Discleimer: Estos personajes no me pertenecen. Son de la magnífica Stephanie Meyer. La trama es de mí autoría, prohibida su reproducción total o parcial sin mi consentimiento.
Mi única esperanza
By
Maru M. Cullen
Capítulo 13
No sabía cuánto tiempo estuve en los brazos de Edward, lo único que sabía era que ese lugar era en el que pertenecía, lentamente fui levantando la cabeza y me encontré con la dulce mirada de mi amado, Edward.
—¿Te encuentras bien? —preguntó preocupado y yo le regale una sonrisa, y me quedo mirando como ido.
—Ahora sí. —dije después de un rato, él parpadeo varias veces y me devolvió la sonrisa ya que la mía no había abandonado mi cara.
Mi vista viajo de su cara a su camisa y en ese momento me di cuenta de que estaba llorando ya que su camisa estaba completamente manchada con sangre, instintivamente lleve mi mano a mi mejilla pero algo me lo impidió, era la mano de Edward y rápidamente la paso por mi mejilla izquierda y recogió la última lágrima que lloré y se la llevo a la boca, en el momento que le iba a preguntar el por qué de su acción ella llegó.
Nos quedó mirando por una momento de forma especuladora y luego de unos minutos por fin habló.
—Esme estaba preocupada por... —me miro reprobatoriamente y continuo— Isabella. —prácticamente escupió mi nombre pero me hice la desentendida— Y me ofrecí a venir a buscarlos.
—Muchísimas gracias por tu amabilidad. —le respondí con mi mejor sonrisa falsa, ella se limitó a asentir y se quedó mirando a Edward significativamente y sentí que era el tercero en discordia así que decidí marcharme del lugar— Creo que es mejor que yo me marche así pueden... conversar tranquilos.
—No Bella es completamente... —empezó a replicar Edward pero yo le corte antes.
—Quédate tranquilo, estaré bien. —le sonreí pero a diferencia que a Tanya, yo le había sonreído sinceramente. Con un leve asentimiento me despedí de la hermosa vampireza y corrí hacia la mansión Cullen.
En la entrada de la casa me esperaba Alice y Rosalie con cara de pocos o en realidad ningún amigo.
—No me miren así. —les pedí después de un rato y no cambiaban la expresión.
—¿¡Cómo quieres que te miremos si prácticamente dejaste a Edward servido en bandeja! —me gritó Rosalie.
—Simplemente ese no era mi lugar. —repliqué enojada.
—Hay que calmarnos. —intervino Alice— Aunque concuerdo con lo que dijo Rose, mi pobre hermanito debe de estar sufriendo mucho estar ahí con Tanya, no la soporta.
—Bueno esta tarde no le molestaba mucho, todo lo contrario. —solté sin pensar.
Una sonrisa maliciosa, cruzó por sus caras y ambas gritaron a la vez
—¡Estas celosa!
Las mire pero no les refuté nada por dos cosas:
1) Estaban en lo correcto.
2) Si no pasara eso igual que tratara de hacerles cambiar de idea ellas no me escucharían.
Pase a su lado sin decirles nada y me adentre en la casa, en la sala de estar estaban todos los Cullen faltantes. Esme al verme se levantó de su lugar y camino hacia mí.
—Querida estaba tan preocupada por ti. —decía Esme mientras me abrazaba.
—Lo siento Esme por preocuparte, la verdad no sé qué me paso. —le dije mientras le devolvía el abrazo.
—Yo sí sé que te pasó. —replicó Emmett—¡Estabas celosa! —finalizó gritando.
—Imagínense que si por un simple rose de labios ellas causa un terremoto no quiero estar allí si Edward la presenta como novia, ¡La desintegraría! —le siguió el juego Jasper.
—¡Cállense! —grité— Sinceramente esperaba este comportamiento de Emmett pero no de ti Abue, ¿Es ese el ejemplo que quieres dejarle a tu tataranieta? —dramatice un poco llevándome la mano a la boca. Por una extraña razón a Jazz no le gustaba que le diga Abuelo, Abue, Tata, etc.
—No vuelvas a llamarme así. —dijo muy seriamente y ese fue el momento de que yo riera.
—¿Por qué tanta risa? —preguntó una voz, al darme vuelta vi que Tanya había hecho aquella pregunta.
—Un chiste... privado.
Esa fue la última vez que la vi ya que esa misma noche salí de caza sola. De aquel día pasaron ya cinco días y decidí volver ya que sería muy sospechoso que tardara más. Solo le rogaba a dios que Tanya se halla ido.
Mientras corría por los bosques de Canadá una visión me golpeo.
Estaba en frente de cuatro vampiros con capas negras y ojos rojos. El primero era un hombre de unos 35 años, musculoso pero no tanto como Emmett mas bien como Jazz, estatura normal no más de 1,75 mts y con cabellos color marrón. En el lado derecho se encontraba una chica, con una esbelta figura, de 1,70 mts y cabellos color negro como la noche. En el lado izquierdo del líder se encontraba un adolecente de no más de 16 años, musculoso para la edad en donde quedó estancado, de estatura baja como mucho 1,67 mts y cabellos color rubio y el ultimo era un muchacho de 18 años, corpulento tanto como Emmett , alto y con cabellos color colorado.
Yo me encontraba tranquila pero defendiendo a algo o a alguien, al darme a vuelta me encuentro dos lobos pero sabía que estos animales no eran normales ya que eran de la altura de un caballo y algo en ellos me era un poco atemorizante, el más pequeño tenía los ojos de un extraño color marrón con un pelaje color arena, el otro era de más grande con pelaje color rojizo y con ojos negros como una noche sin luna. Le estaban gruñendo a los vampiros pero pude ver un poco de temor en sus ojos.
La visión terminó y me quedé en mi lugar de la impresión, un viento sur trajo el olor a vampiro y no me detuve a analizar nada. Corrí como si mi vida se fuera en ello, cuando mi super-desarollada vista divisó a los lobos y realmente me asuste al ver que los vampiros visitantes estaban en posición de ataque, sin pensarlo dos veces estire mi escudo y envolví a los lobos con él. Justo en ese momento los vampiros saltaron contra ellos y estos al chocar contra mi escudo salieron disparados diferentes direcciones y en ese momento entre en escena.
El líder del grupo me sonrió ya que pensó que yo lo iba a ayudar, me encamine hacia los extraños lobos y les dije.
—No se preocupen yo los ayudare. —les sonreí, al voltearme para encarar a el grupo visitante me encontré con cuatro miradas furias color borgoña.
—¿Por qué los defiendes? No son más que unos mugrosos hombres-lobos. —me gritó la vampireza.
—¿Eso son? —les respondí haciéndome la inocente— ¿Y por qué los quieren matar?
—Vinimos a vengarnos de un guardia Vulturi que ellos han asesinado. —me respondió el niño rubio.
Cuando me contestó eso un par de imágenes me azotaron, ellos vinieron a matarlos porque Aro había visto que ellos habían matado a James ya que yo les había implantado nuevos recuerdos, sentí mucho remordimiento, si yo no les hubiera implantado aquellas imágenes estos hombres-lobos no estarían en este peligro.
—Ahora que se a lo que vinieron me temo que les tendré que decir que a ellos no los podrán tocar.
—¿Por qué dices eso? No eres más que una insignificante vampiro. —dijo el vampiro con suficiencia el vampiro de dorado cabellos.
—Porque si quieren saber quién mato a aquel vampiro lo tienen justo en frente suyo. Yo mate a James. —sin que pudieran decir nada, les mande las imágenes de la tortura y la ejecución de James— Y debo agregar que fue muy fácil y... gratificante. —una sonrisa malvada se posó en mi cara, y me puse a pensar que no todos saldrían vivos de aquí y que a los 'sobrevivientes' les tendría que borrar sus recuerdos, sin darme cuenta el vampiro de cabellos dorados se lanzó sobre mí, si no fuera por el ladrido del lobo de pelaje rojizo aquel hubiera sido mi fin.
Lo inmovilice y le arranqué la cabeza de un solo tirón e inmediatamente lo incineré. Los otros tres vampiros me quedaron mirando con ojos bien abiertos y con las bocas ligeramente abiertas. Caminé lentamente hacia su dirección y me paré a unos tres pasos de distancia, me concentré en sus mentes y les borré los últimos veinte minutos y los suplanté por imágenes de la exterminación de todos los hombres-lobo. Ellos empezaron a correr, al no divisar mas sus figuras me si la vuelta esperando ver dos enormes lobo pero eso no fue lo que encontré.
Para mi sorpresa habían cinco lobos más y yo pensé ¿Ese será mi fin?...
