Aqui esta un capitulo de regalo para todas ustedes ya que las siguientes semanas puede que estemos un poco desaparecidas (agradescan a los examenes), asi que espero lo disfruten.
Doce
Alice llegó al albergue a la hora en punto. Llevaba brújula, cuchillo, agua embotellada y un botiquín de primeros auxilios en la mochila. Rodeó el albergue hasta la entrada de las habitaciones de los Whitlock y vio a Jasper sentado en una silla con unos audífonos. Tenía las piernas largas enfundadas en pantalones vaqueros y cruzadas en los tobillos, y tenis Nike. Llevaba unas gafas oscuras. Tenía el cabello húmedo de la ducha o la piscina, echado hacia atrás como al descuido, secándose al Sol.
Le pareció como un cantante de rock. Sintió un ataque de timidez que casi la abrumó, pero irguió los hombros y avanzó.
-¡Hola! –saludó Alice.
Jasper apenas movió la cabeza.
-Ah, hola –se inclinó para apagar el casete que le llenaba los oídos de música-. Iré por los demás.
Cuando se levantó, ella tuvo que echar la cabeza atrás para mirarlo a la cara.
-¿Fuiste a la piscina?
-Sí –le sonrió, y el corazón de mujer que aún dormía en el pecho de la niña se agitó-. El agua está fría –abrió la puerta-. ¡Oigan!, ya llegó nuestra guía -hubo una respuesta apagada. Se volvió hacia Alice-. Será mejor que te sientes. Mamá jamás está lista a tiempo.
Ella se sentó en el piso del patio de piedra y guardó silencio.
Jasper examinó su perfil. La chiquilla le interesaba por la relación con su padre, con Rosalie Cullen y, reconoció, por su nexo con un asesinato. Los asesinatos lo cautivaban. Le hubiera preguntado al respecto, sin embargo, estaba seguro que tanto su padre como su madre lo desollarían si mencionaba el tema. Y porque recordaba a la niñita con las manos sobre las orejas y las mejillas bañadas en lágrimas.
-Y… ¿qué haces aquí?
Ella miró nerviosamente hacia él.
-Cosas –se sintió ruborizar por lo estúpido de la respuesta.
-Ah, claro. Cosas. En California nunca hacemos eso.
-Quiero decir que tengo actividades. Voy de excursión y a pescar. Estoy aprendiendo la historia de la región, la flora y la fauna, ese tipo de cosas.
-Y, ¿en qué escuela vas?
-Mi abuela me da clases en casa.
-¿En casa? Qué cómodo.
-Es bastante estricta –farfulló Alice. Se puso en pie de un salto, aliviada al ver aparecer a Peter y Charlotte-. ¡Buenos días! Si están listos, podemos irnos. Pueden detenerme siempre que quieran tomar fotografías, descansar o hacer preguntas –comentó cuando emprendieron la marcha.
Iba señalándoles los árboles por sus nombres, pero le pareció que sólo Charlotte se interesaba. Sin embargo, cuando llegaron al río y el paisaje se despejó un poco, sus tres acompañantes se mostraron igualmente animados.
-Éste es el río Quinault –informó Alice-. Llega a la costa. La cordillera Olympic se concentra en el interior de la península.
-Es bello. Se queda uno boquiabierto –dijo, Charlotte alistando la cámara-. Miren como se recortan las montañas contra el cielo.
Alice buscó en su mente lo que sabía sobre las montañas.
-Ah, el monte Olympus en realidad tiene menos de dos mil cuatrocientos metros de altura hasta la cima, pero como su elevación comienza desde el bosque templado de coníferas, que está casi al nivel del mar, se ve más alto. Creo que tiene seis glaciares.
Los condujo por el río, señalando los pétalos de la cúscuta silvestre semejantes a cuerdas, el delicado blanco de la prímula. Por el sendero, se cruzaron con otros excursionistas, solos o en grupos.
Cuando Alice logró capturar una rana de ancas rojas Charlotte le tomó fotografías, riendo encantada al oír su prolongado y débil croar. Después de soltarla, Alice eligió un lugar sombreado a poca distancia del sendero donde pudieran sentarse y observar el agua. El aire estaba tibio y el cielo despejado, era uno de esos días perfectos de verano típicos de una península.
-Caminaré un poco más –les anunció Alice-. Veré si consigo descubrir algunos castores. Si los encuentro, vendré por ustedes.
-Pobrecilla –murmuró Charlotte cuando Alice se alejó por el sendero-. No creo que ella misma comprenda lo sola que está.
-Sus abuelos son buenas personas, Charlotte.
-No lo dudo. Pero, ¿dónde están los demás niños? Los niños con los que debería estar jugando en un día tan bello como éste.
-Ni siquiera va a la escuela –apuntó Jasper-. Me dijo que su abuela le da clases en la casa.
-La encerraron en una burbuja. Espectacular, sin duda –añadió Charlotte, al tiempo que se sentaba-, pero cerrada al fin.
Jasper miró a su alrededor.
-Creo que yo también caminaré un poco más. Nunca he visto un castor.
-Tiene buen corazón –dijo Charlotte, sonriente, cuando se fue.
-Sí, y además una mente curiosa. Espero que no quiera sacare información.
-Confía en él, Peter.
-Si no confiara también iría a buscar castores –dicho esto, extendió las piernas y apoyó la cabeza en el regazo de su esposa.
Jasper encontró a Alice sentada en la orilla del río, muy silenciosa y quieta. En su mente, fue una imagen muy similar y a la vez muy diferente de la que tenía de ella cuando era pequeña.
Alice volvió la cabeza al verlo acercarse. Mantuvo la vista fija en el rostro de Jasper, esa mirada solemne, mientras él se acercaba.
-No les importa demasiado la gente –le dijo en voz baja-. Pero tendrás más suerte si no haces mucho ruido.
-Supongo que pasas mucho tiempo paseando por allí.
-Siempre hay algo que ver o que hacer –la hacía sentir rara y no alcanzó a distinguir si le agradaba o no; sintió algo semejante a un extraño tamborileo en el corazón-. Supongo que no se parece en nada a Los Ángeles.
-En absoluto. Pero es agradable. Mi contacto con la naturaleza es el parque público, con un aro de basquetbol.
-Te apuesto que jamás has ido a pescar.
-Y, ¿para qué? –le dirigió una sonrisa fugaz-. Basta entrar en McDonald´s y comprar un sándwich de pescado.
-¿No está atestada la ciudad, llena de ruido y de tránsito?
-Claro. Por eso me encanta. Siempre está pasando algo.
-Aquí también, siempre está pasando algo. ¡Mira!
Un par de castores nadaba río arriba, rasgando la superficie del agua con habilidad. De pronto, como un sueño, una garza real emprendió el vuelo en la orilla opuesta con un aleteo majestuoso.
-Te apuesto que nunca habías visto eso en la ciudad.
-Desde luego que no –tuvo que aceptar que los castores eran realmente simpáticos.
-Tú sabes lo de mi madre.
Jasper la miro inquisitivo. Había querido preguntarle una serie de cosas, pero en ese momento descubrió que no podía.
-Sí. Fue duro.
-¿Has visto alguna de sus películas?
-Claro. Montones.
-¿Y se veía bien?
-¿Nunca has visto ninguna? –cuando Alice negó con la cabeza, se revolvió incómodo en su lugar, sin saber cómo responder-. Se veía muy bien. Me gustan sobre todo las películas de acción, ya sabes… pero, caray, era muy hermosa.
-No me refiero a su aspecto. ¿Era buena actriz?
-Claro. Muy buena. Te convencía.
Alice asintió.
-Se fue de aquí para ser actriz. Sólo quería saber si era buena. "Te convencía" –murmuró Alice, y después guardó esa simple frase en su corazón-. Ustedes… Tu padre vino porque yo se lo pedí. Es un gran hombre. Deberías saberlo. Tienes unos padres que se interesan por las cosas, por las personas. No lo olvides –se puso de pie-. Iré por ellos para que vean los castores.
Jasper se quedó en el mismo sitio. No le había preguntado lo que quería, pero ella respondió una de sus preguntas. ¿Qué se sentía ser la hija de alguien famoso que había muerto en forma violenta?
Espantoso. Se sentía espantoso.
Chan chan chan! Que les parecio la primer conversacion entre Jazzy y Ally, creo q ella ya siente cosas por el!
Espero nos regalen muchos reviews eso nos animaria mucho en estas semanas de estres. Espero que mi hermanita suba pronto otro cap de Una familia propia (la muy cruel no m ha dejado leerla asi q estoy como ustedes), saludos a todas y nos leemos pronto!
