Abecedario de Reflexiones: LL


"Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció…Jesús lloro."

Juan 11.33, 35.

Lloro, el maestro se conmovió.


Cuanto se dolió el maestro al ver el dolor de aquel momento, un oficio fúnebre donde muchos han terminado hoy. La palabra solos nos muestra pocas partes de aquella escena que muchos pasan hoy, ¿Qué sentimos en aquella situación?

Muchos comentan que Dios no siente nada al ver todo ese dolor, cuanto mal ocurre en este mundo. Dios también le duele nuestro dolor y lejanía.

Comparto con ustedes una historia personal que me sucedió a mitad del año anterior, después de haber visto la muerte consecutiva de algunos miembros de mi familia paterna.

Por primera vez ocurrió algo en mí, en un sepelio de una persona.

Normalmente, soy de aquel tipo de personas que les es casi imposible soltar alguna lágrima en cualquier servicio fúnebre y menos por el muerto. No obstante, mientras transcurría la ceremonia pude ver a la familia del fallecido sufrir y sentí un nudo en el estómago, junto a un dolor en el pecho, era el padre de alguien preciado.

Aún no había soltado alguna lagrima, su dolor era tan palpable para mí y por primera vez después de tanto tiempo sentí como el dolor corroía mis pensamientos al ver tal escenario donde el dolor, la codicia, la culpa, entre otros sentimientos flotaban en el viento caluroso de verano.

Era como repetir una escena que yo misma había leído en mis años de juventud, era como si leyese aquel instante de dolor en el que el maestro lloro. Puedo decirles, que fue la primera vez que llore en un funeral…

No fue solo porque vi su dolor, no. Había visto un negocio lucrativo que se deslizaba entre las tumbas grises y el dolor de la gente en medio de consuelos indiferentes junto a rezos fúnebres que no tenían sentido de ayuda para nadie.

Pero, a pesar de todo antes de echarme a llorar con un profundo dolor en el corazón vi como Dios obraba al reunir a una familia que se había alejado con el paso de los tiempos y que ahora la muerte les unía de forma alguna.

Lo que me quede pensando en ese instante fue en el extraño clima, el sol no quemaba como lo espera uno al mediodía y entonces solo había un campo de flores cuyos pétalos eran arrancados por el viento. Al terminar de enterrar el cadáver y ver cómo la gente e incluso la familia se marchaban, mi hermana, lloraba algo no común en ella al igual que yo.

Entonces, un dolor tan grande se propago en mí y que jamás podre olvidar: lloraba y recordé cuanto dolor sintió el señor. Era una agonía por cada alma allí que se alejaba después de todo, era algo que venía de lo profundo de mi alma.

Una sola palabra y un hecho provocaban mi dolor:

Incredulidad.

Cuanta hay, cuanta de ella daña las vidas de muchas personas. Testimonios enteros se han visto desalentados por ella y cuanto ha hecho por las vidas de muchos que hoy necesitan el apoyo de Dios en su vida con la misericordia del amor que nos regaló.

"Oh amado, Dios:

Cuanto te dolió todo aquello, cuanto el dolor de María y las lágrimas de tu pueblo que vieron tu grandeza sin creer de verdad. Para encontrar en vez de amor, una arraigada incredulidad que consume los corazones endureciéndolos cada día más.

¡Oh, cuanto nos amas!

Y, ver que no eres correspondido. Llamar y no ser respondido, con cuantas paredes te encuentras en los corazones y ser rechazado."

! Cuanto nos recuerdas que nos amas, oh alabado seas mi señor Dios del universo y del todo por el todo ¡

Gracias, padre porque me has sostenido hasta hoy. Porque cada día tu misericordia es la muestra de lo que me falta amarte y de llegar a ti, hasta el último respiro de mi vida seas lo que más anhelo.

Espíritu santo, llena nuestras almas de infinita sabiduría y envuélvenos en tu presencia. Que seas el motivo de nuestro respirar hoy y siempre, que luchemos con fuerza para que nuestra relación jamás se rompa.

"¿No he llorado por aquél cuya vida es difícil? ¿No se angustió mi alma por el necesitado?"

Job 30.25

"Hebreos 4:15

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado."