Notas de Mayumi: Hola de nuevo ^^ Gracias a todos por seguir leyendo y animándome con vuestros comentarios.
He de decir respecto al capi anterior que me ha llamado la atención que algunas digáis que os gustó la escena sasunarutesca aunque no tuviera lemon y otras que dijerais que os gustó el lemon… según yo tengo entendido, lemon es una escena de sexo explícito, así que desde mi punto de vista es lemon aunque no lleguen al final, porque la escena sexual es explícita y detallada… ahora tengo curiosidad por saber que entendéis vosotras por lemon xD
Bueno, no me enrollo más y os dejo con el capi, espero que os guste.
Basado en Naruto
Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
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Un fatídico descuido
Sai estaba sentado en la mesa del comedor, con todos sus instrumentos de dibujo desperdigados sobre la mesa en un desorden que hubiese puesto de los nervios a su hermanastro. Pero afortunadamente para él, Sasuke no estaba en casa, así que en vez de estar atento al lienzo en el que había empezado a pintar, tenía la vista puesta en el sofá que se encontraba a pocos metros. En él, un bullicioso rubio se revolvía incesantemente en un inútil intento de estudiar. Era la primera vez en los tres días que llevaba en la casa que se encontraba a solas con Naruto, así que Sai curvó una sonrisa y se acercó sigilosamente hasta el sofá. Se inclinó sobre el respaldo lentamente.
-¿No puedes estudiar?- preguntó en un susurro.
Naruto dio un bote al sentir inesperadamente aquel cálido aliento tan cerca de su mejilla y se volteó en tensión ante la descarada invasión de su espacio personal. Vio como Sai saltaba con agilidad por encima del respaldo y se sentaba en el sofá junto a él, demasiado cerca para su gusto. Frunció el ceño con desconfianza.
-Bueno, Genji Monogatari* no es una obra muy amena- comentó, dirigiendo una mueca al libro que tenía entre las manos- Seguro que Tsunade nos lo hace leer porque está tan amargada como su protagonista- refunfuñó con un gracioso puchero.
-No he tenido el gusto de leerla- se excusó un alegre Sai-, pero seguro que de ella se puede aprender algo. Todos los libros nos enseñan algo interesante- dijo, mientras colocaba una de sus manos junto al muslo del rubio y se inclinaba ligeramente hacia él.
Naruto se apartó prudentemente hacia atrás, intentando no ser demasiado brusco para no parecer desconsiderado. Aún así, su incomodidad era claramente visible, cosa que dibujó una sonrisa lobuna en el rostro del moreno. Le encantaba esa sensación de intimidación sobre sus presas.
-Pareces tenso- comentó con aire casual. Antes de que el rubio se diera cuenta, había hecho desaparecer la distancia que les separaba y había puesto sus ágiles manos sobre los hombros de Naruto-. No es bueno estudiar tanto, deja que te de un masaje- ofreció con fingida inocencia.
-No creo que…- empezó a excusarse Naruto, pero el moreno no le permitió negarse.
-Vamos cuñadito, no pasa nada- le tranquilizó, mientras empezaba a hacer presión con sus manos en los hombros.
-Auch- protestó el rubio al notar el dolor que le provocó aquel gesto.
-¿Ves? Estás muy tenso- afirmó un complacido Sai.
El moreno volvió a frotarle la zona de manera experta, y Naruto tuvo que reconocer que no le iría nada mal un masaje. Estudiar siempre le cargaba los músculos, especialmente porque era incapaz de hacerlo en una posición normal, y las manos de Sai le estaban proporcionando alivio a la agarrotada zona. Cerró los ojos y echó la cabeza hacía abajo, permitiéndole a Sai mayor acceso a sus doloridas cervicales. Después de todo, sólo era un inocente masaje.
Sai deslizó sus manos por las clavículas y los hombros. Ahora que podía tocar al rubio, se daba cuenta de que su cuerpo era fuerte y con los músculos bien definidos. Naruto era un chico muy atractivo y con una alegría que parecía contagiosa, no le extrañaba que Sasuke se hubiera fijado en él. Iba a disfrutar mucho arrebatándoselo, y no sólo por la morbosa satisfacción de fastidiar a su hermano. Fue descendiendo con su masaje, hasta acabar peligrosamente cerca de donde terminaba la espalda de Naruto. Pero el rubio estaba a estas alturas tan relajado que a penas se dio cuenta de que las manos de Sai empezaban a arrugar el borde de su camiseta y a subirla lentamente.
-Déjame quitarte la ropa. Te arreglaré en un momento- ronroneó con sensualidad el moreno.
Aquella voz cargada de dobles intenciones sacó a Naruto de su estado de relajación y le puso alerta. Con un movimiento decidido, bajó la camiseta, que ya tenía levantada hasta la mitad de la espalda y se hizo a un lado en el sofá. Se sorprendió al encontrarse con el borde del mismo. ¿Tanto había retrocedido? Pues Sai lo llevaba claro si pensaba que iba a acorralarle.
-Ya es suficiente, muchas gracias- respondió con firmeza.
-Pero…- intentó argumentar el moreno.
-Sai, soy el novio de tu hermano- le recordó Naruto, empezando a intuir que sus intenciones no eran tan honestas como pretendía aparentar.
-¿Qué quieres decir?
Naruto le miró con una ceja enarcada. Sai era la persona más extraña que había conocido en su vida. Muchas veces sus expresiones no cuadraban para nada con lo que estaba diciendo, así que le resultaba imposible saber cuando hablaba en serio o cuando tenía alguna intención oculta. Contuvo un suspiro. Tal vez estaba desconfiando de él sin motivo, después de todo a penas le conocía. Tal vez sólo intentaba ser amable con él precisamente por eso, porque era la pareja de su hermano.
-Nada- dijo derrotado.
Sai tamborileó nervioso con los dedos sobre el sofá. Parecía que Naruto no pensaba ponerle las cosas fáciles. Tendría que irse olvidando de conseguir un polvo rápido con él, tendría que hacer las cosas al estilo tradicional. Lo resiguió con la mirada de arriba abajo y sus ojos oscuros se detuvieron en los graciosos bigotes que adornaban sus mejillas. Lo cierto es que no le importaba invertir tiempo en él, había algo importante que necesitaba averiguar. Permitió que aflorase a sus labios una de aquellas sonrisas forzadas y artificiales.
-Te invito a tomar algo- ofreció, mientras desplazaba una de sus manos hasta el rostro de su compañero y reseguía uno de sus bigotes.
Naruto se quedó inmóvil ante aquel gesto. ¿Qué les pasaba a los Uchiha con sus marcas? La gente, por norma general, miraba con cierta repulsión mal disimulada sus cicatrices. En toda su vida sólo se había encontrado una persona que las considerase agradables, y era su príncipe. El corazón de Naruto le dio un bote en el pecho. Sai tenía unos profundos ojos oscuros. Dibujaba, y le había escuchado decir a Sasuke que pasaba mucho tiempo en Suna. Tenía un hermano que le odiaba. Y le había estado rondando con disimulo desde que le había visto por primera vez. ¿Y si Sai era…? No se atrevía ni a pensarlo. Le miró, intentando traspasar aquella incoherencia emocional del moreno y ver algo más allá, un indicio, una conexión que le indicase que estaba intentando trasmitirle algo, pero simplemente le recibió una sonrisa forzada imposible de descifrar. Tragó saliva al darse cuenta de lo complicado que podía llegar a resultar aquello.
Sasuke sabía que él había estado sintiendo algo por su príncipe hasta hacía poco. Y la rivalidad entre los dos Uchiha era más que evidente, dudaba mucho que a su novio le hiciera gracia que su hermano mayor fuera su primer amor. Volvió a mirar a Sai, que aguardaba pacientemente por una respuesta, y decidió que no se expondría a poner en peligro su relación a menos que estuviera seguro. Sasuke era demasiado importante para él como para arriesgarlo por un impulso. Intentaría averiguar más cosas de Sai sin desvelar nada, y si resultaba ser su príncipe ya buscaría la manera de convencer a Sasuke de que aquello no tenía importancia.
-Gracias- respondió Naruto, con una de sus radiantes sonrisas.
Siguió al moreno hasta una heladería cercana y estuvieron conversando animadamente. Sai se ofreció encantado a contarle algunas cosas de su hermano cuando era pequeño, y hasta le enseñó una foto que guardaba en la cartera, donde salían él y Sasuke con unos ocho y siete años respectivamente. El rubio sonrió con ternura al ver el gesto hosco y ligeramente enfurruñado que lucía su novio. Era tan gracioso…
-Estaba enfadado porque tenía que posar conmigo- explicó Sai con algo de nostalgia.
Naruto le miró con culpabilidad. Entendía un poco como debía sentirse Sai, él había tenido que aguantar el desprecio de sus compañeros de clase la mayor parte de su infancia. Se mordió el labio inferior, un tanto avergonzado. Estaba casi convencido de que había desconfiado de Sai sin ningún fundamento y pensó que le debía de algún modo una disculpa.
-Me alegro de que hayas venido. Si no, creo que ni siquiera sabría que Sasuke tiene un hermano- le dijo, mientras le dedicaba una sonrisa zorruna.
Sai bajó la cabeza, en un intento de ocultar su gesto apenado. No le gustaba que le afectara lo que Sasuke pensaba de él, y menos aún demostrarlo, pero le dolía saber cuanto se avergonzaba el menor de los Uchiha de él.
-No suele hablar mucho de mí- confesó en un susurro. Cuando alzó la vista de nuevo, sus labios lucían una de aquellas sonrisas vacías.
A Naruto se le escapó una risita divertida.
-No suele hablar mucho de nada- corrigió, y se sintió mejor al ver que su despreocupado comentario parecía iluminar los ojos de su acompañante.
-Tienes razón- concedió alegremente.
Naruto desvió su mirada hasta el reloj que había sobre la barra. Aunque había disfrutado bastante, no había dejado de estar pendiente de él.
-Bueno, es hora de volver- dijo mientras se desperezaba.
-Pero si aún es pronto- protestó Sai, como si fuera un niño pequeño- Sólo son las seis de la tarde.
-Lo sé, por eso quiero volver a casa. Sasuke estará a punto de llegar de su examen- explicó.
-Oh, entiendo- dijo el moreno con un puchero-. Bueno, me lo he pasado muy bien, tal vez podamos repetirlo- propuso esperanzado.
-No creo que a Sasuke le apetezca mucho venir a tomar helado- murmuró dudoso.
-Quiero decir tú y yo solos, para seguir desvelándote las pataletas infantiles de mi hermano- aclaró, mientras le guiñaba un ojo. Naruto apretó los labios, indeciso- Sólo cuando vuelvas a estar aburrido porque Sasuke tiene otro examen, no quiero secuestrarte- añadió el moreno, alzando ambas manos en un gesto inocente.
-Jeje, pues sólo tendrás ocasión de conspirar una vez más contra él- rió Naruto- Ya sólo le queda un examen.
-Tengo muchas influencias, puedo utilizar mis contactos para que los estudiantes de su curso tengan exámenes extra- ofreció mientras se ponía de pie y se acercaba a caja.
-No creo que Sasuke te lo perdonara- rió Naruto ante la broma.
-No importa, dudo que se note si me odia un poco más o un poco menos- hizo notar el moreno, mientras pagaba la cuenta.
-Yo no creo que te odie de verdad- contradijo Naruto-. Puede parecer muy arisco, pero tiene sus cosas buenas- aseguró con una sonrisa enamorada.
Sai se tomó unos segundos para contemplarle con seriedad.
-Le quieres mucho, ¿verdad?- preguntó en un susurro. Notaba algo que hacía presión en su pecho de una manera increíblemente molesta, dificultándole la respiración. ¿Era lo que en los libros llamaban culpabilidad? Nunca había sentido algo parecido antes, y no era la primera vez que rompía una pareja por simple capricho.
-Sí- respondió el rubio sin rastro de duda.
Sai frunció el ceño con fastidio cuando la presión en su pecho creció hasta hacerse casi insoportable. Naruto caminaba a su lado, completamente ajeno a sus maquinaciones. Se lo había pasado muy bien con él. Era realmente agradable ver como aquellos ojos azules se iluminan cuando le desvelaba algún secreto de su hermano, como intentaba contener su risita ante algunos de sus comentarios que normalmente provocaban enojo en la mayoría de personas. Bueno, a él no se le daba muy bien relacionarse con los demás, pero parecía que con Naruto había conectado muy rápidamente. Le aceptaba como era, y darse cuenta de ello hizo que algo cálido y agradable se expandiera por su interior, en contraste con la otra punzante sensación que le embargaba. Se sobresaltó cuando el rubio le descubrió espiándole y le regaló una cálida sonrisa. Por un instante fugaz pensó en dejar escapar a Naruto. Después de todo, él no le amaba, sabía que una vez se hubieran acostado perdería todo el interés y lo dejaría destrozado y solo. Siempre había sido así antes con todas sus presas. Pero en cuanto la sonrisa arrogante de Sasuke cruzó por su mente, descartó la idea, reprendiéndose por aquella momentánea debilidad. No podía permitirse tener sentimientos, tenía que demostrar que era digno de ser un Uchiha. Se mordió el labio inferior con nerviosismo al comprobar que aquella angustia no parecía dispuesta a abandonarle. Su mirada se desvió hacia el rubio. Se le veía tan tranquilo, tan confiado… Al menos podía ponerle sobre aviso de cierto modo, para que el golpe no fuera tan duro.
-Ten cuidado con él- se escuchó decir de pronto- Mi hermano… es más cabrón de lo que imaginas- le advirtió.
Naruto rió con ganas, y cada nota de aquel sonido alegre le taladró cruelmente el corazón.
-Él dice lo mismo de ti- le informó Naruto- Al final va a resultar que no sois tan diferentes.
-Sí que lo somos, él tiene la polla más grande- dijo Sai alegremente y en voz demasiado alta. Un par de ancianas que paseaban en dirección contraria se giraron para mirarle escandalizadas.
-Sai, no se habla de esas maneras- le reprendió el rubio abochornado cuando las viejas les señalaron acusatoriamente.
-¿Por qué no?- preguntó sorprendido- Los chicos hablan de penes- afirmó con convicción- ¿O es que tú no tienes uno entre piernas?- quiso saber.
Naruto dejó escapar un suspiro y siguió caminando.
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Esperaba junto a la cinta transportadora mientras golpeteaba incesantemente con el pie en el suelo. Hacía ya unos minutos que sobre ella sólo quedaban un par de maletas, una roja y otra de un feo marrón desteñido, que pasaban frente a él cada pocos minutos. Habían desaparecido en el interior del túnel de equipaje, y él contaba mentalmente los segundos que tardarían en aparecer por el otro extremo. Y allí estaban de nuevo, y ni rastro de los paquetes que él esperaba. Odiaba esperar. Odiaba los aeropuertos. Odiaba el bullicio que había en ellos. Odiaba viajar. Odiaba perder el tiempo de aquella manera. Odiaba el motivo por el que estaba allí. Odiaba… bien, odiaba todo en general, y aunque parecía que tendría que esperar una eternidad por su equipaje, no pensaba pasarse el rato enumerando la interminable lista de cosas que detestaba en este mundo.
-Iré a preguntar- dijo una voz ronca y seria a sus espaldas.
Gaara volteó para ver a su hermana, que se acercó con paso elegante a uno de los guardias del aeropuerto. Observó con el ceño fruncido como el hombre intentaba coquetear con ella, y como Temari se deshacía de él con una cortante negación y una sonrisa educada, para regresar poco después a su lado.
-Ya han desembarcado todos los bultos que había en el avión. Parece que tendremos que poner una reclamación, y esperar a ver si nuestras maletas aparecen en cualquier otra parte del mundo- le explicó con un encogimiento de hombros.
Aquello acabó con la poca paciencia de Gaara. Cogió su mochila, que tenía la graciosa forma de una calabaza, se la cargó a la espalda y fulminó todo su alrededor con la mirada.
-Haré que les maten a todos. O mejor aún, haré saltar por los aires el maldito aeropuerto- decidió, mientras dirigía sus airados pasos hacia la ventanilla de reclamaciones de la compañía.
Temari le siguió mientras negaba con la cabeza. Cualquiera que le escuchara pensaría que era un mafioso. Bueno, tampoco iría tan desencaminado, al fin y al cabo los Sabaku habían sido una de las castas de yakuza* más famosas y letales hasta la generación de sus abuelos. Gaara, como legítimo heredero, había sido educado por el patriarca de la familia, y tenía un carácter tan fuerte y hosco que a veces la chica se preguntaba si no volverían a las viejas costumbres cuando él estuviera al mando. Dejó escapar un leve suspiro.
-Yo hablaré- indicó la rubia, y apartó al pelirrojo de un delicado pero firme empujón cuando estaba a punto de encarar a la azafata.
Se encargó de los trámites y salió a pedir un taxi.
-No tienes buen aspecto- comentó Temari, mientras tomaba asiento en la parte trasera y daba al conductor un papel con la dirección del hotel en el que se alojarían.
La muchacha observó con preocupación maternal las profundas ojeras que se marcaban cada vez más en el pálido rostro del menor, resaltando de forma espectacular sus ojos verdes. Mostraban un color tan negro que empezaba a creer que se le quedarían grabadas en la piel para el resto de su vida.
-No me digas- respondió Gaara con punzante ironía-. No lo entiendo, pero si fue muy divertido pasarse una semana encerrado en una celda de una prisión tailandesa con un psicópata que debía ser un híbrido entre serpiente y humano, y que me miraba como si me fuese a violar en cualquier momento- comentó con ácido sarcasmo.
Temari tuvo que contener una risita. Se recostó contra el respaldo del asiento, cruzando sus piernas en una pose que resaltó sus elegantes maneras. A Gaara le costaba creer que era la misma hermana bruta y marimacho capaz de partirle la cara sin remordimiento si no ponía el canal de televisión que ella quería ver. Y después se quejaban de su agresividad… aunque tenía que reconocer que de los tres Sabaku, era la que mejor había aprendido a comportarse en sociedad sin dejar de ser ella misma.
-Kankurou me dijo que estaba todo olvidado- comentó la rubia- Además, cualquiera puede confundirse al reservar el vuelo- añadió, tratando de quitarle importancia.
Gaara le dedicó una mirada ceñuda.
-Claro, cualquiera confunde la ciudad de al lado con Tailandia- refunfuñó el pelirrojo. Estaba seguro que su hermano lo había hecho expresamente en uno de sus estúpidos intentos de que se divirtiera un poco. Lástima que se le había olvidado el pequeño detalle de que para salir del país exigen pasaporte-. Sabe perfectamente que yo perdono con facilidad… por eso ha tenido los huevos de irme a buscar él- añadió con su seco sarcasmo.
Temari suspiró resignada. Parecía que en cuanto regresaran a Suna tendrían pelea familiar. Vio como su hermano se hundía en el asiento y clavaba la mirada por la ventana, tan poco comunicativo como siempre.
-Ahora sólo espero que el otro idiota no sea muy difícil de encontrar- murmuró con fastidio. Cuanto antes acabara con su misión, antes podría regresar a Suna. Y matar a Kankurou.
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Naruto estaba recogiendo su habitación con su mejor carita de pena, que no parecía conmover para nada a Sasuke. No le gustaba ordenar las cosas, era aburrido, y a fin de cuentas él sabía donde estaba todo en aquella caótica desorganización.
-Vas a llegar tarde- advirtió el rubio, con la esperanza de librarse de la engorrosa tarea.
El Uchiha miró el reloj y asintió levemente con la cabeza. No iba mal de tiempo, pero tendría que empezar a salir hacia la universidad. Se acercó a Naruto y le dio un beso fugaz en los labios.
-No sabes la suerte que tienes- suspiró Naruto en cuanto se separaron-. Tú serás libre hoy, pero a mí todavía me quedan tres exámenes- protestó.
-Yo tengo que entregar varios cuadros de luces y sombras cuando empiece el segundo trimestre- le recordó Sasuke sin entusiasmo.
-Pero no es lo mismo- le reclamó el rubio, ante lo cual su novio se encogió de hombros con indiferencia- Te acompaño a la puerta- ofreció, mientras ponía las manos en la espalda de Sasuke y le empujaba ligeramente.
El moreno frunció el ceño al darse cuenta de que estaba intentando desviar su atención del tema que les ocupaba.
-No pienso dormir aquí como esta habitación siga tan desordenada- advirtió a Naruto mientras bajaba las escaleras.
-Eres odioso- dijo el rubio con un gracioso puchero.
-Lo sé- aceptó Sasuke con orgullosa tranquilidad. Se detuvo justo ante la puerta de salida- ¿Hoy también piensas dejarte engatusar por Sai?- preguntó, intentando sonar todo lo indiferente que era capaz.
Naruto reprimió una sonrisa. Aunque Sasuke se había cuidado mucho de aparentar que le daba igual lo que hiciera o dejase de hacer, sabía que le había molestado que tuviera una cita con él, y aquello le provocaba una retorcida satisfacción que era difícil de ocultar.
-No- le tranquilizó-. Me voy a encerrar en el despacho a escribir. Si no, se me va a juntar la entrega para la revista con el próximo examen y voy a estar insoportable- explicó. Vio la sonrisa burlesca que curvaban la boca de Sasuke, y sus labios moviéndose levemente con la intención de puntualizar algo- Y como digas que siempre soy insoportable no te preparo la cena en toda la semana- se apresuró a advertir.
Sasuke hizo una mueca de fastidio, se colgó la mochila al hombro y pasó un brazo por la cintura del rubio, apretándolo contra su cuerpo.
-He quedado para cenar con Neji, que también tenía el examen a las siete de la tarde- le recordó. Este año le habían puesto casi todos los controles a esas horas intempestivas- Supongo que necesita desahogar un rato su frustración con Hinata- susurró con una mueca de hastío ante la perspectiva, para luego juntar sus labios con los del rubio en un húmedo y largo beso que se prolongó varios minutos.
-Te esperaré despierto. Suerte- le deseó Naruto cuando salía.
-No la necesito- replicó su novio con arrogancia-. Yo estudio- le punzó.
Naruto le sacó la lengua y cerró de un portazo.
Fue a la cocina, se preparó un tazón de ramen instantáneo y se atrincheró con él frente a la pantalla del ordenador. No tenía muy claro que era lo que iba a escribir, no estaba seguro de que la vida normal de pareja fuera a gustar a sus lectores. Tal vez debería inventarse algo que le diera un poco de emoción a la historia. De repente una lucecita se iluminó en su cabeza, y decidió introducir el re-encuentro de un antiguo novio de Kyuubi, que resultaría ser nada más y nada menos que el hermano mayor de Sharingan. Satisfecho con la idea, dejó que las palabras fluyeran a través de sus dedos, llenando la pantalla con sorprendente velocidad.
-¡Amores! ¡He vuelto a casa!- gritó alguien desde la planta de abajo- ¡Espero llegar a tiempo para los postres!
El rubio reconoció de inmediato las efusivas y poco ortodoxas maneras de Sai. Sonrió y siguió escribiendo.
-¿Sasu-chan? Narutooo- les llamó, mientras iba subiendo las escaleras.
El rubio escuchó el sonido de las puertas al ir siendo abiertas una tras otra por Sai, y de repente se dio cuenta de que no tardaría en llegar al despacho. Le dio presuroso al botón de guardar y corrió hacia la puerta, justo en el momento en que esta se abría. Colocó su cuerpo de manera que le impedía el paso. Lo último que necesitaba era que alguien más estuviera al tanto de su otra identidad.
-Hola Sai- saludó, intentado parecer natural-. Estaba concentrado con un trabajo y no te he escuchado- se disculpó-. Sasuke se ha ido a hacer su último examen.
-Mmm… bueno, te haré compañía mientras haces los deberes- decidió-. No tengo nada mejor que hacer- comentó con un encogimiento de hombros.
-¡No!- gritó Naruto, y tuvo la certeza de que si hubiese sido cualquier otra persona le hubiese mirado con suspicacia. Pero afortunadamente se trataba de Sai- Tengo que escribir una poesía, y si no estoy solo no me concentro- improvisó.
-Bueno, si cambias de opinión… la puerta de mi habitación siempre está abierta para ti- ronroneó Sai.
-Eh… gracias- respondió Naruto, no muy seguro de lo que había querido decir.
Suspiró con alivio cuando el moreno se fue y se dejó caer a peso sobre la silla. Miró lo último que había escrito e intentó retomar el ritmo, pero la pequeña interrupción le había cortado la ágil inspiración que llevaba hasta ese momento, y le costó bastante decidir como continuar.
El sonido del reloj le sorprendió tocando las once de la noche. ¿Ya era tan tarde? Dio un bote. Las once de la noche y todavía no había ordenado su habitación. Conocía bien el orgullo y la arrogancia de Sasuke como para saber que si no encontraba el cuarto en condiciones, realmente se iría a dormir al suyo, y él se había acostumbrado demasiado a tener el calor de su cuerpo. Salió disparado hacia su dormitorio y empezó una recogida exprés, embutiendo a presión la mitad de las cosas en armarios y cajones.
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Sai había estado leyendo un libro hasta que el potente rugido de sus tripas le hizo notar que no había cenado. Se levantó con pereza del sofá y subió a preguntarle al rubio si quería que le preparase algo. Llamó con suavidad a la puerta del despacho, pero sólo le respondió un prolongado silencio.
-¿Naruto?- preguntó con suavidad, y al no obtener respuesta entró en la habitación.
No había rastro del rubio, que debía haberse cansado y haberse ido a la cama. Vio el tazón de ramen sobre la mesa y fue a recogerlo. No pudo evitar que sus ojos curiosos se posaran sobre la pantalla encendida. Los nombres Sharingan y Kyuubi captaron en seguida su atención. Antes de darse cuenta se había sentado en la silla y estaba leyendo con avidez lo que el rubio había escrito. Esbozó una sonrisa lobuna al descubrir el nuevo personaje, un tal Anbu, que había desatado viejos recuerdos en el corazón del protagonista. Así que no solamente todo iba según lo previsto, si no que además acababa de hacer un descubrimiento muy interesante. Después de lo que acababa de leer y de saber que Naruto era Chibi Kitsune, ya no tenía dudas acerca de quien era. El seudónimo que había escogido era muy revelador, y además, las marcas de sus mejillas eran inconfundibles.
El ruido de las llaves en la puerta de entrada le puso alerta. Volvió a dejar el tazón de ramen donde estaba y salió con cuidado de no hacer ruido. No tardó en bajar al encuentro de su hermano.
-Estas no son horas de llegar, princesa- le reprochó al recién llegado con una sonrisa.
-No creo que sea asunto tuyo- le replicó Sasuke con apatía.
-No, pero no deberías dejar solo a cierto zorrito rubio de manera tan descuidada- comentó con inocencia- Déjame que te recuerde que hay cazadores cerca.
Sasuke le respondió con un resoplido indiferente.
-Parece que confías mucho en Naruto- insistió Sai, y deseó poder borrar aquella mirada autosuficiente de su hermano. Tal vez debería jugar aquella carta a sus espaldas, pero tenía tantas ganas de hacerle reaccionar de alguna manera… Odiaba la indiferencia con que le trataba por encima de todas las cosas, así que decidió atacar aquel orgullo Uchiha que tenía tan aferrado- Supongo que no le has contado nada de qué pasó cuando tú y yo nos conocimos…- ronroneó con malicia. La mirada furiosa que apareció en los ojos de Sasuke le hizo saber que había acertado- Entonces mí también me quedan cartas por jugar todavía, más de las que imaginas. ¿Qué te hace pensar que va a ser completamente tuyo?
Sasuke necesitó todo su autocontrol para no estampar su puño en el centro de aquella sonrisa tan falsa y macabra. Se limitó a ignorarle como siempre hacía y subir tranquilamente las escaleras. Una vez estuvo fuera de la vista de Sai avanzó directo hacía la habitación de Naruto, en la que entró sin molestarse en llamar. Se recostó en la puerta que cerraba tras él y dejó que el flequillo le cubriera los ojos, inspirando profundamente en un intento de calmarse.
-¿Sasuke?- preguntó el rubio, mientras abría un cajón del escritorio y dejaba caer varias cosas a su interior con disimulo. No había tenido tiempo aún de ordenarlo todo.
El moreno avanzó hasta él con paso decidido y le besó con furia.
-Quiero fundirme contigo- susurró Sasuke con voz ronca, tan pronto como liberó sus labios.
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*Genji Monogatari: novela clásica de literatura japonesa, considerada una de las novelas más antiguas de la historia. Cuenta la historia del príncipe Genji a través de 54 capítulos que incluyen toda su vida amorosa, su recuperación del poder imperial y la vida de sus hijos tras su muerte, narrado por su amante.
*Yakuza: mafia japonesa.
