Bueno, este gran capítulo va dedicado a Mary Mellark y a Banny Masen Cullen. ¡Aquí lo tenéis!

Disclaimer: Nada de lo que reconozcáis es mio.

Capítulo 13: Luciérnagas

Amanecí en mi cuarto día en la Arena de mal humor, ni siquiera el primer paracaídas que había recibido en todos los juegos, una bolsa pequeña de plástico con un I verde pintada y llena de galletitas de chocolate, había conseguido animarme. ¿La causa? El día anterior abían bajado más de lo normal las temperaturas durante la tarde (no es como si todo fuera demasiado normal), me había pasado todo el camino de vuelta de la llanura resbalándome y me dolía el culo. Encima, al salir de la tienda, descubrí que nuestras maderas para el fuego se habían helado y tuve que hacer un fuego yo sola, porque Cooper decidió tomarse una siesta después de su guardia, y a mi hacer fuegos muy bien no se me daba. También había caído en cuenta que, con el frío que hacía, gran parte de los animales estarían invernando o en sus madrigueras (cosa que hacía que me preguntara cómo diantres se las apañaban los caballos en este tiempo) y eso iba a dificultar bastante nuestros medios de comida. Y para colmo; nevaba.

— No. Me. Lo. Puedo. Creer —mis ojos estaban abiertos como pelotas de tenis mientras observaba al río, río que se había congelado completamente.

— No pongas esa cara, Izzy, seguro que no es para tanto —trató de animarme Angelique.

Levante una ceja y, cuidadosamente, posé un pie en el hielo, hice fuerza, no pasó nada. Puse ambos pies y empecé a avanzar con paso cuidadoso, para evitar caerme de culo, por el río.

— ¿No es para tanto? —le grité a Angelique desde la otra orilla.

— ¡Oh Dios! —la oí decir y, a pesar de la distancia y las múltiples capas de ropa que llevaba, pude ver lo pálida que se había puesto— ¡Tenemos que avisar a los demás! —me gritó.

Nuestra vuelta al campamento fue rápida, torpe y dolorosa, aunque me animó un poco ver que no era la única que se caía en el terreno resbaladizo.

— Estamos en serios problemas —le dije a Cooper que estaba rehaciendo el fuego.

Cooper levantó una ceja como interrogación.

— El río se ha congelado e Izzy ha podido cruzarlo —explicó Angelique.

— Oh, mierda —musitó Cooper con los ojos muy abiertos.

— ¡Evan! ¡Lucy! —les desperté entrando en la tienda.

— ¿Ugghh? —fue la elocuente respuesta de Evan, mientras que Lucy ni se inmutó.

— El río se ha congelado, tenemos que buscar un sitio para escondernos o los Profesionales nos encontraran.

Diez minutos más tarde los teníamos todo empacado y habíamos intentado ocultar los signos que indicaran que hubiéramos estado allí.

— ¿Y ahora a dónde vamos? —preguntó Lucy frotándose los ojos.

— Deberíamos subir más la montaña —sugirió Cooper—. Cuanto más lejos estemos, más tendrán que buscar los Profesionales y antes se cansarán.

Empezamos a subir, era una ascensión lenta, pues íbamos resbalando cada dos por tres, la nieve dificultaba nuestro avance al llegarnos casi por la cintura, y la tormenta cogió más fuerza, lo que complicaba bastante las cosas.

— L-lo que d-daria ahora p-p-por un-na du-du-ducha de agua ca-caliente —logró decir Angelique entre castañeteos de dientes.

— Ahí p-p-parece un bu-buen si-sitio —señalé temblorosamente un bosquecillo de pinos, diferentes al resto, más anchos y fuertes—. Nos pro-protegerán d-de la tor-tormenta.

Nos apretujamos entre los árboles, la nieve seguía cayéndonos encima pero no con tanta intensidad y gran parte del viento era bloqueado por los árboles. Observé a mis compañeros, todos tenían los labios azulados, por lo que suponía que los míos también debían estarlo. Nos juntamos todos para conservar calor corporal e intentamos encender un fuego, sin éxito.

— Necesito a un hombre lobo sin camiseta —le dije al cielo y los demás me miraron como si estuviera loca— ¿No sabéis el calor que desprenden los hombres lobo? —me temblaba el labio tratando de ocultar la sonrisa—. Dios, lo que os estáis perdiendo.

Eso logró lo que esperaba, grandes sonrisas se formaron en los rostros de mis amigos y me sentí un poco mejor.

— Estás loca —me dijo Evan con una ligera sonrisa—. Como una cabra.

— Pero vosotros me queréis igual.

Evan se sacó el guante de la mano izquierda y se arremangó el abrigo, haciendo una mueca.

— Creo que en una de las caídas me he hecho un esguince en la muñeca —dijo.

— Déjame ver —tenía bastante práctica en esguinces, de forma que tan solo echarle un vistazo supe que Evan tenía razón—. Sip, es un esguince —anuncié.

— Genial —Evan gimió y luego suspiró—. Al menos no es en la derecha.

Sonreí— Voy a ponerle un poco de nieve para bajar la hinchazón y luego la voy a vendar —le informé y Evan asintió—. No te tortures demasiado, ¿sí? Le podría haber pasado a cualquiera de nosotros. Es extraño que no me haya pasado a mí.

— ¿Cómo sabes tanto de estas cosas? —preguntó Angelique con curiosidad.

— ¡Oh, venga! Con lo torpe que soy una aprende —sonreí—. La de veces que me he roto algo o he tenido un esguince. Ya tengo práctica.

Cogí uno de los calcetines de sobra de Angelique— ¿Me dejas?

Angelique no parecía muy contenta pero de todas formas dijo: —Claro.

Llené en calcetín de nieve y hielo y lo puse en la muñeca de Evan. Después saqué una venda y la preparé para envolvérsela.

— El lado bueno es que no tendremos problemas para bajarte la inflamación —dije animadamente mirando a mi alrededor.

Eso solo me logró varias bolas de nieve en mi dirección.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Nos pasamos el resto del día en la tormenta de nieve, porque sí, había escalado hasta ser una tormenta en mayúsculas, hasta en el refugio de los árboles lo estábamos pasando bastante mal.

— No creo que nadie sea tan idiota como para salir a buscar a nadie en estos momentos —dijo Lucy—. Así que no veo necesario que hagamos guardia y, además, estoy segura de que con este frío siempre habrá uno de nosotros despierto.

Todos aceptamos y cada uno se metió en su saco de dormir, listo para pasar la noche.

— Me siento muy marginada —confesé.

— Cállate y duerme, chica vampiro —contestó riendo Angelique.

Obedecí, haciéndome una bolita y cerrando casi por completo el saco, dejando tan solo un espacio para la ventilación. A los pocos minutos había entrado más o menos en calor, pero seguía sin conseguir dormirme.

— Shht, chicos, ¿alguien está despierto? —llamó la voz de Lucy en la oscuridad.

— ¿No representa que deberías estar durmiendo? —contesté con una pizca de diversión en mi voz.

— No puedo, Angelique me está dando patadas y tiene los pies helados —protestó Lucy.

Suspiré— ¿Quieres venirte conmigo?

Se formó un silencio y de repente sentí como alguien abrí mi saco— Psst, hazme sitio —susurró Lucy.

Solté una carcajada y me acomodé para que las dos pudiéramos estar relativamente cómodas. Al menos improbó el calentamiento del saco de dormir.

— Tengo miedo, Izzy —confesó Lucy.

— Lo sé, Lu. Yo también.

— No voy a volver a casa, ¿verdad? —la voz de Lucy era extremadamente vulnerable.

— Yo intentaré con todas mis fuerzas que alguno de vosotros vuelva a casa. Que alguno de vosotros vuelva a sus familias.

— Yo tengo dos hermanas pequeñas —dijo Lucy—, y mi madre vuelve a estar embarazada, mi padre y ella quieren que sea un niño.

— ¿Cómo se llaman? —pregunté.

— Mi madre Keziah y mi padre Radley. La mayor de mis hermanas, September (sí, nació en septiembre) tiene solo nueve años y luego está Zarina que tiene seis. Las quiero a las dos más que nada en el mundo —dijo con la voz llena de lágrimas.

— ¿Y cómo se llamará el bebé?

— Si es chica tienen planeado llamarla Merrigan y si es chico Breccan.

— Me gusta Breccan —dije.

— A mi también, me gustaría poder conocerle.

— Y lo harás, y si no lo conocerá el que salga de aquí, ¿vale?

Se formó un cómodo silencio— Cuéntame de tu familia, solo sé que tienes siete hermanos, bueno, eso ya es mucho.

Reí suavemente— Mis padres son jóvenes para haber tenido tantos hijos; mamá solo tiene cuarenta y cuatro años y papá cuarenta y seis. Se llaman Marlene y Hugo. De mis hermanos el mayor es Nathan, tiene veinticinco y es bastante sobreprotector conmigo —hice una mueca—, si llego a volver no me dejará fuera de su vista en dos meses. Nathan está prometido, y su novia, Liliana, está embarazada de seis meses—sonreí—. Cuando sus y mis padres se enteraron no les dejaron volver a pasar las noches solos —rodé los ojos—. Bueno, luego va Luke que acaba de cumplir veinticuatro y es un completo rompecorazones y, por supuesto, tiene a todas las chicas enamoradas, después va Kyle con veintidós y Darien que en agosto cumplirá también veintidós, esos dos son bastante gamberros y pasarían por gemelos. Luego les sigue Dysis, mi única hermana que ya tiene veinte y luego Jesse, con dieciocho y es muy inteligente y Oliver, que hace poco cumplió diecisiete y está enamorado de mi mejor amiga— "Espero que se lo hayas dicho ya, Oli"

— ¿Sólo una hermana? —Lucy parecía horrorizada—. Te compadezco.

— Soy la más pequeña y todos me cuidan bastante, muchas veces se vuelve agobiante pero no les digo nada porque sé que les gusta hacerlo.

— ¿Y no quieres volver con ellos?

— Sí, sí que quiero —suspiré—. Pero ellos no me necesitan, a ti, en cambio, en tu casa sí que lo hacen. O a Evan, o a Cooper, o a Angelique. A mí no. Mi familia no se muere de hambre, somos muchos hijos y trabajamos mucho, de manera que siempre hay comida en casa.

— ¿Quieres decir que no intentarás volver? —preguntó Lucy con voz estrangulada.

— No, no realmente —suspiré de nuevo—. Intentaré tanto como pueda que cualquiera de vosotros llegue a su casa y espero que, quienquiera que sea que nos recuerde a todos los demás. Solo quiero que alguno de vosotros pueda volverse a reunir con su familia —sentí lágrimas correr por mis mejillas—. Porque sino no podría perdonármelo nunca.

— ¿Y qué pasaría si solo quedaras tú y los Profesionales?

— Eso no va a pasar.

— ¿Y si pasase?

Bufé— Entonces intentaría volver a casa —"y con Edward" pensé.

— Es muy noble de tu parte —dijo Lucy al cabo de un rato—. Querer dar tu vida por la nuestra. No mucha gente es capaz de eso.

— Yo soy especial así como soy —sonreí.

— Sí, lo eres. Y es un desperdicio que te vayas a morir. Es injusto

Abracé a Lucy— ¿Nunca te ha dicho nadie que la vida no es justa?

— La vida es una mierda —contestó.

— No hay palabras más sabias habladas —repliqué.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

El día siguiente fue un poco más de lo mismo, tan solo que hacia el medio día la tormenta amainó considerablemente y logramos encender un fuego y comer algo más que pan frío, pastelitos, galletitas, cecina y frutas secas. De hecho hasta hicimos las hamburguesas y, dado que teníamos aceite y sal, no estaban nada mal.

Cabe decir que lo único que hicimos durante el día fue recoger leña, frutas y buscar algo para cazar. Ni siquiera nos preocupamos en sacar la tienda porque, de todos modos, en ese estrecho bosquecillo de robles no cabía.

Cuando oscureció fue cuando vi la primera luciérnaga, seguida de varias más en una especie de procesión alrededor nuestro. Parecía casi mágico, pequeñas luces flotando irregularmente y volando entre nosotros. A pesar de que una parte de mi cerebro se estuviera preguntando qué diablos hacían luciérnagas en un sitio tan frío, logré animarme y quedar fascinada ante la inusual belleza hasta que las luciérnagas se fueron a los árboles y tuvimos que volver a encender el fuego.

Mientras Cooper estaba manos a la obra yo me fijé un una luciérnaga que se había quedado en el tronco de un árbol de mi campo de visión. De repente la luciérnaga empezó a parpadear y yo sentí una ola de curiosidad recorrer mi cuerpo ¿estaba tratando de buscar pareja? Con curiosidad empecé a contar las luces. La luciérnaga hacía tres destellos largos, luego tres cortos y tres largos otra vez.

"— ¿Ves esto, Bella? ¿Ves las luces que hace la luciérnaga?

— Sí, papi.

— Como la hemos atrapado la luciérnaga está avisando a sus compañeros de que hay peligro para que huyan. Cuenta los destellos pequeña, ¿Cuántos cuentas?

— Hum… tres largos, tres cortos y de nuevo tres largos.

— ¡Muy bien, Bella! Ahora ya lo sabes, siempre que veas esto, anda un peligro cerca y debes huír lo antes posible, ¿me oyes?

— Sí, papi, ¿podemos soltar ya la luciérnaga, por favor?

Charlie rió— Por supuesto cielo."

Tres largos, tres cortos, tres largos. Peligro. Teníamos que correr.

— Tenemos que salir de aquí, rápido —les dije empezando a recoger mis cosas.

— ¿Qué? —Evan me miró con confusión.

— Tenemos que salir de aquí, ¡ya! —le lancé a cada uno su mochila y cogí una linterna.

— No entiendo por qué… —empezó Cooper.

— ¡Moveos, moveos! —los arrastré fuera del bosquecillo y enfoqué la linterna alrededor en busca del peligro.

Fue entonces cuando vi el alud.

Agarré a los dos brazos más cercanos y empecé a correr.

— ¡Alud! —chillé— ¡Hay un alud! ¡Tenemos que correr!

Lucy, que acababa de sacar otra linterna, también vio el alud y echó a correr tirando de Evan, que el que tenía más cerca. La adrenalina corría por mis venas, evitando que tropezara, la mayoría de las veces.

Hasta este momento no sé cómo logramos salir vivos; sí aquella mañana, con sol y sin prisas nos había costado movernos, imagínate el descenso que tuvimos a oscuras, con aún más nieve y un alud pisándonos los talones.

Lo único que tenía en mi mente mientras corría era salir de allí, pero había una parte de mi cerebro que estaba preocupada con sacar a los demás con vida y que me hacía mirar de vez en cuando que todos estuviéramos a salvo. Los pobres Lucy y Evan, que iban más atrasados, tenían el alud casi encima y la cara de Lucy en un momento en que cruzamos la mirada era de la persona que se ha rendido y sabe que no logrará hacerlo. Me negué, de forma que le di mi linterna a Angelique y, urgiéndola para que corriera, me retrasé hasta la altura de Evan y Lucy para ayudarles en cuanto pudiera.

Me dolían los pies, tenía flato y me sangraba la mejilla. El anorak evitaba gran parte de las ramas, de forma que a ninguno nos arañó nada de cuello para abajo. Pero de cuello para arriba es otra cosa, porque correr montaña abajo, en un bosque, huyendo de un alud…

Solo pensaba en salir de allí, de forma que, cuando una enrome roca con forma de rampa se presentó en mi campo de visión sentí como si acabara de beber una taza de chocolate caliente.

— ¡Chicos! —grité— ¡Escondeos detrás de la roca!

"Por favor, que la peli de Mulan no sea tan solo una exageración de Disney y esto funcione de verdad" rogué a la vez que saltaba para ocultarme detrás de la gran piedra.

Menos de un segundo después de que mis pies tocaran el suelo y Angelique me arrastrara hacia atrás empezó a pasar la nieve por nuestros alrededores y por encima. Sentí como mi corazón latía con alivio y me dejé caer contra la pared de la roca que había sido nuestra salvación. Los demás, también apoyados contra la roca, observaban la nieve que corría por nuestros lados (y un poco por encima) como espesos ríos que lo arrastraban todo.

— Ahora mismo me alegro mucho de haberte hecho caso, Izzy —jadeó Cooper.

— Ya, bueno, si me hubieras hecho caso antes habríamos tenido más ventaja —resoplé.

— ¿Cómo sabías que venía un alud? —preguntó Angelique sentándose a mi lado.

— No sabía que era un alud —admití—. Sólo sabía que estábamos en peligro.

— ¿Cómo? ¿A través de otro de tus super sentidos? —dijo Cooper bromeando pero con una pizca de interés en su tono.

— No —reí—, tan solo me fijé en las luciérnagas.

— ¿Uh? —todos me miraron raro.

— Cuando era pequeña mi padre y yo atrapamos una luciérnaga —expliqué—, y mi padre me hizo memorizar la secuencia de destellos que hacía esa luciérnaga para decirle a las otras que estaban en peligro. De esa forma si estaba en peligro cerca de una luciérnaga lo sabría.

— ¡Como mola! —rompió el silencio Cooper.

— Solo lo dices porque eso te acaba de salvar la vida —le dije tomándole el pelo.

— Claro que no —Cooper hinchó el pecho, mostrándose ofendido—. Me tomo con perfecta seriedad tus super poderes raros.

No aguantamos ni quince segundos antes de que alguno de nosotros estallara en carcajadas.

.

.

.

.

Atención! Yo solo sé que las luciérnagas hacen una secuencia de destellos para avisar del peligro, pero no sé exactamente cuantos son, así que si alguna vez veis eso no os pongáis paranoicos.

Mary Mellark: Lamento no poder contestar a la mayoría de tus reviews, ¡pero mi ordenador está loco! ¡Me dice que los tengo como tres días después! ¡Las sartenes son el mejor invento creado por el hombre! ¿no crees? Y Theo...Theo tenía que morir... iba a morir tarde o temprano... ¿Te gusta lo delos caballos? Te aseguro que más tarde te gustarán aún más (ya lo tengo todo pensado), y no le iba a quitar a Bella una de sus características más importantes, ¿no? A mi también me dio pena lo de Sophie ¡y fui yo quien lo escribí! A veces no me entiendo ni a mi misma :( Jajaja, solo espero que no te castiguen por mi culpa

Besos a todos, CF98

PD: ¿Cual es vuestro color favorito? El mio el naranja.