Disclaimer: Todo personaje ocupado en este fic no es de mi autoría sino de su respectivo dueño ^^


Capítulo XIII

Creer

Lo solté, simplemente lo dije, olvidando que existen consecuencias, como que es posible que Ryouta no sienta lo mismo. Le había dicho que estaba enamorado de él y, negándome a verle, no le permití que se reincorporara. Me sentía avergonzado y no sabía qué hacer, qué decir. Por primera vez, tenía miedo. Tenía miedo a lo que pudiera suceder cuando aquellos hermosos ojos me miraran.

—Aomine —dijo con voz algo distorsionada puesto que seguía apegado a la curvatura de mi cuello. Me estremecí al sentir su aliento chocar contra mi piel, sin embargo, no le solté. —Lo que dijiste, tú…

Sabía que no podía huir, estábamos en mi casa. Podría dejarle ahí y escapar de su respuesta, pero sabía que sólo podría fracturar nuestra relación o lo que fuera que tuviéramos. Sin más le solté resignándome a hacerle frente, alejándome con la cabeza agachada. Por primera vez me sentía indefenso, sin poderme cubrir con mi actitud de bastardo.

—Aomine —llamó otra vez. —Mírame, por favor.

—No —murmuré, reacio a alzar a vista y ver su expresión. —Lo que dije, olvídalo. Fue algo estúpido que se me salió, Ryou.

Hubo silencio y mi corazón latía con fuerza. Lo que había dicho había sido mi miedo hablando, porque lo que en verdad quería decir era que le deseaba, pero no de aquella manera en la que lo imaginaba debajo de mí, gimiendo mi nombre y viéndole desnudo; no, a ese deseo no (quizás sí, pero no en ese momento), lo que yo deseaba de él era su compañía, sus labios pronunciando mi nombre, sus ojos mirándome. Lo deseaba.

—Entonces, esto fue un error, ¿cierto?

El dolor y la decepción que pude percibir en su afirmación me hicieron elevar la mirada con rapidez, viéndole sorprendido.

¿Por qué llegaba a esas conclusiones?


Lo sabía, siempre lo supe: tuve que hacerle caso a esa pequeña vocecita que me advertía de que esto no podía resultar así de asombroso. Para mí siempre había un "pero" en todo lo que me ocurría. Sonreí irónico de la situación: yo, ilusionado de que aquel muchacho de tez morena sintiera algo por mí. ¿Por qué me dejé soñar tan descuidadamente? ¿En qué estaba pensando?

Entonces Aomine era de esos que besaban por compasión a los que eran desdichados como yo, ¿verdad? Sí, eso debía ser.

—Entiendo que sientas compasión por mí, incluso lástima, pero no debiste ser así de cruel, Aomine. No de esta manera, no conmigo.

Solté una risa ahogada por un sollozo que se había atorado en mi garganta. Aomine seguía viéndome sorprendido, como si lo que yo dijera fuera una completa tontería o locura. En ese momento estaba deseando no haberle conocido, no haber aceptado su compañía…

—¿Por qué sacas conclusiones así de estúpidas, Kise Ryouta? —dijo molesto, frunciendo el ceño haciéndome reír irónico.

—¿Estúpidas? ¿Por qué estúpidas? —inquirí, viéndole en medio de lágrimas que amenazaban con volver a salir.

—Porque estás diciendo algo que nunca dije —respondió serio.

—Dijiste que era algo estúpido que se te había salido.

Aomine resopló con frustración mientras se revolvía los cabellos, poniéndose de pie y comenzando a caminar en círculos en la estancia.

—Dijiste que lo olvidara. ¿Cómo debo tomar eso sino como que lo que hiciste y dijiste sólo fue para hacerme sentir mejor? Te dije antes que soy homosexual y hoy me quedó claro que los penes no te van, y muchos menos inútiles como yo.

En ese instante él se detuvo y de un momento a otro le tenía encima de mí, acorralándome en el sillón, con sus manos a cada costado de mi cuerpo, su rostro cerca de mí. De pronto me sentí diminuto, en su mirada parecía arder algo semejante al infierno, sus labios estaban apretados formando una fina línea y sus bíceps estaban tensos como su cuerpo. Quise desviar la mirada, pero mi orgullo (o lo que había) me hizo sostenerle la mirada y tratar de ocultar mis nervios tragando saliva.

—Deja te aclaro algo, Ryouta. No, no me van los penes, pero qué crees, resulta que me gustas tú y que estoy estúpidamente enamorado de ti. ¿Por qué? ¡No sé! Y no, no te besé por compasión, lo hice porque me tientas, ¡maldita sea! Soy pésimo para las relaciones, ¡así que no sé qué putas hacer ahora! Todas mis relaciones anteriores no duraban más de un mes, todas esas chicas no me hicieron sentir lo que tú provocas. Y no, no estoy siendo cliché porque esas mierdas no me van. Así que perdóname por ser también un asco en escoger las palabras para responder a esto y lastimándote por ello, pero también entiende que soy un estúpido animal y un completo bastardo que está enamorado de ti. ¡De ti! ¡Oíste! Y si no te queda claro de esta manera, te haré entender de la otra.

Mi mente había quedado en blanco por aquella confesión de su parte. No sabía qué pensar con exactitud: por un lado, no quería creerle, mis miedos se habían activado y vuelto, pero…


Sin más, volví a reclamar su boca, haciéndolo con rudeza, con mis sentimientos a flor de piel. Le impuse un ritmo que trató de seguir, recorrí su cavidad con mi lengua, mordiéndole los labios cuando podía. Quería que entendiera que lo que yo dije no había sido una estupidez, sino que mi boca era la estúpida. Por ello le seguí besando, posando mi diestra debajo de su quijada, elevando un poco su cabeza para una mejor posición, mientras la zurda sostenía mi peso.

De un momento a otro corté el beso, sintiendo su aliento cálido y escuchando su jadeo al separarnos un poco brusco. Le miré el rostro, viendo embelesado sus ojos semi-abiertos y sus labios rojos e hinchados. Mi pulgar derecho delineó su labio inferior, siguiendo su camino con mí mirada, hasta que la mano del rubio se posó en mi muñeca atrayendo mi atención al instante.

Podía sentir ese miedo a creerme, pero también pude percibir en sus ojos aquella súplica de que todo fuera verdad. Algo tan malditamente contradictorio como él solía ser.

—Ryouta —llamé por lo bajo, mirándole serio —, también quiero aclarar que tú no eres ningún inútil. Me jode que creas eso porque tú no eres eso, así que saca ese estúpido pensamiento de tu cabeza —dije mientras mi diestra acariciaba sus rubios cabellos, desordenándolos. —Además, si también piensas que esto —besé su cicatriz, sintiendo su cuerpo tensarse— me importa o esto —acaricié su muslo derecho con ternura—, estás idiota.

No sabía de dónde me salieron aquellas acciones para con él, pero las sentía correctas, necesarias para que él creyera en mi confesión, porque, al parecer, yo le necesitaba más.

—Aomine —llamó entrecortado, cerrando sus ojos y llevándose las manos al rostro. —Detente, por favor. Para.

—No lo haré —susurré mientras depositaba un beso casto sobre el dorso de sus manos. —Por favor, mírame, Ryouta —supliqué mientras trataba de retirar sus palmas de su rostro notando resistencia por unos segundos para después permitirme observar sus ojos llorosos.

¿Cuántas veces Ryouta había derramado lágrimas en menos de una hora?


Luego de que Aomine descubriera mi rostro, me vi en sus ojos azul oscuro, pero también vi esa sinceridad infernal y que me apuñalaba. Me vi hipnotizado por sus orbes, dudando en dejarme envolver nuevamente por él.

—Créeme, Ryouta, por favor —rogó con voz ronca, tragando saliva y apoyando su frente con la mía en un acto dulce. —Yo… yo…

Y mandando todo a la mierda, diciéndome que debía creer en Aomine y en sus palabras, omitiendo nuevamente aquellas alertas de que no debía hacerlo, de que simplemente debía alejarme: le besé.

Mi beso fue nervioso, haciéndole entender que lo intentaría, que creería en sus palabras, que aceptaría ser un masoquista con él: por segunda vez. Mis brazos rodearon cuello y él me rodeó la cintura con sus dos brazos para levantarme del sofá y poniéndonos de pie, aunque yo completamente cargando mi peso en mi pierna izquierda. Aomine cortó el beso para permitir acomodarme mejor para estar en equilibrio, acariciando mi cintura con sutileza, antes de volver a besarme, aunque esta vez con dulzura, con una delicadeza que me hizo delirar.

Todo estaba bien hasta que escuchamos la puerta de su casa cerrarse con fuerza. Al instante Aomine se separó de mí, girándose un poco para ver el pasillo que llevaba a la entrada, esperando que alguien cruzara, hasta que se separó por completo caminando a paso presuroso y dirigir su mirada a la entrada. Con dificultad caminé tras de él hasta ver la entrada vacía.

—¿No habías cerrado la puerta?

—No le pasé llave.

—Eres un completo descuidado, Aomine.

Él no refutó nada, sin embargo, en ese instante escuché mi celular sonar. Sin más fui por él, caminando hacia la entrada, donde estaban mis cosas, agachándome lentamente hasta que alcancé mi bolso y sacar de ahí el móvil. Se trataba de mi madre, sabía por qué era esa llamada. Resoplando, buscando mentalizarme a lo que me diría mamá, respondí.

—¿Diga? —dije dudoso, escuchando unos pasos acercarse y luego a Aomine sentado a mi costado derecho, acariciándome la espalda.

¡¿Dónde estás, Kise Ryouta?! ¡Debiste llegar hace veinte minutos a casa!

—Mamá, tranquila, yo-

¡¿Cómo quieres que me tranquilice?! ¡¿Te han hecho algo?! ¡Es eso, ¿cierto?! ¡Por eso no llegaste a la hora!

—Mamá, no es eso, sólo estoy-

¡¿Entonces?! ¡Dime qué es!

—Si me dejaras hablar te respondería.

¡Ahora resulta que no te dejo hablar!

—Mamá —berré ya cansado de su actitud.

Mi madre estaba en modo paranoico y eso me frustraba, porque me era difícil hacerle saber que estaba bien, que seguía respirando. Estaba por decirle dónde estaba cuando Aomine me quitó el móvil, sorprendiéndome.

—Buenas tardes, señora, habla Aomine.

En ese momento lo único que pude hacer fue verle estoico y con los ojos completamente abiertos. De pronto había perdido el hilo de su voz y de lo que le decía a mi progenitora, por alguna razón me vino a la mente todo lo ocurrido momentos antes de que la puerta de la casa de Aomine se cerrara de manera abrupta y de la llamada de mi madre. Ciertamente estaba aún con la cabeza revuelta por la cantidad de información dicha en ese lapso que estuvimos en la sala y una incógnita apareció.

¿Qué éramos?

—Ryou, Ryou.

En ese instante reaccioné, sacudiendo mi cabeza para enfocar mis ojos y mente en la mirada algo preocupada del otro, sonriéndole levemente.

—Mi madre es algo… exagerada, a veces. Perdona que tuvieras que escuchar sus gritos y-

—Está bien, aceptó que te quedaras a dormir aquí —cortó casual Aomine, entregándome el móvil.

—¿Qué? —exclamé algo exaltado por la reciente información. —¿Cuándo tú-?

—Le dije a tu mamá que teníamos un trabajo en equipo y que era algo laborioso, por lo que te había pedido quedarte en mi casa, pero que habías olvidado el bolso en la entrada y que hasta ahora habíamos estado trabajando arduamente y decidimos tomar un descanso. Por la noche vendrán a dejarte algo de ropa, le di mi dirección también.

—Aomine, nosotros estamos en salones diferentes —aseveré perplejo.

—Bueno, ella no tiene porqué saberlo —dijo simple, poniéndose de pie al instante y extendiéndome su mano, que tomé con nerviosismo parándome con su ayuda.

—De todas maneras, ¿por qué quieres que me quede? —inquirí curioso, notando como sus mejillas se coloraban de un ligero rosa, haciéndole ver tierno.

Él no me respondió, sólo tomó su bolso y mochila deportiva yendo escaleras arriba anunciando que iría a dejar aquello a su alcoba.


¿Por qué le había dicho eso a la mamá de Ryouta? ¿Por qué pedir permiso para que se quedara a dormir? Ciertamente lo que quería era su compañía esa noche, quería dormir con él, sentir su calor. Sentía que todo lo que yo hablaba o hacía era mero impulso y me asustaba que todo aquello pudiera alejar nuevamente al rubio.

Aún había algo de sol afuera y de alguna manera habían ocurrido tantas cosas en poco tiempo. Me sentía algo mareado por todo además de confundido y con miedo. Confundido de no saber si lo que yo hacía era correcto, después de todo, a pesar de besarnos y de que me hubiera confesado, eso no implicaba que él correspondía mis sentimientos o… ¡Agh! ¡No sé! Lo que sí, el miedo a que él se marchara de mi lado estaba ahí, quería tener la seguridad de que él sería para mí.

Esos insólitos pensamientos me estaban haciendo puré mi cerebro y había más embrollos en mi cabeza. Primero que nada, era consciente que nuestra relación era rara, antes de todo esto no podíamos considerarnos amigos puesto que no actuábamos como tal, de hecho, parecíamos conocidos. Y luego viene esto y nuevamente estaba indefinido nuestro lazo.

¿Acaso éramos novios? ¿Estaba bien? ¿Así de precipitado, sin habernos conocido más a fondo? Ni siquiera sabía su color favorito o si gustaba de hacer algo por las tardes o cómo es que él había terminado así de herido, así de destrozado. Esos espacios vacíos de información ponían en duda de si era correcto iniciar una relación de noviazgo.

Sin más me dejé caer en mi cama, buscando algo de consuelo en lo blando y cómodo, pero en ese momento recordé que Ryouta estaba abajo y tuve que ponerme de pie de nueva cuenta. Salí de mi alcoba y cuando estaba bajando las escaleras, antes de poder pisar los últimos peldaños pude ver que en la entrada estaba Ryouta de pie de espaldas a mí y unos mechones azulados asomándose en la silueta del rubio.

—Oh, Aomine-kun.

Aquella voz me alertó en demasía, pues no se trataba de alguien más sino de Tetsu. Ante el llamado del más bajo, Ryouta se giró para verme confuso y herido. Mi corazón se estrujó al verlo.

¿Qué le había dicho Tetsu?


Ali llegó, ya está aquí!

Sí, he vuelto! Antes de que se cumplieran dos meses!

Woah! No saben lo feliz que estoy de saber el amor que le tienen a este fic ;u; Ali se conmueve con facilidad.

Sin embargo, les tengo un anuncio muuuuuuy importante...

.

.

.

Subiré esta historia a Wattpad ^^ Yep, además de estar aquí y en Amor Yaoi, la pasaré a esa plataforma puesto que la considero más sencilla de usar para leer.

Por cierto! se me olvidaba~

Con este cap he llegado a 100 páginas de Word :O Woah! Fascinante! ^^ Yo me alegré puesto que no pensé que fuera a escribir tanto, además que ya tiene tres años (o va a cumplir eso) de publicarse :'v Saben? Me siento mal puesto que en estos casi 3 años, no hemos avanzado lo suficiente para decirles que ya está por acabarse, lo que sí, estamos por llegar a un punto importante (fuera de lo ocurrirán en los próximos caps que de una vez les digo que será un fluff interesante... o almenos lo que la historia puede otorgar). Cuando llegue a ese punto por fin les podré decir que estareos por acabar la historia, mientras tanto... ¡Disfrutenla mucho! ^^

Sin más me retiro~

En verdad, gracias por los revs, siempre los leo para recordar que tengo lectores que aman esta historia :´3 Los amo~

Cuídense~

AliPon fuera~*~*