Los personajes no me pertenecen, sino a Cressida Cowell y DreamWorks. La historia es una adaptación del libro "Serial Hottie" de Kelly Oram (Autora altamente recomendada) con muy ligeros cambios en los diálogos y ambiente para adaptarlo a esta pareja y mundo fantástico. Habrá un crossover masivo (necesario y divertido) con personajes de la Franquicia Disney y DreamWorks.
Disfruten. Reviews con cuenta registrada responderé con gusto.
13.
El comentario de Bludfist no ayudó precisamente a que Rapunzel se sienta mejor. Comenzó a llorar tan fuerte que el detective apenas podía mantenerse cerca de ella. Traté de ignorarla. No podía permitirme el lujo de la distracción. Calculé que si sólo pudiera mantenerlo hablando lo suficiente, Hiccup despertaría y llamaría a la policía. O tal vez mataría al psicópata. Cualquiera de las dos opciones me parecía bien.
—Tú atacaste a Dagur —dije, juntando las piezas—. Después de que Hiccup se metió en problemas por amenazarlo, lo atascaste para hacer parecer a Hiccup culpable.
—¿Cómo podría resistirme? ¿Con mi cuchillo de los asesinatos de los Sábados por la Noche conectando a Dagur? Una vez que ellos las encuentren en la mañana, ningún jurado en el mundo le permitirá a Hiccup caminar.
El detective comenzaba a inquietarse. Su cuchillo caía lejos del cuello de Rapunzel mientras se resistía a la tentación de atacarme. Vi una oportunidad para distraerlo. Por supuesto, eso significaba provocarlo a venir detrás de mí. Sólo esperaba que Rapunzel tuviera un sentido suficientemente bueno como para correr tan pronto como él lo hiciera.
—Hablas de un gran juego para un tipo que sólo va tras los fugitivos muertos de hambre y los adictos de crack.
Mi desafío lo emocionaba.
—Cierto —dijo—. Es por eso que esto va a ser muy, muy interesante.
Miré en sus salvajes ojos. Sus pupilas tan dilatadas que todo lo que yo podía ver estaba negro. Mi corazón se aceleró. Había tanta adrenalina corriendo en mis venas. No creo que fuera físicamente posible sentir pánico. Sabía que vendría cuando todo acabara. De hecho, apuesto a que estaría más jodida que Hiccup si sobrevivía a esto. Pero ahora mismo sólo podía enfocarme en el juego. Y esto era un enfermizo, retorcido juego. Bueno, no iba a dejar que el Acuchillador de los Sábado por la Noche me golpeara más de lo que jamás había dejado a Snotlout golpearme en un juego de uno contra uno.
Canalicé toda la loca energía que mi miedo me daba, ajusté mis hombros, y tiré de mis manos temblorosas en puños apretados.
—Llévalo.
Está bien, tenía la sensación de que lo que estaba a punto de hacer era casi la cosa más estúpida que podría haber hecho, pero imaginé que correr hacia él sería la última cosa que esperaba que hiciera. Antes de que pudiera rajarme, corrí. Tenía razón ya que esto lo sorprendió y tuvo que empujar a Rapunzel fuera del camino con el fin de defenderse de mi ataque. Lanzó el poco-peso-de-mi-hermana tan fuerte que golpeó su cabeza con la puerta principal y aterrizó en un montón en el suelo. Se encontraba en estado de shock y posiblemente tenía un masivo dolor de cabeza, pero por lo menos su garganta no había sido cortada.
Las cosas sin embargo no se veían tan bien para mí. Me las había arreglado para sacar a mi hermana fuera del peligro, pero también para conseguir que me agarrara por detrás.
—Espero que eso no sea todo lo que tienes, Astrid —El detective Bludfist era un tipo enorme, pero obviamente no había tomado las mismas clases de defensa personal que Hiccup. No había levantado mis pies fuera de la tierra de la manera en la que Hiccup siempre lo hacía, lo que hizo posible para mi pisar fuerte hacia abajo en su pie y puso sus brazos alrededor de mis hombros en lugar de en los codos, lo que me dio más que suficiente espacio para que pudiera lanzar mi codo hacia atrás en sus costillas. El golpe fue suficiente para poder separarme de él y marché a través de la casa, dirigiéndome a la puerta trasera. Gritó y justo como esperé, se olvidó de Rapunzel y vino corriendo detrás de mí. Si no fuera por la estúpida mesa de cocina que se hallaba entre la puerta corrediza de cristal y yo, podría haberme encontrado fuera y capaz hacer el ruido suficiente para alertar a la caballería. Comencé a ir alrededor de la mesa, pero el detective me atrapó—. Tendrás que hacerlo mejor que eso —dijo, agarrándome por el pelo.
Cuando me tiró hacia atrás tuve la oportunidad de agarrar una silla y la giré tan fuerte como pude. A diferencia de cualquiera de las veces que he visto a Chuck Norris romperle una silla a alguien en las películas, la cosa no se rompió en mil pedazos, lo que era totalmente decepcionante, pero le dejé un tajo gigante al costado de su cara. A juzgar por la mirada que me dio, era definitivamente la primera chica de los Sábados por la Noche que lo hizo sangrar.
Llegué a la puerta trasera pero estaba cerrada, y antes de que pudiera deslizarme y abrirla, un muy enojado asesino serial me levantó y golpeó hacia abajo sobre el mostrador de la cocina. Mi cabeza golpeó casi en el mismo lugar en el que la había roto al comienzo del verano, y aquellos puntos negros flotantes en mi visión regresaron para una visita. Me quedé en blanco por un momento, pero quebró la concentración cuando estallé en un agudo dolor de cabeza tan abrazador que pensé que me hallaba envuelta en llamas.
Por un minuto no podía siquiera pensar. Todo lo que podía hacer era gritar de dolor mientras Bludfist arrastraba su cuchillo en mi estómago. No fue lo suficientemente profundo como para derramar mis tripas ni nada, pero así es como este tipo funciona. Él haría que durara.
—¡Infeliz de mierda!
—Así es, Astrid —susurró—. Grita para mí, mi hermosa luchadora.
Su voz me sacó del dolor y me di cuenta que se encontraba sobre mí. Me volví frenética, golpeando tan violentamente como pude, a pesar de causar que mi estómago se prenda fuego nuevamente. Tenía uno de mis brazos libres y le di un puñetazo. Pero gracias a los músculos de mi estómago cortados hacia arriba, no pude conseguir la fuerza suficiente para derribar al hombre de encima. Al psicópata le gustó cuando le pegué, sin embargo. Intenté una nueva táctica y comencé tocando cerca de mi cabeza por algo en el mostrador, pero las únicas cosas que logré alcanzar fueron una pila de cartas, el bolso de Ángela, y las llaves de mi Jeep.
¡Las llaves de mi Jeep!
Mi diminuta navaja suiza de color rosa nunca había parecido más hermosa. Hiccup me había dicho cuando me la dio que nunca me protegería de un asesino en serie, pero yo estaba dispuesta a probar la teoría. Arrebaté y tiré de la hoja abriéndola con los dientes, luego la metí tan fuerte como pude en cualquier parte del cuerpo de Bludfist que estuviese cerca. El largo de la hoja se clavó hasta el fondo en su antebrazo, y aunque no era exactamente una herida fatal, tenía que haber dolido como el infierno.
Lo había lanzado completamente fuera de su juego. Cuando se tambaleó hacia atrás, hice la única cosa que se me ocurrió, que era tirar el cuchillo fuera de su brazo y comenzar a apuñalarlo nuevamente.
—¡Te gusta, tú Psicópata! —grité mientras atascaba mi cuchillo en su brazo unas buenas dos o tres veces más.
Mmm, aparentemente no le gustó, porque me llamó por la palabra P y asomó su navaja mucho-más-grande en mi estómago, esta vez de verdad. Es como si el dolor era tan intenso que simplemente dejó de doler. La herida de arma blanca no había dolido casi tanto como la rebanada de trabajo que él había hecho hace un minuto.
Ni siquiera grité. Tan solo solté una especie de jadeo y todo se volvió muy frío. Esperé por algo más, por él sacando la navaja fuera y apuñalándome nuevamente, o por lo menos diciendo algún comentario espeluznante o poniendo sus asquerosos dedos en mí, pero nada de esto llegó. En su lugar, se oyó el sonido de un crujido de un cráneo y el grito de Rapunzel helando la sangre.
Abrí mis ojos cuando Bludfist cayó al suelo, y allí se encontraba mi hermana, sosteniendo una sartén con manchas de sangre en ella. Temblando tanto que apenas podía mantenerse.
—¡Astrid! —gritó—. Sólo aguanta. ¡Ya llamé a los policías!
—¿Dónde está Hiccup? —pregunté, pero cuando hablé tosí un poco de sangre y Rapunzel se puso histérica otra vez.
Un minuto después, todo se convirtió en un caos mientras un millón de policías invadieron mi casa. Rapunzel fue llevada lejos al igual que el asesino serial inconsciente. Y yo envuelta por un grupo de paramédicos. Lo que sea que inyectaron en mi cuerpo, benditos sean. No sólo eliminó el dolor, también dejó dormir toda la parte de mi estómago donde estuvo el cuchillo. Me hallaba a la deriva cuando me pusieron en una camilla, pero podía reconocer apenas a la persona que me ayudó a bajar las escaleras, ya que me llevó hacia la puerta principal.
Los ojos de Hiccup se encontraron con los míos por un breve momento. La única palabra que se me ocurrió para describir la expresión en su rostro era 'perseguido'. Traté de llamarlo, pero tenía esta estúpida máscara en la cara, y simplemente no tenía la energía para hacer nada más que susurrar. De cualquier forma, seguramente no me escucharía. Me sumí en la inconsciencia después de eso.
Estaba segura de que Hiccup nunca me iba a volver a hablar, pero esperé estar equivocada cuando desperté y sentí una mano cerrada sobre la mía con tanta fuerza que no podía sentir mis dedos.
—¿Hiccup?
—¡Astrid!
Nop. Era Rapunzel.
—Hola, hermana —dije, feliz de verla relativamente ilesa. Sus ojos se encontraban todos rojos e hinchados, su nariz congestionada con mocos y tenía esta diminuta herida sobre su ojo que fue tapada con una bandita de mariposa. Aún con una parte enferma, todavía se veía preciosa. No hay duda de que tendría toda la población masculina de Berk cayendo por todas partes para ayudarla a recuperarse—. Te ves como la mierda.
Rapunzel dio esta medio histérica risa/llorosa.
—Lo siento mucho. Todo esto fue mi culpa.
—Y sin embargo, soy la que quedó ensartada, mientras que te ibas con sólo un golpe en la cabeza. ¿Dónde está la justicia en eso?
Rapunzel se echó a llorar.
—¡Es tan cierto! —gimió.
—Tal vez —le dije, tomando un tono serio—. Pero sólo tratabas de protegerme y al final, me salvaste la vida —Rapunzel me miró y frunció el ceño—. El Detective Bludfist era enorme, y lo acabaste con un solo golpe —le expliqué. Ni siquiera tuve que fingir el orgullo en mi voz—. Tenemos que conseguirte estar en un juego de Hockey en algún momento. Apuesto a que tienes un lanzamiento brutal.
Rapunzel se sorprendió, conociendo la profundidad del cumplido que le di. Me eché a reír al ver la expresión de su rostro. Sollozó, pero su rostro parecía esperanzador.
—Así que, ¿No me odias?
Se inclinó sobre mi cama para exprimirme, esta cosa de abrazar era cada vez más fácil para nosotras.
—No del todo —le dije después de un momento—. ¿Has hablado con mamá y papá?
Rapunzel se encogió.
—Oh, sí. El FBI envió un helicóptero a su crucero para conseguirlos. Si yo fuera tú, exageraría con lo de víctima traumatizada tanto como sea posible, ya que el FBI les dijo que habíamos estado hablando con el detective Bludfist a sus espaldas por un par de semanas. Su avión aterrizara en unas dos horas, y luego estaremos más o menos sin permiso de salir indefinidamente.
—Es una buena cosa que viven ahora, entonces.
Rapunzel y yo nos sorprendimos por la intrusión de la voz, supongo que ambas seremos siempre un poco más nerviosas ahora. Me sorprendió mucho ver a Flynn en la puerta de mi habitación del hospital, teniendo en cuenta que ninguno de los chicos me había hablado desde lo de Dagur. Aún más sorprendente, fue todavía cuando Snotlout y Toothless lo siguieron hasta la habitación.
Flynn se acercó a mi cama y sacó un ramo gigante de rosas de detrás de su espalda. Rojas. Me quedé boquiabierta ante la vista y lo miré para encontrarme con la sonrisa de Flynn.
—Por el amor de… no me digas que ahora tú estás esperando una oportunidad.
—Relájate —Flynn se volvió a mi hermana y le entregó las flores—. Estas en realidad son para ti —dijo, encogiéndose de hombros—. Yo estaba… me alegro de que estés bien.
Cuando Rapunzel tomó las flores y de hecho se sonrojó, me burlé.
—¿En serio? Amigo, me apuñalaron ¿Y le das flores a ella? Apestas.
Flynn se echó a reír.
—Lo siento. No pensé que fueras del tipo de flores.
—Suficiente —dijo Toothless. Él y Snotlout habían llegado en torno al otro lado de mi cama—. No te damos flores, porque pensamos que te gustaría mejor esto.
Los tres intercambiaron sonrisas y Snotlout sacó una muñeca Barbie de detrás de su espalda. Le habían puesto una máscara de Freddie Kruger en ella y un súper pegado cuchillo del ejército suizo del tamaño de mi llavero. Habían blanqueado la camiseta de la muñeca y escribieron Hofferson en su lugar con un marcador.
—Son unos tontos —dije. Pero abrazaba la atesorada muñeca en mi pecho—. Y esto es mucho mejor que las flores. Gracias.
Mientras Snotlout se alborotaba el pelo y Toothless me palmeaba los cinco oímos el sonido de las zapatillas arrastrándose detenidamente en la capa del piso del hospital. Alcé la vista a tiempo para ver a mis mejores amigos amontonarse.
—¿Qué es esto? —preguntó Fishlegs.
—Vuelvan a desmadrarse de nuestra mujer —ordenó Eret.
Toothless, Flyyn y Snotlout de repente me flanquearon a ambos lados, creando una muy clara "nosotros contra ellos" situación. Toothless sonrió, sentándose en el borde de mi cama para que pudiera lanzar su brazo sobre mi hombro.
—Lo siento, chicos. Estafamos a sus bienes este verano —anunció—. Y no estamos dando la espalda sin luchar.
—¿De qué está hablando, Hofferson? —preguntó Jack, lanzándome una mirada acusadora.
Me encogí de hombros, pero Toothless elevó la voz.
—¿Qué dices, Hofferson? —preguntó—. ¿Quieres mostrarles a estos maricas del campamento de verano que es un juego real?
No hace falta decir, que casi se reducía a una pelea de patio amistosa y terminó con una promesa para el enfrentamiento de hockey callejero del siglo que acabaría tan pronto como tuviera la oportunidad de volver a jugar. Bueno, eso y un puñado de enfermeras que pateó a todo el mundo excepto a Rapunzel para hacer espacio para mi próxima serie de visitantes. Me sentía agotada. No sabía exactamente de los otros visitantes, sobre todo cuando esos visitantes eran dos hombres cuyos trajes rígidos gritaban agentes federales. Pero Hiccup barajaba detrás de ellos.
Sentí a mi corazón saltarse un latido. O dos. O tres. Realmente no creía que alguna vez me hablaría después de todo lo que le había hecho. Todo lo que le había acusado. Me hizo feliz ver que se hallaba bien, y me odiaba a mí misma por la forma en que su rostro lucía negro y azul a partir de donde lo había pateado. Pero sobre todo, me sentía mal por la forma en que no me miraba.
Los ojos de Hiccup se pegaron al suelo y vaciló en el umbral de mi cuarto. Era claro que no quería estar aquí. Era evidente que ni siquiera quería verme nunca más. Sentí lo que creo que fue mi corazón rompiéndose, y la forma en que mi estómago comenzó a revolverse no hizo mucho por la herida de arma blanca recuperándose en mis entrañas. Sentí un apretón tranquilizador en los dedos y miré la mano de Rapunzel sosteniendo la mía. Sonrió, pero sus ojos se veían llenos de preocupación por mí.
—Ahí están mis dos heroínas —dijo uno de los hombres con trajes con voz resonante, alegre.
—¿Heroínas?
El hombre se echó a reír como un recostado Papá Noel con la misma cantidad de barba.
—Las dos detuvieron a un asesino en serie anoche. Diría que eso es bastante heroico. —Acercándose a estrechar la mano de Rapunzel y la mía—. Nicholas North, Director de la Oficina Federal de Investigaciones. Es un verdadero placer conocerlas a ambas. Especialmente a ti, Astrid. Hiccup me ha hablado mucho de ti.
Miré a Hiccup y rápidamente hizo un gesto con la cabeza. Me había estado mirando, pero todavía no podía mirarme a los ojos.
—¿Yo… Él…?
—Se preocupó mucho por tu seguridad, Astrid. Ha estado trabajando con el Agente Aster Bunnybund aquí —Hizo un gesto al del otro traje—. Para tratar de resolver el caso.
Miré detenidamente al silencioso tipo alto de pie junto a Hiccup, y el reconocimiento me golpeó. Era el hombre que se encontró con Hiccup en el lugar de sushi. No era un intercambio ilegal después de todo. Hiccup había pedido un favor a su amigo, el director del FBI, para que pudiera tratar de mantenerme a salvo. Me encontraba tan halagada y agradecida de que Hiccup llegaría a tal extremo por mí que de repente exclamé.
—¡Pero él lo resolvió! —Quería que todos supieran lo increíble que era. Y sobre todo quería que Hiccup supiera que era consciente de que lo había hecho—. Lo sabía antes…
—No pude terminar la frase—. Trató de decirme. Era demasiado terca para escuchar.
El Sr. North arqueó una ceja ante Hiccup.
—¿Es eso cierto, Haddock? —preguntó, sorprendiendo a Hiccup que levantó la mirada del suelo y asintió—. ¿Y no se te ocurrió llamar al Agente Bunnybund antes de que estas señoritas fueran atacadas?
—Estaba a punto de hacerlo, señor. Pero… —Los ojos de Hiccup finalmente brillaron sobre mí, pero rápidamente se volvió hacia el señor North—. Pero mi novia y su hermana me dejaron inconsciente antes de poder hacerlo, señor.
Rapunzel y yo hicimos una mueca. Ambas nos sentíamos como una mierda por lo que hicimos al pobre e inocente Hiccup. El Sr. North no parecía tan preocupado por eso. Rugió con una risa que sacudió los pasillos.
—Eso es toda una hazaña —dijo sonriéndonos—. He visto al joven Sr. Haddock acabar con algunos de mis agentes altamente entrenados.
El Sr. North siguió hablando sobre la condición física del Detective Bludfist también, pero no pude escuchar de verdad. No después de lo que Hiccup había dicho. Cuando ya no pude aguantar más, interrumpí al director del FBI, que mi madre me habría matado por hacerlo.
—¿No querrás decir ex-novia? —Le dije a Hiccup, sin poder ocultar la conmoción en mi voz. Finalmente me miró, y por una vez no podía leer su expresión. Había demasiadas emociones pintadas en ella para distinguir cualquiera. Traté de ignorar el hecho de que todos en la sala me miraban—. Asumí que acusándote de ser un asesino, estropeando tu rostro y que mi hermana casi te noqueara a muerte, era motivo suficiente para justificar el deshacerte de mí.
—Lo siento mucho, por cierto —interrumpió Rapunzel encogiéndose de nuevo.
—¿Estás diciendo que aún quieres ser mi novia?
Um, ¡DUH! Me sonrojé ante la mirada de Hiccup, lamentando haber traído a colación el tema. Realmente deseaba a toda esta gente fuera. Como si leyera mi mente, mi encantadora hermana sonrió al Sr. North.
—¿Ya han visto la cafetería aquí? Me muero de hambre, y desde que la policía previamente dijo que no se me permitía ir a ninguna parte sin escolta hasta que mis padres llegaran aquí…
El rostro del Sr. North se iluminó.
—El almuerzo suena como una idea fantástica —dijo—. Vamos, Bunnybund, usted me puede ayudar a llenar el interrogatorio de la Señorita.
—Oh, ¿Sobre eso? Cuando lleguen nuestras declaraciones y esas cosas, ¿Cree que podría mencionar un poco eso de las heroínas a mis padres? ¿Al igual que, mucho? —preguntó Rapunzel, mientras caminaban hacia la puerta. Oí al Sr. North reír todo el camino hasta el ascensor.
La habitación se encontraba repentinamente vacía entonces, salvo Hiccup y yo. Era tan tranquilo, casi demasiado. Tenía que romper el silencio.
—Para que conste —Hiccup miraba sus pies de nuevo y no se había movido de su lugar contra la pared junto a la salida. Casi esperaba que huyera—. De verdad lo siento. Sé que no va a ayudar a que me odies un poco menos, pero…
—¿Odiarte? —jadeó Hiccup—. No te odio.
—¡Eso es una mentira! ¡Ni siquiera puedes mirarme!
Hiccup me miró, haciéndome sentir mal por haber perdido los estribos.
—Porque no soporto verte así —dijo, y luego se deslizó por la pared hasta el suelo. De repente su voz era nada más que un susurro—. Me prometí que te mantendría a salvo, y mírate.
—Sí. Estoy a salvo —le dije, esperando que la sonrisa que le di lo capturara. No lo hizo.
—Sabes lo que quiero decir.
—Correcto. Pero no es tu culpa. No sabías cómo de testaruda soy cuando hiciste esa promesa. Y además, me mantuviste a salvo. Si no me hubieras avisado sobre el detective Bludfist, las cosas podrían haber ido mucho peor. Soy la idiota que gastó demasiado tiempo para entenderlo. Soy la idiota que fue engañada por la mierda de Bludfist y que creía que eras capaz de… —Sentí que se me revolvía el estómago—. ¿Cómo no me odias?
—Estaba siendo investigado, Astrid. Por la policía. Y él hacía un muy buen trabajo de ello. No te culpo en absoluto por escucharlo y querer protegerte. De hecho, estoy orgulloso de ti.
Guau. ¿Somos una pareja en mal estado o qué?
—Está bien, así que no me culpas y no te culpo —le dije—. ¿Qué tal si ambos dejamos de sentirnos como basura y sólo acordamos que mis cicatrices serán más impresionantes que la de tu pecho y pierna?
Hiccup se sobresaltó por un momento. Por fin llegó a mi lado de la cama con la extraña combinación de tristeza y alegría en sus ojos.
—Bien. Pero nunca respondiste a mi pregunta… ¿Todavía quieres ser mi novia? —Su voz temblaba como si estuviera muerto de miedo por mi respuesta—. Porque estoy bastante seguro de que anoche dijiste varias veces que me odiabas.
Sonreí ante su pregunta, porque la respuesta era tan ridículamente obvia. Esto era exactamente lo que había querido durante mucho tiempo. Este era mi Hiccup, dulce y vulnerable, que me miraba como si yo fuera todo el universo.
—Sí —le dije—. Pero también admití estar enamorada de ti.
Hiccup trató de ocultarme su reacción, pero tenía un tiempo difícil manteniendo todo adentro. Metió la mano en el bolsillo. Pensé que iba a sacar el cuchillo en su usual tic nervioso, pero en lugar de eso, sacó el collar que había tratado de darme el miércoles.
—¿Vas a mantenerlo ahora, por favor? —Enganchó la cadena alrededor de mi cuello. Cuando llegó por detrás de mí acortando la distancia que había entre nosotros, mi cuerpo, me avergüenza decirlo, se volvió completamente loco. Mi corazón se aceleró, me estremecí, se atascó mi respiración… y bueno, sí, Hiccup no era precisamente ajeno. Me dio el más divertido "Ah, Astrid" suspiro, y luego se echó hacia atrás—. Entonces… —comenzó, la sonrisa en su rostro volviéndose confiada—. ¿Me amas o me odias?
Chasqueando mi mandíbula cerrada, Entrecerré mis ojos cuando me di cuenta que jugaba conmigo. Tratando de hacerme decirlo. La palabra con A. No sólo la palabra A, sino todo el asunto, con el "yo" y el "tú".
—Buen intento.
No me estás haciendo decir 'Te amo' tan fácil, incluso si es verdad… Hiccup reprimió una sonrisa y cruzó los brazos sobre el pecho.
—¿Sabes que escuché eso, verdad?
¡MIERDA!
Fin.
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Extra.
¿Qué pasó con Hiccup cuando se estaba mudando a Berk?
Este iba a ser el verano más largo de mi vida. Había estado en Berk por exactamente seis horas y veintitrés minutos, y ya sentía que lo odiaba. El aire era tan frío y húmedo que casi se podía beber y había demasiados árboles por donde mirara. Después de haber pasado todo el día conduciendo por la ciudad mirando casas, entramos en una subdivisión de la ciudad, llamada Hooligan.
—Sé que van a amar esta —gritó la señora de la inmobiliaria desde el asiento delantero—. ¡Este vecindario en particular tiene mucho carácter!
La señora era demasiado alegre para su propio bien. A medida que nos acercábamos a la puerta principal, de la que rezaba no fuera mi futura residencia, mi cuchillo había encontrado de alguna manera su camino a mi mano, y yo lo giraba, abriéndolo y cerrándolo. Tío Gobber se mete conmigo cuando hago eso. Guardé el cuchillo en el bolsillo de mi pantalón y cuando la dama de bienes raíces fue a mostrarle a mi tío la cocina, yo vagué por las escaleras ya que sinceramente no quería oír su voz más tiempo.
Supuse que las habitaciones eran bastante grandes, pero quien sea que haya decorado este lugar, lo que me imaginaba que sólo podría haber sucedido en 1972, tenía algo con las alfombras de pelo largo, los paneles de madera y papel pintado con colores rojo-naranja y oro. Era como si alguien hubiese vomitado otoño dentro de aquella casa. Ya había visto suficiente. Yo estaba, literalmente, saliendo de la habitación con el propósito de marchar abajo cuando de repente alguien en el vecindario decidió interrumpir la paz con Social Distortion.
Mi curiosidad me traicionó. Me olvidé de mi misión actual y me acerqué a la ventana. La música venía de la casa al otro lado de la calle, de la ventana del piso superior, justo enfrente de donde yo estaba de pie, en la ventana completamente abierta. Me apoyé en ella y esperé a ver si podía echar un vistazo al vecino. A pesar del buen gusto para la música, no quería ser atrapado viviendo en la calle de algún buscapleitos. Realmente no tenía mucha tolerancia para la mayoría de la gente de mi edad. Una mochila pesada salió volando por la ventana hacia el techo por encima del garaje y luego una rubia alta, que llevaba una camiseta deportiva lo suficientemente grande como para ahogarla, la siguió.
Mi aliento se atascó en mis pulmones. Era preciosa. De la clase de quienes no sabían que lo eran. Su pelo largo estaba recogido en una trenza desordenada, dejando al descubierto un cuello delgado. No podía ver sus ojos ni figura debajo de sus ropas, pero mientras se acomodaba contra el costado de su casa, me di cuenta de que tenía una contextura que sugería que era una atleta seria.
Hacía su tarea en el techo con el rock a todo volumen, y comiendo lo que sólo podría ser helado de menta y chips. Tenía una lata de crema batida a su lado, pero ella no la puso en su helado como una persona normal. Tomó un bocado y luego roció la crema batida directamente de la lata a su boca. Me fasciné completamente por esta extraña chica. Salté cuando oí voces subir las escaleras detrás de mí. Fingí estar mirando el espacio en el armario cuando tío Gobber y la señora de la inmobiliaria entraron en la habitación.
—¿Así que…?
Sí, había encontrado algo de mi agrado. Pero no era esta casa.
—Sí —dije, tratando de sonar lo más indiferente posible—. Yo estoy de acuerdo con ésta.
—Al fin —dijo tío Gobber, tratando de contener su alivio. La paciencia jamás había sido una de sus virtudes.
Después de estar seguro de que mi tío y la señora de bienes raíces se habían ido, me volví hacia la ventana. Para mi alivio, la rubia sentada allí. Su cuenco vacío de helado había sido dejado de lado, reemplazado por una lata de Dr. Pepper. Ni siquiera de dieta. No sabía que las chicas podían comer helado y beber soda regular. Su cabeza se balanceaba junto con la música, y todo lo que garabateaba en su cuaderno se parecía más a un dibujo que a cualquier problema de matemáticas o al reporte de un libro.
Un gran autobús escolar amarillo apareció por la calle y se detuvo a pocas casas de distancia. Un minuto más tarde, tres tipos llegaron corriendo y riendo de forma desagradable. Me tensé cuando me di cuenta de que se dirigían a su casa.
—¡Hoffersoooooooon! —llamaron los tres al unísono.
Me relajé un poco. Eso no me parecía el comportamiento de un novio. Sobre todo cuando uno de ellos se dirigió a ella como: "¡Amigo!"
—¿Dónde has estado? Alguien se metió con el rostro de Mérida Dunbroch esta mañana. Va a tener un ojo morado.
La chica Hofferson, que supuse que era un apellido, dejó la soda.
—No me lo perdí, idiota. Yo lo hice —Mi chica misteriosa se encogió de hombros—. Preguntó mis preferencias sexuales de una manera muy ofensiva, así que mi puño puso en duda la proximidad de su cara de una manera aún más ofensiva —Sentí que mis cejas tocaron el techo. Lo había dicho con tanta indiferencia, y sonrió, no con orgullo pero como si lo encontrara divertido. Nunca había visto a una chica más relajada, más natural. Tan cómoda en su propia piel—. De ahí mi ausencia en la escuela hoy —continuó explicando—. Me enviaron a casa con una suspensión de tres días.
Uno de los chicos se dirigió al primero y le tendió la mano.
—Paga, perdedor. Te dije que era obra de Hofferson.
Él pagó su apuesta y luego habló.
—Oye, ¿Cuál es tu preferencia sexual de todos modos?
Rápida como un rayo, la chica se quitó el zapato y azotó a la cabeza del tipo. Él lo esquivó, pero sólo apenas. Su brazo y su puntería eran impresionantes.
—¿Cuál es la tuya, cara de idiota?
Todos rieron, incluida la chica. Incluso yo. Fue realmente algo que ver. Ella era algo. Después de un momento, todos se calmaron.
—Entonces, ¿Qué pasa? ¿Estás castigada o qué?
—Cuando mi mamá me recogió de la escuela, recibí una severa reprimenda, pero entonces el agente de viajes llamó acerca de su crucero y se olvidó por completo de castigarme. Sólo me dejó en casa y se fue a trabajar.
—Genial. Entonces baja y vámonos. Probablemente sea la última oportunidad para entrar en un juego antes de que nos vayamos por el verano, porque tu trasero estará frito cuando tu madre llegue a casa y se dé cuenta de que olvidó castigarte.
Me preguntaba a qué tipo de juego se referían, y los detestaba por llevársela. Ella se arrastró hacia el interior de su casa y sin molestarse en cerrar la ventana de su dormitorio, volvió a aparecer en el porche delantero y comenzó a atarse un par de patines. Antes de que pudiera salir, un coche se detuvo en el camino de entrada, por lo que sus amigos se dispersaron como bolos.
—¡Astrid! —Una menuda castaña con una falda corta la llamó, mientras se despedía del auto lleno de chicas que la había dejado.
Su nombre era Astrid. Astrid Hofferson. Era un nombre tan cursi, pero todavía me gustaba. La suavizaba de alguna manera. La castaña siguió quejándose en voz alta mientras se obligaba a pasar a los amigos de Astrid para llegar a la puerta principal.
—¿Puedes por favor no dejar que tu banda de perdedores malgasten su tiempo donde la gente puede verlos? Es humillante. ¿Y realmente le diste un puñetazo a Mérida en el rostro?
Me reí por varias razones. En primer lugar, debido a la mirada que Astrid le dio a sus amigos detrás de la espalda de la chica. En segundo lugar porque, por mi vida, no podía entender cómo esas dos chicas podían estar relacionadas. O tal vez más exactamente, cómo habían sobrevivido tanto tiempo sin matarse la una a la otra. Vivir en su calle nunca sería aburrido, eso era seguro.
—Sólo la golpeé porque te llamó una roba novios, aspirante a animadora. Defendí tu honor, Rapunzel. Te lo juro.
Rapunzel gritó creyendo la mentira y corrió hacia la casa. Sin duda para llamar a sus amigas en busca de apoyo moral y hacer control de daños. Astrid y sus amigos no esperaron hasta que ella se fuera para caer al suelo riendo. Todavía trataban de calmarse cuando mi tío y la señora de la inmobiliaria vinieron caminando de regreso a la casa. Vieron a Astrid y sus amigos curiosamente y ella miró de vuelta también con interés evidente en su rostro.
Se preguntaba acerca de quién podría mudarse a la casa de enfrente, y por lo tanto a su vida. Sin tener que considerarlo, sabía la respuesta. Yo. Iba a entrar en esta casa. Iba a desempacar mi cama justo debajo de esta misma ventana. Luego iba a hacer que mi tío viviera en esta ciudad al otro lado del mundo hasta que fuera capaz de conocer a Astrid, y que ella me conociera a mí.
Bajé las escaleras para encontrarme con mi tío, con la esperanza de obtener una mejor visión de Astrid, pero ya se había ido cuando salí, patinando lejos por la calle con sus amigos. Nunca miró hacia atrás. Miré de nuevo a la casa y luego hacia la ventana abierta de Astrid.
—Tenemos un ganador.
Fin. (Ahora sí)
¿Qué dijeron, Higushi ya no vuelve? Ja, hasta creen XD Bueno, llegamos al FINAL de este maravilloso fic. Tuvimos risas, intrigas, acción, y sobre todo, romance. Gracias a todas las hermosas personitas que me dejaron review, que les gustó la historia y se quedaron conmigo hasta este final. Si quieren seguir leyendo historias desparatadas, pueden ir a mi nombre y buscar mis fics, que tengo varios por ahí que seguro les gustará ;)
Hasta el próximo fic. Besos, Higushi.
¿Reviews? Reviews.
PD. He aquí, la razón por la que escogí a Rapunzel como hermana de Astrid, ¡Cómo resistirme al sartén! XD Oh dios, eso fue épico.
