YO FINJO, TÚ FIGUES… ¿QUIÉN FINGUE?
13
El sol de un portazo y en la habitación un claro de luna nos iluminó.
Abrazado a mí y escucha brindar nuestros corazones.
Te tengo en mis brazos y te oigo respirar, despacio te tapo y te vuelvo a abrazar.
En la obscuridad escucho brindar nuestros corazones, si no hay confesiones tus parpados caerán
La vida es coleccionar pequeños momentos de felicidad, que son como el día que siempre se va… pero regresan.
Si cierro los ojos solo pienso en ti, te canto al oído antes de dormir.
Y en la obscuridad escucho brindar nuestros corazones, sino hay confesiones tus párpados caerán.
La vida es coleccionar pequeños momentos de felicidad, que son como el día que siempre se va… paro regresa.
Abrázame, abrázame tú también, que a veces temo perder, perderte otra vez.
La vida es coleccionar pequeños momentos de felicidad, que son como el día que siempre se va…
Canciones de amor, historias que nunca tendrán vencedor, te tengo en mis brazos junto al corazón…
Somos dos estrellas…
Pequeños Momentos, La Oreja De Van Gogh, A las 5 en el Astoria.
Todo iba endemoniadamente mal. Mi prima no solo parecía una princesita con su súper vestido negro y su súper peinado que hacía que el apodo de "pelos de escobeta" se fuera al caño, sino que la muy desgraciada, maldita e infeliz tenía un novio.
Sí, ¡TENIA UN NOVIO!
La hija de su… Jean, había conseguido un novio, y así la idea -que con mucho gusto había planto en las cabecillas de las más chismosas y cotillas de la familia- de que era lesbiana, también se había ido al caño. Y por si eso no fuera poco, el chico que tenía por novio aparte de guapo y de prácticamente parecer un adonis, tenía dinero, ojos verdes y un muy, muy buen trasero.
Por un momento llegue a pensar que lo había contratado y adiestrado sólo para no quedar como una idiota enfrente de mí. Pero el tipo éste había soltado un discursito de lo más conmovedor y cursi, y se había ganado la simpatía de todos, pero como si las palabras no fuesen suficientes, bastaba con solo notar la forma en que la miraba para darse cuenta de que el tipo estaba total y completamente enamorado de mi prima y que ella lo amaba también.
¡Pa-te-ti-co!
Miré de reojo a Alan con la esperanza que digiera o hiciera algo, pero el idiota simplemente estaba callado y miraba a Hermione con la esperanza por el suelo. ¡Y yo que pensé que había encontrado un aliado en cuanto lo vi y nos saludamos en la puerta!, pero conforme fuimos platicando-siempre de Hermione, claro está,- me di cuenta de que este también gustaba de mi prima. ¿¡Qué diantres le veían!?
Y luego, por encima de todo el idiota de mi novio que nada más no llegaba.
Me despegue de la pared en cuanto mi prima se abalanzó a devorar a su novio (una imagen que desde luego no quería conservar) y fui por un trago a la mesa que estaba a tres escasos pasos de mí.
Había llegado la hora de jugar mi última carta para desacreditarla a los ojos de toda la familia. La muy perfecta sobrinita, inteligente, bonita y con un galán de telenovela por novio… ¡Si supieran en lo andaba la muy… perdida! Pero yo me iba a encargar de ventilar sus asuntitos.
Me calaré la garganta para que la parejita dejara de comerse la garganta. No fue hasta el segundo intento cuando se separaron y mi prima empezó a buscar al culpable con la mirada, cuando se dio cuenta de que era yo, le sonreí y le hice un gesto de brindis.
¡Trágate esta maldita!
Y lo solté:
-Hermione está embarazada.
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Lo que juré jamás decir inmediatamente o al menos confesar en un ambiente más apropiado y no con un auditorio tan amplio, acababa de salir de mis labios: le dije que la amaba.
Solamente tenía que rezar para que entendiera que lo que le había dicho a su padre acerca de lo que sentía era verdad y no una parte del teatro que yo había aceptado llevar a cabo.
Por mi parte, había, prácticamente, desnudado mi alma. Había dicho en voz alta todo eso que me estaba rondado la cabeza y el corazón desde el día que jugamos bajo el agua. Tal vez soné un poco demasiado romántico o cursi, pero así era como me sentía con ella. El señor Granger me había preguntado por qué hasta ahora admitía que la amaba, una pregunta difícil, la verdad. Lo más sencillo hubiera sido decirle que era porque había estado ciego y no me había percatado de lo que tenía delante de mis narices, que había estado perdiendo el tiempo en otros lados… pero la verdad, la mera verdad era que no me arrepentía de nada: ni de Ginny ni de Cho. Porque gracias a ellas podía asegurar, jurar y perjurar que lo que Hermione me hacía sentir no se podía describir con palabras, porque me había enamorado de ella de una manera tan lenta, tan… sutil, que ni siquiera yo me di cuenta. Porque me enamoré de ella, de sus gritos, de sus regaños, de sus libros, de sus abrazos, de sus consejos… y porque me enamoré de lo que soy cuando estoy con ella: solamente un hombre-adolecente-niño huérfano que vive eternamente con miedo al mañana y al fracaso.
Yo no sabía qué era eso del amor, nunca lo había vivido. Tal vez con mis padres, pero no lo recordaba y definitivamente no lo había conocido en la casa de los Dursley. En Hogwarts, me sentí parte de un algo, pero más que amado era elogiado, incluso tratándose de Ron.
Con él, la relación es básicamente de respeto, de hermandad. Es la unión de dos personas, a su modo solas, que lograron encontrar a alguien que los acepta, que los escucha y que está, simplemente, ahí.
Pero con Hermione, las cosas eran o son, completamente diferentes. Ella me enseñó lo que es que alguien se preocupe por tu aspecto, por tu salud, por tus apuntes… Me enseño lo que es un abrazo amigo, uno materno, uno desesperado y lo diferentes y fáciles de dar que son. Me enseño a que hay muchas cosas por las que valía la pena vivir y seguir sin importar el qué, por qué y el cómo.
Me enseño, mientras nos mojábamos lo que era la vida, el amor, la felicidad… esa que logro, ahora, entender estaba siempre en cada mirada, en cada sonrisa, en cada abrazo, en cada "¡Oh, Harry!".
Pero no soy tan idiota para no captar lo esencial de esa 'fuerza que te lleva, que te impulsa, que te llena, que te arrastra y que te acerca a Dios', de la que tanto hablaban las telenovelas cursis de las cuatro que veía Tía Petunia o los libros rosas que compraba cada dos semanas en el puesto de revistas cada vez que iba a la tintorería y que yo, sólo por curiosidad leía a escondidas.
- ¿Me pregunta si no estaremos confundiendo mistad con amor? Sinceramente señor, no lo sé. Hermione es y siempre serpa mi mejor amiga. Y si esto que siento cada vez que la miro, es lo que los poetas llaman amor, entonces, sí, la amo.- Le dije mientras recordaba una definición que escuché alguna vez: 'El amor es algo que te lía, una descarga de energía que te va quitando la razón, te hace tropezar y te crea confusión.'- No de un millas de formas, sino de un modo abrumador. De un modo que ha llegado a definir quién soy y lo que soy… y se ha convertido en el núcleo de mi ser.-Volvió a mirarme a los ojos.- Esa es la razón, señor, de por qué hasta ahora.
Hermione esbozó una sonrisa me soltó la mano y me acarició la mejilla. Luego se acercó despacio y me besó.
Estaba tan metido en el beso que de milagro no sé si realmente solté un gemido de perro herido cuando ella se separó de mi a regañadientes. La vi buscar con la mirada al causante de la interrupción, la vi fijar sus ojos en Melina. ¿Por qué no me sorprendía que ella fuera la culpable?
Vi que Melina hacia un gesto de brindis
-Hermione está embarazada- dijo antes de llevarse la copa a los labios. Mi mente trabajo a velocidad luz en busca de una posible causa o razón por la cual la prima de mi fingida novia pudiese hacer semejante afirmación, entonces recordé nuestra conversación en la mañana y en que había sido, precisamente, Melina, la que nos había interrumpió también en ese momento.
Apreté con fuerza los labios y me mordí la lengua para no reír ante semejante enredo, solo la cabeza hueca de Melina podría ser tan tonta y mezquina para afirmar algo así. Lo único bueno era que ella misma le había dado las armas a Hermione para su "total venganza".
Lo que sí no tenía contemplado era la reacción de los demás.
El caos se apoderó de la estancia. Hermione fue objeto de varios calificativos y Melina recibió un buen número de preguntas. Puesto que sabía que eran retóricas, guardó silencio y siguió sonriendo. Juramentos mascullados y más de una amenaza en absoluto velada, entre las que se incluía colgarme de una parte muy delicada de mí anatomía, se alzaron a mí alrededor.
-Deberíamos colgarlo de las...
-No creo que eso sea necesario.-Intervino el tío Philiphe.
-¿¡Qué no es necesario!? Ha dicho que está embarazada. ¡Tiene 17! ¡Por amor de Dios!... ¿Dónde hay un cuchillo? ¡Cortaré los huevos a ese maldito pordiosero en este mismo instante!
-¡Pues por eso mismo no es necesario! ¡El infeliz YA las uso!
Se oyó un carraspeo y a la postre, todos se callaron ante un gesto del padre de Hermione, que parecía bastante molesto y listo para hacerme picadillo.
-¿Qué demonios está pasando?-la voz del señor Granger sonaba suave y tranquila, pero con una velada, letal y sutil amenaza.- Hermione, explícate. Ya.
Todos intercambiaron miradas... y todos mis instintos de autoprotección se pusieron en alerta de inmediato. Pares de ojos masculinos me fulminaron y supe de inmediato que más me valía contenerme la risa si es que en un futuro quería en verdad embarazar a Hermione.
Por lo que ella misma me había contado y gracias a la interrogación que había sufrido hacía escasos minutos, ya sabía que sus tíos, al parecer, actuaban en manada, y bajo el mando del hombre que se puso muy despacio en pie al otro lado de la habitación y que resultó ser nada más y nada menos que el padre de mi novia.
-¿Y bien?-se detuvo frente a nosotros con las manos en las caderas.
Mientras volvían a intercambiar miradas, pasé la vista por la enorme estancia y aproveché el momento para estudiar la reacción de Hermione: ella al igual que yo intentaba contener la risa, tanto por su seguridad como por la mía.
Miré a su padre y luego a ella sin saber cómo proceder. Una parte de mí, la que gritaba: "pon a salvo tú descendencia", me decía que lo mejor era decir la verdad sólo la vedad y nada más que la verdad. Pero, por otro lado, quería a ayudar a Hermione a ridiculizar a Melina, después de todo, ella solita se había servido en bandeja de plata.
Mi fingida novia y madre de mi felpudo y gigante hijo-oso me sonrió y giñó un ojo, y si no interpretaba mal las señales- y eso nunca sucedía-, íbamos a ridiculizar a Melina. Moví la cabeza de manera afirmativa lo más sutil que podía para confirmar pero le fruncí los labios para pedirle que me protegiera de su padre, pues si bien sabía cómo defenderme, no pensaba hechizar a mi futuro suegro.
Se le escapó una risita ante mi súplica de protección y se apresuró a convertirla en tos cuando los gruñidos y bufidos comenzaron otra vez.
-¿Crees qué es algo gracioso jovencita?-preguntó una de sus tías. Cosa rara que intervinieran la verdad, ya que una de ellas se había desmallado en el sofá que estaba a tres metros del lugar de donde se encontraba cuando Melina dejo caer la bomba; otra de ellas, la que habló, estaba abanicando con un cojín a la que estaba en el sofá conteniendo un infarto; Abue estaba junto con las más jóvenes planeando un baby-shower y rezando no sé qué de dos derechos y dos revés; la madre de Melina nos miraba con cara de estupefacción; y mi querida fingida suegra estaba más pálida que los fantasmas del colegio, supongo que preguntándose cómo es que si su pequeña niña era tan inteligente no supiese lo que era un condón.
-Eh…señor…-decidí comenzar con las explicaciones antes de caer muerto por las miradas de las que era objeto. Además de que no creo que sonara bien que los libros de historia pusieran: "El Gran Harry Potter cayó muerto cuando sus suegros se enteraron que había embarazado a su novia, sobrevivió dos veces a la reencarnación del mal y al apocalipsis, pero no a las miradas de su suegro". Definitivamente eso no iba a estar en mi biografía.- Yo creo que está usted exagerando un…
- ¡¿Exagerando?! ¿¡QUE YO ESTOY EXAGERANDO!?-Bramó.- ¡Para eso la querías!? ¡¿Verdad?!-exclamó el señor Granger.-¡¿Eso fue lo que estuvieron haciendo todo este tiempo que te la llevaste?! –Levantó los brazos hacia el cielo.- ¡Pero claro!, ¡Por eso no nos dimos cuenta!-apuntó a Hermione con el dedo.- ¿Por eso es que no podías venir a casa, por que se te notaba la barriga? Y yo que confíe en ti y en tú "Estoy salvando al mundo"-imitó la voz de su hija- "Harry me necesita" Y sí que te necesitaba… ¡Para calentar su cama!
-Papá…
-¡Papá, nada!-exclamó otra vez el señor Granger
- No es la gran cosa-intento de nuevo Hermione.
- ¿¡QUE NO ES LA GRAN COSA!?-gritó y escupió-. Ahorita mismo te separas de ese… ese… ladrón de virtuosidades femeninas. Y voy a llamar a tu colegio para decir que no regresas. Te quiero en… si es posible, otro planeta lejos de ese… ese… ¡Violador de niñas inocentes!
-Señor-intervine nuevamente, más divertido que enojado por los insultos y títulos recién otorgados por mi suegro-, no creo que sea…
-¡Tú te callas!-rugió uno de sus tíos.
-Pero…-Hermione se apresuró a aclararse la garganta para que no se le escapara la risa.
-Disculpen- todos al mismo tiempo nos volvimos hacia el rincón de donde provenía la voz de Alan. ¿Qué demonios quería ese idiota?-, pero ¿no creen que están olvidando algo muy importante?, ¿Qué hay del niño y de la reputación de Hermione?
¿Reputación de Hermione? ¡¿Reputación de Hermione?! Ese imbécil ¿en qué siglo cree que estamos?
Fastidiado por ese absurdo comentario rodé los ojos y solté un bufido, los hombres Granger rugieron al unísono en mi dirección.
-Porque-continuo el tarado de Alan,-si lo desean yo estoy totalmente dispuesto a hacerme responsable del niño y acepto casarme con ella.
Y eso se llevó mi buen humor y paciencia al diablo.
-¡Tú –lo señale- pedazo de… animal!, ¿con qué derecho reclamas cosas que no son tuyas y que no te corresponden?- lo enfrenté-. Si hay alguien aquí que se va a casar con ella, ese soy yo-me acerque hasta estar casi nariz con nariz- ¿Entiendes? Yo, solo yo y nadie más que yo. Tengo dinero más que suficiente para mantener a ese niño y a mil más si es necesario. Así que te pido de la manera más atenta que no metas las narices en cosas que no te incumben.-Me volví hacia mi novia con una necesidad desesperada por tenerla en mis brazos y me la encontré con las cejas alzadas y la boca en una extraña mueca entre enojo y diversión, cuando por arte de magia caí en la cuenta de lo que había dicho.
"Tengo dinero más que suficiente para mantener a ese niño"
Mierda, mierda, mierda.
Bien, la había regado. Pero es que esta vez Alan sí que me había cabreado. ¿Cómo se le ocurre decir semejante tontería? No me importó que pudiesen molerme a golpes, o que no me permitieran entrar a la casa una vez aclarado todo. Estaba enojadísimo por la estupidez sugerida por Alan, así que haciendo caso omiso de todo abracé a Hermione.
-Ningún otro hombre te pondrá jamás las manos encima,-le susurré con una pasión que desconocía y que surgía del apuro de reclamarla y marcarla, como mía,- ninguno acariciará tu cuerpo desnudo.-La calidez y lo rápido que se aceleró su respiración ante mis palabras fue lo que me impulsó a ser más osado sin importarme que pudieran oírme o leerme los labios.- Ningún otro hombre llegará jamás a estar entre tus muslos ni se hundirá nunca dentro de ti. Solo yo.
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En ese momento estuve a punto de sufrir una combustión espontanea. Nunca, jamás, ni siquiera en mis sueños más locos- y eso que he tenido bastantes-, me imaginé a Harry diciendo esa clase de calientes cosas, y mucho menos que me las digiera a mí. ¡A mí!
Esto estaba ya saliéndoseme de las manos. Ya no sabía si estaba hablando en serio o solo lo hacía porque tenía que ayudarme con esto de los fingidos novios. Cuando dio el súper discurso de lo que sentía por mí, una parte de mí se atrevió a pensar en que era cierto, pero la parte más cuerda y cruel de mi cabeza me recordó que ya le había advertido acerca de eso. Pero ¿entonces por qué me hacía esa clase comentarios?, ¿o es que quería que muriera incinerada?, ¿Podría ser que quizás sus sentimientos hacia mi…?
-¿¡QUITALE TUS MANOS DE ENCIMA, MALDITO PERVERTIDO!?-valla que gritó mi tío-padrino, y maldije para mis adentros que interrumpiera mis cavilaciones. Harry y yo nos separamos de mala gana.- ¡Estamos esperando una explicación!
Todo mundo me miró y sufrí una especie de pánico escénico. ¿Abrían escuchado las palabras del "caliente Harry"?
-¿Uhmm?-Todavía intentaba hacer que me corazón regresara a su ritmo normal y que mi psique dejase de crear imágenes que involucraban a las palabras de Harry y a mis hormonas.
-Contesta de una vez, ¿Estas embarazada?-preguntó en un gruñido y entre dientes el tío Robert
-¿Qué, si lo estoy?-Mi voz sonaba demasiado fuerte, clara y segura. Respiré y exhalé. Había llegado la hora de callar y cerrar unas cuantas bocas. A demás de que la situación esta saliéndose de control, o sea, ¡Alan me había pedido en matrimonio!- ¿Acaso piensan azotarme con un palo?, ¿Me van a desheredar? ¡No, ya sé!-dije lo más sarcástica que pude- ¿Por qué no nos obligan a casarnos?
Todos se quedaron en silencio y con la boca abierta. La abuela era la única que sonreía. Me giñó un ojo y me di cuenta de que era la única que sabía lo que pensábamos hacer, y eso me dio más valor.
-Si estuviera embarazada, cosa que no estoy confirmando, aunque mi novio se haya ido de la lengua. ¿No se supone que deberían de estar felices por mí? Finalmente eso tiene que pasar. Tarde o temprano. ¿Qué no las leyes de la naturaleza son: nacer, crecer, reproducirse y morir?- levante los brazos y los dejé caer en gesto de desesperación-¡Por amor de Dios, son mi familia!
-¡Pues por lo mismo, queremos saber qué fue lo que éste noviecito tuyo te hizo!
-¡Honestamente, tía Mónica!- puse las manos en mis caderas y le giré los ojos-realmente quiere que le dé una clase de educación sexual, o ¿se conforma con que le diga que puso su "semillita" en mí "jardincito"?- tuve la satisfacción de verla sonrojarse y cerrar la boca de un tirón.
Le lance una mirada a Harry de espera aquí y corrí a mi habitación.
-¿A dónde crees que vas?-gritó uno de mis tíos pero yo ya estaba a mitad de la escalera y lo bastante segura y confiada de cómo iba a proceder: serena, tranquila y sin perder los estribos.
Una vez arriba y dentro de mi cuarto, saqué de debajo de mi vestido mi varita- a buena hora se me ocurrió ponerla ahí- y le lance un hechizo a mi felpudo hijo para hacerlo más ligero y poderlo bajar por las escaleras.
Con mi prisa por poco me parto el cuello a tres escalones de llagar a bajo, el estúpido de mi tacón tubo la estupenda idea de atorarse con la alfombra y estuve a nada de besar el piso, y de dejar viudo a mi aún no marido y fingido novio, y huérfano a mi felpudo hijo. Por fortuna mi hijo-oso resultó ser un amor y se interpuso entre la madera y yo. Me levanté a prisa y cómo pude, y miré hacía todos lados para comprobar que nadie me hubiese visto. Al no ver a nadie respiré tranquila y me encaminé a la sala
Serena, tranquila y sin perder los estribos.
Cuando entre a la sala todos seguían exactamente igual. Harry fue el primero en darse cuenta de que había llegado y al verme acompañada de nuestro hijo soltó una risita y eso sacó de trance a todos y los hizo volverse para poder mirarme.
-Hermione…
-¿Qué se supone…?
-¡Ay, qué lindo osito!
-¿Qué demonios…?
Con decisión e ignorando a los demás, me fui acercando paso a paso a Melina, que estaba regodeándose de satisfacción y con una sonrisa de victoria plasmada en su cara.
-No sé qué te hecho, y ni me interesa saberlo.-La dije una vez estuve lo suficientemente cerca de ella.- Durante años he soportado tus agresiones, tus insultos y tus burlas. Me has humillado un sinfín de veces y en un sinfín de formas, y jamás te he dicho o hecho algo para defenderme o desquitarme, por la simple y sencilla de razón de que soy muy superior a ti.-Me pare frente a ella y no pude evitar sonreír al darme cuenta de que gracias a los tacones asesinos era cinco centímetros más alta que ella.- Si primita-escupí la palabra,- he visto y hecho cosas con las tu ni siquiera puedes soñar, y soy la mejor en eso.
Nadie hablaba y todo estaba en perfecto silencio y pendiente de mis palabras y explicaciones.
-Tengo amigos que darían la vida por mí sin dudarlo, y me da igual que me creas o no, pero espero y deseo de todo corazón que tú puedas decir lo mismo. Dices que no soy bonita,- hable antes de que la lombriz de mi prima abriera su viperina boca-bien, pues comparada contigo, no, no lo soy. Pero aunque no lo creas hay alguien que me quiere tal cual. Está aquí. Conmigo. Y para tú tranquilidad y la de tu madre: No soy lesbiana.
"Creíste que me enterrarías en la cocina, para no estar lista ¡Y mira! Aquí estoy.- 'Y me veo mejor que tú', quise agregar, pero yo no era así, además no debía de rebajarme a su nivel. 'Serena, tranquila y sin perder los estribos' me recordé.- ¿Por qué? Por qué soy superior a ti y mejor que tú en muchos, muchos aspectos. Puede que tal vez no tenga tu cuerpo, tu habilidad para hacer amigos, tu carisma para ligar o tú… inteligencia, pero aún así soy especial. Y por lo tanto…
"Siendo sincera pensaba convertirte en una lagartija-reflexione en voz alta, por sus caras, mis padres y Harry eran los únicos que comprendían mi punto-, y conservarte en una pecera, digo, si una periodista que escribió cosas acerca de mí y mis amigos se pasó una muy buena temporada en un frasquito sin daño alguno, que tú no sobrevivas sería muy poco probable, pero para tu tranquilidad, no voy a hacerte daño, ni por lo de hoy ni por lo de hace años. Es más:-sonreí lo más honestamente que pude- te perdono.-Dije poniéndole un brazo, el que estaba libre, sobre su hombro derecho.
Di dos pasos hacia atrás, cuadre mis hombros y me preparé para utilizar mi mejor voz de: prefecta-enojona-que-se-molesta-porque-alguien-la-interrumpe-mientras-estudia-para-un-examen-muy-importante.
Largo nombre, lo sé, lo sé. Pero ése era el tono que quería y que a medio Gryffindor hacía temblar.
-Pero,-le apunté con mi dedo señalador.-¿¡COMO TE ATREVES A ESCUCHAR CONVERSACIONES ATRÁS DE LAS PUERTAS!?
Me volví hacia su madre, que tenía abierta la boca sin emitir sonido alguno.
-¡Y USTED, EN VEZ DE ESTAR INVENTANDO HOMOSEXUALISMO A TERCERAS PERSONAS, INCÚLQUELE MODALES A SU HIJA!-Tía Emma, puedo jurar, empalideció. ¡Morgana! Esto de gritarle era simplemente ge-ni-al.
-¡Y! Para tú información y tu retorcido cerebro al que se ve no le corre la ardilla…-giré para ver a mi familia-¡Y, SI! PARA LA TRANQUILIADAD TODA ESTA FAMILIA QUE SOLO SAVE PONERME EN RICULO EN LA MENOR OPURTUNIDAD Y QUE PARA MI DECEPCIÓN NO CONFÍA EN MÍ… ¡ESTE!-sacudí a mi podre bebé-¡ESTE! ES MI HIJO.
"La señorita aquí presente 'me meto en todo' me escucho hablar con Harry esta mañana. Jugando acordamos que esté ¡OSITO DE FELPA GIGANTE!- agité de nueva cuenta a mi bebé, para ver si así lo captaban- Iba a hacer nuestro hijo.
Mire a mi prima que estaba blanca y a punto de colapsar.
-La señorita no oyó la conversación completa o no la entendió bien, porque claro ¡¡¡¡NO SE OYE BIEN DETRÁS DE LAS PUERTAS!!!! -¡Oh, la cara de Melina no tenía precio! ¡A Merlín gracias por este momento!-Si mi "primita" escucho la palabra embarazó fue porque Harry me dijo que me iba a comparar más muñecos pues este me encanto-Miré a los niños-¿a que esta lindo?- todos asintieron y sonrieron de acuerdo.- Así que de broma le dije que no podía estar embarazada tan pronto de su hijo, y bueno, que tenía que decirle a papá primero…como sea-hice un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto.-Hicimos bromas al respecto.
-¿Así que solo fue un mal entendido?-preguntó el tío Philiphe.
-¡Jovencita!-exclamó Rigoberto-¿Quieres hacer el favor de explicar esto?
-Yo…yo…-Melina miraba del oso a mí y de mí al oso
-¿Escuchaste o no por la puerta?-preguntó mi padrino.
-Si…pero…pero
-¡Oh, por amor de Dios!-le gritó su padre.- ¿Tienes idea del ridículo que acabas de hacer? No solo has levantado falsos en contra de tú prima, sino que también has quedado como la metiche del año.
-Pero papá, yo pensé…-Melina movía las manos sin parar, aparentemente nerviosa.
-Ese es justamente el problema-la cortó su padre-, piensas. Al parecer si tú piensas alucinas.
Melina me miró con odio contenido y si atreverse a decir nada.
Me volví hacia Melina con una enorme sonrisa.
-La próxima vez que intentes hacerme algo piensa bien las cosas porque yo siempre…-le piqué el brazo con mi dedo señalador.-Siempre, voy un paso delante de ti.-Me di la vuelta, di dos pasos y me volteé para encararla otra vez.-Un paso adelante.
-Bueno, pues ahora que todo se ha arreglado…-¿Qué no la tía Clara había estado desmayada?- ¿Por qué no pasamos al comedor…?
Como si hubiese sido obra de un movimiento de varita, la tranquilidad y normalidad regresó a la sala.
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Como dice el comercial: Vestido y traje para cena; mil doscientos. Oso de felpa gigante; seiscientos ochenta. Ver la cara de Melina una vez ridiculizada; ¡No tiene precio!
Una vez que Hermione dejara más que claro la situación a base de gritos perfectamente bien justificados, la tranquilidad reino de nueva cuenta la habitación. El desagrado que la parte masculina de la familia Granger me profesaba fue reemplazado en un dos por tres por la buena acogida y trato amable con el que fuera recibido antes de la intervención de Melina.
La tía que se había desmayado y que había estado a nada de sufrir un infarto, se recuperó en menos de lo que canta un gallo y nos había invitado a pasar a cenar. Todos entre risas nos encaminamos hacia el comedor.
-¡Maldita perra desgraciada!-exclamó Melina. Tenía los ojos rojos con dos carrerillas negras que bajaban a través de sus mejillas producto de las lágrimas de humillación que había derramado en pocos segundos. La mirada la tenía perdida y estaba roja de furia.
Adivinado sus intenciones me interpuse entre ella y mi novia, colocando a Hermione detrás de mí.
-¡Oh, pero si el noviecito patéticamente enamorado la quiere proteger!-puso sus manos en su cintura-¡Quítate de mi camino!-me ordenó-¡Esa zorra me las va a pagar! –señaló a Hermione que estaba mirando todo por arriba de mis hombros-¡Pero claro! Eres Hermione. ¡La perfecta Hermione! La que nunca se equivoca y que va a una escuela para gente especial. La que tiene una perfecta familia y que es perfecta incluso cuando va al baño.
-Melina…- siseó su padre.
-Melina, nada.-Contestó la susodicha.-Tú no te metas.
-Soy tu padre.
-Mi padre… ¡Y una mierda!- gritó- Nunca estas cuando te necesito, nunca me escuchas y cuando hago algo siempre me comparas con la perra que tengo enfrente. Así que ahora no me vengas con reclamos.-Se volteó de nueva cuenta de cara a mí.- ¡Quítate!-me ordenó otra vez- ¿Cómo es que le pagaste?-le preguntó a Hermione- ¿Con dinero o con unas buenas sesiones de cama? ¿Por qué eso es lo que haces en tu colegio, no? ¿Cuántos de has cogido, tres, mil…?-Hermione se zafó de mi agarre y se acercó dio dos pasos hasta que pude detenerla sujetándola de la muñeca.
-¡Melina!-exclamaron varias voces.
-No me culpes a mí de tus desgracias- hablo mi novia.- Mejor has algo para arreglar tu vida.-Intenté atraerla de nueva cuenta hacia mí para servirle de escudo pero cuando Hermione se ponía de terca era prácticamente imposible tratar con ella ¡Si lo sabría yo!
-Pide perdón, muchacha.- Exigió la abuela, señalando a la prima con el bastón.
-Jamás. Ella es una golfa infeliz… ¡Maldita bruja!-levantó la mano para abofetear a mi novia.
Y hasta allí llegó de nueva cuenta mi paciencia. Mi vena protege-Hermione, se activó y no me detuve a pensar lo que hacía.
Mi mano derecha soltó el brazo que mantenía a Hermione en su lugar y se adentro en la bolsa trasera de mi pantalón y extrajo mi barita.
-¡Cuida tus palabras!-le espeté mientras le apunta a la nariz.
-¡El valiente caballero la va a proteger con un palito! Ja, ja. – Se burló.- Discúlpenme si no tiemblo.
-Pues deberías-dijo Hermione quien se posicionó a mi lado derecho y también extrajo su barita y le apuntó.- Te voy a enseñar que tan bruja soy.-Levantó su mano, hizo una fluorita y… el timbre sonó.
Nadie se movió.
Melina levantó una ceja en señal de incredulidad y una sonrisa sarcástica se formo en su boca. Hermione rechino los dientes, repitió el movimiento y el timbre sonó otra vez.
-¡Maldita sea!-exclamó mi fingida novia-¡que alguien vaya a abrir!
Una de las pequeñas, que estaban echadas en la alfombra contemplando el espectáculo, se paró y corrió a la entrada.
Un murmullo de voces sonaron en el vestíbulo y en pocos segundos la niñita regresó.
-Meli, te buscan-dijo e hizo una seña con la cabeza.-Es tu novio y trae a sus padres.
Tres personas entraron a la habitación. Las miré estupefacto y escuche que mi gemido era acompañado por un jadeo procedente de mi amiga.
Cuando la mirada de los recién llegados se posó en mí y en Hermione-los dos en posición de ataque-, soltaron un gritito y empalidecieron.
-¡¡¡¡TÚ!!!!
Hola, linda gente.
Antes de que me dejen aplastada por los miles de jitomatazos que sé que me merezco y que con gusto recibiré… Déjenme pedirles una disculpa por no poder hacer actualizado antes.
Pero tengo una muy buena escusa. Verán, este capítulo es, digamos, el clímax de la historia, y a raíz de que ha tenido éxito y que muchos de ustedes están tan al pendiente de ella, siento yo que se merecían algo bien hecho: que fuera divertido, con algo de orgullo por parte de Hermione, con mucha humillación para Melina, y que por sobre todas las cosas, cumpliera con sus expectativas. Así que no miento al decir que lo he escrito más de cinco veces, lo leo y le quito, lo leo y le agrego, lo leo y definitivamente lo borro.
Por otro lado este mes tuve que presentar un examen muy, muy, muy importante para mí, así que no tenía cabeza para nada. Muchos entenderán los ataques de pánico, nervios y ansiedad.
Quise actualizar en la semana, pero la pagina tenía problemas, y en eso si no me pueden culpar. Y bueno pues este fin, mi abuelo materno (al que por cierto le diagnosticaron principios de Alzheimer) se perdió y toda la familia estuvo buscándolo. Lo bueno es que él solito llego a la casa, eso sí, dos días después y a las tres de la mañana.
Espero les guste lo que mi mente loca creo, y muchas gracias por sus comentarios (cuando escribí el capítulo uno nunca me imagine llegar a los diez y ahora tengo 401 ¡Guau!) mil gracias. Me alegran la vida y me impulsan a seguir.
Nos leemos, espero en breve.
Kry
Mexico DF a 1 de marzo del 2009. 18:10 pm
