Determinación.
—Miguel Cabrera, Antonio Zabalza, Fernando Caballero…—Su dedo índice apuntaba tembloroso mientras trazaba una línea recta, descendiendo por el desaliñado cartón de papel, pronunciando los nombres ahí escritos en voz innecesariamente alta, evitando que esta se perdiera entre los murmullos las demás mujeres, hombres y campesinos que por su parte, surcaban frenéticamente la lista de defunciones de aquel trimestre.
Manuel Jiménez, Pedro Carbajal, Gerardo Hernández- Leía yo mentalmente sin prestar atención al pregonar de Rosalie y de las demás personas. Mi Pecho se sentía explotar. Era ridículo, ¿Cuántas veces en este tiempo repetía esta rutina? y aun no podía deshacerme del sudor de frente, el estremecimiento atróz de mi cuerpo y las insulsas nauseas y ganas de vomitar mientras buscaba la Letra E y C entre la desgastada y podrida tinta… Esteban, Ernesto, Enrique….Carrillo, Cárdenas, Cortés.
De lejos, pude escuchar todo a mi alrededor, euforia, alivio, quejidos y lamentos… gritos de sorpresa, negación, furia y aflicción. Fue increíble que esto nunca se me hiciera una costumbre sabiendo que, temporada tras temporada, eran de esperarse siempre lo mismo…La gente estaba muriendo, eso era inevitable. Otros, con mucha suerte o por obra de Diós, lograban salvase. Pero, las reacciones de los familiares, eran infinitamente diferentes ante la tragedia cada trimestre que pasaba.
Cada quien sufría su propio dolor, y este resultaba igual que una huella digital, Único… jamás se repetiría uno similar en otro individuo o en otro tiempo. Los gritos y sentimientos que siempre percibía esos días… lo que yo misma experimentaba. Siempre serían inigualables….
—No está, Rosalie—dije en un susurro inexpresable. Una forma de hablar que había adoptado desde hacía ya más de 4 años—Vámonos a casa.
—Bella…—su voz sonaba ofendida ante mi frialdad, como si no le fuera ya algo normal. No me detuve a mirarla o si quiera a esperarla. Caminé como toro al matadero, alejándome de la multitud. Sabía que la estaba lastimando con mi actitud, que Rose no era la única que aguantaba mi inevitable estado de tajante. Pero me era mil veces preferible dejarle ver esta faceta al exterior, y no a la Bella destrozada y acabada que estaba tras de ella.
Me pregunté si algún día todo de verdad terminaría. Y al minuto siguiente me golpeé mentalmente por permitirme tomar conciencia de mi realidad aun estando en público; Había aprendido a controlar las oleadas de dolor del agujero en mi pecho… guardando cada recuerdo doloroso que a mi mente rebelde se le ocurría mostrarme cuando la gente me rodeaba. Por supuesto, este salía con mayor intensidad una vez estando en soledad.
Las emociones me resultaban extrañas, negativas y poco naturales. Un ejemplo específico era cuando este día llegaba; Cuando buscaba SU nombre en las listas, preguntándome como podía pegarme y afectarme ver perfectamente el nombre de Edward Cullen grabado en ese papel de pesadilla, aterrándome al darme cuenta de que era posible experimentar una pena mucho más grande que está… Buscando soluciones rápidas y planes B, en caso de que la pesadilla fuera cierta (la parte más terrorífica y suicida de todas)….
Pero al contrario de todos los demás ahí, lejos de sentir el alivio lógico ante el milagro mensual. Me hundía a mi misma en el terrible pensamiento de que, en realidad se trataba se una terrible espera, una en donde tarde o temprano, su nombre aparecería en esa lista del infierno y mi fin se consumiría.
Las sensaciones comenzaban a agotarme, la misma tristeza…a pesar de habido prendido a manejarla, se iba comiendo una parte más de mi ser…con forme el tiempo pasaba, Bella iba desapareciendo tras una gruesa cortina, dejando en su lugar el cuerpo de una persona desconocida, un pedazo de carne insensible a su alrededor, absorto en su propio mundo de oscuridad.
Continué caminando por las calles, ahora dañadas y vacías… Oh, si… Mi pobre Puebla sufría en silencio conmigo las catástrofes de la guerra. Sus paredes agujeradas por las balas, las calles descuidas lloraban por las muertes y enfrentamientos que en ellas suscitaban.
Esto ya no era una lucha por libertad, era un simple enfrentamiento entre guerrilleros por obtener el gobierno, una absurda desorganización entre movimientos a pesar de que su causa en un inicio hubiera sido la misma. Algunos ladrones, robaban y violaban mujeres pretextando estar siguiendo "La Causa revolucionaría", otros escasos, como el batallón de Jasper Whitlock, aun conservaban los ideales que en un principio fueron forjados…. Mas, ¿Qué mas daba ahora quien era el bueno o el malo?, ¿Se reducían las catástrofes por eso?
Eso pensé en la tarde de este día, cuando por milésima vez… se me asignaron a jóvenes balaceados y otros muchos heridos por machetes y otras armas campesinas.
En eso también había aprendido a insensibilizarme. Ya no experimentaba nauseas y no mostraba la más mínima inquietud cuando me tocaba ver orejas mochadas, tuertos por disiparos o piernas y brazos colgando…. Supongo que, esa era la razón por la cual fui tan necesaria y aclamada en el hospital. Por la cantidad de vidas que logré salvar.
Irónico, salvaba vidas ajenas y no podía rescatar la mía.
—Isabella—la voz de uno de los doctores me distrajo de mis deberes de enfermería—Ya ha terminado tu turno, llamaré a alguien para que continúe…Ve a casa.
—De acuerdo, gracias—ni siquiera lo miré, abandoné la silla a lado del camastro del paciente para salir del lugar como si nada.
Me percaté de que aun llevaba la bata de medico cuando ya me encontraba a la mitad del camino. La regresaría en la mañana temprano.
Continué caminando por las calles oscuras de la cuidad, in miedo a lo que pudiera ocurrir. A estas alturas, sentía más aversión por lo bandidos que miedo… Doblé la esquina y busqué la copia de la llave del consultorio de Carlisle…. No me sorprendió no encontrarlo ahí. Estos últimos años, Esme necesitaba a su esposo mucho más que a cualquier persona. Al menos ella tenía un consuelo…aunque fuera pequeño.
Mala idea pensar en aquello… el agujero de mi pecho comenzó a rugir.
Pero… este desesperación con el sobresalto al escuchar ruidos de tras de la puerta, luego unos golpes bruscos en ella, exigiendo que esta fuera abierta inmediatamente. La adrenalina corrió por mi cuerpo, mas nunca miedo…al imaginarme que tal vez fueran bandidos o guerrilleros con malas intenciones.
Tomé el bisturí de la mesilla de metal, escondiéndolo tras mi falda… preparada para cualquier cosas que pudiese ocurrir.
—¡¿Qué busca aquí?! —exigí saber, aun sin abrir la puerta. Apretando fuertemente mi arma en caso de que esta ya no fuera un obstáculo entre el desconocido y yo.
—Busco al Dr Cullen. Es urgente hablar con el ahora mismo—habló una voz ronca y con un leve tono de impaciencia.
—¡El Dr Cullen no se encuentra!. ¡Haga el favor de volver otro día!—avisé mordazmente.
—¡Es importante que lo vea ahora!, le traigo un mensaje del General Jasper Whitlock y otro de su hijo.
Dejé de respirar El aíre quedó atorado en mi garganta e instintivamente me llevé la mano al cuello con los ojos completamente dilatados. Fue una suerte que el bisturí no me cortara por la manera tan inconsciente en que lo dejé caer al suelo. La cabeza comenzó a darme vueltas provocando un retortijón de estomago. Uno que se me hizo bastante familiar, pero no encontraba de donde…
Supuse que entré en un estado de transe mientras trataba de repetir mentalmente las palabras que aquel hombre desconocido había pronunciado. Edward… un mensaje de Edward… escuchaba esa vocecilla en mi mente una y otra vez, tratando de hacerme reaccionar, gritándome que lo creyera.
—¡Señorita, por favor! —gracias a Dios, salí del trancé. Abrí la puerta de un violento tirón. Comprobando ante mis ojos que detrás de ella si se encontraba una persona y no una alucinación de una situación febrilmente anhelada.
El hombre, visiblemente contrariado y asustado, depositó dos sobres en mis manos temblorosas: —Por favor, entrégueselas lo más pronto posible.
—¿Quu…quién es usted? —cuestioné, deseando saber el nombre de aquella persona que inexplicablemente, había llevado un milagro a las puerta de la casa.
—Peter, señorita—musitó después de dar media vuelta, subir al caballo y cabalgar lejos de ahí.
Examiné con manos torpes los sobres de papel mientras mi cuerpo tiriteaba. ¿Debía leerlas aunque estas no iban dirigidas a mí?. Que bah!... no lo pensé. Ni siquiera miré cual era el remitente de la primer carta de abrí…
Ahora me interesaba saber todo….
Doctor Cullen.
Tengo el pleno conocimiento de que debo ser la última persona en el mundo a la que usted estaría dispuesto a leer en mensajería.
Pero, lamentablemente, respetable señor; me considero a mi mismo como un hombre de estrategias y poco perceptivo.
Se me da la tarea de hacerlo a usted conocedor de mi situación. De Nuestra situación.
Hemos perdido hombres, doctor. Y la causa de ello es la falta de un medico militar en las filas; una perdida trágica, debo agregar.
Estoy consiente de su situación. Y aclaro que no busco una persona en específico(a usted en específico). Más no me hago d otro Doctor de confianza en toda la república.
Confío en su buen juicio y en que nos proporcione algún pernal de confianza para tal labor, en caso de que la oferta no coincida con sus expectativas.
Mis mejores deseos.
Gral. Jasper Whitlock Hale.
Recordé los sentimientos del odio. Recordé cuando odiaba a Jasper Whitlock y a su arrogancia. ¿¡Cómo!?... ¡¿Cómo se atrevía ese bastardo a…..!?. Esta carta, sin duda jamás llegaría a manos de Carlisle. Yo me encargaría de eso…
Examiné con más detenimiento, encontrando ahí dos boletos de tren y otra hoja con instrucciones, escrita con la mimas caligrafía de la carta.
Idiota- hacìa tanto que no pensaba de Jasper de esa menera.
Respiré hondo al recordar que aun quedaba una carta pendiente, la mas importante de todas… una que seguro, iba a cambiarme inevitablemente. Aunque esta no fuera dirigida hacia mí… Era algo suyo, algo escrito por el, algo palpable que denotaba el que alguna vez existió en mi vida…
Abrí el sobre, casi rompiéndolo, para encontrarme con dos papeles dentro de el. Leí por orden de tamaño intentando controlar la gama de emociones que no pensé volver a sentir.
Me tomé la amabilidad de robar esto de las pertenencias de su hijo.
No planeo evidenciarlo. Pero desde que ha estado con nosotros, siempre me ha desesperado que escriba, con tanto fervor, cartas que no este dispuesto a enviar.
Espero que la señorita Swan lo disfrute
J. Whitlock
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Bella.
¿Cómo poder dirigirme a ti?. ¿Cómo poder encontrar las palabras para hacerme digno de tu compresión?.
He sido un cobarde, amor. Ni tu misma llegarías a reconocer el nivel al que he llegado a caer… El Edward que conociste hace años, ya no existe.
Lo siento, de verdad lo lamento. Te pido perdón a ti…. Yo no puedo absolverme a mí mismo.
He matado gente, Bella. Y la sensación de pensar en ti, mirándome cada vez que jalo el gatillo de la escopeta para asesinar… me esta envenenando de poco en poco.
Intento encontrar una manera de continuar, pero el camino para seguir cada vez se me hace menos visible…. Busqué esta guerra para brindarte seguridad, y ahora solo puedo acarrear deshonra.
¿Cómo regresar a tì?, ¿Cómo tocarte, si mis manos aun están machadas de sangre?. Ansío tu calor, Uno que me hace falta todastodas las noches en este frio campamento. Extraño tu presencia con el mismo fervor desde el día en que fui.
Te amo aun con más intensidad que cuando te tenía cerca de mí.
Seguiré luchando por alcanzar la libertad. Será mi regalo para ti, mi último regalo. Pues no puedo pretender mirarte a la cara después de mis actos…
Como ya lo dije. Ya no soy merecedor de tu amor.
Se feliz, mi vida…. Te amo, aunque las palabras escritas no limpien mis pecados.
Ahora y por siempre.
Tu Edward.
Por primera vez en años, no me percaté del ácido de mis lagrimas sobre mis mejillas. Esta vez salieron silenciosas, solas y sin dolor alguno. Tampoco me si cuenta del daño físico que le estaba causando al papel y a las palmas de mis manos, al apretar con fuerza las uñas sobre estos. Cuando fui plenamente consiente de todo, de sus palabras escritas, el las cosas que con ella explicaba…
…Me derrumbé. Pero de una forma diferente.
Esta vez lloré, decepcionada de mi misma. Todo este tiempo me había dedicado a encerrarme a mi mismo, en el mundo solo existíamos yo y mi dolor, compadeciéndome. Convirtiéndome en la Bella débil y llorona que antes presumía no ser.
¿Qué iba a ser ahora?, ¿Aceptar esa carta teñida de una definitiva despedida?, ¿Esa era mis forma de actuar?, ¿Dónde quedaba la muchacha que se aferraba a lo que quería?
El se decía ser un cobarde… Entonces yo me encontraba aun más debajo de esa categoría.
¿Y vas a permitirlo?, ¿Vas a hundirte otra vez en vez de luchar por lo que quieres?
No… esta vez no. El me dijo una vez que me aferrara a el, pasara lo que pasara… Ya era hora dejar el escondite y buscar lo que quiero.
No lo pensé con detenimiento. Tomé los boletos de tren y las instrucciones que jamás llegarían a manos de Carlisle y las metí adentro de mi bolsa. Regresé a casa lo más silenciosamente posible para empacar lo estrictamente necesario…. Jasper Whitlock buscaba personal con confianza… y yo era la mano derecha del Dr. Cullen.
Se acabo la cobardía. Hoy volvería a ser Isabella Swan… la muchacha que se aferra siempre a lo que quiere.
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¿Què tal?.... ¿Aun soy una persona cruel? :S… Bella se fue a la guerra a buscarlo… que mujer! Yo veo a un oficial armado y me quiero desmayar :S…., espero que la carta de Edward no resultara demasiado melosa…
Un beso mordelón y cuidado con la influenza
