DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephanie Meyer.
ADVERTENCIAS: Este capítulo contiene escenas fuertes. Sexo explícito y violencia física.
Capítulo 12: Caída en picado.
Quizá el hecho de estar aquí haga que mi cerebro reinicie. Fue el primer pensamiento que cruzó su cabeza al poner los pies en la sala Cullen.
Y no hay nadie, fue el segundo.
¿Cómo lo supo? ni ella lo sabe. Quizá porque ya han pasado diez segundos y sigue igual de sola. Y eso, en una casa llena de vampiros, sólo puede ser posible si ninguno de sus inquilinos está.
Además, también sabe cuántas ganas tienen de verla así que si hubiesen sabido que ella llegaría, estarían ahí.
Bella sonríe y se encoge de hombros. Lo más probable es que estén de caza, y como no sabe cuándo se fueron, es imposible saber cuándo llegarán.
- Así que tendré que esperar.
Con eso en mente sube las escaleras al segundo piso. La sala y la cocina permanecen igual como lo recuerda. Pero es no le sorprende. Se desvía hacia la izquierda alejándose de la sala y recorre el pasillo ignorando las puertas cerradas a cada lado. Al llegar al final del pasillo sube las otras escaleras para poder llegar a la habitación de Edward. Y está a punto de tomar el pomo cuando el sonido que ya tan bien conoce se escucha a su espalda. Bella se paraliza y rápidamente se da la vuelta.
A simple vista, el pasillo no parece tener nada fuera de lo normal. Todas las puertas están cerradas. La habitación de Carlisle y Esme y la biblioteca. Sin embargo, si hay algo por lo que siempre se ha dejado llevar, es por su curiosidad. Así que con cuidado va caminando por el largo pasillo. Pasa por la puerta cerrada del dormitorio de Carlisle y Esme y en menos tiempo del que le gustaría, pasa frente a la biblioteca. No es que sienta miedo, pero si en la casa no hay ningún vampiro, ¿Por qué ha escuchado que una puerta se abría? ¿Sería su puerta?
Al llegar al final del corredor, Bella gira hacia la izquierda. Es el mismo corto pasillo de dos metros de largo en donde salió la primera vez que visitó la casa Cullen. Y en el mismo lugar en donde su puerta roja apareció esa vez, ahora hay otra puerta.
Es marrón, con unos diseños de flores muy bonitos.
- Pero ¿Qué estás haciendo aquí? - pregunta colocando los brazos en jarra. Obviamente la puerta nunca contestará. - Mmm... Tú te abriste.
Y en efecto, está entreabierta.
- Debieron haberte puesto aquí hace muy poco tiempo. O tal vez no. - sigue murmurando. Coloca la mano derecha abierta sobre la madera y empuja.
Es una habitación. Lo primero en lo que se fija es en las desnudas paredes de color marfil. Es un cuarto amplio, casi dos veces el tamaño de su habitación en casa de sus padres. Y puede que un poquito más grande. Tiene una forma alargada que extrañamente le tranquiliza. Se adentra un poquito más mirando todos los detalles, como el ventanal que ocupa toda la pared apuesta a la puerta, en medio, una cama gigante como nunca había visto. Y destaca gracias al fuerte y bonito color morado del cubrecama. Quien quiera que haya decorado esta habitación decidió dejar un amplio espacio desde los pies de la cama hasta la pared de la derecha, en donde hay dos puertas del mismo color que las paredes.
Bella camina hasta allí y le da una mirada fugaz al tocador ubicado en la otra esquina junto al ventanal. La pared que sigue, en donde están las otras dos puertas, deben ser las del baño y un armario.
Más allá de eso no hay nada más y a Bella le da la impresión de estar contemplando un lienzo en blanco.
- Es como si estuviesen esperando que alguien más pintara en él. Lo que es muy extraño. - con las manos en las caderas gira en su lugar para mirar lo poco que hay allí una segunda vez. - Mmm - se encoge de hombros con despreocupación pensando en que se supone que debería estar dormida, porque aunque allí sea de día, ella sigue teniendo el sueño cambiado. Y ya que la cama se ve tan... Confortable, no hará ningún daño que la ocupe por un ratito. Sonriendo trota hasta ella y se tira de guatita y con los brazos abiertos.
- No sólo te ves cómoda, eres cómoda.- susurra pasando un brazo por debajo de la almohada y el otro por encima, abrazándola. Tiene tanto sueño que no pasa mucho tiempo cuando ya está profundamente dormida.
Se produce un estruendo, que a pesar de ser muy ruidoso, no es suficiente para arrancarla de su reparador sueño. Una vez más queda en ese espacio en el que es consciente de lo que ocurre a su alrededor, pero no puede despertar.
- Oh mierda.
Es un poco rápido y a penas ha conseguido descifrar esas dos únicas palabras, las demás que son pronunciadas le resulta imposible de entender, aún con su oído mejorado.
Escucha unos zumbidos en tan diferentes tonos que resulta un poco molesto. Unas manos grandes y frías la toman de la cintura y la levantan sin esfuerzo alguno. Por un momento, sus brazos y cabeza cuelgan y al siguiente está siendo acomodada con extremo cuidado sobre un amplio pecho. Los brazos conectados a ese pecho la abrazan, no demasiado fuerte, pero lo suficiente como para que suelte un pequeño quejido. La presión afloja un poco, y unos labios helados se posan sobre su frente repetidas veces, después en su mejilla y casi a la vez otra vez en la frente ¿O son labios diferentes? no lo sabe, o quizá sí.
Sí, son bocas diferentes las que le dejan delicados besos en la cara. Y hay una relajante mano pequeña que le acaricia la cabeza enviando deliciosos escalofríos a su espalda. Es tan relajante. Sería por completo genial la situación si no fuera por los zumbidos que aún puede escuchar y que provocan cosquillas en sus oídos.
La verdad es que no le molesta que la apapachen como sabe que los Cullen lo están haciendo, porque las sensaciones que le causan son sensacionales y hace mucho tiempo que no sentía nada igual. No, sus emociones en las semanas pasadas han estado plagadas de enojo, miedo y la mayoría del tiempo, de lo que más odia: indiferencia.
En el preciso momento en el que abraza las sensaciones placenteras, los besos aumentan, otra mano se une a las caricias en su cabeza, y cuando otro par de brazos se deslizan bajo sus piernas, estas definitivamente envían corrientes de puro bienestar.
Ese es Jasper. Y quien sostiene la mayoría de su cuerpo tiene que ser Edward. No puede imaginarse a ninguna persona a la que él le cedería ese lugar. Y sólo pensar en eso le hace sonreír. Quiero despertar ya, pero su cuerpo tiene otras ideas. Va a dormir y recuperar fuerzas por otro par de horas más. Está segura de eso.
Otra mano grande acuna su rostro y le acaricia la mejilla con su pulgar.
No quiere moverse de allí jamás, pero la inconsciencia se apodera de su mente y tanto los zumbidos como las caricias se desvanecen.
Al despertar sabe de inmediato que no se encuentra en una cama. Está medio sentada sobre unas piernas y recostada sobre un pecho amplio, duro y frío. Su mejilla derecha se siente algo entumida por la temperatura y unas manos le frotan la espalda de arriba abajo de forma relajante.
Suspira y lleva su mano izquierda hacia sus ojos para restregarlos un poco, aunque le lleva más tiempo del esperado lograrlo. Y al abrirlos se topa con una camiseta verde medio destrozada. Esto tiene poco sentido por lo que se levanta un poco y sus sorprendidos orbes chocolates se topan con otros dorados y traviesos que la miran con diversión.
Estaba durmiendo sobre Emmett. Pero sabe que quien la sacó de la cama fue Edward.
Ante su estupefacción este no hace más que sonreír y adelantarse un poco para abrazarla recostándole la cabeza sobre un hombro como si fuese una niña pequeña. Bella frunce el ceño y se deja hacer pero no puede evitar preguntarse qué es lo que está ocurriendo.
Emmett se levanta y le pasa el brazo bajo el trasero para evitar que se resbale.
- ¿Emmett? - pregunta a media voz ahora algo preocupada por el silencio.
- Shh, todo está bien, cariño - le susurra con la voz más suave que le haya oído jamás. Bella se siente incluso más confusa y ahora algo asustada por aquel comportamiento. ¿Dónde están todos? - No pasa nada. Los demás están por llegar. - le informa como si hubiese intuido la razón de su inquietud. Y en ese momento se da cuenta de que Emmett se está paseando por la sala. ¿Pero por qué? ¿Sabe Emmett que no tiene entre sus brazos a un bebé, verdad?
- Oh no ¿Otra pesadilla? - se escucha la voz de Alice que en ese momento va entrando en la sala, pero Bella no la puede ver porque le está dando la espalda. Emmett sí porque la tiene frente a frente.
¿Pesadilla? pero ¿Cómo es posible que haya tenido pesadillas si siente que durmió maravillosamente? sobre todo con su primer casi despertar tan cariñoso. No es que este no lo sea, pero este está teñido de desconcierto.
- No lo sé. Está bastante tranquila. - contesta Emmett ya sin pasearse pero meciéndola de todas formas.
- Ya está todo listo - Bella respinga e inconscientemente se agarra de lo que queda de la camiseta de Emmett ante la repentina aparición de la voz de Jasper más cerca de lo que esperaba.
Emmett chasquea la lengua con molestia en su dirección y Jasper exclama un "¡Oh!"
Y de un segundo a otro resulta que ya no está más con Emmett si no que ahora se apoya de igual forma que antes pero en Jasper, que gracias a su extraordinario don calma su ansiedad de inmediato. Pero Bella sigue haciéndose la misma pregunta ¿Qué demonios está ocurriendo? ¿Y por qué la tratan como si se fuese una niña pequeña? ¿Y dónde está Edward? ¿Y por qué Jasper la abraza así? él nunca en el pasado fue tan... Cariñoso. ¿Acaso cayó en la realidad equivocada?
No, es esta. Mis entrañas me lo dicen.
Jasper presiona una mano en su espalda y la calma se intensifica a tal grado, que todas aquellas preguntas pierden su importancia y hasta su significado. Qué importa todo lo demás cuando se está tan bien así, sin preocuparse de nada. Rindiéndose, apoya la mejilla en el hombro de Jasper con la nariz pegada a su cuello frío.
Huele bien. El inoportuno pensamiento le asalta pero no le importa. Hay ajetreo a su alrededor pero ni eso le intriga lo suficiente como para levantar el rostro de donde lo tiene enterrado.
Sabe que debe hacer algo para hacerles saber que, sea lo que sea lo que haya pasado con ella, ya está bien. Que ya se encuentra tranquila, pero...
Nah...
Hace tanto tiempo, piensa, dejando escapar un suspiro de satisfacción. Tanto tiempo que nadie la abrazaba así, haciéndola sentir tan segura y a salvo. ¿Qué daño puede hacer un poquito más de esto? Así que se relaja y se regodea en el calor que poco a poco la va llenando por dentro, a pesar del frío cuerpo que la sostiene.
- Invierno - susurran sus labios adormecidos. Jasper huele a invierno. Le gusta. - Me gusta.
Otra vez hay zumbidos y Bella piensa que sería genial que quien sea que esté hablando lo hiciera a un ritmo más lento. No porque quiera saber lo que esté diciendo, es sólo que de esa forma puede disfrutar de las melodiosas tonalidades. Así como suenan ahora, no puede hacerlo.
Su estómago ruge y es lo único que en este momento podría arrancarle de este tranquilo sopor que la envuelve, por lo que poco a poco comienza a luchar contra él.
¿Y Edward?
Edward también, por supuesto. Comienza a recordar por qué es importante estar despierta ahora. No puede quedarse así, no está bien.
Redobla esfuerzos y con una última sacudida de su mente abre los ojos y su vista se enfoca. Se da cuenta que antes sus oídos estaban extrañamente taponados y por eso no podía escuchar bien, pero ahora los sonidos son claros, y los pasos, y la ropa al frotarse en cada mínimo movimiento. Y las voces.
- ... Pero creo que puede hacerle bien. No sabemos qué ha podido ocurrir esta vez. - está diciendo la serena voz de Carlisle.
- Tiene hambre. - murmura Jasper controlando el volumen para no molestarla. Eso es tierno, como un hermano mayor. Bella sacude la cabeza y se yergue. Apoya el antebrazo sobre el pecho de Jasper y se agarra a su chaqueta.
- ¿Qué? - balbucea entrando en pánico. Se siente extraña, casi no puede mantener la cabeza erguida. Su mente está despierta y alerta pero su cuerpo está raro. Es como si... Como si estuviera perdiendo las riendas. Le cuesta controlarlo, y aunque lo hace, las reacciones son más lentas de lo normal. Jasper alcanza a sujetar su cabeza para que no choque contra él ya que la única lastimada con el golpe sería ella. Con un brazo le rodea la cintura manteniéndola pegada a él y el otro lo usa para su cabeza.
- Tranquila, tranquila. - le susurra él. Bella lo puede ver de frente porque él mantiene su cabeza en esa posición, pero el miedo ya se ha apoderado de ella y de sus ojos salen gruesas lágrimas de angustia. Jasper niega con la cabeza y la mira preocupado - No, ya la perdí. - le dice a alguien parado fuera de su vista. Bella aprieta fuerte los ojos e intenta concentrarse. Trata de mover los pies, pero estos a penas le responden. ¡¿Qué demonios le está pasando!? ¡Si cuando llegó estaba en perfecto estado!
- ¡Ed! - lloriquea sin abrir los ojos.
- Ya viene, pequeña. No tardará en llegar - le dice Jasper con una cadencia tan somnífera que casi la manda a dormir otra vez. ¡No! ¡No quiero dormir más! ¡Quiero saber qué está pasando! ¿Por qué no me puedo mover con libertad? Jasper al ver que su poder ya no es tan eficaz también comienza a pasearse intentando calmarla. ¿Pero de qué sirve eso? ¡¿Y dónde carajos está metido Edward?! su lloriqueo se convierte en un llanto en toda regla en respuesta a sus pensamientos. Esto es lo que más odia, perder el control de su cuerpo, de sus emociones, de su mente.
Lo odia tanto que siente que ese horrible sentimiento la consume.
Otra vez queda apoyada en el hombro de Jasper y sus sollozos poco a poco se van calmando. No saca nada con alterarse. Tiene que haber una razón para ese comportamiento.
- ¿Despertó otra vez? - es Edward. Al fin él está allí. Y Bella quisiera poder correr hacia él y refugiarse en sus brazos, pero su maldito cuerpo no se lo permite.
- Sí, pero al menos ahora está considerablemente más tranquila - habla Emmett desde algún lugar de la sala.
- Oh, pobre cosita - Esa es Esme y al poco tiempo la tiene al lado acariciándole los cabellos. Así que era ella.
Si en el estado en el que se encuentra es para ellos estar más tranquila, mejor no preguntarse en qué estado despertó antes.
- Dámela - le pide Edward a Jasper quien se la entrega de inmediato. Bella llora un poco más pero Ed le acaricia la cabeza y le besa las mejillas y los labios repetidas veces, lo que disminuye su angustia mucho más rápido que cualquiera de los otros métodos.
Edward se acomodada en el sofá y se la sienta a horcajadas de modo que ahora puede ocupar las manos para mantener su espalda y su cabeza erguida. Conecta sus miradas y entonces Bella siente que su corazón se dispara, su respiración se acelera y la sangre en sus venas se convierte en fuego líquido. Un placentero y muy bienvenido fuego.
- Bella, amor. Tienes que calmarte - le dice sin dejar de mirarle.
Pero si ya estoy calmada.
Se escucha un susurro demasiado bajo como para saber quién lo emitió o lo que dijo, pero Edward desvía los ojos por un segundo y cuando vuelve a mirarla, sonríe.
- Eso es. Estás a salvo ¿De acuerdo? y Alice ve que en cuatro minutos exactamente te sentirás mucho mejor. ¿Está bien? pero tienes que permanecer calmada.
- Ed - su pequeño susurro sale como un quejido. Edward le sonríe y se acerca para besarle el mentón y la nariz.
- Todo va a salir bien, bebé. No te desesperes, sólo mantén la calma. - si él sigue así, besándola y hablándole, difícilmente va a perder los nervios otra vez.
Y los cuatro minutos pasan y Bella puede sentir con exactitud cuando ocurre. Porque es como si algo dentro de sí la soltara de donde la tenía sujeta. En ese instante se da cuenta de aquella sujeción, ahora que está ausente.
Su respiración sale en rápidos jadeos, como si hubiese estado mucho tiempo sin poder respirar. Sin pensarlo un segundo se abalanza sobre Ed para abrazarlo. Le encierra el cuello entre sus brazos temblorosos y su cara queda convenientemente escondida en el hombro de él. Y él hace lo único que siempre ha podido hacer por ella: sostenerla.
Le acaricia la espalda y la deja llorar para sacarse la angustia de encima.
- Fue horrible. - solloza ahogadamente - Fue horrible, no quiero más. Fue horrible - repite una y otra vez. Y qué bueno que Ed está allí para contenerla. No sabe qué ha pasado, pero lo que sí sabe es que por nada del mundo quiere pasar por eso otra vez.
Los momentos más angustiosos quedan atrás y Bella respira mucho más tranquila.
Se separa de Edward con cuidado, casi temiendo no poder hacer el movimiento que ella quiere, pero su cuerpo le responde como siempre.
- Ya pasó, cariño. - la consuela él y le pasa las manos por las mejillas empapadas para secárselas un poco - Ya pasó.
Y se vuelven a mirar. Bella exhala todo el aire de sus pulmones, repentinamente consciente de dónde se encuentra. Está con Edward, cielo santo. Después de tanto tiempo, al fin. Y ya nada más parece importar y el eje de su mundo queda alineado y todo lo demás pierde sentido. Al observarlo ahora, se pregunta ¿Cómo pudo vivir tanto tiempo sin él? ¿Sin ver esa dorada mirada ardiente? ¿O esos labios que parecen tener línea directa con esa parte profunda de su mente? ¿Cómo pudo soportar el insulso y corriente aire, si lo que hace que sus pulmones funcionen es ese aroma delicioso que pone sus sentidos a volar?
¿Y qué importa todo eso, si ya está aquí con él?
Así que sin perder un segundo más, se inclina hacia adelante y junta sus labios en un beso de lo más esperado. Edward le responde y pronto sus lenguas se mueven alrededor de la otra, explorando aquel terreno tan familiar. Y Bella se siente feliz, siente sus emociones revueltas danzando en su interior y lejanamente escucha el jadeo que emite Jasper en respuesta a estas, que al juntarlas con las de Edward, debe ser demasiado para él. Pero es que no se puede contener. Se pega todo lo posible a él, porque no quiere que ni un sólo centímetro separe sus cuerpos. Ha sido demasiado tiempo sin el otro, y ahora no hay barreras.
Demasiado pronto, Edward rompe el beso y se hace obvio el por qué.
- Respira, amor. Respira - le dice a centímetros de su boca. Él no necesita el oxígeno pero su respiración está igualmente acelerada.
Y de pronto la represa se rompe de nuevo y las lágrimas caen otra vez, pero ahora es sólo de emoción, de felicidad, es que... Puede sentir cuánto lo ama, y es tanto y tan intenso, que le desespera no poder hacérselo saber. Porque no existen palabras en este mundo que puedan abarcar todo aquel revoltijo de inconmensurables sentimientos.
- Lo sé, lo sé - le murmura él haciendo con sus ojos dos espejos en donde se reflejan todos sus sentimientos. La vuelve a besar, pero ahora es diferente, ya no hay desesperación ni urgencia. Ahora hay ternura, reconocimiento, hay amor, paciencia, veneración. Es un beso tan cargado que Bella no tarda en perder la respiración una vez más. Ese es el efecto que causa él con su sola presencia, con sus besos, su mirada, su sabor y sus caricias. Con el sólo hecho de estar junto a ella le enciende de tal manera que Bella no puede poner en palabras. Es imposible, porque es demasiado. Y le ha extraño tanto, que quiere apretarse contra él y fundirse con su piel para no alejarse jamás.
Sin embargo, la burbuja se rompe debido a que hay más personas en la habitación. Toda una familia.
Después de dejarla sentada en el sofá como es debido, Edward se levanta y desaparece. Pero antes de que ella pueda preguntarse a dónde demonios se fue ahora, él está de regreso portando en sus manos una bandeja con comida.
- Gracias - le susurra bajito recién dándose cuenta de lo hambrienta que está. Edward sonríe y le coloca la bandeja en las piernas. Le da un pequeño beso en los labios y luego se sienta a su lado. Sólo en ese momento los demás se acercan a ella. Cada uno le da un beso y un pequeño abrazo, pero rápidamente la dejan tranquila para que pueda comer, ante la atenta mirada de Edward.
Bella se siente tranquila, sobre todo ante el hecho de que no la han atosigado a preguntas. Pero al mirar los ojos de Edward, puede ver un trasfondo extraño.
Es una angustia, decide Bella al mirarlo en profundidad. Le aturden, pero hace un esfuerzo para sobreponerse a esa descarga de pura adrenalina que le provocan esos ojos.
Es una angustia pasada, pero aún está aquí. Sí, parece que su presencia le ha traído algo de alivio, pero Bella aún puede ver parte de la ansiedad que le hacía sufrir. Se pregunta por qué será.
Ni siquiera sabe qué ha comido. No puedo recordar ni el sabor. Sus ojos no se han despegado de Edward en ningún momento, ni los de Ed de ella. Ambos temen lo mismo, que el contrario desaparezca en medio de una voluta de humo. Por supuesto eso no ocurre.
Y tampoco pasará.
Bella quiere preguntar, qué es lo que ocurre. O qué es lo que ocurrió para que una emoción tan terrible como esa se esconda en sus ojos. Pero tiene miedo, pues si empieza con las preguntas, encontrarán la manera de dar vueltas las cosas y la interrogadora se convertirá en interrogada.
Pero... ¿Qué importa lo incómoda que la hagan sentir a cambio de un poco de alivio a su curiosidad e inquietud? A Edward le pasa algo, y ella quiere saber todo lo que ocurra con él.
Muy bien.
- Ed ¿Qué sucede? - ante su pregunta Edward frunce el ceño y la mira como si en realidad quien debiera contestar esa interrogante fuese ella.
Bueno, yo sabía que eso pasaría. Otra vez.
- Me refiero a que... - mejor ser directa -... Tienes una expresión extraña. O como si la estuvieras intentando ocultar ¿Qué sucede?
Pero Edward no contesta, se limita a tener su mirada sobre ella. Eso ya comienza a resultar exasperante.
- Ed - le insiste estrechando los ojos. Edward hace lo propio.
- Estuviste lejos mucho tiempo ¿Tú qué crees que sucede? - le espeta más brusco de lo que esperaba.
Bella se echa un poco para atrás no entendiendo del todo la situación. Él está enfadado.
Lo abandonaste.
- Eso no es cierto. - discute consigo misma sin pensar. Edward se envara y su enfado crece más.
- ¿Qué? - le pregunta como si en realidad necesitara que le repitiera algo que escuchó con perfecta claridad. Bella boquea, mierda ¿Y qué puede hacer? ¿Decirle que no le estaba contestando a él si no a una molesta voz en su cabeza? No, debe hacer lo mejor que puede con lo que tiene.
- Digo... - la vas a cagar - Quise decir que en realidad no fue tanto tiempo.
- No fue tanto tiempo - repite Ed con su voz enfriándose unos cuantos grados, al igual que sus ojos. Bella se muerde los labios, arrepentida - Así que para ti no fue tanto tiempo.
Oh no, las cosas se están torciendo de un modo extraño. No se supone que ellos se pongan a discutir justo ahora que se han reencontrado. Mierda, ¿Por qué su bocota no puede permanecer cerrada cuando debería? ¿Y qué hace ese latigazo de temor en el fondo de su estómago?
- Eh, no. Ed, quiero decir que... - ya no sabe qué decir así que suspira y agacha la cabeza. Lo único que hará es empeorarlo todo, como siempre que abre la boca. Quizá debió ser ella la muda, no Emily.
- Déjalo - Edward le habla con un tono mucho más suave pero al mirarlo, Bella puede ver en sus ojos que aún se siente herido por su estúpido comentario. Pero es que eso es nada más, un estúpido comentario.
- Ed - tiene que arreglar las cosas antes de que se inclinen más para el lado equivocado. - Todo este tiempo lejos de ti ha sido un infierno, no tengo palabras para explicar lo doloroso que fue... Estar lejos de ti. Por favor, sólo olvida lo que dije. No... Me hagas caso - le suplica frunciendo el ceño por la angustia.
¿En serio Edward está haciendo tanto problema por tan poco? Ed decide rectificarse.
- No, lo siento. Tú no me hagas caso. Soy un tonto. Creo que las emociones aún están a flor de piel y eso me está afectando el entendimiento - le quita hierro al asunto y se acerca para pasarle el brazo sobre los hombros y darle un pequeño beso en los labios. Bella le vuelve a mirar y ahora sus ojos dorados son completamente sinceros.
En serio no puedo creer que hayamos estado a punto de discutir. Y por mi culpa.
¿Quién fue el que habló golpeado en primer lugar?
Cierto.
Pero de todas formas quien tiene que disculparse es ella. Pero no puede sentirse... Extraña.
- Lamento mucho haberles dado la esperanza de encontrarme con ustedes en cierto lugar. - la disculpa es para todos, pero sus ojos permanecen fijos en los de Ed - Debí saber desde el principio que no iba a funcionar. Y no porque no pudiera acudir a la cita.
- ¿Sí pudiste hacerlo? - pregunta Carlisle lo que obliga a Bella a mirarlo para responderle.
- Sí, lo hice. Y sé que ustedes también estuvieron allí. Pero estando todos en lados opuestos nunca nos íbamos a encontrar.
- ¿A qué te refieres?
- Creo que ya lo sabes, Carlisle. Siempre lo supiste. Somos de realidades diferentes y lo que está aquí en este momento es mi esencia. Nunca vamos a estar juntos en el mismo plano... Lo que es una pena.
Se hace un silencio, que sólo le confirma las sospechas. Ellos ya habían pensado en todo eso. ¿Cómo pudo ser tan estúpida? ¿Pero por qué no lo vieron ellos antes tampoco si ya tenían la respuesta?
- Ah claro. Tú teoría inicial, Carlisle: Era que yo soy capaz de crear accesos y lo que transporto son las esencias, en vez del cuerpo, pero en el mismo plano existencial. ¿Y ahora...? - le pregunta sabiendo con exactitud lo que dirá.
- Ahora sigo creyendo lo mismo, sólo que el viaje empieza en una realidad y termina en otra.
- Sí - Bella hace una pausa para mirarse las manos. - ¿No es eso algo como para volverse loco? - Se levanta con cuidado, porque aún no confía al cien por ciento en que sus piernas la sostendrán. Pero lo hacen y los brazos estirados de Edward bajan al ver que no son necesarios. Bella se pasea de un lado para otro tomando hondos respiros. Lo necesita para conservar la calma. Hace mucho tiempo que asumió todo lo que es capaz de hacer, sin embargo, siempre fue para sí misma y las otras personas que lo supieron eran transitorias en su vida.
Todos esperan con paciencia a que se recupere. Y en una de las vueltas Bella ve que todos la miran preocupados.
- No se alarmen, estoy bien. Es sólo que... Hay ocasiones como estas en la que vuelvo a tomar el peso a la situación y... Me abruma.
Alice se acerca con rapidez. - Tranquila, lo entendemos - le toma de la manos y le da una sonrisa alentadora. - No tienes que preocuparte por tomarte tu tiempo, en tu lugar yo haría lo mismo.
Bella le devuelve la sonrisa sintiéndose agradecida por su intento de hacerla sentir mejor.
- Está bien.
Alice la empuja levemente y la sienta al lado de Edward que la abraza otra vez.
- Entonces - empieza Alice - Tuviste que regresar al sanatorio.
Bella se remueve y piensa ¿Por qué justo ese tema de conversación?
- Sí.
Ante su escueta respuesta los demás guardan silencio y al echar una mirada alrededor, puede ver que no le harán más preguntas al respecto porque están esperando que lo haga por si sola.
Ay mierda.
Rueda los ojos y suspira. - No fue tan terrible como pensé que sería - comienza a relatar. - Sí, al principio costó un poco acostumbrarse a la rutina de los horarios de comida y para irse a la cama, y a convivir con todo tipo de personas. Creo que lo más difícil allí es no caer en la monotonía, lo que provocaría que uno se muriera de aburrimiento.
- ¿Hiciste amigos? - pregunta Alice con otra sonrisa curiosa.
- Mmm quizás. Es que allí no se pueden hacer amigos. Pienso que... Convivientes aplica mejor. Además yo estaba en el área PIP.
- ¿Pip? - repite Emmett sin hallarle sentido. Bella ríe por cómo hacer sonar el término.
- "Pacientes con imprevisibilidad peligrosa"
- ¿Tú estabas allí? ¿En serio? - pregunta Rosalie incrédula. Bella asiente.
- Pues, se supone que hice volar un reformatorio así que, digamos que me consideraban peligrosa. En extremo peligrosa.
- Demonios.
- Sí, bueno. Nunca hice nada que lo confirmara. Me refiero a mi status. Siempre estuve tranquila, cumpliendo las órdenes al pie de la letra, o al menos lo que más podía. - hace una mueca al recordar ciertas "riñas" como por ejemplo, aquella vez que discutió con la cocinera. - Todo dependía del día. Casi siempre eran buenos, pero en otros me levantada con cero ganas de soportar ni un segundo más allí, así que digamos que me sacaban de mis casillas con facilidad.
- ¿Sufriste castigos? - Esme pregunta con mucha suavidad.
Sí.
- No. Lo más que hicieron alguna vez fue llamarme la atención.
No va a decirle lo terrible que fue estar en aislamiento y lo que eso desencadenó, así que espera que si se dan cuenta de que está mintiendo u omitiendo detalles, no digan nada.
- ¿Por qué tipo de cosas? - esta vez es Jasper quien pregunta.
- Por quejarme. Una mañana me levanté de muy mal humor. Y me quejé por lo que había de desayuno. Siempre me siento muy agradecida cuando tengo qué comer, y allí no fue diferente. Pero de todas maneras, pienso que deberían ponerle un poquito más de... Cariño a las comidas. No porque seamos criminales y dementes significa que nos pueden alimentar de agua con harina. - ante las miradas espantadas Bella suelta una risita y niega con la cabeza - No, no. No estoy diciendo que fuera eso lo que nos dieran, sólo lo menciono porque ese es exactamente el aspecto que tiene la avena algunas mañanas. De todas formas, la institución maneja muchos fondos y sé que pasar una temporada allí no es barato. Así que - se encoge de hombros - Pienso que mi queja no estuvo tan fuera de lugar.
- No lo estaba. Ya que están allí sufriendo lo indecible, lo menos que pueden hacer es alimentarlos bien. - concuerda Esme cruzando las piernas indignada. Bella le sonríe.
- Sí, bueno. No conseguí mucho con eso, a parte de que la cocinera me fulminara con la mirada cada vez que me veía. Pero dentro de todo no fue tan terrible.
- ¿Y tus padres? - Edward hace su pregunta e inmediatamente después la toma de la mano, como si supiera que ellos son un tema delicado. Pero Bella sigue sonriendo.
- Ellos pudieron visitarme, igual que mis antiguos doctores.
- ¿Bella? - Carlisle llama su atención al dirigirse a ella con un tono más cauteloso.
Oh, aquí vamos.
- ¿Y Kris?
Bella hace una pausa como de dos segundos, pero que es suficiente para decidirse.
- No está. Ni ella ni Emily.
- ¿Y dónde fueron?
- Los doctores piensan que nos hemos integrados.
- ¿Qué piensas tú? - Jasper se inclina hacia adelante y la mira con fijeza.
- Yo pienso lo mismo.
...
Como les había dicho a los Cullen "lo más difícil es no caer en la monotonía" y ha probado ser cierto. Han pasado casi cinco días y puede decir con seguridad que todo va bien. Excepto por el pequeño detalle de un cambio notable en su relación con Edward.
Edward no la toca.
No es que se sienta desesperada por hacer el amor con él...
Está bien. Sí que lo está.
Pero es que de verdad lo necesita, a él. Y es tanto lo que siente por él que a veces necesita demostrarle su amor más que sólo con palabras. Además, a quién quiere engañar. Desea a Edward con locura. Pero en estos días, en donde Bella pensó que podría darse la ocasión, resulta que él se detiene. Primero fue porque ella estaba delicada y necesitaba descansar. Bien, aceptable. Lo dejó pasar. Luego, porque su familia estaba abajo y según él, no iba a permitir que nadie más que él fuera testigo de su placer. Perfecto. Lo dejó pasar. Después, que tenía que ir de caza, porque ya había dejado pasar demasiado tiempo, lo que lo convertía en un peligro para ella. Fantástico. Lo dejó pasar. El día anterior ni siquiera hizo el intento de insinuársele, por lo que al acostarse, le dio un pequeño beso de buenas noches, se dio media vuelta y se durmió. Ni siquiera sabe qué fue lo que Edward hizo después. Y hoy en la mañana Bella hizo como si nada, como si todo estuviese bien entre ellos. Le saludó y le devolvió el beso de buenos días y se levantó para enfrentar un nuevo día.
A pesar de su aparente indiferencia, Bella sabe que Edward está consciente de sus rechazos. Varias veces a lo largo de la tarde lo ha pillado mirándola con cautela e incluso con culpabilidad. No tiene idea de qué mierda le sucede, pero ya no le va a rogar más. La relación es de ambos. Y si Bella tuviese algún problema, se lo diría. Él tendría que hacer lo mismo. Y como Bella sabe que hay veces en que es mejor dar espacio y no presionar, entonces ha decidido cerrar el pico, mandar su libido bien lejos, y dejar que Edward se comunique con ella cuando se sienta preparado.
Ahora, en su mente puede haber mucha determinación, pero su cuerpo es otra cosa. ¿Cómo se supone que va a respetar los tiempos de Edward, cuando él la besa con tanta pasión y amor? Cuando le da esos besos largos y le aprieta contra él dejándole sentir... Todo. Y sobre todo cuando los besos son con agarrones y manoseos. ¿Cómo, cielo santo, se supone que lo va a resistir?
La verdad es que ya no entiende nada. Bella lo que sí puede entender es que las situaciones que la envuelven son, por decir lo menos, desconcertantes. Y también sabe que hay algo que ellos se niegan a contarle.
Por otro lado, la habitación que había encontrado al llegar, resulta que la construyeron para ella. Sí, así como suena. Cuando se lo dijeron, Bella se sintió contrariada. Por un lado, está el sentimiento de ternura y cariño por esa familia que la ha acogido. El conmovedor hecho de aceptarla como una más. Pero por otro, está la decepción. Porque con esa habitación ya no es necesario que pase la noche, obligadamente, con Edward. Como cuando pasó la noche en la habitación de huéspedes del segundo piso. En esa ocasión, Edward le había dicho que podía ocupar su habitación sin problema, pero Bella, demasiado tímida en ese entonces, se negó y no pensó más en ello. Ahora, aquella proposición ha brillado por su ausencia.
¿Quizá estoy haciendo algo mal? piensa mientras sentada en unos de los cómodos sofás del vestíbulo, intenta leer un libro. ¿Puede que él ya no me desee? pero ¿En serio me quiero llenar la cabeza con esos pensamientos?
¿Qué ha hecho él para demostrar lo contrario?
- Nada. - Bella sigue pasando las hojas concentrada al máximo en sus pensamientos. Tanto es así, que ignora por completo las voces que desde el día anterior se han ido haciendo mucho más ruidosas. Ya no son susurros ahogados, y además le distraen. Lo peor de todo es cuando está apunto de contestar, lo bueno es que aún es capaz de refrenarse a tiempo. Pero... ¿Qué pasará cuando ya no sea capaz?
...
Dos semanas después.
Carlisle es generoso, le presta cuanto libro quiera ella. Y he estado leyendo mucho por lo que se ha hecho amiga íntima con aquel sofá del vestíbulo. Los ventanales le dejan una vista tranquilizadora del exterior, por lo que las horas allí se le pasan volando.
No tengo idea de lo que estoy leyendo.
- Debería cambiarlo - un pensamiento en voz alta, chasquea la lengua. Ya a nadie le sorprende y se han acostumbrado sorprendentemente rápido a su manía de hablar en voz alta. Ya no le preguntan a qué se debe...
Está cómoda, pero pierde el interés. Mira hacia el frente y se levanta dejando el libro en el sofá. Edward está sentado en su banco frente al piano, tocando las teclas tan suavemente que a penas se escucha. Se detiene en cuanto se percata de que Bella se mueve hacia la puerta principal, y se gira no sabiendo muy bien cómo actuar. Bella parece muy concentrada en algo, mira fijamente hacia el patio. Pero Edward no puede ver nada que esté fuera de lo normal.
La puerta acristalada se abre sin que Bella la toque, pero eso ya no es tan impresionante. No como las primeras veces que lo hizo, al menos.
Edward la observa con precaución y al verla salir al patio y caminar hasta el centro de este, se levanta con toda la intención de ir a buscarla.
Una mano en su hombro lo detiene. Y no le hace falta mirar para saber que se trata de Carlisle. De pronto, la familia al completo se encuentra allí.
- Espera, hijo - le susurra sin quitar los ojos de Bella. Ninguno de ellos deja de mirarla.
Bella no hace nada, sólo está parada allí. Mira hacia los árboles muy concentrada. De pronto sus manos se aprietan formando puños, y es lo único que hace por algunos minutos.
Claro que el ligero pánico que estaban sintiendo no es nada comparado con lo que sienten ahora al ver a Bella reaccionar y dar vueltas por el patio. Y eso no sería tan extraño, si Bella no estuviese haciendo gestos con las manos. Las mantiene en el aire, y algunas veces hace como si intentara agarrar algo que sólo ella puede ver. Incluso salta un par de veces tratando de alcanzar la escurridiza cosa.
Casi hipnotizados están por su comportamiento, que ninguno nota el paso del tiempo. Media hora después Bella se detiene, mira hacia el suelo con el ceño fruncido, luego camina hacia la casa y vuelve dentro. Los Cullen siguen allí pero Bella pasa por en medio de ellos como si no los viera, se sienta en su sofá, se acomoda y sigue pasando páginas con desgana, como si nada anormal hubiese pasado.
No muchos minutos después el libro cae sobre el regazo de Bella al quedarse ella dormida.
Es en ese momento, en que los Cullen deciden reaccionar.
- ¿Qué demonios fue eso? - inquiere Emmett con una expresión choqueada en la cara. Edward no dice nada y con el rostro luciendo tan angustiado como se siente, toma a Bella en brazos y se sienta en el sofá, con su pequeña acomodada en el regazo.
- ¿Carlisle?- Edward levanta sus ojos hacia Carlisle, y estos gritan por ayuda. Y por primera vez en mucho tiempo, el vampiro con más experiencia de esa familia, se siente impotente e incapacitado pues no hay nada en sus conocimientos que le indiquen qué es lo que hay que hacer.
...
En los siguientes días nada mejora, y los Cullen observan cómo se va deteriorando sin poder hacer nada. Carlisle se ha tomado las vacaciones de su trabajo que antes nunca había necesitado. Ahora, ese tiempo libre lo ha dividido en cazar, observar a Bella e investigar. Lo último sin ningún buen resultado.
Bella parece ajena a todo esto, o es la impresión que da. Lo cierto es que ninguno de sus paseos por el jardín se ha registrado en su mente. Se han convertido en lagunas, y de ellas sí está consciente.
No ha preguntado nada, porque la verdad es que teme lo que le puedan decir. No, mejor vivir en la ignorancia.
Eso trae menos dolor.
Pero intuye que debe ser muy malo, como para que los demás se anden con cuidado a su alrededor.
¿Qué debería hacer, preocuparse?...
Nah.
Y entonces hay un cambio. Uno del que Bella sí es consciente. Y ocurre justo cuando están todos reunidos en la sala del segundo piso. Cada uno está concentrado en alguna tarea diferente, pasando el rato, y entonces un extraño sonido los sobresalta a todos, es como si alguien doblara madera.
Al mirar el centro de la habitación se hace claro el motivo.
Es la puerta roja, desafiando las leyes de la gravedad al estar allí parada sin soporte alguno. Nadie se mueve por algunos segundos, hasta que Bella se levanta del sofá que compartía con Emmett hace un segundos y se acerca. La puerta se abre lo justo para dejarla pasar, y cuando Bella la atraviesa, se cierra y desaparece.
- ¡Oh, mierda! - exclama Emmett con asombro.
Ninguno sabe muy bien qué hacer, y no saben si Bella ha vuelto a su realidad o no.
Trece minutos después ya no tienen que seguir haciéndose preguntas, pues la puerta aparece otra vez en el mismo lugar, se abre, Bella sale, se cierra y desaparece.
Bella se queda allí, con tal expresión de pasmo en la cara, que nadie se atreve a preguntarle dónde fue. Y menos cuando Bella se lleva las manos a los ojos y se los frota como si quisiera borrar alguna imagen. Llora y corre directa donde Edward está en la cocina, para refugiarse en sus brazos.
Edward no lo duda un segundo y la envuelve apretadamente pidiéndole a Jasper con una sola mirada ayuda para calmarla. Como a la distancia parece no funcionar, Jasper se acerca y le coloca las manos en los hombros. Bella se relaja de inmediato, cayendo en un profundo sueño.
- No sé ustedes, pero sea lo que sea que haya visto, tengo la fuerte impresión de que no quiero saberlo - murmura Emmett mirando a Bella aún sorprendido. Los demás asienten, de acuerdo con él. Y allí mismo, en ese instante, acuerdan jamás preguntarle sobre eso. No si esa va a ser la reacción de ella.
Más incidentes como ese ocurren a lo largo de los días. Aunque no son tan malos. La mayoría de las veces cuando Bella vuelve de donde sea que su puerta la haya llevado, ella se queda estática en el lugar que haya quedado, como por cinco minutos contemplando hacia el vacío antes de proseguir con lo que estaba haciendo antes.
¿Disparatado? demasiado. Y Carlisle cada vez se ve más desesperado al no hallar respuestas. ¿Cómo pueden ayudarla si no saben qué es lo que causa el problema en primer lugar?
No importa, Carlisle no piensa rendirse. Pero mientras más demore, Bella más empeora.
Una muestra de ello, es ese momento.
- ¡No! - Bella está sentada en la silla, en la mesa de la cocina. No ha comido en dos días y Edward está intentando que ingiera algo liviano. Pero Bella se niega y lo que es peor, es que su comportamiento no es el de siempre. Sus ojos están a rebosar de lágrimas y mira a Edward con enojo. - ¡Ya te dije que no quiero! - le grita de nuevo cuando Edward hace caso omiso de sus gritos e intenta llevar la cuchara con fruta picada a su boca.
- Bella, por favor. - le suplica con tanta paciencia que Carlisle se siente admirado. Ya llevan casi una hora así. Parece que para Bella ya ha sido suficiente, porque en otro arranque de furia empuja el plato a través de la mesa esperando que se rompa contra el suelo, pero por supuesto, los rápidos reflejos de Edward detienen el movimiento. Al ver su cometido frustrado, Bella aprieta los dientes y golpea su cabeza fuerte contra la mesa. Está a punto de hacerlo una segunda vez, cuando Edward reacciona a tiempo y la detiene. Bella intenta sacarse sus manos de encima y las lágrimas se desbordan mojándole las mejillas.
- ¡No! ¡Déjame! ¡¿Por qué haces esto?! - le pregunta llorando y gritando, intentando golpearse. Pero el agarre de Edward sobre sus manos es irrompible.
- Bella, por favor. Tienes que calmarte.
- ¡No! ¡No, no, no, no, no, no, no, no! - ya que sus manos están inmovilizadas, no le queda de otra que pegar patadas contra la mesa. Emmett está allí en segundos y la sujeta. La giran en la silla y Edward le cruza los brazos por la cintura manteniendo el agarre firme en cada muñeca, imitando la posición de las camisas de fuerza. Bella grita, mucho. Pero Edward no la suelta y en cambio cierra los ojos y le besa la frente repetidas veces, a pesar de que Bella mueve la cabeza de un lado para el otro. Jasper también se acerca y le acuna el rostro con las manos, ejerciendo el máximo de su poder sobre todos los presentes.
Esto da tanta pena, sobre todo porque le recuerda que su Alice pudo haber estado en esta misma situación, y aunque no tuviera su don, igual sabría cómo se está sintiendo Edward, él mismo siente ganas de llorar.
Bella grita y llora un poco más. No abre los ojos e intenta removerse para soltarse. Carlisle no tarda en decidirse y va a su despacho. En menos de dos segundos está de vuelta con una jeringa en mano. Se coloca al lado de Jasper, con la aguja a centímetros del brazo desnudo del Bella. Mira a Edward por un segundo, pidiendo su permiso.
Edward asiente.
Bella abre los ojos y sus ojos se mueven imposiblemente hacia la derecha, en dirección a la jeringa.
- ¡No! ¡No hagan eso! ¡No se atrevan! ¡NOOAAAAH! - la exclamación y el grito se mezclan y segundos antes de que Carlisle le inyecte, un característico olor a amoníaco llena el cuarto. En diez segundos el llanto y los gritos ensordecedores disminuyen hasta desaparecer, para dar paso a una respiración tranquila y acompasada. Los ojos de Bella se nublan y se cierran, su corazón se calma y sus músculos se relajan.
Lo único en lo que estuvo apoyando todo ese tiempo, fue el trasero de ella en la silla, por lo que Emmett con lentitud y cuidado le va bajando las piernas. Jasper le suelta la cara y retrocede un paso. Edward en cambio se arrodilla y la abraza por lo que Bella queda con el torso recostada contra su pecho. Es obvio que él se encuentra sobrepasado por la situación, pues emite entrecortados jadeos, que si se tratara de un humano se reconocerían fácilmente por sollozos.
- No puedo - se lamenta, sujetando a su pequeña con fuerza entre sus brazos. - Ella está tan mal y no puedo ayudarla.
- Edward, hijo - Carlisle se arrodilla a su lado y le aprieta el hombro, pero eso no es suficiente así que la pasa el brazo por los hombros en un medio abrazo, y le besa la cabeza un par de veces. - Tranquilo, hijo. Vamos a encontrar la manera. Te lo prometo. Todo va a estar bien. Te hemos dejado solo en esta situación y lo lamentamos.
Es cierto, ante las pequeñas crisis, todos habían dejado que Edward se las arreglara con Bella, pero ella es ahora parte de esta familia, así como lo que son, se van a apoyar como siempre lo han hecho. En esto no será diferente.
- Pero no más, cariño. - Esme está a su otro lado y abraza tanto a Edward como a Bella. - Vamos resolverlo, mi amor. Ten fe.
Al levantar la cabeza y mirar a sus hermanos y hermanas puede ver en sus rostros y en sus mentes el mismo apoyo incondicional, incluso en Rosalie.
Mucho más aliviado y algo más calmado Edward comienza a levantarse. Carlisle olfatea delicada y sutilmente.
- ¿Sientes eso? Está deshidratada - comenta como si tal cosa, es obvio que él está acostumbrado a ese tipo de situaciones dado que en su trabajo es común que algunos pacientes pierdan el control de su vejiga. Pero para los demás no es tan normal así que cortésmente desvían los ojos hacia el rostro ahora calmado de Bella, obviando la mancha de orina tanto en sus pantalones, como en el suelo.
- ¿Eso fue por el sedante? - pregunta Ed a Carlisle ni un poco aproblemado.
- No, aún no le inyectaba.
En sí, aquella respuesta es aún más preocupante.
- Ella estaba furiosa y aterrada. - dice Jasper, como si eso lo explicara. Y lo hace.
Se ponen en movimiento después de eso. Edward toma a Bella en brazos para poder ir a limpiarla.
- Dámela Ed, yo puedo hacerlo - Alice le tiene los brazos. Pero Edward niega con la cabeza con las labios apretados como si se estuviera conteniendo. Y todos saben que lo que está conteniendo son los sollozos secos en los que su cuerpo quiere estallar. Así que le dejan marchar y en cambio se concentran en limpiar la cocina, para que así cuando baje de nuevo, ya no pueda haber rastros físicos de lo ocurrido.
Edward la desviste y la baña en un santiamén. Segundos después la está secando y luego la tiene sobre la cama, ya vestida con su pijama. La alza con un sólo brazo y corre las frazadas para depositarla con cuidado allí. Una vez acomodada y bien abrigada se recuesta a su lado y la abraza, dejando que todas sus emociones se manifiesten libremente. Todo sería mucho mejor si pudiese llorar, pero no puede, y el alivio sólo se consigue con mucho tiempo de cavilar sobre esas emociones.
- Por favor, no más episodios como este, te lo pido, por favor. - le pide aunque sabe que es en vano, en primera porque Bella, su Bella, no le está escuchando y segundo porque, ella no puede controlarlo. Sabe eso. No puede culparla por lo que está pasando. Así que lo único que queda por hacer es mentalizarse para lo que viene, y sobre todo, pensar en una manera de arreglar esto.
...
Bella despierta, y por un momento se encuentra tan desorientada que no sabe dónde está ni cómo fue que llegó allí. Es de noche y está sola en su habitación. El cuarto está medio iluminado, pero la poca luz tiene un extraño brillo que la vuelve azul.
Sin saber qué otra cosa hacer se saca las mantas de encima y así, descalza como está sale de su habitación hacia el pasillo oscuro. De un segundo a otro está corriendo y la creciente oscuridad de la casa no hace más que hacer crecer un miedo que se ha instalado en lo más bajo de su estómago. Baja las escaleras hasta el segundo piso y ya va por la mitad del corredor cuando sus pies se tropiezan con nada haciéndola caer. Toda su parte delantera se lleva la peor parte, por suerte ha alcanzado a colocar las manos para no golpearse la cara. Sin pensar en el dolor que ahora le recorre, se levanta y sigue corriendo. Ignora la sala y la cocina y baja por las otras escaleras, buscando algo, una luz, movimiento, algo...
Al llegar al rellano vuelve a caer, esta vez de rodillas y como antes ignora sus extremidades resentidas y se levanta para seguir corriendo. La puerta principal se encuentra abierta, por lo que sin detener la atraviesa para acceder al exterior. En medio del patio hay una fogata con fuego azul. Su luz la llama y al acercarse puede comprobar que este no despide calor...
Es frío...
Mira a su alrededor.
- ¡Edward! - grita, dando vueltas en su lugar mirando entre los árboles. Pero no hay nadie allí. Se vuelve otra vez hacia la fogata y sus hipnotizantes llamaras le causan un extraño sentimiento de rechazo.
De pronto, hay movimiento a su espalda. No es lo suficientemente rápida en darse la vuelta y antes de que lo logre del todo unas manos esqueléticas la empujan con fuerza logrando que su cuerpo quede tendido sobre ese fuego helado.
- ¡No! ¡NOO! ¡Ayúdenme! - se remueve y grita cuando las llamas se convierten en muchas manos que la sostienen impidiéndole moverse. La frialdad está en todas partes y se le mete en los huesos provocando tanto dolor como si se estuviese quemando.
Lo más extraño de todo... Es que el fuego le habla.
- ¡Bella! - son muchas las voces que la llaman.
Y entonces la luz deja de ser azul y ya es normal. Al abrir los ojos lo primero que ve es a Edward encima en medio de la cama a su lado afirmándole las manos y el torso. Alguien más le sujeta los pies y las piernas. Y arrodillado sobre las almohadas se encuentra Jasper que le sujeta la cabeza.
Al mirar hacia la derecha, ve a Carlisle que está a punto de inyectarle algo. Todos se encuentran tan atentos que por un momento nadie se mueve. Pero Bella mueve los ojos para mirar hacia Edward y él le devuelve la mirada asustado, cauteloso y atormentado.
Tremenda escenita que has montado otra vez.
- ¿Qué? - consigue balbucear parpadeando repetidas veces para sacar las lágrimas que aún inundan sus ojos. Su garganta se siente muy resentida y entonces supone que debe haber estado gritando como una loca.
Oh oh.
Eso no está nada bien.
- No puedo respirar - consigue decir ya que aunque su respiración es rápida y superficial, siente que no es suficiente. La fuerza con la que Edward la mantiene quieta es demasiada para que resulte no doloroso y opresivo. - Por favor. - toma desesperadas bocanadas por la boca pero no puede respirar profundo como quiere. Poco a poco, las sujeciones se van aflojando y con extrema lentitud y cuidado la sueltan, pero no se alejan del todo, como si estuviesen preparados para saltar sobre ella de nuevo. Pero Bella se mantiene tranquila y provocara no hacer ningún movimiento brusco al sentarse. Cuando lo logra se coloca una mano en el pecho y llena sus pulmones con todo el aire que es capaz de espirar. Se siente muy adolorida, sobre todo allí donde las manos habían estado para limitar sus movimientos.
Una vez hecho esto ya no sabe qué más hacer y la vergüenza poco a poco se hace presente en su rostro. Con un gesto resignado mira a Edward que sigue mirándola receloso.
- ¿Por cuánto tiempo?
No quiere saber, pero al mismo tiempo, sí.
- Casi nueve minutos.
Bella cierra los ojos con el ceño fruncido.
- Mierda.
- ¿Tú sabías que esto pasaba? - Carlisle está sentado en la cama a su lado y la mira de frente. Sus ojos la recorren de arriba a abajo inspeccionándola, en busca de cualquier herida. Bella nota que en su mano aún está la jeringa, lista para ser usada.
Traga saliva y desvía los ojos para mirar los de Carlisle.
- No - duda- Sí, bueno, no. En realidad no.
La confusión es la emoción predominante ahora.
- ¿Cómo es eso? - pregunta Jasper apoyando contra la cabecera de la cama, a su espalda. Bella encoge las piernas y se las envuelve con los brazos.
- Nunca había necesitado que me sujetaran.
- O sea que sí lo sabías - espeta Edward que le mira acusatoriamente. Bella se encoge ante esa mirada recriminatoria.
- Si te refieres a esto - y los señala a ellos - No, ya te dije que no. Las veces que pasó, que han sido pocas - aclara de inmediato ante las miradas alarmadas que Edward le da - Estuve sola, y... y... ¿Exactamente por qué me estaban sujetando? - pregunta mirando a Carlisle, que sabe que al menos él le responderá lo que desea saber en un tono más amable.
- La verdad, hoy sólo estabas revolviéndote en la cama y gritando, como si quisieras sacarte algo de encima.
- Ah. Espera ¿Hoy? ¿Cuándo pasó de nuevo? - inquiere con temor, esperando que no sean demasiadas veces. ¿Cuánto es lo que se ha perdido?
- Ayer.
- ¿Sólo ayer?
- Sí, pero... Ayer fue más - Carlisle se queda callado como si estuviese buscando las palabras adecuadas para describirlo - Desastroso - dice al fin. Bella ladea la cabeza y mira a Esme con la disculpa ya reflejándose en su cara.
- ¿Rompí algo?
Esme duda por medio segundo, pero Bella no se da cuenta. - No cielo, no rompiste nada. Oh bueno, no alcanzaste a hacerlo.
Bella sabe que algo no le están diciendo pero presiente que sea lo que sea, no quiere saberlo.
Bueno, lo dejará pasar. Ya se está acostumbrando a eso. Es más fácil así.
- No, no rompiste nada. Pero trataste de hacerte daño. Golpeaste tu cabeza contra la mesa y sólo porque me tomaste desprevenido. Nunca pensé que ibas a hacer eso. - le cuenta Edward mucho más suave que antes. - La próxima vez que lo intentaste tuvimos que inmovilizarte, y como vimos que no te calmabas, Carlisle te sedó. Dormiste todo el resto del día y la noche. - Bella mira por los ventanales y puede ver que está amaneciendo. Otro día perdido. - El sedante dejó de hacer efecto hace casi tres horas, que son las que dormiste por tu cuenta.
- Mmm fue uno de los fuertes entonces - Bella asiente entendiendo.
Pero Edward la mira con el ceño fruncido - Ya antes te habían sedado - es una afirmación, y Bella no entiende por qué parece molesto por ello.
- Sólo un par de veces, cuando tuve ataques de pánico, pero no por crisis así.
Mentirosa.
- Eso quiere decir que las crisis como estas las pasaste sola y tuviste que esperar a que se terminaran por cuenta propia. - La voz de Edward otra vez tiene una considerable cantidad de acusación. Pero Bella ya se siente incómoda y como no encuentra una manera de dejarlo tranquilo y escaquearse de esa con palabras, emprende una retirada digamos que más... Cobarde.
- No, no fue así - contesta entre dientes esquivando a Carlisle que no se ha movido de su lugar para salir de la cama. Siente todas esas miradas encima y la verdad es que no le gusta ni un poco, así que esperando que entiendan que necesita un poco de espacio, se dirige al baño.
Pero claro que Edward no va a hacerle las cosas tan fáciles.
- Oh no - Bella ya ha dejado la cama atrás por varios pasos pero eso no es problema para un vampiro para alcanzarla. Edward la toma del brazo y la gira para que lo encare. No muy delicadamente, cabe decir.
- ¡Oye! - Bella se queja y tira del brazo tratando de sacarse esa mano de encima. Como es obvio, no logra soltarse ni un poquito.
- ¡No! ya basta de ocultarnos cosas, Isabella - Edward la está regañando y Bella le mira estupefacta. Hasta se le olvida que su brazo está apresado entre esas fuertes garras. - Desde un principio supimos que había cosas que no nos estabas diciendo, pero eso se acabó. Nos vas a decir exactamente qué sucede.
Bella comienza a enfadarse también - No puedes obligarme.
El gesto de Edward se endurece y Bella sabe que la ha cagado, su enfado se esfuma tan rápido como llegó.
- ¿Ah no? - Edward la toma de ambos brazos, la levanta sin ningún esfuerzo y la sienta a los pies de la cama.
- Edward - Carlisle se ha parado y levanta una mano en su dirección.
- Silencio todos. - les da una mirada severa, pero no es nada comparada con la que le da a Bella cuando le ordena con fiereza - Muy bien, empieza a hablar. - y se le planta delante con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada impaciente.
Edward es gigante.
Bella puede sentir la incredulidad y ansiedad de todos los presentes, porque es un reflejo de lo que siente ella.
- Estoy esperando, Isabella - le dice una vez más, enfriando tanto su mirada que Bella siente escalofríos. No sabe qué es esta vez, si el hecho de mirarla así, la altura que ha ganado de repente, la dureza de su orden o que la llamara por su nombre completo, pero Bella le obedece de inmediato.
- He estado sufriendo crisis de descontrol mental. Antes podía recordar todo cuanto pasaba en las crisis, pero ahora ya no. He perdido la consciencia de mis actos.
- ¿Cuándo fue la primera vez? - Edward no relaja su postura ni un poco.
Bella baja la mirada, sabiendo que va a tener que descubrir una de sus mentiras.
- En aislamiento.
Se produce un silencio tenso y Bella se sorprende al escuchar a Edward soltar un bufido. Al levantar la cabeza para mirarlo, Edward no la está mirando a ella, si no a Carlisle y su sonrisa entre fanfarrona e irónica no le dan buena espina.
- Te lo dije. - le dice a su padre, luego mira a Bella con ojos conocedores, pero definitivamente más exigente. - ¿Y qué ocurrió ahí?
- Pues... Que me dejaron allí, supongo que para que tuviera tiempo para pensar en mis acciones, y entonces no sé qué ocurrió, pero de pronto estaba hecha un ovillo en el suelo con un montón de voces gritando en mi cabeza.
- ¿Voces? - Jasper se pone al lado de Edward en un segundo, Bella le puede ver los pies, otra vez ha bajado la cabeza.
- Sí, pensamientos que se repiten sin que pueda controlarlo.
- Entonces ¿Lo de ayer y lo de hoy...? - Jasper se agacha para estar a su altura, pero ni aún así Bella quiere mirarlo.
- No, ese tipo de crisis las recuerdo. Lo de ayer y lo de ahora no puedo recordarlo. No recuerdo haber estampado mi cabeza contra la mesa ni recuerdo... Lo que sea que haya intentado hacer. Esto es nuevo.
- ¿Tampoco recuerdas que no has querido comer en casi tres días ya? - ante la pregunta de Edward, Bella se lleva la mano al estómago y un brillo de entendimiento cruza su mirada.
- Con razón lo siento como... Entumecido. - murmura encorvando la espalda. Edward cierra los ojos y respira profundo y sus facciones se ablandan. Ya no está enfadado, pero tiene claro que si lo que hace falta para que Bella sea sincera es que la trate con dureza, pues eso es lo que hará.
Una sola mirada a Esme y ella sale de la habitación hacia la cocina.
- ¿Dónde están Kris y Emily? - sigue Edward con el interrogatorio. Bella cierra los ojos y niega con la cabeza.
- No sé.
- Isabella. - le murmura en advertencia.
- ¡Es que no lo sé! - estalla por fin reaccionando, gesticula con las manos tratando de encontrar las palabras para hacerle saber que no miente. Le mira y su imagen es borrosa. Otra vez con las lágrimas, joder. Me he vuelto una llorona de mierda, piensa. Pero estas lágrimas son de impotencia. - De verdad, no lo sé - susurra cuando escucha que Edward le gruñe frustrado - Kris salió de mí, no se cómo, no sé por qué. Pero lo hizo. Y un día, cuando estábamos de permiso para estar en casa, justo después de que Fox decidiera que estaba lista para hacer un viaje largo con mis padres, que curiosamente fui aquí; a Forks, viene y me dice que no puede soportar la situación, que estamos perdiendo el tiempo y que se va. Ya unos días antes o el anterior, no sé, ya no me acuerdo; sugirió que nos fuéramos, que aprovecháramos que ya no nos tenían tan vigiladas y escapáramos. Pero me negué, por supuesto. Ella aún así se fue - ahora las palabras salen a borbotones de su boca como si hubiesen estado esperando por mucho tiempo para salir, y no puede detenerse - No sé cuánto tiempo después, Emily también se separó y cuando la vi, me asusté, entré en pánico y me sedaron. Pero luego me di cuenta que ella no era más que otro pedacito de mí y...
¿Debería contarles lo de Jacob? ¿Y para qué? ¿Para que la opinión que tienen de mí descienda un poco más?
No.
- ¿Y?
- Simplemente... Hablamos e intentamos pensar en alguna manera de... Unirnos de nuevo, pero como pueden suponer, y suponen bien, fracasamos.
- Antes de que Kris y Emily salieran de ti ¿Tenías este descontrol mental?
Edward se muestra implacable.
- No. Era más de... Mi propia voz mental pensando lo que quisiera.
- ¿Y las crisis en donde pierdes la consciencia?
- No - su voz es tan baja que si los Cullen fuesen humanos no podrían escuchar sus respuestas.
Ve por el rabillo del ojo que Edward asiente y coloca las manos en las caderas. No le quita ojo de encima.
- Entonces tienes que volver. - le dice como si fuese obvio. Bella levanta la cabeza y le mira con alarma.
- No puedo hacer eso.
- ¿Y por qué no? - pregunta levantando una ceja.
- Aún no sé cómo hacer para integrarme con Kris y Emily. Peor todavía, no sé dónde está Kris. Ella se fue. Y no basta sólo con volver y ya, no se resolverá el problema. No funciona así.
- Pero el estar aquí está empeorando la situación.
Bella se pasa las manos por el pelo ¿Cómo hacerle entender? - No. No es así. Ya estaba mal antes de venir y mi deterioro mental estaba cayendo muy rápido, y cuando crucé, se detuvo. Es más lento. El estar aquí lo ralentiza - habla hacia sus rodillas, pero sabe que le pueden entender a la perfección.
- Pero no lo revierte - Edward llega a la conclusión correcta.
- No.
Edward vuelve a gruñir - Esto es una soberana estupidez. Ni siquiera puedes saber si el estar aquí lo ralentiza o no.
Bella le mira inexpresiva. - Tú eres el que no sabe, Edward. No estás en mi piel.
- Quizá no, pero lo que sí sé, es por lo que puedo ver. Y estás empeorando. Lento o no, lo estás haciendo.
Bella resopla.- ¡Ah! ahora ya sé por qué tienes tantas ganas de que me vaya.
Edward le muestra los dientes porque no hace falta que diga más para saber lo que está insinuando.
- ¡No me vengas con esas estupideces! - exclama apretando los puños. Jasper se levanta y le coloca una mano en el brazo, y Bella no sabe si es para calmarlo o para retenerlo. A pesar de saber que él es incapaz de atacarla, no puede evitar arrastrarse un poquito hacia atrás en la cama. - ¡No te atrevas a decirme que sabes porqué quiero que te vayas, porque no lo sabes!
- Estoy dándote mi deducción de lo que estoy viendo - le devuelve, diciéndole lo mismo que él pero con otras palabras.
- ¡Eres imposible! - Edward le apunta con un dedo y luego camina hacia el lado contrario, más cerca del baño, dándole la espalda. Sabe que necesita calmarse. Que con gritarle no va a conseguir nada, pero Bella se lo pone tan difícil.
- Sí, parece que lo soy. Y sólo he tenido dos crisis fuertes aquí y ya has llegado a la conclusión de que me tengo que ir, supongo que ya que ha sido demasiado para ti. Puedes sentirte tranquilo al saber que si vuelvo será otro quien tendrá que cargar conmigo. O si quieres, me puedo ir a vivir al bosque, a la base de las montañas y allí podré gritar mi descontrol sin molestarte, ni hacerte sentir que tienes que hacerte responsable...
Y sigue y sigue y sigue. Y Edward se tira del cabello pidiendo a quien quiera que le esté escuchando que por favor le de paciencia.
Y por fin, gracias a los cielos por su padre, que es el que interrumpe la verborrea que parecía interminable.
- Bella, cariño. Creo que estás malinterpretando todo - le hace saber con delicadeza.
- ¿Sí? pues entonces dígale a su hijo que se ponga a estudiar habilidades de comunicación, que le hace falta. - ya, quizá eso no era necesario. Pero es que también se siente molesta y frustrada, y el discutir con Edward la hace sentir aún peor. ¿Cómo quieren que reaccione? si es ella la que tiene que pasar por todo eso.
Carlisle suspira y frunce el ceño en dirección a Edward, que gruñe y murmura por lo bajo demasiado rápido para que ella lo pueda entender, pero por su expresión y las caras de desaprobación de Esme y Carlisle, nadie diría que se trata de palabras bonitas.
Vaya, ¿Quién diría que sería tan fácil sacarlo de sus casillas?
- Esto no nos está llevando a ningún lado - murmura Edward cuando termina de refunfuñar.
Bella se muerde el labio inferior reprimiendo un comentario sarcástico, sabiendo que eso no ayudará en nada.
- No - a pesar de todo Carlisle tiene la admirable capacidad de mantener la serenidad. - Con ponernos a discutir, no arreglaremos nada.
Cállate, cállate. Bella se muerde el labio un poco más fuerte.
- Creo que lo primero que debemos hacer es calmarnos para poder pensar qué hacer.
Bella suspira fuerte. - Bien, pueden pensar todo lo que quieran - dice con los ojos fijos en el suelo, luego los levanta para mirar a Edward que la fulmina - Y tú puedes tomar todas las decisiones que quieras, por mí. Pero yo ya te dije mis opciones. Si no me quieren aquí, porque la verdad no están obligados a soportarme, me puedo ir, pero eso no quiere decir que cruzaré. Y no me puedes obligar, dado que la única que controla el portal soy yo. Quizá haya perdido el control de mi mente y de mi cuerpo, pero quiero pensar que sigo teniendo dominio sobre mis propias decisiones. - al terminar de hablar se levanta y camina hasta el baño, ahora sin que nadie la detenga. Una vez tras la puerta asegurada, que en realidad no sirve de nada, se desviste y se mete a la ducha. Allí pasa varios minutos bajo el agua caliente cavilando todo lo que se habló, lo que se dijo y lo que no. Las lágrimas se mezclan con el agua pero a Bella ya no le importa estar llorando. No recuerda haber discutido antes con Edward. Y aún ahora, cuando se supone que están furiosos el uno con el otro, lo único que ella quiere es salir y buscarlo. Ni siquiera es para arreglar las cosas, ya sabe más o menos lo voluble de su humor y sabe que debe darle más tiempo para calmarse, sólo quiere que la abrace. Qué esté ahí con ella. Nada más.
Pero no es posible. Así que se tiene que conformar con estar sola, otra vez.
Se demora más tiempo de lo normal, se seca completamente a consciencia y examina cada prenda con detenimiento antes de ponérsela. Ha estado casi una hora metida allí y al salir, lo hace con cautela. Pero no era necesario ser tan precavida porque una sola mirada y puede ver que la habitación está vacía. Incluso la puerta está cerrada, lo que quiere decir que nadie entrará a menos que ella los llame personalmente. Pero eso, por el momento, no ocurrirá.
En su mesita de noche hay una bandeja con una taza de té, pan blanco con quesillo y algo de fruta.
Saludable.
Casi espera que el té se encuentre frío, ya que Esme había ido a por la comida mucho antes de que comenzaran a discutir, pero no, la taza humea como si hubiese sido servida hace poco. Quizá así fue. La verdad es que no puede recordar ver a Esme volver con alguna bandeja en medio de la discusión. Aunque lo cierto es que no estaba muy pendiente de ella que digamos. O puede que Alice viera todo lo que pasaría ¿Y por qué ahora es tan importante en qué momento se hizo el endemoniado té?
No le apetece nada comer, se le quitó todo el hambre. Pero sabe que debe hacerlo, ya ha pasado más tiempo del recomendado desde su última comida.
¿Y qué importa si me alimento o no, si sólo soy una esencia?
Claro, puede que no sea tan importante. Pero su cuerpo, esencia o no, sigue respondiendo igual que siempre a los estímulos. Y ahora se siente muy débil por la falta de alimentos, y su estómago duele mucho.
Vale, bien. Comeré. Pero lo vomitaré. No porque quiera, pero como ya ha pasado tanto sin comer, su panza debe estar algo... Delicada.
Se toma su tiempo en masticar, sobre todo porque en realidad no quiere vomitar. Así que se toma casi cuarenta minutos en comer todo.
La habitación está mucho más iluminada, pues el sol ya ha salido por completo, aunque no es como si el mérito fuera de él ya que el día está nublado. Y parece que va a llover.
- Qué novedad.
¿Y ahora qué puede hacer? si ya se duchó, se vistió y ya comió. Y al mirar ahora su habitación se da cuenta que Esme además de haberle dejado comida, también aprovechó de cambiarle las sábanas y ordenar.
Esto está mal piensa parada en medio del cuarto. Es esto lo que termina empeorando todo. No saber en qué ocupar sus pensamientos.
Así que cuando su puerta roja aparece casi a su lado, la atraviesa felizmente.
- Oh gracias. - le murmura.
Aunque cuando está del otro lado, ya no se siente tan aliviada.
- Quizá no escuchaste cuando dije que no pensaba volver - murmura con los dientes apretados. Se da la vuelta con toda la intención de enviarle a su puerta una mirada fulminante, pero esta ha desaparecido.
- ¿Qué...? No puedes haberte ido ahora... - espeta escandalizada, cuando de pronto escucha pasos resonando por el pasillo, y antes de que pueda pensar en algún lugar para esconderse o siquiera prepararse para lo que venga, Edward abre la puerta y entra.
Siente que su mandíbula se descuelga ¿Cómo demonios pudo Edward cruzar su puerta sin que ella lo notara?
Alto, un momento...
Él se ha detenido, y la mira confundido y cauteloso.
- ¿Bella?
Bella asiente. Sí, esa es ella. Pero él es diferente, en sus ojos, en sus facciones. Y todo se hace más claro. No volvió a su realidad. Esta es otra. Pese a saberlo, no puede evitar preguntar.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
Quizá ya la he cagado. Si Edward está allí parado y ha entrado a su habitación como si tal cosa, es obvio que esa Bella y él se conocen. De todas formas olvida sus preocupaciones cuando al mirarlo de arriba a abajo, otra duda asalta su mente - ¿Y por qué luces... Así?
No es que Edward haya cambiado mucho, de hecho, se parece bastante al Edward con el que discutió no hace mucho, pero algo en él es diferente. Su atractivo es diferente, decide Bella luego de examinarlo bien. Sigue siendo muy atractivo, pero su belleza es más... Humana. Ya no es el sol excesivamente brillante que la encandila aturdiéndole la mente, no, es más... No sabe cómo explicarlo. Sólo sabe que ahora puede mirarlo y pensar coherente al mismo tiempo.
Aunque aún sigue exasperantemente guapo. Y más cuando sonríe. Bella no se da cuenta de que si Ed sonríe es porque ella lo ha hecho primero.
- ¿Estás bien? - le pregunta él acercándose lentito, de seguro para no sobresaltarla.
- Confundida, estoy confundida.
- Es normal.
Ante aquella respuesta Bella frunce el ceño. ¿Por qué es normal que ella se sienta así? y entonces vuelve la misma duda de antes.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
Edward detiene los pequeños pasos que había estado dando.
- Vine a verte, como siempre.
- ¿Como siempre?
Edward suspira y Bella se sorprende al ver esos ojos verdes ¡Verdes! inundados en dolor.
- Sí. Sé que para ti debe ser como si esta fuera la primera vez que nos vemos...
Al menos entre este Edward humano y ella, eso es acertado.
- Porque lo es - se le escapa.
-... Pero no es así. - termina él de decir.
- ¿No?
- No, amor.
En eso, otros pasos se escuchan dirigiéndose a la habitación y Bella comienza a entrar en pánico, pero antes de que este pueda manifestarse del todo, Renee entra y se queda estática nada más verlos a ambos parados a un metro escaso de distancia.
- ¿Qué sucede? - pregunta a Edward y luego como si repentinamente se diera cuenta de dónde está Bella, exclama: - ¡Bella, cielo! ¿Estás bien? ¿Por qué estás en pie? - se adelanta y se lanza presurosa a abrazarla. Bella sonríe y le devuelve el abrazo, disfrutando del calor y del aroma que su madre desprende, el cual siempre ha tenido un efecto calmante sobre sus nervios. Lo que es bueno.
Después de algunos segundos su madre se separa y manteniendo las manos en sus hombros se le queda mirando. Bella no se sorprende de ver que en los ojos de ella hay lágrimas. Pronto Renee levanta una mano y con ella acomoda un mechón rebelde de Bella, aprovechando la ocasión para acariciarle la cabeza. Traga saliva y Bella se da cuenta que lo que sea que su madre tenía pensado decir, lo cambia por un:
- Deberías estar descansando.
- No estoy cansada - su respuesta es automática. Renee parece que va a discutirle pero luego de pensarlo mejor decide sonreír y aceptar su palabra.
- Está bien. ¿Tienes hambre? - le pregunta, colocándole un brazo por los hombros le hace caminar pasar salir del cuarto. Al pasar, aprovecha y toma a Edward de la mano para que salga con ellas.
A medida que van bajando Bella mira todo disimuladamente. Son muy pocos los cambios que puede ver a simple vista. Como algunos colores y la posición de ciertos muebles. Llegan a la cocina y Bella automáticamente se sienta en su puesto de siempre, pero luego lo piensa mejor y decide cambiarse a la silla de al lado. Edward se siente al frente, pero Bella no lo mira, si no que sigue a su madre que se mueve por la cocina. Dios, la ha extrañado tanto.
Finalmente, cuando los tres ya están con una deliciosa taza de té frío entre sus manos, con Renee ocupando la silla de la otra cabecera, opuesta al lugar en donde su padre siempre se ha sentado.
- Edward viene a verte todos los días - le informa su madre después de tomar un sorbito de su té.
Qué curiosa manera de comenzar una conversación.
Bella gira la cabeza para mirar al susodicho.
- Pero... ¿Tú no vives en Forks?
El rostro de Edward se ilumina y lo que antes era una pequeña sonrisa ahora se hace gigante.
- Sí, allá vivía. Con mi familia.
- ¿Esme?
- Sí, mi mamá.
- Y Carlisle.
- Sí, mi papá.
- Y ellos son tus padres... Adoptivos.
Edward asiente entusiasmada y vigorosamente.
- Y... Alice - Bella ladea la cabeza y entrecierra los ojos como si temiera cometer alguna estupidez. Ve que Edward se muerde el labio y sus ojos se ven igual a cuando su vampiro está a punto de lanzarse sobre su boca para besarla hasta dejarla sin sentido. Así que se relaja pero sube las cejas y enchueca la mandíbula hacia la izquierda, lo que hace que Edward espabile y suelte una risa ronca y baja. Ahora sus ojos están llenos de puro cariño y... Complicidad.
- Sí, amor. Alice también. ¿Recuerdas quién es con exactitud?
Contesta sin pensarlo demasiado - Tu hermana, también adoptiva. Y Emmett.
- Sí, mi cielo - le dice de forma tan amorosa que Bella no puede evitar sonrojarse - Mis hermanos se pondrán contentos - se dirige a Renee que sonríe, sin embargo, Bella puede notar sus ojos vidriosos.
- Seguramente, sí - le responde con la voz algo quebrada.
Bella los observa a ambos. Y le parece muy curioso, lo felices que se han puesto por el hecho de decirle que recuerda a ciertas personas. A ver, ¿Qué está ocurriendo aquí, que aún no se ha enterado?
Bien, vamos a probar.
Pero antes de hacerlo, duda. ¿Cómo estar segura de que no la va a cagar con alguna de sus preguntas? no sabe qué tan diferente es este lugar de los que conoce.
- Adelante - Edward le sonríe y asiente alentándola. Vaya, al parecer este Edward es tan intuitivo y observador como mi temperamental vampiro. Lo que le hace preguntarse si este también tendrá el mismo genio.
- También... - duda otra vez y prefiere cambiar la pregunta. Debe asegurarse primero. - ¿Alice y Emmett tienen pareja?
Edward frunce el ceño y la mira curioso - Pues, sí.
- ¿Rosalie y Jasper?
- Síp.
- ¿También son tus hermanos adoptivos?
La risa combinada de Edward y Renee le provocan un pequeño sobresalto.
- No, cariño, no. Aunque... Bueno, pasan tanto tiempo en casa que mis padres los ven como si fueran sus hijos. Pero no, Rosalie y Jasper tienen sus propios padres.
Uau, eso acá es diferente. ¿Pero por qué es diferente? se pregunta mirando la mesa contemplativa. Es una revelación saber que tanto los padres de Rosalie y los de Jasper están con vida. ¿Qué más será diferente? ¿Y cómo Edward puede estar sentado frente a ella si se supone que hay casi cien años entre sus nacimientos? ay, ya no puede más con tanta pregunta.
- ¿Por qué se supone que es normal que yo me encuentre confundida? - pregunta de forma abrupta, recordando el casual comentario de Edward en su habitación.
- Bueno... - Edward comienza, pero luego se detiene como si no estuviese seguro de cómo continuar. Renee pone su mano sobre la de él, y le da un pequeño apretón para tranquilizarlo, al mismo tiempo que gira el rostro para mirar a Bella.
- Hace un año, sufriste un accidente. - le dice para luego tomar un hondo respiro. Baja la mirada como si no pudiera soportar ver la expresión de pasmo en la cara de Bella - Regresabas a casa - le relata y sus ojos avellana se desenfocan ligeramente al estar viendo hacia el pasado - Era muy tarde. Y el conductor del bus en el que ibas no se sentía prudente esa noche - su madre traga saliva de forma audible. Vuelve a respirar profundo - En una de las vueltas, no redujo la velocidad provocando que el bus volcara. Te golpeaste la cabeza y estuviste en coma por dos meses. - las lágrimas que su madre había estado conteniendo corren ahora libremente por su rostro. Pero su voz sigue siendo firme - Despertaste. Y no sabes lo feliz y aliviada, que el ver tus preciosos ojitos abiertos y mirándome, me hizo sentir. Pero luego... Tú... - Renee traga de nuevo - No nos reconociste - su voz se quiebra al menos tres veces al decir aquellas palabras.
Bella se medio desploma sobre la silla, pero alarga la mano y toma la que Renee tiene libre. Desea poder consolar a su madre, quitarle ese dolor . Parece que no importa donde esté, siempre sus padres terminan pasándolo mal por su culpa.
- ¿Perdí la memoria?
- Lo hiciste - responde Edward que aunque tembloroso, se encuentra algo más repuesto - Durante el siguiente mes te contamos todo cuando pudimos sobre tu vida, pero después...
- ¿Después qué?
- Una mañana despertaste y ya no volviste a recordar nada. Aunque eso no es completamente exacto. Sí recordaste a tu madre y a tu padre, y a algunos amigos de tu infancia. Pero no te acordabas de lo que habías hecho el año anterior, como tu trabajo y las nuevas amistades.
- ¿Y a ti?
Edward la mira por algunos segundos más antes de responder.
- No.
Bella lo contempla, y sólo puede intuir cuán doloroso debió ser todo eso para él. Y me sorprende que aún siga aquí con ella, si ha tenido que pasar un infierno.
- Lo lamento, Ed.
Edward medio sonríe y niega con suavidad. En sus ojos hay ternura. - No te disculpes. Nada de lo que pasó fue culpa tuya.
- ¿Qué pasó después de mi nueva pérdida de memoria?
- Te pusimos al tanto de los acontecimientos más recientes e importantes. Pasamos el cuarto mes desde el accidente, temiendo que en cualquier momento volvieras a perder todo. Y pasamos al quinto y al sexto y nuestra esperanza creció cada día más al ver que seguías reteniendo la información. Pensamos que.. Estabas sanando.
- ¿Y entonces?
- Entonces alcanzamos el séptimo mes y de nuevo perdiste todo. Lo del año anterior y los meses que habían pasado. Y repetimos el proceso.
- ¿Cuánto tiempo dijeron que ha pasado desde el accidente? - pregunta Bella sintiendo la incertidumbre comenzar a invadirla.
- Un año.
- O sea que, contando el mes siguiente después de despertar, he perdido la memoria cuatro veces.
- Sí.
- ¿Cuándo fue...?
- Antes de ayer - contesta Edward sin vacilación.
- Por lo tanto, ahora comienza un nuevo período de acumulación de recuerdos y en tres meses más, volveré al principio.
- Sí - tanto Edward como Renee responder al unísono.
- Mierda. ¿Cómo es que siguen aún aquí? - les pregunta, casi intimidada. Ellos la miran extrañados.
- ¿Cómo que por qué? soy tu madre ¿Dónde más debería estar? - le pregunta Renee ligeramente ofendida.
- Y yo soy tu novio; por si te quedaba alguna duda. Y tampoco pienso irme a ningún lado. No me importa que hayas olvidado todos nuestros momentos, eso no cambia el hecho de que seguimos juntos. - Edward le da una mirada decidida, luciendo tan terco como siempre.
- Mmm ¿Y papá?
Mejor cambiar de tema.
- Debería estar por llegar - su madre mira el reloj pensativa. Se levanta sin importar que aún no ha acabado su té y les dice - Esperen chicos. Lo llamaré para preguntarle qué lo entretiene tanto. ¡Debería haber llegado hace cinco minutos! - y sale disparada de la cocina murmurando entre dientes. Bella sigue con la mirada hasta que desaparece.
- Qué controladora - ríe encantada. Hace tanto tiempo que no veía algo como eso.
- Oh sí - afirma Edward llamando su atención.
Oh cielos. Renee los ha dejado solos ¿Y ahora de qué carajos van a hablar? si se supone que lo ha olvidado, y que poco y nada sabe de él. Oh mierda. Y ahora sabe que ha metido la pata. Les ha dado falsas esperanzas. Porque hace dos día que esta Bella perdió la memoria nuevamente y ahora pareciera que recuerda ciertas cosas, cuando en realidad no es así. Oh, va a ser un golpe duro cuando tenga que irse y vuelva la otra con el lienzo vacío.
Mieeeerda.
- Siempre luces esa expresión cada vez que nos quedamos solos después de enterarte de quien soy. - le murmura recostando la espalda ligeramente sobre la silla. - Hace que me pregunte qué es lo que estás pensando.
Qué curioso, dudo mucho que las otras Bellas hayan estado pensando en cómo no meter la pata con la información que manejan.
- ¿Nunca te he respondido?
- No.
- Porque nunca has preguntado.
- Todas las veces lo he hecho. Y en ninguna ocasión has querido decirme. Ni siquiera cuando he aplicado mis métodos de tortura contigo.
Oh.
- ¿Tú y yo nos hemos acostado? - le pregunta de sopetón. La sorpresa reluce en los ojos de Edward por un segundo antes de que la travesura lo domine. El muy condenado está encantado.
- ¿Tú qué crees? - inquiere con un guiño.
¡Con un guiño! ¡Oh. Santa. Madre! Quizá este Edward no la pueda aturdir con belleza sobrehumana, pero a falta de eso se las ha arreglado para poder hacerlo con su coquetería. Más que eso, se ve... Seductor.
Y diablos, funciona.
La mente de Bella queda en blanco y lo único en lo que puede enfocarse es en esos ojos ardientes y esa boca sabrosa que está formando su sonrisa favorita.
El corazón se le dispara y su respiración se convierte en pequeños jadeos. ¿Podría aprovecharse de la situación? No es como si estuviese engañando a su vampiro ¿O sí? Pues es Edward.
- Yo creo... Que sí. - le responde sintiendo sus mejillas calientes.
- Mmm - Edward parece ronronear. Luego le da un asentimiento y ladea la cabeza, contemplándola de forma más... Amorosa y no tan... Ardorosa. - Generalmente tardas un poco más en reaccionar a mí. - le hace notar. Y Bella se golpea mentalmente. ¡Que se supone que lo vienes recién conociendo, demonios! pero a pesar de saber que debería medirse más y no tratarlo con tanta familiaridad, no puede evitar reírse. La verdad es que no puede creer que esté teniendo esta conversación precisamente con él. Edward el humano, al que sólo lleva conociendo por un casi una hora.
- Pues, si quieres puedo fingir que no me causas nada - sugiere encogiendo los hombros indolente. Edward sonríe y entreabre la boca, coloca la lengua justo en el borde antes de pasarla por su labio inferior llevándoselo hacia dentro para poder morderlo. Le mira con los ojos entrecerrados, juguetones.
- Suerte con eso, mi amor. Fingir es lo único que no puedes hacer en mi presencia. - sus ojos verdes brillan y otra vez sonríe de medio lado.
Es un bombón, y el muy desgraciado lo sabe. Bella se sorprende soltando una risita. Esto le encanta. Coquetear y juguetear con él. Es revitalizante de un modo extraño. Porque a pesar de todo ese juego de seducción, en lo profundo de sus expresivos ojos sigue viendo el mismo amor y complicidad, y una confianza de camaradería. Sí, a parte de una pareja unida, Bella puede adivinar lo buenos amigos que son.
- Mmm - ella le devuelve el sonido pero esta vez como un gemidito - Qué osadía - le regaña sonriendo.
- ¿Por qué lo piensas? - le pregunta enderezando la postura para poder inclinarse sobre la mesa. Y así están mucho más cerca y sus profundos y desconcertantes ojos le penetran hasta el alma. Trata de que el estremecimiento pase desapercibido, pero sabe que no lo ha logrado porque la sonrisa de él se agranda en satisfacción.
- Porque para mí, tú y yo nos estamos recién conociendo - le responde, y eso es cierto. Es como conocer a Edward de nuevo, pero sin saber de qué forma va a reaccionar ante cada cosa. - Y quizá - dice despreocupadamente girándose en la silla para cruzar las piernas, apoya su costado izquierdo en el respaldo de la silla, cruza sobre su cintura su brazo izquierdo para poder apoyar el codo derecho y mirarse las uñas, como si fuese lo más interesante de la habitación. Edward se inclina un poco más. - Decida que eres un atrevido.
- ¿Un atrevido? - repite él inclinándose aún más sobre la mesa. - ¿Y eso es malo?
Bella finge pensárselo y hace como si no se da cuenta que él se va acercando más y más. - Bueno, tu descaro me hace gracia, así que puede que no.
- Así que mi descaro te divierte - Edward ya esta con el estómago completamente apoyado sobre la mesa y con las manos en los bordes, se impulsa mas cerca de Bella obligándola a retroceder un poco, claro que no es mucho lo que puede moverse si ya está pegada a la silla.
- Ajá. - susurra sin poder despegar la mirada de esos ojos.
- Qué osadía - le devuelve él y antes de que Bella diga su línea él prosigue - Porque yo a ti, te conozco desde hace mucho, y en todas las formas que te puedas imaginar - Ahora sus labios están a casi diez centímetros de distancia - Y quizá - le imita hasta en la entonación de la voz - Decida mandar mi caballerosidad al demonio.
Bella entrecierra los ojos - Eres un fresco.
- Y tú mi bandida.
- Oportunista.
- Golosa.
- ¡Ah! - Bella exclama y le mira con indignación, él sonríe con diablura - ¡Mendrugo!
Eso le arranca a él una risotada. - Gatita.
Ya sólo quedan unos cuándos centímetros más...
- Presumido.
Y se acerca mucho más y ya sólo hay tiempo para unas cuantas palabras - Mi preciosa nena respondona - y entonces la besa. Y Bella no espera sentir, bueno, aquella emoción. Aquellos labios son muy diferentes a los que ya está acostumbrada. Son cálidos, blanditos como los suyos, que se amoldan con mucha más facilidad siguiendo cualquier momento. Y el aliento caliente entrando en su boca le sorprende y le derrite. Y sabe tan bien. Bella gime y le responde el beso enterrando las manos en ese cabello suave y alborotado que ama despeinar más. Y este Edward emite el mismo gemido necesitado que su vampiro suelta cuando ella hace eso. - Mi dulce, dulce nena - le susurra él para luego volver a besar sus labios.
- No soy tu nena - le discute ella pero abre la boca de nuevo dejando que él tome todo lo que quiera. Las manos de él se posan en su cintura por unos segundos antes de desviarse hacia su espalda para acariciarla por encima de la ropa. Bella se distrae con eso pero Edward la trae de regreso de inmediato mordiéndole el labio inferior.
¡Cielos! Ambos se han prendido como fuegos artificiales, y si no se encontraran en casa de sus padres, Bella sabe con seguridad que hubiese ardido con, junto, debajo y sobre él.
Pero no. Se encuentran en casa de sus padres, y son estos mismos quienes se los hacen notar.
- ¡Ejeeem! - el ruidoso y largo carraspeo logra lo que ni un terremoto hubiese podido hacer. Ambos se separan y Edward se levanta de la mesa tan rápido que pierde el equilibrio y cae de culo sobre la silla que antes ocupaba Renee.
Los dos respiran agitado y sus mejillas destacan por la fiebre. Bella mira a su padre con la boca abierta por el susto y la impresión.
Charlie Swan jamás ha visto a su pequeña e inocente niña besar y ser besada de esa manera. Y aunque luce serio y algo enfadado, el trasfondo de sus ojos denota diversión. ¿Cómo es eso posible?
Bella se da patadas mentalmente. Debe recordar que este Charlie no es su Charlie. Este hombre sí la ha visto ser cariñosa con Edward. Quizá hasta nos ha visto pasear de la mano, o acurrucarnos en el sofá en lo más crudo del infierno, aprovechando cada oportunidad para tocarnos.
- Y-yo... Estaba... Recordándole a su hija un par de cosas. - Edward balbucea y Bella le mira burlonamente con una ceja levantada. ¿En serio? le pregunta con los ojos y Edward la mira de reojo reprimiendo una sonrisa.
Charlie gruñe y se sienta. Renee revolotea alrededor y cuando Bella se topa con su mirada, su madre le sonríe.
- Así que le recordabas un par de cosas. Mmm - cabecea un par de veces - Querida.
- ¿Sí, amor?
- No sabía que nuestra hija también había olvidado mover la lengua y respirar. Porque eso no era un beso, para mi era respiración boca a boca.
- ¡Papá! - exclama Bella tapándose la cara por la vergüenza. Charlie se ríe y se levanta con los brazos abiertos. Bella corre hacia él para abrazarlo. Oh, su olor es el mismo. Respira profundamente con la cara enterrada en su pecho. Su padre la estrecha apretadamente antes de soltarla. Se inclina y le besa la mejilla con cariño. - Ah ah - le dice a Edward para detenerlo ya que se estaba acercando. - Prefiero que me saludes de allí, muchas gracias.
- Oh vamos, jefe. No sea rencoroso - le pide Edward con todo el nerviosismo anterior ya olvidado. Ahora es todo sonrisas encantadoras.
Charlie ríe y se sienta en la cabecera de la mesa, Bella ocupa su lugar de siempre esta vez, a su lado derecho, y Edward camina y ocupa la silla que antes estaba ocupando ella, a su lado.
- No gracias. Puedo parecer duro e invencible como un zorro, pero ya tengo cuarenta y siete años, jovencito - ahora tanto la voz como la expresión de Charlie se han suavizado por completo. Se hablan el uno al otro con confianza, con mucha confianza.
Edward suelta una carcajada, y la toma de la mano de forma inconsciente. Bella mira sus pieles tocándose y afianza el agarre, preguntándose ¿Cómo debió ser para él cuando las otras Bellas que realmente creían estar viéndolo por primera vez, le hayan rechazado o huido de sus avances?
Edward le da un cariñoso apretón a su mano haciendo que le mire. Ahí esta otra vez, esa mirada enamorada, que es un reflejo de la suya. Lo sabe. Ama a Edward en todas sus formas, en todas las naturalezas que puedan existir, y con todas las personalidades habidas y por haber.
Simplemente le ama. No hay más cuestionamientos.
- La verdad, jefe. Yo creo que usted aún puede aguantar un poco más - le dice, siguiendo con la charla. Charlie resopla y agradece a Renee cuando ella le pone un plato de sabrosa y caliente comida en frente. Menos mal que Edward había tenido el tino de correr tanto la taza de Renee como la de ambos hacia el centro de la mesa, si no, ahora los dos estarían limpiando el desastre.
- ¿Por qué papá no quiere que lo saludes? - interrumpe preguntando a Edward directamente. El chico sonríe con toda su cara iluminándose como arbolito de navidad. Es... Tierno.
- Porque me tecleó - responde Charlie con un gruñido exasperado llenándose la boca de papas. Bella lo mira con la boca abierta y luego a Edward.
- ¡¿Qué?! ¿Por qué hiciste eso? - le pregunta sin poder evitar sonreír al imaginarlo. Edward vuelve a reír, seguramente al recordarlo.
- Sólo estaba probando mi punto. Nosotros estábamos jugando un día en el sofá, tranquila - le dice arrugando la nariz pero sonriendo - No era esa clase juego, ese no era tan salvaje.
- ¡Edward! - tanto Renee como Charlie exclaman escandalizados. Bella ríe sabiendo que él buscaba eso exactamente. Y su rostro travieso se lo confirma.
- Bueno, bueno. Como decía, estábamos jugando y tu padre llegó en el justo momento en donde me tenías contra las cuerdas. Y entonces dijo que yo era un debilucho y que sentía que estaba fallando como padre al dejar a su pequeña con un blandengue. Por lo que para demostrarle que estaba equivocado, te tomé en brazos para dejarte derecha sobre el sofá, me levanté y... ¡Me le aventé! - narra moviendo la mano imitando el movimiento de su cuerpo en ese momento. Bella se ríe una vez más. - Y entonces ahí supimos quién era el debilucho.
- Estaba cansado. Venía recién llegando del trabajo. ¿Qué esperabas? además, tú no estás lo que se dice delgado. Caí al suelo como un saco de papas con este mocoso insolente aún encima de mí, golpeando el piso y gritando la cuenta regresiva como un loco.
Y Bella ríe a carcajadas. Sabe que en ese momento aquella Bella debió reír hasta llorar.
- Oh Dios mío - Bella se acaricia el estómago para calmar los calambres que le dan por reír tan fuerte. Edward levanta la mano y le acuna la mejilla izquierda secándole un par de lágrimas con el pulgar.
Él la ha observado en todo momento y ahora luce tan maravillado que Bella no puede más que apoyar el mentón en el hombro de él y dejar que la siga mirando.
- Amo tu risa - le dice en un susurro arrebolado. Bella sonríe y cierra los ojos. Sabe que no queda mucho tiempo para que se vaya, no es sano ni para ella ni para los demás que se quede mucho tiempo. Y se sorprende sintiendo dolor ante su propia partida. Aquella no es su vida, debe recordar eso. Este Edward no le pertenece. Tiene que dejarlo ir.
Se irá durante la noche, decide, mirando y disfrutando la interacción de su familia. Le hubiese encantado que su padre conociera a su vampiro, y que la relación de suegro y yerno fuera parecida a esta. Pero eso es difícil, peor aún, imposible.
Aparta aquellos pensamiento de su mente, determinada a disfrutar de este pequeño momento robado. Sabe que con su partida no sólo sufrirá ella. La otra Bella, la verdadera dueña de este cuerpo, volverá y ninguno de estos momentos compartidos estarán en su cabeza. Lo cual es muy triste. Pero no puede quedarse pegada aquí, pensando en las consecuencias de su aparición en este lado. Su vida, la que le pertenece, le llama. Y Bella simplemente no puede ignorarlo. Ama tanto a su Edward vampiro tanto como a este humano, si no es que más.
Debe volver con él.
Edward se tiene que ir a su casa. Ya son casi las diez y son como veinte minutos para llegar allá. Así que Bella sale con él para despedirse. Sólo que su despedida no significa para ella lo mismo que para Edward. Ella no le volverá a ver, y él está convencido de que seguirá conviviendo un poco más de tiempo con esta versión de su Bella.
- Ey, amor. ¿Qué tienes? - le pregunta preocupado tomándola de las mejillas para poder mirarla a los ojos. Puede que algo de su tristeza se haya visto reflejado en su cara.
Mierda, tiene que controlarse.
- Ed ¿Cuánto tiempo te toma lograr que estos labios pronuncien las palabras "Te amo"?
Si a Edward la pregunta le parece extraña, se lo guarda para sí.
- Casi dos meses. Te veo todos los días e intento... Bueno, demostrarte mi cariño tanto como puedo.
- ¿Te he rechazado alguna vez?
- Siempre lo has hecho. No bromeaba cuando te dije que me sorprendía tu rápida aceptación. Construyes muros a tu alrededor y me toma de dos a tres semanas vencer tu resistencia, que es muy fuerte. Desconfías al principio, pero luego... - Ed niega y se encoge de hombros como si en realidad no tuviera las palabras para explicarlo... - Te rindes a mí. A nuestro amor.
Dios, tiene que ser fuerte. Las lágrimas de emoción se desbordan mojando los dedos de Ed que frunce el ceño ahora más preocupado.
- No te inquietes, Ed. Me siento conmovida y... Muy amada. Eres una muy buena persona, y espero... Espero realmente estar a tu altura.
- ¿Por qué hablas así? - le pregunta él de pronto mirándola con sospecha. Bella sonríe y solloza al mismo tiempo.
- Sólo quiero que sepas que te amo. Que lo siento aquí dentro - Bella se toca el pecho donde está su corazón y Ed abre los ojos como platos sintiendo la humedad aumentar de golpe en ellos. - Puede que lo haya olvidado algunas veces, pero incluso en esos momentos... Debes saber... Que te amo. Te amo muchísimo. Y te pido perdón por todas esas veces que te rechacé, que aparté tu mano o haya esquivado algún beso. Te pido perdón por adelantado, por todas las veces que vienen en donde lo haré de nuevo. Quiero que estés completamente seguro que no importa dónde esté o lo que esté haciendo, yo te estoy amando.
Finalmente las emociones lo superan, y aunque no quiere llorar frente a ella, no puede refrenar las lágrimas que ahora escapan de sus ojos.
- Yo también te amo. Te amo tanto que no me importa cuantas veces intentes apartarme de tu lado. Es tan fuerte e intenso lo que siento por ti que, el sólo hecho de pensar en no verte más, me desgarra por dentro - sus palabras suenan tan rotas, sin embargo, Bella sabe que le está dando un pequeño alivio y las fuerzas para seguir luchando. - Eres mi mundo. Eres lo que le da sentido a mi vida. - junta sus frentes y cierra los ojos. Bella simplemente no puede apartar la mirada de él.
- Sólo... Te pido que por favor no te rindas tú. No desistas aunque parezca que la situación es irremediable. - Bella espera que Edward abra los ojos para decir lo siguiente - No olvides tú, cuándo te necesito, cuánto te amo y cuánto deseo estar contigo. ¿Puedes hacer eso por mí? ¿Lo recordarás?
- Sí, sí lo recordaré - le jura y entonces Edward elimina el espacio entre ellos y la besa y la abraza con toda la entrega que es capaz de dar. El beso es incluso más cargado que el primero que se dieron, porque a parte de todas las emociones ya antes presentes, este contiene promesas, perdón, pena, pasión y un inconmensurable e incondicional amor. Sabe a despedida y ambos lo sienten.
Al separarse, Edward se queja como si el dejar de tocarla le provocara dolor físico.
- No sufras, Ed. - le pide en voz baja - Soy tu nena, y no pienso irme a ningún lado.
Y es cierto, su Bella volverá en cuanto ella traspase su puerta roja para regresar a casa.
Edward sonríe y deja un tierno beso en su nariz - Lo sé, cariño. Eres mi cielo, mi bebé, mi amor. Eres mi todo. - disfruta de sus besos un poco más, le abraza fuerte por última vez y entonces le suelta.
Y es definitivo, y el dolor le cala hasta lo más hondo, porque siente como si realmente se estuviera separando de su amor. Cuando lo que hará es regresar a él.
- Te veré mañana - se despide él con una pequeña sonrisa. Bella asiente.
- Sí que lo harás.
Él le verá a ella, eso sí es seguro. Sólo espero que esta Bella no le haga sufrir tanto en la espera. Edward camina hasta su auto, lo rodea y se detiene justo frente a la puerta del piloto. Levanta la cabeza y le mira con una nueva determinación, una que le deja tranquila.
- Te amo, cielo.
- Yo también te amo. Maneja con cuidado - que raro se siente pronunciar esas palabras. Porque su vampiro, aunque sufriera el peor de los accidentes automovilísticos, saldría ileso. Es más, ni siquiera tendría que pasar por eso, pues con su velocidad escaparía del auto mucho antes.
Pero este Edward es igual de frágil como ella, así que no está demás recordárselo.
Ed asiente y finalmente se mete al auto, lo enciende y en menos tiempo del que le hubiese gustado parte y se pierde calle abajo.
Entra a la casa suspirando cabizbaja.
- ¿Por qué esa cara triste, amor? - le pregunta su madre y al levantar la cabeza la ve siendo abrazada por Charlie que también la observa intrigado.
- Lo voy a extrañar.
- Pero cariño, si lo vas a ver mañana - le dice su madre sonriéndole amorosamente.
Y Bella se percata de que ahora también debe despedirse de ellos.
Mierda, esto terminará conmigo.
No dice nada y es que no hace falta. Camina hacia ellos y se funden en un abrazo familiar que Bella hace durar por minutos.
- Me iré a acostar. Te amo, mamá - besa a su madre en la mejilla tratando de volcar en ese beso todo lo que siente por ella.
- Te amo, cielo.
- A ti también te amo papá, aunque seas un debilucho. - su padre gruñe algo parecido a "Me las pagará ese mocoso" pero sonríe y acepta su beso de buena gana.
- También te amo, cariño.
Y entonces Bella sube las escaleras y se obliga a no voltear para mirarlos, porque sabe que en ese momento se derrumbará.
Al llegar a su habitación y cerrar la puerta, no puede controlar sus emociones al observar todas aquellas cosas que parecen suyas, pero no lo son. Y ahí está la puerta roja, esperando por ella.
- Antes debo hacer algo - le dice ya sin poder sacarse de encima la molesta costumbre de hablarle a los objetos inanimados. Presurosa busca un lápiz y un cuaderno, y pasa las siguientes dos horas escribiéndole a su otro yo. Le cuenta lo que ha pasado esta noche, y lo de hace un año y sobre Edward. Lo maravillosa persona que és y cuánto la ama. Le aconseja bajar sus muros, como Ed les dice, un poquito antes, pero que no se entregue así sin más, porque él espera resistencia, y no eso no le hace nada de mal. Sólo le hace desear y luchar con más fuerza para conseguir eso que más quiere, que es a ella. Y sobre todo, le aconseja escribirse a sí misma una carta cada tres meses contándose todos aquellos buenos momentos recientes y los sentimientos que su travieso novio ha logrado despertar.
Y ya está. Eso es todo lo que puede hacer por sí misma. Pero sabe de algún modo que eso será suficiente. Deja el sobre en la mesita de noche en donde se puede ver un "LÉEME" en letras gigantes y una flechita más abajo indicando que al reverso hay otro mensaje "Guárdame debajo de tu cama, en la tierra"
- Ella entenderá. Parece que no es sólo cosa mía destrozar el piso buscando escondites.
Al terminar, camina hacia su puerta que se abre sola y regresa a casa.
...
Sabe que ha hecho bien, pero el dolor es difícil de manejar. Sabe que podría haberse quedado, usurpando el lugar que no le pertenece. Pero hubiese sido feliz igual.
Dejar ir aquello que más queremos es realmente un gran reto.
Ya no le importa que Edward esté enfadado con ella. Sale de la habitación y va en su busca dispuesta a todo con tal de arreglar las cosas con él. Lo encuentra en la sala, sentado en un sofá haciendo como que ve la tele.
Le está ignorando y eso hace que recuerde la carita emocionada de su humano prometiéndole estar allí para ella siempre.
Eso le arranca un gemido y cuando Edward huele su angustia es cuando deja de fingir que no le importa. Bella camina hacia él y se sienta sobre sus piernas abrazándose a su cuello.
- Lo siento, Ed. Lo siento - le dice con su cuerpo temblándole por entero - Por favor no me ignores, no me dejes, por favor. Soy patética, soy llorona y te estoy destrozando la vida, yo lo sé. Pero por favor no me dejes, por favor, por favor.
Él la abraza fuerte contra su pecho sintiéndose arrepentido de muchas cosas. No de tenerla en su vida, si no de no poder encontrar la manera de hacer que deje de sufrir. ¿Por qué se han estado haciendo daño mutuamente? La verdad no lo entiende.
Lo único que sabe es que su lamento y escucharla suplicar está destrozando su corazón muerto. ¿Quién demonios es él? ¿Qué mierda se cree que tiene que esperar que ella esté en este estado de sufrimiento para darse cuenta de que también la ha fregado? se reprocha a sí mismo.
- También lo siento, mi amor. Lo lamento. - murmura besándole las mejillas empapadas sabiendo que nada es suficiente cuando se trata de pedir perdón. Le acuna el rostro y la besa repetidas veces, esperando que se tranquilice lo suficiente para poder hablar.
Dios, es tan doloroso cuando ella está así. Y ahora es su culpa.
Hablan, hablan y hablan. De sus sentimientos, que ya eran claros el uno para el otro, ahora lo es mucho más.
Van a separar las cosas, porque el amor que sienten no está en discusión si no lo que deberían hacer respecto a su salud tanto mental como físico.
Otra vez están reunidos y mientras ellos hablan Bella se encuentra comiendo su almuerzo.
Debería estar allí, piensa. Pero luego decide que mejor no. No tiene ganas de comenzar otra pelea porque sus pensamientos chocan con los de que alguien más.
-Bien, está decidido - murmura Carlisle más cerca de la mesa. La está mirando pero Bella sólo estrecha los ojos y sigue comiendo. - La verdad es nunca hubo mucho que discutir. Eres parte de esta familia. Por lo que te ayudaremos y esteremos contigo así estés aquí o en el bosque.
Bella asiente y le da una mirada agradecida, pero luego levanta el tenedor a la altura de sus ojos y lo observa por algunos segundos - ¿Has pensado en el desgaste emocional que les va a provocar el contenerme en cada crisis? Sé que no siempre va a ser más de lo mismo.
- ¿Y qué sugieres que hagamos? - pregunta Jasper desde la otra punta de la habitación, parece verdaderamente curioso por su respuesta.
- Pues... - Bella lo piensa y rueda los ojos. Es una idea estúpida y hasta ella lo sabe. - ¿Ustedes tienen sótano, verdad?
- ¡Absolutamente no! - exclama Edward con rotundidad. Bella levanta las manos de inmediato.
- Bien, bien. Era una idea, Ed. Una tonta y desesperada idea. Pero no hay porqué tomarla en cuenta.
Edward la mira con los ojos entrecerrados por un momento pero luego su expresión se suaviza y asiente, calmándose.
Cielos, qué fragilidad, piensa Bella apurando los restos de su comida.
...
- Uh oh - está en la sala, sentada a lo indio en la esquina más alejada de la escalera. Sus manos se entierran en su cabello masajeando un poco. Siente que la cabeza le va a estallar.
Sólo una obsesión...
- En estado de quiebra - susurra. Ya no puede evitarlo. Las voces gritan y le provocan dolor. Ha estado ignorándolas y se han enfadado por ello. Intentó soportarlo, pero ya no puede así que se alejó y aunque puede sentir todos aquellos ojos dorados sobre ella, no puede parar.
Es el dolor... Lo pediste... Lo hizo, lo hiciste...
- No lo hice.
Baja las manos porque agarrarse la cabeza no funciona, así que inclina la cabeza hacia atrás apoyándola en la pared. Respira por la nariz y lo suelta por la boca. Mira hacia el techo, deseando que las punzadas desaparecieran.
- Pero no lo hacen... Como... Contracciones.
... Lo que necesitas es (Dolor) satisfacción enferma... Él puede traerlo (Quizá no)
- Las mentes están jodidas, claro que no puede. - contradice, apretando los dientes cuando el dolor se intensifica.
¿Quieren callarse? (Estoy dormida)
Estás muerta.
- ¡No lo entiendo! - exclama jadeante. Las palabras se mezclan por las voces que hablan todas al mismo tiempo.
Estúpidaaaa. Mátalo. Vaaaamos. ¡Hazlo! Hay uno, dos, tres , cuatro, cinco... Los quiero (No) comer...
- Por favor.
¿Por favor, qué?
Quiere morir.
El dolor aumenta tanto tanto tanto, y Bella se lo imagina como un elástico que se estira hasta lo imposible, y entonces se corta...
... Y las punzadas se esfuman y saborea el alivio dejándose caer sobre el suelo. Su respiración es agitada, pero al menos ya se terminó.
- Por ahora.
...
Hay un pilar. Las formas de las cosas son extrañas. Se mueven en espiral, algunas partes son rápidas y otras son más lentas.
Cada superficie está bañado en caramelo. Ve las gotas del líquido cayendo por las paredes hasta formar charcos en las orillas del suelo.
- ¿Qué más averiguaste? - llega la voz de Carlisle desde el despacho. Es suave...
- No mucho más que lo que ya teníamos. Sólo que comprobamos que sus padres aquí han decido seguir otro camino al no tenerla... Profesionalmente hablando. Su madre es asistente social y su padre abogado. El no tenerla en sus vidas, los ha convertido en personas frías y un tanto superficiales.
- ¿No sabes si volvieron a intentarlo?
- Claro que siguieron, hasta que Renee se sometió a una histerectomía, hace casi cuatro años.
Carlisle suspira - Eso es triste.
- Ella no tiene porqué saberlo - por la entonación de la voz de Edward da la impresión de que se ha encogido de hombros.
Ella ya lo ha escuchado todo, pero no hay problema porque ya lo ha olvidado, como la mayoría de las cosas.
...
Un paseo por el jardín, sintiendo sus miradas otra vez.
Da vueltas y da vueltas y ahora puede verlas. Las pequeñas esferas que brillan y danzan. Bella intenta tomarlas.
- Puede que estés en una de estas - dice, pensando en Kris. Pero las pelotitas de colores son escurridizas y no le permiten acercarse. Una pasa cerca de su oreja y Bella cree haber escucha la palabra "vete"
- No quiero ir a casa - murmura mirándolas e intentando averiguar cual de todas le ha dicho aquello.
Te recordaré el dolor constantemente.
- Ya lo sé, déjame en paz - le espeta a su cabeza, enojada. Ni siquiera en momentos como esos se pueden callar. - Quizá con una cinta. ¿Ed tendrá cinta? le voy a preguntar.
Pero se queda allí y da otro par de vueltas y cuando vuelve dentro su mirada se esclarece.
Parpadea.
- Creo que ya pasó. - les informa con un suspiro.
Pero no es cierto. Y aprenderán a no confiar en lo que diga. Treinta minutos más tarde la pierden de vista y es que no saben cómo, pero se ha vuelto muy silenciosa. Aún ellos con su mejorada audición tienen problemas para escucharla desplazarse por la casa. Sospechan que su puerta tiene algo que ver con eso.
Al buscarla, no es menor la sorpresa de Emmett, que es quien la encuentra esta vez, cuando al revisar el despacho de Carlisle, ve a Bella acurrucada debajo del escritorio de caoba, dormida y con una cinta dando varias veces la vuelta a su cabeza tapándole la boca.
- ¡Demonios!
Muy bien empleado.
Por lo que ahora, ante cualquier episodio por pequeño e inofensivo que sea, prestan atención a cualquier cosa que ella diga. Pero luego no hay modo de explicarle porqué ya no hay tenedores en la cocina, o porqué ninguno de sus zapatos tiene los cordones.
...
Una blanda superficie sostiene su cuerpo desde abajo, y una franja naranja le encandila los ojos desde la derecha.
Las voces son lejanas, y hablan con la seguridad que da el saber que no están siendo escuchadas, pero ¿Es eso cierto? sus orejas responden que no.
- No podemos decirle esto - discute la voz de Edward. Suena airado. Suena hermoso.
- ¿Y por qué no? ¿Qué hay de malo con ello? - Rose, Rose, Rose, ¿Cuándo aprenderás a no meter tu naricita en donde no debes?
- Porque el saber que ese desgraciado había dejado de existir fue el impulso que necesitó para superar sus miedos, y no voy a arriesgarla a este dolor innecesario. Que ese maldito aquí siga con vida, no tiene nada que ver con Bella. Pero sé que ella no lo verá de esa manera.
- Está cumpliendo cadena perpetua por un doble asesinato, no significa ningún peligro para ella.
- Bella encontrará la manera de que sí lo tenga.
- Verónica no fue nada para ella. - gruñe Rose. ¿Por qué sigue discutiendo?
- Rachel lo fue.
- No la de esta realidad.
- ¡Eso no me importa! - Ed estalla por fin. Ya se estaba tardando. - La televisión, el internet, la radio y cualquier otra cosa que pueda emitir noticias estarán desconectados por las próximas dos semanas o hasta que estemos seguros de que ya no se hable más de él - dictamina sin dejar lugar para más discusiones. Aunque Rose, molesta porque ya no podrá hacer sus compras semanas como siempre por internet, aún tiene la audacia de gruñir por lo bajo.
- Tantas molestias que nos tomamos por esto, ¿Y qué ganamos? gritos, pataletas y quebraderos de cabeza.
- Rosalie - esta vez quien interviene es Carlisle. Su voz está llena de reproche, y una pequeña tonalidad gris de decepción - Ya lo hemos hablado. Bella es parte de esta familia, y como tal debemos asegurarnos de que se encuentre bien en cualquier aspecto. Y como están las cosas, no se necesita que nadie haga las cosas más difíciles.
- Yo no te he pedido que te quedes cuando empiezan los gritos, pataletas y quebraderos de cabeza. En menos de cinco segundos puedes estar al otro lado del bosque y seguir fingiendo ser la Barbie de hielo. Sólo te digo, que espero que nunca estés en mis zapatos y tengas que mendigar ayuda para la persona que más amas. - Ed está herido. Barbie estúpida. Sale de la habitación, sus pasos se alejan al igual que su respiración acelerada.
Huele a desesperación. A pena. El ácido y crudo dolor quema las fosas nasales, y el amargo arrepentimiento adormece la lengua.
Ya lo sabe, pero da igual, ya lo...
...
La situación empeora y empeora. Y las discusiones sin sentido pasan a ser algo cotidiano. Nadie le discute nada y dejan que ella grite, que llore, que rompa todo lo que quiera y no intervienen mientras no se haga daño. Y mientras, se preocupan de buscar y deshacerse de cualquier cosa que ella pueda usar como arma contra ella misma. Ya no hay acceso a ningún tipo de cubierto en la cocina, los estantes permanecen cerrados con llave y si Bella está allí se aseguran de estar lo más cerca posible para detenerla en caso de cualquier cosa rara. Ya no hay cintas ni cualquier tipo de pegamento, sobre todo porque en una ocasión pillaron a Bella en el sótano peleándose mi mente no funciona ahora con un tarro de cola fría. Y cuando se lo quitaron y Ed le preguntó que para qué lo quería, su respuesta los dejó helados.
- Mi boca es un reflejo de los muchos que habitan en los oscuros rincones de mi mente, tengo que sellarla.
Cerraron el sótano, aunque eso sirvió tanto como asegurar los estantes y cajones, pues tiempo después y al pasar por allí, estos están abiertos de par en par, y a pesar de que Bella puede no haber estado cerca de esos lugares en lo absoluto, ellos saben que lo ha hecho ella.
Ya jamás la dejan sola, ni siquiera cuando ella lo pide a gritos.
Hay momentos tranquilos en donde Bella puede tener conversaciones normales con cualquiera de ellos, y parece tan normal y... Cuerda, que nadie podría decir que minutos antes estuvo gritando los voy a matar a todos y llorando ¡No! ¡Déjenme! en otro de sus ataques violentos.
O momentos dolorosos en donde Bella le pide a Carlisle que vaya a buscar la silla de su despacho y se siente frente al sofá en donde ella permanece recostada. Al principio, ninguno estuvo muy seguro para qué necesitaba a Carlisle allí, pero luego de un par de veces de lo mismo, Jasper fue quien se dio cuenta de lo que ella estaba intentando emular.
- Sus sesiones.
Bella permanece recostada de lado en el sofá y sus palabras son tan dispersas que difícilmente se puede saber de qué está hablando, pero en otras ocasiones, sus frases los paraliza.
- Regresan, ellas siguen volviendo - le dice a Carlisle, echa un ovillo en el sofá - No sé qué hacer para alejarlas de mí. No sé qué hacer.
Carlisle no dice nada. Nadie pronuncia ni una palabra.
- Tengo que romper el control.
No mucho después de eso, se queda dormida. Y al despertar es como si nada de eso hubiese pasado.
Lo único que han podido hacer es contener, cuando ella estalla.
O no tratar de perder la cabeza ante sus sin sentidos.
- No lo dejes ir, Ed. - murmura Bella recostada encima de la mesita de centro de la sala. Como no es lo suficientemente larga para ella, su cabeza y sus pies quedan colgando. Edward se encuentra sentado en el sofá frente a su cabeza. Y aunque sabe que no debería, no puede evitar preguntar.
- ¿Dejar ir qué?
- La vida rota. El segundo. Ed, ¿Por qué no acabas con el tiempo?
Edward guarda silencio, sintiéndose frustrado. Bella se percata de ello y abre los ojos sorprendida.
- Ya te confundí ¿Verdad? Extrañamente para mí todo tiene perfecto sentido - hace una pausa corta - Estás al revés, pero sigues igual de guapo. Tienes que saber.
- ¿Qué? - Edward suspira con cansancio, resignado a escuchar otra cosa ilógica por lo que lo siguiente lo toma desprevenido.
- Haría cualquier cosa para que no sintieras dolor.
Edward la observa sintiéndose conmovido. Quiere más de esos momentos, pero Bella ya se ha perdido de nuevo en formas que sólo ella puede ver.
Claro que el hecho de que la mayoría del tiempo parezca que no se da cuenta de lo que hace o lo que dice, no quiere decir que cuando reacciona siempre permanezca con ellos. Es en esos momentos en donde es muy probable que su puerta roja aparezca. Y eso sigue siendo una gran fuente de curiosidad para todos.
Saben que acordaron no preguntar nunca por los lugares que ella visitara, pero la verdad es que después de casi catorce días de ausencia, les resulta casi imposible refrenar el impulso de preguntarle.
Ha vuelto y una vez más Bella se queda estática y después de pensar detenidamente sobré quien sabe qué, se sienta en el suelo, a pesar de que si hubiese dado unos cuántos pasos, hubiera podido sentarse en el sofá.
Edward camina hacia ella y se sienta a su lado.
- Bella ¿Dónde fuiste? - ha aprendido que ser directo con ella es mejor que estar dándole vuelta a las cosas. Además, con ella no hay tiempo que perder pues en cualquier instante sus ojos se pueden desenfocar con su boca hablando de cosas que ninguno de ellos puede entender.
Hay que aprovechar que ella parece... Despierta.
- En realidad, a ningún lado. Si lo piensas bien; ni siquiera estoy aquí - por supuesto, el hecho de que parezca estar lúcida no quiere decir que sus respuestas van a ser muy claras.
Edward tuerce el gesto inquieto y confuso. - Pero Bella...
- Edward - ella le corta y le mira a los ojos de una manera que si hubiese podido, le habría causado escalofríos. - Hay lugares que son imposibles de describir y aunque lo intentara, no creo que puedas imaginarlo.
- He vivido por harto tiempo, dudo mucho que exista algo que no haya visto.
- ¿Estás seguro?
Son sus ojos, decide Edward, los que le causan un montón de contradictorios sentimientos. Se ven demasiado viejos y demasiado jóvenes. Parecen contener más información de lo humanamente posible. Y todo eso queda cubierto cuando Bella se pierde en su locura. Y percatarse de eso le inquieta y le hace dudar.
- Hay lugares que nadie debería visitar jamás. Lugares imposibles. Lugares habitados por criaturas impensables y muchas de esas: despreciables.
Edward la mira con más atención si eso es posible, preguntándose qué clase de horrores ha podido estar presenciando su pequeña. Bella le sonríe.
- La mayoría de la veces no es tan así. Es sólo que... Yo no soy apta. No nací allí por lo que no tengo lo que se necesita para comprenderlo. Mucho de esos mundos son tan diferentes a este - hace una pausa y se queda pensativa - O del cual provengo yo. Mmm - frunce el ceño y mira a Edward con gesto aliviado - Me parece, y estoy cada vez más convencida de ello, que tengo mucha suerte de haber nacido en mi realidad - se calla para mirar a los demás que no despegan los ojos de ella - Ustedes también la tienen. La verdad tienen demasiada suerte. Es mucha suerte... - repite muy bajito como si fuese algo que se le ocurriera por primera vez.
- ¿Y no puedes intentarlo? - pregunta Jasper parado al lado del sofá que ocupa Emmett - Al menos trata.
- No lo entenderán - insiste ella con calma.
- Prueba - Emmett se encoge de hombros.
Bella mira hacia el suelo y traga saliva. Edward observa su rostro y por su expresión cualquiera podría deducir que está pensando y escogiendo el lugar más comprensible.
Y se hace claro cuándo se decide porque levanta la cabeza y cuadra los hombros.
- La mayor parte son malos. Son muy malos. Y si he escogido este lugar, es porque aquí también hay un poco de lo mismo. Aunque aquí no es aceptado, nada aceptado. De hecho, sé que lo repudian. No debí pensar tanto, lo cierto es que mi último y más largo viaje - dice refiriéndose a los catorce días de ausencia y del que acaba de volver - Es algo que ustedes podrían llegar a comprender. Por lo que pude averiguar, este mundo se hace llamar: Amun in duraio.
- ¿Qué, qué? ¿Y eso qué significa? - interrumpe Emmett totalmente perdido ya. Bella se encoge de hombros.
- Ni idea. Ni siquiera he pensado en ello. No conozco tantos idiomas como para poder compararlos.
- Eso no significa nada en ningún idioma - le hace saber Edward que es el que más idiomas ha estudiado. Bella se encoge de nuevo.
- De todas formas el nombre no es lo que importa, si no el hecho de que allí las relaciones entre parientes es completamente normal. Al principio, después de dar un par de vueltas y contemplar la vida cotidiana de alguno de sus habitantes, no me pareció demasiado raro o malo, pero después más y más comenzaron a ser conscientes de mí.
- ¿Al principio no podían verte? - pregunta Carlisle acercándose y en sus ojos reluciendo la curiosidad.
Bella tiene el extraño pensamiento de que si Carlisle fuera un gato ya estaría muerto.
Sacude la cabeza para despegarse.
- No podían. Y me sentí segura, pero luego... Simplemente me vieron. Estaba en la calle y un par de personas se me acercaron y una señora me preguntó mi nombre y si era nueva en el barrio. Todos se conocen, cosa que parece imposible, pero así es allí. Le respondí a la señora que era extranjera. Pensé que eso disminuirías las dudas sobre mi aparición repentina allí y porqué estaba tan ajena a sus costumbres. Y por un momento pareció que había funcionado. Caminamos por un rato y de pronto, después de una conversación en donde intentó sonsacarme información, me preguntó cuántos enlaces tenía. Fue extraño y como es obvio no entendí a qué se refería. Cuando se lo hice saber me miró como si yo tuviese algún problema. Incluso me recorrió con los ojos de arriba a abajo como si esperara ver alguna malformación que antes hubiese pasado por alto. Me dijo que no sabía de qué clase de lugar venía yo si en todos lados es igual, y es que allí que un hombre se case con varias mujeres es de lo más normal. Sí, ya sé, eso también se da aquí pero es algo que la gente critica y rechaza. Eso no es tan terrible si lo comparamos con el hecho de que allá un hombre puede procrear con una mujer sólo para casarse con sus hijos después, no importa si son chicos o chicas. Los hermanos y hermanas tanto de la madre como del padre también pueden reclamar a varios para ellos. Claro, gracias a las caras que tienen ustedes ahora puedo hacerme una idea de la mía cuando finalmente entendí la dinámica de todo eso. Por supuesto, cuando lo piensas bien te das cuentas de que no es tan terrible... Allí. Allí no es tan terrible. Es cierto que aunque un padre o madre tiene la oportunidad de tener sexo con sus hijos e hijas, no se les permite procrear con ellos. Porque allá, como acá, durante un tiempo en la antigüedad tuvieron problemas con la endogamia y sus consecuencias... Y otro montón de razones las cuales son demasiado complicadas y no tuve el tiempo suficiente para poder entenderlas. Además, está la protección.
- ¿Te refieres a los embarazos no deseados? - inquiere Rosalie que ahora se encuentra sentada sobre las piernas de Emmett, y él, la acuna contra su pecho como si de un bebé asustado se tratara.
- Mmm - Bella mueve la cabeza en un movimiento que está a medio camino entre un sí y un no. - En realidad, lo abarca todo. Absolutamente todo. Es algo que ni aquí ni en mi realidad podría pasar jamás. Allá no conocen lo que es la violencia de género o intrafamiliar. No existe la violación porque todos los chicos y chicas están disponibles. Me refiero a que mientras más esposos tenga una mujer o viceversa, más respetados son; porque eso habla muy bien de ellos, que pueden proveer y son capaces de mantener una familia tanto en lo económico como en lo sentimental.
- ¿Y qué pasa si dos hombres están enamorados de la misma mujer? ¿No se pelean por ella? - pregunta Edward y Bella está negando con la cabeza incluso antes de que él termine de hablar.
- No, no pelean. En ese caso, es un honor.
Ante las caras escépticas y confusas de todos, Bella pone los ojos en blanco y suspira.
- Ya les dije que era difícil de entender. Es un honor para ellos. Biológicamente hablando un hombre se siente atraído por una mujer porque sus genes son compatibles, y mientras más pretendientes tenga una mujer o un hombre, mejor para las parejas porque eso significan que tienen buenos genes. Eso, sin contar con las relaciones que cada persona tiene con sus parientes, que suelen ser relaciones largas, estables y llenas de sentimiento. Por supuesto que dos desconocidos pueden enamorarse y casarse (Aunque eso no significa que dejarán las uniones con sus respectivas familias) pero en realidad es más para la continuidad de la especie porque creen que respecto a los sentimientos y el bienestar personal no hay nadie como la propia familia, o sea, con quienes ya comparten un lazo sanguíneo. Los enlaces son tan fuertes que es imposible que un padre, madre, abuela, abuelo, tía, tío, primos o hermanos puedan maltratar a sus parientes enlazados. Es inconcebible e imperdonable. En toda su historia sólo hay un registro de que se haya cometido ese error, y eso fue suficiente para que nadie quisiera hacerlo otra vez.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó con esa persona? - es Esme quien hace la pregunta y lo hace con un hilito de voz como si en realidad no quisiera saber.
- Sus creencias e ideas son muy extremas con respecto a la seguridad de todas las personas. La teoría dice que una persona que atenta contra un ser querido tiene que estar tan... Podrido por dentro y lo único que se puede hacer para que esa podredumbre no contagie a los demás, es que la misma víctima efectúe el castigo poniéndole fin para siempre. Digo teoría porque deben recordar que esa es la única vez que pasó, todas sus leyes están escritas, dictaminadas y asumidas por todos, y a nadie le importó la crueldad del castigo porque nunca pensaron que podría ocurrir.
- ¿Y cuál es ese castigo? - susurra Jasper prestándole completa atención.
- El viejo dicho de que debes deshacerte de la manzana podrida antes de que esta pudra a las demás. La víctima, un chico de veintidós años tuvo que descuartizar a su padre de cincuenta y cinco años por abusar de él.
Ante su respuesta se produce horrorizado jadeo general, pero Bella ni se inmuta.
- El chico ni siquiera quería hacerlo, pero eso es ley. Y hacerlo le causó tanto dolor, tanto como el saber que su padre había hecho con él lo que ninguna persona le había hecho a otra, que entró en un estado de depresión muy fuerte. Cortó todos sus enlaces porque se sintió culpable. Creía que el problema lo tenía él y que ese desperfecto había hecho que su padre lo atacara, así que sintiéndose temeroso de hacerle lo mismo a sus otros seres queridos, se separó de ellos; quienes también se deprimieron y cortaron lazos. Fue terrible para ellos. El asunto llegó a tanto que en todos lados se producían suicidios masivos. Familias completas muriéndose por no poder estar con quienes amaban por temor a destruirlos. Y la población mundial descendió a un nivel peligroso. Después de un tiempo, un jóven lo suficientemente fuerte como para sobrevivir y sobreponerse a su propia depresión (la que era su esposa se quitó la vida porque el enlace que mantenía con su padre, hermano y dos de sus primas se rompió). El chico se quedó prácticamente sólo porque las uniones con su propia familia estaban todas rotas. Pero se repuso e hizo algo al respecto. - después de una pausa, añade - Se casó con una niña de cuatro años.
- ¡¿Qué!? - la exclamación es echa con tal fuerza que Bella respinga ya que había estado concentrada mirando hacia el suelo.
- Oh, lo sé. Se escucha horrible ¿Verdad?
- ¿A caso hace falta preguntar? - gruñe Rosalie fulminándola con la mirada. Pero Bella se mantiene tranquila como si el hecho de que una temible vampira le estuviese enseñando los dientes amenazadoramente no fuera motivo para inquietarse. Así que se encoge de hombros ante el asombro de todos.
- Suena más depravado de lo que realmente es. El joven, que casualmente tenía veintidós años también, nunca tuvo relaciones sexuales con ella. Digamos que la usó como una distracción, y los padres de la niña estaban tan ahogados en la pena que era sólo cuestión de tiempo para que ellos también decidieran partir. La niña ni se enteró, de hecho, parecía bastante feliz de que hubiera alguien dispuesto a proporcionarle toda la atención que ella requería. A pesar de la enfermedad que reinaba en el mundo , las leyes seguían en marcha y estas la protegían de todo daño. Nunca antes se había hecho, siempre se esperó que se cumpliera la mayoría de edad para contraer matrimonio. Los altos mandos se mostraron recelosos con su decisión pero no pudieron negarse porque no había ninguna ley que lo prohibiera, así que se lo permitieron y decidieron mantener los ojos sobre aquella peculiar pareja. De todas formas, él estaba tan feliz con el efecto balsámico que ella le producía que jamás se le pasó por la cabeza hacerle daño. Y comenzó a amarla. La crio y la amó como a una hija y cuando la niña alcanzó la edad adulta, él consumió su matrimonio. Para ese entonces ya estaba totalmente curado de la enfermedad y muchos otros también, ya que al ver lo sano y feliz que se puso por tener a la niña en su vida, comenzaron a imitarlo. La humanidad comenzó a dar señales de recuperación. Incluso ahora, cuando ya nadie tiene la enfermedad, igual se casan con niños. Están convencidos de que eso previene el surgimiento de aquel padecimiento que trae muerte. Y eso explica que también se casen al mismo tiempo con personas desconocidas. Sí no fuera así, muchos de ellos se volverían locos por la represión sexual (recuerden que la ley protege a todos de cualquier tipo de violencia) que seamos sinceros, no es lo más importante pero es una necesidad que debe ser satisfecha de vez en cuando. Y así es como ellos viven. Debo decir que funciona, salvo por el hecho de que para nosotros es una garrafal blasfemia casarse con un niño, aunque, allá y en ese momento, sólo estén implicado el lado más sentimental, la protección y el, bueno, amor.
- Pero ¿Qué pasa si alguno de esos niños al crecer no quiere estar casado o casada con... Quien sea? - pregunta Edward preocupado y expectante.
Bella hace un curioso gesto, sonríe y mira hacia el techo. Después de unos segundos se reflexión mira a Edward y le hace una pregunta que los deja en shock.
- Dime algo Edward ¿Tú amas a Esme?
Silencio. Edward se queda boquiabierto mirando entre unos pasmados Esme y Carlisle a una divertida Bella.
- Yo... Eh... Yo - después de aclararse la garganta, por fin puede decir algo coherente - Pero claro que sí, pero no es esa clase de amo...
- No fue eso lo que pregunté -interrumpe Bella poniendo los ojos en blanco - ¿La amas? ¿Sí o no?
Edward vuelve a boquear y piensa que está en un gran aprieto.
- Claro que la amo, es como mi madre ¿Cómo no voy a amarla?
Bella se ríe de él.
- Maldita sea Ed. Sólo responde la maldita pregunta - le urge ya impaciente.
- ¡Bien, bien! ¡Sí, sí! ¡La amo!
Hay un silencio sólo roto por las pequeñas risitas de Bella.
- Bien, bien - repite ella y lo mira con una persistente sonrisa. Al verlo removerse avergonzado no puede más que carcajearse de nuevo, pero ahora su mirada es más tierna - Ed, esa "clase" de amor, allá no tiene ninguna diferencia. No hay diferencias. Amor es amor y los niños crecen viendo, escuchando y sintiendo todo aquello. Además no es obligación seguir casado si el niño ya siendo adulto no quiere, en ese caso, se anula el matrimonio. Pero eso de poco sirve. Los lazos amorosos entre familiares no se rompen jamás, así que en realidad - ella se encoge de hombros - Eso no importa mucho.
Hay un extenso silencio que es roto sorpresivamente por Esme.
- Tenías razón, cielo.
Bella ladea la cabeza - ¿En qué?
- Es imposible de entender.
No hay nada gracioso en esa afirmación pero Bella se deja caer de espalda sobre el suelo y ríe a carcajadas.
Edward, sentado a su lado con los brazos rodeando sus piernas encogidas, la observa sonriendo.
No puede resistirse por lo que se recuesta de lado apoyándose sobre el codo izquierdo. Después de uno segundos de sólo observarla le pasa la palma de la mano derecha por el estómago, de derecha a izquierda. E importándole un carajo que todos aún tengan los ojos sobre ellos, se inclina y la besa en medio de una carcajada. Bella sonríe en medio del beso pero le corresponde pasándole los brazos por el cuello para acercarlo a ella. No es un beso profundo, sus lenguas a penas se rozan un par de veces pero un ruidoso carraspeo resuena y hace que ambos se separen con una sonrisa tonta en la cara.
- Búsquense una habitación chicos - Emmett los mira burlonamente.
- Tal vez luego - contesta Edward recostando la cabeza contra el pecho de Bella dando un satisfecho y pacífico suspiro.
Ojalá eso fuera cierto, piensa Bella mientras acaricia los cabellos de Ed. Sabe perfectamente que él no la tocará. Y aún no puede descubrir la verdadera razón.
Los demás en cambio piensan que hubiese sido mejor quedarse con la interrogante de dónde va Bella al atravesar su puerta roja.
...
- Hay muchos libros en blanco - Bella se encuentra sentada de forma precaria en el apoyabrazos de uno de los sofás del enorme vestíbulo y mira fijamente el librero que hay contra la pared frente a ella. Carlisle inclina la cabeza y la observa con curiosidad, intentando una vez más averiguar exactamente qué significa eso.
No tiene suerte.
...
Es de noche. Ya está acostada con Ed a su lado. Suspira satisfecha y se acurra más en ese pecho duro y frío. Él la abraza fuerte, le besa la frente y le tararea para ayudarla a dormir.
- Ed - le llama interrumpiendo la nana.
- ¿Sí?
- Necesito un favor.
- Pídeme lo que quieras.
- Quiero que tomes cada recuerdo arraigado en mí y los borres de mis pensamientos para que yo pueda dormir - le susurra dándose la vuelta para que su espalda se apoye cómodamente en él. Edward la estrecha un poco más y asiente.
- Está bien, mi amor. Lo haré.
Son las tres y media y Bella ya se ha dormido pero no para de dar vueltas en la cama. Al principio Edward pensó que podía estar incómoda con él allí, así que con cuidado para no despertarla sacó el brazo debajo de la cabeza de ella, y se sentó en el suelo al lado de la puerta para observarla. Que saliera de la cama no funcionó. Bella sigue removiéndose cada pocos minutos e incluso algunas veces deja escapar angustiadas quejas.
- No..., vete... - murmura con la voz pastosa. Edward no sabe qué hacer. Ya intentó cantarle, acariciarle la espalda, la cabeza y los brazos, pero nada de eso logra calmarla. Incluso Jasper estuvo allí hace algunos minutos tratando de ayudar, pero al ver que no conseguía nada, decidió ir con Carlisle para ver si a él se le ocurre algo.
La noche está despejada, cosa rara. Y la luz de la luna entra por los ventanales iluminando la cama.
Parece un ángel, un ángel inquieto y asustado, pero ¿Por qué? Edward se tira de los cabellos con frustración, un poco más y se quedará sin pelo.
De pronto, Bella se sienta en la cama y Ed se inclina hacia adelante mirándola con atención. Está a punto de preguntarle qué le sucede cuando se percatada de sus ojos cerrados y la respiración acompasada.
Sigue dormida.
- Estoy sola - se lamenta con la voz tan rota y desamparada, que Edward desde las sombras no puede hacer más que observarla con impotencia. Su pequeña luce tan desvalida así, con la cabeza gacha y los puños apretados contra su vientre. Pero luego ella relaja la postura y lentamente se va recostando - Nada me sostendrá arriba - murmura ya acomodada de nuevo.
Edward se siente tan inútil allí sin hacer nada, lo único que siempre hace es mirar, mirar y mirar. Tiene que haber algo que puedan hacer.
Se levanta decidido hacia el despacho de Carlisle, da una última mirada hacia la cama antes de salir. Lo hace tranquilo, pues ha pasado ya casi media hora y Bella no ha vuelto a moverse.
Está en el baño, sentada, pensando en las musarañas.
De repente, algo en el suelo llama su atención. Parece una simple basurita pero por alguna razón simplemente no puede apartar los ojos de ella.
Y entonces... La basurita se mueve.
Su sorpresa es grande, sin embargo se dobla hacia delante para ver mejor.
Es un gusano. Un mini gusano, como de un centímetro de largo; es pequeñito, delgadito y de un amarillo muy pálido.
Le da asco, pero aún así quiere mirarlo. Nunca haría esto, ella lo sabe bien. Y es por eso mismo que levanta el pie... Y lo aplasta.
Oh oh ¿Qué es esto?
El gusano se resiste a morir reventado. Es fuerte, por lo que atraviesa la suela de sus pantuflas, se cuela entre los dedos y emerge triunfante por el otro lado como si quisiera demostrar que no importa cuan pequeño es, él también puede aplastar.
Bella sacude su pie pero el maldito bicho del demonio tampoco quiere salir despedido por los aires así que se agarra con fuerza y se desliza. Entra en contacto con la pantorrilla y recorre toda la pierna, a pesar de los fuertes zamarreos que tiene que soportar.
Lo que en este momento es su tierra está sufriendo un terremoto, pero eso a él no le importa.
Ella no quiere tocarlo con las manos, ya ha visto cuan fuerte es ¿Y si atraviesa la piel al sentirse atacado? ¿Y si decide quedarse dentro de su cuerpo? no, lo único que queda es seguir sacudiendo la pierna.
Ya ha llegado a la rodilla, el terreno se endereza y ya no va cuesta arriba aunque eso para él no representa ninguna diferencia... Pero se apresura.
Hay un aroma. Una cueva expulsa un intenso e interesante aroma. No puede decir que le gusta pero tampoco le desagrada, piensa que podría vivir allí eternamente sin sentir molestia alguna.
Ya casi llega. Lejos, hay unos estruendos terribles, largos y ensordecedores. Pero eso tampoco importa porque sabe que en cuanto entre en la cueva esos sonidos quedarán amortiguados por las protectoras paredes. Y en breves segundos puede comprobar que es así.
Su agitación es grande y está en la cama de nuevo ¿Por qué está en la cama si hace un segundo estaba en el baño con ese maldito bicho entrando en su vagina? ¡¿Por qué?! ¡Oh no, y sigue dentro!
¡Tengo que sacarlo!
De un salto se levanta de la cama y corre al baño. Y sin darse cuenta de que en el camino, sus ojos permanecen cerrados y que de su boca entreabierta por el horror cae el vómito como un chorro que le recorre el pecho, el estómago y las piernas hasta llegar al suelo.
...
Edward ya no sabe qué pensar. Carlisle se está quedando sin ideas y los demás tienen poco qué aportar al no saber demasiado del tema. Sus hermanos también se encuentran allí. Jasper sentado en una de las sillas al otro lado del escritorio de Carlisle, frente a él, revisando libros a una velocidad impresionante. Y Emmett hace lo mismo, sólo que él ha preferido sentarse en el suelo con una montaña de libros a su alrededor.
A pesar de las pocas opciones que hay, Edward sigue pensando que lo mejor para Bella es que regrese a su realidad.
- Tenemos que tratar de convencerla - le dice a su padre que parado a su lado revisa el enorme estante de pesados tomos de Medicina. Pero para Edward eso es una pérdida de tiempo pues sabe que ya han revisado todo lo que tiene allí e incluso han buscado por internet pero no hay nada. Nadie parece tener respuestas.
- Tú ya lo intentaste. Ella no quiere, y tiene razón en algo. - su padre le mira a los ojos y aunque Ed ya sabe lo que va a decir, aún espera que lo diga en voz alta - Bella es la única que tiene control sobre su portal. No podríamos obligarla a volver aunque quisiéramos.
Edward se queda pensativo y una idea que ya mucho antes había despachado por lo disparatada y dolorosa, vuelve a su mente con toda la fuerza - Quizá sí haya un modo de obligarla.
Los tres varones restantes detienen lo que hacen y se giran a mirarlo al escuchar su voz llena de una emoción revuelta y oscura.
Antes de que puedan reaccionar, Jasper se yergue y comienza a olfatear. - ¿Sienten eso? - les pregunta. Y penas termina de hacer la pregunta el aroma llena los sentidos de los demás - Sangre.
Edward se paraliza y luego corre - ¡Bella!
Ya es tarde. Entran en tropel por la puerta con Edward a la cabeza. Miran la cama pero allí no está, aunque de allí no viene el olor, por lo que en menos de un segundo Edward ha destrozado la puerta del baño. Lo que ve lo deja de una pieza. Carlisle lo sigue, pero Jasper y Emmett quedan rezagados mirando los desechos estomacales que forman un desigual camino hasta el baño.
Jasper da un paso y Emmett le detiene por el brazo. - Será mejor que nos quedemos aquí. - le dice haciendo alusión a su pequeño problema con la sangre humana.
Jasper lo ha hecho fantástico, y está tan controlado que el delicioso e incitante aroma de Bella ya no le hace desear mandar todo al demonio. Sin embargo, eso puede cambiar de un segundo a otro porque ahora la sangre de Bella no está dentro de su cuerpo lo que hacía que mitigara su enloquecedor efecto.
Jasper asiente. Saben que cualquier cosa, Carlisle como médico que es lo puede solucionar.
Sin embargo, aquella decisión es olvidada de inmediato en cuanto empiezan los gritos.
- ¡No! ¡Sácalo! ¡Tengo que sacarlo!
Bella está en el suelo con las piernas abiertas y una de sus manos profundamente enterrada dentro de ella. Tiene los ojos cerrados y la boca abierta. Sus mejillas están empapadas por la lágrimas y las venas de su cuello sobresalen por la fuerza que ejerce con el cuerpo entero.
Ambos quieren cerrar los ojos para no ver aquello. Para no ver la sangre que empapa los blancos y delgados muslos, y que cae formando un pequeño charco bajo su trasero desnudo. No quieren ver cómo Carlisle intenta apartarle la mano con cuidado para no causar más daño, y que cuando finalmente lo logra, los dedos, la palma y el dorso están tan rojos como si los hubiese metido a un tarro de pintura. Incluso pueden ver los rastro de piel bajo las uñas. Es insoportable ver como Edward intenta hacerla reaccionar, porque sigue gritando e intentando desesperadamente volver a la misma posición de antes. No quieren ver cómo llora y se revuelve al ver sus intentos fallidos.
- ¡Chicos! - Carlisle les da una sola mirada y por fin logran salir del shock que la grotesca imagen les ha causado. Jasper se mete a la tina para estar cerca de la cabeza y la toma entre sus manos para inmovilizarla. La recuestan sobre el suelo con Edward una vez más sujetándole las manos que apresa contra el piso a cada lado de la cabeza. - Tenemos que actuar con rapidez - les instruye velozmente. Va en busca de una toalla mediana, le pasa el brazo bajo las caderas y se las levanta - Ábrele las piernas - le pide a Emmett que es quien se las sostiene. Por un milisegundo, el grandote chico duda y mira al que considera su padre con pánico, pero lo hace. Cierra los ojos y lo hace. Aunque eso de poco sirve, porque detrás de sus párpados tiene adherida la imagen de Bella con su intimidad al descubierto, ensangrentada. Carlisle no dice nada porque hay cosas más urgentes ahora, así que acomoda la toalla de modo que un extremo quede bajo el trasero y el otro en la parte del frente. Anuda las puntas a cada lado de la cadera y luego con la mano derecha presiona allí donde sigue brotando sangre. - Muy bien, arriba. Emmett, Jasper preparen el despacho. Y llamen a Esme para que regrese con las chicas ahora mismo. Nosotros la contendremos por ahora.
Jasper y Emmett desaparecen. Edward se pone detrás de Bella con su pecho pegado a la espalda. La envuelve con un brazo para inmovilizar los de ella y con el otro le mantiene la cabeza quieta. Carlisle se las arregla para pasarle un brazo bajo las rodillas para mantenerle las piernas quietas sin dejar de presionar la hemorragia.
- Papá - Edward le llama a media voz y cuando Carlisle se mira en aquellos ojos llenos de sufrimiento y angustia piensa que ya no sabe qué decirle para consolarlo. Tristemente se da cuenta de que no existe un consuelo lo suficientemente grande y fuerte para su atormentado hijo. Lo único que puede hacer, es asegurarle que estará allí para ayudar. Sea lo que sea.
Rápidamente pero con cuidado se dirigen al despacho y al entrar, los chicos están acomodando las últimas cosas.
La ponen en la camilla y Carlisle entre en modo doctor de inmediato.
- Jasper; arriba. Emmett; abajo. Edward necesito que presiones la herida. Voy a sedarla. - sus órdenes se cumplen a la brevedad, por lo que veinte segundos después Bella ya se encuentra inconsciente. Las blancas sábanas se humedecen con la sangre de Bella, a pesar del firme agarre de Edward. - Muy bien, chicos - le dice, después de esterilizar sus manos y tener todo listo. - Salgan, no es necesario que estén aquí.
Jasper y Emmett asiente, pero se detienen justo antes de salir cuando ven que Edward no se mueve.
- Edward, hijo. No es necesario que veas esto. Espera afuera, distráete con cualquier cosa.
- Pero...
- No. Ya ha sido suficiente. - le corta Carlisle suave pero firme "Lo arreglaré" le dice mentalmente. Edward asiente y después se junta con sus hermanos que lo acompañan hasta el vestíbulo.
Sin decir una palabra, se sientan uno al lado del otro en el gran diván frente a la escalera. Edward descubre que no le es difícil mantener su mente lejos de la de su padre.
No dicen nada, no piensan nada. Sólo esperan.
Y así es como Esme, Alice y Rosalie los encuentran casi una hora más tarde. Habían estado de caza desde hace dos días y cuando Esme recibió la llamada de Jasper, Alice acababa de terminar de tener una visión en donde los vio a ellos exactamente así.
- Oh por Dios ¿Qué ocurrió? - pregunta Esme inmensamente preocupada. Las tres pueden percibir el aún muy fuerte olor a sangre. Alice se acerca a Jasper.
- ¿Jazz?
Jazz la mira, pero en sus ojos parece tan... Asombrado. Los tres lucen la misma expresión de pasmo en la cara.
- Por favor dígannos qué sucedió.
Emmett y Jasper lo cuentan con una voz tan inexpresiva que es como si en realidad no supieran de lo que están hablando. Edward parece cansado y no se mueve.
- Tienen que cambiarse esa ropa - dice Esme después de haberlos abrazado a los tres. No puede creer lo que está pasando. Todos quedan conmocionados. Los tres chicos se miran y se percatan que en mayor o menor medida, están manchado de sangre. Por lo que se levantan y en menos de treinta segundos están de vuelta, duchados y cambiados.
No sirve de mucho, porque el aroma de Bella está en todos lados.
Y entonces Edward lo recuerda - Hay que limpiar arriba.
- No - Esme le detiene y le da un pequeño empujón en el estómago para volverlo a sentar. - Iremos nosotras. Ustedes ya han pasado suficiente.
Eso tampoco les toma mucho tiempo. Poco a poco y gracias a los grandes ventanales abiertos, logran que la casa se ventile un poco.
Carlisle baja una hora y media después.
- ¿Querido? - Esme se acerca y le mira con angustia, pero Carlisle le sonríe para tranquilizarla.
- Logré detener la hemorragia. Y ya he terminado. No va a necesitar cirugía reconstructiva. Su nivel de gravedad era de un segundo grado. Sangró mucho pero por suerte los desgarros que se hizo eran profundos pero no comprometían ningún músculo, así que tuve que suturar. Y con eso será suficiente para su sanación. Sin embargo, habrá que tomar medidas para evitar infecciones. Le daré antiinflamatorios para el dolor y si eso no basta tendrá que tomar baños de agua tibia por diez o quince minutos varias veces al día, eso ayudará a calmar los malestares. Por otro lado, va a estar bien.
Edward ya lo había visto en su mente, pero escucharlo con la propia voz de su padre le tranquiliza mucho. Suspira y reclina la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.
Cinco minutos. Cinco putos minutos le dejó sola y sólo eso necesitó para dañarse de esa forma.
Una calma artificial lo llena y le aclara la mente. Jasper le ha pasado el brazo por los hombros para que así el efecto sea aún mayor.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué más se puede hacer? - Edward hace las preguntas en voz baja, como si ya no tuviera fuerzas más que para eso.
- Seguir tomando precauciones - contesta Carlisle rodeándole la cintura a Esme, pues su contacto siempre le ha calmado - Tendremos que cortarle las uñas y no dejarla sola nunca. No importa lo que ocurra.
Edward frunce el ceño y sus ojos brillan con dolor y enojo - No podemos hacer esto para siempre. No es justo para ella, que a pesar de todos nuestros esfuerzos, termina herida. Y tampoco es justo para nosotros. Me duele tanto... - su voz se quiebra pero se sacude la desgarradora cuerda que aprieta su corazón -... Me duele tanto sugerir esto, pero... Creo que es la única solución. - dice con los dientes apretados y retorciendo sus manos de forma convulsa.
- Edward ¿Estás seguro? - Alice ya lo sabe, por supuesto.
- ¡No! - grita y se levanta para pasearse como león enjaulado- ...
Arriba, en la camilla, Bella mueve la cabeza hacia la derecha y entreabre los ojos para mirar hacia el techo. El sedante tendría que mantenerla dormida por las siguientes cuatro horas, pero aún así, ella está despierta. Atontada al punto de no saber ni poder deducir por su entorno dónde está, con un dolor en su entrepierna que hace que le de vueltas la cabeza, escucha las voces que vienen desde abajo. Imagina unas enormes orejas a cada lado de su cabeza, y los sonidos se amplifican.
-... ¡No estoy seguro! ¡Mi mujer, mi pequeña, el amor de mi existencia está allá arriba después de haber...! - no puede decirlo - ¡Y yo estoy aquí como un idiota sin poder evitar que ella se haga daño! ¡Y mis estúpidos pensamientos me van a volver loco a mi también, porque lo pienso y lo pienso y lo pienso y cada vez la idea de hacer algo drástico está más clara! ¡Y no quiero hacerlo! - solloza y sus siguientes palabras suenan ahogadas porque sus manos cubren su cara - ¡No quiero! pero tendré que hacerlo. Antes de que sea demasiado tarde para ella. ¡Pero el sólo hecho de considerarlo me está matando! - exclama en un llanto seco y desesperado - Nadie puede ayudarla. Ni ella puede hacerlo.
- Oh, cariño - Esme se acerca y lo abraza amorosamente dejando que sus propio dolor lo acompañe.
- Me siento tan mal por pensarlo. ¿Qué clase de monstruo soy?
- No eres un monstruo, Edward - Alice también está junto a él - Esto sólo demuestra cuan grande es tu amor por ella. Que estás dispuesto a perderla con tal de saber que eso la ayudará. Y funcionará. Tenlo por seguro.
- No sé yo si tendría la fuerza ni la determinación para hacer algo así - son las primeras palabras que Emmett ha pronunciado en mucho rato - Creo que eso me mataría.
Jasper no dice nada, pues está más concentrado en tratar de respirar, que aunque no lo necesita, de repente encuentra que no poder llenar sus pulmones lo sofoca. Es por el dolor, es demasiado para él. Y doblando en dos en el sofá intenta mantener la cabeza clara. Él no ha perdido a Alice, lo sabe. Pero es como si lo hubiese hecho. Es terrible, doloroso. Es... Lo más cruel que ha sentido nunca.
- Por favor... - suplica. Ya no quiere más. Además está a punto de perder el control y los demás comienzan a sentirlo también. No lo perciben con la misma intensidad y aún así los deja agotados tanto mental como emocionalmente.
Edward intenta controlarse. Nadie debería sufrir aquello jamás, pero ya es tarde y ante su inútil intento de refrenar sus emociones no le queda de otra que salir y correr lo más lejos posible de la casa.
Bella suspira y cierra los ojos, piensa en un modo de evitar lo que sabe que Ed ya ha decido hacer... ¿Hacer qué?
Ella sabía algo, pero ya no...
...
Carlisle está sorprendido. Casi no puede creer lo que sus propios ojos están viendo.
Pero allí está.
Han pasado casi veinticinco horas desde que encontraron a Bella en el baño. Bella ha despertado dos veces en ese lapso de tiempo, pero enseguida ha vuelto a caer dormida.
Debido a la humedad natural de la zona afectada ha decidido hacer las curaciones cada cuatro horas, que básicamente consiste en dejar la herida lo más limpia y seca posible.
Esta es la sexta vez que le revisa y aunque cuando iba en la cuarta curación le había parecido que las heridas estaban más cerradas de lo normal, pensó que eso era por la hinchazón de los alrededores, que sí estaban muy inflamados. Pero no.
- Esto es imposible - susurra pero va en busca de sus utensilios para poder retirar las suturas. La piel no sólo luce regenerada y con un color mucho más normal que antes, si no que las heridas están por completo cerradas. - Tienen el aspecto de una recuperación y sanación de meses. Y sólo han pasado unas horas. - Carlisle mira el rostro relajado de Bella. - Tal vez por eso no has permanecido despierta. Tu cuerpo está ocupando esas energías para curarte. Dios mío - murmura alucinado. Al terminar ahí lo primero que hace es bajar para dar las sorpresivas e impresionantes pero buenas nuevas a la familia.
Edward viene entrando en ese justo momento y al ver la información en su mente no puede menos que mirarlo asombrado.
- ¿De verdad? - le pregunta, a pesar de estarlo viendo en su mente como si hubiese sido él el que lo hubiese descubierto. Carlisle sonríe alentadoramente y un alivio llena a toda la familia cuando se enteran.
- Puede que para mañana se despierte por completo recuperada. Ojalá mis pacientes tuvieran esa habilidad para curarse - ríe Carlisle encantado.
Parece que la angustia cede un poco dándoles un suspiro, y Bella sin saberlo realmente, lo ha conseguido...
... Retrasar el momento de su peor caída.
...
Han pasado cuatro días, y Bella no parece sufrir ninguna incomodidad. No les pregunta nada, por lo que sospechan que aquellas tormentosas horas no se han reflejado en su mente. Y por un lado eso es muy bueno.
Ha estado tranquila. No han habido crisis de histeria en estos días lo cual es un alivio. Pero sí alucina, aunque lo bueno es que estas son pacíficas.
- ¿No puedes verlo, Ed? - le pregunta a Edward que sentado a su lado en una silla de la mesa de la cocina intenta darle de comer. Por suerte ella está cooperando y abre la boca de buena gana cada vez que él le acerca la cuchara con sopa. Aunque no lo mira, pues está más concentrada mirando sus brazos en lo que ella puede ver cubiertos de moretones, los que en realidad, no están allí.
- Lo único que veo es que este plato sigue igual de lleno que al principio - le dice con paciencia, dándole otra cucharada. Bella traga pero luego se sobresalta como si un estruendo la hubiese asustado, mira a su alrededor pero al no ver nada, regresa su atención a sus brazos.
- Pero mira, Ed - levanta el brazo y lo pone a la altura de los ojos de Edward, quien al verlo igual de inmaculado que siempre no puede más que tomarlo entre sus manos y darle muchos besos desde la muñera hasta el codo, lo que hace que Bella se ría.
- Ahora lo único que hay son mis besos - le asegura, y Bella lo mira y asiente. Sí, son besos de Ed. - Ahora pequeña, sigue comiendo. - le indica levantando la cuchara otra vez.
...
Las lucen no deberían parpadear, porque no hay luces. Una hermosa voz aguda canta bajito a su lado y sabe que su propósito es adormecerla. Pero las orejas gigantes han vuelto y estas buscan la única voz que puede encenderla y apagarla.
- ... Alice lo vio, Carlisle. Fue un solo vistazo de a penas tres segundos. Y al verlo, pensé que ella reaccionaría así debido a mí.
- ¿Por eso te negaste a tocarla?
- Sí, ella... Tú viste lo que estaba haciendo ¿Qué otro significado podría haberle dado a la visión de Alice? Además, cuando tomé mi decisión le pedí que buscara en el futuro para saber si algo había cambiado. Y en efecto lo hizo. Alice por más que buscó no volvió a ver aquello. Creí que había funcionado.
- Mmm. Lo único que pasó es que Alice ya no pudo ver la visión de aquel suceso, pero este seguía en pie. Lo que quiere decir que la manera de actuar de Bella no tuvo nada que ver contigo.
- Ella gritaba "Sáquenlo" y "Tengo que sacarlo" ¿Quién más que yo ha estado metido allí?
- Edward - Carlisle le da una mirada reprobadora por su manera de expresarse.
- Perdona - Edward luce arrepentido y se presiona el puente de la nariz, lo que quiere decir que o se está regañando o está reuniendo paciencia, pero esta vez para lidiar consigo mismo.
- Y respondiendo a tu pregunta. Lamentablemente no, no eres el único.
Edward levanta la cabeza y lo mira perspicaz.
- ¿Crees que el recuerdo de la basura esa haya vuelto para atormentarla?
- Es una posibilidad - Carlisle le dice con un suspiro. Pero Edward está reacio a considerarlo.
- No, no creo que haya sido por eso. Y si tampoco fue por mí, ya no sé - levanta las manos y se frota la cara un par de veces - Ya no sé qué pensar.
...
La habitación es blanca o da esa impresión, porque al dar unos cuantos pasos la blancura se va desvaneciendo como la niebla.
Camina y camina, no sabe por cuanto tiempo, hasta que a lo lejos se va formando una figura que al irse ella acercando, se hace más nítida para mostrar la imagen de un hombre que se encuentra de espaldas a ella. Él debe haberla escuchado, a pesar de que sus pasos no emiten sonido en ese piso vaporoso, porque se da media vuelta a penas ella se detiene a un metro de distancia.
Es Edward y Bella no se sorprende tanto de verlo allí. Pero él sí, porque la mira con los ojos abiertos como platos. Da la impresión de que a quien menos esperaba encontrarse allí es a ella.
- ¿Bella? - pregunta inseguro.
- Sí - asiente ella dándole una pequeña sonrisa.
- ¿De verdad eres tú? pero es... Es imposible... Estoy soñando ¿Verdad?
Ella frunce el ceño encontrando muy extraña aquella pregunta.
- No... No lo sé, no lo creo.
- Pues es imposible que esto no se trate de un sueño.
- ¿Por qué?
- Bella, créeme. Sólo te puedo ver así en fotos. Es la única manera.
Bella tuerce el gesto e inspecciona su alrededor sintiéndose confundida.
- Pero esto no puede ser un sueño.
De pronto, siente que unas agujas se le clavan en el hombro por lo que se encoge de dolor. Al mirar, no le sorprende encontrar a un gato negro encaramado justo allí.
- Pero claro que no es un sueño - dice la gata provocando que Edward de un respingo del susto.
- Está... Está - tartamudea en shock. Kris rueda los ojos.
- Está... Está - se burla - ¡Pero claro que sí!
Kris se pone a parlotear pero Bella no le hace ningún caso, en vez de eso, prefiere observar a Edward, pero observarlo de verdad. Y se pregunta sorprendida ¿Cómo ha podido pasar por alto tantas diferencias? ¡Otra vez! Un Edward humano, piensa Bella sonriendo. También este tiene los ojos de un impresionante color verde. Con su piel no demasiado pálida ni perfecta. Lo más notable e interesante es que este Edward es más adulto, no viejo, pero sí más maduro. Y le encanta. Es raro porque normalmente no encuentra atractivos a tipos de la edad que Edward aparenta, que tampoco deben ser muchos, quizá unos treinta y tres o treinta y siete. Pero él es la excepción por supuesto. Incluso se puede imaginar a su lado, envejeciendo, disfrutando de toda una vida junto a él.
Dios. ¿Cómo es posible que pueda sentir amor por este hombre que ni siquiera conozco?
- Eres hermoso - susurra mirándolo con fijeza. Edward deja de prestarle a tención a Kris para mirarla al escucharla hablar y cuando registra sus palabras... Se sonroja ¡Se sonroja! - Lo eres - repite Bella.
- Vaya, esto, gracias.
Bella sonríe pero su sonrisa se desvanece cuando un antipático pensamiento llena su mente.
Esta es la primera y última vez lo que verá a Edward así.
¡Oh no! ¡Por favor, no! ¡Otra vez, no!
Kris suspira interpretando correctamente su expresión. De un pequeño salto se baja del hombro de Bella. La niebla la envuelve por unos segundos y como si la inspeccionara y reconociera, pasa por sus flancos y alrededor de sus patas como una caricia y luego, se disipa.
- Sólo tú, Bella. Sólo tú.
- ¿Qué? - le pregunta exasperada pues ella no tiene la culpa.
- Será mejor irnos, ya hemos estado aquí el tiempo suficiente - la gata voltea para mirarla con sus ojos amarillos - Sabes que no es sano alargar esto. Lo sabes bien.
Bella siente que su garganta se aprieta y sus ojos se llenan inevitablemente de lágrimas. Está siendo ridícula, como siempre. Pero al ver a ese Edward luciendo humano, y esta vez tan adulto, se le encoge el corazón de anhelo.
- ¿Dónde estoy, Ed? - le pregunta tragando saliva en un intento por controlar sus emociones.
A pesar de que ella no especifica, él la entiende.
- Lejos. Desde hace mucho tiempo - contesta con el dolor opacando su mirada.
Bella asiente y sorbe por su nariz. Cierra los ojos por unos segundos, y entonces lo siente.
Mira a Edward y sonríe - Volveré, no debes preocuparte ¿De acuerdo? estoy más cerca de lo que te imaginas.
- Bella, es hora - Kris la sobrepasa y camina en dirección contraria a Edward quien da un paso al frente con la mano estirada como si tuviese la intención de detenerla.
- Espera... - le pide sin dejar de mirarla como si quisiera detener el tiempo en ese mismo instante.
Bella retrocede lentamente - Volveré, lo prometo.
Y luego la niebla se interpone entre ellos y ya no lo puede ver más. Bella gira y sigue a Kris que sigue caminando. No van a ninguna parte, pero las dos se mantienen en movimiento por un rato.
- ¿Cómo es que estás aquí? - le pregunta sintiéndose contenta a pesar de todo.
- Tú me trajiste. De hecho, debo decirte que me has llevado a muchos lugares.
Bella la mira confusa - ¿Yo?
- Sí, boba - le responde, impaciente como siempre.
- Pero ¿Cómo?
- Tu puerta. Debo decir que me pareció muy insultante que tuviera una entrada y salida para mascotas. - le reclama parando la cola con indignación.
- Oh, no tenía idea de que podía hacer eso.
- Supongo que tampoco sabes que has estado visitando a ciertas personas ¿No?
- Si te refirieres a los lugares que mi portal...
- No, no - Kris se detiene para mirarla - Lo haces en sueños. Este en realidad sí es un sueño.
- ¿Entonces por qué le dijiste a...? - pregunta con el pulgar señalando hacia su espalda. Kris se sienta y la mira con aburrimiento.
- Sigues enfocándote en lo que no debes ¡¿Qué importa eso?!
- Está bien. Ya, cálmate. Veo que tu tiempo lejos no ayudó a tu paciencia.
Kris desvía la mirada y gruñe. - No importa. Lo importante es que tu poder mental es más grande de lo que te puedas imaginar. A un nivel inconsciente, te has mentido en muchas mentes. Yo he tenido que ir para ayudar también. Lo supe en cuanto tu puerta infernal apareció delante de mis narices y aunque intenté ignorarla me persiguió por todo un callejón hasta que accedí a cruzarla - le cuenta la gata moviendo los bigotes y la cola con molestia. Bella no puede reprimir las carcajadas.
- Supongo que también debí hacer eso, pero no lo recuerdo.
- No, es que es demasiado. Probablemente hayas estado olvidando muchas cosas últimamente.
Bella se sienta frente a ella y la mira preocupada. - ¿Qué vamos a hacer? sé que tengo que volver. Pero si lo hago sin saber cómo arreglar las cosas... - Bella niega con la cabeza negándose a poner en palabras la fatalidad de su final.
- Bueno, sólo lo sabremos cuando pase. - Kris se encoge de hombros despreocupada.
Bella quiere reclamarle pero luego desiste al pensar que en realidad tiene razón.
Una vez más.
- Oye ¿Has visto a mamá y a papá?
Kris asiente. - Sí. Están bien, dentro de todo. Igual que a tus doctores favoritos y a Fox y a su equipo. Se reúnen cada fin de semana, tratando de averiguar la razón de tu catatonia.
Bella sabe que eso es lo que debe parecer. - Quizá por la misma razón que tú.
Kris la mira a los ojos por algunos segundos y luego asiente. - Ahora hay muchos más doctores a tu cargo, y de alguna forma tanto tu historia como tu historial médico y el estado en el que encuentras ahora, se filtró hacia el lado equivocado. Lo mostraron en las noticias por casi una semana. Trataron de entrevistar a tus padres. Y la entrada del sanatorio casi siempre permanece abarrotada de molestos periodistas. Fox ha salido varias veces para amenazarlos con llamar a las autoridades si no los dejan en paz. La cosa esta se ha convertido en un circo. Hace dos semanas hicieron una misa fuera del sanatorio y se pusieron a orar y a gritar ayuda a Dios por la pobre niña perdida dentro de su mente - Kris rueda los ojos con fastidio mostrando cuán absurdo encuentra todo aquello. Bella ríe de nuevo.
- ¿También se enteraron de todas las personalidades que según Fox yo tengo?
- Te digo que se filtró todo. Están investigando quién pudo haber pasado la información. Tus padres quedaron automáticamente descartados porque cuando se enteraron entraron en cólera, de hecho, a tu madre tuvieron que ponerle un tranquilizante.
- Cielos.
- Síp. Así que supongo que ahora ya sabes que no sólo ese montón de cura locos esperan tu regreso.
Bella asiente sonriendo. Kris parece tan fastidiada con todo.
- Oye y ¿Encontrarte a Emily?
- Sí, hemos ido juntas con tu puerta un par de veces. Está bien. Al principio estaba triste y se culpaba por tu partida, pero conseguí hacerle entender que no fue por ella.
Bella se tapa la boca, acongojada - Lo siento tanto. ¿Se lo puedes decir?
- Sí, sí. No te preocupes. - Kris le indica que se relaje con un movimiento de su pata. Se levanta y se la vuelta.
- ¿Ya te vas? - pregunta Bella sin querer que ella se vaya.
- Tengo que hacerlo. Estar aquí se siente un poco incómodo.
- Oh, está bien - Bella asiente, aunque ella encuentra allí todo muy agradable y sereno. - Ya que dijiste que he estado olvidando cosas ¿Voy a recordar esto cuando despierte?
- Pero Bella, si ya estás despierta.
- ¿Qué?
La niebla lo cubre todo y en una vuelta mareante y extraña, Bella se da cuenta de que está recostada sobre su espalda y lo que ve no es niebla, si no el techo de su habitación.
- Vaya.
- ¿Bella? ¿Estás bien? - Edward se acerca y por primera vez en muchos días lo puede ver todo con perfecta nitidez. Ya no hay más bordes moviéndose en espirales.
- Sí, estoy bien.
...
- Pero qué porquería de televisión, Dios mío - rezonga arrodillada frente a la pantalla plana de la sala. Presiona los pequeños botoncitos en el lateral tratando de encenderla pero no lo hace la muy condenada - Vamos - murmura entre dientes, insistiendo. Finalmente se sienta sobre sus talones mirando la pantalla oscura con el ceño fruncido. Niega con la cabeza, frustrada. - Qué terquedad.
¿La suya o la de aquel cacharro que se niega a prender?
Y entonces viene la idea, y se concentra. Su mente chasquea y el televisor se enciende.
Bella sonríe triunfal, pero su alegría se esfuma con rapidez al percatarse de que no hay señal. - Sólo está este fondo blanco con un montón de puntos molestos parpadeando.
Diablos, no tiene idea de cómo arreglar eso. Así con un aire de derrota lleva su mano hacia los botones hasta en encontrar el de apagado. Lo presiona y la pantalla vuelve a ennegrecerse.
- Esto es tan raro - susurra.
- ¿Bella? - la voz de Jasper a su espalda la sobresalta haciéndola voltear de golpe. - Oh, lo lamento. No pretendía asustarte - se disculpa. Bella asiente y respira profundo para calmar su corazón. Le da una pequeña sonrisa a Jasper, que permanece casi al lado de la escalera.
- No te preocupes. Es que estaba despistada.
- ¿Qué intentabas hacer? - le pregunta como si tal cosa, mirando de reojo hacia la pantalla apagada. Bella se encoge de hombros y se levanta.
- Quería ver un poco de tele pero, no funciona. Logré que encendiera, pero... - Bella se calla cuando ve que en la cara de Jasper ha aparecido por un fugas momento una expresión de alarma ¿Lo habré imaginado? -... Pero no hay señal. - termina de decir mirándolo con fijeza, porque sabe qué ha visto algo. Pero Jasper se muestra de lo más tranquilo y Bella sabe que es un experto en disimular y ocultar sus emociones.
¿Me estaré volviendo paranoica otra vez?
Jasper se acerca dos pasos - Es que ha habido un fallo eléctrico en toda la zona, y como comprenderás, la ubicación de nuestra casa lo hace un más difícil. Cada cierto tiempo pasa, pero se arreglará pronto.
Mentiroso. Bella no sabe cómo, pero está segura de que él miente, y no tiene idea de por qué.
- Está bien - acepta ¿Qué más le puede decir? así que sin nada más que decir pasa por su lado y camina por el pasillo para subir las escaleras. Se encierra en la biblioteca para poder buscar un buen título para matar el tiempo.
- Ya que no puedo ver televisión...
Quizá pasan treinta o cuarenta minutos sola disfrutando de su lectura cuando la puerta se abre y Edward entra.
- Ey Ed - le saluda. Levanta la cabeza y le sonríe - ¿Cómo estuvo tu cena?
Edward le sonríe y camina hasta sentarse en el otro puf a su lado. - Bien, estuvo... Abundante.
- Me alegro - Bella baja la vista e intenta retomar por dónde iba, pero al sentir los ojos de Ed fijos en su rostro, le resulta muy difícil introducirse en ese mundo de fantasía. - ¿Querías algo? - le pregunta sin mirarlo. Por el rabillo del ojo ve cuando él suspira, pero no le escucha. Chasquea la lengua, qué molesto.
- Quiero hablar contigo.
Bella mira hacia un mismo lugar en el libro por varios segundos antes de fruncir el ceño y es que eso no suena bien porque es el típico "tenemos que hablar" que, o implica un rompimiento o algo igual de doloroso.
Un engaño.
- Mmm, bueno - a pesar de todo, no puede hacerle el feo de ignorarlo porque teme lo que le vaya a decir. Así que cierra en libro sin molestarse en colocar el separador en la página en la que ha quedado, se inclina hacia adelante para dejarlo a un lado del puf, y luego se yergue para mirar a Edward, que la observa con cautela. Tiene la espalda encorvada y los codos apoyados en las rodillas abiertas, sus manos se rozan levemente.
Bella traga saliva porque este idiota me tiene loca.
- Por tu seriedad parece que se trata de algo importante, así que adelante; te escucho. - le anima apoyando la espalda en el cómodo respaldo.
Edward asiente y aunque al principio duda un poco, pronto se decide.
- Has estado con nosotros por un mes y medio - le dice.
Bella asiente, esperando más.
- Y hace dos semanas que las cosas han mejorado un poco.
Ahora Bella desvía los ojos por un segundo, sintiéndose avergonzada como siempre que sale a relucir el tema de sus ataques. Vuelve a asentir pero Edward ahora puede ver que Bella ya no está tan dispuesta a escucharlo.
- Y eso, aunque es bueno, más que eso es excelente; nos mantiene en ascuas. - su voz es suave, muy suave. Se miran con fijeza.
Bella frunce los labios y le da una pequeña mordida por dentro a su mejilla antes de responder. - Temen que vuelva a empeorar.
Edward resopla y se pasa una mano por el cabello - Sabemos que vas a empeorar, la pregunta es: Cuándo.
- ¿Y quieres que yo te la responda? - inquiere Bella un poco a la defensiva, puede sentir el mal humor acercándose sigilosamente.
- No - Edward niega para enfatizar y lo cierto es que se ve bastante frustrado, como si en realidad no supiera como hacer para decirle lo que quiere.
Bella rueda los ojos ya hastiada. Le da una dura mirada - ¿Cuántas veces te he dicho que digas lo que tengas que decir de una sola vez? - le espera muy molesta. Recoge el libro y se levanta caminando hacia el lugar de donde lo sacó.
- Ninguna - le dice Edward aún sentado. Bella se detiene, resopla y está a punto de lanzar el libro contra el estante de enfrente cuando a último momento sus dedos aprietan más libro, como asegurándolo. Bella reanuda su camino y sube las escaleras sin ningún cuidado. Es de esas típicas escaleras sin pasamanos que hay en las bibliotecas, que casi no ocupan espacio al ser horizontales. - Cuidado - escucha que Edward le advierte con voz dura, pero Bella le ignora. Sabe que si perdiera el equilibrio él evitaría su caída sí o sí.
Una vez el libro en su lugar y Bella a salvo sobre el suelo, Edward se muestra bastante enfadado.
- Sabes lo que quise decir. Sabes cuánto me molesta que te antes con rodeos, y lo sabes por el endemoniado libro que ustedes leyeron sobre mí - se cruza de brazos mirándolo con reproche.
- Creí que no estabas molesta por eso.
- No lo estoy. ¿A caso me ves molesta?
La verdad sí, pero Edward no quiere pelear por lo que respirando profundo se levanta para encararla.
- Bien. Lo que quiero decirte - empieza ignorando los entrecerrados ojos de Bella a causa de hacer caso omiso a su pregunta - Es que me parece que has estado desperdiciando estas dos semanas haciendo nada cuando deberías estar buscando una manera de arreglar tu situación - diablos, no hay otra manera de decir lo mismo pero que no suene a acusación. Primero Bella no reacciona, pero luego asiente y descruza los brazos para empuñar sus manos a sus costados.
- Así que te parece que pierdo el tiempo - le dice casi con indiferencia. Edward se muerde el labio, no sabiendo si seguir es lo correcto, aunque lo hace de todas formas.
- Es que no haces nada. Te limitas a leer y a pasear y no haces nada - Edward intenta con todas sus fuerzas no ponerse a despotricar con toda la rabia que siente. Controlándose un poco, añade: - No sabes cuanto tiempo va a durar esto. Cariño... - se acerca un poco tanto sus facciones como su voz llenándose de súplica - ... Sabes que no estás bien. Que aunque lo parezca en realidad no lo estás. Y no sabes, como tampoco nosotros, con cuánta fuerza e intensidad pueda volver tu descontrol. Mi amor, por favor...
Edward se acerca un poco más, al punto de que si levanta un mano, podría tocarla. Pero no lo hace.
- ¿Qué me estás pidiendo? - pregunta Bella inexpresiva y Ed sabe que ese tipo de reacción no es buena.
- Puede que este sea el momento idóneo para volver - responde con un hilo de voz. Bella hace un mueca fastidiada.
- Otra vez con eso ¿Cómo es que no puedes entenderlo?
- ¡Es que la que no lo entiende eres tú! - exclama Edward perdiendo la batalla contra su impaciencia - No entiendes que te haces daño, y no has visto ese daño. Tú no estás consciente de eso.
Bella rueda los ojos y lo mira con cansancio - Ya te había dicho antes que podía irme de aquí. Ustedes no quisieron y si hubiese sabido que me iban a estar haciendo recriminaciones...
- ¡No lo son, maldición! - grita Edward furioso por cómo ella se toma sus palabras.
- ¡No me grites! - grita ella a su vez.
- Es que eres tan... - Edward se pasa las manos por la cara y Bella se aleja un paso mirándolo herida. Otra vez se cruza de brazos.
- Estamos en el mismo punto de antes. - le informa con el enojo más controlado.
- No puedes hacerte esto. ¿Por qué eres tan terca? - le pregunta molesto e impotente por la situación.
- ¿Me querrías de otra forma?
Y Edward contesta sin pensar - Sí.
El pesado silencio que sigue es sólo roto por un único jadeo entrecortado que Bella emite mirándolo con los ojos abiertos como platos. Siente como si Edward la hubiese abofeteado.
Ed niega con la cabeza cuando se de cuenta de lo que ha dicho y aunque la mira con arrepentimiento, el daño ya está hecho.
Mierda.
- Amor, no...
- No me digas nada - le pide ella mirando hacia el suelo con su voz baja y un poco ronca. - No quiero escuchar más. - y sin mirarlo camina hacia la salida. Edward la toma por el brazo para detenerla cuando pasa a su lado.
- No, no. No puedes hacer esto. No quise decir que...
Bella levanta la cabeza a lo mira con furia y no siente ningún remordimiento por interrumpir sus patéticas excusas - ¿Que yo no haga esto? - le pregunta con la incredulidad bien clara en cada una de sus facciones - ¿A caso soy yo la que comienza estas estúpidas discusiones?
- No son estúpidas discusiones, Bella. Lo que intento hacerte ver es que te estás haciendo daño apropósito al quedarte aquí sin hacer nada. Y tú piensas que yo quiero que te vayas por alguna absurda y tonta razón que tu mente se ha inventado.
Al escucharlo, Bella se pregunta si Edward puede seguir cagándola. - ¿Ahora resulta que lo que yo pienso es absurdo y tonto?
Edward gruñe descontento - ¡No! ¿Por qué todo lo sacas de contexto?
- ¡Pero si tú me lo acabas de decir! - exclama ella ahora intentando en vano sacar la mano de Edward de su brazo ¿Por qué él se empeña en agarrarme así?
- No, lo único que te he dicho que es que si quiero que regreses a tu realidad es porque quiero que estés bien.
- ¡Eso no es cierto! - responde exaltada ¿Qué está intentando hacer él? - No intentes dártelas del novio preocupado ahora. Porque ya dijiste que no me quieres tal y como soy. - su voz se ha vuelto llorosa, pero Bella se muerde la lengua tratando de retenerlas. No quiere llorar ahora, frente a él.
Edward aprieta un poco el agarre sin darse cuenta, por lo inmensamente frustrado que se siente - ¿Por qué sigues colocando en mi boca palabras que no he dicho?
- Edward, suéltame - le dice obviando la pregunta. Ya no quiere estar más allí. Lo único que desea es encerrarse en su habitación por un buen tiempo.
Edward mira hacia su mano que apresa su brazo y Bella cree que le soltará, pero en cambio él niega, la empuja más cerca de sí y le ordena - No, contéstame.
Ante sus inútiles intentos por separarse de él comienza a sentirse indefensa, lo que es algo que no le gusta nada - Tú lo dijiste, maldita sea. - habla con los dientes apretados tratando de enfocarlo, pues las lágrimas acumuladas en sus ojos le dificultan la fisión. Por lo menos su voz es firme. - No lo niegues ahora. Y ya suéltame - le dice sacudiendo su brazo otra vez.
- No. Tenemos que hablar. - él se muestra tan duro e inflexible ¿Por qué?
- ¡No quiero hablar contigo, no quiero escucharte!
- No me importa - Edward apresa su otro brazo también para mantenerla frente a él. - No entiendes que es por tu bien. Que todo lo que queremos es por tu bien - le dice bajando un poco la cabeza para hacer contacto visual, pero es imposible dado que el mentón de Bella toca su propio pecho. Edward gruñe otra vez - Tienes que volver.
- No.
- Bella, ¿Crees que esto es un maldito juego?
- Lo que creo que es debería cruzar mi puerta y buscarte a una Bella en perfecto estado de salud para que te complazca en todo.
- ¿Sigues con eso? - le pregunta cansino. Pero es la gota que colma el vaso. Bella por fin levanta la cabeza, y aunque de sus ojos bajan gordas lágrimas, eso no amaina ni un poco su absoluta furia.
- ¡Sí, sigo con eso! ¡Porque tú me haces sentir que no soy suficiente! - le grita a centímetros de su cara. Edward la mira boquiabierto. Ninguno de los dos se da cuenta de que la puerta de la biblioteca, que está a sólo unos cuantos pasos detrás de Bella, se abre con fuerza golpeando la pared, con el impulso se cierra y se vuelve a abrir con la misma fuerza - ¡No estás en mi piel, ya te lo había dicho! ¡No estás en mi jodida mente, porque gracias al cielo tu entrometido don no es efectivo conmigo! ¡Y no sabes cuanto me alegro por ello! - Edward da un pequeño paso hacia atrás aunque no la suelta. Bella ve el dolor que provocan sus palabras pero es que él sigue sin entender nada. ¿Por qué no puede ver que lo amo tanto, que prefiero sufrir sola en mi tormento y ahorrarle a él que sea testigo del... Desaforado caos en mi mente? ¿Por qué no entiende que no puedo irme todavía? ¿Y por qué está decido en hacerme daño? - Me querrías de otra forma - espeta, tragándose un sollozo con un enorme esfuerzo - Te parezco tonta y absurda, y crees que no hago nada por mí misma. Crees que soy una inconsciente de mierda que no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor. ¡Lo que no es así! - le grita herida - ¡Tú. No sabes. Nada!
Él reacciona por fin - ¡Por supuesto que lo sé! ¿Quién crees que ha estado allí para contenerte cuando gritas y lloras intentando hacerte daño? ¿Quién crees que se come la cabeza pensando en maneras de evitar que vuelvas a herirte? ¡Eh! ¡Quién!
Bella cierra los ojos y solloza. No puede soporta más de esto - Por favor, déjame.
- No.
- ¡Que me dejes! ¿Qué demonios sucede contigo? - le pregunta ya sin contener su llanto.
- Me pasa que me enfurece que no te dejes ayudar. Que no te ayudes a ti misma. ¿Qué crees que podemos hacer nosotros por ti? si ni siquiera sabemos qué es con exactitud lo que ocurre contigo. Y lo peor es que parece que no te importa por lo que nosotros debamos pasar mientras tú te encuentras en la feliz inconsciencia.
Otra vez... ¿Es que él no puede darse cuenta del modo en que me saca en cara lo que hace por mí? ¿Por qué no se da cuenta?
Guarda silencio.
Bella presiona los labios con firmeza y no dice nada. Pasado los segundos, Edward suspira, afloja el agarre y sube las manos para frotarle los brazos. Se adelanta y presiona sus fríos labios contra la caliente frente de ella. Pero Bella permanece rígida y en silencio, mirando hacia el suelo.
- Amor. Por favor, sólo... Por favor, tienes que volver.
¿Por qué mis argumentos son tan débiles? no tengo la suficiente fuerza para librarme de él. Aquí me tiene, sin escapatoria. Y sigue sin entender que no debo ni quiero volver todavía.
Los portazos se detienen y el silencio los envuelve. ¿Qué más se puede decir que no sean palabras hirientes?
¿Me querrías de otra forma?
Sí.
Vale.
No responderá y eso Edward lo sabe, por lo que a regañadientes la suelta. Bella al saberse liberada se de la vuelta y sale de la habitación. Una vez en el pasillo corre hacia su cuarto. La puerta roja está allí, como su salvadora, su escapatoria.
Es una montaña extraña. Está en la cima. Y allí ha gritado hasta sentir que se quedaba sin voz, ha llorado hasta sentirse seca por dentro. Le duelen y sangran sus manos por los golpes contra la roca en la que sus rodillas se mantienen tercamente pegadas.
¿Me querrías de otra forma?
- ¡NO! - grita en un lamento agónico. La inmensidad de aquel lugar hace que su voz retumbe por cada rincón. - ¿Qué más puedo hacer? ¿Qué es lo que debo hacer? - pregunta y el estremecedor silencio es su única respuesta. Se deja caer sobre la dura roca y mira hacia el cielo. Hay mucha luz. La montaña es altísima, sin embargo, la altura no le afecta en lo absoluto. Le parece extraña porque es muy puntiaguda y ella ha salido justo en la punta, que es como de siete u ocho metro de ancho. Y es lisa, como si un gigante hubiese cortado parte de ella para dejar la cima así de plano.
- Espero que realmente no haya gigantes aquí - susurra, ya mucho más tranquila. Por el borde de la montaña no se ve nada pues unas densas nubes lo cubren todo hasta la base.
Eso es realmente peligroso, no saber en qué clase de mundo pudo haber caído pero no debe ser tan malo si he hecho mi pataleta a gusto y nada ni nadie me interrumpió.
Piensa en su pelea con Edward. ¿Por qué siguen echándose mierda el uno al otro? sabe que sus crisis deben ser terribles, agotadoras, desesperantes y dolorosas.
- Lo sé. Pero él me hace sentir como si fuese una egoísta de mierda. "Feliz inconsciencia" ¿Cómo demonios se atreve a decirme eso? - murmura con rabia y dolor. ¿Por qué esto no acaba ya?
- Debería irme silenciosamente. Puede que mis huesos hayan encontrado un lugar para acostarse y dormir. - mira hacia su izquierda y después a la derecha, pero el cielo es interminable hacia ambos lados - Sin horizontes. Quizá realmente estoy sola aquí... Arriba.
Nadie te sostiene arriba.
Es un pensamiento extraño. Es como si ya lo hubiese dicho en voz alta alguna vez, pero no puede recordar...
- Aunque no es la altura debida - de eso está segura - Edward se va alejando. Y no sé cómo detenerlo - hace una pausa - Pero es mi pareja. Se supone que me ama. A mí no importaría pasar por diez infiernos con tal de que él esté bien.
Eso no es cierto.
- ¿Que no es cierto? - Bella frunce el ceño. Y entonces lo entiende - Sé que volver a mi realidad será malo. Lo puedo sentir. Y no me quiero ir por lo mismo. Pero al quedarme, le estoy haciendo pasar a Edward y a toda su familia tanto mal como el que quiero evitar. No creo que sea tan egoísta de su parte tener un poco de paz, lo admito. ¿Pero por qué el no puede admitir por mí, que tampoco es tan egoísta de mi parte buscar algo de alivio?
Suspira quedito. Las cosas no pueden continuar como están. Sí, ahora está un poco mejor, pero como Edward dice ¿Cuánto le va a durar?
- Debo volver. A ambos lados. Ya veré qué hacer cuando tenga qué. - al levantarse, su puerta roja ya la espera abierta.
Va a despedirse de los Cullen. Ya lo ha entendido. Es demasiado para ellos. Bella requiere más de lo que ellos pueden dar.
Al atravesar su puerta, espera salir en su espaciosa habitación en la casa Cullen, por lo que no es menor su sorpresa cuando lo que tiene frente a sí es una calle. Está en la vereda y su puerta ha aparecido de modo que al salir, quede directamente mirando la fachada de un casa mediana. Mira hacia izquierda y derecha, pero la calle no tiene límites en ningún extremo. Al mirar hacia atrás, su puerta ya no está, pero hay más casas en todo ese lado también. Sin poder hacer otra cosa, cruza la calle y como la casa no tiene reja o algún tipo de cerca, puede llegar hasta la ventana sin problema alguno.
Lo ve en el interior la deja sin aliento.
En un comedor pequeño pero acogedor, una pareja ocupa sus sillas correspondientes en la mesa. La imagen no tendría nada de conmovedor si no fuera porque el chico ignora su comida para poder darle de comer a su mujer. Se nota que son pareja, por la forma en él la mira y ella responde.
La mujer, castaña, delgada y de unas bonitas facciones algo redondeadas, tiene incontrolables espasmo tanto en las manos como en la cabeza. Pero él sonríe. Le sonríe a ella. Es amoroso y paciente. Y le limpia la boca cuando algo de comida se le escapa.
Bella siente que el aire se le atragante cuando lo ve inclinarse y besarle con ternura la frente.
Ed también me ha dado de comer. Y lo hace con el mismo amor y paciencia, por eso sabe lo que está viendo.
- Pero él ya no quiere hacer esto por mí - susurra sin perturbar la vida de aquellas personas.
Se da la vuelta y su puerta ya está allí. No le sorprende que al cruzarla otra vez esté en algún lugar desconocido.
Un chico sin brazos ni piernas, siendo ayudado por su pareja en cada difícil etapa de su vida.
Un joven con esquizofrenia. Y la chica lo abraza sin importarle cuán fuerte se revuelva él. Y tampoco se inmuta por los insultos, por los gritos...
Una anciana con alzhéimer, y su paciente esposo a su lado explicándole quién es él.
Un hombre con cáncer de estómago, vomitando sangre a chorros, y su joven y preocupado marido sobándole la espalda, sosteniéndolo.
Tantos, tantos, tantos, soportando lo indecible por el sólo hecho de amar y quedarse allí. Y ninguno de ellos tiene la intención de abandonar la lucha.
- Se puede. Soportar esto, sí se puede. - cruza su puerta y finalmente, entra en su habitación.
¿Quizá el amor de Edward no es tan grande?
- ¿Pero puedo culparlo por eso? - se pregunta sentándose en la cama. Sabe que aunque su voz es casi inaudible. Los vampiros en la casa la pueden escuchar con perfecta claridad. - Creo que perdí.
Dentro de tu alma encontrarás el atardecer... Fugaz.
Enamorado... Llanto (desesperado) (contado)
Bella suspira. Sabía que iban a volver más temprano que tarde.
Demonios.
La segunda parte estará lista en un par de días. Tuve que dividirla en dos, porque como ya vieron, salió muuuy larga. Y aún falta.
Besos.
