplejo Inuyasha se levantó con todo el protocolo de una reina majestuosa.

Caminó lentamente hacia donde estaba él, el cual, le miró expectante. En ese momento, Kagome empezó a sonreír lentamente y luego chilló con un agudo muy bueno mientras se le echaba en brazos.

- Eres idiota como tú solo. – Espetó. Inuyasha se sujetó fuertemente de la mesa para no caer por el impulso y luego abrazó a Kagome en respuesta antes de levantarse con ella aún pegada a él para luego reír divertido.

- Tú insististe. – Repuso separándose para verla sonreír abiertamente con dos pequeñas lágrimas de felicidad que luchaban por salir de sus párpados. Ella negó con la cabeza mientras le miraba reprochadoramente antes de separarse de él y caminar hasta la salida. - ¿Qué? – Espetó confundido sin darse cuenta que eran el espectáculo del siglo en aquel lugar. Corrió hasta donde estaba ella y empezó a caminar a su lado.

- Pudiste hacerlo un poco más elaborado, ¿sabías? – Le reprochó. Inuyasha sonrió nerviosamente.

- Pero…pero… - Una excusa, necesitaba una excusa y rápido. – Kagome, tú eres una mujer realista, ¿no? – Preguntó viendo como ella volvía a observarle.

- ¿Cuál es tu punto? – Preguntó planamente. Él le volvió a sonreír.

- Yo te prometo que te pediré matrimonio formalmente, pero primero necesito saber si aceptas para poder ahorrar para comprarnos una casa o al menos, ir comprando los muebles. – Informó sonriendo de forma triunfal al ver un ligero brillo destilar de los marrones ojos de su novia. Kagome pareció pensárselo.

- ¿Seguro de lo que pides? – Preguntó algo desconfiada. ¿En verdad se iban a empezar a enseriar tan pronto? Lo observó mostrar una expresión seria mientras asentía sin titubear.

- Ya yo empecé a trabajar. – Le recordó él. – Y ya tú llevas media carrera lista. ¿Por qué no debería empezar a preguntarte algo como esto? Kagome, llevamos años conociéndonos para que dudes ahora de mi amor por ti.

- No dudo. – Se apresuró a corregirle ella. – Por mi vida que no dudo de ello, sólo que… - Negó con la cabeza. – No sé si eso es suficiente. – Suspiró. Él asintió entendiéndola. Claro que la entendía, ella era la del raciocinio y a pesar de que ambos tenían un poeta reprimido en el corazón, Kagome no era de las dejarse llevarse de forma tan fácil por una situación así. Algo extraño en una muchacha de su edad, pero que era algo que le serviría para toda la vida.

- Ni modo. Es un todo o nada, ¿no es cierto? – Repuso tranquilamente. – Pero si aceptas, ¿no?

- Claro que quiero y acepto. Pero… ¿soportaremos todo lo que se nos venga, no? – Inquirió desconfiada. Él le sonrió tranquilizándole.

- Que me echen de la casa si quieren, pero de que me caso contigo, me caso. – Aseveró. Kagome sonrió entusiasmada. Posiblemente todo eso podría darse después de todo. Lo amaba y él a ella, ¿qué más podrían necesitar? Y en eso se echó al cuello de Inuyasha para besarle por un momento antes de dirigirse juntos al carro de él.

Sango chilló abrazando a Miroku.

- ¡Se casan! ¡Se casan! – Canturreaba emocionada. Miroku rió y esta vez una de sus manos "con vida propia" no pudo dejar de moverse involuntariamente. Sango abrió los ojos inmensurablemente y una cachetada no se hizo esperar en el perfilado rostro del ángel. - ¿Y a ti qué te picó? – Le espetó sonrojada.

- Me estás empezando a conocer mejor. – Sonrió encogiéndose de hombros. Ella le fulminó con la mirada y bufó incrédula para luego poner cara de cachorro recién adoptado al observar a nuestros protagonistas.

- Mi libertad… - Susurró recordando el pacto. Si ellos llegaban a casarse, finalmente Sango sería humana y Miroku también. Bueno, si es que ya no lo era, antes nunca había anhelado poder poseer esa libertad, era feliz siendo ángel pero ahora…esa esperanza le removía todo en su interior y no sabía hasta cuando podría esperar.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Inuyasha llegó feliz a la casa, Kagome había aceptado y él ya había dado el primer paso en todo su plan, comprando su pequeño objeto para el hogar. Quiso reírse allí mismo al recordar la forma tan poco usual de pedirle matrimonio, pero igual, él se esmeraría con una sorpresa romántica para su compromiso formal, pero por los momentos necesitaba aquella certeza. Y… era increíble que ella hubiese aceptado así, dado que la conocía muy bien y sabía que Kagome siempre le buscaba la trampa a tratos donde se comprometía tanto de sí y en este se comprometía nada más y nada menos que su mente, alma y corazón.

- Deja de sonreír tan estúpidamente. – Le reprendió Yura cuando lo observó en la sala soñando despierto. Él inmediatamente reaccionó ante sus secas palabras.

- Maldición, Yura. – Se quejó molesto. – Ve, haz tu vida y déjame en paz. – Siseó caminando malhumorado hacia su habitación. La joven sonrió maliciosamente y cuando su hermano le pasó por un lado, no duró ni dos segundos antes de haberlo capturado entre sus brazos.

- Mi hermanito está molesto, ¿eh? – Se burló abrazándole mientras Inuyasha luchaba porque ella dejara de encaramársele encima de esa forma.

- Yura… - Gruñó logrando zafarse de su agarre mientras su hermana mayor no borraba la sonrisa burlona de su rostro. - ¿Estás de muy buen humor hoy, no hermanita? – Espetó fulminándola con la mirada.

- Es que voy a salir con mi novio súper divi. – Rió.

- ¿Súper…divi? – Repitió confundido. Yura soltó una carcajada mientras espelucaba cariñosamente a su hermano hasta que él se retiró como si ella tuviera peste.

- El diminutivo de "súper divino" – Explicó con una sonrisa. – Ya llevamos saliendo medio año, ¿puedes creerlo?

- ¿Y a dónde vas? – Preguntó sin inmutarse mucho por el tiempo que su hermana llevara con un tipo cualquiera.

- Oh… - Ella le sonrió cómplice y susurrándole al oído continuó. – A un sitio que queda sobre la tierra y debajo del cielo. – Rió mientras Inuyasha le miraba con rabia. – Chao, Inu. – Se despidió y salió del apartamento para dirigirse directamente al ascensor del edificio. El aludido bufó para luego darse media vuelta y dirigirse a la mesa del comedor para dejar la bolsa con su compra allí y luego irse hasta la cocina.

Caminó tranquilamente hasta la nevera y observó que la mayoría de las cosas no le apetecían, cerrando así el refrigerador inmediatamente. Luego, sonrió maliciosamente dirigiéndose al "escondite" de los dulces de su padre y sacando un pequeño paquete de galletas de chocolate al momento.

Apenas había empezado a abrir el envoltorio cuando escuchó el familiar sonido de los tacones de su madre chocar contra la lisa baldosa de la sala. Que desgracia tan infinita la suya, pensó haciendo una mueca y volviendo a poner rostro indiferente en cuestión de segundos.

- Bendición. – Saludó con desgano cuando la mujer se sorprendió de verlo allí tan temprano mientras dejaba sobre la mesa su pequeño bolso.

- Dios te bendiga, hijo. – Respondió parpadeando aún por el asombro. – No esperaba verte aquí a estas horas. – Agregó para excusar su anonadamiento. Inuyasha se encogió de hombros.

- Salí temprano con Kagome. – Explicó tranquilamente comenzando a caminar hacia su habitación.

- Ah sí, tu novia escondida. – Espetó mordazmente. Inuyasha frunció el ceño pero continuó caminando. – Hey, ¿qué es esto? – Preguntó de pronto dándose cuenta de la bolsa plástica que había sobre la mesa. Inuyasha se detuvo en seco y volteó a verla casi atragantándose con el trozo de galleta que aún tenía en su boca.

- ¡Eso es mío! – Exclamó corriendo hasta donde estaba su progenitora, pero ya era demasiado tarde.

Izayoi destapó con total naturalidad la compra y se sorprendió de ver una licuadora. Parpadeó unos segundos mientras intentaba decodificar por su propia cuenta qué significaba eso y la primera posibilidad que le atravesó por su mente la desechó por lo increíble que sonaba.

- ¿Se dañó la licuadora? – Preguntó intentando darle una explicación lógica a esa extraña situación. Inuyasha negó con la cabeza arrebatándole la caja del aparato y guardándolo en su respectiva bolsa antes de guindársela en una mano mientras encaraba a su madre. Izayoi tragó saliva nerviosamente. - ¿Para quién es eso, Inuyasha? – Cuestionó con un tono de voz perfectamente modulado, quizá, demasiado bien.

- Para Kagome y para mí. Para cuando nos casemos. – Respondió serenamente. Izayoi abrió los ojos inmensurablemente intentándole ver la broma a todo ese show. Inuyasha observó que ya Troya se había incendiado y ahora era lo que venía.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Hola, lamento mucho el retraso, pero en verdad quería colocarles algo realmente bueno o siquiera decente, y últimamente la imaginación me abandona en cualquier momento ñ.ñU Así que ténganme algo de paciencia entonces. Bueno, allí está el capítulo, disculpen si no les llegué a convencer pero aún tengo que recopilar ciertos detalles con mi mamá y no he tenido la oportunidad por "X" o por "Y" razón :S, así que hasta entonces dejemos actos súper románticos para otra ocasión ;) Muchísimas gracias por sus reviews, una vez más me disculpo por la demora y espero que el capítulo en verdad les haya gustado. Será hasta la próxima actualización. Sayonara n.n