Palabras para Paula

Disclaimer:

Los personajes de yyh no me pertenecen, son propiedad de Yoshishiro Togashi, yo sólo les he usado como una manera de divertirme.

Notas:

Sé que este capítulo está bastante retrasado, mis disculpas. Muchas gracias a esas tres personas que siempre se mantienen leyendo, ya vamos por el capítulo 13 del fick. Besos, y espero les agrade la nueva entrega.

Con cariño para quien lee.


.

Décima tercera palabra

"Luz"

.

Sabes, ese día en que caí de aquel puente mientras conducía….

Algo pareció cegarme por escasos segundos…

Aún estoy buscando aquella luz…

Quizás la encuentre si me quedo a tu lado…

-Angelina de la Môrte-

.

-Castillo de Raizen, cuarto de Yusuke-

Yusuke sabía que Keiko estaba junto a él, quizás fuese porque su corazón se lo decía con cada latido o quizás lo sabía porque experimentaba sobre la piel de sus labios el roce de los dedos de ella al tocarle, ¿quién sabe?, quizás sólo fuesen meros sueños que estaba teniendo, y que esperaba no acabar deseando. Porque era tan difícil diferenciar si aquel toque existía o no. En especial cuando una vocecita en su mente le decía que ello, no era más que miles de sensaciones que se acumularon producto de todas las pesadillas que padeció la noche anterior. Pero no podía dejar de pensar en ese roce.

En alguna parte de su mente se formaron diversas imágenes, demasiadas escenas para contarlas. ¿Qué sería aquello que estaba viendo?, respiró con fuerza, experimentó como la mano fue retirada de sus labios, el roce desapareció. Enseguida, comenzó a tener un sueño que llevaba repitiéndose por horas, veía a una persona siendo estrangulada por una mano que temblaba en medio de la oscuridad de una celda, en un castillo demasiado conocido para él. Los pasillos de aquel lugar estaban en silencio y en el suelo, yacía una fotografía abandonada a punto de romperse por la humedad del recinto. Si era sincero, conocía el lugar, la celda. Si se detenía en la imagen podía reconocer las paredes de ladrillo color ocre del castillo, las llamas que salían de candelabros viejos y oxidados unidos a las mismas paredes.

¿Y eso que veía al fondo del pasillo era un reloj de piedra?

Movió una mano, espera, el reloj sonaba sin parar…Dios, el ruido que hacía provocaba que tuviese migraña. Pero el reloj no era importante después de todo…no, claro que no.

¿Entonces por qué estaba teniendo aquel sueño?, otra vez la escena de la mano a punto de romperle el cuello a esa persona, lástima que no pudiese ver su rostro, Yusuke tembló cuando sintió que alguien le estaba impidiendo respirar. Todo le pareció extraño, se movió un poco, chocó con algo que era bastante suave, al acomodar su cabeza supo que estaba durmiendo sobre una almohada.

-¿Qué?- se dijo, no recordaba estar sobre una almohada, bueno, ni siquiera recordaba donde estaba, así que si partíamos por ese detalle la almohada realmente no importaba. Otra vez se movió, pero aquello que le impedía respirar no pareció querer moverse para nada, al contrario, parecía que aquello estaba sumamente a gusto sobre su boca.

Si lo meditaba, aquello olía a vainilla.

-Te dije que no vinieras-

El sueño volvió a repetirse, ahora escuchó el grito de una niña, sudó. Sus manos comenzaron a tener espasmos, sin pedirlo alguien le abrazó. Enseguida, el aroma de una colonia lavanda le dejó sin respirar.

Era…desconcertante.

-¿Qué quieres preciosa?- esa frase provocó un agujero en su estómago, Dios, sabía que él la había pronunciado.

Al intentar respirar, las imágenes conectaron una a una en su mente, se dio cuenta sin pedirlo. El castillo que veía era de Raizen, la celda, había sido suya.

Cierto, había ahorcado a Keiko.

Lanzó un grito.

Sus ojos chocaron con aquello que estaba impidiéndole respirar. Al mirar a la niña que estaba frente suyo, estuvo seguro que terminaría desmayándose, ¡pero es que no le encontraba lógica a esto!

-¿Estás bien Yusuke?- esto no tenía sentido, por Kami que no. Al levantar la mirada se percató que se encontraban en su cuarto, las ventanas yacían abiertas por lo que entraba una agradable brisa a la habitación.

¿Cómo rayos había terminado en su cuarto?

¡Lo último que recordaba era haberse transformado en mazoku la noche anterior, haber sido encerrado por Kurama en una de las celdas y que estuvo así de cerca de asesinar a Keiko por ir a verle cuando él le dijo que no fuera!

-¿Cómo?- Keiko le leyó el pensamiento, se sonrojó. Escondió un tobillo bajo una de las sábanas.

-Anoche te convertiste en mazoku, Kurama me ayudó a traerte a tu cuarto cuando caíste dormido por lo agotador de la transformación- dijo, algo le estaba escondiendo, él lo sabía. ¿Por qué Keiko rehuía su mirada?

-¿Te hice algo?- preguntó. Yusuke se moría por saberlo, pero también temía a la respuesta, le bastó con mirar el cuello ante el silencio de ella. ¿Keiko alguna vez usó pañuelo?

Se mordió un labio, enseguida llevó una mano hasta ella para quitarle la prenda, pero la niña se lo impidió.

-No lo hagas, sólo vas a martirizarte Yusuke. Ya lo olvidé- hubiera sido mejor que jamás le hubiese dicho eso. Yusuke se mordió la boca con fuerza, apretó las manos sobre las sábanas de la cama.

-Lo siento- dijo, no levantó el rostro. No podía verle a la cara. Keiko suspiró, Kurama le había dicho en la mañana que Yusuke no recordaría nada y que si lo hacía, era capaz de carcomerse por dentro hasta saber la respuesta.

-Anoche me reconociste, ¿te acuerdas?-

-No-

-Me dijiste que era tonta y te reíste, luego te quedaste dormido. Llevabas teniendo pesadillas durante horas. Kurama me dijo que lo mejor era tratar de que no te despertaras, así que cada vez que lanzabas un grito te daba un beso para que te callaras- al escuchar eso no pudo evitar sonrojarse un poco. Bueno, ahora sabía qué era aquello que no le dejaba respirar. Al mirar a Keiko tan seria comenzó a reírse.

-¿Estoy fuera de peligro o aún te tendré que mantenerte dormido?- dijo, escuchó a Keiko. Llevó una mano a la cabellera, estaba bastante crecida. Tendría que pedirle a Kurama que le cortase el cabello en un rato, pero la verdad, hacerlo le daba una reverenda flojera.

-Sí, pero en un mes estarás en peligro otra vez- dijo, Keiko se sonrió con sorna. Se acercó a Yusuke, y le rozó una mejilla.

Había algo que quería preguntarle, pero no esperaba que el moreno se acordara.

-Sabes, llevabas gritando durante horas mi nombre mientras dormías- dijo, Yusuke le quedó mirando muy fijamente. –Decías algo de una luz que no podías alcanzar, que él te estaba consumiendo- cerró los ojos.

Aún podía ver ese rostro, la mano ahorcándole.

Y escuchar esa horrible risa.

-Keiko-la niña no dijo nada. La brisa del viento había dejado un exquisito aroma en las paredes -¿Regresemos al mundo humano?- la morena se rió ante su pregunta, y enseguida le abrazó con fuerza. Ella seguía posada en su estómago.

-¿No puedes quedarte conmigo, verdad Yusuke?-los ojos color avellana de ella brillaban con intensidad, sus labios yacieron en silencio luego. Yusuke comenzó a rozar su cabellera con una mano, nunca había sentido el cabello de ella tan suave, ni había sentido las ganas de pasar todo un día a su lado.

-Me quedaré hasta que el sol se oculte, luego tendré que volver al castillo-

-Es casi como el cuento de cenicienta- Yusuke escuchó que golpeaban la puerta justo cuando experimentaba como Keiko volvía a darle un beso para mantenerlo callado. -Para que no digas que soy infantil- escuchó, enseguida se puso a pensar en qué podrían darle a cambio a Hiei para que les abriese un portal al mundo humano.


-Castillo de Mukuro, ese mismo día-

Una de las grandes ideas de Yusuke Urameshi había sido pedirle a Kurama que hablase con Hiei para convencerlo de abrir el portal que conectaba con el mundo humano para ellos, además, sabía por boca de Kurama que casi no se veían por la guerra. Eso no le había gustado mucho a Keiko y luego de mucha discusión Hiei había aceptado con una condición, la cual, sólo conocía Kurama.

Yusuke le miró, Hiei Jaganshi yacía sentado sobre la alfombra color rojiza de su cuarto, a su lado se encontraba Kurama y Keiko. Hiei no les miraba, estaba demasiado concentrado en la tarea que le habían pedido. Por su mente pasaban muchas imágenes, tembló cuando una nueva fuga de poder espiritual se unía al portal, miró al kitsune, Kurama le tomó de la mano.

-Si crees que volverás a desmayarte, ábrelo lento-dijo, Hiei se mordió un labio. La primera vez que había abierto el portal para Yusuke se había desmayado, y si hacia memoria, había dormido dos días luego para recobrar la energía gastada.

-Hn, lo más seguro es que esta vez duerma tres o cuatro días- Kurama le miró con gracia.

-Pues si va a ser así, te vas a mi casa, a Mukuro no le molestará- aún tenía la mano de Hiei entre la suya, al palparla percibió los espasmos que le atacaban cada vez que había una fuga de energía. El kitsune miró su rostro en silencio, contempló como Hiei se mordía los labios, no era tonto, podía ver que el kôrime tenía mucho frío, pero Hiei era tan orgulloso que no lo reconocería estando Yusuke en ese lugar. Kurama olvidó ese pensamiento apenas escuchaba otra vez la voz del demonio hablarle.

-¿Y qué pasa con Yomi?, ¿vas a revelarte como un niño a sus órdenes? Recuerdo que te dijo que si seguías saliendo conmigo me mandaría a matar para enseñarte quién manda. Sabes que a mí me resbala lo que ese pobre ciego diga, pero tú eres demasiado leal a la gente-Kurama frunció el ceño.

-Nada, hablé con él anoche, estaba harto que me dijese con quién puedo o no estar. Además sabes que Yomi no es mi tipo, a mí me gustan los chicos algo bajitos y peligrosos-

-Hn, me imagino su cara de pobre diablo al escuchar eso, seguro está ahora pensando en cómo hacer que éste chico bajito se aleje de ti- Kurama apretó con fuerza la mano del otro.

-Lo encerré en el castillo antes de irme. Así que hasta que encuentre la llave, cosa que no pasará porque la tengo en mi cuello, estaré contigo dándote lata- Hiei se sonrió con sarcasmo. Kurama al verlo le tomó el rostro con una mano, y en frente de los chicos le dio un beso. El zorro al sentir como Hiei respondía al beso con fuerza experimentó que le comenzaba a faltar el aire.

-Es una pena que estés con ropa-le dijo al oído, Hiei no pudo aguantarse la risa a causa de su comentario.

-Estás loco-dijo Hiei. Kurama posó su cabeza sobre uno de sus hombros. Hiei volvió a temblar, no estaba seguro de poder mantener el portal del mundo humano abierto durante un día. Abrirlo era una cosa, pero mantenerlo sobrepasaba sus límites. Kurama lo había convencido, y si lo pensaba, los métodos del kitsune eran muy eficaces. El Korime se sonrió recordando que el otro le había prometido hacer lo que él quisiese por un día si les hacían ese favor.

-¿Harás lo que yo quiera verdad?-

-Lo que quieras-

-Me divertiré con esto-pensó. Hiei cambió de posición, ocasionando que el kitsune cayese hasta sus rodillas. Ahora el demonio yacía sentado en posición de meditación Buda, su tercer ojo brillaba incandescentemente, detrás suyo se estaba abriendo el portal que llevaría a Yusuke y a Keiko de regreso.

Kurama había cometido un error, porque él no dudaría en pedirle incluso una montaña rusa hecha de helado por este favor. Hiei se reía en su mente, ¡Haría todo lo que él quisiese y Kurama no podría decirle que no!

¿Por qué?

Porque al primer "no" cerraría el portal, y Yusuke se tendría que quedar en el mundo humano por años, hasta que otra persona o los ayudantes del rey Ennma lo abriesen de nuevo.

Hiei miró por la ventana de su habitación, afuera del recinto comenzaba a formarse una tormenta, le gustaba la lluvia así que lo primero que le pediría a Kurama sería comer helado bajo ella.

-Está listo, pueden irse cuándo quieran-dijo, Kurama le miró desde sus rodillas, y Hiei se sonrió con sarcasmo.

-¿Ya sabes qué quieres?-

-Sí, y también que vas a decir que nos vamos a enfermar-


-Mundo humano, Hokkaido, diez p.m-

Keiko Yukimura siempre había deseado saber qué se sentía viajar por ese portal. Al cruzar de la habitación de Hiei al agujero que mágicamente se había formado en el espacio, lo primero que experimentó fue su corazón palpitando. Recordaba el sonido grabarse en su mente, el eco de sus pisadas cuando entró en esa especie de bola de energía demoniaca, el miedo y la desesperación de no poder salir por el portal cuando llegasen a Japón. A su lado, Yusuke Urameshi le miraba en silencio, se sonreía divertido por algo que ella aún no sabía y giraba su rostro en muchas direcciones para evitar mirarla directamente a los ojos.

Keiko al percatarse de ese detalle comenzó a mirar donde estaban, y terminó percatándose de algo que provocó que sus pies comenzasen a temblar.

No estaban en Tokio, ni siquiera cerca del centro.

-Yusuke, ¿dónde estamos?-

-Bueno…es que olvidé decirle a Hiei que nos enviase a Tokio, y como no se lo dije nos envió a Hokkaido- exclamó éste como si fuese algo sumamente normal. Se llevó una mano a la cabellera, Keiko estuvo a punto de mandarlo al demonio.

-¿Me quieres decir que Hiei nos envió a casi mil kilómetros de mi casa?- Keiko frunció el ceño, Yusuke se llevó las manos al frente de la cara para evitar algún puñetazo de la morena.

-Oh vamos, son recién las diez de las noche, si caminamos desde aquí-dijo Yusuke señalando la carretera que había frente de ellos. En ella, un letrero color verde con grandes números indicaba que faltaba unos quinientos metros para llegar a Tokio. Si se fijaba en la carretera, además del letrero, sólo había unas cuantas casas y mucho césped. -llegaremos como a las once a la estación de metro y a tu casa a las dos o tres de la mañana, es pan comido-

-Yusuke, sabes que me aterra caminar de noche-

El otro se llevó las manos a los bolsillos, olvidaba que Keiko jamás había estado tan tarde fuera de su casa, pero siempre hay una primera vez.

-Estos son los momentos en que crecemos Keiko- al escuchar eso pensó que se la tragaría el miedo, ella jamás había estado caminando tan tarde en la calle, bueno, jamás caminaba tanto tampoco. Miró a Yusuke, éste estaba contemplando el cielo de Hokkaido. Le imitó, miles de estrellas iluminaban el cielo, entonces percibió que su respiración bajaba. La carretera no se veía tan mal después de todo si tomaba en cuenta que no estaba sola, Hiei les había dejado en una carretera quizás en medio de la nada, pero estaban en su mundo. Nada de demonios, ni ladrones que buscaban peligrosas espadas ni reyes que trataban de ganar una guerra.

Y estaba con Yusuke, lo que reducía que sufriese algún accidente en el camino.

Sólo había otro detalle, Keiko no sabía nada de ese lugar y detestaba perderse.

-¿Sabes algo de Hokkaido Yusuke?-preguntó, el moreno se llevó una mano a la cabellera larga que le caía por los hombros, se sonrió con sarcasmo.

-Sólo he estado una vez aquí, y esa vez aprendí que Hokkaido es famoso por sus luces, ¡como Francia Keiko!, ya verás que te gustará este lugar cuando lleguemos a la estación- La otra se acercó, Yusuke esperó a que Keiko se sintiese bien para comenzar la travesía. Keiko le tomó de la mano, cosa que el otro no esperaba que ésta hiciera.

-¿Y esas luces de las que hablas se ven a esta hora?-

-Una vez cuando tuve que venir con Kurama a capturar un demonio nos topamos con ellas, se ven toda la noche antes de llegar a Tokio. Valdría la pena verlas antes de irnos- Keiko llevó su cabeza hasta su brazo, Yusuke percibió el roce en la tela de su camiseta, no hacía frío. Keiko respiró hondo.

-Esa luz quizás me salve Keiko-

En silencio, Keiko percibió la tela de la camisa de Yusuke, recordó la noche en que tuvo que traerlo con Kurama del castillo a su habitación. Él no sabía cuántas pesadillas había tenido ella que tranquilizar, ni las lágrimas que tuvo que ahogar para que no se despertara. Aquella noche en que se transformó en Mazoku Keiko tuvo que aparentar que era fuerte, tuvo que tragarse el miedo para poder callar sus gritos de dolor.

-Se aleja y yo no puedo alcanzarla…no puedo…-esa noche pudo ver que Yusuke aún tenía un corazón humano, pudo escuchar el miedo fluir desde su boca y sentir en su piel como él temblaba durante la transformación.

-Me va a destruir- suspiró, Keiko llevó su mirada hasta el rostro del detective y se mordió los labios.

-¿Quieres ver las luces conmigo antes de irnos a Tokio Keiko?-escuchó su voz. Algo en su corazón le gritó que Yusuke quería estar en Hokkaido, porque necesitaba encontrar esa luz que jamás podía alcanzar en sus pesadillas.

Porque como todo humano tenía miedo a algo.

En ese segundo, Keiko le besó la mejilla y Yusuke le miró de manera un poco desconcertado. Keiko le llevó de la mano, caminando por una carretera que no conocía.

-¿Sólo seguimos derecho y encontraremos las luces?-

-Sí, llegaremos en una hora quizás al centro- exclamó el detective, Keiko comenzó a experimentar un poco de frío en los brazos, pero no dejaría que Yusuke lo notara.


-Centro de Hokkaido, once de la noche-

Las luces eran hermosas, eso pensó Keiko al llegar al centro de la ciudad. Sus ojos estaban hipnotizados mirando una de las cuatro grandes fuentes que adornaban la plaza de Hokkaido. Yusuke Urameshi yacía aún junto a ella, mirando en silencio lo mismo y aún tomados de la mano. La noche estaba bastante fría a esa hora, y el cielo carecía de estrellas.

Jamás había escuchado de una ciudad en la tierra que no tuviese estrellas, y aquello era escalofriante. Hokkaido era como una ciudad híbrida, muy similar a Tokio en edificios y tecnología, pero demasiado parecida al campo por la forma de las casas, la cantidad de césped y el olor del aire.

Se enamoró del lugar apenas contempló las luces.

Esas luces tenían todos los colores que conocía y aún más.

Keiko contempló el lugar, había bancas de madera y algunos jardines alrededor. La morena llevó su mirada al rostro del detective, Yusuke observaba una fuente con forma de mujer. Al fijarse en la estatuilla de cerámica, Keiko vislumbró luces color oro y rojizo que nacían de ella.

-¿Es ésa la que te gusta?-preguntó, Yusuke se giró a verla un tanto distraído. Keiko se mordió los labios, pero no le regañó el hecho de que no la hubiese escuchado. Por su parte, Yusuke se encogió de hombros y se quedó mirando el suelo.

-Lo que me gusta es el color de sus luces-dijo, Keiko le tiró de la mano. Al acercarse hasta la estatuilla la morena contempló un grabado en la loza de cerámica en la que la mujer estaba erguida.

-"Mis luces serán tu guía a casa"-leyó, Keiko miró la fuente una vez más. La mujer sostenía una guitarra pequeña, vestía un kimono color púrpura adornado con cintas blancas y pétalos dorados a la cintura. En una mano traía el instrumento musical, mientras que en la otra sostenía una estrella.

La estrella brillaba como el oro, irradiaba tanta luz que Keiko creyó que tendría que cerrar los ojos para evitar verla por más tiempo.

El rostro de la mujer miraba al cielo.

En la loza carente de color que tenía por rostro, yacía una diadema que brillaba como las luces que adornaban la fuente. Y el cabello, recogido en una trenza, le caía hasta bajo una rodilla.

Los ojos eran verdes.

-¿Por qué sostiene una guitarra?-preguntó, Yusuke le soltó la mano. Keiko esperaba que le diese una respuesta, pero en vez de eso, el moreno le lanzó un poco del agua que aún quedaba en la fuente.

Le cayó el agua en la cara.

-¡Yusuke por qué me mojas!-

-Porque estabas ida viendo la estatuilla-dijo, Yusuke se rió de ella, traía sus dos manos detrás de la nuca. –Van a ser las doce, mejor te voy a dejar a tu casa-dijo, Keiko le miró en silencio, ¿tan pronto?

-Pero…no me dijiste lo de la guitarra-Yusuke no quería decirle que necesitaba hablar con la estatuilla, pensó que si Keiko lo veía creería que estaba loco, porque si le contaba que la estatua no sólo brillaba de noche, sino que además te hablaba por medio del agua de la fuente estaba seguro que Keiko jamás se iría de Hokkaido. El detective se mordió los labios.

Pero, ¿y si se lo decía?

Imaginó la cara de la niña cuando le dijese que le preguntase a la fuente lo de la guitarra, Keiko seguro lo mandaría al demonio, pero igual terminaría haciéndolo porque es muy curiosa. Además Keiko no se volvería loca si se lo contaba, ni se quedaría la vida allí tampoco esperando consejos de alguien que era de cerámica.

-Pregúntale a ella-dijo, Keiko le miró sin entender. Yusuke se rió otra vez, le indicó que se acercara un poco más, Keiko así lo hizo y Yusuke le colocó una palma de la mano sobre la estrella de la estatuilla.

-¿Qué? ¿Quieres que le hable como a ti?-

-Sí, eso quiero-dijo, Keiko sintió como las mejillas le ardían. Hablar con una figura de mármol era estúpido, y se sentía tonta haciéndolo en frente de Yusuke.

-Me quieres tomar el pelo, ¡puedo verlo en tu cara Yusuke!-dijo, el otro suspiró. Quizás le había jugado demasiadas bromas a Keiko y por eso no se lo creía.

-¿Puedes enfrentar a un demonio, pero no hablar con ella?-

Keiko se quedó en silencio, miró a la figura.

Cierto, Yusuke se refería a él en versión mazoku, pero hablar con una estatua….

-Una vez, y no te burles-dijo, Yusuke esperó a que Keiko hiciese su pregunta. Desde el punto de vista de Yusuke, la morena estaba en una buena posición para jugarle una broma, quizás levantarle la falda como siempre o lanzarla a la fuente. Pero no lo haría, porque esta era una de esas cosas que le urgía compartir con ella, finalmente cuando Keiko habló pudo ver la vergüenza marcándose en su cara.

Estaba rojísima.

-¿Por qué sostienes una guitarra?-dijo, Keiko pensó que era lo más tonto que había hecho en vida, claro, si no contamos las veces en que trataba de que Yusuke volviese a clases, ni cuando confundió a Kuwabara al levantarle la falda y haberle dado un puñetazo por eso.

La estrella brilló como respuesta a la voz, Keiko se asustó y soltó la figura, Yusuke le tomó de la cintura para que se acercara hasta la fuente.

-Mira el agua-dijo, Keiko notó como letras se formaban en ella demasiado nítidas.

-"Tocó para atraer a las estrellas"-leyó, los ojos de Keiko brillaron y su corazón palpitó tan fuerte que creyó que Yusuke lo había oído también.

-Me respondió-dijo, Yusuke se rió.

-Es una de las cuatro fuentes de la vida en Hokkaido, Kurama me la mostró cuando llegamos la primera vez. Hice una pregunta y me respondió. Quería volver a verla -dijo, Keiko frunció el ceño.

-Es decir, le dijiste a Hiei que nos trajese a Hokkaido a propósito-Yusuke tragó saliva.

-No esperaba que Hiei conociese Hokkaido, así que di por sentado que no vendríamos aquí, que nos enviaría directo a tu casa-

Keiko le miró con gracia, Yusuke era malísimo mintiendo, pero por esta vez lo dejaría pasar. Miró la hora marcada en un reloj de la plaza. Las doce y treinta.

-Yusuke, creo que hay que irnos- dijo, el detective se sonrió para sí y acompañó a Keiko hasta la estación de tren.

La estación estaba a unas calles de la plaza y también yacía iluminada por luces de colores. No había mucha gente a esa hora en la calle, seguro, si abordaba el tren de las doce y treinta y cinco llegaría a su casa a las dos. Después de todo, la estación de Tokio quedaba a una calle de su casa.

-¿Vas a acompañarme?-preguntó ella, el pañuelo aún yacía en su cuello.

-Lo siento, no puedo esta vez-Keiko se mordió un labio, sabía que Yusuke no podía cruzar por Tokio, los guardias del mundo espiritual estaban refugiados en la ciudad, por ende, a la mínima energía que sintiesen del detective irían en su búsqueda. Keiko escuchó el sonido del metro al llegar a la estación y al ver que el tren yacía tras de ella sintió como el corazón se le aceleraba.

Pero no diría adiós.

En un segundo retiró el pañuelo del cuello y se lo entregó a Yusuke, el moreno le recibió sin entender el gesto.

-Vendré otro día a buscarlo, más te vale no perderlo- Yusuke se rió. Keiko al escuchar las puertas abrirse supo que se había acabado el tiempo, y antes de ingresar al tren se atrevió a darle un beso en los labios.

Yusuke no la rechazó y cuando finalizó el beso, Keiko llevó su boca hasta su oído.

-Cuando encuentres tu luz espero me lo digas-Yusuke le miró con sorpresa.

Esa era la pregunta que iba a hacerle a la estatua. Yusuke sintió que el corazón se le aceleraba, y en medio de la oscuridad de la noche recordó sus pesadillas y el sonido de una voz que trató de sacarlo de esa bruma. Una voz que se le hizo demasiado familiar.

¿Y si la voz fuera de ella?

-Espera- dijo, Yusuke se interpuso entre Keiko y la puerta del tren que se intentaba cerrar. Keiko se quedó quieta escuchando el sonido de su corazón, y cuando percibió en su frente como el otro le depositaba un beso creyó que se moriría.

-Llega con bien-dijo, Keiko percibió como sus ojos se humedecían y que el tren comenzaba a moverse.

-No esperaba que hicieses eso, creí que me devolverías el pañuelo- dijo, Yusuke se sonrió a medio lado. Le miró con sarcasmo antes de bajarse del tren.

-A veces soy muy impredecible-dijo, Keiko se apoyó en la ventana y contempló como Yusuke se despidió de ella con una mano. Luego de unos minutos la morena estuvo fuera del campo de visión de Yusuke, y Keiko tampoco pudo verlo más a él por la ventana.

En la estación de tren Yusuke se llevó las manos a los bolsillos del pantalón, ya no necesitaría volver a la estatua para preguntar dónde podía encontrar aquella luz.

La noche en que se convirtió en mazoku lo acorralaron las pesadillas, y en uno de sus sueños, él corría bajo un cielo sin estrellas que pensó seguro era Hokkaido, y por eso quiso que Hiei lo llevara hasta allí. En el sueño, Yusuke contemplaba como la mitad demoniaca le arrebataba su humanidad y él se convertía en un cuerpo vacío, entonces, sin pedirlo escuchó una voz, y vislumbró la luz plata más brillante que jamás había presenciado en vida.

Mientras se mantuvo dentro del sueño intentó llegar a ella, intentó tocar esa luz pero siempre se alejaba de sus manos, siempre le ganaba el miedo y él quedaba en medio de la penumbra siendo absorbido por el mazoku, pero siempre regresaba la voz al sueño y volvía a ver esa luz.

Cuando despertó Keiko estaba junto a él, pero había estado tan asustado que no entendió el significado del sueño. Cuando Keiko le dio aquel beso Yusuke supo que la luz que buscaba siempre estuvo frente a sus ojos.

En su corazón supo que su luz no era plata, no brillaba de noche y no tenía gran tamaño. Pero su luz tenía forma humana y podía alcanzarla con los dedos de sus manos. Yusuke se sonrió porque sabía que cuando quisiese volver a verla tendría que visitar a Keiko.

Y tenía la mejor excusa.

Después de todo el pañuelo se veía mucho mejor en el cuello de ella. ¿O no?

Continuará-


Próxima palabra: Palabra 14 "Lluvia"

Espero les haya gustado este capítulo, muchas gracias por esperarme y debido a que el fick es bastante largo comenzaré a actualizar dos veces al mes desde septiembre para que la espera no sea tan larga.

Gracias especialmente a:

Kitty_wolf, Angg , Fabian y Adyleine.y a todas las personas que leen esta historia, que la agregan a favoritos y me piden que la siga. Nos veremos en septiembre.

Besos.


Diana se acercó y me dijo: "Seré toda tuya esta noche"…
…Entonces corrí al teléfono diciendo: "Nena, estoy bien"…
…Dije: "Pero no cierres la puerta porque me he olvidado la llave…
…Ella dijo: 'No le esperes porque está durmiendo conmigo''…

-Dirty Diana-

Michael Jackson