Bueno... nuevamente ando por aqui... una disculpa por haber tardado tanto... pero mi manita nomas no queria cooperar, ahorita ando ahi mas o menos, tratare de actualizar lo mas pronto que pueda, porque nomas nadie me quiso ayudar... sniff... pero bueno, voy a seguir con la historia, no os preocupeis...
Dedicada a todas las personas que me siguen desde el principio, a quienes se añadieron recientemente... en fin, a todas las que siguen fieles... un beso enorme...
Disclaimer: Nada es mio, solo la historia... y alguno que otro desconocido que anda por ahi...
Vivan los Sly!
Enjoy!
EL NUEVO MERODEADOR
El último mes pasó como una exhalación. Mientras la casa se revolucionaba con las cosas para el bebe, Pansy sentía la angustia de no saber cómo estaría el, sintiendo la acuciante necesidad de saber, pero sabiendo que nada ganaría con angustiarse, solo hacerse sentir mal, y también a su bebe.
Caminaba por la playa frente a la casa, cuando un desgarrador dolor en el vientre le hizo doblarse sobre sí misma. Gimió sin voz, asustada y dolorida a partes iguales, cayendo de rodillas al suelo, mientras con sus manos acunaba su vientre, que se había puesto tan duro, tratando de calmar a su hijo, quien se removía con furia dentro del mismo. Soltó un grito ahogado, tratando de llamar a su "madre", pero las palabras no salieron tan claramente como pretendía. Aun así, la mujer acudió en su auxilio, tal vez porque había sentido la angustia, o porque llevaba mirándola por la ventana durante un largo rato, como venía haciendo desde hace varios días ya.
-¡Samantha!-
Pansy gimió nuevamente, doblándose aún más por el dolor. Apenas noto la humedad que se deslizaba entre sus piernas, el charco formándose a sus pies.
-¡Thomas! ¡Thomas!-
El hombre castaño salió corriendo de dentro de la casa. Con manos temblorosas la tomo en brazos, caminando con rapidez hacia la casa nuevamente. La mujer había corrido delante de ellos, dispuesta a llamar al médico. Había visto el charco sobre los pies de su hija, relacionándolo con el rompimiento de la fuente y el próximo nacimiento de su nieto. Cogió el teléfono al vuelo, mientras buscaba afanosamente la pequeña tarjetita que le había dado Claire, la amiga de su hija. Un pensamiento fugaz paso por su mente, el pensamiento de que esa chica castaña parecía más su hija que la propia, pero lo aparto ante la urgencia de llamar al médico.
Marco los números con rapidez, y mientras esperaba que contestaran, sonrió ante el próximo nacimiento, pensando entre los dos atuendos que había elegido para ese momento, sin decidirse por el azul cielo, o el verde pálido, saliendo de sus pensamientos cuando una chillona voz femenina atendió del otro lado de la línea.
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Alzo los ojos al cielo, oteando en las estrellas por algún tipo de ayuda, pensando en el dios muggle que le habían enseñado a adorar durante su infancia. Aun le quedaban varias horas de guardia, y mientras tanto, ella seguía pensando en los últimos acontecimientos.
Finalmente, había sido sincera con Ron. Los resultados habían sido los esperados, en mayor o menor grado, en este caso, lo peor que había pensado no había pasado. Si, había enfurecido, destrozando a su paso todo lo que encontraba, si, había maldecido, a ella, a Draco, a Harry. No podía olvidar su mirada azul, tan destrozada, tan traicionada, tan dolida, las palabras tan hirientes que habían salido de sus labios las esperaba, es más, era lógico que eso sucediera, pero no dolía menos.
Había contado todo, desde el principio, como habían comenzado dejando a un lado la hostilidad, reuniéndose para hacer los deberes de transformaciones que les habían asignado, pasando tiempo juntos después de que habían encontrado cómodo el compartir el espacio al estudiar, hablando sobre cosas sin importancia primero, después sobre hipotéticos acontecimientos. Compartiendo risas furtivas, pensamientos cada vez más profundos, conocimientos y gustos, miradas cómplices. Hasta que un buen día, de la nada, sin saber quién de los dos había comenzado, se besaron. Fue solo un roce de labios, pero había sido lo más intenso para ella hasta ese momento. Se observaron a los ojos, asustados y confundidos, pero antes de pensar siquiera en huir, ambos estaban enzarzados en un beso más profundo y demandante, dando y recibiendo, sintiendo miles de sensaciones a la vez.
De ahí en adelante, todo había trastocado en reuniones clandestinas y besos y caricias cada vez más ardientes, hasta que lo inevitable sucedió. Y entonces cuando todo termino y se miraron a los ojos, el sentimiento revoloteando en las superficies fue el que hablo, y las palabras sobraron.
Y entonces Ron, valiente y fuerte, decidido y tenaz, tan fiel y tan leal, le miro como si no le conociera, con el rostro desencajado, las lágrimas cayendo de sus ojos heridos. Sin decir nada más, dio la media vuelta y se perdió en la oscuridad, dejándoles a Harry y a ella sintiéndose miserables. De eso había pasado una semana.
Se sentía mal por él, pero al mismo tiempo, la pesada loza que había cargado en sus hombros se había desvanecido, dejándole la conciencia con un peso menos que cargar. Sujeto más fuerte la varita entre sus dedos, dando un vistazo por sobre su hombro hacia la tienda, donde Harry seguía echado sobre su cama, con los ojos bien abiertos, sin poder aun conciliar el sueño. Le dirigió una mirada de disculpa, pues había roto su varita, intentando escapar de la trampa de Godric´s Hollow. Suspiro, arrebujándose más en su capa, mientras seguía pensado en Draco, permitiéndose soñar despierta con sedosos cabellos rubios, tiernos y suaves labios rosados, y cálidos ojos color azogue…
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Pansy grito con todas sus fuerzas, y mientras sentía su cuerpo partirse en dos, mientras el dolor recorría su cuerpo por entero, se preguntó si así sonarían las Banshee cuando emitían esos espantosos sonidos.
Entonces lo escucho.
El llanto de su hijo resonó por toda la estancia, pero más que escucharlo, lo sintió.
Una oleada de magia recorrió toda la casa, derribando a su paso cuanto objeto que se interpusiera en su camino iba tocando. Abrió los ojos, asustada por la fuerza que sentía, mientras veía a su "madre" caer al piso, aterrada, mientras el sanador se aferraba como podía, y sostenía el cuerpecito cubierto de sangre entre sus manos.
Hermione se había asegurado de que un sanador especializado le atendiera cuando llegara el momento. Por ese motivo, había entregado a su madre la dirección de un sanador que había encontrado, quien era mestizo y atendía tanto a muggles como a los pocos magos que se encontraban en el lugar. Era necesario así, puesto que siempre que nacía un niño mago, había esa clase de acontecimientos, y no quería que tuvieran problemas si un doctor muggle los atendía, al ver las manifestaciones de la magia.
El sanador camino hacia donde estaban las mantas blancas y el agua que había pedido. Limpio y reviso al niño con profesionalidad, y mientras se lo pasaba a la abuela, para que le vistiera, él se dedicó a limpiar y revisar a la madre. Sylvia Jones (antes Jane Granger) observo al niño entre sus brazos, sintiendo como si el momento anterior ella también lo hubiera vivido, pero en otras circunstancias. Para su asombro, no se asustó tanto como debería, sintiendo nuevamente que eso era conocido por ella hasta cierto punto.
Ya con el niño bien vestido y abrigado, camino hacia su hija, quien la miraba expectante, entregándole el pequeño bultito. Pansy lo recibió con reverencia, como si fuera el más grande y valioso tesoro sobre la tierra, y lo destapo con lentitud, para comenzar a revisarlo, contando y besando cada dedito de manos y pies, revisando su rostro, torso, y hasta sus genitales, asegurándose que estuviera bien y completo. Después, acaricio con infinita ternura la pequeña cabecita, donde la pelusilla oscura se alzaba alborotada, haciéndole sonreír entre lágrimas. Era un Potter, después de todo.
Y entonces, el pequeño abrió los ojos, adormilado al principio, después, observándola fijamente, como si fuera lo más interesante del mundo. Y ella quedo maravillada por sus ojos, de un verde tan brillante, aun más brillantes que los de su propio padre, un verde tan brillante como el de un Avada Kedavra.
Sacudió la cabeza, tratando de liberarse de esos pensamientos, mientras veía como su hijo seguía observándola atentamente, y después, la lánguida y somnolienta boquita se había abierto en una pequeña sonrisa, tierna y contenta, su primera sonrisa, que fue para ella, antes de que finalmente cerrara los ojitos y se quedara profundamente dormido entre sus brazos. Y entonces ella había roto en llanto, pensando en que lo había hecho bien finalmente, y pensando en cuanto le gustaría que Harry estuviera en esos momentos a su lado…
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Cuando la esfera suspendida sobre su pecho se puso excepcionalmente caliente, Hermione supo que el pequeño James estaba por nacer. Corrió hacia la carpa, llamando a Harry en el proceso. El moreno salió con rapidez, alerta a cualquier ataque, a pesar de no tener varita en ese momento.
-¡Harry!-
-¿Qué pasa Hermione?-
-¡Tu hijo! ¡Está por nacer!-
El moreno no alcanzo siquiera a procesar completamente las palabras, simplemente se dio la media vuelta y comenzó a recoger sus cosas, mientras ella comenzaba a mandar un mensaje por medio del galeón encantado. Segundos después, recogido todo el campamento, se desaparecieron hacia su destino, dejando tras de sí solamente un rastro de que ahí había estado un humano.
Si hubieran tardado un par de minutos más, hubieran sido alcanzados por el mago pelirrojo, que los buscaba afanosamente, tratando de encontrarlos para continuar su búsqueda….
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Harry le sonrió a su reflejo en la ventana. El pequeño bulto entre sus brazos se removió inquieto, suspirando y gimiendo quedamente, hasta quedarse quieto nuevamente. Sus ojos verdes se deslizaron al cuerpecito de su hijo, clavándose en los pequeños de similar color, que lo miraban curiosos. Sonrió con ternura, acariciando su sonrosada mejilla con un dedo, sintiendo la suavidad de la piel bajo la suya tan tosca.
Una pequeña manita se aferró a su dedo, apretando con fuerza, mientras él se maravillaba por los pequeños deditos de uñas tan diminutas, largos y elegantes, como eran los de su madre, nada que ver con los suyos, cuadrados y toscos. Sonrió divertido cuando la pequeñísima nariz se frunció del mismo modo en que lo hacia la de Pansy cuando algo le molestaba, y contuvo una carcajada cuando un tierno puchero se dio sobre los labios rosados, seguido por el gimoteo dolorido de quien tiene alguna necesidad y no encuentra otra manera de hacerla notar más que soltar un estruendoso llanto… el mismo que en ese momento se dejaba oír en la recamara.
Pansy despertó de inmediato, y él le paso al pequeño con rapidez, tratando de evitar el llanto con prontitud. Vio a su mujer bajarse el camisón, dejando a la vista uno de sus deliciosos pechos, para poner a su hijo a la altura de este, mientras el chiquillo comenzaba a mamar con fruición, haciendo pequeños sonidos graciosos. Aparto la mirada, dándole un poco de intimidad a su esposa, mientras se reprendía un poco por los pensamientos nada apropiados, sonriendo como bobo cuando pensó en que lo de su esposa sonaba maravillosamente bien.
La puerta se abrió en esos momentos, dando paso a la feliz abuela, quien llevaba el desayuno para los recién estrenados padres. Le sonrió de vuelta, mientras clavaba nuevamente la mirada hacia afuera, viendo con melancolía a la pareja que paseaba por la playa abrazados, agradeciendo a Merlín ese momento de paz tan necesitado…
Bueno, hasta aqui por hoy, prometo no desaparecer tanto tiempo... un beso a todas...
Gracias mil por leer...
