Capítulo 13. 16 del Mes de Invierno
Varios días habían pasado desde nuestra llegada al Digimundo y desde el primero no veía a mi padre. No me quejo de la situación en la que me encuentro, en realidad, es muy amena. La familia de Aya es divertida y única. Patamon pasa toda la jornada fuera, formando especulaciones en la mente de su conviviente y primogénita. Al final todo se arregla y la paz se asienta en el hogar y los tres más éstas dos invitadas inesperadas disfrutan de una apacible cena preparada por Gatomon. Inclusive a veces llego a olvidar que estamos en el Digimundo. Todo parece tan real, tan cotidiano. No ha sucedido ningún otro evento sobrenatural desde nuestro encuentro con las tres hechiceras, Satori Ibuki, Amane Fujiwara, Akuma, y su espíritu acompañante, Tenshi. La situación en el hogar había retornado a la normalidad y a Aya ya no se le veía deprimida como días atrás, cuando pasó horas hablando con su madre. Recuerdo que la vi salir con ojos llorosos pero al vernos a Kioku, Lalamon y a mí entrando por la puerta principal desbordando de una alegría inmedible intentó comportarse como si nada hubiera pasado. Debo de admitir que… admiro a Aya.
"Oye, Kamiya" la voz de la criatura extraña humanoide me sacó de mis pensamientos, "¿Porqué me miras tanto? Se me hace incómodo comer"
Si Aya no lo hubiera dicho, nunca me hubiera dado cuenta que la estaba observando de una manera peculiar y perturbante. Sacudí mi cabeza y miré la tostada que llevaba en la mano.
"No es nada, Aya", respondí.
Las tres nos encontrábamos desayunando en la redonda mesa de madera y la ausencia de sus padres me causaba cierto interés. Lalamon se había quedado dormida en la habitación que se nos había dado a nosotras y a Kioku le daba pena despertar a su compañera. El silencio reinaba en la atmosfera; raras veces se escuchaba el sonido de la comida masticada.
"Ustedes creen que…" la voz de Kioku rompió la paz pero ésta salió baja, casi imperceptible, "¿Ustedes creen que… pueda encontrar un Digivice?"
Aya se encontraba comiendo un poco de pescado, sosteniéndolo con sus hashi y la pregunta apareció antes de comerlo, haciendo que éste caiga de regreso al plato. Vi que la pregunta no fue del todo su agrado ya que tenía una cara de disgusto, "¿Porqué preguntas eso?"
Miré a mi amiga y observé como jugaba con las manos.
"No sé… solo preguntaba", después de decir eso agregó una sonrisa nerviosa a ojo cerrado.
Aya seguía con la misma expresión de disgusto y le respondió fríamente, "No vuelvas a hacer esa pregunta. Nunca"
Aún asustada, Kioku replicó con un ruido de aprobación. No pude evitar tocar el Digivice que le pertenecía a mi tía Kari, me daban ganas de obsequiárselo pero sabía que no lo iba a aceptar, después de todo no es suyo. Es algo irónico en verdad, yo con Digivice pero sin compañero Digimon, mientras que ella tiene a Lalamon pero no un Digivice, algo completamente bizarro.
"¡Buenos días, Aya! ¡Feliz cumpleaños!" Gatomon hizo una fantástica entrada por la puerta, sorprendiéndonos a todas, especialmente a su hija. En su mano derecha tenía una bolsa grande y redonda color blanco. Empezó a correr hacia su hija y el objeto que llevaba en mano saltaba por doquier; Kioku y yo nos tuvimos que mover un poco para no salir lastimadas. Cuando la madre llegó a su objetivo la abrazó sin piedad, sonriendo, "¡Feliz cumpleaños hija!"
Ambas nos alejamos y rápidamente nos escabullimos a nuestra habitación prestada. Tras cerrar la puerta le dirijo una mirada de complicidad a mi mejor amiga.
"¿Hoy es el día de Aya?" le pregunté en voz baja.
"Si si, mira que mal de nuestra parte enterarnos el mismo día", me replica de la misma manera.
Me sentía un poco mal, pudimos haberla saludado. Después de todo estuvimos con ella toda la mañana. Desafortunadamente mi remordimiento se fue tan rápido como vino al volver mi testarudo ser.
"Como si fuera algo realmente malo. Llegamos hace unos días creo"
"Pero soy su alumna, ¿Qué pensará de mi ahora? No le he preparado nada especial"
Intenté levantarle el ánimo un poco, después de todo fue mi culpa decaerla.
"Vamos, vas a ver que se te ocurrirá algo"
Fue en eso cuando Kioku se iluminó e intentó no gritar para evitar despertar a Lalamon, "Espiemos"
La observé, perpleja y confundida, "¿Qué?"
"Espiemos. Veamos que le ha traído su madre y esperamos a que se nos ocurra algo" sus ojos reflejaban una ilusión pura, no quería quebrarlos.
"De acuerdo, hagámoslo", lentamente abrimos un poco la puerta.
"¿Mamá? ¿Qué es esto?" Aya estaba tan confundida como yo segundos atrás.
Se encontraba sosteniendo la bolsa que su madre le había obsequiado.
Gatomon sonrió y rió a sí misma para luego contestar, "¡Ábrelo! ¡Ábrelo!"
La joven de pelo naranja pastel y abrió la bolsa con cuidado, intentando no morir por su curiosidad gatuna. Por un momento sentí que me faltaba la respiración, me encontraba tan nerviosa como ella. La conexión que sentía con Aya era extraña y fantástica. Imposible de describir. Sus ojos brillaban con una intensidad parecida al sol matutino y una gran sonrisa se formó en su cara, mostrando sus colmillos.
"¡Gracias mamá!" tras decir eso le devolvió el abrazo.
"Fue muy difícil de conseguir, ¿sabes? Pero al final lo logramos. Agradécele a tu padre también. Si no fuera por él fácil el obsequio no estaría en tus manos". Al escuchar eso pensé que Aya se enfurecería pero en su lugar otra sonrisa se formó, "Sí. Me encargaré de darle las gracias"
"¡¿Qué es el regalo!" Kioku había salido inesperadamente de la habitación.
No me di cuenta de cuándo ni cómo lo hizo, simplemente sé que se encuentra en el exterior absorbida por la curiosidad. Aya y Gatomon se rieron un poco, haciendo que mi amiga de cabello verde oscuro se apene un poco. Aya sostuvo la bolsa y se le acercó.
"¿Quieres ver? Échale un vistazo" Kioku se acercó más y sacó el objeto misterioso de la bolsa.
Sumida en la atmósfera de misterio, decidí salir del escondite ya no tan escondite y mirar también. Lo que sacó Kioku no me lo veía venir.
"Un… ¿micrófono?" solté imprudentemente. Aya sonrió nuevamente.
"¡Sip! ¡Un micrófono nuevo!". Se le veía tan feliz.
"¿Acaso no es perfecto? Tú que amas cantar más que nada" Kioku empezó a darle cumplidos. Cogí el micrófono y lo tuve un rato en mis manos. Para lucir la voz de su usuario.
"Es un lindo micrófono, fenómeno" le dije suavemente, casi fraternal.
"Gracias, mocosa" me replica de la misma manera.
Era como si nuestros insultos significaran frases amables.
Dónde Agumon y Compañía…
"¡Mizu! ¡Mizuuuu!" gritaba un desesperado Tai, agarrado por el brazo derecho por Matt y el izquierdo por el humanoide Gabumon, "Déjenme ir, debo de buscarla, seguro que sigue en cama con fiebre. Necesita de su padre para cuidarla. ¡Mi Mizu!"
El joven Tai se volvía cada vez más desesperado que tuvo que recurrir a la violencia. Empezó a agitarse, intentando despojarse de su amigo y el Digimon.
"Vamos, Tai. Respira, cálmate. Mizu debe de estar bien. Si algo hubiera pasado Patamon o Gatomon hubieran venido a avisarnos así que tranquilízate"
"Por el amor de Dios ya no soporto este berrinche de padre sobreprotector" Tk había explotado y soltó un comentario desagradable que causó que Tai dejara de luchar y que Matt y Gabumon lo soltaran.
El rubio menor se levanta y se dirige al exterior sin mirar a ninguno.
"¿Y a éste que bicho le picó?" pregunta Tai al aire, "De todas maneras, como si me importara"
Matt y Gabumon no resisten mirarse mutuamente y decidieron sentarse en una esquina de la choza de Agumon ya que Tai se había tranquilizado.
"Oye, Matt…" soltó el humanoide tímidamente.
"¿Qué sucede, Gabu?" inquiere el adulto en cuerpo de adolecente.
"¿Ga-Gabu?" extrañado, observaba a su Tamer con una mirada confundida.
"Bueno, el 'mon' ya no tiene tanto sentido así que… Gabu no más" dice agregando una sonrisa.
"Sí así lo dice Matt… Lo que quería preguntar era…" con eso dicho, Gabumon enfoca sus ojos en Tai, y éstos reflejaban un aire de nostalgia, "¿Qué sucedió entre aquellos dos?"
"A veces es mejor no preguntar tanto. La curiosidad mató al gato, ¿sabes?" Agumon había salido de su habitación, seguido por Palmon, quién llevaba un cepillo en mano. Aparentemente la chica perseguía al Digimon.
"Agu-san, vamos no te muevas. Hay partes que aún no he cepillado"
Resignado, Agumon se sienta y deja que Palmon haga lo que quiera con su piel. La chica de pelo verde claro perecía encantada y fascinada, era como si tuviera su propio salón de belleza. Gabumon no pudo evitar soltar una risa burlona a pesar de su timidez.
"Desde que sucedió lo de Patamon y Gatomon, esa frase se ha vuelto en tu dicho favorito"
Frunciendo el ceño, Agumon respondió, "Puede ser, quién sabe… bueno Palmon ya suficiente. No soy tu peluche"
La chica soltó un aire de resignación y se levantó, "Qué aburrido eres. Iré a buscar a Piyomon. Ojalá no se haya desaparecido otra vez"
La chica a la que todos ahora conocen por el nombre de Paru salió por la puerta principal, pasando al lado de un decaído Tai de mirada inexpresiva que simplemente murmuraba el nombre de su hija.
Matt era ahora un simple espectador pero decidió cambiar de rol, "¿Desaparecido? Hablando de eso, no he visto a Sora"
El chico de pelo rubio oscuro se plantea esa pregunta, creyendo que sería ignorado. Agumon le dirigió la mirada e intentó responderle, "Sora sigue durmiendo, al parecer despertarse temprano no es lo suyo. Respondiendo tú pregunta… desde hace mucho tiempo que Piyomon desaparece así, sin decir nada. Nadie nunca sabe a dónde va. Ni yo lo sé…"
Al decir eso último, Agu parecía adoptar la misma posición que su Tamer, solo que omitiendo el 'Mizu' que su camarada decía. Matt lo notó, al igual que Gabumon, e intentó distraerlo.
"Agumon, ¿por casualidad tú no sabrás porqué Sora no cambió como nosotros?"
"El Digimundo juega con la mente" una nueva voz se escuchó en la salita de estar. Patamon acababa de entrar y se sentó entre ellos tres mientras daba un bostezo.
Gabumon soltó un comentario sin pensar, "Y otra entrada inesperada"
"Patamon… que sorpresa verte por aquí el día de hoy" le dice Agumon, casi olvidando el tema de conversación en mano.
"¿Sí, no? Sorpresa sorpresa… estos días han estado llenos de sorpresas, y no Matt, no te estamos ignorando. Volviendo a lo tuyo, el Digimundo juega con la mente. Como ya sabrás, los datos están muy corrompidos provocando ciertos… incidentes. Es decir, pueden mezclarse con tus pensamientos, volviéndolos realidad. Eso depende claro de que tan grande y de cuánto desees ese pensamiento. Digámoslo así… cuando llegaron al Digimundo, mientras viajaban por la red, ¿Qué pensabas?"
Matt lo miró confundido e intentó recordar, "Si mal no recuerdo, me acordé del último día que vi a Gabumon"
La cara del ser alado se iluminó, "Mi teoría no es errónea entonces. Dependiendo de qué tan fuerte sea esa memoria para ti, la intentas revivir en pensamientos, entonces los datos del Digimundo son alterados, adaptándote a la forma de lo que pensabas en el momento, ergo, volviste a tu forma de adolecente ya que te encontrabas recordándote a ti mismo con Gabumon y esa imagen tuya fue la que adoptaron los datos del Digimundo para formarte"
"Eso significa que… ¿no me encontraba pensando en nada al llegar a éste mundo?" una soñolienta Sora sale de un cuarto escondido, despeinada y cubierta por una manta. Gabumon, se podría decir que se lo veía venir y no comentó esta vez.
"Puede ser que sí, puede ser que no. No soy tú para saber si estabas pensando algo o no, pero también puede ser que los datos para formarte no estaban dañados causando que no haya ninguna alteración" explicó Patamon.
"Ah… ya veo" con eso dicho la única adulta del grupo se encerró nuevamente en la habitación para proseguir con su sueño.
En voz baja, casi para sí mismo, Patamon añadió algo más, "Aunque hay algo que no me gusta para nada… en especial, es algo sobre ellas dos".
Agumon, estando cerca a él llegó a escucharlo, "¿Te refieres a Sora y Piyomon? Dándote la razón, aunque me cueste admitirlo, hay algo ahí que tampoco me gusta"
Matt y Gabumon acababan de perder el hilo de la conversación y necesitarían una lupa, inclusive un telescopio para volverlo a encontrar.
De regreso dónde Mizu y compañía…
"Hoy es un hermoso y soleado día" suelta mi amiga mientras estira los brazos, seguida por la flotante Lalamon, "¿Porqué no salimos a pasear? Debe de haber un pueblo cercano, ¿verdad?"
Gatomon y Aya se miraron e intentaron responderle, "Uhm…"
Noté que había algo extraño entre ellas, no era tonta, "Nos pueden decir por qué dirección ir. Si tienen algo que hacer las dejamos. No se sientan obligadas en venir"
La expresión de alivio en ambas se manifestó y también lo noté. Gatomon se agachó en forma de agradecimiento y Aya nos dijo, "Si siguen ese camino llegarán a la Aldea Girasol. Hay muchas cosas para ver, de paso que se acostumbran un poco a la geografía local. Las alcanzamos más tarde, tenemos cosas por hacer"
Al terminar de darnos las instrucciones le pregunta a su dulce madre, "Ma, ¿tienes las flores?"
Gatomon asiente y de un bolsillo sale un ramo de azucenas, "Recién cortadas esta mañana"
Veo como el fenómeno sonríe para sus adentros, "De acuerdo, vámonos"
Vemos como desaparecen siguiendo una ruta distinta a la nuestra.
"¿Qué estamos esperando? ¡A la Aldea Girasol se ha dicho!" Kioku hizo una pose de aventurera, estirando un puño.
Lalamon la siguió diciendo, "¡Sí, señor!"
Yo solo las miré como unas raras, creyendo y agradeciendo ser la única normal del grupo. Emprendimos nuestra marcha, dejando la choza atrás y un extraño presentimiento de que algo malo iba a suceder. Lo sentía muy fuerte dentro de mí, y rezaba que no fuera cierto. Cada vez que siento algo así, resulta ser verdad y se cumple.
En algún lugar del Digimundo…
Satori Ibuki, más conocida como 'Satorin', se encontraba durmiendo en un sofá de tela color verde, cubierta por una manta roja, "Ya no más, por favor".
Amane Fujiwara se encontraba barriendo el frío suelo de cemento sin lijar y se rió, "Debe de estar soñando con comida"
Se le acerca y empieza a sacudirla lentamente, con un toque casi maternal, "Vamos, despierta Ibuki-san, ya va a ser medio día y no va a alcanzar a desayunar. No querrás saltearte una comida e ir directo al almuerzo, ¿no es cierto?"
Como por arte de magia la hechicera se levantó de un golpe, dejando en desorden su 'cama' de colores navideños.
"¿¡Comida dónde!" inquiere ésta. Amane señala el pasadizo a continuación.
"En la cocina, aún queda algo de fruta en el repostero"
Satori sale corriendo, dejando una nube de polvo por detrás y a una Amane cubierta en suciedad, "Bueno, ahora ya sé que lugares me faltaban limpiar"
Fujiwara prosiguió con sus labores domésticas en aquella fría habitación, "Realmente, hace falta calefacción aquí. Estamos en pleno verano pero parece invierno"
"¿No te cansas de hacer esto todos los días, Fujiwara?" la aparición de Akuma no pareció sorprender en nada a Amane, en realidad, parecía que lo tenía previsto, "Toda esta monotonía"
La rubia dio media vuelta y observó a su ama, "Oujou-sama, buenos días"
Apenada, Akuma le respondió, "Bue-buenos días…"
Ahora, con un trapo en mano, Amane empezó a limpiar una especie de pomos, "En realidad no aburre, me gusta hacerlo. Además hay que recordar que hoy no es un día cualquiera para nosotras, o en realidad, para los humanos de aquí y un Digimon"
Akuma asintió, "Lo había olvidado por completo"
Amane dejó de hacer lo que hacía y saca una pita negra de su bolsillo, se acerca a su ama y se la pone en el pecho, "Mmm… no se nota por la chaqueta".
Con eso dicho se pone una a ella misma también, "Hoy es día de duelo"
Akuma no pudo evitar remedarla monótonamente, "Hoy es día de duelo…".
La hechicera de los sueños aparece en escena, comiendo una rodaja de naranja, "¿Ara? ¿Porqué tan gris atmósfera?"
Amane solo la miró tiernamente y Akuma de soslayo, "Siempre tan ajena a lo que ocurre alrededor…"
Confundida, Satori solo las mira hasta que nota la presencia de Akuma, "Buenos días… perdone mi rudeza"
"Sigo sin creer que tú… ¿Sabes? Olvídalo. Pierdo tiempo valioso cada vez que hablo contigo" la chica con apariencia masculina desaparece dejando atrás un humo negro.
Amane suspira y se le acerca, colocándole también una cinta en el pecho. Satori sigue contemplándola, sonrojándose ante su presencia. Momentaneamente, ambas se acercan mucho más, moldeándose en un profundo abrazo seguido de caricias.
"Te quiero, Satori"
"También te quiero, Amane..."
"¿Sigues teniendo esos sueños?" acariciando su cabello negro, la hechicera de los cerezos no pudo evitarle preguntar.
"Sí... lo peor de todo es que no se detienen. Me molesta que Mizu no me recuerde y... siento celos de Aya"
"¿De Aya?"
"Sí... porque... su amistad fue instantánea como la nuestra pero yo... yo la arruiné" hundiendo su rostro en el pecho de la chica, ocultó sus sollozos.
"Vas a poder decirle a Mizu. Las circunstancias no son las mejores pero... por algo suceden las cosas. Creo en eso porque sino jamás nos hubiéramos conocido"
"Amane..."
"Te quiero, Satorin" dándole un beso en la frente, sonríe, "Bueno, es hora de ver que nada malo suceda el día de hoy. En especial por Ojou-sama"
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"Sigo sin creer que sea tan estúpida en el Digimundo" suelta Akuma en su habitación. Ésta parecía una base, llena de monitores y computadores. Tenshi se encontraba durmiendo en la única cama del lugar. Se puede llegar a la conclusión de que duermen juntas, "En el mundo real es tan seria y fría… bueno, lo mismo se podría decir de Fujiwara y de mi. Somos completos opuestos a lo que aparentamos ser en el otro lado. Pero realmente, no puedo creer que aquí nos comportemos como nuestro 'verdadero yo'. Aquí Fujiwara es toda amable y responsable, mientras que en el real es toda infantil y tonta. Ibuki aquí se comporta como idiota y enferma mental al luchar perdiendo la lucidez momentáneamente, mientras que al otro lado es… toda 'no me importas' y 'no te me acerques', con una mirada fría y penetrante. Tampoco puedo decir mucho sobre mi… yo… en el mundo real yo soy…"
Akuma se detiene en el momento preciso ya que Tenshi estaba despertando, "Hola, Akuma. Buen día. Me pareció escuchar una voz, ¿eras tú?"
El espíritu se le acerca en pijama, ajena a las consecuencias de sus palabras.
"¿Acaso eres idiota? Porqué me hablaría a mí sola, ni que estuviera loca como Ibuki"
La chica transparente parece haberse tomado muy a pecho el insulto, "Hauu~"
Ignorándola, Akuma se sienta frente a los monitores y saca un teclado. La joven prende el computador principal y empieza a teclear. Numerosas ventanas se abren y entre ellas unas parecían cámaras de seguridad. Se acerca a un micrófono que tenía cerca y menciona, "Kuramons, Tsumemons"
Una de las pantallas se ilumina, mostrando a dos Digimons bebés azules de un solo ojo color rojo y detrás de ellos varias copias similares, "Vayan y hagan lo de siempre. Procuren no ser descubiertos"
Los dos Digimons se van rápidamente y automáticamente más pantallas se prenden, tomando un estilo como si fueran cámaras de seguridad. "Los Kuramons y Tsumemons resultaron ser útiles. Por algo será que no fueron maldecidos con el hechizo"
Tenshi se había cambiado y se sentó en una silla al lado de Akuma. Su compañera respondió, "Pero claro que son útiles. Si no fuera por ellos no sabría que sucede en el Digimundo"
Con eso dicho dirige la mirada a cierta pantalla, "Al parecer hoy nos vamos a divertir un poco"
Tenshi la mira confundida, "Hauu~, Akuma hoy no planees nada malo. Hoy es día de duelo"
El espíritu se había dado cuenta de la ventana que su dueña observaba en el monitor. Ahí se podía observar a una joven de pelo largo castaño claro, a otra de pelo corto verde en dos colas y a un Digimon en forma de planta rosada flotante.
"Día de duelo al carajo. Ese no es mi problema, es su problema. Para ellos es el duelo, para mí no" replicó mientras se quitaba la pita que Amane le había puesto minutos antes, "Mi misión es deshacerme de los humanos intrusos y encargarme que el hechizo siga en pie"
Tenshi sabía que a éste paso era inútil conversar con ella, "Se está comportando igual que su hermano mayor, Kaito"
"Tienes razón, Akuma. Hay que cumplir con lo que se nos ha encomendado pero hoy yo no colaboro" soltó el espíritu mientras se paraba.
Akuma no le devolvió la mirada, "Como si aportaras algo para empezar. Ya tuve suficiente con tu entrometida del otro día, intentando salvar al Elecmon"
Herida nuevamente, Tenshi dice algo de lo que se arrepentiría después, "Aldea Girasol"
Akuma la mira y luego regresa la mirada al monitor, plantea unas coordenadas, "Con que Aldea Girasol… ese lugar es muy aburrido para jugar… porqué mejor no… ¿en un cementerio?"
Tenshi imaginó lo que Akuma estaba planeando, después de todo, sus sentidos estaban conectados, "Akuma, por lo menos después de lo que hagan ahí, no durante. Anda a Girasol primero, diviértete un rato"
La chica de apariencia masculina no podía creer lo que estaba escuchando, "Al parecer el ángel se está corrompiendo. Lo haré por ti, jugaré un rato en Girasol, de ahí iremos al cementerio"
Dónde Tai y los demás…
Agumon se encontraba comiendo un poco de pan. A los minutos de haberlo acabado escucha a Palmon entrar a casa, seguida de Piyomon. El Digimon no sale de la cocina y se queda ahí, observando de lejos como las dos se sientan y empiezan a platicar con Matt y Gabumon ya que Tai seguía en plena crisis emocional.
"¿Y a ti cómo te dicen, Piyomon? ¿Piyo?" inquiere Matt, riéndose un poco debido a la ironía. Piyomon le responde tranquilamente, como si eso ya se lo hubieran hecho antes.
"No, en realidad no. Me dicen Biyo"
Extrañado, Matt vuelve a preguntar, "¿Biyo?"
"Sí. Algunos Digimons bebés no podían pronunciar bien y se quedó el Biyo… ¿por cierto, han visto a Agumon?"
En la cocina, Agumon tragó saliva y empezó a sudar, "Por favor… que nadie le diga que estoy aquí"
Desafortunadamente, su descubrimiento no entraba en sus cálculos.
Su cola se notaba y Palmon lo notó exclamando, "¡Ahí está, veo su cola!"
Enfadado, Agumon pensó, "Debo de recordar para más tarde prohibirle a Palmon hacer todo lo que le gusta como castigo"
Piyomon se levanta y acude hacia él, "Oye Agu, ¿ya estás listo?"
Nervioso, Agumon salió de su escondite y respondió, "Se podría decir que si…"
La chica de pelo rosa lo agarró de los brazos, "¿Entonces? ¿Qué estamos esperando? Tienes las flores, ¿no?"
El Digimon lagartija-reptil se acerca al repostero, "Azucenas recién cortadas ésta mañana". Miyo le entrega una cálida sonrisa, "Vayamos, que no quiero llegar tarde. Cierran temprano los fines de semana"
En la Aldea Girasol…
Nos encontrábamos dando vueltas y vueltas, paseando por los puestos, distrayéndonos con los girasoles, corriendo de abejas, y siendo acosadas por miles de ojos digitales. Nuestra presencia era algo novedoso y todos los Digimons humanoides nos observaban con curiosidad y cuando les devolvíamos la mirada –especialmente yo- se acobardaban, miraban a otro lado y empezaban a silbar. Kioku se encontraba emocionada por el simple hecho de ser acosada
"¡Así se debe de sentir YMH~Dream cuando salen de paseo!"
"Dudo que 'Idols' como ellas salgan a pasear de ésta forma. Sus acosadores deben de ser hombres entre 30-50 años, gordos, fans del anime y esas cosas y sin vida" le respondí, haciendo notorio mi odio hacia aquella agrupación musical que mi amiga idolatraba.
"¡No es cierto! Y si sé que es un otaku no soy tonta" me replica resentida, "Pero en verdad, quisiera ser como ellas. Por eso me uní al club de música"
Lalamon se encontraba perdida en nuestra conversación, se le notaba en rostro, "Kioku, ¿qué es YMH~Dream? ¿Comida?"
¿Es normal que los Digimons que no conocen algo lo relacionen con comida? Deben de ser unos muertos de hambre.
Nos detuvimos y nos sentamos en un pequeño banco hecho de piedra blanca, "Verás, Lalamon. YMH~Dream es un grupo de chicas que me gusta mucho ya que tocan música que es de mi agrado"
Lalamon la observa con ojos brillantes, "Y y y…. ¿cómo es?"
Sin saber que responder, se me ocurrió un ejemplo para ayudarla, "Se podría decir que son un trío como las hechiceras, solo que son buenas y cantan como profesión"
Lalamon seguía asombrada, "¿Cómo las hechiceras? ¿Cómo son Kioku? ¡Cuéntame, cuéntame!"
Sentí que había metido la pata al decirle que eran como la hechiceras pero 'buenas'.
"La 'M' va para el nombre de la segunda integrante, Mariko Kagiyama. Es de mediana estatura, tiene ojos verdes y cabellera negra. Su pelo está sujetado por dos colas y es ondulado" dice ésta apenada, "Es mi favorita".
Una imagen entró en mi cabeza, Kioku se parece mucho a la tal Mariko,"Oye Kioku… es por eso que tu peinado es así ¿cierto? Solo que tú tienes las colas onduladas más pelo corto suelto hasta los hombros. Agradezco que no seas tan ingenua y tonta como ella"
Mi mejor amiga asintió y prosiguió, "Hinako Kagayaki es la segunda. Es muy popular entre los fans por su fría personalidad y su 'no importas, aléjate de mí'. Tiene ojos ambarinos y su pelo es corto color marrón"
A este paso noté que no quería proseguir, "La 'Y' va para Yukari Sendou, chica considerada la 'líder' del grupo. La odio" agregué intentando salvarla, "Es de pequeña estatura, rubia de rulos y ojos celestes, una optimista insoportable y niñata"
El silencio reinaba entre nosotras. Mi odio hacia Yukari era puro y en realidad, lo sentí desde la primera vez que la vi, sabía que la odiaría, tipo con Akuma, que la vi y supe que mi misión era derrotarla, "Bueno…" dije mientras me levantaba, "Sigamos caminando y viendo la aldea, de paso que comemos algo ya que Lalamon luce hambrienta"
"Mizu, gracias" me agradecía el Digimon, "Tengo mucha hambre, no desayuné como ustedes dos" Kioku y yo nos reímos un poco ante dicha predecible confesión.
Aldea Girasol, Cementerio.
El sol iluminaba el gris cementerio, haciendo lucir las flores colocadas en cada tumba. Piyomon y Agumon caminaban lado a lado, sin mirarse, explorando el lugar como en busca de algo. Fue en ese momento cuando el Digimon soltó las flores y corrió hacia una tumba en particular, "Al parecer ya no son necesarias"
"¿Por qué dices eso?" pregunta Piyomon mientras se le acerca y recoge las azucenas.
"Mira, alguien vino antes que nosotros", con eso dicho, el reptil digital señala la tumba en dónde se podía apreciar una docena exacta de azucenas.
"¿Han pasado ya 16 años verdad?", pregunta el ave rosa, colocándose al lado de Agumon
"¿Desde su muerte?", inquiere el otro, sin dejar de observar la lápida.
"Si…"
"El tiempo sí que pasa volando"
"Me pregunto cómo lo tomará ella, se ha juntado todo. Y lo peor es el número"
"Cumple 1318, el 16 de este mes, y hace 16 años falleció", al finalizar, Agumon dirige una mirada melancólica al cielo, "Que en paz descanses, Hiroomi"
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Aya caminaba junto a Gatomon. La muchacha llevaba una azucena en mano, "Espero que Hiroomi no se moleste conmigo…"
"Debe de estar muy feliz que te acuerdes de él, siempre lo haces" le responde su madre, tratando de confortarla, "Además, él era un chico muy comprensivo. El querría que le llevaras por lo menos una flor a Jun"
"¿En dónde se encuentra la de mi hermano?" inquiere la joven, con el flequillo cubriéndole los ojos, "Espero que le gusten las azucenas a Jun"
"Le van a encantar" prosigue Gatomon, intentando no hacerla caer en la depresión, "Mira, ahí está"
Ambos seres se detienen. Aya se agacha y se pone a rezar mientras deja la flor que llevaba, "Qué en paz descanses, Jun…. ¿Ma?". Gatomon se le acerca y le responde, "Dime hija"
"Voy a quedarme aquí un rato, si quieres anda regresando donde Mizu y las demás. No me tardo"
Aldea Girasol…
"Estoy realmente llena, los takoyaki fueron lo mejor" dice Lalamon mientras eructa.
Kioku, reventando de tanto comer le replica, "¡No, Lalamon! Los taiyaki fueron lo mejor"
Algo me decía que una discusión iba a empezar.
"¡Takoyaki!"
"¡Taiyaki!"
"¡Takoyaki!"
"¡Taiyaki!"
Sabía que no iba a aguantar su discusión así que decidí irme. Gracias a Dios que no lo notaron y me perdí en un bosque cercano, creyendo así alejarme del bullicio de la aldea y de las gritonas de la banca de piedra blanca. La espesura de la vegetación no me dejaba ver bien pero continuaba mi camino, algo me hacía continuar. Algo me impulsaba a seguir. Tontas premoniciones. Sin notarlo me tropecé con una roca y caí de cara.
"Te ves ridícula" me dijo alguien desconocido. Me parecía haber escuchado su voz antes pero no estaba segura en dónde ni cuándo. Luche contra mi voluntad para levantarme ya que mi cuerpo deseaba seguir echado en la fría tierra. Al lograr ponerme de pie me encontraba cara a cara con una chica pequeña que me resultaba, nuevamente, familiar, "¿Qué tanto me miras, Mizu Kamiya?"
"¡Tú!" grité, echándome para atrás, intentando no caer nuevamente, "Tu eres Akuma, ¿verdad?"
"Sí, el mismo demonio en persona" replica masculinamente mientras se recuesta en un tronco.
"¿Qué es lo que quieres?" inquirí, sosteniendo el Digivice de la tía Kari.
"Nada en particular, solo jugar un poco. Es aburrido en dónde vivo… un espíritu que solo sabe decir 'Hauu~', una maniática de la limpieza y una loca de remate"
No confiaba en ella pero decidí darle el beneficio de la duda, "¿Qué clase de juego?"
"Hmm… en verdad no lo sé… deseo matar algo de tiempo pero no mucho si no voy a llegar tarde a donde tengo que ir después" mientras decía eso se me acercaba, "Ahora que lo dices se me acaba de ocurrir uno"
Antes de que pudiera correr vi como extendió su mano y mi cuerpo se paralizaba, "Creí que no podrías usar magia"
"En realidad no puedo. Esto es una especie de polvo" un pequeño recipiente salió de su mano, "¿Ves?"
Akuma se me seguía cercando cada vez más y no podía gritar, correr, nada, "No te pongas nerviosa, sucumbe"
Posó su mano en mi rostro y me acarició el pelo, poniéndolo detrás de mi oreja. Por alguna razón me encontraba muy nerviosa, su aspecto masculino no ayudaba mucho tampoco, tenía el efecto contrario, me ponía mucho más nerviosa y roja.
"Estás toda sonrojada", me dijo, "No voy a hacer nada raro. No temas"
Diga lo que diga, tengo razones para temer.
"¿Te han dicho alguna vez que eres bonita? Una piel tan blanca, casi como la nieve" su rostro se acercaba cada vez más al mío. Temía lo peor. No quería que mi primer beso fuera con una chica, "Le caería bien un poco de rojo"
Ágilmente colocó su mano derecha en su chaqueta y sacó un objeto punzante, "No va a doler… confía en mí"
La cuchilla –o algo así- se acercó a mi cuello, provocando un leve corte y que sacara un gemido de dolor, revelando un líquido escarlata, "Ya, ya shuush"
Guardó el arma y sus labios se posaron en mi cuello, "Si tenías alguna fantasía en tu mente lamento decepcionarte. Lo mío no son las chicas. No pienso ser como esas dos"
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"¡Mizu! ¡Mizu!" me parecía escuchar la voz de Kioku, "Por Dios, Mizu"
Sentí como sus manos se posaron en mí, dándome media vuelta, "¿Te encuentras bien? Desapareciste de la nada. Nos asustaste"
Luego de una larga lucha, logró sentarme, "¿Qué sucedió?"
No podía responderle. No recordaba que acababa de pasar. Recordaba haberme tropezado con una piedra pero de ahí… todo está en blanco, "No… no se…"
En eso me sujete el cuello, me ardía, "Ouch…"
"¿Te duele ahí?" Kioku se me acercó y empezó a examinarme el cuello, "No tienes nada… qué extraño. Vamos, hay que regresar, se está haciendo tarde. Aya y los demás pueden ver si tienes algo en la choza"
"¿Tarde? Pero si hace poco era medio día" dije extrañada. Kioku se miró las manos, cómo si dudaran en contestarme, "¿Qué sucede?"
"Verás, Mizu… ya anocheció" cuando dijo eso lograron levantarme y las miraba incrédulamente, "Es verdad, ya es de noche. Te hemos buscado desde hace muchas horas. Habrás estado inconsciente por lo menos siete"
Al intentar ir hacia ella sentí como el mundo se desvanecía y logré sostenerme de sus hombros, "Tiene que ser una broma. ¿He estado siete horas inconsciente?"
Antes de que pudiera responderme, una apresurada Lalamon entró en escena, "¡Kioku! ¡Kioku! ¡Tenemos problemas! ¡Grandes problemas!"
Kioku dio media vuelta para que yo lograra acomodarme en su espalda, "¿Qué clase de problemas?"
Lalamon se encontraba realmente preocupada e indignada, "¡No encuentran a Aya! Pero alguien dijo que le pareció verla cerca a un precipicio"
"Quién iba a saber que el fenómeno sería quien nos causaría problemas. Nunca me lo vi venir. Por favor no cometas alguna estupidez, Aya" logré murmurar con la poca fuerza que tenía.
"Hay que darnos prisa o será demasiado tarde" exclamó Lalamon.
"Pero, ¿qué hay de Mizu? Está completamente débil, peor aún, no sabes la razón" respondió sabiamente mi amiga, "Además, lo que escuchaste es un rumor. Es cierto que no la encuentran pero eso último no puede ser cierto. Hay que confiar en ella. Vamos, Mizu. Hay que ayudarte a salir de aquí"
"Ustedes acudan a revisar si el rumor es cierto o no. Yo me encargaré de ella" al parecer éste era el día de las sorpresas. Un joven de cabellera rubia, gorra blanca y ojos azules apareció casualmente, mirando los árboles. Kioku le asintió, "Bueno Mizu, te dejamos entonces. Gracias señor Takaishi"
Se-se-se ¡¿señor Takaishi? Pero si tendrá nuestra edad. Además, ¿de dónde lo conoce? ¿Cómo así se encontraron? ¿Por qué debería de dejarme cuidar por un desconocido?
Intenté hacerme la que se encontraba bien pero no creí que fuera tan ágil, "No hagas cosas tan imprudentes. Recuéstate en aquél tronco"
Inmediatamente lo obedecí, fue algo extraño, ni a mi padre le hago caso a la primera pero a un extraño sí. Al parecer el presentimiento de inseguridad que tuve al salir de la choza de la familia de Aya fué cierta. Ojalá que no cometa el error de mi tía Kari, después de todo, el suicidio es la forma más cobarde de huir de las cosas.
Aldea Girasol, Cementerio
"¡¿Aya! ¡¿Aya?" gritaba una preocupada Gatomon a voz alta, "El cementerio sí que da miedo de noche… ¿dónde te has metido, Aya?"
Patamon se encontraba detrás de ella y coloca una mano en su hombro, como si tratara de hacerla sentir tranquila, "La encontraremos. Es mi culpa también por no haber venido con ustedes. Me quedé donde Agumon más tiempo de lo planeado"
Su conviviente siguió de largo ignorando lo que había dicho su pareja, "Si tienes tiempo para disculparte lo estás desperdiciando. Procura buscar más"
Gatomon y Patamon toman distintos caminos. Perdido entre la maleza, el humano alado prosigue la búsqueda en la oscuridad, temeroso en perder el camino de regreso, "¿¡Aya!"
Empezó a mover sus brazos para lograr hallar alguna salida, y al parecer sus esfuerzos dieron resultado. Había llegado a un punto despejado del cementerio. Se encontraba frente a un gran barranco y fue ahí en donde encontró a su hija de brazos extendidos, "¡¿Aya! ¡¿Pero qué rayos haces ahí hija!"
Con una mirada inexpresiva de ojos vacíos ésta replico, "Solo fui un accidente, ¿cierto? Entonces, esto contaría también como un accidente, ¿verdad?"
"Cómo… ¿Cómo así se enteró?" fue lo primero que pensó el chico. Segundos después reaccionó y corrió hacia ella pero la joven dio un paso más cerca al barranco.
"Un paso más…" no había necesidad de proseguir, Patamon sabía lo que diría.
"Dime, ¿por qué has decidido quitarte la vida en un cementerio? Y no me digas que es para ahorrarnos el dinero del entierro"
"Lo he estado pensando varios días… incluso de pequeña intenté suicidarme pero fracasaba. Después de todo, le quité la vida a un ser querido"
"Aya, entiende, ¡tú no mataste a Hiroomi!"
"¡Pero yo fui quién hizo el hechizo! Si no le hubiera hecho caso en ese entonces… él aún estaría conmigo"
"¡Piensa lo que quieras, no tiene sentido hablar contigo! Si tanto deseas suicidarte pues hazlo" Patamon se dio cuenta muy tarde de lo que había dicho. Sin saber que más hacer dio media vuelta y volvió a la maleza.
Estando sola ahora, Aya tomo aire, preparándose para saltar, "Soy una asesina… y ésta asesina… se suicidará"
"¡No lo hagas!" algo la hizo dudar, alguien la estaba llamando.
"Tú eres… el espíritu de la otra vez" la chica le había reconocido la voz, "¿Qué quieres a tan altas horas de la noche? Estoy en algo importante"
Tenshi se manifestó frente a ella, flotando a pies del barranco. Su pálida piel, ojos cafés y pelo castaño relucían con las estrellas y luz lunar.
"Para empezar, recién serán las siete. No es tan tarde. Segundo, ¿estás segura de tu decisión? No cometas mi mismo error, el suicidio no arregla nada. Al principio uno lo ve como una forma viable de escape, una vía de escape de todo sufrimiento y vacío pero al final… es una decisión egoísta e infantil. Dejas a seres queridos atrás, ellos sin comprender las razones del 'porqué lo hiciste'… hasta sus vidas cambian debido a la reacción que tienen de la repentina partida" todo esto lo decía Tenshi con cierto aire de melancolía.
Aún con la mirada vacía, replica, "Hiroomi merece estar con vida, no yo… al igual que Jun. Por eso siento que yo no debí de haber existido. Siento que soy el reemplazo de Jun, como si le hubiera quitado su familia. Y a Hiroomi le quité la vida que debería de estar viviendo ahora. No comprendo cómo sus padres pueden comportarse tan amables conmigo luego de arrancarles a su preciado hijo"
"No seas tonta" le grita el espíritu, "Deja de dar excusas, en especial la de Jun. Todo esto lo haces por Hiroomi. Deseas estar con él y piensas que el suicidio es la mejor forma de arreglarlo todo"
"¡Cómo si tu entendieras por lo que estoy pasando!" lágrimas estaban saliendo de los ojos de Aya pero la felina parecía no notarlas.
"¡No puedo entenderte más que simpatizar contigo y sentir lástima de ti. Como te lo dije antes, no cometas mi mismo error, el suicidio no arregla nada"
"Eso quiere decir que…" un poco de color retornaba a sus ojos, "Tu te has… ¿suicidado?"
"No estoy completamente segura, pero algo me dice que lo hice, por eso te estoy dando este consejo. No puedo recordarlo pero… lo hice por una razón similar a la tuya. Alguien muy cercano a mi estaba sufriendo, por poco se podría salvar y salir con vida. Alguien o algo me dijo que… si quería salvar a la persona debía de dar mi vida a cambio de la suya. ¿Muy tonta fui cierto?" Tenshi decía todo esto con un rostro perfectamente normal.
"Y esa persona… ¿se salvó?"
"Sí, lo hizo… pero dañé a muchas personas por mis razones egoístas. Eso es lo que siento dentro de mi aunque no recuerde nada" al terminar, Tenshi se le acercó y con su mano le cerró los ojos, "Descansa, haz pasado por muchas emociones el día de hoy"
"Pero yo no… tengo… sueño…" lentamente sus párpados fueron cayendo hasta que terminó rendida en el césped.
"Akuma… ¿qué le hiciste a Aya?" le dijo el espíritu a nadie en particular. En ese momento, en la copa del árbol más alto, dicha persona se manifestó, "¿Qué le hiciste a esa pobre criatura?"
"Solo jugar un poco con sus sentimientos, revivir atentos de suicidio… culpabilidad, esas cosas" responde con cierto sarcasmo, "El Digimundo se está yendo a la mierda. Es una buena señal"
"Eso es porque…" Tenshi sabía que si decía algo más, ésta pelea verbal ya la había perdido, "Por lo menos deberías de ser un poco más delicada"
"Fui delicada… con la otra"
"¿O-otra?" la expresión de Tenshi se había llenado de preocupación, "¡¿Qué hiciste en la Aldea Girasol?!"
Akuma movió el dedo índice de la mano derecha como en señal de desaprobación, "No, no. No me grites Tenshi, si lo vuelves a hacer eso puede traer terribles consecuencias. Hice exactamente lo que me recomendaste, jugar"
"¿Quién fue el juguete?"
"Hmm… ¿te digo? ¿No te digo? Está bien, te digo… fue, Mizu Kamiya"
"Mizu… Kamiya…" la preocupación se había tornado en angustia,
"¿Porqué? ¿Porqué me acaba de dar esta sensación de terrible indignación y deseos de saber si aquella persona se encuentra sana y salva?".
Al retomar la compostura llega a preguntar, "¿Qué le hiciste?"
"Nada en especial… un pequeño truco no más. Esa chica nos servirá, hay que darle la bienvenida a nuestro pequeño closet de marionetas"
"No me digas que… ¡¿Usaste eso?!"
Akuma le dirigió una sonrisa satisfactoria, "Ahora solo es cuestión de esperar órdenes de arriba y ver qué hacer. Todos éstos enredos me están dando dolor de cabeza" al terminar desapareció dejando su clásico humo negro detrás.
"Hauu~" Tenshi decidió hacerlo mismo y desapareció de la escena, dejando a Aya sola, o eso era lo que creía.
Patamon nunca se había ido, se había quedado escondido escuchando todo. Confiaba en la resolución de su hija, "Sabía que no lo harías, Aya"
El chico se levanta y va hacia su hija. Le soba el pelo y la sube a su espalda. La joven seguía inconsciente, "Vamos a casa", le susurra.
"Me duele haber sido duro con ella minutos atrás pero si no hubiera sido por mi bocota y ver si aquellas palabras la alentaban hacia el suicidio, nunca me hubiera quedado para intentar salvarla si eso hubiera pasado. Gracias a ello ahora todo está encajando, creo que voy a llegar al fondo de todo esto mucho más rápido de lo que esperaba"
Aldea Girasol, bosque…
El chico de apellido Takaishi me llevaba en su espalda. Me encontraba muy débil cómo para resistir su amabilidad.
"¿Cómo te llamas?", logré preguntarle.
"Me dicen Tk" su voz se encontraba llena de vida, "No te preocupes por introducirte a ti misma, ya sé cuál es tu nombre"
Bien, eso me ahorra tiempo y puedo proseguir con el interrogatorio, "¿Cómo así conoces a Kioku? ¿Y por qué te dice señor?"
"Vivimos en el mismo bloque de departamentos. De vez en cuando pasan a dejarme algo de comer. Soy muy descuidado… y eso de señor, lo sabrás dentro de un rato. Aún no falta para llegar"
"¿Llegar a dónde?" inquirí.
"Al lugar en donde se encuentra tu padre y un par más de conocidos"
"Dónde… mi… papá…" el sueño me estaba entrando incluso luego de haber estado inconsciente por tantas horas, "Tengo… tanto… que… contarle"
Más rápido de lo que creí, me deje caer en los brazos del Dios de los sueños y por primera vez experimenté lo que es viajar en una cálida espalda. Al tener mi oreja pegada en su espalda logré sentir que dijo algo. Lastimosamente me encontraba ya completamente dormida para escucharlo
"Que descanses, mi Mizuho"
