Capítulo trece: Arma.

"El camino que iba a recorrer no iba a ser fácil…"

Con la conclusión del Grigori, los demás exorcistas, incluido Timote Timowas, abandonaron la sala para su alivio. Sin embargo, tenían un cargo de consciencia, el cual consistía en saber del peligro andante que permanecería libre en Asshia. Y para colmo de males, no era sólo uno, sino dos.

— Tienen que seguir al pie de la letra las condiciones que les daremos para hacer que esto funcione — hablaron los 3 Grigori.

Eso tensó a Rin, llamó la atención de Mephisto y puso en alerta a Amaimon. Los Grigori notaron las distintas miradas que tenían encima, una expectante, otra ansiosa y la última totalmente fría. De ese trío de demonios, el que más les preocupaba, era el Rey de la Tierra. No conocían bien al sujeto en cuestión, ni querían conocerlo, pero estaban seguros que su temperamento era bastante impredecible.

— La primera es que pase un Examen de Certificación Exorcista después de concluir del todo esta audiencia — mencionó la Grigori rosado — Queremos ver los avances de esta "arma" suya, Señor Pheles.

— "Una treta ingeniosa…" ¡Por supuesto! — accedió aparentando seguridad — Es más que seguro que ese examen no será dificultad alguna, aunque hubiese deseado atrasar su presentación, después de todo ¿Por qué presentar un arma incompleta?

Fue suficiente para calmar las sospechas de los presentes, por lo menos, de manera temporal. Mephisto maldecía para sus adentros, aquella treta para intentar hacer caer su teatro era buena, pero nunca lo admitiría. Con disimulo, miró a ver a Rin, siendo sincero no estaba seguro que sus propias palabras fueran certeras. Era una apuesta imprudente…

— La segunda, es que una vez aprobado su examen, desempeñe sus funciones como exorcista — habló el Grigori azul — Sobra decir que el "Rey de la Tierra" tendrá que renunciar a su título de la nobleza demoniaca y permanecer al servicio del Vaticano.

Aquello causó que, por unos leves instantes Amaimon entrecerrara los ojos de manera peligrosa, lo cual los otros dos hijos de Satán notaron. ¿Qué decían esos humanos? ¿Qué Él, siendo el Rey de la Tierra renunciara a su título? ¡Eso era prácticamente un insulto! Y era una ofensa que no estaba dispuesto a perdonar, aquel atrevimiento e insolencia se pagaba caro.

Iba a atacarlos, pero antes de moverse un milímetro del lugar donde estaba sentado, su mirada hizo contacto con la de Rin. El chico estaba preocupado y veía miedo en sus zafiros, notó sus ansias en escuchar su respuesta. Tuvo que desistir de descargar su creciente rabia sobre el Grigori, calmarse y mirar a ver a esa panda de humanos tan altaneros e irrespetuosos.

— Acepto la condición…— intentó que sus palabras no sonaran amenazantes ni cabreadas.

¿Acaso sabían todo lo que le costó obtener su título? ¡Vamos! Renunciar a su título era como renegar lo que era, simplemente estaba tirando todos sus esfuerzos y sacrificios a la basura. Podría ser uno de los cinco hijos que tenía Satanás, pero, en Gehena no importaban los lazos sanguíneos. Ahí no te identificaban por tus parientes, claro que no, tus congéneres te reconocían por tu cargo.

Sino tenías cargo, literalmente, no eras nada. Y un título era el cargo más alto, claro que posterior al de su padre, que se podía obtener. De antaño, solamente existían 7 Reyes, pero él logró de hacerse de un título. Reconocieron su fuerza y poder, proclamándolo Rey de la Tierra, tras mostrar lo capaz que era para el cargo. Inclusive se hizo del Séptimo puesto relegando a Astaroth, que tenía más antigüedad que él, al último de estos.

— La tercera condición — habló el Grigori verde — Será ponerlos bajo vigilancia las 24 horas del día, siendo responsabilidad del líder de la Rama Japonesa y no se les permitirá abandonar la Ciudad a menos que sea para una misión.

"Malditos Grigori", fue lo que se le pasó por la mente a Mephisto, sin mostrar su nerviosismo. Todas y cada una de las condiciones, para su suerte o desgracia, estaban ligadas unas con otras. En pocas palabras, si Rin no cumplía con la primera, era obvio que no podría cumplir las demás. Eso era lo que abrumaba al demonio de cabello morado.

— ¡Por supuesto! — aseguró nuevamente — He de suponer que este asunto se mantendrá fuera del conocimiento del Paladín Shiro Fujimoto, ¿No es así? — preguntó mientras ampliaba su sonrisa.

Ante su cuestionamiento, el Grigori intercambió miradas, para ponerse de acuerdo. Siendo el Paladín, el rango más alto de un exorcista, Shiro Fujimoto debía tener conocimiento del tema. Sin embargo, debido a sus lazos con el prospecto a "arma", era más que seguro que eso nublaría su juicio. Y, por lo tanto, intentaría apelar y conseguir condiciones "especiales" para el "Niño demonio".

— Shiro Fujimoto se mantendrá al margen de este asunto — sentenciaron los Grigori.

— Con esto, queda concluida la audiencia de manera oficial — anunció el Grigori azul.

Esa fue la señal clara para Mephisto de que se retirasen. Siempre que asistía a un juicio, interrogatorio o audiencia, era igual. Así que se dio media vuelta, tranquilo, y se encaminó a la salida de la sala. Rin y Amaimon le imitaron. Uno estando más relajado, y el otro, se mantenía debatiendo internamente consigo mismo. Apenas se alejaron lo suficiente de ahí, al llegar a uno de los desolados pasillos, Mephisto suspiró.

— ¿Tienes idea de lo que va a pasar? — por su tono de voz, el peli-morado al fin dejaba a relucir su preocupación.

— Tendré que presentar…el examen para ser un exorcista — respondió Rin, totalmente incómodo.

— Corrección — Mephisto le miró con seriedad — Tendrás que presentar en media hora más el Examen de Certificación para Exorcista y aprobarlo lo mejor posible.

— No le veo diferencia — dijo el menor.

Mephisto suspiró nuevamente con cansancio. Miró a ver a Rin, quien se mantenía de brazos cruzados, mientras la cola obscura de este pivoteaba levemente. No imaginó que en el instante que el chico se presentara ante él, Mephisto tendría que ir al Vaticano al notar que uno de los espías de estos se encontraba observándoles, pues uno registró en el acto el ataque de Astaroth.

Tampoco que, tras enterarse del interrogatorio, al ir a buscar a Rin se encontraría con que el equipo especial del Vaticano ya estuviese ahí. El mismo, tras ver que Amaimon estaba plantándoles batalla, tuvo que retenerlo en un cristal para evitar agravar el problema. Al convencer de llevar él a ambos, gracias al miedo de los exorcistas hacia esos dos demonios, aprovechó el breve viaje para darle una rápida explicación a Rin de lo que iría a pasar.

— Debes aprobarlo — habló Samael — De lo contrario, probablemente acabarán como experimento del Vaticano, y de intentar escapar estoy seguro que se me dará la orden de matarlos a ambos en el acto. O aún peor…

— ¿Qué podría ser peor que eso? — cuestionó Rin, estando escéptico.

— Podrían ordenarle a Shiro Fujimoto acabar con ustedes — respondió sin rodeos.

Eso dejó sin habla a Rin, ¿Qué forzarían a su propio padre a asesinarlo? ¡Él jamás lo haría! Sin poder evitarlo, recordó a Yukio, ¿Y si usaban a su hermano cómo rehén para forzar a su padre a matarlos? Era más que seguro que los idiotas del Vaticano usarían cualquier recurso a su disposición con tal de lograr su objetivo, excusándose de ser lo "mejor para la humanidad".

— Voy a aprobar ese maldito examen — aseguró Rin, lleno de confianza — Si el llorón de Yukio lo aprobó con notas altas, yo aprobaré el examen con honores.

— Por el bien de todos espero que así sea — contestó Mephisto.

Sí, claro que Rin sabía que Yukio era un jodido exorcista, y para colmo era el más joven en la historia en volverse uno. Pero no era de extrañar, su gemelo empezó a entrenar desde los 7 años, aunque no era el único. Rin, a pesar de que ello quedara fuera de su conocimiento, no se quedaría atrás.

— Tenlo por seguro — dijo Rin — "Aunque no me agrade mucho la idea…"

— Por otro lado, Amaimon… — le llamó el demonio de espacio-tiempo — Hay muchas cosas que debo tratar contigo.

El demonio dio un respingo al escuchar su nombre, miró a ver a su hermano, hacer contacto visual le afirmó sus dudas. No iba a negar que tenía miedo. Su hermano mayor podía hacerlo pedazos si quisiera. Eso le tenía preocupado, aún más a sabiendas de que había roto una de las reglas que Samael le había puesto y le indicó que jamás debía romper.

El peli-morado se despidió de Rin después de darle indicaciones, y tras coger a Amaimon de la ropa cual felino llevando a su cría, desapareció en una bola de humo rosado. El Okumura quiso decir algo, pero fue demasiado tarde. Suspiró y se dirigió al sitio indicado. Sabía que Mephisto no habría ido muy lejos debido a la tercera condición del Grigori.

Cuando llegó a la puerta de la sala designada, respiró hondo e ingresó. Al entrar vio a cinco exorcistas de alto rango, los cuales serían sus examinadores, al notar su insistente escrutinio tuvo que sujetar la correa de su estuche para poder calmarse. Volvió a respirar hondo por última vez, y miró a verlos de manera determinada. Pasaría el examen sin importar qué.

Mientras tanto, en un espacio desconocido, se hallaban Mephisto y Amaimon. Ese lugar era la brecha en la cual Samael yacía mientras decidía a qué lugar y fecha reaparecería. El primero regañaba al segundo. Le veía de manera molesta, reprochándole con la mirada. ¿Acaso su hermano era tan estúpido como para no poder seguir unas cuantas reglas?

— ¿Estás consciente de lo que ocasionaste?

— No fue mi culpa — se defendió el peli-verde — La culpa la tuvo Astaroth por-…

— Aunque Astaroth no los hubiese atacado, lo hubiese hecho cualquier otro — reclamó con molestia — Tu presencia con la de Rin atraía a los demonios, incluso el mismo Lucifer pudo haber pedido venir a Asshia y yo no hubiese podido negarme.

— ¿Tanto miedo le tienes a nuestro padre? — murmuró Amaimon, dado que, si Lucifer pedía venir y su padre lo apoyaba, su hermano tendría que obedecer.

— Podría destruirme con facilidad, eso es cierto, pero mientras me mantenga en Asshia no puede ponerme ni un dedo encima — respondió Samael — Y, sea cual sea el caso, no planeó volver a Gehena.

— Entonces…— Amaimon miró a verlo fijamente — ¿Tienes miedo de lo que piense Shiro Fujimoto de ti?

Por primera vez, en muchísimo tiempo, vio a Samael dar un respingo. Parecía que le había pillado con las manos en la masa. Vaya, ver la cara seria, pero preocupada, de su hermano era un espectáculo único y muy pocas veces apreciable. Así que no era el único que estaba "atado" afectivamente con un humano. De cierta forma, el peli-verde ya estaba al tanto de eso.

— Así que tenía razón…

— En cualquier caso — le interrumpió Samael — ¿Sabes lo que pasará si Rin no aprueba el examen?

— Va a aprobarlo — respondió mordiéndose la uña.

— No tienes forma de estar seguro de eso.

— La tengo — aseguró, tranquilo — Le he estado enseñando a Rin todo lo que sé.

Eso tomó un poco en sorpresa al mayor. Desde que los vio en el dormitorio, horas atrás, siendo atacados por esos exorcistas se hizo una idea. Según él, deducía que Rin y Amaimon habrían estado en contacto por algún tiempo. El por ello explicaba porqué el Okumura tenía conocimiento con la katana.

— ¿Desde cuándo? — temía la respuesta.

— Ya van 10 años — respondió con simpleza.

— ¡AMAIMON!

El susodicho se encogió en su lugar mientras se tapaba los oídos, debido al chillido que dio su hermano, si ese regaño se prolongaba terminarían dejándolo sordo a ese paso.

Su condición física y conocimiento sobre Farmacología Anti-demonios, Estudio de la Sagrada Escritura, Demonología, Clases de Grimorio, Círculos Mágicos y Técnicas de Sello y lo que más odiaba, que era la Recitación de Versos Fatales, fue lo que evaluaron, primeramente. Historia fue un juego de niños. Los Meister igual.

También juzgaron sus habilidades de campo, haciéndolo enfrentarse a algunos demonios, los cuales no fueron gran cosa. Claro que, en algunos casos debía hacerlo con las herramientas con las que contaba un exorcista, y otras le permitían utilizar su espada. Y, por ende, sus llamas. Aunque intentaba no recurrir a ellas, por el miedo de los presentes y porque no le gustaba depender de los poderes de Satán.

— "Me enoja reconocerlo, pero…" — pensó uno de los exorcistas — El candidato, Okumura Rin, concluyó el examen con honores.

No podían mentir, puesto que, aunque Rin no tuviese forma de saberlo el Grigori lo estaba observando. Desde su sitio, los tres representantes se miraron entre sí, satisfechos. El examen de Rin no era normal. El chico no lo notaba debido al entrenamiento que siguió con Amaimon, pero ese examen solía ser difícil para cualquier otro prospecto a exorcista.

Además, no sólo por el nivel de dificultad, sino por la modalidad. Queriendo saber si Mephisto mentía o no, aparte de comprobar el potencial de su "arma", el examen acababa hasta donde Rin quisiese. No quería decir que podía dejar el examen a medias, todo lo contrario, significaba que podría escoger el cargo que quisiese y ese sería el examen que presentaría.

— "Cuando salga de este sitio, le agradeceré a Amaimon" — pensó el chico.

No era tonto, sabía que no podría decir "Bien, cabrones, quiero el rango de Canciller" y enfrentarse a ciegas al examen. Mephisto le advirtió que escogiese bien, y tratara de no meter la pata, de lo contrario, habría graves consecuencias. Por ello, tras exprimirse el cerebro tratando de hilar el rango exorcista con lo que saldría en el examen, hizo una elección bastante acertada.

— Ve a esta sala — indicó uno de ellos.

Rin le hizo caso, quería retirarse de ahí de una buena vez, estar rodeado de tantos exorcistas era incómodo.

El regaño de Amaimon duró horas, pero gracias a sus poderes, Mephisto los reapareció en el Vaticano justo minutos antes de que Rin concluyese su examen. Caminaron hasta una sala en especial, en la cual se podía ver lo que pasaba en la sala en la cual se encontraba el menor. Ver que progresaba con creces no sorprendió a Mephisto, así que procedió a iniciar los trámites que eran más que seguro que tendría que hacerlos.

El Grigori clavó la vista en Amaimon, mientras eran protegidos por sus mejores exorcistas, y Mephisto se interponía entre ellos. El peli-verde les sostuvo unos largos segundos la mirada, hasta que la desvió a uno de los monitores, viendo al Okumura. Y repasó lo siguiente: ¿Realmente valía la pena? Una voz en su mente se encargó de contestarle de inmediato.

— Yo, Amaimon, renunció a mi título de Rey de la Tierra — dijo finalmente, quitando los broches de su vestimenta.

Aquellos broches en forma de huesos cruzados que llevaba no eran sólo de adorno, eran símbolos que certificaban su cargo, y tenía 7 en total debido a su puesto. Los observó por última vez, y los dejó en el escritorio del Grigori, mientras los exorcistas seguían con la guardia alta. Hacer eso…quería decir que ahora era un simple demonio.

Los 3 Grigori también miraron los monitores, asombrados de lo "fiel" que era el "subordinado" de Rin, aunque sin mostrarlo. Por lo que pasaba en estos, la Grigori rosado dio la orden de que tuviesen listo el carnet, que dentro de poco entregarían. No tardó mucho para que Rin ingresara a la habitación. No imaginó ver a Mephisto y al peli-verde ahí.

— Okumura Rin — le habló la Grigori rosado.

— Este carnet es tu identificación como exorcista — dijo el Grigori verde, dándole con cautela dicho objeto, el cual el joven tomó.

— Y estos — el Grigori azul mostró dos broches, los cuales todo exorcista portaba en su ropa, los cuales le dio al chico — Certifican que realmente lo eres.

— ¿Por qué dos? — cuestionó, viendo que Mephisto sólo tenía uno.

— Uno es tuyo — dijo la Grigori rosado — El otro, es para tu familiar, el cual al igual que tú queda bajo servicio del Vaticano — le recordó.

"…pero, no tendría que recorrerlo solo"


¡Lo hizo! ¡Amaimon lo hizo...renunció a su cargo! Como dijo chicken little: ¡El cielo se cae en pedazos! XD