XIII
Me despierto de golpe al oír un ruido de platos cayendo al suelo procedente de la cocina.
Me incorporo deprisa en el sofá algo aturdida y veo que una tapa de plástico rueda por el suelo y topa con la pared del pasillo al tiempo que Clarke asoma la cabeza por el marco de la puerta.
Se muerde el labio con cara de culpabilidad al verme.
-Perdona, ¿te he despertado?
-Sí… esto… menudo susto me has dado -digo intentando calmar mi respiración.
-Lo siento mucho, de verdad -se agacha para recoger la tapa y la coloca en el tupper de plástico que lleva en la mano-. Soy un desastre, estaba intentando coger esto y se me ha caído por lo menos medio armario.
-No pasa nada, tranquila.
Alza una ceja divertida y se acerca hasta mí con media sonrisa, apoyando la mano en el respaldo del sofá.
-¿Qué? -pregunto cuando no dice nada.
-Nada, es solo que… creo que a Lincoln le encanta tomarme el pelo porque no parece que tengas tan mal despertar.
-Bueno eso es porque gracias a Dios tú no eres Lincoln, si no ya te habría tirado algo a la cabeza -le devuelvo la sonrisa.
Se echa a reír.
-¿Quieres que te ayude a arreglar lo que sea que has hecho en la cocina?
Me mira pensativa.
-Vale -baja la vista hasta mi cuerpo y vuelve a morderse el labio-. Aunque a lo mejor prefieres vestirte antes de hacerlo -dice antes de darse la vuelta y volver sobre sus pasos.
Me miro el cuerpo y me doy cuenta de que, aparte de la manta que me tapa a medias y los pantalones desabrochados, no llevo nada de cintura para arriba.
Recojo mi camiseta del suelo y me la pongo mientras sonrío al recordar cómo ha acabado ahí, las ganas con las que Clarke me la ha quitado, cómo me ha mirado al hacerlo y cómo me acariciaba después… Se me vuelve a acelerar la respiración.
Al entrar en la cocina veo que hay esparcidos por el suelo varios platos, tapas para sartenes y de plástico e incluso una olla.
Clarke recoge concentrada los trozos de un plato roto con la escoba. Lleva el pelo recogido en una coleta, desaliñada pero en su justa medida, y se ha puesto una camiseta blanca con un dibujo adorable de una cámara de fotos y un pantalón de chándal negro.
Tengo que contenerme para no lanzarme sobre ella por lo guapa que está de esa manera y me agacho para recoger lo demás.
-Oye, siento haberme quedado dormida. ¿Cuánto tiempo ha sido, por cierto? Es que hoy me ha tocado mover cajas en el almacén y he acabado molida. Bueno, eso y que el recibimiento que me has dado me ha terminado de agotar… -sonrío cuando me mira de reojo y noto que se ruboriza- ¿Dónde dejo esto?
-Ahí -señala el primer armario a la altura del suelo-. Creo que has dormido como unas dos horas o así… Pero no te preocupes, me ha venido genial para ordenar un poco la casa y esconder un par de cosas que me daba vergüenza que pudieras ver.
-¿Vergüenza?, ¿Olvidas que ya te he tenido que recoger borracha y te visto vomitar? No creo que un par de fotos de tu época de adolescente o algún peluche feo puedan superar eso -me apoyo en la encimera y la miro divertida.
Se ríe de nuevo y sacude la cabeza mientras hecha los pedazos rotos en la basura y luego coloca la escoba en su sitio. Después se aproxima y se queda delante de mí con los brazos en jarra.
-No es eso lo que he escondido, listilla. Y lo de la fiesta es un momento muy bajo en mi historial, no deberías reírte de mis desgracias.
Aprovecho el hueco que ha dejado con los brazos y rodeo su cintura con los míos para abrazarla.
-Y no lo hago -digo antes de besarla suavemente.
Tarda poco en liberarse de su postura defensiva y llevar los brazos hasta mi cuello para apretarme más contra ella y profundizar el beso, que se vuelve húmedo cuando comienza a jugar con la lengua.
Me estremezco cuando nuestros pechos quedan presionados y puedo notar a través de la tela de mi camiseta que ella tampoco lleva el sujetador puesto debajo de la suya.
Me separo de ella para coger aire y apoyo mi frente en la suya antes de volver a mirarla.
-Hola -susurra satisfecha.
-Hola -me río. Entonces me llega el olor a comida de alguna parte de la cocina y me rugen las tripas-. Me muero de hambre, ¿estás preparando algo?
-Sí -se suelta de mi abrazo y se aleja para agacharse frente al horno- estoy preparando una de las pizzas que traías en la bolsa, la otra la he guardado en la nevera. Imagino que eran para eso, ¿no?
-Pues eso es lo que te iba a comentar cuando me has abierto la puerta, que he traído varias porque no sabía cuál te gustaba… Pero claro, al final se me ha acabado olvidando -noto que vuelve a sonrojarse aunque no desvíe la mirada del cristal.
Llevamos la comida hasta el salón y comemos en silencio viendo la televisión. Cuando terminamos, me tapo con la manta y me echo de lado en uno de los extremos del sofá mientas Clarke hace lo mismo en el lado contrario y cambia el canal para poner una película que acaba de empezar. Creo que es una de las buenas, y de hecho creo que Lincoln alguna vez me ha insistido para que la vea, pero la verdad es que no me interesa en absoluto.
Siempre he preferido la literatura antes que el cine; creo que un libro te da más libertad a la hora de imaginar las situaciones mientras que en las películas estás demasiado condicionado por lo que te muestran.
En vez de hacer caso a la televisión me concentro en Clarke y en el espacio que ha quedado entre nosotras en el sofá. Me molesta no poder sentirla cerca y cuando estoy a punto de moverme para acercarme a ella se levanta y desaparece del salón.
Imagino que habrá querido ir al baño o algo por el estilo pero cuando al poco tiempo regresa con un portátil en las manos y veo que lo abre tranquilamente no puedo evitar sentirme molesta.
No es esa la idea que yo tengo de ver una película con alguien en el salón.
-¿En serio vas a ponerte a usar el ordenador ahora? -digo cuando ya no puedo más.
Me mira sorprendida por mi tono pero después hace una mueca divertida.
-Sí, pero es porque quiero enseñarte algo.
-¿El qué? -intento ver la pantalla desde mi sitio pero ella la baja rápidamente.
-Ven y lo verás.
Me incorporo a regañadientes y gateo en el sofá hasta colocarme a su lado.
-¿Me prometes que vas a ser sincera? Que no te importe decírmelo si no te gusta, es importante -dice algo preocupada.
-Claro.
Suspira y abre el ordenador de nuevo para mostrármelo. Lo que veo es una de las famosas fotografías que me hizo.
Aparezco en el centro de la imagen, sentada en el banco con aire pensativo mientras miro hacia el lado por el que me ilumina el sol. En un segundo plano, justo por detrás de mí se ven las estelas borrosas de gente que camina en ambas direcciones, como si fueran completamente ajenas a mi existencia y yo a la suya. Los tonos son cálidos en la zona donde yo aparezco y algo más fríos en la de las sombras de la gente.
Es una imagen muy poderosa y transmite tal cantidad de emociones que me deja sin palabras.
Se muerde el labio mientras espera a que diga algo.
-¿Y bien?
-Clarke, es…
-Muy poco original, ¿verdad? Lo sabía. Tengo otras que son primeros planos y también han quedado interesantes al retocarlas pero esta me gustaba porque tenía algo especial, aunque creo que al final ha quedado demasiado estereotipo de chica pensativa y…
-Para -la interrumpo alzando una mano-. Iba a decir que es maravillosa, me encanta.
-¿En serio?
-Sí, ¿cómo narices la hiciste? Quiero decir, estabas ahí agachada mientras pasaba todo el mundo y yo tampoco tardé mucho en cortarte el rollo.
Se ríe al recordarlo.
-Bueno… estabas tan quieta que pude sacarla sin que saliera todo borroso y, para qué nos vamos a engañar, soy bastante rápida utilizando la cámara. ¿De verdad que te gusta? -vuelve a preguntar mirando a la pantalla.
Agarro suavemente su barbilla para hacer que fije la vista en mis ojos y la miro con intensidad.
-Me parece preciosa, ¿por qué te cuesta tanto creer lo que te digo?
-No es eso… es que necesito que te guste para poder utilizarla en un concurso donde me ofrecen la posibilidad de exponer mi trabajo en una galería si gano, al fin y al cabo tú eres la modelo -dice dudosa.
Me lo pienso unos segundos antes de contestar.
La verdad es que no me hace gracia la idea de que una imagen con mi cara esté colgada en la pared de una galería a la vista de todo el que pase… Pero la fotografía es muy buena y si eso va a ayudar a Clarke en su carrera entonces yo no soy quién para decirle que no lo haga.
-Utilízala, no me importa.
-¿Seguro? Genial, muchas gracias -me roba un beso y deja el ordenador en la mesa antes de volver a sentarse en su sitio contenta.
-¿Qué? -pregunta cuando me quedo mirándola.
-¿Eso es todo?, ¿Te digo que puedes utilizarme como modelo y esa es tu forma de agradecérmelo?
Sonríe con picardía y se pone de rodillas sobre el sofá. Después se acerca y comienza a besarme mientras empuja hacia delante obligándome a recostarme bajo ella.
-Bueno, tengo otras ideas -susurra en mis labios antes de mordisquearlos sensualmente.
Sonrío en sus labios al tiempo que meto las manos en su camiseta y acaricio su espalda. Suspira cuando mis dedos se introducen en la goma de su pantalón y rozan despacio su contorno hasta llegar a su estómago, que tiembla ligeramente por mi contacto.
Abandona mi boca para dirigirse a mi cuello y tira de mi camiseta hacia abajo para poder besarlo. Las dos reprimimos un gemido cuando agarro su cadera para pegarla más a mí y nuestros sexos se rozan a través de los pantalones.
La miro aturdida cuando se separa de golpe aún con la respiración agitada.
-¿Qué pasa?
-No sé si es el mejor momento para decir esto pero… ¿no crees que deberíamos hablar?
-¿Ahora?, ¿Lo dices en serio?
-Sí -se aleja aun más y se sienta sobre sus pies mientras me mira preocupada-. No te enfades, pero sé lo que ocurrió con Costia y…
-¿Costia? -la interrumpo- ¿Cómo lo…? Lincoln -digo entre dientes.
-En realidad fue Octavia la que me lo dijo, pero sí, ella se enteró por él.
-No me lo puedo creer -gruño- ¿Y quién se cree que es para ir a contarte mi vida privada?, ¿Qué es exactamente lo que sabes?
-Bueno… en realidad solo sé que queríais marcharos juntas y ella se fue sin ti.
Siento una punzada en el corazón.
Todavía me cuesta recordarlo sin entristecerme, pero oírlo de sus labios lo hace aún más doloroso y especialmente desagradable. No quiero recordar a Costia estando con Clarke.
-Entonces no necesitas saber nada más -se me apaga la voz y desvío la vista hasta mis manos.
-No te he sacado el tema para que me lo cuentes, eso es decisión tuya y lo respeto… Lo decía porque quiero que sepas que conmigo no tienes por qué tener miedo a que te engañe -respira hondo antes de continuar-. Me importas mucho, Lexa, quizás demasiado, y necesito que seas consciente de ello. Puedes confiar en mí.
Vuelvo a mirarla y veo la mirada más sincera que probablemente nadie me haya ofrecido jamás.
-¿De verdad crees que me habría acostado contigo si no lo supiera? Eso es exactamente lo que más me descoloca de todo esto, que desde que te vi siento que puedo confiar ciegamente en ti; como si hubiera encontrado a mi alma gemela.
Una sonrisa dulce se dibuja en sus labios.
-Genial, porque yo también siento lo mismo -se levanta del sofá y me extiende la mano-. Y ahora vamos a terminar lo que hemos empezado, pero en un lugar más cómodo. ¿Te parece?
Me conduce hasta su habitación y una vez allí me empuja divertida para que me tumbe sobre la cama.
No se lo piensa dos veces y antes de darme cuenta me está desabrochando el pantalón y tira de él para quitármelo con tantas ganas que el móvil sale despedido del bolsillo con él.
-Lo siento, no sabía que estaba ahí -me mira con culpabilidad.
-Yo tampoco -me río y tiro de ella para que vuelva a colocarse sobre mí.
Nos besamos con ganas, respirando el aliento de la otra, como si necesitáramos recuperar los minutos que hemos desperdiciado hablando.
Levanta mi camiseta para sacarla por encima de mis brazos y me incorporo para hacer lo mismo con la suya. No puedo contenerme y cuando sus pechos quedan a la altura de mi cara comienzo a lamerlos, arrancándole un suspiro y después un gemido cuando muerdo uno de sus pezones.
Me empuja de nuevo para que apoye la espalda en la cama y cubre mi cuello de besos mientras desciende hasta mi pecho. Ahora soy yo la que no puede contener un gemido al sentir su boca en esa zona y casi sollozo cuando ralentiza el ritmo de golpe y comienza a hacer círculos con la lengua.
Continúa descendiendo sin aumentar la velocidad de sus besos, saboreando cada centímetro de mi estómago, y contengo la respiración cuando llega hasta el inicio de mi ropa interior y la atrapa con los dientes. Después la suelta y me sonríe traviesa.
-Creo que ya va siendo hora de que pueda sentirte sin esto de por medio -dice sensualmente.
Sus palabras tienen un efecto inmediato en mí y siento un escalofrío a la vez que mi excitación aumenta a niveles preocupantes.
-Por favor… -consigo susurrar con voz ronca mientras se me escapa una risa nerviosa.
Con un único movimiento me quita la ropa interior y vuelve a agacharse cubriendo de besos la zona que antes quedaba oculta por ella.
Tengo que agarrarme a las sábanas para controlarme cuando veo que en vez de descender por el centro se dirige a mi ingle y la lame muy, muy despacio.
Nos miramos de golpe cuando mi teléfono comienza a sonar.
-Da igual, sigue -le pido.
Me hace caso y retoma los besos donde los había dejado a la vez que me fuerza a abrir las piernas hasta que quedo completamente expuesta a ella. Se detiene para contemplarme.
Parece extasiada y una gran sonrisa de satisfacción se dibuja en su cara.
-Clarke, por Dios -me río al verla de esa manera-. Haz algo ya porque no puedo más.
Me estremezco cuando me mira de nuevo y puedo ver sus ojos completamente nublados por el deseo.
Mi teléfono vuelve a sonar cuando se inclina sobre mí.
-Joder, voy a romper ese cacharro te lo juro -gruño levantándome de la cama para cogerlo.
Ella suspira y se deja caer boca arriba.
-Otra vez no, por favor… ¿Por qué siempre te tiene que llamar alguien cuando estamos juntas?
-No lo sé, pero más vale que sea importante -digo acercándome a la cama y descuelgo el teléfono sin dejar de mirarla-. ¿Qué?
Clarke se incorpora y se sienta en el borde. Tiemblo ligeramente cuando me agarra por la cintura y comienza a besar la piel de mi estómago y la recorre lentamente.
-Lexa… -oigo que murmura Anya al otro lado.
-¿Anya? -resoplo- Mira… este no es un buen momento, luego te llamo.
Un sollozo hace que me detenga antes de colgar.
-¿Estás bien?
Clarke alza la cabeza y me mira preocupada.
Escucho atentamente esperando a que me responda pero no oigo más que silencio.
-Anya, contéstame. ¿Ha pasado algo?
-Es… Nyko… me ha dejado -rompe a llorar-. No sabía a quién llamar.
-Está bien, cálmate. Dime dónde estás y voy ahora mismo.
-Estoy en casa.
-Muy bien entonces quédate ahí, no tardo.
-Gracias Lex… -dice con un hilo de voz antes de colgar.
Hacía mucho que mi hermana no me llamaba de esa manera y no puedo evitar entristecerme al recordar lo unidas que estábamos antes que ocurriera todo lo de Costia.
Nunca he entendido por qué le afectó tanto nuestra relación ni por qué se tomó tan a pecho que me costase superar que se marchara. A veces he llegado a pensar que de alguna manera se siente responsable por ello…
-¿Qué ha pasado? -la voz de Clarke me saca de mis pensamientos.
-Anya ha discutido con Nyko y está mal. Tengo que ir a verla -busco mi ropa y comienzo a vestirme.
-Te acompaño -salta de la cama y me imita.
-¿Estás segura? Es mi hermana y ya sabes que…
-Lexa -suspira y se detiene un instante para mirarme-. Ya hemos tenido esta conversación antes y sabes que no me vas a convencer. Voy a ir contigo -dice tajante volviendo a su ropa.
Se me escapa una sonrisa y me giro para que no la vea. Está claro que a testaruda no le gana nadie.
-Está bien, pero luego no digas que no te avisé.
Solo añadir que Anya no es como es porque sí... todo tiene un motivo.
Muchas gracias por seguir leyendo y comentar ;)
