El monótono sonido del televisor zumbaba en la cabeza dolorida de Vriska, aún en duermevela cuando las risas de los dibujos animados la despertaron. Karkat continuaba a su lado hecho un ovillo entre las sábanas, por lo que supuso que o bien Terezi estaba en el comedor o bien Gamzee era el imbécil que había puesto la televisión a toda mierda. La realidad era que tampoco estaba tan alta, pero la resaca le afectaba.
— Buenos días — dijo al entrar en el comedor, más por habito que porque de veras esperara que Gamzee los tuviera. Era él el que estaba viendo la televisión, con un particular gorro de origami sobre la cabeza que le daba un aspecto un tanto ridículo.
Gamzee extendió el brazo, entregándole aquel papel doblado en forma triangular. La Serket se quedó mirando el papel, que al parecer estaba garabateado.
—Lo ha dejado Terezi hace un rato —dijo Gamzee sin apartar la mirada de la pantalla, que parpadeaba molestando a la chica.
Un sonoro suspiro salió de la garganta de la morena, que cerró los ojos mientras se apoyaba en el mármol de la cocina. Desdobló el papel con cierta impaciencia, rompiendo una parte central de este. Tal y como ella había supuesto era una carta de Terezi:
" Esta es una de esas cosas que he aprendido a hacer en la uni, es mucho más fácil embaucar a los profesores con textos largos que cara a cara. No es que vaya a embaucarte, es que no tengo ganas de hablar contigo. No es que esté enfadada, aunque en cierto modo es muy incómodo que te hayas follado a Karkat, pero no es eso. Supongo que solo me has dado un pequeño empujón para que me olvide tantas tonterías de la adolescencia, supongo que no me merezco algunas cosas que quiero.
Recogeré mis cosas cuando sepa que estás trabajando y supongo que ya hablaremos."
La morena arrugó el papel tirándolo sobre la mesilla de café, asumía que Terezi no iba a hablarle en mucho tiempo y todo por no acabar echando un polvo. Estaba claro que podía ir y decirle todo lo que había pasado, pero no merecía la pena. Así era el nuevo año. Si el día uno de enero siempre se decía "este va a ser mi año", aquella vez no iba ni a mencionarlo. Estaba claro que empezando así de mal, no podía más que acabar de puta pena.
Sin pensar demasiado, Vriska se arrimó al televisor y apagó la pantalla a la par que se colocaba delante. Gamzee la miró con cierta estupefacción, ladeando la cabeza.
—¡Vete ya de mi casa!— dijo Vriska señalándole la puerta, para acto seguido acercarse a esta y abrirla.
El moreno se levantó del sofá, cogiendo sus zapatos del suelo y caminando descalzo hacía fuera. A la Serket le daba igual que pensara que estaba como una jodida regadera, no necesitaba a nadie cerca en aquellos momentos. Se dijo eso instantes antes de cerrar la puerta y dejarse caer en el sofá, ocultándose la cara con las manos y notando como el agua salada afloraba de sus ojos. ¿Es que nada iba a salirle bien? ¿Es que no era capaz de hacer nada del derecho?
—¿Por qué cojones gritas? —apareció Karkat entreabriendo los ojos, sin camiseta y arrastrando los pies. Tenía un dolor de cabeza considerable y estaba dispuesto a quejarse cuando se percató de que la chica no estaba en su mejor momento. El chico modificó su tono, siendo lo más dulce que sabía ser con Vriska.— ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
—¡Evidentemente que NO ESTOY BIEN! — gritó ella agarrando el papel que había escrito Terezi y tirándoselo en la cara. Vriska se acurrucó en el sofá, dándole la espalda al Vantas que recogía el estropeado papel.
Karkat estiró el papel leyéndolo por encima una primera vez. El tedioso dolor de cabeza y aquella letra inteligible de la Pyrope le complicaron la comprensión, así que se sentó en el sofá escuchando los sollozos de la Serket y volvió a leerlo más detenidamente.
—Arregla esto — dijo Karkat una vez comprendió y procesó el contenido del papel. Su voz era neutra y casi ausente de emoción alguna, pero aumentó al ver que Vriska le ignoraba. Sin pensar demasiado en ello la tomó por los hombros obligándola a mirarle— ¡QUÉ ARREGLES ESTO!
—¡Déjame en paz! ¡Arréglalo tú solo! — contestó ella abofeteándolo y obligándole a soltarla.
Las uñas de Vriska se habían clavado en la mano del chico, que se miraba aquellas pequeñas hendiduras. ¿Cómo se suponía que podía solucionar aquello? Gamzee… Bueno, que Gamzee supiera que no había pasado nada no contaba como un hecho real de nada. ¿Quién cojones iba a creer al Makara? Karkat dejó escapar un suspiro, de todos modos Terezi y él nunca habían sido compatibles.
El chico alargó el brazo y encendió la televisión, los mismos dibujos animados que hacía un rato seguían dando voces en escenarios coloridos, haciendo pensar a Vriska que ojalá la amistad de los dibujos animados fuera igual que la de la vida real. De ser así, solo necesitaría las fuerzas necesarias para decirle la verdad a Terezi y dejaría de sentirse tan jodidamente miserable.
—¿Qué vas a hacer al respecto?— preguntó Karkat tras un largo rato de silencio. Extrañamente no había sido incomodo, aunque tampoco se podía decir que fuera placentero. Era como un eco vacío y sin sentido que prolongaba los minutos, haciendo que las vocecillas que salían de la pantalla no fueran más que una música alejada.
—No lo sé, supongo que esperar a que Tzi decida volver a aparecer — dijo Vriska encogiéndose de hombros. Tampoco iba a mentirse diciendo como los personajes de la televisión que iba a luchar por sus amigos hasta la muerte misma.— ¿Y tú?
—No lo sé tampoco — contestó el Vantas mirándose los pies descalzos.— De todos modos Terezi sigue en San Francisco y yo… Había pensado en irme por allí, hacer algo emocionante con mi vida, pero tampoco sé muy bien que quiero y… No tiene sentido.
Karkat se levantó del sofá con intención de recoger sus cosas e irse, cuando notó los dedos de Vriska alrededor de su muñeca.
—¿Te importa quedarte un rato más? — dijo la Serket sin mirarle. Se sentía débil y vulnerable, pero Karkat ya la había visto llorar, enseñarle aquello de ella no era el fin. — No quiero quedarme sola.
El chico asintió, yendo a la habitación para ponerse una camiseta. Tras eso volvió al comedor, acercándose a la nevera y buscando la leche, pretendía hacer el desayuno.
— ¿Por qué rehuías a John ayer? — dijo Karkat sacando una botella de leche y alcanzando un par de boles.
— Cuando empecé a salir con Tavros, creo que fue más porque me sentía sola que porque me gustara de verdad y… —dijo la morena levantándose del sofá y sacando los cereales de la despensa, para dejarlos sobre el mármol.— De todos modos, no quiero hablar esto contigo, ¿qué crees que sabes de lo que pasa entre John y yo? Nada, está claro.
—Pues yo creo que estás asustada y… — la mirada severa de la Serket acalló la voz del chico, mientras se servía un puñado de cereales, pero continuó. — Y piensas que John puede hacerte lo mismo que te hizo Tavros, pero John no es tan… Cobarde.
Vriska tomó su bol con cereales y volvió a sentarse en el sofá, fingiendo indiferencia a lo que Karkat había dicho. Era posible que si estuviera asustada, pero tampoco era tan raro. No quería tener una relación. Aquel concepto de unión la abrumaba, estrechando sus paredes, como si vivir en su propio cuerpo fuera una cárcel. No quería que John fuera el responsable de aquella sensación, porque en cierto modo, sí, le gustaba muchísimo.
— No soy una persona tan simple, Karkat— contestó ella metiéndose una cucharada de cereales en la boca. El Vantas la miraba confuso, apoyado sobre el mármol de la cocina sin saber que decir, cuando ella volvió a hablar.— ¿Por qué llevas tú toda la vida huyendo de Terezi?
El chico abrió la boca absorbiendo todo el aire posible, pero sin decir nada, dejando escapar un intenso suspiro. Le parecía extraño que aquella morena con las mejillas enrojecidas de haber llorado ahora estuviera tan seria, como si nada hubiera ocurrido. Lo cierto era que no estaba seguro de querer contestarle.
—Terezi está fuera de mis limites— dijo Karkat, y al observar la extraña mirada que le echó la Serket, levantó la mano enseñándole la palma para que le dejara proseguir. Ya sabía que podía acostarse con Terezi o incluso tener "una relación" con ella.— No es como si pudiera mantener a flote nada en mi vida, y llega esa chica espectacular y se supone que es para mí. No, ni en sueños, duraríamos dos o tres meses quizá un año, pero no más.
Karkat se desplazó por el comedor murmurando cosas para si mismo y negando con la cabeza.
—No quiero pasarme la vida arrepintiéndome de haberla perdido— añadió, — si tiene que ser para mí, será cuando esté listo para asumir que puedo perderla.
—Pues creo que ya la has perdido, chico.
Tras decir aquello se quedaron en silencio, comiendo sus cereales, con los pensamientos suspendidos en un gran vacío. Si no había nada que les pudiera aliviar el sufrimiento en aquel momento, no merecía la pena llenar el espacio con pensamientos vacuos.
NA: Perdón por la demora de mil años, odio esta historia, pero la sigo escribiendo porque.. Bueno supongo que porque me entretiene la mente. Es un poco demasiado dramático este capi, pero creo que me apetecía poner a Vriska contra las cuerdas… No sé si realmente lloraría, pero me parece cuqui imaginármela llorando, entre otras cosas porque siempre parece fuerte y capaz de coger el mundo con las manos. La amo.
