Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer, la historia es completamente mía


Inevitable

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"La motivación nos impulsa a comenzar y el hábito nos permite continuar."

Alice no volvió a casa.

Luego de la discusión con Edward y de que él se marchara molesto conmigo estuve el resto del día esperando a mi hermana . Quería hablar con ella, intentar comunicarle lo mucho que sentía haberla dañado, que jamás fue mi intensión hacerlo, sin embargo, ella jamás llego.

Y mientras esperaba por ella junto a nuestro improvisado árbol de Navidad y recordaba la mirada de dolor que Edward me había dado antes de marcharse, diciendo con sus ojos lo mucho que le había dañado con mis palabras, pude sentir la soledad penetrando cada muro de mi ser.

Antes me había sentido sola, pero nunca como ahora. Navidad siempre había significado algo especial para mí... y ahora no era nada más que un conjunto de sentimientos cargados de pesar y desconsuelo.

Mis padres estaban en alguna parte del mundo, viviendo sus vidas de forma separada, ignorando mi existencia... y no podía culparlos por seguir adelante, porque yo no existía más que en una dimensión extraña donde solo Edward podía notarme.

Edward...

Pensé en el chico que intento ser mi amigo y que había venido en Navidad simplemente a conversar conmigo, dejando atrás a sus amigos y familia. ¿Y para qué? Solo para ser victima de mi enojo, recibiendo las más crueles palabras que yo jamás había dicho a nadie. Soportando con valentía mi frustración. La culpabilidad caía sobre mis hombros como un saco de plomo y dolía, dolía saber que no solo había dañado a mi pobre hermana, sino que también a Edward.

¿A cuántas personas más tenía que dañar antes que el juego terminase?

Miré el cielo a través del ventanal de la sala, ya estaba oscuro. El milagro de Navidad jamás había llegado. Pensé en la diferencia que existía entre las navidades de antes de mi muerte y la de ahora.

Entre ambas había una brecha imposible de acortar. Un abismo inmenso marcaba ambas épocas de mi vida, en una existía una familia, una unión que parecía inquebrantable, en la otra no había nada más que soledad. Y muchos sentimientos de dolor. Nunca antes había imaginado llegar a este punto, mis temores más profundos me estaban atacando, uno tras otro, golpeando mi alma, quitando a mordiscos lo poco de vida que quedaba dentro de mí.

Sentía que me ahogaba dentro de un mar de pesar. Sin saber que hacer, ¿Había alguna salida, alguna escapatoria para un alma en pena? ¿A quien debo recurrir cuando todas las personas a las que he amado se han marchado? ¿Donde estaba Dios en estos momentos...?

No lo sabía.

Nadie jamás me había enseñado esto, nadie me hablo de lo duro que sería morir y renunciar a tu familia. Me odiaba a mis misma por estar aquí, Alice tenía razón al molestarse conmigo, no podía entender como, pero de alguna manera mi presencia había afectado a mis seres queridos. Si Alice y Edward podían sentirme, mis padres también podían, quizás de otra manera diferente a la de Edward y Alice... pero lo hacían. Quizás era yo misma quién los había empujado hacia el acantilado en el que estaban.

Tal vez era yo quien realmente no dejo que ellos fueran felices.

Porque conmigo presente ellos jamás podrían superar mi muerte. Yo siempre estaba allí, mirándoles, esperando que ellos me olvidasen... y cuando ellos parecían estar tranquilos yo hacia algo para llamar su atención. ¡Mírenme!, les gritaba. Quería que me miraran, que viesen que aún vivía... ¿Pero para que? El dolor de perderme era grande, ellos habían sufrido demasiado... y sin embargo yo les obligaba a seguir sufriendo. Los obligaba a sentirme, a que vieran que yo siempre estaría allí, recordándoles cada día, minuto a minuto lo que habíamos perdido con mi muerte.

Era mala... y egoísta.

La verdad llego a mi cabeza como un cubo de agua fría. O peor, se sentía como si me hubiesen arrojado acido sobre mi piel; doloroso, letal.

Sollocé en silencio. Apreté mi cabeza con mis manos y cerré los ojos rogando por un poco de piedad. Rogando por escuchar alguien que me consolase..., aunque ya sabía que nadie vendría en mi auxilio. Había tenido la oportunidad de tener un amigo -Edward- y lo había arruinado por completo. Ahora tenía que soportar la culpa en soledad.

No sé cuanto tiempo exactamente estuve llorando, retorciéndome sobre el piso buscando un poco de satisfacción. Lo único que supe del mundo exterior fue cuando al día siguiente llegó la muchacha encargada del aseo. Ella no me miró, ni siquiera se detuvo a ver qué hacia el bulto celeste sobre el piso, simplemente abrió el ventanal y mascullo algo de "Olor a encierro" , y luego se marcho a la cocina. Luego de eso me marché a mi cuarto y me escondí detrás de los percheros de mi armario, mi mente me decía que allí nadie me vería... y eso era exactamente lo que quería. Había tomado la decisión de recluirme para siempre en mi armario. Ya no podía seguir en el mundo de los vivos, tenía que asumir de una vez por todas que ya no pertenecía a ese mundo.

Ya no tenía hogar... y era hora de dejar que el resto siguiese adelante.

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El sonido de la música se mezclaba con nuestros gritos de euforia, la gran cuenta regresiva estaba comenzando y todos estábamos reunidos bajo el enorme televisor viendo al presentador desde el Time Square, dando el inicio al año 2013. Finalmente nadie había muerto, cualquier mito Maya había sido aplastado con el inicio del nuevo año...
Una chica se apretó contra mí, sentí sus dedos clavarse contra mi cadera y no me importo. Sonreí hacia donde suponía que estaba su rostro, alentándola a mantener su agarre.

Cinco... cuatro... tres... dos... uno... ¡Feliz año nuevo, bienvenido 2013!

Estallaron los vitoreos, gente gritando y yo uniéndome a la euforia colectiva aún cuando no me sentía tan optimista con respecto al nuevo año que se avecinaba. Sentí unos brazos rodear mi cuello con fuerza y el fuerte perfume de la chica que estaba a mi lado llego a mis narices. La abracé de vuelta sintiendo su cuerpo pegarse al mío. Por encima de todas las luces parpadeantes pude ver su rostro, era una chica bonita... no pasaba de los veinte... aunque por su cargado maquillaje parecía ser un poco más grande.

─Hay que seguir la tradición─ grito por sobre el ruido de la música con un marcado acento texano─¡Tenemos que besar a la primera persona que veamos este 2013...!─ y sin decir nada más pego sus labios sobre los míos.

Lo primero que pensé al sentir como sus gruesos labios jugaban sobre los míos fue "Guau, lleva mucho labial" , pero eso paso a segundo plano cuando la sentí llevar su mano hacia la parte trasera de mis jeans.

De inmediato mi sentido de alerta se disparo y me encontré a mi mismo empujando a la chica lejos de mí.

¿Qué pensaba? Yo no era un niño rico, me había criado en las calles y sabía cómo funcionaban las chicas y sus trabajos. Ella abrió los ojos asustada al verse descubierta, la vi analizar la salida de escape más segura, negué con la cabeza tomando con fuerza su mano mientras sentía como las personas a nuestro alrededor se empujaban unos con otros para "celebrar el año nuevo". Ella trato de escapar, pero mi agarré era seguro. Sin decir nada más la lleve a la salida del lugar donde reconocí a un grupo de chicos con los que solía salir algunas veces.

Ellos me saludaron con un asentimiento de cabeza.

─¡Eh, Edward! Feliz año nuevo amigo ─dijo Peter levantando una botella de cerveza. Luego miró a mi pequeña acompañante y silbo por lo bajo─¿Y ella quien es...? Jamás la había visto antes.

Claro que no. Era obvio que esta chica no pertenecía a los nuestros. Ninguno de nosotros sería tan estúpido para tratar de robar en medio de una celebración.

─Pues llévatela de aquí, esta niñita ha intentado robarm e─dije hastiado empujando a la chica hacia los brazos de Peter. Mi amigo la tomo con agilidad, escuché a la chica sollozar producto del pánico, pero no me importo. Ella se lo había buscado.

─Así que tienes manos rápidas─ se burlo Peter pellizcando sus manos, logrando que la chica comenzara a llorar─ Uh, ¿Puedo quedármela? Necesito alguien con quien estrenar mi coche nuevo.

La chica se remeció en sus brazos y me dio una mirada de suplica. Yo podía ayudarla, con solo un par de palabras Peter la dejaría en paz y ella podría marcharse a casa... con su virtud - si es que tenía una, intacta- ¿Pero porque haría eso? Había aprendido que siendo buena persona no lograba nada.

─Haz lo que quieras con ella-─dije girando sobre mis talones para volver a la fiesta.

Peter rio a mis espaldas y agregó algo más, pero con el sonido de la música me fue imposible escucharlo. Me reincorporé a la multitud intentando ignorar la pequeña voz que me decía que lo que había hecho no estaba bien. Me acerqué a la improvisada barra donde un trío de chicas bailaban sensualmente al tiempo que mezclaban el alcohol en sospechosos vasos azules. Le sonreí a una de ellas, quería beber y perderme del mundo por un rato.

─ Hey guapo ─ronroneo la chica batiendo sus largas y postizas pestañas al tiempo que se inclinaba hacia mí dándome una buena vista de su delantera─ ¿Que quieres que haga por ti?─ su invitación sexual estaba explicita detrás de sus palabras. Me incliné hacia ella dejando que una de mis manos descansara sobre su muslo descubierto, ella suspiro y sonreí feliz por su respuesta.

─Solo dame un trago preciosa─ dije acercándome a su oído─ Lo más fuerte que tengas.

Ella asintió girando sobre sus largas piernas. La vi tomar varias botellas y sonreírme con descaro al tiempo que bailaba y mezclaba el alcohol para mí. A mi alrededor podía escuchar los gritos de los hombres que pedían más alcohol y menos ropa, las chicas solo sonreían y mantenían sus poses seductoras, ignorando las manos que trataban de colarse dentro de sus delgadas pantaletas. La chica que me atendió volvió a los segundos. Me tendió el vaso con el licor y sutilmente deslizo un papel en mis manos.

─Trabajo los viernes y sábado hasta las 3... cualquier noche que pases estaré libre.

Le sonreí con cortesía, no queriendo rechazar su invitación. Después de todo no estaba en ninguna relación seria y cualquier fin de semana podía perderme con esta encantadora chica en cualquier cuartucho de motel barato. Tal vez eso me sirviera para relajarme un poco. Asentí tomando mi trago y alejándome de la barra hacía un lugar menos concurrido, lo cual era difícil de encontrar en un lugar como este.

Finalmente me recluí casi al final del lugar, fuera de las mesas que estaban siendo usadas como camas improvisadas y de donde provenían la mayor parte del ruido del lugar. Bebí en silencio, disfrutando del ardor que provocaba el alcohol al pasar por mi garganta. No sabía que había puesto esa chica en mi vaso... y realmente no me importaba. Mientras sirviera para quitarme toda la mierda que sentía sobre mí... todo estaría bien.

Pero no lo estaba y yo lo sabía. Mientras bebía solo, alejado del resto y escuchando cientos de promesas de amor eterno lo único que podía pensar era en lo mal que me sentía. No era el alcohol, era algo más... interno y profundo que cualquier licor que pudiese ingerir. Tampoco era la chica que me había intentado robar y lo que Peter y ella estarían haciendo en su coche, ni siquiera la espectacular morena que me había dado su numero de telefono, era más...

Y mi mal tenía nombre y apellido; Isabella Swan.

Sacudí la cabeza queriendo apartar sus ojos vacios de mi mente, pero no podía. Ella estaba conmigo donde quiere que fuese, la veía en todos lados; cuando escuchaba la radio me parecía tenerla a mi lado comentando lo mal que le parecían las bandas con baterias y gritos, cuando miraba televisión parecía que ella susurraba a mi lado lo mucho que le gustaban los hombres rubios y luego cuando comía recordaba el mohín que ella hacía al decir que ella no podía comer...

Era enfermo.

Ella no quería verme y yo debía aceptar eso. En Navidad ella había dejado más que claro que yo no era alguien grato para ella, y aunque ella se había disculpado yo aún podía escuchar sus palabras golpeando mi cabeza con la fuerza de un camión. Por eso mismo había decido no buscarla... darle todo el maldito espacio que ella necesitaba para no tener que soportarme. Claramente eso me dolía y enojaba. Ella había herido mi orgullo... y mucho más.

Además de todo eso... también estaba Esme. Mi madre estaba loca con el tema de la universidad, ella sabía que no había postulado a ninguna universidad y estaba preocupada. Ya había perdido 2 semestres, y si no tenía universidad antes de Agosto volvería a perder otro semestre...

Y realmente yo no sabía qué hacer.

La universidad no me parecía algo importante, yo podía trabajar en cualquier cosa... pero era el sueño de mi madre. El dilema era grande, además... ¿Que podría estudiar? No me gustaba nada. Medicina había sido mi sueño cuando apenas era un crio, pero rápidamente me di cuenta la medicina era para las personas que asistían a mejores escuelas y que sus calificaciones rodeaban lo celestial, todo lo contrario a mí. No era que mis calificaciones fuesen malas, pero sinceramente jamás fui seleccionado como "el mejor de la promoción" y nada de eso. Yo era más que nada un alumno promedio dentro de una escuela promedio. Ningún maestro había esperado más de mí y yo tampoco lo había hecho, me conformaba con pasar las materias y no llevar F en mi informe final.

─ No sabía que estabas aquí.

No tuve que voltear hacia el dueño de la voz para saber de quién se trataba. Jasper siempre ha poseído una voz peculiar, no sé si es el tono o la melodía con la que parece arrastrar cada letra, o quizás su tenue acento texano, pero definitivamente no suena igual que el resto.

─Me llego el rumor de una fiesta y bueno, aquí estoy─ dije bebiendo─ ¿Y tú? Me dijeron que ya no sales con los chicos.

Había hablado con Rose durante la semana luego de que ella me llamara para que la recogiese en la comisaría, se había metido en una discusión con una tipa que trato de robar su camioneta mientras ella compraba café. O eso fue lo que ella me dijo. Habíamos hablado durante un buen rato, era la primera vez que veía a Rosalie lo suficientemente sobria como para hablar acerca de su hermano menor y de lo preocupaba que estaba.

No quise decirle que quien más me preocupaba era ella y su adicción por los fármacos. En fin, ella me hablo acerca de lo ausente que estaba Jasper y como él buscaba cualquier excusa para viajar… al parecer la enfermedad de su prima en Texas había sido una sencilla excusa para que él se marchase un par de semanas de casa.

Yo lo entendía, a diferencia de Rosalie , quien parecía de lo más conforme con su relación enfermiza con su padrastro podía entender que Jasper quisiese escapar un poco. El crio apenas tiene 17 años y se siente asqueado con todo lo que vive, lo mismo que me pasa a mí. Solo que él tiene más razones para tomar un arma y darse un disparo. Yo tengo a Esme… él no tiene a nadie más que a su loca hermana.

Jasper se encogió de hombros, restándole importancia.

─ Supongo que los chistes de Emmett ya no surgen el mismo efecto─ murmuro sentándose a mi lado.─ Me enteré que tuvieron una discusión.

Las noticias volaban rápido entre nosotros.

─ Él hizo algo que no me gusto.

─ Ustedes siempre hacen cosas que a mí no me gustan y no por eso los golpeo.

No me asombro descubrir que él estaba molesto conmigo. Usualmente Jasper siempre lo está, y no sé si es porque me culpa secretamente de que su hermana este metida con Emmett o porque esta colado por Alice. Cualquiera de las dos opciones apesta.

─ ¿Si supieras que él entro a robar a casa de Alice lo hubieses dejado marcharse así como así?─

Leí en sus ojos la sorpresa seguido por una sacudida de enojo. Me golpeé a mi mismo por ser tan idiota. No era costumbre nuestra andar soplando al resto. Si teníamos problemas entre nosotros lo arreglábamos y punto.

─ Rosalie me dijo que fue porque Tanya se había lanzado a Emmett.

─Perdóname Jasper… pero tu hermana es una perra mentirosa. Además tú sabes que ella haría cualquier cosa por tapar a Emmett, incluso meterte a ti en prisión.

Jasper asintió con un gesto de dolor. Él sabía que yo no mentía. Rosalie solía jugar chueco cuando se trataba de Emmett.

─Tal vez ella no sabía la verdad… tal vez Emmett también le mintió─ la esperanza reflejada detrás de la voz de Jasper me provoco un sentimiento agrio en el pecho. Lo miré con tristeza, no queriendo arruinar sus ilusiones al contarle que Rose si sabía que Emmett había robado en casa de Alice. Escuché a Jasper suspirar─ No digas nada, es estúpido que intente defenderla… ¿Ella lo sabía verdad?

Asentí con precaución.

─ ¿Has visto a Alice?─preguntó luego cambiando el tema.

Negué.

─ Uhm…

─ Alice y yo no tenemos nada─ dije.

─ Lo sé, siempre he sabido que ella y tú jamás pasareis de un revolcón en algún rincón oscuro, el problema es que ella lo entienda. Y que tú dejes de darles ilusiones ─dijo con voz dura.

Rehuí su mirada, culpable.

─ Ya no le daré más ilusiones, estoy intentado mantenerme alejado… lo prometí─ al decir esto último mordí mi lengua. La promesa que le había hecho a Bella…

─ Supongo que debo creerte.

─¿Aún te gusta?─pregunté con curiosidad. Jasper bajo la cabeza avergonzado y sentí mis labios curvarse─ Eres tan idiota, ¿Se lo dirás algún día…? ¿Antes que cumpla los treinta?

Jasper me dio un golpe amistoso en el brazo.

─No es fácil tratar con una niña encaprichada con otro idiota─

─Gracias por lo que me toca.

─Edward, eres un idiota, acéptalo. Pero volviendo al tema… supongo que algún día le diré mis sentimientos, solo estoy esperando a que ella este sana. No quiero que empecemos algo solo para sacarte a ti de su cabeza, yo no juego así.

─Lo sé.

Yo sabía que Jasper era honesto. Y que si él intentaba algo con el demonio menor no lo haría como yo, él la quería para más que solo un juego. Solo esperaba que Alice pudiese aceptar eso… y retribuirle de la misma forma. La lucha de Jasper era dura, no era solamente conquistar a una chica alborotada, Alice estaba rota por dentro… y él tendría que curarla.

─ Sus padres no estaban en Navidad con ella─ dije. Jasper me miró con dureza, pude leer la pregunta en sus ojos azules "¿Qué coño hacías en su casa?"─ No estaba haciendo nada que tenga que ver con ella, no te preocupes.

─¿Entonces? ¿ Que hacías en su casa?

Medité la idea de contarle de Isabella. Jasper es sin duda un chico centrado e inteligente, él sabría de inmediato que yo no mentía, pero aquello también traería otras consecuencias. Tendría que contarle que Alice también la sentía… y no sabía si eso sería bueno para ella. ¿Qué pasaba si él la encontraba loca y luego decidía que ya no le gustaba? Bella me mataría si supiese que aleje a un chico bueno que gusta de su hermana.

─ Todos tenemos secretos Jazz, y el mío lamentablemente no solo me pertenece a mí. Lo siento.

─¿Te estás acostando con ella?

─¡No!─grité─ Te he dicho que no la he visto.

─Pero estabas en su casa─ dijo con sorna─ Mira Edward, yo no soy ningún idiota. Y no me gustan las mentiras.

─ No te estoy mintiendo Jasper, estaba ahí por una razón… no te puedo decir, pero te prometo que no era por Alice. No estoy interesado en ella, ni siquiera de la forma de la que estas imaginando.

Jasper chasqueo la lengua no muy convencido, no agregué nada más. Algo me decía que mientras no le dijese a Jasper toda la verdad él no me creería ni media palabra. Lástima, porque yo no le diría nada más. Él tendría que contentarse con eso.

─ Creo que es mejor que me vaya ─dije bebiendo el resto de mi bebida─ Nos vemos luego.

Jasper asintió, dejándome marchar. Arroje el vaso en el piso y acomode mi chaqueta para enfrentarme al frio de la noche. Podía quedarme y celebrar el año nuevo, pero sería inútil, ya no tenía ánimos de celebrar nada.

Afuera corría un viento helado típico de este tiempo, escondí mis manos dentro de mi chaqueta y apresuré el paso. Ni siquiera intenté localizar un taxi, no me apetecía quedar estancado en un atasco de año nuevo, así que me limite a caminar por las concurridas calles.

De vez en cuando me topaba con alguna chica ebria que agitaba sus brazos a modo de saludo. El viaje de vuelta a mi casa se torno difuso entre tantas personas que se acercaban con la excusa de dar el abrazo. Durante el trayecto que camine hasta mi casa di más de quince abrazos a completos desconocidos… y cuando al fin divise el bloque de edificios a punto de derrumbarse no pude nada más que soltar un suspiro de alivio.

Nunca antes había estado más feliz de entrar a la pocilga que llamábamos hogar.

No me sorprendí al ver a la mayor parte de mis vecinos asomados en sus balcones, riendo y soltando palabrotas mientras invitaban a los demás a pasar a sus casas. Así eran todos en año nuevo, todos alegres y llenos de energías para comenzar un nuevo año, parecía que su saco de optimismo estaba lleno durante las fiestas, lástima que su optimismo apenas y alcanzaba para cubrir la primera semana de Enero.

─Hola Edward─

Una de mis pequeñas vecinas latinas del primer piso me saludo con una enorme sonrisa. Le sonreí en respuesta.

─Feliz año nuevo María─ dije agachándome hasta quedar a la altura de la pequeña niña que beso mis mejillas con un fuerte beso─ Espero que este año te portes bien.

─Claro Edward, este año seré la mejor de mi clase. Mamá dijo que si me porto bien… el otro año podremos ir a Disney… ¿Te imaginas? Podría conocer a Mickey.

Mantuve mi sonrisa buscando a la madre de María que miraba con atención desde la puerta de su departamento. Ella no hablaba inglés, por lo que con todo mi esfuerzo trate de pronunciar unas palabras en español a lo cual ella sonrió con diversión. Ni siquiera quise preguntar qué estupidez había dicho.

─Nos vemos María─ dije caminando hacia las escaleras─

─¡Saludos a tu madre, dile que baje a saludar!

─Así le diré.

Subí las escaleras lentamente, la caminata había despejado mi mente, pero aún podía sentir los efectos del alcohol dando vueltas por mi organismo.

En mi piso estaba el resto de mis vecinos junto a mi madre, todos apoyados en las murallas mientras bebían algún licor de segunda mano. Mi madre al verme avanzo hacia mí y beso largamente mis dos mejillas. Casi pude escuchar la burla del resto de mis vecinos al ver su ataque de afecto.

─ No pensé que vinieses tan temprano─ dijo mi madre alejándose de mí─ Pero estoy feliz, así por lo menos podemos empezar este año juntos.

Sus usualmente pálidas mejillas estaban sonrosadas producto del frio y del alcohol y en ese momento mi madre me pareció la mujer más hermosa del mundo.

─ Feliz año nuevo mamá─

Esme sonrió, y pude ver como sus ojos enrojecieron producto de las lagrimas contenidas. Sentí el impulso de reír por su sentimentalismo, pero rápidamente acordé que eso no era lo más adecuado.

─Estúpido niño─ mascullo secándose las lagrimas─ Siempre me haces llorar.

─Eres demasiado sensible para tu propio bien mamá─ dije sonriendo.

Ella bufó.

Nuestros vecinos habían vuelto a sus conversaciones para darnos un poco de espacio y les agradecí en silencio el gesto.

Luego de nuestras breves palabras mi madre volvió a ser la estrella indiscutible de la conversación haciendo participes a todos los presentes de la fiesta. Me mantuve con ellos durante un buen rato, disfrutando de la alegría de mi madre, pero luego comencé a sentir un leve mareo y decidí que definitivamente la chica del bar me había dado lo más fuerte que tenía.

Me acerque a mi madre y murmuré en su oído para que nadie más escuchase;

─Me voy a dormir, el licor que tomé en la fiesta ya está haciendo efecto.

─¡Pero si ni siquiera son las tres de la mañana!─

Me encogí de hombros.

─ Uh, está bien… vete a dormir. Yo me quedaré con nuestros amigos…

─Diviértete─ dije abriendo la puerta de nuestro departamento.

A diferencia del pasillo, el departamento estaba un par de grados más caliente que afuera. De inmediato me saqué la chaqueta y la colgué detrás de la puerta, junto con el resto de nuestros abrigos. Luego de dejar la chaqueta caminé hasta la pequeña sala donde mi madre había dejado unos pequeños bocadillos.

Tomé un par y me los metí a la boca disfrutando el sabor picante. Me fui masticando los dulces hasta mi cuarto donde termine por desnudarme y arrojarme a la cama.

─Feliz año nuevo Edward─ musité a la nada mientras sentía como mi cabeza daba vueltas. ─ Espero que este año puedas hacer algo más que nada… si por lo menos no entras a la universidad… tal vez podrías buscar un trabajo.

Mientras musitaba estas palabras sentía como mi cabeza se mezclaba con distintas imágenes, el manto del sueño estaba envolviendo mi mente, solté un suspiro mientras que el rostro de mi madre y el de Bella llenaban mi mente.

Uh, dulces sueños Edward.

La decisión de conseguir un empleo murió el segundo día de búsqueda. Había golpeado cada puerta, y tachado cada anuncio del periódico, siempre recibiendo la misma respuesta.

"Necesitamos gente con experiencia"

Genios, ¿Cómo iba a conseguir la experiencia si nadie me daba un maldito empleo?

─ Supongo que hoy no te fue muy bien─ dijo mi madre a modo de saludo mientras que yo entraba al departamento.

─ Odio a todos en esta maldita ciudad ─dije dejándome caer en el sillón─ ¿Sabes que para trabajar en comida rápida también se necesita experiencia? Como si freír hamburguesa fuese la cosa más difícil del mundo.─ mascullé rodando los ojos.

Esme rió.

─ Mañana encontraras algo─ dijo mi madre con aquel tono conciliador y esperanzador de siempre. Uh, a veces odiaba su lema de vida "Si te esfuerzas por algo… siempre llegaras lejos" ─ Me contaron que en el centro comercial hay muchos puestos vacantes.

─¿Cuál de todos los centros comerciales? Creo que he visitado todos.

─No seas exagerado, apenas llevas dos días buscando empleo. Es lógico que no encuentres de inmediato.

─ Dos días, 48 horas… es un preciado tiempo que jamás volverá.

─Lo que digas, ayúdame a servir la cena─

Me puse de pie, no sin antes mascullar algo en voz baja ganándome una helada mirada por parte de mi madre. La cena consistía en nada más que el resto de la cena de antenoche, un poco de pollo y arroz frio. Esme lo había recalentado en el microondas y picado un poco de ensalada sobre él, pero aún así, el sabor a comida añeja era notorio.

─Espero el día en que dejemos el recalentado─ dije dando una cucharada a la comida.

─ Estudia y podremos dejar todo esto.

Touché.

─Me gusta el recalentado─ dije tragando el arroz con dificultad.

El resto de la cena trascurrió en silencio. Mi madre me contó los problemas que estaban teniendo en la florería con el clima, últimamente habían pocas personas que compraban flores y su jefa estaba pensando seriamente en cambiar el rumbo de su empresa.

La dueña de la florería donde mi madre trabaja es una mujer de treinta y tantos años, viuda al igual que mi madre y con una extraña personalidad. Irina es tan estrafalaria en su modo de pensar que muchas veces he pensado que es familiar de Willy Wonka. No solo por extraña manera de vestir, si no por sus deseos de convertir su florería en la florería más prospera de todo Seattle.

─ ¿Y a que quiere dedicarse?─pregunté con curiosidad, realmente esperaba que Irina dejase su florería para comenzar a vender listones y alguna otra estupidez que ella pensase que fuese indispensable en la vida del ser humano. (La mayoría de las veces esta muy equivocada)

─ Quiero abrir su propio café.

─¿Ah?─ pregunté confundido─ ¿Un café? Eso suena tan… Anti- Irina. Es demasiado cuerdo para tratarse de una de sus ideas.

Las mejillas de mi madre se sonrosaron.

─¿Fue tu idea verdad?─

─ Mira Edward, conozco a Irina desde hace años… y ambas queremos cambiar un poco nuestra rutina. Somos jóvenes y podemos empezar un nuevo negocio juntas.

─¿Un negocio, un negocio en común? Mamá, ella es tu jefa.

─ Ya no lo es─ dijo sonriendo─ Estoy despedida.

No supe que decir, ni siquiera podía hilar cualquier pensamiento más que "Estas despedida". ¿Mi madre despedida? ¡Ella amaba su trabajo!

─Tranquilízate Edward─ ordenó mi madre apretando mi mano por sobre la mesa─ No es tan así como parece. Irina y yo queremos comenzar el negocio del café, y ella quiere que seamos socias. No quiere ser mi jefa, ¿Lo entiendes? Es una gran oportunidad la que me está dando.

─Pero… tú amas las flores.

─Edward, yo amo trabajar con Irina. Si trabajásemos vendiendo dulces yo me sentiría igual de feliz. Te aseguro que soy una de las pocas personas del mundo que se sienten a gusto con su jefa… además, abrir un café siempre fue uno de mis sueños.

─Pero Irina odia las cosas convencionales.

─Por eso mismo el café tendrá la opción de ser un centro artístico─ Ella sonrió─ Tú conoces a Irina, sabes lo … divertida que es. Ella encontró mi propuesta muy interesante pero ella también quería poner un poco de su locura en todo esto… así que decidió hacerlo un centro de artístico. Ya sabes, un poco de karaoke, un poco de lectura… un poco de pintura. Y a mí la idea me fascino.

─¿Y el dinero? Para empezar un negocio deben tener capital.

─Lo tenemos Edward, no tienes de que preocuparte. Lo hemos pensado durante años, solo que ahora hemos decidido dar el paso.

─ ¿Y que pasa si no funciona? ¿Perderan todo ese dinero?

─No tienes que ser tan pesimista Edward. Todo saldrá bien, te lo prometo. Además con las ganancias podemos abrirte una cuenta para que asistas a la universidad, ¿No es asombroso?

Universidad.

─Me voy a mi cuarto.

─No puedes huir siempre hijo, tienes que asumir que ya no eres un niño y que la mejor opción para ti es que asistas a la universidad.

─¿ Algún día dejaras el tema? Estoy harto. ─dije golpeando la mesa con mis puños. El rostro de mi madre se tenso con temor─ Disculpa. Creo que es mejor que hablemos más tarde…

Y sin esperar su respuesta me puse de pie y caminé a mi cuarto.

Me molesta discutir con mamá por el tema de la universidad, ¿Es que acaso ella nunca sacara esa estúpida idea de su mente? Es realmente molesto tenerla a cada instante recordándome que las postulaciones iban a cerrar y que ninguna universidad me había aceptado. ¿Ella no podía entender que lo mío no era eso? En la vida habían diferentes personas; personas que son hechas para el trabajo, personas que están hechos para estar escondidos detrás de grandes libros… y otras personas que jamás destacaran en nada, yo pertenezco al último grupo. Y estoy feliz con eso. ¿Acaso no es más fácil conformarse con lo que tienes a esperar algo que jamás tendrás?

Rodé sobre mi cama tratando de buscar una respuesta clara a todas las dudas que asaltaban mi mente. No es fácil encontrar una solución a los problemas, por cada pensamiento más o menos claro que cruza mi mente, aparecen veinte nebulosas llenas de más incertidumbre y caos.

Pero yo estaba intentando salir adelante, había resuelto que no podía seguir un vago, y que si no iba a la universidad lo mínimo que podía hacer era buscar un empleo a tiempo completo… pero esa intención estaba muriendo rápidamente al no encontrar más que negativas en cada puerta que tocaba.

Suspiré con frustración.

¿Encontraría algún empleo mañana? Solo el destino lo sabría.

Mientras caminaba por las calles nubladas de Seattle, con las manos metidas dentro de la chaqueta y escuchando música en mi viejo Ipod, mirando cada escaparate de las tiendas, esperando encontrar algún letrero que indicara que necesitaban personal, pensaba en Bella.

¿Novedad o simplemente insistencia de mi cerebro? Ni idea.

Me había levantado esta mañana con la intención de terminar el día obteniendo un empleo, había tomado mis cosas y me había marchado rumbo al centro de la ciudad en busca de alguna posibilidad. La idea era que buscando un empleo pudiese sacar a Isabella de mi mente, pero no estaba dando resultado.

Cada lugar parecía estar recordarme a la chica con vestido celeste. Y mientras veía a las muchachas caminar a mi lado lo único que pensaba era ; ¿Cómo sería ella si estuviese vivía?, me gustaba imaginar que ella y yo nos hubiésemos conocido de alguna forma y tal vez… hubiésemos sido amigos. Pero todo era mera fantasía. Que yo conociese a Alice fue casualidad, la chica había bajado a la zona peligrosa de la ciudad en busca de adrenalina, escapando de su casa…, estaba seguro de que si Bella estuviese viva Alice jamás hubiese tenido la necesidad de abandonar su confortable nido de oro, y yo nunca la hubiese conocido. Para que hablar de conocer a Bella.

Si Alice estaba a kilómetros de mí, ella estaría a años luz.

Bella estaría en Yale, cursando su licenciatura en lenguas inglesas, rodeada de mentes brillantes como ella. Fuera de Seattle, lejos de mí. Era más probable que Kurt Cobain saliera de su tumba a que Bella y yo nos conociésemos…

Distraido como iba, apenas y pude distinguir la mancha roja con la que choque. Fueron microsegundos en los cuales me tambalee hacia atrás, de inmediato me obligue a mantener el equilibrio. Nada sería más vergonzoso que caer en mitad de la calle.

─¡Lo siento tanto!─

El muchacho con chaqueta roja dijo con voz apesadumbrado al tiempo que recogía el casco de motocicleta que había caído cuando ambos chocamos.

─No te preocupes amigo─ dije restándole importancia─ Venía distraído.

Traté de sonreir.

El chico que parecía tener unos pocos años más que yo me sonrió y palmeo su casco quitándole la suciedad que se habia adherido a él durante la caída.

─ ¡Eh, Alec…! ─ una chica vestida con un delantal rojo asomo desde la tienda que estaba junto a nosotros, ignoro mi presencia y se dirigió al muchacho que se giraba hacia ella─ ¡Tenemos problemas con los pedidos, no tengo como entregarlos!

─Pero… yo ya he terminado mi turno─ murmuro el chico, el que suponía se llamaba Alec─ ¿No puedes llamar a otro?

La chica de cabello rojizo chasqueo la lengua con molestia.

─James tiene un pie herido, Kate está de vacaciones y yo estoy aquí… ¡Solo quedas tú!─ el tono suplicante de la chica no paso inadvertido. ─ Y no tengo tiempo para buscar a otro muchacho, ya sabes que nadie quiere ser repartidor estos días…

─Puedo conseguirte a un amigo ─sugirió Alec─ Tengo que ir a casa, papá está enfermo Vicky, lo lamento.

La chica suspiro derrotada. Luego su mirada se dirigió a mí, me dio una rápida mirada antes de que una enorme sonrisa se formase en su rostro.

─¿Y tú? ¿Te apetece ganarte unos pesos repartiendo comida?

La miré confundido.

¿Me estaba ofreciendo un empleo?

─¿Sabes conducir una moto? ─ volvió a preguntar─ Si no sabes puedes ir en mi automóvil…

─Sé conducir una moto.

Y así fue como quince minutos más tarde me hallaba subido en una destartalada motocicleta con una chaqueta roja y el logo de Bella Italia bordado a un costado, repartiendo pizzas a domicilio.

Si alguien me hubiese dicho que conseguiría un empleo chocando con un muchacho jamás me lo hubiese creído.


Es la primera vez en semanas que puedo sentarme a escribir. Estoy en mi último año de colegio y todos creen que no merezco tener tiempo libre… lo único que quiero es terminar el año, dar la maldita PSU y dormir durante años…

Uh, en fin… -luego de su arranque de odio masivo- tengo un capitulo a medio escribir, trataré de subirlo pronto, y de actualizar mi otro fic que está abandonado :c

Un beso a todas. Y un saludo especial a todas las chicas que comentaron el capitulo anterior: Mazy Vampire, Marie Alexis Masen, Mia's , viivii alice, Sully YM , Laubellacullen94, jojo10298-somerhalder , phatty cullen , Maru-chan1296 ,Nessie Cullen Jazz , cathyta, Mac Masen, Douces Roses, Angie Cullen Hale, DannySk , Janit, Basskm, Evy, Dianis...

Y en especial a A Stun Gun Lullaby que fue quien escribió uno de los rr más hermosos que me han enviado, muchas gracias 3

MillaC: