El cadáver en plena descomposición de Igor Jenkins yacía tirado en el tope del último escalón de la escalera que conducía al sótano. El mismo Alastair lo había asesinado tiempo atrás en orden de obtener el control de su propiedad para él, y su ejército de vampiros. Desde entonces, el sótano se había llenado con al menos otros 9 cadáveres que los vampiros habían llevado ahí para almorzar. Como las 2 meseras que habían secuestrado la noche anterior en un bar de Wardensville, mismas que ahora yacían secas y sin vida en la esquina norte del sótano. Justo a un lado del grupo de vampiros que dormían en la espera de la llegada de la noche algo que Daniel Baker (segundo al mando, o algo así) prefirió no hacer. El a diferencia de todos aquellos inútiles tenía mucha curiosidad de saber lo que ocurría arriba en la sala de la casa. Su creador hablado mucho de todas las cosas que haría con aquel niño cuando lo tuviera en su poder y ahora lo que tenía, Daniel no podía esperar a ver lo que había hecho. Así que con sumo cuidado de no pasar frente a los rayos de sol que se filtraban por algunos de los orificios de los muros del pasillo, se abrió paso hasta la sala y entonces se vio inmerso en el aroma más dulce y especial que hubiese imaginado.

— ¿Porque huele tan delicioso? – pregunto perdido.

Alastair, que acababa de abandonar la mente del chico, dejando que se perdiera en el dolor y la confusión de lo que le había mostrado, le miro con enfado. — ¿Tu qué haces aquí?, ordene que nadie subiera. – dijo.

— Lo sé, mi señor pero. . . quería ver. – respondió, finalmente contemplando que el inconsciente chico continuaba atado a la cuerda que el mismo y otro de los vampiros habían sujeto de una viga en el techo, pero sobre todo, contemplando la sangre seca que tenía sobre las horribles marcas de su espalda. Fue entonces que comprendió que aquel glorioso aroma que su olfato percibía, provenía de él. – Wow, su sangre es. . . como un dulce. – dijo, y con la mirada hipnotizada fue avanzando hasta el chico.

Alastair lo intercepto apenas pudo.

— No recuerdo haber dado permiso para que bebieras de él.

— Oh, vamos. Solo será un sorbito. – los colmillos de Daniel se desplegaron entonces, demostrando que debido al aroma, no tenía control sobre sí mismo.

— ¡Dije que no! – grito Alastair, y tirando de la muñeca del vampiro, lo arrojo contra el muro de atrás. Daniel no tardo en ponerse en pie de vuelta con el primer impulso de contraatacar, sin embargo, basto un solo rugido de su creador para que recordase su lugar como esclavo y devolviera su rostro a la normalidad.

— Lo siento, señor. Es que su aroma. . .

— Lo sé. – Alastair se acercó al chico y haciendo uso de su gran altura y fuerza, rompió la cuerda que le aprisionaba y lo sostuvo entre sus brazos. – Su aroma es diferente, especial. – agrego, quitándole unos mechones de cabello de la sudorosa frente. No lo admitiría, pero el mismo luchaba contra el ansia de beber de su sangre. Así que mejor se apresuró a colocarlo en una silla. – Dame tu chaqueta. – ordeno, el vampiro le miro sin entender pero se quitó la chaqueta negra que llevaba puesta y se la entrego.

Alastair le puso la chaqueta al chico en un intento por frenar el aroma de la sangre que despedía su espalda. Pues lo último que quería era que alguno de los otros vampiros fuese a ser atraído por él. Entonces, su sensibilidad vampírica fue perturbada por un poder que conocía bastante bien.

— ¡Alastair! ¡Sé que estás ahí dentro! – se escuchó gritar a la voz de Ángelus, pero por supuesto, el único sorprendido de escucharla fue Daniel.

— ¿Señor? – titubeo el vampiro.

— Puedo oírlo, idiota.

— ¡Deja ir a mi hijo! ¡Esto es solo entre tú y yo! – continuaba gritando Ángel desde afuera, había pensado en destruir un muro para entrar pero estaba cansado ya de tanta bufonada y lo único que quería era terminar con aquello de una vez.

Alastair sonrió, complacido con su petición.

— Abre la puerta y regresa al sótano. Saben que hacer. – ordeno.

Daniel le miro aterrado.

— Pero señor pensé que. . .

— ¡No debes pensar! – grito enfurecido y al borde de arrancarle la cabeza de tajo. Luego se arrepintió y fingió una tranquilizadora sonrisa. – Yo me ocupare de Ángelus, pero ustedes deben aguardar. . . pase lo que pase no salgan del sótano hasta que el sol caiga y puedan ir a la ciudad. Les prometí el festín de su vida y ahora lo tendrán ¿sí?

— De acuerdo. – murmuro no muy convencido de que fuera un buen plan. Pero aun así, hizo lo indicado y fue a abrir la puerta de entrada para entonces desaparecer de vuelta en la oscuridad.

Ángel, que yacía parado a menos de 2 metros de la entrada, pudo ver como la puerta se abría por si sola y aun que supuso que sería una trampa, no pensó mucho para entrar. No cuando cada segundo que pasaba podría significa la vida o la muerte para su hijo.

El lugar estaba muy oscuro, pues las ventanas habían sido cubiertas con maderos que impedían la filtración de los rayos del sol, pero no fue necesario que viera nada para poder guiarse, pues tan pronto estuvo dentro, el aroma de la sangre de su hijo se volvió tan fuerte que fue perfectamente capaz de seguir su dirección. Empujo una enorme puerta de madera con ambos manos y esta se abrió, poniéndole cara a cara con su enemigo.

— Ángelus. Te estábamos esperando. – se congracio Alastair. Sin embargo, Ángel no presto atención a sus palabras pues estaba completamente perdido ante la visión inmóvil de su hijo que tenía delante. Trato de ver la herida de la cual provenía el aroma de su sangre, pero no podía. Y eso le hizo temer lo peor.

— ¿Qué fue lo que le hiciste? – exigió saber.

— ¿Yo? – pregunto con falsa inocencia. — Nada. Está perfecto. – y entonces clavo sus dedos en la espalda del chico, haciendo que el dolor de sus heridas regresara abruptamente a su cuerpo y este despertara.

— ¡Aaaauuu! – grito desesperado el niño al volver en sí.

— ¡Déjalo! – rugió Ángel enseguida.

Demian lloraba debido al dolor pero pudo levantar la cabeza para ver a Ángel, ahí de pie frente a ellos. — ¿Papa?— pregunto confundido.

Ángel sintió un vuelco en el corazón al verle sufrir así.

—.Tranquilo, hijo. Te sacare de aquí. – Dijo, tratando de calmarle.

— Jaja. Si eso crees tú. – murmuro Alastair.

Ángel le dirigió entonces la peor mirada que jamás le hubiese dado a nadie, ni siquiera a Holtz cuando le robo a Connor la primera vez. En ese momento, Alastair era la persona que más había odiado en toda su vida inmortal. — Déjalo ir. Tu venganza es conmigo. – le dijo, él estaba dispuesto a morir antes de permitir que siguiera lastimando a su bebe.

Alastair termino por explotar.

— ¡Mi venganza es con todo lo que amas! – grito, presionando aún más sus dedos dentro de la carne mallugada de la espalda de Demian. El chico dio un grito de muerte que hizo a Ángel saltar y finalmente atacar.

— ¡Déjalo! – grito, dándole el puñetazo más fuerte que pudo a su enemigo. Alastair se tambaleo un poco e interpuso las manos para no estrellarse contra la pared, se giró rápidamente e intento contraatacar pero Ángel estaba tan furioso que ni siquiera le dejo moverse. Le dio una patada en la pantorrilla y luego un puñetazo tan fuerte en la garganta que Alastair se desplomo. Pues su tráquea se había partido en pedazos.

— ¡No vas a volver a tocarlo! – grito Ángel con su voz aguda de vampiro. Una voz que su hijo no había escuchado antes, pero que tampoco le importaba, no cuando prefería concentrarse en soportar su dolor.

Alastair les miro a ambos con odio, podía sentir como su tráquea comenzaba a recomponerse pero no le importo volver a romperla al hablar. — Tú me arrebataste lo que más amaba. . . – dijo con dificultad.

— Si. YO te arrebate eso, mi hijo no tiene nada que ver. – respondió. Pensó que su hijo estaba atado a la silla pero al ver bien se dio cuenta de que no era así, y quera justo de su espalda de donde provenía el aroma a sangre.

— No lo entiendes. – continuo Alastair. – Tú me quitaste a mi familia, y ahora. . . ¡Ahora yo te quitare la tuya! – aprovecho que Ángel estaba distraído con el niño y entonces salto. Le pateo el estómago con la rodilla y luego lo empujo con todas sus fuerzas para derribarlo. Entonces, con su codo golpeo el rostro de Demitan para que callase los estúpidos lloriqueos que le desesperaban y se dirigió de vuelta a Ángel.

Apenas lo tuvo cerca, Ángel le pateo la rodilla, rompiéndosela y haciéndole gritar mientras caí de vuelta al suelo. — Te aniquilare antes de que hagas daño a mi familia. – advirtió. Tenía pensado meter las manos por debajo de los brazos de su hijo y así levantarlo, pero un momento distracción más fue suficiente para que Alastair se alzara y lo golpeara salvajemente hasta dejarlo tirado en el suelo, sin aliento.

— ¿Pensé que ibas a aniquilarme? – pregunto el vampiro lleno de ironía. Ángel se levantó y con velocidad vampírica trato de golpearlo, pero Alastair también la utilizaba y logro esquivar cada puñetazo hasta romperle la nariz con uno propio y dejarlo tirado. — ¿Lo ves Ángelus? No eres lo suficientemente bueno para derrotarme, eres débil. – dio otro puñetazo en su rostro. — Y por eso yo ganare. – volvió a acercarse al chico y le apretó el cuello con su mano izquierda. — ¡La vida de tu hijo será mía! – agrego.

Ángel miro la expresión de su hijo, que se estaba quedando rápidamente sin aire debido al agarre de su enemigo, entonces, aun con todo el dolor que sentía, se levantó y se arrojó sobre él. — ¡Noooo! – su intención era derribar a Alastair, pero este apenas le tuvo a su alcance, le atravesó el pecho con el puño.

— ¡Papá! – grito Demian al instante, pues aun cuando no podía ver lo que estaba pasando, sí que pudo escuchar el horrible sonido de algún hueso quebrándose.

El rostro de Ángel regreso a ser el de humano, un chorrito de sangre comenzó a correr bajo la comisura de su boca y aun que trataba de hablar, no podía. El lugar en el que Alastair había penetrado con su puño era muy importante para su anatomía.

— ¡Muéstrale! ¡Muéstrale a tu hijo quien eres! – continuo gritando el vampiro, y entonces clavo sus dedos en la parte trasera del chico, haciéndole sangrar y gritar, mientras que su cabeza daba vueltas y vueltas, llevándolos a todos de vuelta al fatídico día en que Ángelus destruyo su vida.

Así que Demian se encontró de vuelta en la misma habitación de antes, solo que esta vez se encontraba completamente solo y libre de ataduras que le obligaran a mirar. Su primer impulso fue correr hacia la puerta de salida, pero al cruzarla, volvió a regresar a la misma habitación. — ¿Pero que esta. . .? – no termino su pregunta, pues en ese momento un Alastair de cabellera larga, piel sucia de tierra y ropa vieja rota y manchada con sangre, entro desfalleciendo por la misma puerta.

— ¡Eilidith! ¡Eilidith! – gritaba.

Aun antes de girar la mirada, Demian tuvo un mal presentimiento de lo que encontrarían. El recuerdo anterior había terminado con ambos vampiros mordiendo cada lado del cuello de la pobre mujer, así que lo que fueran a ver no iba a ser mucho mejor que eso, y en efecto. No lo fue.

Ángelus estaba sentado en una silla, con la pálida e inconsciente mujer sentada sobre sus piernas. El vampiro levanto la cara, y sonrió, relamiéndose los labios manchados de sangre antes de dejar caer el cuerpo de la mujer al suelo.

— No, no, no. – Alastair corrió de prisa hacia ella y la tomo entre sus brazos, tratando de reanimarla pero hasta donde Demian podía ver, no había nada que hacer. Ella estaba muerta ya. — Amor mío no puedes dejarme. . . No amor mío. No, no. – seguía diciendo. Era difícil creer que aquel hombre lloroso era el mismo monstruo que estaba torturándole.

Alastair sostuvo el cuerpo de su amada entre sus brazos y no lo soltó, ni siquiera cuando los dos vampiros se acercaron para burlarse de ellos, ni siquiera cuando Ángelus le patio. Pues a él ya no le importaba, le acababan de arrebatar lo que más amaba y lo único que quería era morir también.

— Acabemos con la vida de este pobre miserable antes de que me aburra. – Exclamo Ángelus, quien acababa de ponerse los pantalones de vuelta.

La mujer vampiro le acaricio el pecho, mientras se acunaba en su abrazo. — Oh, mi precioso Ángelus. ¿Es que no lo ves?, hay demasiado. . . Potencial en él como para desperdiciarlo. – decía ella.

— ¿El? – pregunto con incredulidad, y luego de una mirada compartida con su amante entendió perfectamente bien a que se refería. — ¡No! No quiero otro compañero para nosotros, así estamos bien. – dijo, cruzando de brazos muy indignado.

La vampira sonrió, ese era el Ángelus obstinado que tanto amaba. — No hablo de tener otro compañero, si no de la hermosa oportunidad de la venganza que tenemos frente a nosotros. – decía, Ángelus (y también Demian) la miro sin entender a qué se refería. Ella suspiro y explico, como la mayoría de las veces, tendría que ser la mente detrás de sus fechorías. — Este hombre odia a nuestra clase, ha estado cazándonos desde que llegamos. . . ¿Qué mejor castigo podría haber que convertirlo en lo que más odia? ¿En una de las cosas que le arrebataron al amor de su vida?

Ángelus tardo un momento en procesar la horrenda poesía que había en la situación y entonces sonrió, complacido. — No sé qué haría sin ti, mi bella dama. – dijo, dándole un beso tan repulsivo a ella, que Demian casi quiso vomitar.

Entonces Ángelus tomo al lloroso hombre del suelo, obligándole a soltar el cadáver de su mujer para entonces clavarle los colmillos en el cuello con todas sus fuerzas.

— ¡Argg! – grito Demian, y se llevó la mano al cuello, comprobando entonces que él era quien sentía y sufría aquella mordida. Se desplomo al suelo ante aquel horrible dolor punzante y entonces. . . Sus ojos se abrieron de golpe, regresándolo a la realidad.

Bruscamente, Alastair tiro de su puño y arrojo a Ángel contra un muro de madera que se hizo añicos, dejándole en el suelo mientras se desangraba. Entonces, se acercó y se puso de cuclillas para verlo a la cara. — Y lo hiciste, tú me transformaste en esto. . . Pero al menos encontré un nuevo propósito, y jure que usaría esta maldición para hacerte pagar. ¡Que te quitaría lo que más amabas justo como tú me los quitaste a ellos! – Ángel le miro sin entender porque el uso del plural, y eso hizo que Alastair sonriera. — Oh, no lo sabias ¿cierto? Mi esposa estaba embarazada cuando la. . . cuando Los mataste.

Ángel se quedó con la boca abierta por un segundo, pues aun cuando era consciente de que como Ángelus había arrebatado no una, sino muchas vidas de recién nacidos. Aquella revelación era peor, pues en ese momento de su vida finalmente comprendía lo que todos esos padres debieron de haber sentido por sus hijos. Dolor, y miedo.

Y eso le hizo reaccionar.

— ¡Ellos no eran tu familia! ¡Solo eres un demonio usando un cuerpo humano! – le grito. Alastair arrugo el gesto, enfurecido.

— ¡No lo soy! – grito de vuelta. – Esto. . . – metió su mano dentro de su camiseta negra y de ahí saco lo que parecía ser un pequeño pedazo de cristal brillante que colgaba de una cadena bajo su cuello. — No solo me da el don de la verdadera inmortalidad. También me regreso parte de mi alma. – explico.

Ángel se quedó en completo shock, no podía creer lo que estaba escuchando y de no ser por la forma en que Alastair se expresaba de aquellas personas no le habría creído. Pero era cierto, tenía que serlo, pues eso sería la única explicación a porque un demonio sin sentimientos, ni conciencia se esforzaría tanto por obtener una venganza.

— Ahora soy justo como tú, Ángelus. – agrego.

Ángel no quiso admitirlo en voz alta pero sabía que Alastair tenía razón en eso. Ambos poseían un alma humana y ambos la usaban para el mismo fin. Su familia.

— Jajaja – La risa entrecortada de Demian se escuchó, y ambos vampiros le miraron sin poder dar crédito a su actitud. Su rostro estaba lleno de dolor, sudor y lágrimas, pero aun así se esforzó por defender a su padre. – Jaja, ¿De veras piensas que por tener un podrido pedazo de alma eres igual a mi padre? – pregunto con firmeza.

— Demian. – murmuro Ángel, rogándole que no empeorara más las cosas.

— ¿Disculpa? – pregunto muy enfadado Alastair, y avanzando de vuelta hacia el chico.

Demian ni se inmuto al verlo, pues el vampiro no sabía que con la reciente adrenalina del recuerdo que le mostro, una pequeña parte de su poder estaba despertando. Así que oculto su mano detrás de la espalda, buscando crear aunque fuese un pequeño rayo de energía mientras le distraía con su mayor debilidad. Su esposa.

— Jajaja no eres nada como mi papá, tu solo eres un patético idiota que piensa que nos importa lo que paso hace 100 años con una mujer. Pero no es así, no nos importa ni un comino lo que paso con ella o contigo, solo. . .

— ¡Voy a arrancarte la cabeza! – grito enfurecido y arrojándose en su dirección.

— ¡No! – grito Ángel, tratándose de levantarse para alcanzarle.

— ¡Jodete! – grito Demian, y con un rápido y sorpresivo movimiento, saco su mano de detrás de la espalda y logro arrojar un pequeño rayo carmesí, directo en el rostro de su enemigo. Alastair se desplomo de inmediato, retorciéndose en el suelo y gritando por el dolor de su carne quemada.

Ángel estaba muy sorprendido por lo que acababa de pasar, pero no perdió tiempo y corrió para alzar a su hijo en brazos y salir de la casa con su velocidad vampírica.

— ¡No! ¡Nooo! – gritaba Alastair desesperado, su plan acababa de irse a la basura.

A fuera de la casa, Adrián no había dejado de caminar de un lado a otro, esperando ver alguna señal que lo llevara al interior de la casa para apoyar a sus amigos. Sin embargo, no estuvo preparado para cuando la ráfaga de aire frio (provocada por la velocidad vampírica) le recorrió toda la espalda y mucho menos, para encontrar a sus amigos ahí, sangrando y heridos.

— ¡Corre! ¡Viene tras nosotros! – indico Ángel, y sin darle oportunidad de decir nada más, volvió a desaparecer en el viento. Adrián parpadeo un segundo antes de que su cerebro procesara lo que estaba pasando, entonces comenzó a correr de vuelta por donde llegaron. Salto ágilmente sobre troncos y charcos de lodo para ahorrar tiempo, sin querer mirar atrás en busca de quienes les perseguían.

— ¡Arggg! ¡Arggg! – gritaba Demian, pues aun con todos los intentos de Ángel para recostarlo sobre su regazo sin producirle dolor, había sido inevitable.

Adrián entro entonces a la patrulla y miro directamente al chico, tratando de averiguar qué es lo que aquel malnacido vampiro había hecho con él.

— ¡Conduce! ¡Conduce ya! – exclamo Ángel al ver que su amigo no reaccionaba.

— ¿Qué fue lo que le hizo? – exigió saber Adrián, pero finalmente poniendo el auto en marcha.

Ángel miro de vuelta a su pequeño, tenía los ojos cerrados pero aun así, el resto de su cara una verdadera expresión de dolor. — No—o lo sé. – murmuro, y era cierto, aun que podía oler la sangre proveniente de la espalda de Demian, la chaqueta que llevaba puesta le impedía mirar que le habían hecho. Podía haber sido mordido, o apuñalado, no lo sabía.

Así que Adrián condujo lo más rápido y cuidadosamente posible que pudo (evitando baches inesperados para no provocar saltos) para no lastimar aún más al chico. Había tenido la idea de ir directamente al hospital, pero tan pronto lo pensó se dio cuenta de que no era una opción. Ellos no podrían explicar por qué un niño estaba golpeado y posiblemente apuñalado en la espalda y él no tenía cabeza para inventar ninguna excusa. No en ese momento, así que fueron de vuelta a casa de Ángel. Este tomo al chico entre sus brazos de vuelta y corrió dentro con él, llevándolo a su habitación para depositarlo cuidadosamente, y de frente, sobre la cama.

— ¡Auuu! ¡Argg! – seguía chillando el niño, pero esta vez encontró consuelo en apretar el edredón de la cama con sus puños.

— Tranquilo, hijo. Shsh, tranquilo. Papá está aquí. Voy a. . . – las manos de Ángel temblaban debido a los nervios que sentía de ver a su pequeño con tanto dolor, pero aun así, se las arregló para retirarle la chaqueta a su hijo y entonces contemplar el verdadero horror. La camisa blanca de su hijo estaba completamente rota, exponiendo a la vista la carne cortada y mallugada de su espalda. Ángel cerró los ojos un momento, conteniendo las ganas de gritar desesperado por lo que ese monstruo había hecho con su hijo y lo sabía porque el mismo había recibido los golpes del látigo alguna vez.

— Oh por Dios. – murmuro Adrián al llegar y contemplar las heridas por su cuenta.

— Necesito. . . – la garganta de Ángel se cerró debido a la tristeza y el enfado. Pero supo que debía ser fuerte por su hijo. Como su madre había sido por él cuando su padre lo golpeaba de la misma manera. Así que se esforzó. — Necesito limpiar las heridas, yo. . . Necesito agua caliente y toallas. . .

Adrián también entendió que debía ayudar.

— Enseguida. – dijo y salió corriendo en busca de las cosas.

Ángel suspiro, esforzando por recordar todo lo que su madre siempre hacia cuando le curaba. Habían pasado más de 200 años desde entonces pero aun cuando pasaran 1000, él jamás olvidaría el dolor que el látigo provocaba, jamás. Entonces volvió a mirar la espalda del chico, contando por lo menos 12 laceraciones de diferentes tamaños ahí.

— Duele papá, duele. – dijo Demian, pues ahora que su carne era expuesta al aire, no solo le estaba doliendo, si no ardiendo.

Ángel se inclinó a darle un bezo en la cabeza. — Shsh, está bien. Hare que el dolor pare pronto, bebe. Shsh lo prometo, lo prometo. – decía y no le soltó la cabecita hasta que Adrián finalmente volvió.

— Aquí están las cosas. – exclamo.

— Gracias. – Ángel se pasó una mano por el rostro, buscando tranquilizarse para poder hacer lo que debía, pues hasta donde recordaba, la parte de la limpieza de las heridas era aún más dolorosa que cuando el látigo le golpeaba y aun que no quisiera dañar a su hijo de esa forma, era necesario limpiarlas heridas para evitar mayores problemas.

— Voy a necesitar que sujetes el cuenco. – agrego.

— Bien. – respondió Adrián, sorprendido de que su amigo tuviera los nervios para contemplar lo que habían hecho con su hijo, pues él sí que no los tenía.

Ángel se agacho de vuelta sobre la cama y hablo al oído de su pequeño. — Hijo, necesito que seas fuerte y no te muevas mientras te limpio. ¿Puedes hacer eso por papá? – Demian simplemente asintió, y él le beso la cabeza una última vez.

Ángel se remango las mangas de la camisa hasta los codos, enrollo un trapo de tela suave para crear un pequeño rectángulo, lo mojo un poco con el agua tibia y entonces lo paso sobre la laceración más grande que podía ver. Demian abrió mucho los ojos al sentir aquello sobre su piel y apretó la cabeza lo más que pudo contra su edredón para ahogar sus gritos, pues aquello sin duda era el peor dolor que hubiese sentido nunca.

Tras limpiar la primera laceración, Ángel se sintió un poco más aliviado, pues por lo que podía ver, las heridas ya no estaban sangrando, lo que era una buena señal. Así que paso a la segunda la laceración que se encontraba en el centro de la espalda y al tocarla, Demian se soltó a gritar y a patalear.

— ¡Auuuu! ¡Noooo! ¡Ayyyyy!

— Hijo, tranquilo. Si te mueves te dolerá aún más. – dijo con la voz entre cortada por la tristeza. Y con el recuerdo de él mismo retorciéndose sobre su cama, mientras su madre se encargaba de curarle sus heridas. Trato de continuar con la limpieza, pero fue imposible, Demian se retorcía mucho y eso debido a que el contacto con aquellas heridas le provocaba dolor en toda la columna.

— No-o puedo. – murmuro Ángel perdido y alejándose para pensar en qué hacer.

Adrián tuvo una idea repentina.

— ¿Tienes el botiquín que te di? – pregunto.

— En el espejo del baño. . .

Adrián dejo el cuenco con agua sobre la mesita de noche del chico, y salió corriendo para el baño. Había dado aquel boquitín de emergencias a Ángel la noche en que Demian se había cortado la palma de la mano al tratar de tallar una estaca, claro aquello no se comparaba en nada, pero él mismo había colocado algo en el botiquín que sería de gran ayuda en ese momento. Abrió la puertita del espejo sobre el lavamanos, y tras buscar detrás de un par de cajas de antibióticos, lo encontró.

— Esto ayudara. – exclamo apenas volver a la habitación.

Ángel estaba perdido en la frustración de no saber qué hacer, pero reacciono a tiempo para usar su velocidad de vampiro y detener la mano de su amigo en el acto. Pues en ella, se encontraba una pequeña jeringa con un líquido transparente que quería inyectarle.

— Woh, Woh. ¿Qué es eso? – exigió saber.

— Es morfina. Le quitara el dolor. – explico Adrián, pero aun así Ángel no le soltó.

— ¿Es seguro usarla en niños? – pregunto, pues lo último que quería era agravar las cosas aún más para su hijo.

Adrián asintió.

— Solo es una pequeña dosis, lo suficiente para que se duerma. – aseguro.

Ángel miro indeciso la jeringa y luego a su hijo, fue entonces que se dio cuenta que era mejor probar cualquier cosa que dejarlo sufrir como lo hacía. — Hazlo. – declaro, y libero la mano de su amigo para que prepara la jeringa de una vez.

— ¡Nooo! ¡Noooo! – empezó a gritar Demian, los dos hombres pensaron que lo hacía por el dolor o por el miedo a las inyecciones que tenía, pero no era eso. Lo hacía porque no quería que lo durmieran, no cuando había algo importante que debía decirles.

— Solo será un piquetito, hijo. Te ayudara. – dijo Ángel, inclinándose para bajarle el pantalón un poquito para que Adrián le inyectara. Fue entonces que se dio cuenta de que el pantalón de su hijo también estaba roto por detrás, pues seguramente habría recibido algún otro latigazo en las piernas también. Algo de lo que se cercioraría después.

Adrián termino de ajustar la jeringa, y se agacho para desinfectar la nalga del chico, cuando este comenzó a sacudirse.

— ¡No! ¡Ellos vendrán! ¡Nooooo! – gritaba.

Ángel se sentó en la cama y le sostuvo los brazos para que dejara de moverse y no se lastimara aún más. — Shsh, todo estará bien hijo. Lo prometo, lo prometo. – decía, miro a Adrián para indicarle que se diera prisa y este lo hizo. Le dio una nalgada al chico para relajar su musculo y entonces clavo la aguja.

— ¡Ayyyy!— grito Demian, eso sí era por el dolor de la inyección y no de haber sido porque su padre le sujeto todo el tiempo, seguramente habría roto esa jeringa.

Apenas la aguja salió de su piel, Demian comenzó a sentir los efectos del medicamento, y sus ojos comenzaron a cerrarse. — No. – murmuro, esforzándose por entregar el mensaje antes de irse por completo. — Ellos mataran. . . a todos. . . mataran.

Ángel y Adrián compartieron una mirada seria, pero ambos decidieron tomar sus palabras como un efecto más del uso de la medicina. Lo importante para ambos en ese momento era ocuparse de las heridas de su muchacho, y eso era justo lo que haría.

Lo demás, podría y tendría que esperar. . .

...

Daniel había querido permanecer junto a su creador para ayudarle a recuperarse de la cruel quemadura que aquel mocoso humano le había causado, sin embargo, Alastair no permitió que nadie le viera el rostro quemado y les ordeno que se marcharan a cumplir con su venganza. La oscuridad de la noche comenzaba a bañar a la ciudad, pero no fue hasta que ultimo resplandor de la luz desapareció, que todos los vampiros del ejercito de reunieron en el patio de la casa de Igor Jenkins. Libres, y hambrientos de sangre.

— ¡Vamos! — grito Daniel, haciéndose la promesa de acabar con todo y todos los que pusieran en su camino aquella noche. Todo en nombre de su amo y señor, Alastair.

* Gracias a todos por continuar aquí, la próxima semana se termina esta historia (con dos capítulos que posteare juntos) así que espero que les este gustando como se va cerrando todo. Pero no se preocupen, esta historia termina pero otra comienza y ya he subido el primer capitulo por si quieren continuar aquí. Su titulo es "Angel & Demian 4: Dark Universe" tiene lugar 1 año después de esta historia y. . . tiene a Connor (el otro hijo de Angel) en ella =)

Por favor Review!