Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero aquí estoy yo, jugando de nuevo con ellos.

Gracias a Wanda por ser mi pre lectora.


Solo tú, sin Normas ni Moral.

Capítulo 11

¡Dios, que alguien me sujete a la tierra!

Canción para este capítulo: Can't Get You Off My Mind– Lenny Kravitz

…eres mi fotógrafo, mi mejor amiga y tengo mucho por hacer. Vente conmigo, hagamos esto juntos…

«¡Hagamos esto juntos!»…

Esas palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza.

Me perdí en su verde mirada dejándome literalmente sin palabras, el simple hecho que me tomara en cuenta, de que pensara en un futuro a su lado me desarmó, haciendo que me formara toda una película en mi cabeza y lo único que hice fue asentir.

«¡Aunque fuese como su mejor amiga!»

Quizás Jane estaba equivocada y, al decirle lo que sentía por él me estrellaría contra un inmenso muro, pero aun así lo intentaría.

No sabía que nos deparaba el futuro, en ese momento no me preocupé por mis estudios ni por lo que pensaría mi familia. Edward me estaba pidiendo hacer esto con él y yo lo haría gustosa y sin pensar. Ya encontraría la manera de que esto funcionara.

«¡Esta era mi jodida oportunidad!»

Edward puso música desde su Ipod invitándome a bailar. Ambos estábamos bastante achispados pero aun consientes, todo era risa y felicidad por el contrato firmado, felices de la vida.

¡Oh, el alcohol nos hace poner tontos! ¿Cierto?

"Maldito alcohol, dulce tormento, que haces afuera, vamos pa´ dentro, al mejor estilo Pitbul"

Di una vuelta tropezando y cayendo entre sus bazos.

Ups, perdón—dije disculpándome pero riendo a carcajadas.

—Estás borracha, mírate ya estás mareada—Él también reía burlándose de mí.

Nop, aun no.

—Si lo estás, Bella—afirmó sin soltarme de su agarre. Sus manos se sentían calientes y pesadas sobe mis hombros.

—Pruébame.

—¿Cuánto quieres apostar? —me retó.

—¡Oh!, apuestas, apuestas… ¿hace cuanto no tenemos una buena, Ed?

—Un par de años quizás.

La música cambio a un rock suave. ¡Oh! Lenny Kravitz no podía ser más acertado para la situación.

—Bailemos—pidió aun sosteniéndome entre sus brazos. Le abracé colocando los míos sobre sus hombros mientras el bajaba sus manos a mi cintura, mi cabeza encontró refugio en su cuello —. Ves, la única manera que bailes una pieza lenta es que estés borracha—susurró en mi oído.

Sin embargo cuando me presionó contra su pecho y sentí su calor arropándome fue el detonante que estaba esperando para lanzarme al vacío.

«Si no era ahora no sería nunca». Pensé.

Me perdí en las suaves notas de la canción, estimulándome, alentándome "porque simplemente cuando se trataba de amor no podía sacar a Edward de mi mente". Le di un beso en el cuello y luego lamí el lóbulo de su oreja, succionando logrando un estremecimiento de su parte. Seguí con mi lengua haciendo un recorrido por su mandíbula. Edward reaccionó separándose de mí, mirándome directamente a los ojos, por un segundo me puse tensa, él negó con su cabeza y bajó su mirada a mis labios, sacó su lengua humedeciendo los suyos en una clara invitación para luego acercar su boca a la mía. Tan jodidamente cerca que podía respirar su aliento.

Con un lento movimiento sus labios chocaron en busca de los míos, me rodeó de nuevo con sus brazos y me estrechó con tanta fuerza que era como si deseara que nuestros cuerpos se mimetizaran. Colocó una mano en mi cuello para que no escapara de su agarre y la otra serpenteaba sobre mi espalda baja y mi trasero mientras las mías se enterraban en su cabello.

¡Su boca, su sabor, su olor. El jodido cielo!

Con mis ojos cerrados disfruté y me entregué a su intromisión. Solo eran nuestras bocas chocando, conociéndose, las lenguas acariciándose, nuestros dientes mordiendo los labios suavemente, succionando, chupando, lamiendo. Nos separábamos con cortos besos para tomar un poco de aire y continuar saboreándonos. Lo único que se escuchaba aparte de la música suave era el ajetreo de nuestras bocas y los gemidos de gusto que me llevaron a un grado tal de plenitud que me sentía levitar.

¡Dios que alguien me sujete a la tierra!

«¿Acaso estaba soñando? ¡Edward no me sueltes!».

Estaba desvariando o era el alcohol que me hacía pensar locuras pero ahora sí que no quería separarme de él, lo único que tenía ganas era de seguir besándolo y que me besara, me comiera y yo hacer lo mismo.

Me aferré a él como si fuese el último hombre sobre la tierra. Mi salvavidas en ese mar turbulento de sensaciones que estaba arrasando con mi cordura. Mi hombre.

Sin separar nuestros labios me cargó a horcadas y nos llevó hasta el sofá sentándose conmigo sobre él, mi cuerpo comenzó a vibrar con una pasión que no había sentido antes. Mientras Edward me tocaba por todas partes reconociendo mi cuerpo como si deseara memorizarlo, llevando sus manos por debajo de mi blusa y acariciando la piel desnuda de mi espalda yo me movía encima buscando más roce entre nuestros sexos y los acordes de guitarra continuaban arrullando el momento.

«¡Oh, sí! ¿Sientes lo mismo que yo, amor? ¿Me amas tanto como yo te amo a ti? »

¡No pienses, Bella, no pienses. Solo vive el momento, disfrútalo y no te atrevas a abrir la puta boca!

Continúe abrazada a él, besándole como si mi vida dependiera de ello con esas ganas acumuladas de años. En un momento se separó solo lo suficiente para deshacerse de mi blusa, sacándola y tirándola en el suelo. Comenzó a besar mis senos por encima de la tela del sostén, mis pezones estaban como unas duras piedrecillas que necesitaban más atención.

Sus manos las sentía por todas partes y en su recorrido por mi cuerpo iba dejando un cosquilleo de anticipación sumado al calor que me estaba provocando el roce de sus labios y su cálida respiración que me erizaba la piel. Con un movimiento rápido sacó mis zapatillas dejándolas caer y luego regresó a mi pecho, bajó ambas copas del sostén dejándolos desnudos a su entera disposición, justo a la altura de su boca. Se detuvo lo que pensé una fracción de segundo mientras los admiraba y soltaba el broche delantero.

—Hermosos—susurró.

Sin dudar, se pegó y dio una fuerte succión a mi pezón izquierdo haciéndome dar un audible gemido, y al derecho le prodigaba caricias retorciéndolo entre su pulgar e índice. Un dolor se acentuaba cada vez más en mi parte sur haciéndolo palpitar y humedecerse. Necesitaba más roce y dejarme ir.

«¡¿No puede ser que mi primer orgasmo con Edward sería un polvo seco?!»

Me encontraba al borde, sin embargo me presionó empujándome y separándome de nuevo de su cuerpo, quedando parada entre sus piernas, luego atacó mi pezón derecho con la misma intensidad. Sentí que me flaqueaban las pantorrillas.

¡Joder!

Me sujeté de su cabello con fuerza para no dejarle escapar o no caer desmadejada por el estremecimiento. Sin separar su boca de mi cuerpo, ahora dándole suaves lametazos intercalando su lengua entre un pezón y el otro, comenzó a desabrochar el botón de mi vaquero para luego meter sus palmas abiertas dentro de las bragas abarcando todo mi trasero, amasando con sus amplias manos y bajándolas dejándome completamente desnuda en el proceso. Se lo puse fácil cuando levanté sacando un pie y luego el otro para luego sentarme de nuevo en su regazo para restregarme contra la dureza que escondía bajo sus vaqueros.

Pero yo no quería correrme así, necesitaba sentirlo dentro de mí. Torpemente comencé a quitarle la camiseta mientras él luchaba sacando sus zapatos a patadas.

Su lengua entraba y salía de mi boca imitando la copulación, unas veces suaves, otras rápidas y luego solo la envolvía con la mía. Edward soltó un largo gruñido cuando comencé a moverme en forma circular sobre su polla y levantándose sin ninguna dificultad nos llevó hasta la cama acostándose sobre mí.

Estaba presionando su miembro entre mis piernas aun con sus vaqueros puestos. Mientras él se apoyaba en sus brazos y continuaba moviéndose yo metí mis manos en medio de los dos para desabrochar el botón, bajarle la cremallera y meter mi mano para tocarle.

¡Santo Cristo! Estaba duro, caliente y pude sentir el líquido pre seminal que salía por su abertura mojando mis dedos.

Con la ayuda de mis piernas logré bajárselos hasta las rodillas y guiar su polla erecta a mi centro pero él se detuvo.

—Dame… un segundo…, necesito un condón—susurró entre jadeos. Se levantó dejándome despatarrada. Cerré mis piernas para apaciguar un poco la presión que sentía entre ellas debido a su ausencia.

¡Mierda! Estaba tan nublada que había olvidado por completo la protección, aunque yo tomara pastillas esta nunca estaba de más ¿cierto?

Llevé mis dedos a la boca y probé su sabor ligeramente salado, él viendo el gesto casi se le salen los ojos de las cuencas y gruñendo una maldición trastabilló mientras se deshacía de sus pantalones y bóxer.

Hurgó en la mesa de noche haciéndose con una tira de tres, rasgando uno de los paqueticos con sus dientes, sacándolo, presionando la punta con su pulgar e índice y con la otra mano deslizándolo por su largura.

¡Esto era digno de ver! Y de grabarlo en mi memoria. Literalmente me lo estaba comiendo con la mirada.

—Deja de verme como si fuese comida—dijo mientras se tumbaba de nuevo a mi lado.

Sus ojos eran unos pozos oscuros de lujuria. ¿Cuántas veces desee que me viera de esa manera? y aquí estaba yo entregándome a él con todo mi corazón, dándoselo en bandeja de plata. Sin normas y sin moral era completamente suya.

Le iba a contestar que deseaba comerlo pero mis palabras murieron en su boca. Ya no había nada, solo miradas, caricias y besos. Con una de sus manos me acunó por el cuello profundizando el beso y con la otra bajó acariciando mis pechos, luego serpenteó por mi abdomen y cubrió todo mi sexo con su palma mientras que sus dedos hurgaban en mi entrada de manera perezosa y restregaba sin pudor su polla erecta contra mi cadera. Iba a explotar en cualquier momento, lo sabía, podía sentir como se iba formando el temblor interno haciendo que contrajera los dedos de mis pies, sin embargo él lo alargaba alejando su mano, llevándola a nuestros labios para que ambos probásemos mi sabor.

¡Que jodida mierda tan erótica!

Yo acariciaba su hombro, bajando arañando su espalda para luego acariciar su firme trasero, deleitándome en los gruñidos que dejaba sobre mi boca. Edward volvió a bajar su mano metiendo dos dedos entre mis pliegues bombeando un par de veces asegurándose de que estaba más que lista para él, luego los sacó y sin más preámbulos se subió apartando mis piernas con las suyas y alineándose en mi entrada, pero no me penetró.

¡Dios, estaba haciendo de esto una verdadera tortura!

—Por… favor—le supliqué entre jadeos.

Hizo un par de movimientos en forma circular, tanteando mi entrada mientras que con su lengua hacia el mismo trabajo en mi boca de acercarse y alejarse. Presioné mis talones en su trasero para alentarlo a entrar de una vez pero él se resistía, podía sentir su sonrisa descarada sobre mis labios y unos gratos gruñidos que me calentaban aún más, hasta que en el momento que menos lo esperaba se impulsó penetrándome con una dura estocada que nos hizo gritar de placer.

¡Dios! tan bueno…, tan placentero… llevándome hasta el límite.

¡Y tan malditamente grande que me corrí en la segunda estocada!

¡Por todos los Dioses, santos, vírgenes y pollas empalmadas del mundo!, era la primera vez que me corría con solo la penetración.

Estaba conmocionada entretanto él seguía moviéndose dentro y fuera, dentro y fuera alargando mi orgasmo. Minutos después estaba desecha, él aun no llegaba a su liberación, el sudor le corría por la frente rodando hacia mi rostro uniéndose con el mío. Edward gruñía y continuaba entrando y saliendo de manera frenética. Tomó mis piernas colocándolas sobre sus hombros mientras que con sus manos sujetaba los míos inmovilizándome. Las penetraciones las hizo tan profundas logrando que explotara de nuevo en otro orgasmo, mis paredes internas vibraban con temblores incontrolables contrayéndose a su alrededor, apretándolo fuerte dentro de mí y desencadenando el suyo.

Abrí mis ojos y me deleité en su gesto. Él tenía su ceño fruncido, los ojos cerrados y sus labios entreabiertos que dejaba ver sus dientes apretados por el esfuerzo, dio un largo gruñido junto a una última estocada profunda quedándose inmóvil mientras su polla pulsaba y se derramaba llegando a su liberación.

—¡Santo Cristo! —dijo un momento después saliendo de mí.

Yo no estaba para nada elocuente, mi respiración se encontraba agitada, mi corazón golpeaba en mi pecho como un caballo cabalgando sin freno y la chichi había quedado palpitando y pidiendo más.

¡Sí, señor! la chichi se había revelado en mi contra.

—Ducha…, ahora—fue lo único que escuché decir mientras me jalaba, levantaba y cargaba en su hombro.

¿Este hombre que había tomado? Su polla aún estaba empalmada cuando se deshizo del condón, o es que el vodka tenía algún efecto de súper héroe, porque yo me sentía las piernas de gelatina y Edward se veía más que animado. Era inagotable.

En completo silencio, entre besos y tímidas caricias enjabonamos nuestros cuerpos mutuamente, encendiéndonos de nuevo listos para volverlo a hacer. Él pensaba dejarme en la ducha mientras iba por el segundo condón pero no le dejé.

—Tomo la píldora. — Esas tres palabras fueron suficientes para que me cargara a horcajadas y me penetrara contra los azulejos de la ducha.

En serio, esto era algo que mi mente no podía procesar. ¿Cómo era posible que yo no hubiera tenido que tocarme? Parecía que Edward hacia que me corriera con solo hablarme al oído. Me sentía como un fenómeno que tendría que entregarme voluntariamente para un estudio científico. ¿Pero es que acaso ninguno había sabido como tocarme antes?

¡Ningún otro había llegado tan profundo como lo había hecho él! Y eso me hacía sentir más plena.

¡Perfecto, todo era simplemente… perfecto!

Envueltos en toallas ambos regresamos a la cama, Edward tenía una sonrisa descarada en su rostro que no procuraba ocultar, que seguro era reflejo de la mía.

Apartó las sabanas ahuecándolas metiéndose bajo ellas y alargando su mano para que le siguiera. Hizo que me acostara de espaldas a él abrazándome y pegándome a su cuerpo desnudo como un par de cucharitas. Besó mi hombro, acarició mi cintura hasta la base de mis senos y no pude evitar sentir de nuevo ese Dejá vu.

¡El sueño de unos meses atrás se hacía realidad!

—No puedo tener suficiente de ti.— Le escuché decir.

¡Por los clavos de Cristo crucificado! esto era una maratón de sexo.

Se separó apartando las sabanas, su lengua comenzó a recorrer mi espalda, desde la nuca hasta el comienzo de mis nalgas, intercalando con besos y suaves moriscos volviendo a excitarme, no me quejaría de mi coño traicionero que ya palpitaba necesitado. Aproveché colocándome boca abajo con mayor comodidad para disfrutar de sus caricias. De repente se detiene justo en esa zona inexplorada y siento su caliente respiración que me quema enviando oleadas de excitante electricidad a todo mi cuerpo, algo húmedo se desliza en mi ano —¿había escupido?— Yo me tenso y entierro la cabeza en la almohada ahogando mis gemidos.

—Relájate—susurró.

Pero Edward no me da respiro, después de amasar y darle un mordisco a una de mis nalgas, comienza a juguetear con sus dedos en mi trasero, presionando suavemente, luego sustituye sus dedos por su polla, siento la presión más fuerte y su peso en mi espalda, sin embargo solo juega con el fruncido orificio presionando un poco, trato de relajarme porque estoy disfrutando y no es doloroso.

¡Santo Cristo! Que delicia...pero él no iba a entrar por allí o ¿sí?

—¿Te… han… penetrado… por aquí, Bella? —pregunta jadeante sacándome de mi estupor.

—No—dije, pero sonó más como un gemido amortiguado por la almohada. Nunca lo había intentado pero en este momento sería capaz de probar todo lo que me pidiera.

—Bien. Ahora te quiero en cuatro—susurró en mi oído, separándose y jalándome por las caderas.

—Edward…

—Tranquila, solo te voy a tomar desde atrás—decía entre besos—. Tu culo… está seguro…, por ahora.

Yo mordí la almohada por la anticipación colocándome en posición y esperando su siguiente movimiento. Con ayuda de sus manos me abrió los pliegues y continúo acariciando mis dos orificios con su largura, subiendo de arriba abajo y esparciendo todos mis fluidos que parecía salir sin control.

No había palabras, era extraño más sin embargo se sentía correcto. Nuestro vocabulario se había convertido en gemidos, gruñidos, suspiros y cortas frases sin sentido. Contrariamente a todo el discurso que había planificado en mi mente de lo que le diría en el momento de declarar lo que sentía por él, se había esfumado. Igual en algún momento tendríamos que hablar porque estaba segura que todo cambiaría a partir de hoy.

No sé qué hora era cuando nos quedamos exhaustos viendo hacia el techo de la habitación, tratando de recuperar nuestra agitada respiración, los tres rounds y cuatro orgasmos me dejaron completamente agotada pero más que feliz y satisfecha. Volteé cuando escuché su leve ronquido, se había quedad dormido.

Edward estaba achispado y cachondo al igual que yo, pero tenía la seguridad que él también lo había sentido. Esa conexión que nos abarcó y explotó con cada orgasmo.

Me entregué sin reparos y esa noche mientras me deslizaba entre la bruma del sueño y Edward dormía a mi lado, me di cuenta de que pasara lo que pasara lo amaría por el resto de mi vida.


Bueno aquí les dejé uno de los capítulos más esperados, espero haya sido de su agrado. Hasta la próxima semana...No me maten…

Gracias por los rr, favoritos y seguir la historia. Besos de a dos.

Cleo.