KONICHIWA:
"LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA NO ME PERTENECEN SON PROPIEDAD DE MASAMI KURUMADA, LOS PIDO PRESTADOS SIN NINGÚN FIN DE LUCRO SOLO PARA ENTRETENER. (LAS CANCIONES UTILIZADAS PARA ESTE FIC SON DE SUS RESPECTIVOS AUTORES)
Laberintos de la vida, que llevan y traen, que ocultan y muestran.
Vida traicionera que juegas con mi alma destrozada
¿Por qué te empeñas conmigo si ajena soy de ti?
¿Por qué me muestras el sol y después cierras la ventana?
Ahogada en dolor, naufraga de destino ¿Acaso sola me quieres?
Miro la aurora, me despide el ocaso.
No espero vida ya que después tú me la privas.
¿Me dejarás sola para después sentirme acompañada?
Advertencia: Este capítulo contiene lemon específico, cambiando a M por sugerencia de las lectoras.
*MeLoDy*
A LEER:
Un sol reluciente aparece sobre Inglaterra. Llega un médico a revisar a Violeta. El rey, Gabriel y Eliza esperaban fuera de su habitación, mientras que por otro lado cuatro de los caballeros de Athena están con ella reunidos en el salón del rey.
— Sigo sin comprender por qué Delfos quiere la vida de los humanos — Shiryu estaba desconcertado con respecto a las afirmaciones de Athena y Shun—. Según nos dijiste él solo necesita la otra mitad del diamante… Athena ¿no existe más información?
— No que yo sepa. A mí también me extraña lo que está pasando… y creo que debemos exponernos un poco y encontrar ese fragmento a como dé lugar.
— ¿Qué planeas hacer Saori? —Shun es el primero en preguntar.
—Primero hablar con el rey, segundo revisar a cada habitante de este palacio.
— ¿Estás loca?—Seiya se pone de pie —Eso es una verdadera locura, no puedes hacer eso. La gente no lo entendería ¿Qué harás después?
— Habría que pensar en las consecuencias, pero es más importante encontrar ese diamante Seiya. Ya no quiero ver más cortejos fúnebres pasear por las calles de Inglaterra—la deidad señala hacia la ventana principal en la cual se puede ver una carrosa fúnebre seguida por varios automóviles hacia el cementerio principal—. Vidas inocentes se están perdiendo.
— Pero…—esta vez es Hyoga quien interrumpe la conversación— ¿Cómo puedes asegurar que es Delfos?
—Claro que es él.
Todos los presentes observan como en el centro de la habitación nace un cosmos puro y brillante. Lentamente da la forma de la deidad de la victoria que observa fijamente a los caballeros y a Athena.
— ¿Nike?
—Hola Athena, caballeros—todos observan a la diosa con detenimiento.
— ¿Qué sucede Nike? —Athena se acerca a su fiel acompañante.
— Sucede que tus suposiciones y las del caballero de Andrómeda son ciertas. Delfos es el que está consumiendo la vida de las personas de Inglaterra.
— Pero ¿por qué? Athena nos había dicho que él lo único que necesita es el diamante—Pegaso perdía la paciencia.
— Delfos necesita el diamante completo para regresar. Pero también necesita la energía de la vida humana para revivir a sus Pitones.
— ¿Pitones? ¿Qué son esos?
—Así como Poseidón tenía a sus Marinos, Hades a los Espectros, Delfos tiene Pitones—responde a la duda del Cisne.
— ¿Por qué Pitones?
— Veras Shun, las pitones son conocidas como una especie de serpiente que, desde tiempos mitológicos, los magos oscuros usaban cómo símbolo para identificarse. De la misma manera que Delfos las usó como sus guardianes.
'' La pitón es una serpiente sin veneno, pero de una fuerza y rapidez inimaginable. Son unas de las más grandes en el mundo, existen cuarenta especies de pitones, la misma cantidad de estrellas oscuras en el firmamento. Ahora que Delfos busca renacer no lo hará solo, lo hará con sus pitones. En la última Guerra Santa tuvo a todo su ejército que era aproximadamente 160 combatientes pero ahora solo serán los 40.
— ¿Por qué?
— Porque el resto del ejercito eran las familias de cada especie, más guerreros que él pudo crear en aquella ocasión. Ahora solo puede revivir a las verdaderas estrellas oscuras. Por el momento solo las alimenta con la energía humana pero si completa el diamante todo estará perdido.
—Entonces por eso es que Delfos busca la otra mitad del diamante.
— ¿Mitad? —Nike no entiende las palabras del Dragón, gira para ver a Athena y al observar su rostro angustioso comprende que no les dijo la verdad a sus caballeros—. Si—continúa—. Delfos es dueño de una parte y la parte que busca es la que tiene la vida de sus estrellas.
— Supongo que sí. —Observa a Athena con seriedad.
— Esto era todo lo que les venía a decir y a desearles suerte.
— Espera—Hyoga la detiene—. No existe algo más.
— No caballero, lamento no poder ayudar más. —la imagen de la diosa desaparece de la misma forma en que apareció.
Athena y el Pegaso suspiran dando gracias a que la diosa no los haya delatado, observan como los demás se quedan pensativos ante la aparición de la deidad menor. Shun decide continuar
— Entonces ¿Qué haremos?
— Hablare con el rey—Afirma Athena—. Le pediré favor que me dé la lista de cuantos son los empleados que trabajan en el castillo, que no les permita salir y entonces encenderé mi cosmo para descubrir quién lo tiene.
—Pero ¿Qué tal si no lo tiene ningún empleado?
— ¿Qué quieres decir Shiryu?
—Me refiero… Bueno… También están el rey, Gabriel, Violeta…
—No quiero siquiera pensar en la posibilidad de que Violeta sea la portadora—Interviene Hyoga—. Ikki nos rostizaría vivos—observa al Dragón quién miraba a Shun. Su compañero de armas estaba preocupado, en este momento parecía que el piso es lo más interesante del mundo. — ¿Qué pasa?
—También está Eliza—El peli verde levanta la vista—. Ella también podría ser la portadora—algo dentro de él se lo confirmaba pero no lograba encontrar el porqué. Se negaba a sí mismo la posibilidad.
—No creo—asegura la diosa, ya que antes de realizar el viaje Nike le había dicho que el diamante reaccionaría al estar cerca de Shun y Shun ha estado demasiado tiempo con la princesa sin ninguna reacción. En estos momento ni siquiera Violeta era una opción, la que tenía en mente era a Rosa, ya que en los únicos momento que sintieron algo extraño fue cuando ambos tocaron en la fiesta de compromiso—. Tenemos que apresurarnos si queremos evitar más desgracias.
La deidad camina seria hacia la ventana, el cielo se estaba tornando gris, el olor a humedad estaba en el ambiente, la época de tormentas había llegado al país inglés.
…
La mañana avanza y finalmente Violeta puede descansar de todas sus sombras del pasado, después de llantos y disculpas por parte de la familia real ya todo quedó como un mal recuerdo. En este momento se encontraba sola en su habitación. Eliza estaba distrayéndose arreglando asuntos del castillo y recibiendo víveres para los refugios; Gabriel, después de hablar con la princesa Lizbeth, se puso a trabajar arduamente con su hermana, a verificar puentes, presas, acueductos y demás situaciones que requerirían cuidados por los huracanes. Y finalmente el rey tendría que sentarse en su oficina a hablar con Saori con respecto al tema del diamante.
…
Por otro lado Shun cabalgaba ferozmente sobre Sultán. Sentía una angustia terrible en su corazón, no lograba calmarse hiciera lo que hiciera. Se fue hacia el bosque que se encontraba detrás del palacio para cambiar de ambiente. Después de unos minutos de dar todo lo que tenía finalmente unas gotas de lluvia le refrescan el pensamiento. Montado sobre el imponente corcel cierra los ojos disfrutando de la humedad cuando de la nada escucha a otro caballo dirigirse hacia él, gira para ver quien ha decidido acompañarlo.
Una larga cabellera negra lisa se ve en la lejanía, con forme se va acercando puede distinguir la figura de Rosa que avanza hacia él.
—Hola Shun.
—Hola, me alegra verte de nuevo.
—Discúlpame si no te creo—la actitud de la condesa era extraña, en sus ojos se podía observar cierto odio y rencor.
— ¿Qué te pasa Rosa?
—Pasa, Shun, que quiero pedirte un favor—El santo la observa extrañado—. Que me expliques que es lo que tiene Eliza.
— ¿Qué tiene de qué? —una angustia invade el corazón del santo recordando el tema del diamante. La peli negra se ríe al ver la cara de Shun.
—No te preocupes, tu pelirroja está bien de salud—habla con sorna—. Me refiero a qué es lo que tiene para que todo hombre sobre la tierra se fije en ella. —Venía con la intensión de hablar con él, de lograr encontrar ese algo que le encanta a los hombres y así tener la esperanza de que Shun algún día fuera suyo. Pero sus sentimientos y celos fueron incontrolables, su voz se volvió ronca y su energía negativa también comenzó a afectar al caballo el cual montaba. El animal se inquieta con la actitud de su jinete y empieza a dar pequeños saltos con sus patas delanteras. A Rosa le cuesta calmarlo pero finalmente lo consigue —. ¡Dime Shun! ¡Dime!
— ¿Estás loca, Rosa? ¿A qué viene todo esto? —Sultán también se inquieta, gira un par de veces mientras Shun realizaba las preguntas para después verse otra vez frente a frente.
—A que quiero una respuesta… pensé por un momento que…— Se puede ver a través de sus lentes como sus ojos se llenan de lágrimas—… ¡Que te fijarías en mí!
—Rosa yo…
— ¡Cállate! —Le grita— No quiero excusas, no quiero un lo siento.
— ¡Discúlpame Rosa pero no puedo hacer más! Nunca fue mi intensión que pensaras cosas que no son.
— ¡Pues si lo hice! —Contesta inmediatamente al terminar Shun—. Por un momento lo pensé, desde esa noche cuando los dos tocamos en la fiesta de compromiso de Gabriel, yo pensé que también habías sentido esa química.
— No niego que fue esplendido tocar junto a ti, pero aparte de eso no…
— ¡No hubo nada! Ya lo sé—el caballo se vuelve a inquietar—. Eres como todos los hombres, ahora sé porque nunca se llevaron bien Luis y tú. Son completamente iguales.
—No me compares con ese maldito, jamás haría lo que él hizo.
— ¡No! Seguro… — Afirma con sarcasmo acercándose a él, Sultán retrocede—. Tú lo harías con más sutileza, tú no eres lento Shun, eres paciente. ¿Puedo preguntar si ya lo hicieron?
—Esa no es información que te incumba.
— ¡Lo vez! Eres igual a él, solo te interesa el dinero y la posición de Eliza—Rosa ya estaba fuera de control, lágrimas caían de sus ojos.
— ¿Para qué demonios quiero yo el dinero? Tengo suficiente con el de mi empleo en la fundación Kido y la herencia que me dejó el viejo Mitsumasa, lo que hay entre Eliza y yo…
— ¡No me vengas con estupideces como las del amor Shun! Yo no creo en esas tonterías. El amor y la amistad no existen. Si ves a alguien cerca de otro seguro hay un beneficio personal de por medio.
—Me das pena Rosa.
—No me interesa darte pena. Estoy bien así, gracias.
Shun ya se había molestado por su actitud, le da unos golpes al corcel para que salieran de ahí lo más pronto posible. A medio camino su respiración se fue deteniendo a tal grado de marearlo y poniendo su vista borrosa, el caballo iba demasiado rápido. Casi llegando a las caballerizas Shun cae estrepitosamente al suelo. Sultán se tranquiliza al ya no sentir jinete y Shun se pone de pie con dificultad. Camina hacia al palacio sin heridas físicas, dirige sus pasos hacia su habitación para poder tomar un baño, el malestar continua pero lucha por superarlo.
…
El día sigue, las pequeñas gotas de lluvia se transformaron en una impredecible tormenta. Llegando la tarde Saori aprovecha el cambio climático para poder realizar lo planeado en la mañana.
Gabriel se encontraba en su salón hablando con un par de arquitectos con respecto a unos puentes que necesitaban reparación; Eliza pasando lista sobre los víveres y donaciones para refugios por la lluvia; Violeta había regresado a sus labores en el cuidado del castillo; Shunrei, Eri y Seika estaban en el comedor tomando la merienda dando la impresión que nada más pasaba en el castillo; Shiryu, Hyoga y Seiya revisaban cada centímetro del inmenso lugar arquitectónico buscando indicios del diamante. Y por último Ikki que se encontraba caminando por los bosques del palacio, mojándose hasta los huesos.
Todos los santos sintieron el cosmos de Athena, pero no hubo respuestas. Los mil quinientos veinte empleados actuaban normalmente… pero el peli verde no. Este se encontraba en su habitación revisando unos papeles del hospital, luchaba por controlarse pero todo intento fue inútil. Llego un momento en que el cosmo de su diosa lo asfixiaba. Se puso de pie caminando hacia la ventana buscando el oxígeno que se le escapaba de los pulmones. Un exagerado dolor de cabeza lo atormentaba como martillos sobre él. Se tira al suelo sujetándose el cuello, algo lo quemaba por dentro. Esto debía terminar ya.
Nadie sintió nada, Athena se da por vencida y Shun puede volver a respirar en paz. Segundos después de que ella apagara su cosmo en el cielo hubo un pequeño resplandor el cual todos lo sintieron. Una angustia terrible nació en el corazón de Athena.
—"Debemos encontrar el tercer fragmento lo más pronto posible" —Piensa la diosa en su habitación.
…
Pasan varios días en los cuales todo volvió a estar en tranquilidad, exceptuando el clima, las tormentas iban de mal en peor. Pero lo que no se imaginaban es que no solo iba a suceder en el exterior del castillo. Pronto lo celos de la condesa de Francia iban a armar una guerra en el corazón de la princesa.
Esa tarde Eliza y Violeta se encontraron en uno de los inmensos pasillos del castillo.
— ¡Vi! Qué bueno que te encontré.
— ¿Qué sucede Eliza?
— ¿Será que me puedes dar los planos del puente principal? Es que después del accidente que tuvimos Shun y yo en aquel día esa parte a estado expuesta a derrumbarse por las lluvias.
— Si claro, creo que lo tengo en la biblioteca. Sígueme—no estaba muy lejos de donde andaban, abren una de las grandes puertas y se dirigen a un gran estante. Violeta saca un plano enrollado y se lo entrega a la princesa.
— Gracias. —la pelirroja lo toma y lo observa con una extraña sonrisa en su rostro.
— En ese puente es donde todo comenzó ¿verdad?
— En donde todo floreció Vi. Después de eso ya no hubo porque fingir—levanta la vista—. Vi ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
La dama se queda confusa, camina hacia un sillón de la biblioteca y se sienta acompañada de su amiga.
—Dime.
— ¿Cómo fue? Es decir ¿Cómo es hacer el amor?
— ¡¿Qué?! Ay, bueno es… Quiero decir—la agarró desprevenida, la peli azul juguetea con las mano intentando controlarse. —Me agarraste en examen sorpresa.
—Lo siento Vi… Si fue una pregunta personal—tenía la intención de irse ya que ella misma estaba más avergonzada por lo que preguntaba.
—No, siéntate—responde la dama tomándola del vestido evitando que se ponga de pie—. Solo que es un poco complicado, pero antes de responder me gustaría saber el ¿Por qué? ¿Ha pasado algo…?
— ¡No! —contesta inmediatamente—No, no ha pasado nada fuera de lugar es solo que… Bueno, me entró la curiosidad.
—Bueno, es decir—Violeta se queda pensativa—. No te lo puedo decir…—La dama observa la cara apenada de su amiga—. No te lo puedo decir, no porque no quiera sino porque… —Se corrige antes de que ella malinterprete las cosas—… Porque no se puede explicar concretamente.
— ¿Por qué?
—Porque es un acto especial, lo único que te podría decir fue lo que sentí. Amor, deseo, miedo e incluso dolor—Eliza la mira concentrada—. Es un acto en el cual te dejas guiar por tu propio cuerpo, por el deseo. No hay manual, solo tú y él.
Eliza la observa, que palabras más hermosas. Un nudo en su estómago la acecha, amabas se sonríes y finalmente salen de la habitación y cada una se va a realizar su trabajo. La princesa lleva el plano al salón de su padre, pero cuando sale se encuentra con Rosa que la esperaba en el pasillo.
—Hola mi amada prima.
— ¿Qué quieres? —responde seria y de mal humor. Sigue su camino tratando de zafarse a su prima.
— ¿Por qué huyes de mi prima? Solo quiero hablar contigo.
—Para hablar usas la boca ¿No? —responde con la voz subida de tono alejándose de Rosa, mientras que ella camina normal detrás de la princesa.
—Solo quería saber si es cierto lo que los empleados cuentan acerca de Shun—Eliza para de golpe al escuchar el nombre del caballero, Rosa sonríe por haber captado su atención. Gira el rostro indicándole a la francesa que continúe—. Dicen que él es muy caballeroso contigo pero que tiene algo más con otra persona.
— ¿Te fascinan los chismes, Rosa? —gira para encararla.
—Solo quiero protegerte prima.
—No necesito tu protección—sisea acercándose a ella.
—Recuerda que no existe el príncipe azul.
—Él no es mi príncipe azul Rosa, te equivocaste de color.
— ¡Ja! ¿Te han empezado a gustar los chistes? Porque lamento decirte que no eres muy buena—Eliza no está dispuesta a soportarla, gira y solo logra escuchar el último grito de su prima antes de desaparecer de su camino— ¡Yo que tú me fijaría quien es realmente!
…
La princesa intentaba por todos los medios quitarse las palabras de su prima, pero Shun no ayudaba. Así pasaron un par de días más en los cuales el peli verde cambió totalmente su actitud para con ella. Se alejaba, era más serio y callado. Ya no la buscaba y cada vez que podía se la pasaba encerrado en su habitación. Estaba tan concentrada en él que tampoco notó como también la familia Kido cambiaba, ya que todos ellos estaban concentrado en encontrar lo que ella ignoraba. La situación empeoraba, el clima también y los sentimientos se acomplejaban. Nadie podía asegurar cuando la situación iba a terminar.
Las dudas empiezan a atormentar a la chica y como cada habitante en el castillo tenía sus propios problemas nadie captó el malestar físico del caballero, ni las inquietudes de la pelirroja ni la lejanía el uno del otro.
Cansada de esperar, Eliza decide ir a hablar con él. Pregunta donde podría estar y sin extrañarse de la respuesta los empleados le dicen que se encuentra en su habitación. Llega… toca pero Shun no le puede abrir la puerta, el dolor de pecho y el malestar de cabeza lo inutilizaban. No quería ver a nadie así que buscando su voz logra hablar con la chica de larga cabellera roja.
—Shun—Eliza lo llama desde afuera— ¿Podemos hablar?
—En este momento no puedo, prometo que hablaremos después—su respuesta fue tajante, sin tiempo a nada, ni carreta para seguir con la conversación. Eliza siente un nudo en su pecho, sin poder retener las lágrimas contesta furiosa con él y con ella misma
—Ojalá que cuando quieras yo también.
A Shun le dolía su actitud hacia ella, pero no se sentía bien. El dolor se volvió perenne desde hace un par de días. No quería preocuparla ni que se diera cuenta de lo que le pasaba. Era casi hora de cenar y como cosa rara no bajó.
La princesa furiosa se va hacia su habitación.
—Madre, tengo miedo—susurra llorando— ¿Qué le sucede a Shun?
…
El peli verde se encontraba acostado en su cama, por fin el ardor en su pecho disminuía, respiraba lento y tranquilo hasta que se sintió con fuerzas para ponerse de pie. Sudaba a pesar del frío así que tomo la decisión de darse un baño.
…
Rosa ya había empacado. No quería seguir en el castillo. Ya estaba harta de estar en las sombras de su prima, pero lo que más la molestaba era que él también hubiera caído en el encanto de la princesa. Se iría a primera hora en la mañana pero antes quería despedirse de él.
Llega a su habitación y entra sin problemas con una copia de la llave de la puerta. No lo encuentra en la recámara, escucha la regadera y una mala idea se centra en su mente. Se empieza a desvestir hasta quedarse completamente desnuda, va hacia su cama, la huele, la siente hasta que se acuesta en ella esperando a que el peli verde salga del baño.
…
Eliza necesitaba hablar con él. No podía permitir que esto fuera a terminar así, necesitaba descubrir que le pasaba. Decidida se levanta de la cama y va hacia el cuarto del peli verde.
…
Shun sale de la ducha, se coloca una toalla alrededor de la cintura y se va hacia el cuarto. En completa oscuridad abre su closet sacando ropa interior, unos pantalones negros y una camiseta verde. Se coloca sus zapatos y cuando planeaba abrocharse el pantalón la voz de la condesa lo impresiona.
—Sí que la vida te dotó de cualidades ¿Verdad, Shun?
— ¡Rosa! ¿Qué demonios haces aquí?
—Solo viene a despedirme—la francesa se pone de pie y camina hacia él, Shun se sorprende al verla desnuda delante de él. No puede hacer nada así que solo retrocede.
— ¿Qué te pasa Rosa? ¡Vístete!
— ¿Acaso no te gusta? Eres hombre ¿No? Mírame—se pega a él —. Tócame.
— ¡Será mejor que te largues!
— ¿Y si no quiero? ¿Me echaras así como estoy?
— Si es necesario.
— No lo harías—la condesa se pega a él con mucha seducción, Shun siente sus senos sobre su pecho, la tomas de las muñecas—. Vamos Shun ¿Eso es lo que quieres de Eliza verdad? ¿Por qué no conmigo?
— Lárgate—pero cuando se disponía a sacarla de la habitación la puerta de abre de la nada—… Eliza—susurra con pavor al ver a la pelirroja al encontrarlo en una situación peligrosa.
— Shun—el corazón de la princesa se hizo añicos en ese momento. Rosa le sonríe con maldad. El aire no llegaba correctamente a sus pulmones. El mundo dejo de girar.
— Eliza… escúchame—suplica el peli verde, puede ver demasiado dolor en los ojos dorados de la princesa.
— ¡No! —Grita desgarrando su garganta—. Por esa razón no querías verme. ¡Me engañaste con mi prima!
—No es lo que piensas.
— ¡Maldito! —observa a Rosa por unos momentos, sale corriendo por el pasillo con el corazón en la mano. Shun se coloca bien la camisa y se abrocha el pantalón dispuesto a salir tras ella.
—Shun—Rosa lo intenta sujetar, pero lo único que logra es que el peli verde le empuje tirándola al suelo.
—Vete al infierno.
Corre, la logra visualizar a lo lejos. Apresura su carrera, Eliza se dirige a las caballerizas, saca a Gitana y como puede se monta sobre ella. Cegada por el odio y celos le golpea el estómago para que la yegua se eche a correr con todas sus fuerzas. Gabriel solo ve como Shun pasa corriendo delante suya para seguir a su hermana, él toma a Sultán y trata de seguirla.
Grita su nombre varias veces pero Eliza está metida en su dolor. Siguen corriendo hasta alejarse del castillo perdiéndose entre el espeso bosque detrás de él. Un par de truenos se escuchan del cielo, la oscuridad era demasiado profunda hasta que llega el momento en que los corceles dicen alto.
— ¡Eliza!
…
— ¡Eliza! —el rey siente algo extraño y grita el nombre de su hija, sale de su recamara dirigiéndose a la de la princesa pero no se encuentra. Sale y la empieza a llamar a gritos, Gabriel sale a su encuentro:
—Padre ¿Qué pasa?
—Eliza, tu hermana ¿Dónde está?
—Estaba con Shun, lo vi correr en aquella dirección—asegura, el rey se da cuenta que iban a los establos—. Gitana—susurra, empieza a correr en esa dirección y su hijo lo sigue lo más cerca posible, no pudieron salir ya que una fuerte tormenta se dejó caer del cielo.
—No padre, yo iré a ver qué pasa —Gabriel piensa que podrían estar a solas, pensando cosas intimas entre parejas pero al llegar solo ve a los empleados cerrando las puertas de las caballerizas para evitar que los caballos se fueran a mojar por la tormenta. Pregunta por su hermana y solo recibe la noticia que su yegua y Sultán han desaparecido.
Regresa y se lo comunica a su padre quien siente el corazón en la garganta. Sin pensarlo dos veces manda a sus empleados a que vayan a buscarlos. Los cuatro Kido restantes se levantan por tanto alboroto hasta que finalmente Saori se despierta.
— ¿Qué sucede? —le pregunta la diosa al rey.
—Eliza y Shun desaparecieron—responde angustiado—. Gabriel—Se gira a su hijo— ¿Qué pasó realmente? Tú los viste salir —todos los Kido lo voltean a ver.
—No lo sé realmente, solo vi la sombra de ambos correr hacia al caballerizas y ya no se más.
— ¿Qué es lo que pasa? —Violeta aparece preocupada por tanto barullo.
—Eliza no está—contesta Ikki acercándose a ella.
— ¿Qué?
—Desapareció junto con mi hermano.
—Hay que hacer algo.
—Ya mandé a los trabajadores a buscarla—responde el rey —Solo nos queda esperar.
…
— ¡Que quieres! —Eliza estaba furiosa.
— ¡Cálmate! ¿Acaso no vez que ya nos alejamos del castillo?
— ¿Eso a mí que me importa? ¡Favor haría en morirme! Así dejo de estorbar y puedes regresar felizmente con Rosa.
—A mi ella no me importa.
—No, solo estabas con ella desnuda—su voz estaba ronca por el enojo, la lluvia ya caía sobre ellos, los caballos estaban alocados y perdidos en medio del bosque. En cuestión de segundos la tormenta subió su poder.
— ¿Qué te parece si mejor encontramos un lugar en el cual refugiarnos y después seguimos con esto?
—Tú haz lo que quieras, pero yo no me acerco a ti—estaba decidida a alejarse de él pero Gitana no pensaba lo mismo. Los caballos estaban inquietos por el poder de la tormenta cuando la yegua casi se resbala por el lodo en sus patas. Eliza grita pero Gitana sigue avanzando, Shun se acerca a ella y toma las riendas de la yegua jalándolas a un lugar más seguro.
— ¡Ya basta de locuras! ¡Sígueme! —Eliza se queda seria por la actitud de Shun. Avanzan entre la lluvia y logran encontrar una pequeña cabaña muy bien equipada, Eliza reconoce el lugar.
—Es una de las cabañas de los guardabosques. Es normal que la desocupen en estas fechas por el clima, estoy segura que detrás hay un lugar para guardar a los caballos.
—Entonces baja y yo los iré a asegurar—Eliza obedece lo que Shun le ha dicho, pero para su desgracia la puerta estaba cerrada. El santo se lleva a los caballos y, como dijo la princesa había un lugar para ellos. Una vez seguro que no se escaparían regresa solo para ver como la princesa seguía afuera de la casa.
Shun se acerca y con usar un poco de su fuerza la manija de la puerta de madera cede y se abre dejándolos entrar y protegerse de la lluvia.
…
Los trabajadores vuelven sin noticias pero ya no pueden seguir buscando por la fuerza de la tormenta. El rey vuelve a preocuparse. Todos a excepción de Violeta se van al despacho real. La dama se encamina hacia su habitación, observa como Rosa regresaba a la suya maldiciendo en voz baja, traía la ropa media puesta, intuye que ella tiene que ver con lo que sucedía esa noche.
…
Los minutos pasaron. La cabaña tenía lo suficiente. Eliza se quita toda la ropa ya que la tenía empapada por la lluvia solo para terminar de cubrirse con una colcha que había en la habitación de la cabaña. Shun solo se quita la camisa mientras que logra encender una pequeña chimenea que se encontraba en la cabaña con reservas de madera que el guardabosques almacenaba, pero la situación era incomoda entre él y la princesa.
En esa noche donde nadie más los interrumpía a la par de la cálida fogata ambos estaban completamente nerviosos. La tormenta no cesaba y al parecer no tenía la intención de hacerlo. Shun miraba por la ventana totalmente empapado y Eliza trataba de calentarse envuelta únicamente con el cobertor. Estaba muy sonrojada y su ropa estaba colgada en la ventana de la cocina con la intensión de secarse. Lejos del castillo pero dándole gracias al cielo que encontraron lugar donde pasar la noche. Ninguno se hablaba y evitaban a cualquier costo siquiera mirarse.
De la nada la puerta de madera se abre por un fuerte viento provocado por la tormenta, haciendo que la fogata se apague. El peli verde se apresura a cerrarla. Al voltear ve como la pelirroja se frota tratando de encontrar calor. El inmenso amor que siente le reclama pero ¿será justo que él empiece la reconciliación? Vuelve a la ventana contemplando la gran tormenta pero al pasar unos segundo Eliza estornuda, Shun solo suspira.
Por el otro lado Eliza pensaba en como disculparse. Sabe que Shun no es ese tipo de hombre, la impulsiva fue ella y por esa imprudencia terminaron ahí. Sabe que su padre ha de estar preocupado pero, aunque mande a alguien a buscarla, no la encontrará. Hizo enojar a su caballo y los llevó muy lejos. Ahora sabe lo que son los celos y no quiere volverlos a sentir. Pero estar enamorada de un chico como el peli verde era algo inevitable, solo le queda aprender a controlarlos. Se junta más buscando el calor que el viento se llevó.
Tan sumida en sus pensamientos estaba que pega un pequeño brinco cuando siente los fuertes brazos de Shun rodearla. Sus vellos se erizan al sentirlo sin camisa. Ella no estaba acostumbrada a ese tipo de caricias pero debía admitir que le gustaba. Sube una de sus manos y la pone sobre las de Shun, suspira antes de empezar.
—Yo qui… Quiero disculparme Shun—habla con algo de dificultad ya que no está acostumbrada a pedir disculpas.
—Eliza.
—No…, déjame terminar—pide volteándolo a ver—. Sé que no debí celarte así con mi prima. Es decir tu eres libre y puedes…—poco a poco se le dificultaba hablar, ya que las lágrimas intentaban salir por sus ojos. Shun la mira, desconcertado ¿Por qué se pone así? —Yo…
—Eliza—interrumpe tomando el rostro la de ojidorada en sus manos—. Entre tu prima y yo no hay nada. Eliza yo te amo.
—Shun, yo… Es que tu ni siquiera eres de aquí y yo…—no puede ni siquiera explicarse, pero algo es seguro, si Shun la deja ella se muere.
El peli verde acaricia su mejilla quitando el rastro de la traviesa lágrima y acerca más su rostro al de ella. Con lentitud sigue hasta topar nariz con nariz, siente su aliento y los colores se le suben a la chica. Unen sus labios y ella trata de corresponder a ese beso. Conforme el peli verde toma campo sus tontos prejuicios desaparecen. Cierra los ojos para disfrutar más la caricia e inconscientemente se acomoda para dejar que él lo haga también. Sin querer sube sus manos y la colcha se resbala dejando a la vista sus bien formados senos. Shun por respeto se separa de ella, toma la colcha y se la coloca. La princesa se sorprende al darse cuenta de lo que sucedió. Se termina de cubrir incluso tratando de esconder su rostro. El ojiesmeralda se pone de pie y le da la espalda pero el deseo ya se había encendido entre los dos.
—Creo que es momento de que te vayas a dormir al cuarto, yo me quedaré aquí.
Eliza se siente rechazada. Debía agradecerle que la respetara pero, aunque le diera vergüenza aceptarlo, ella lo deseaba. Suspira y se pone de pie para introducirse a la habitación, cierra la puerta de golpe. Shun solo encoge los hombros por el sonido y se deja caer al sillón. Se soba la nuca y suspira ¿Tan complicado es el amor? Pero es algo tan hermoso. Toda su vida solo sintió dolor. Dolor al saber de la muerte de su maestro, al despedirse de su mejor amiga, al ver caídos a sus camaradas. Así que debía bendecir a la vida ya que por fin le mostraba ese sentimiento por el cual siempre había luchado.
La ama, pero también debe saber que no es hombre para ella. Sabe que si el mundo necesitara de sus servicios como caballero tendría que irse y con el riesgo de no regresar. Suspira un par de veces más y recuesta sus codos en sus rodillas con las manos sosteniendo su cabeza, tratando de pensar. En eso el llanto de la pelirroja lo hace volver a la realidad. Era claro que ella trataba de retenerlo pero le era imposible, sus sollozos se entrecortaban y de vez en cuando su voz dejaba escapar un pensamiento poco entendible para el chico. Se pone de pie y se dirige a la puerta, toca pero no recibe respuesta. Eliza al escucharlo se pone una mano en la boca para detenerse pero el pesar es demasiado grande. Shun vuelve a tocar pero nuevamente nada.
—Eliza… ¿Eliza estas bien?
—Vete.
—Eliza ¿Qué pasa?
— ¡Vete! —Grita, no quería tenerlo cerca por lastima.
—Eliza… abre la puerta por favor.
— ¿Qué no entiendes? Vete.
— Por el amor del cielo, abre la puerta—la paciencia de Shun se estaba agotando—. Ahora ¿Qué es lo que sucede?
— ¡Nada! Contigo no sucede nada—vuelve a sollozar tapándose la boca con las manos y cerrando los ojos, dejando que las lágrimas paseen por sus mejillas.
— Eliza por favor.
— ¡Por favor ¿Qué?!
—No me gusta que estés así.
— ¡Pues parece que eres muy amable con todas!
— ¿Otra vez con tus celos?
— ¡No son celos!
— ¡Claro que sí lo son!
—Pues tú tienes la culpa.
—Dios mujer. Madura ya ¿Qué no entiendes?
— ¿Madurar? —se acomoda la colcha, abre la puerta de golpe quedando cara a cara con Shun. —Pues tal parece que madurar no es lo mío. Pero tú deberías dejar de ser tan perro con todas las mujeres del mundo.
— ¿Perro? —la paciencia del peli verde ha desaparecido.
— ¡Sí! Con todas sonríes, con todas te las pasas bien, hasta terminaste haciéndole el favor a mi prima.
— ¡Ya te traté de explicar que ni siquiera sabía que estaba en mi recámara! Me tomo desprevenido.
— ¿Y no podías sacarla de ahí?
— ¡Lo intenté! Pero justamente llegaste sin darme tiempo.
— ¡Oh! Entonces discúlpeme, con antelación le aviso que la marquesa de Italia está libre, la primera dama de España, la condesa y todas las demás chicas del mundo.
— ¡Ya basta Eliza!—había algo dentro de él que le presagiaba un desastre. Algo que no lo dejaba tranquilo desde que nació la posibilidad de que ella tuviera el fragmento. Y, aunque Athena asegurará lo contrario, no podía confiar en sus palabras. Desde hacía meses estaban en el castillo en espera de ese gran suceso y hasta ese día nada había ocurrido. Pero cuando ocurriera tendrían que regresar a Japón o ir a Grecia… y ¿qué pasará con ellos? — ¿Por qué no lo entiendes Eliza? —susurra con un extraño dolor en su corazón.
— ¿Entender qué Shun? —Eliza estaba extraña esa noche. No importaba lo que saliera de la boca del peli verde, ella siempre hallaba la manera de pelear con él.
—Eliza…
— ¡No Shun, basta! —grita y después suspira tratando de regresar el aire a sus pulmones. Se acomoda la colcha y se apoya en el marco de la puerta—. Tal parece que el que no es capaz de entender eres tú. Mi vida estaba en paz antes de que aparecieras. No amaba ni era amada y eso era lo mejor… pero después me hiciste sentir el amor—En ese instante recuerda a su madre, sonríe—. Y todos los sentimientos que este lleva consigo.
—Eliza. —La mira con ternura, estaba demasiado vulnerable.
—Shun no… No sé que tengo… Shun, Shun…—suspira una vez más y trata de buscar apoyo en la pared. El caballero avanza y la abraza, ella le corresponde escondiendo su rostro en su pecho desnudo, dejando que su alma se desahogue. Se aferra más al cuerpo del chico, Shun hace lo mismo—. Te amo Shun—susurra la princesa. El santo de las cadenas acaricia su larga cabellera roja y la besa con ternura.
Al estar abrazados ella levanta la cabeza para verlo a los ojos, era algo hipnotizante. Eliza sostiene la colcha con su mano derecha mientras que con la izquierda inconscientemente acaricia el bien formado pecho del santo. Este suspira y cierra sus ojos unos instantes para volverlos a abrir y quedar perdido en los dorados de la chica. Se detiene y sus ojos se fijan en los delgados labios del peli verde, pronto la pequeña distancia entre ellos nuevamente desaparece.
Al principio fue un beso tímido, como si fuera la primera vez que lo hacían. Pero este beso traía consigo algo especial. Estaba lleno de pasión y deseo. Con cada movimiento la caricia se hacía más intensa, tanto que pronto las lenguas jugaban una con la otra y exploraban la cavidad bucal ajena. Ella sujeta su cobertor pero con el otro brazo hace que el chico intensifique el acto. En cambio él sujeta el rostro de la dama y con suma lentitud avanza haciendo que ella retroceda. Se deja hacer por la adictiva pasión provocando que el deseo crezca en cada parte de su ser.
En un movimiento provocan que la puerta se cierre, ellos se separan unos centímetros viéndose fijamente a los ojos. Su respiración es lenta y entrecortada. Tratan de descifrar lo que el contrario decía en silencio. Ninguno sabía qué hacer. Ella vuelve a recostar su cabeza sobre el pecho de su amante y suspira abrazándose a él. Shun apoya su mentón en su cabeza, cierra los ojos rogándole al cielo poder controlarse.
—Eliza—susurra con los ojos fuertemente cerrados.
—Te amo Shun, es todo lo que necesitas saber—le responde haciendo más presión en su agarre. El peli verde logra sentir la diminuta lágrima de la chica y un corto suspiro que se lo dedica al aire y que después se pierde en el tiempo.
…
El rey Alejandro junto a su hijo, a Athena y sus caballeros están sentados en el salón real tratando de encontrar una solución a este problema. El mayor estaba muy preocupado por su hija. Se pone de pie y empieza a avanzar de un lado a otro casi formando en un agujero.
— Majestad, tranquilícese—aconseja la peli lila sentada en un sillón.
— No puedo Athena, Saori—ya ni sabía cómo llamarla—. Es mi hija y esta tormenta está muy fuerte, temo que algo le pase.
— No se preocupe—interrumpe el Pegaso—. Está con Shun y él sabe cómo manejar este tipo de situaciones.
— Pero, muchacho ¿Acaso no estás preocupado por tu hermano?
— Por supuesto que lo estamos—continúa el Dragón acomodado a la par de la diosa.
— Pero Shun tiene mucha experiencia en esto, así que no podría estar en mejores manos—finaliza el Cisne sentado en otro sillón quedando frente a sus demás compañeros.
— Padre, por favor tranquilízate—interrumpe el príncipe que se levanta de su lugar para dirigirse a donde está el rey—. He pasado mucho tiempo con Shun y sabes que es de fiar. Mi hermana está en muy buenas manos.
—Sí, tienen razón pero aun así ya deseo que esta terrible tormenta acabe lo más pronto posible—siente nuevamente la misma angustia del día del accidente en el puente. Solo que ahora había algo diferente ¿Qué es lo que es?
En eso un fuerte relámpago alumbra los cielos seguido de un estruendoso trueno para finalizar quitando la luz eléctrica del castillo.
— ¡Genial!—bufa el rey molesto—. Lo que nos faltaba.
Mientras los demás reían, cierto caballero solitario miraba por la ventana. La verdad era que le incomodaba estar entre tanta gente ruidosa, pero existía esa inquietud que lo preocupaba más de lo debido. Últimamente ha sentido algo ajeno cerca de su hermano. El Fénix estaba intranquilo. Seguro que la batalla contra Delfos no se podrá evitar. Observa a su diosa con cautela… oculta algo, no sabe la razón de sentirlo con tanta certeza, pero lo presiente.
…
La tormenta en toda Inglaterra era potente y destructiva. Pero cierto par de jóvenes estaban perdidos en un mar de sentimientos ignorando todo lo demás. Ella tenía miedo, él estaba indeciso: La cabaña y ellos solos, esto solo era una peligrosa combinación. Eliza levanta la vista solo para darse cuenta que el santo la observaba diferente. Sentía mil mariposas en su estómago, sin pensarlo ya se estaban besando otra vez con ardiente pasión. Pronto las lenguas nuevamente probaban un nuevo sabor, pero la boca ya no fue suficiente. Shun empieza a acariciar su espalda mientras que ella se pega más a él disfrutando de las caricias. El peli verde deja la boca de la chica para dirigirse a su cuello, mientras ella le da espacio y disfruta dejándose hacer. Remueve la colcha para probar su tersa piel, escabulle una mano para acariciar su espalda mientras ella trata de controlar la emoción que crece dentro de su ser. Entonces la pelirroja levanta la otra mano dejando que la colcha finalmente caiga exponiéndose por completo al ojiesmeralda. Shun no la ve a los ojos, solo toma su rostro y la besa con más pasión y deseo. Ahora el avanza y la encamina hacia la cama. Con cuidado la recuesta provocando que el largo cabello de la joven se despliegue dejando una panorámica exquisita para el santo de bronce.
Ella voltea sonrojada, nadie la había visto así. El caballero se acerca y la vuelve a besar, sabía que no era correcto pero no podía detenerse.
—Te amo—le susurra a la joven provocándole cosquillas por su aliento. Ella no responde, solo deja escapar un pequeño gemido al sentir el peso del chico sobre ella.
Se separan del beso y le acaricia la suave cabellera. La chica reprime un gemido que intenta salir al sentir como la mano de Shun deja su rostro para apreciar su cuello. Eliza tenía las manos sobre su pecho, así que las baja dejando que la mano del peli verde explore más. Shun sin perder sus ojos baja la mano muy despacio entre sus senos provocando que tiemble por el tacto, sigue y para antes de llegar a su zona íntima. La separa de su cuerpo y, sin necesidad de hablar, le pregunta si debe continuar. Ella acaricia su rostro y solo sonríe.
Shun vuelve a besarla apasionadamente y pronto deja sus labios para pasar al cuello y, finalmente, a sus pechos. Empieza a jugar con uno mientras acaricia el otro. Ella solo trata de tranquilizarse respirando hondo. Con suma lentitud siente su sabor, su lengua juega alrededor de su duro pezón mientras con una mano masajea el otro dándole placer. Eliza se remueve un poco al sentir la excitación dentro de sí, suspira. Se muerde el labio inferior y respira agitadamente mientras sus manos agarran con fuerza las sábanas, dejando salir un poco de lo que siente. Shun para su jugueteo mientras le acaricia su mejilla con una mano. Ella se endereza y empieza a besarlo nuevamente, se cuelga de su cuello y lo derriba. Ahora es ella la que está arriba, acaricia sus bien formados pectorales y de la nada desabrocha el botón de su pantalón.
—No es justo que sólo yo este así ¿Verdad? —pregunta con picardía, perdiendo toda vergüenza mientras él solo la mira.
Dentro de poco la ropa les dejó de estorbar.
Sentados en la cama él disfruta el olor de su cuello mientras ella explora su gran espalda. De la nada Shun se estremece al sentir la pequeña mano de la joven acariciar una de sus fuertes piernas, ella sonríe con malicia.
—Graciosa—murmura el joven viéndola a los ojos. Ella muestra una mueca muy sensual pero él no se queda atrás.
El Shun que estaba frente a ella era muy diferente. La pasión que había entre ambos era demasiada como para tratar de esconderla. Él nuevamente siente la tensión en su entre pierna al verla tan perfecta solo para él, así que se vuelve a apoderar de sus labios mientras ella se pega más a él dejando que sus redondos senos sientan sus duros músculos del pecho. Ella gime al sentir la tensión del muchacho en su pierna, entierra sus uñas en su espalda cuando Shun pasa sus labios por su cuello y luego a uno de sus senos. El joven suspira el aroma a rosas de la princesa y trata de que ella se acueste para sentirla mejor.
Eliza se deja hacer y nuevamente posa su cabeza en una de las almohadas con el sabor de Shun en su boca. La fría nariz del caballero recorre su delicado cuello de izquierda a derecha para luego pasar entre sus senos y hacer un camino de besos hasta quedar en su plano vientre. La pelirroja sube una pierna que es acariciada delicadamente por la mano de Shun. Ella juega con sus largos cabellos verdes sintiendo como su intimidad empieza a reclamar tanta emoción.
—Sh… Shun—Suspira y el caballero regresa nuevamente con caricias a verla a los ojos, de un movimiento ella se cuelga de su cuello haciendo que él deje caer todo su peso sobre ella y da una media vuelta y ahora la princesa queda encima suyo.
—Te amo—susurra el ojiesmeralda volviendo a besarla apasionadamente. Ella pasa sus largas uñas sobre su pecho haciéndole cosquillas pero se detiene al darse cuenta de las múltiples cicatrices que tiene. Sigue con su exploración y ve que a los costados, en sus brazos y ante brazos también son visibles, no tanto como en su pecho y seguramente en su espalda también.
— ¿Qué te paso? —pregunta con el ceño fruncido.
— Son marcas de mi pasado—contesta con algo de pesar.
— Bueno—seductoramente coloca su pierna sobre una de las de él—. Te haré otro tipo de marcas.
Shun siente un poco de dolor en su miembro al sentirse excitado, pero no quiere sobrepasarse con ella, así que trata de controlarse. En cambio ella hace lo mismo que él, saborea su pecho y nuevamente se siente un poco húmeda, la lenta respiración del chico la hacía sentir cosas que jamás pensó que sentiría. El peli verde aprieta sus dientes al sentir como ella lo muerde y nuevamente siente todo de él. Ella se recuesta totalmente dejando su rostro en el pecho del chico y lo abraza.
— Gracias—susurra dejando que una lágrima pasee por su rostro. Shun se queda en jaque al escucharla, así que con cuidado se sienta al igual que ella y le acaricia la mejilla quitando el rastro de agua.
— ¿Por qué?
— Por enseñarme lo que es el amor. Por permitirme amar y sentirme amada. Shun prométeme que pase lo que pase jamás te apartarás de mi lado.
— Eliza…
— ¡Júralo! —contesta, ya que siente una enorme preocupación en su pecho. Trata de calmarse colocando una mano sobre su pecho y agachando el rostro, no sabe porque siente eso—. Júrame que estarás conmigo siempre, Shun por favor.
El santo de las cadenas la abraza con fuerza y sin importar lo que deba hacer lo cumplirá.
—Jamás me alejare de ti.
En eso un brillo azul empieza a salir del centro de sus corazones, ellos seguían abrazados y cuando se separan ese brillo desaparece. Al parecer, ni el peli verde ni la princesa se dieron cuenta de ello mientras que se vuelven a fundir en un apasionado beso.
…
Todo es silencio, pero de repente Athena se pone de pie y sus caballeros en alerta ya que un terrible cosmo apareció de las nada.
— ¿Qué fue eso? —preguntó el Dragón.
— Es un cosmo que jamás había sentido—secunda el Cygnus.
— ¿Athena?—Seiya se dirige a su diosa pero esta está tan desconcertada como los demás, no conoce este poderoso cosmo, pero algo le dice que es un mal presagio.
—Athena—insiste el peli negro.
—No… No sé qué es este cosmo chicos, jamás lo había sentido—estaba nerviosa, ese cosmo la aterraba. Trataba de pensar pero en eso su báculo aparece de la nada y empieza a irradiar luz y el cosmo de la diosa de la Victoria se dirige hacia el centro de Athena. Los caballeros presienten que la presencia de ese báculo indica algo malo. Que haya venido desde el santuario hasta ese lugar solo podía traer malas noticias
— Dos fragmentos del diamante se están encontrando Athena.
— ¿Qué? —pregunta espantada. Sus santos no logran entender ya que no escuchan a Nike.
—Así es Athena, dos de los fragmentos del Diamante Azul se están encontrando.
—Eso quiere decir que Delfos…—Le responde por el cosmo.
—No, no es Delfos pero si esos fragmentos continúan juntos por más tiempos Delfos aparecerá, listo para la batalla.
—Pero… y si no sabemos en dónde está Shun ¿Cómo encontraremos el fragmento?
Los caballeros la miran intrigados hasta que la sabiduría de Shiryu se hace presente.
—Es Nike.
— ¿Qué?
—Si Seiya, Athena está hablando con Nike, ella sabe más de este asunto y supongo que el cosmo que sentimos se trata de…
— Los fragmentos del Diamante—finaliza Hyoga viendo por la ventana—… Pero ¿por qué menciona a Shun?—se gira para verlos.
Ninguno sabe qué contestar. De soslayo ven al Fénix que ahora tenía los ojos cerrados ¿Acaso sabía algo que ellos ignoraban?
En cambio Ikki apenas lo estaba descubriendo, al cerrar los ojos y encender su cosmo lo entiende por completo. Ahora su cabeza encaja todas las piezas del rompecabezas. Una furia imperiosa lo invade. Nuevamente no pudo proteger a su hermano de un cruel destino.
—Nike por favor, necesito que me ayudes.
—Lo siento Athena. No sé más de lo que tú ya sabes—después de eso el cosmo de Nike desaparece.
Saori se pone una mano en el pecho tratando de controlar su respiración ahora ¿Qué es lo que debe hacer?
—Saori—la voz de Seiya la hace volver de sus pensamientos.
—Esto se está complicando.
—Sí, eso es claro—responde Shiryu algo serio. Esto hace que la diosa sienta algo de temor al ver la actitud del chico— ¿Por qué mencionaste a Shun?
La peli lila abre los ojos y Seiya los cierra con fuerza volteando la cabeza, el prefiere no hablar ya que lo puede echar a perder.
—Lo que pasa Shiryu es que Nike sintió el diamante cerca del cosmo de Shun.
— ¿Y por qué no lo sentimos nosotros también? —Interviene el ruso acercándose al grupo.
—Tal parece que Nike tiene un poder especial, ya que ella estuvo en carne y hueso en la última guerra contra Delfos y eso le da a ella una gran percepción sobre este asunto—Seiya se queda muy sorprendido al ver la capacidad que tiene Saori de mentir.
—Tienes razón—Finaliza el chino—. Pero con esta tormenta no podemos hacer más.
Todo se queda en silencio, otro rayo ilumina el cielo seguido de un poderoso trueno. Saori con mucho disimulo trata de calmarse pero mira de soslayo al Fénix y con solo verlo se da cuenta que a él no lo puede engañar.
Ikki la mira de la misma manera, con una mirada que la aterra. Pero el peli azul prefiere callar. Necesita pensar. Y cuando descubra todo… Athena se lo pagará.
…
Parados, ella dándole la espalda, siendo iluminados por la escasa luz de luna que se cuela por la ventana. Shun besa su cuello y su espalda mientras que sus manos le hacen cosquillas en su vientre y de vez en cuando juegan con sus duros y redondos senos. En el momento menos pensado la mano izquierda de él deja su pecho y baja deslizándose hasta llegar a su zona íntima.
—Ay…—gime la chica al sentir como los dedos de Shun abren sus labios inferiores y juegan con su clítoris. Ella siente que sus rodillas se doblan, pone una de sus manos sobre la de él mientras que la otra sobre la derecha que aún se mantenía en su pecho.
El peli verde mueve su mano derecha junto con la de ella y la enrolla en su delgada cintura para pegarla más a él. Ella siente como sus glúteos tocan su erecto miembro. Shun calla un gemido y vuelve a saborear su piel, pero su mano debilitaba su fuerza de voluntad. De un giro ella nuevamente siente los labios del joven y los sujeta con desesperación. Con cuidado Shun la carga y la vuelve a acostar en la cama, sigue su camino hasta llegar al punto G. Separa sus piernas y ella retiene un fuerte sonido. El santo se acomoda y acaricia su vagina con los dedos provocando que ella se estremezca y trate de cerrar sus piernas. Shun pone sus labios sobre su zona V y con cuidado empieza a besarla con mucha lentitud excitando a la princesa a más no poder. Ella respira agitadamente tratando de contenerse, mueve sus piernas y de vez en cuando el peli verde acaricia su tersa piel.
—Ahh… aaaahh. ¡Ay! Shun ¡Shun! —Casi grita sintiendo como la lengua del chico juega con su ya muy húmedo clítoris. Él empieza a meter su dedo medio en ella lubricando más el área mientras la pelirroja sujeta con mucha fuerza las sábanas tratando de sacar su emoción— ¡Shun! ¡Ay dios, Shun!
Decide dejarla en paz besando cada parte de sus torneadas piernas, ella se da media vuelta ahora dejando sus glúteos a favor del joven. Explora cada parte de su cuerpo a besos, no hay un solo lado que no haya sido probado por Shun. Tanto él como ella no pueden soportarlo más, Eliza estaba lo suficientemente preparada y el santo ya no aguantaba la tensión en su entre pierna. Así que después de alborotar las sábanas la princesa se acomoda en la cama dejando que el caballero también lo haga.
—Shun—susurra al sentir todo el peso del joven en ella, se empieza a mover haciendo que Shun gima de dolor por su erección. Se acomoda para penetrarla, pero se detiene observando a la pelirroja—. Shun.
—Pero Eliza…
—Te amo Shun, hazlo. Quiero que lo hagas, deseo que lo hagas—ella se acerca y pega su frente a la de él sobando sus músculos—. Shun hazlo.
—Te amo —responde besándola con pasión. La recuesta en la cama sin dejar de besarla, con sus piernas vuelve a abrir las de ella y con cuidado se prepara para entrar.
Con lentitud penetra pero ella se queja y entierra sus uñas en la espalda del ojiesmeralda. Aprieta los dientes y encorva la espalda hacia atrás. Shun entrelaza sus manos con las de ella sin separarse y sigue su tarea. Pegan pecho contra pecho, lo besa mientras sigue penetrando. Con cada movimiento nuevamente el brillo nace dentro de sus corazones. Con cada centímetro que Shun se introduce el brillo poco a poco también empieza a abarcar cada parte de sus cuerpos. Pero de igual forma ninguno de ellos dos parece ver ese brillo ni sentir ese poder. Lo único que sus cinco sentidos pueden sentir es el profundo amor que se profesan el uno por el otro.
— ¡Ah! —ella cierra los ojos dejando escapar una lágrima—Shun ¡Ay, ay Shun! ¡SHUN!
—Tranquila, respira—le susurra con un nudo en la garganta—Respira, Eliza.
— ¡SHUN!
Finalmente ambos amantes se vuelven uno pero también en ese momento el brillo cubre todos sus cuerpos, deja escapar un extraordinario poder, se puede ver como los fragmentos del diamante se llaman el uno al otro, como se intentan unificar. Pero los dos enamorados no pueden ver ni sentir nada. Están ajenos al mundo exterior.
…
— ¡¿Qué es eso?! —grita Athena poniéndose de pie. Los demás caballeros también se ponen en alerta ya que sintieron como un enorme poder apareció en medio de la tormenta.
El rey y el príncipe no entienden ya que ellos no pudieron percibir nada. En cambio, al Fénix se le eriza la piel al sentir tal poder. Pero así como vino en ese instante se fue.
— Athena—la llama el castaño pero la diosa solo lo mira con una cara llena de terror. Su piel estaba pálida y sus ojos se pusieron ojerosos, su respiración es muy lenta pero al mismo tiempo notoria, busca un lugar en donde apoyarse ya que de la nada un pavor terrible inutiliza sus sentidos.
—Saori—la llama preocupado el Cisne al correr y sostener a su diosa.
—Fueron los diamantes, lo sé. Seiya, chicos—los mira fijamente pero nadie sabe responder. Ikki por su lado maximiza su cosmo tratando de localizar a su hermano, ese mal presentimiento seguía, algo le gritaba que su hermano corría peligro.
El ardiente cosmo del Fénix hizo retroceder al rey y a Gabriel ya que incluso ellos pudieron sentir su energía y hasta era visible el aura rojiza alrededor del cuerpo del peli azul. Como nunca antes su corazón tenía miedo, en ese momento su mente retrocede en el tiempo a cuando Hades tomó el cuerpo de su hermano. Aumentó su poder, pero aun así no podía sentir a su hermano en ningún lado.
— ¡Ikki cálmate! —exige el Dragón.
— ¡No! Tengo que encontrar a mi hermano.
—Ikki date cuenta, él no está en peligro, sino ya hubiéramos sentido su cosmo.
— ¿Entonces por qué no siente el mío?
El Dragón abre los ojos y sabe que a eso no puede responder. El Fénix enfurecido camina rumbo a la puerta y antes de salir Athena llama su atención.
—Ikki detente ¿Qué planeas hacer?
—Eso es algo que no te incumbe—voltea a verla con odio grabado a fuego en la mirada—. No sé por qué, pero intuyo que nos estás ocultando algo y cuando lo descubra te juro que Seiya me tendrá que matar antes que yo te mate a ti.
— ¡¿Qué demonios te pasa Ikki?! —pregunta el Pegaso deteniendo el brusco andar de su compañero. El mayor lo ignora, sigue cerrando la puerta con fuerza dejando atónitos a todos los presentes.
—Saori no podemos dejarlo ir solo, sobre todo con esta tormenta.
—Tienes razón, Hyoga.
Los tres se observan y después de asentir con la cabeza salen del castillo en diferentes direcciones, en busca de su compañero. En el palacio la diosa de largos cabellos lila reza para que no esté pasando lo que presiente, la tormenta no le da esperanza. El tiempo se ha agotado.
…
Las envestidas eran cada vez más fuertes, el deseo y la pasión finalmente era lo único que se albergaba en sus corazones.
— ¡Ah! Shun—Eliza gime una vez más y el caballero finalmente sale de ella. La pelirroja puede volver a respirar, cierra sus piernas y se pone en posición fetal. Aunque fue una agonía maravillosa eso no quita que esa haya sido su primera vez. El dolor era soportable, pero ahora se sentía extraña.
Shun se sienta sobre la cama cerrando los ojos y empuñando sus manos. También fue su primera vez y su miembro le reclama tal presión, cuando volteó a verla sus ojos se fijaron en una mancha de sangre que se encontraba en la ya no tan blanca sabana, se asusta y se dirige a ella con cuidado. La acaricia por un hombro, la dama lo voltea a ver.
—Discúlpame.
—No Shun, tranquilo—Ella se gira lentamente—. Es algo normal.
Ella termina de darse la vuelta para quedar viéndolo cara a cara, en eso el caballero se da cuenta de que el sueño se apoderaba de su dulce acompañante. Le sonríe ya que a él también se le cerraban los ojos. Finalmente ayuda a la princesa a acomodarse en la cama y antes de hacerlo él se levanta y toma la colcha que en un principio cubría el cuerpo de su amante y la coloca sobre ambos. Ella se acomoda sobre su pecho y a pesar del dolor entrelaza sus piernas con las musculosas del chico para después de unos segundos caer profundamente en un inmenso sueño.
Shun le acaricia la larga cabellera y sube la manta hasta cubrirla por completo, besa su frente y se dispone a dormir, pero hay algo que lo tiene intranquilo. Solo ruega a los dioses que no sea lo que está pensando. El sueño es cada vez más potente, tanto que en menos de lo deseado cae rendido junto a su mujer.
…
Por otro lado del reino los caballeros de bronce buscaban desesperadamente a su amigo, la tormenta seguía igual de recia que al principio, extrañamente todos –aunque en diferentes ocasiones, ya que se habían separado para abracar más terreno– pasaron cerca de la cabaña que fue testigo de una entrega total de amor. Más ninguno la vio, ninguno se percató ni tuvo las intenciones de acercarse. Además en ese preciso instante ni los caballeros ni Athena que se encontraba en el castillo pudo sentir ese extraño poder que emanaba de la cabaña.
Adentro de ese lugar ambos cuerpos desnudos se abrazaban y descansaban en los brazos de Morfeo, o eso es lo que podía ver ya que realmente estaban inconscientes. El poder de los fragmentos empieza a brillar nuevamente solo que ahora no rodeaban sus cuerpos sino que dejaban salir un par de luces celestes que se dirigían al cielo hacia un punto fijo llamado al tercero. Con la señal provocada por los rayos, hicieron que las estrellas se movieran, que el viento se agitara más fuerte, los poderosos truenos chocaban con la tierra y de un punto nada del universo otro rayo respondió al llamado de los otros dos. Ninguno de los cuatro caballeros de bronce restantes pudo verlo o sentirlo. Nadie se percató de la imponente señal del diamante. Nike no pudo volver a despertar para avisarles que Delfos estaba a punto de regresar a este mundo.
…
La noche finaliza al igual que la tormenta. El caballero de las cadenas abre lentamente los ojos solo para toparse con los dorados de la chica que lo observaban con detenimiento. Ella le sonreía con dulzura, delineaba con cuidado cada músculo del chico con sus dedos. Shun se da cuenta que la lluvia había cesado así que lo podrían usar a su favor y volver al castillo.
— ¿Qué tienes Shun? —la princesa lo observa preocupada, estaba más pálido que de costumbre y pequeñas ojeras se formaban debajo de sus ojos, el santo también se sentía débil pero supone que es por falta de sueño.
—No te preocupes. Ya hay luz así que tomemos a los caballos y regresemos al castillo, tu padre ha de estar muy preocupado.
— ¿Fue real lo de anoche? —Shun sonríe ante su pregunta.
—Eso espero.
Se levantan y arreglan lo que usaron de la cabaña. Shun se encargó de eliminar la evidencia de lo sucedido entre ellos, atranca la puerta y finalmente se van. La princesa siente molestias al montar a su yegua pero lo disimula, fácilmente reconocen el camino de regreso.
…
El rey no pudo pegar un ojo en toda la noche, los caballeros ya habían regresado pero sin noticias cuando de la nada el sonido de unos caballos relinchando los pone en alerta a todos. Gabriel mira por la ventana y anuncia el regreso de los jóvenes.
— ¡Eliza!—el padre la llama mientras avanza a su encuentro. La chica se baja del caballo para abrazarlo. Shun solo observa a sus compañeros que vienen por detrás— ¿Qué pasó? ¿Por qué diablos se fueron?
—Fue mi culpa padre, lo siento.
— ¿Por qué? —El rey observa a Shun— ¿Qué sucedió? —le pregunta al caballero.
—Bueno…
—Fue una escena de celos mía—interrumpe la joven pelirroja.
— ¿Celos? ¿De quién?
—De unos chismes, no los pude controlar.
—Hija por el amor del cielo, no puedes actuar así. Pero ¿Dónde pasaron la noche? ¿Qué hicieron?
—Encontramos una cabaña—responde Shun—. Según dijo Eliza es de los guardabosques.
—Gracias al cielo—Suspira el rey—. Creo que ya recuerdo por donde queda. Pero entren, supongo que fue incómodo pasar ahí la noche. Vamos.
Todos entran al castillo, Eliza y Shun se separan. Un par de horas después el peli verde fue bombardeado en preguntas por sus amigos, pero él no supo contestarlas. No sintió el diamante cerca, ni a Delfos o algo que se le pareciera. A la princesa la sucedió lo mismo con Violeta, la dama de compañía incluso le preguntó si sucedió algo más pero la princesa lo negó. No tuvo valor para confesárselo a su mejor amiga. Es algo muy íntimo que aún no está dispuesta a contar.
La mañana avanza. Eliza intentaba seguir su día sin pensar en lo de anoche pero la imagen de Rosa se le posiciona enfrente. La peli negra salía de su habitación con su maleta en mano, la princesa apresura su paso y la toma por el pelo.
— ¡Ay! Eliza
— ¿Qué pasa maldita? ¿Por qué huyes? —Eliza jamás se había comportado así, sus modales los guardó en una cajita para el rato, ahora solo quería desquitarse con ella.
—Suéltame o grito.
— ¡Ándale! Grita y cuando mi padre pregunte el porque me encargaré de decirle que te le fuiste a desnudar a Shun en su cuarto.
— ¡Suéltame! —Rosa estaba impedida a actuar.
—Escúchame bien puta, si te vuelvo a ver no dudaré en decirle al mundo lo que eres.
— ¡No soy peor que tú! —La toma de la mano—. Me imagino lo que hicieron a noche.
—No hicimos nada que te interese. Ahora termina de largarte—con ambas manos sujeta con más fuerza su larga cabellera y la jala haciendo que la condesa se tropiece con su largo vestido y termine en el piso. Eliza le jala el cabello una vez más. Finalmente la suelta, se sacude las manos, se arregla su vestido y se acomoda el cabello—. Con tu permiso prima.
…
Pasan tres semanas exactamente en las cuales no existió la paz. Athena y sus caballeros se ocuparon las veinticuatro horas del día buscando el diamante, tratando de encontrar señales, algo. Pero simplemente no hallaban nada. Las chicas extranjeras tuvieron que volver a Japón, el castillo ya no era un lugar seguro, especialmente para Shunrei. La familia real y Violeta estaban atareados ya que las tormentas han dejado zonas muy inseguras en Inglaterra, mucha gente ha fallecido ahogada o enterrada y hay un gran número de desaparecidos.
Pero fuera de todo eso, el estado físico de Shun decaía considerablemente. Su aspecto preocupó a todos en el castillo. Se fue apartando, buscando la soledad y la oscuridad de su recámara, incluso de Eliza. La princesa se preocupa pero no puede ayudarle en mucho, incluso ella se ha sentido diferente, se marea con facilidad y su estómago no retiene la comida, con cualquier olor se marea y siente la necesidad de vomitar. Pero lo que más la alarmó fue que su periodo se retrasó.
…
Una mañana todos los caballeros estaban en el salón real, desesperados por no encontrar nada. Athena decide dar por terminada la reunión. El primero en desaparecer fue Shun, Ikki se va al bosque y Seiya sigue a su diosa quedando solos el Dragón y el Cisne.
—Esto se está volviendo desesperante.
—Tienes razón Hyoga. Pero ¿Qué más podemos hacer?
—Por el momento el diamante ya no me interesa—Shiryu camina hacia la ventana. — ¿Te has fijado como está Shun?
—Demasiado decaído, ya ni lo reconozco. Y no solo él. Ikki ya ni se le acerca, se ha vuelto más peligroso que antes. Incluso ambos se han olvidado de Lacky.
— ¡Lacky! Es cierto, se me olvidó que ese animal existía ¿Qué ha sido de él?
—Es un feliz padre, Rubí ya tuvo a sus perritos y están muy bien cuidados por los sirvientes. Ausentes de todo por lo que estamos pasando—Hyoga suspira— ¿Cuánto le falta a Shunrei?
—Aproximadamente dos semanas—el Cisne observa tristeza en los ojos de su amigo.
— ¿Desearías haber vuelto con ella verdad?
—Antes que nada está la seguridad del mundo, sé que ambos lo entenderán.
…
Llegó la hora del almuerzo. El caballero de las cadenas apenas pudo probar bocado en cambio Eliza solamente con oler la comida tuvo que correr hacia el sanitario más cercano porque las ganas de vomitar fueron demasiado fuertes. Shun intentó ir con ella pero sus piernas no lo sostuvieron. Hyoga e Ikki corrieron a socorrerlo.
— ¡Shun!—habla sorprendido el Cisne—. Está ardiendo en fiebre.
— ¿Qué? —Athena se acerca a él— ¿Cómo es posible? Hace unos segundos todo estaba bien. —La deidad se preocupa, pero las sorpresas no acababan ahí.
Frente a sus ojos su piel palidece más, gotas de sudor decoraban su rostro. La respiración se le hace más notoria y segundos más tarde convulsiona.
— ¡Shun!
—Gabriel llama a un médico, date prisa.
—Shun, hermano—Ikki observa como delante de sus ojos su hermano lucha con ese horrible dolor que hace tiempo lo ha atormentado. El peli verde busca apoyo, un lugar en donde descargar el fuego que lo incineraba en su interior.
—He… Hermano—La voz apenas lograba salir de sus labios, después de dar un largo suspiro empieza a toser, el moreno lo levanta ya que se estaba ahogando con su propia sangre.
…
Después de sacar lo poco que tenía en su estómago un miedo tremendo la invade. Se limpia la boca y regresa a su cama, suspira profundo y recuerda la plática que tuvo con Violeta hace unos días.
Flashback
La princesa salía de su baño después de una urgente necesidad de regresar la comida, Violeta la ayuda sentarse ya que se sentía muy mareada. Después de unos segundos la dama de compañía insiste en su pregunta.
— ¿Segura que no pasó nada entre ustedes esa noche?
—Te lo juro Vi ¿Por qué insistes tanto?
—Es que…—duda unos minutos —Me atrevería a asegurar que son señales de embarazo.
Fin del Flashback
"Embarazo" Esa palabra la hacía temblar, no se podía quedar con la inquietud. Llama a su empleada de mayor confianza que le haga un favor. En cuestión de minutos ya tenía la respuesta en sus manos.
Continuará…
Gomene, en serio, lamento muchísimo la demora, pero hubo ciertos contratiempos. ¿Qué les pareció el lemon? Espero les haya gustado, les advierto que el próximo capi ya casi está listo, este mes creo que haré doble entrega.
La batalla contra Delfos está a punto de iniciar, espero y sigan conmigo que esta historia está a escasos capítulos de terminar. (Bueno, ni tan escasos. A ver que dice la musa)
Un agradecimiento especial a mi amada betta "Claudia Loba de Escorpio" por su invaluable ayuda.
Gracias por sus comentarios, espero seguir contanto con ellos.
Saludos.
*MeLoDy*
