Nota: Sí, sí, tardé demasiado. Lo lamento, pero entre vacaciones, ser una idiota emocional y tener problemas creativos, no puedo hacer mucho más de lo que hago.

Así que, capítulo largo para compensar.


Si debía ser sincera, Jubilee no estaba pensando en cómo debía actuar frente a sus amigos, cuando vio a Kitty prácticamente trotar por el pasillo. Se estaba cuestionando un millar de cosas sobre su vida, pero eso no parecía suficiente argumento para desquitarse con su familia.

Tomó una gran bocanada de aire cuando caminó hacia Kitty, cortándole el paso. Debía hablar con ella.

—¡Hola! ¿Cómo estás? —exclamó. Las palabras salieron tan rápido de su boca que Shadowcat tuvo que procesarlas para entenderlas.

—¿Hola? —masculló sorprendida. No se esperaba eso. Por lo general, las discusiones con Jubilee terminaban cuando ella se rendía y se acercaba a hablarle. Nunca la pirotécnica daba el primer paso —. Bien —respondió con un encogimiento de hombros, luego de un extremadamente largo segundo. Su actitud desinteresada lucía extraña en ella. Era como una sobre actuación que no encajaba.

—Genial… —masculló Jubilee, aun manteniendo la mirada clavada en ella y una expresión que no se esforzaba por ocultar el desconcierto. No sabía qué rayos estaba haciendo—. Así que… —comenzó con un comentario al azar, buscando hacer plática, tanteando el terreno. Metió las manos a los bolcillos de su chaqueta amarilla—. ¿Cómo va la tarea que te dio el Profesor X?

—Oh, bastante bien —respondió con un encogimiento de hombros—. Hackeamos el sistema de seguridad de la ciudad, junto a Mystique —comentó con actitud sobrada. Esa definitivamente no era Kitty o estaba ocultando algo. Era pésima mintiendo—. Ya encontramos una pista. Me estoy encargando de coordinar la búsqueda con Logan, mientras ella continúa recabando datos. —Hizo un gesto con la mano, quitándole importancia—. Todo es mucho más sencillo, luego de hacer el hueco en la seguridad.

—Eso suena muy bien —la felicitó Jubilee, imitando el tono falso—. Debe ser escalofriante trabajar con la mujer azul —la punzó un poco, intentando que la otra muchacha siguiera hablando. Estaba muy equivocada si creía que la pirotécnica la dejaría ir con esa pésima actuación.

—Para nada —negó—. Es gratificante trabajar con alguien tan eficiente. —Ahí estaba esa sobreactuación que obligaba a Jubb a seguir indagando. Pero antes, suspiró. Esto no iba a funcionar. Las cosas no se solucionarían fingiendo que nada ocurría y Jubilation Lee no era alguien que abandonara a su familia:

—¡Lo siento! —exclamó, como si las palabras hubieran representado un gran peso que se estaba quitando de encima—. Lamento tratarte así el otro día —aclaró pareciendo tener dificultades para sacar las palabras, a pesar de sostenerle la mirada a su amiga—. Todo es jodidamente raro y me desquité contigo —aceptó, evitando tocar el tema de sus propias dudas existenciales. Eso era tema para otra plática.

—¡Oh, por dios! Pensé que nunca lo dirías —replicó Kitty, relajando sus músculos por un segundo, mirando al techo para respirar tranquila antes de:— ¡Soy una horrible X-men! —chilló de repente, desbordando en pánico. Fue como una explosión. Parecía que lloraría en cualquier segundo.

—¡¿Qué?! —gritó Jubilee, realmente preocupada—. ¿De qué hablas? Tú eres genial.

—¡Claro que no! El Profesor se enfadará conmigo y me quitará mi traje —chillaba.

—¿De qué diablos hablas? —le pidió tomándola de los hombros.

—¡Debía ser la voz de la consciencia! ¡Pero Logan se quitó el comunicador y ahora está haciendo equipo con la Bruja escarlata!

—Oh, rayos… —blasfemó—. Sí, eres una mala X-men.

—¡Jubilee!

—¡Lo siento! —se apresuró a tratar de calmarla—. Solo… tranquila. Hiciste un gran trabajo. Ahora solo debes hablar con Mystique —sugirió—. Esa perra loca seguro sabe cómo contactar a la perra loca escarlata o a Logan.

—¿Bromeas? —cuestionó aterrada— ¿Tienes idea de lo espeluznante que fue trabajar con Mystique? —se quejó—. Es como un robot. Parece que te matará en cualquier momento ¡Juro que me hacía sentir una delincuente cada vez que aceptaba que yo estaba haciendo un buen trabajo!

—Kitty… estabas hackeando cámaras de seguridad del gobierno, eso es un delito…

—¡Fue por una buena causa! —se defendió.

—¡Lo sé! —aceptó. Su voz estaba aumentando una octava en cada intento de plática con Kitty. Necesitaba un cigarrillo ahora.

—¿Qué haré? —pidió por ayuda nuevamente.

Jubilee quiso decirle que estaba en pánico por nada. Si Logan optó por hacer una idiotez, el Profesor no podía culparla por ello. Es decir, si de verdad la mente más poderosa del mundo creyó que la pequeña Kitty Pryde (o cualquiera, de hecho) podía controlar a Wolverine, dejaba mucho qué desear.

—Pues… —dudó. Ella no estaba segura de lo que diría, pero sonrió para tratar de transmitirle algo de calma a la pequeña castaña, tomándole la mano. Esperaba que ella lo tradujera como un "estaré allí". Porque era lo único de lo que estaba segura, no importaba lo que ocurriera a continuación.


Estaban tratando de recordar qué tan bueno era el control de John sobre su don a la edad de quince años, porque Bobby en particular solo podía rememorar la cantidad de regaños que el chico recibía de parte de Scott por esa época. No que no fuera bueno, sino que la rebeldía, la creatividad y Summers no eran muy compatibles, si debía ser sincero.

—Intenté muchas cosas —le decía Rogue a John, en ese momento. El chico trataba de averiguar qué fue mal en el entrenamiento que ella había recibido, como para no haber logrado un control.

—Genial… pues olvida todo —replicó seguro. Cuando ella le dedicó una mirada extrañada, él agregó:— No debes ser un genio para darte cuenta que nada de eso funcionó, no será una gran pérdida.

Rogue y Bobby sonrieron. Era extraño, pero no por eso menos divertido ver al pirómano de vuelta en todo su estúpido esplendor.


Pietro se mantenía alejado del entrenamiento de los "tres mosqueteros", desde que se levantó esa mañana. No se sentía capaz de tener contacto con ellos. Ni con las bromas, ni con la risa, ni con esa familiaridad repugnante con la que se trataban entre ellos. Era lamentable que debiera seguir con la vigilancia. Se sentó en el suelo, a una distancia prudente, desde la que podría correr y meterse de ser necesario. Había dejado de nevar, pero todo estaba cubierto de un velo blanco.

—Es jodido ¿no crees? —cuestionó la voz de Jubilee junto a él. Fue increíblemente extraño que él se viera sorprendido por algo, pero si debía ser sincero, no estaba pasando unos buenos días de sueño y comida, sin contar que pasaba mucho de su tiempo revolcándose en autocompasión.

—¿Qué tú te alejes de tu rebaño? —trató de burlarse despectivo.

—Que todos jueguen a tratar de recuperar a John —replicó sin inmutarse del intento hostil—. Es como si todos tiraran de él en diferentes direcciones, sin cuidado de que en algún momento se romperá. —Miraba hacía los tres chicos que platicaban a la distancia.

—Es una lástima que nadie parezca recordar que él ya está roto… —espetó con sorna. No podía quitarse de la cabeza que ese de allí no era su Johnny. Ese era un muchacho al que le arrebataron un pedazo, dejándolo destrozado. Por su propio bien, no podía dejar de repetirse ese dato.

—Yo me obligo a recordarlo, en todo momento —comentó apesadumbrada. El velo triste que cayó sobre ella en ese momento, no pasó desapercibido para el velocista. Era triste pensar que esa chica lo entendía mejor que cualquiera. Y si bien su primer impulso fue el de consolarla, prefirió pasar al segundo:

—¿Por qué me hablas a mi? —preguntó de repente— ¿No deberías vomitar tus tripas con tus ñoños-amigos?

Ella rodó los ojos, antes de hablar.

—Deja esa actitud conmigo —le pidió—. Ya sabes, me enseñaron a tender la mano al que lo necesita —se explicó con un encogimiento de hombros—. Y tú eres el único que parece tan vuelto mierda como yo por todo esto.

—No estoy vuelto mierda —gruñó.

—Genial —aceptó sin comprometerse, mientras se dejaba caer junto a él—. Pues yo sí lo estoy… y quiero que sepas que John dejándome, fue lo más doloroso que soporté en los últimos años —lo miró a los ojos esta vez. No esperaba que ese día fuera el de tragarse su orgullo.

—Te dejaré una caja de pañuelos cuando nos vayamos de nuevo —replicó brusco—. Magneto no parece con ánimos de rendirse. —No tardó en darse cuenta de que señaló a su padre como el interesado en Pyro y no a él mismo. No sabía qué significaba eso.

Jubilee hizo un esfuerzo por ignorarlo. Ella sabía que Pietro y John tenían algo desde hacía mucho tiempo. Según ella, había que ser idiota para no notar cómo se miraban, en las ocasiones en que hubo encuentros con la Hermandad. Y estaba dispuesta a hacer algo a favor de esa relación, corriendo el riesgo de volverse una traidora. Los límites se estaban volviendo difusos para ella.

—John y yo siempre creímos que escaparíamos juntos de aquí —le contó distante. Había una sonrisa triste es sus labios—. Pero él se fue solo.

—No soy alguien paciente ¿sabes? —disparó él. Arqueó una ceja hacía ella. Era tan despectivo cuando tenía que referirse a los X-men. Tenía los nervios destrozados a esa altura.

—Lo que quiero decir… —continuó, luego de un suspiro. Ella es la que estaba perdiendo la paciencia con ese chico, pero después de todo ella fue quien lo increpó en primer lugar— es que John es libre. Siempre lo fue. Tú debes saberlo ¿no? Él siempre buscó la libertad. Nunca le importó el pasado, porque siempre logró dejarlo atrás…

—¿Así que quieres que deje libre a Pyro para que ustedes puedan recuperarlo? —escupió de repente, fastidiado. Tuvo el impulso de golpear en el rostro a la niña. Le parecía insultante que viniera con ese pedido tácito. Él no era el maldito pasado de John… Una parte profunda de él, notó cómo iba de negar su dolor, a abrazarlo constantemente. Iba a volverse loco pronto.

—No —replicó calma. Un brillo arrogante en su semblante le recordó mucho a Johnny. Era como si con solo una mirada te hiciera sentir un niño—. Lo que digo es que aquí nadie parece dispuesto a dejar libre a John —masculló lanzando una mirada significativa al trío de mutantes que entrenaba a la distancia.

Entonces, Pietro comprendió: ella y Johnny siempre habían planeado dejar la mansión juntos. Ser libres, dejar todo el pasado atrás. Y su Johnny lo había logrado, aunque hubiera sido doloroso para ella.

Jubilee se puso de pie nuevamente.

—John nunca podría ser feliz aquí —le dijo con ese aire triste que opacaba su semblante—. No dejes que el afán de todos por recuperarlo hagan que él vuelva a ser el bastardo infeliz que conocí —le pidió, comenzando a caminar. Dio unos pasos, antes de detenerse y mirarlo sobre su hombro—. Él no es tu misión, por dios —casi sonó a regaño. Luego se fue.

Pietro podría ser rápido y sus emociones podrían ser una locura, pero había momentos como ese, en que todo era solo demasiado.

Se quedó en silencio sin terminar de comprender.


—Tú puedes —la animó John. Él no sabía que todos llevaban mucho tiempo diciéndole lo mismo y ella nunca había podido.

—Tócame a mi —dijo Bobby, sin poder contenerse. Estaba celoso y ni siquiera era consciente de eso.

John le dedicó un mohín, estaba listo para lanzar un comentario sarcástico, antes de que Rogue aceptara. Eso era decepcionante y emocionante a partes iguales. No recordaba haber visto a la chica usando sus poderes, solo oído rumores. Eso sería divertido, sea cual fuera el resultado.

Ella respiró profundamente un par de veces, con los ojos cerrados. Trataba de enfocarse. Luego, mantuvo la mirada clavada en los ojos de Bobby antes de tocarle la mejilla con la palma desnuda.

Un, dos, tres, cuatro, cinco segundos completos de un tacto inocente. Cinco preciosos segundos que llenaron de esperanza a los tres mutantes. Cinco segundos antes de que la piel venenosa volviera a hacer efecto, succionando la energía de su novio. Ella reaccionó, alejándose aterrada, dejando a su novio pálido y jadeando.

—¡Lo siento! —chilló Rogue— ¿Estás bien? —preguntó. Bobby asintió rápido.

Ambos tardaron un poco en darse cuenta de que uno de ellos no estaba tomándose en serio lo que acababa de ocurrir:

John se reía abiertamente, aunque fingiera ser suficientemente integro como para cubrirse la boca con una mano y ahogar su carcajada. Y no importaba que Rogue le encantara pasar tiempo con John otra vez, él seguía siendo un completo imbécil. Por eso, ella no dudó en darle su merecido al tocar su mejilla con la palma desnuda.

Ninguno se esperó lo que ocurrió a continuación. Porque no hubo succión, no hubo debilidad, ni dolor. John permaneció de pie, con la piel de la chica tocando la de él. Ambos quedaron en shock, mirándose a los ojos.

—¡Rogue, suéltalo! —le ordenó Bobby, tras un lapso demasiado largo. Se había aterrado. Rogue podía hacerle mucho daño a alguien, al mantener contacto por tanto tiempo.

Ella obedeció, retrocediendo un paso y llevándose la mano hasta el corazón, acunándola de tal modo que lucía herida. Ni ella, ni John, dejaban de mirarse a los ojos, pareciendo asustados de lo que ocurrió.

—¿Chicos? —masculló Bobby, algo preocupado.

John fue el que reaccionó, chasqueando el mechero de su mano para encenderlo y levantarlo de tal modo que Rogue lo tuviera a la altura de sus ojos. Se mantuvo estático unos segundos. Ahora las miradas oscura y gris observaban la llama, que permanecía libre.

Bobby creyó que el pirómano invitaba a Rogue a jugar con su don, pero ella frunció el ceño pareciendo contrariada. Él estaba por decir algo, justo cuando John llevó el pequeño tiburón hasta él mismo, mirándolo detenidamente, antes de que se congelara por completo.

Ninguno se esperaba que eso ocurriera.

—¿Qué…? —jadeó Bobby sorprendido. Él no había hecho eso y por la mirada aterrada que John había tenido en ese segundo, era él quien tenía algo que ver.

—Redirigiste el don de Bobby —masculló John hacía Rogue—. No era lo que buscábamos… —dijo tratando de fingir seguridad— pero carajo que es mucho más de lo que lograste sin mí por estos lados —trató de bromear con una sonrisa.

Rogue pareció esforzarse por corresponder el gesto. Era cierto que era algo diferente. Pero no estaba del todo segura de que fuera bueno. Para ella, solo era otro don del que no tenía control.

—Debes hablar con el Profesor —le dijo Bobby—. Él debe saberlo, aunque no pueda ayudar por ahora —agregó, sabiendo qué era lo que ella diría.

La muchacha asintió silenciosa.

—Gracias —dijo a John a modo de despedida— ¿Mañana a la misma hora? —preguntó sobre su hombro, sin detenerse en su caminata.

El castaño asintió. Vaya que ella era preciosa.


—Esto es estúpido.

—Tú eres estúpido.

Avalancha no sabía por qué seguía allí. Esos dos daban miedo y si Pyro dependía solo de ellos, ya podía ir despidiéndose de su mejor amigo.

—¡Si están dormidos no podré interrogarlos! —se quejaba Wolverine, frente al volante del auto.

—¡No necesitamos interrogarlos, sé que el mocoso está allí dentro! —chillaba Wanda, en el asiento del copiloto.

Definitivamente, John jamás vería el bar con el que Nick soñaba.

—Escucha, mocosa: yo no secuestraré a un niño —le aclaró.

Habían logrado rastrear a Chuck, entre el saqueo mental de Wanda y los sentidos sensibles de Logan. Eran un equipo eficaz, pero aterrador. Solo llevaban un par de horas en la tarea y a pesar de obtener frutos, tampoco tardaron en provocar chispas entre ellos.

Wanda reaccionó gruñendo frustrada, antes de saltar fuera del auto y caminar firme hacia el lugar.

—Oh, rayos —farfulló Avalancha, al tiempo que Wolverine salía para seguirla y la muchacha agitaba las manos, con energía roja bailando en el aire, haciendo que el guardia de seguridad cayera dormido.

Dominick reaccionó en consecuencia, hizo que un terremoto agitara la base del local, de forma que las personas dentro debieran correr despavoridas. Garantizaba que la calle también quedara despejada, aunque un solo hombre y una muchacha fueran en contra de la pequeña avalancha humana. Fue un reflejo, esa estrategia era muy usada por la Hermandad.

Avalancha pensó que eso debería ser malo para el negocio.


Chuck no supo qué hacer cuando la gente comenzó a correr fuera del local. Solo se había sentado a esperar porque el lugar se despejara para escabullirse detrás del mostrador, hasta la cocina, para tomar un pedido recién hecho y salir por la puerta de atrás, sin que el cocinero lo notara, bajo el efecto de su don.

Solo se quedó congelado en su lugar, maldiciendo a Martin por obligarlo a ir por comida, otra vez.

Todo empeoró cuando intentó salir y un tipo se quedó plantado frente a él, interponiéndose en su camino. El aliento se quedó atorado en su garganta al reconocerlo.

—No voy a hacerte daño —advirtió Logan, con calma, enseñado las manos desnudas, como muestra de que no iba armado—. Necesito… —la frase quedó estancada en el aire, cuando el mutante mayor quedó inmovilizado.

Los preciosos ojos azules de Chuck, ahora brillaban blancos. El miedo lo embargó, antes de salir corriendo, ignorando por completo la maldición de una mujer detrás.

Chuck intentó correr, sin soltar a Logan de su poder. Tropezó, se levantó y siguió corriendo con todas sus fuerzas, pero el llanto se apoderaba de su garganta, con el pánico haciendo que pierda la estabilidad de su don, mientras se ahogaba y la carrera se dificultaba. Continuó, hasta que sintió el agarre de su poder soltándose de golpe, obligándolo a girar en un callejón, a tropezones, para ocultarse detrás de un contenedor de basura, haciéndose pequeño, mientras con manos temblorosas sacaba a trompicones el celular que había robado hace días, creyéndolo inútil. Marcó el único número que guardaba la memoria, esperando recibir respuesta, aún agitado y sollozando lo más bajo que podía. Su corazón latía a prisa, golpeteando en su pecho con fuerza.

—¿Chuck? —contestó la vocesilla de Lisie del otro lado.

—Me atraparon —masculló, sabiendo que sonaba patético.

—¿¡En dónde estás!? —pidió la chica, oyéndose aterrada.

—En un callejón… —alcanzó a decir, antes de que el aparato fuera arrebatado de su mano—. ¡No!

—Atrapado —anunció la muchacha de vestido negro con una sonrisa victoriosa, cuando se halló de pie frente de Chuck, arrinconándolo. El jovencito rubio no tuvo tiempo de comprender nada, cayó dormido de repente.

—Dime que no hiciste que explotara —pidió Avalancha, mientras caminaba hacia ella. Ya estaba cansado de correr, ni siquiera se preocupó por la expresión enfadada de la Bruja escarlata. Ambos sabían que, no hacía mucho tiempo, hacía estallar cosas con esos hechizos de sueño.

—Esto es un intercambio de rehenes —dijo hacia el celular que aún flotaba junto a ella, con la energía roja abrazándolo—. Queremos a nuestro amigo de vuelta y ustedes obtendrán a su rubio. Nos mantendremos en contacto. —Luego colgó.

—¿Nos mantendremos en contacto? —cuestionó Nick, incrédulo.

—Siempre quise decir eso —respondió con un encogimiento de hombros.

Avalancha se seguía preguntando cómo fue tan idiota como para aceptar hacer equipo con la Bruja escarlata. Ella estaba mal de la cabeza.


—¿Ella iba a ser de ayuda? —Erik cuestionó despectivo.

—Es decepcionante que no me lo informaras a tiempo, Kitty —le dijo Charles, a la pequeña chica que no despegaba los ojos de la punta de sus zapatos, desde que había confesado lo que ocurría—. Te pedí ayuda, porque confiaba en que podrías advertirme de algo así, sin temor —le reprochó con suavidad.

—Es que creí… —trató de defenderse, pero dejó morir la frase antes de concluir. No era momento de justificarse. Haberse aterrado y esperar que Logan recobrara la cordura, para contactarse nuevamente con ella, había sido infantil. Nunca debía hacer caso a Jubilee, no importaba lo desesperaba que estaba, por dios.

—Por dios, Charles: al menos podrías tener a mocosos eficientes —espetó Mystique, casi pareciendo que rodaba los ojos con la sola frase.

—¡Dijiste que era eficiente! —protestó Kitty, antes de darse cuenta de lo que hacía. Había tres pares de ojos, que daban escalofríos, apuntados a ella. Se apresuró a agachar la mirada y farfullar una disculpa.

—Tú intenta con Cerebro, Charles —la voz de Magneto hizo que la muchacha se enfocara nuevamente—. Yo haré un llamado —explicó tranquilo, mientras se levantaba para salir de la oficina—. Mystique, informa a QuickSilver —dijo, cuando salía por la puerta.

Shadowcat se preguntó si realmente el amo del magnetismo se había tomado con calma el hecho de que uno de los suyos había desobedecido una orden. Se había imaginado que objetos de metal volarían por los aires; de hecho se había preparado para entrar en fase, antes de entrar.

—Hablaré contigo más tarde, Kitty —le informó el Profesor, mientras salía detrás de Erik—. Agradezco lo que hiciste hasta ahora.

—Sí, Profesor —aceptó incómoda. No se sentía realmente bien con su desempeño.

—"Potencial" y "eficiencia" son dos cosas diferentes —susurró Mystique para que solo la pequeña la oyera; estaba mirando a la puerta, por donde salieron los dos hombres. La niña se tensó, lista para usar su don, de ser necesario—. "Eficiente" hubiera sido venir aquí con una ubicación de Wolverine y la Bruja escarlata —indicó, haciendo que Kitty sintiera un escalofrío recorriendo su columna vertebral. No era solo lo extremadamente aterradora que Mystique era, también lo incómodo y fascinante que resultaba que alguien tan inteligente la aconsejara.

Raven salió, sin mirarla.

"Tan aterrador" —pensó Kitty. Iba a chillar cuando les cuente eso a sus amigos.


Pietro tenía dificultades para fingir que nada pasaba, cuando tenía a Johnny hablando tan divertido con Iceman. Todo era mucho para sus sentimientos: una montaña rusa, demasiado rápida para cualquiera. Incluso para él mismo.

Estaba consolándose con la idea de que Rogue los dejaba solos y eso era increíblemente un consuelo, ya que sus celos seguían picando dolorosamente cuando ella estaba cerca de John.

No sabía de qué hablaban esos dos, pero se perdía de a momentos en la risa de su novio.

"No es tu novio" —se decía—. "Sí, lo es" —se contradecía un segundo después. Si la idiota de Jubilee pensaba que ella la tenía difícil, realmente no tenía una idea del infierno que su cabeza, extremadamente veloz, era.

Se aferró un poco a la despedida de Iceman. No los oía a la distancia que se encontraba, pero los gestos eran suficientes para comprender que estaban separándose. El rubio caminó en dirección a la mansión, mientras John se entretenía jugando un poco con una llama. Era casi doloroso ver sonreír a su novio, mientras él se hallaba tan lejos.

Hubo un escalofrío recorriéndolo. Sabía que había sido una decisión estúpida el sentarse en el suelo nevado, pero necesitaba una distancia prudente (que nada tenía de prudente, porque todo era una tortura, sin importar que no escuchara las bromitas de los X-men con John) y no había lugares secos de dónde elegir.

John era adorable jugando con fuego. Simplemente lo era. Su mirada parecía brillar cuando lo hacía.

Y del frío pasó al malestar. Así, rápido, fue cuestión de un segundo. Su cabeza dolía y se sintió débil. Creyó tontamente que pasaría igual de rápido, pero por suerte (si es que así podía llamarse), su mente era igual de rápida: conocía ese malestar general. No eran sus estúpidas emociones, era su estúpidamente rápido sistema, exigiendo atención: necesitaba comer algo.

Se puso de pie, dispuesto a echar una corrida para robar algo de la cocina y volver a su puesto de vigilancia, antes de que Pyro siquiera notara su ausencia, pero todo se fue a negro para él.


Nota: Un poco de todo y avance en la historia (al menos yo lo veo así).

La próxima, espero sorprender con algunas cositas.

Gracias por leer. Gracias si comentan. Saludos. Be free, be happy.